EDITADO, PRONTO, ULTIMA PARTE! GRACIAS POR ESPERAR! NO E MUERTO! jajajaja(:

Epílogo parte 3: El río vuelve a su cauce.

(Sakura POV)

Eriol aguardaba impaciente las últimas noticias (que ya habían tardado…) acerca de la batalla en el paso Tong-Shao, la sala del consejo estaba completamente sumida en un silencio incomodo que podía volver loco a cualquiera. Pero ahora les importaba más el bienestar de quienes daban sus vidas allá afuera por ellos…y para Eriol…particularmente una persona.

Para alivio de muchos, se oyeron las enormes puertas abrirse con prisa, restándole importancia a lo pesadas que estaban. El eco de las puertas creó otro lúgubre silencio, pues nadie se atrevió a mover un solo dedo.

El criado que traía la carta, hizo una reverencia al consejo, para luego depositarla cuidadosamente en el centro de la mesa, lo cual a esas alturas ya era demasiado desesperante. Una vez que se retiró aquel sirviente, Eriol se paró del asiento lentamente, mirando la carta con nerviosismo. Dudó un momento antes de que sus albinos dedos tocaran el papel, pero luego lo tomó al sentir que una mala corazonada le atravesó como un pinchazo de aguja.

Finalmente rasga el papel con urgencia, dejando al descubierto la carta que comenzó a leer en voz alta para todos los presentes.

Honorable consejo:

Hemos tenido muchas batallas, pero nunca una tan gloriosa como esta…hemos ganado la guerra, sin embargo hemos perdido a muchos hombres.

Uno de ellos, mató a Shang-Yu en la fuerte tormenta de nieve, luchando con las heridas que se hizo por salvarme la vida. Sepultando a todos los bárbaros en toneladas de piedras y rocas, donde en medio de la hazaña terminó el mismo.

Aún continuamos con la búsqueda de cadáveres, y no quiero pensar que haya muerto como todos en batalla. No, ese hombre no lo merecía.

Nuestro más sentido pésame desde las barracas destruidas, al honorable Ministro de Guerra, un gran hombre, un gran héroe…Xiao Lang.

Capitán Shang.

La voz de Eriol se hizo un susurro casi inaudible, volviendo y volviendo a leer más para sí que para el consejo la carta hasta que finalmente lo atrapó la realidad.

Sus preciosos ojos azulados denotaron confusión por primera vez en su vida, haciendo una mueca de horror que se apoderó de todo su rostro en milisegundos; soltó la carta inconscientemente, perdiendo el equilibrio a causa del aturdimiento.

Algunos guardias le agarraron antes de que llegara al suelo, pero sus piernas simplemente no respondían…estaba en completo estado de shock.

Todo murmullo se acalló con el gran grito bestial que salió como un rugido desde lo más profundo del ser de Eriol.

-¡Maldita sea! ¡MALDITA SEA! ¡Te lo dije Syaoran Lee! ¡Te dije que no rezaría en tu tumba!- Gritó cuando algunos intentaron calmarle, a lo cual éste solo daba empujones, sin permitir que nadie le pusiera las manos encima.

-¡PROMETISTE VOLVER! ¡ME LO PROMETISTE MALDITO TRAIDOR!- Eriol estaba fuera de sí, al punto en que hizo añicos sus lentes cuando los aventó hacía la pared. Trataba de calmarse respirando, pero nada de oxígeno entraba a sus pulmones a causa de los espasmos que provocaba el llanto que surgió de él, sin poderlo controlar. Se cubrió el rostro con las manos tratando de ahogar otro grito desgarrador, que si dejaba salir, probablemente le atravesaría la garganta.

Horas después, cuando estuvo seguro de poder pararse sin caerse o tambalearse demasiado, Eriol va donde Tomoyo dispuesto a hablar sin titubear con ella acerca de la fatídica noticia, aunque en verdad no ayudaba su mirada ausente sin ése brillo característico en sus misteriosos ojos de agua oceánica.

Cuando dobló a la esquina del pasillo, divisa a Tomoyo quien le dedica una hermosa sonrisa que podía iluminar hasta al diablo. Eriol, como siempre haciéndose el fuerte, sucumbe ante ese gesto que tanto necesitaba.

Intenta devolverle por lo menos la mitad del gesto, pero solo consigue una mueca torcida y temblorosa que hace que Tomoyo se preocupe y corra hacía el cambiando su sonrisa a una mueca de preocupación…

… junto con una muy mala espina.

Tomoyo toma las hombrías manos de Eriol, apretándolas delicadamente.

Súbitamente Eriol atrae a Tomoyo, asustándola un poco por la brusquedad y necesidad con la que la pego a su cuerpo. Tomoyo, sin entender, siente que las rodillas le tiemblan a Eriol, y luego su cabello siendo empapado por lágrimas silenciosas por parte del peli-negro intelectual. Luego de oír sus dientes como castañuelas, entiende que Eriol no puede contenerse más, así que Tomoyo se relaja, oyendo silenciosa los sollozos impotentes que partirían el corazón a cualquiera.

-Tomoyo, Syaoran…- Fue lo único que Eriol alcanzó a articular. Suficiente para hacer que las pupilas de Tomoyo se dilataran hasta más no poder, para después llenarse de lágrimas silenciosas y desapercibidas. Eriol la abrazó con fuerza.

-Entiendes que… tenemos que decírselo, ¿verdad?- Tomoyo preguntó con cautela, temiendo que Eriol no estuviera tan bien como ya lo aparentaba.

Ambos estaban sentados en la terraza de afuera de mi cuarto, serenándose para que el plan que tenían no se fuera al caño por usar palabras incorrectas o que a Eriol se le volviera a subir la realidad a la cabeza.

Tomoyo acariciaba la ancha y pronunciada espalda del albino, mientras este respiraba profundamente intentando calmar los demonios que le atormentaban en su interior…escondiendo su cabeza entre sus manos, encogido como ovillo.

Hasta que por fin habló algo cuerdo desde hace algunas horas.

-Le diremos que Syaoran está desaparecido y que hay muchos hombres en su búsqueda, si a eso te refieres-

Tomoyo suspiró pesadamente. Pretendían ocultarme la verdad.

Eriol tomó la cálida y sumamente delicada mano de Tomoyo, apretándola como si pretendiera tomar un poco de su fuerza. Encararme con ese tema sería algo sumamente difícil, pero Syaoran se lo hubiera agradecido.

Entonces entraron a mi cuarto, a un cuarto obscurecido más por la nostalgia y tristeza que se respiraba que por las cortinas casi completamente corridas, por donde entraba luz con la cual yo cocía el segundo pedazo de tela en toda mi vida; una manta de seda para mi bebé.

Cantaba una canción de cuna a lo que en ese momento ya consideraba lo más hermoso de mi vida, con una voz tan dulce y suave que no tenía idea alguna de poseer, yo supongo el instinto maternal.

Claro, aunque ese panorama bello solo estaba dentro de mí, ya que por fuera y no de manera tradicional, sí que me había pegado la guerra; ojeras muy marcadas, mi piel completamente albina, y solo sobrevivir con comida que iba exclusivamente a mi estómago solo por y para mi bebé.

Hacía días que ya no perfumaba la habitación con hoja de naranja (perfume de Syaoran) y la carta que él me había dado antes de partir estaba cuidadosamente guardada en un cajón especial, junto con nuestros collares y el pañuelo que alguna vez le hice estando tan enamorada.

Inconscientemente eso representaba para mí lo que conscientemente no aceptaba ahora con 4 meses de embarazo desde que Syaoran se fue.

Ese recuerdo borroso de Syaoran que me daba la espina de que probablemente él ya no volvería.

¡Ni siquiera se dignó a aparecer para tener un entierro decente! Claro, si es que ya había dejado este mundo.

Había dejado de creer en él, y como consecuencia también en mi misma.

Entonces, sentí una corriente de aire. Desvié mis pensamientos y volteé hacia la puerta con una sonrisa algo fingida, pero como Tomoyo y Eriol mi sonrisa se hace genuina. Nunca me cansaría de verles el rostro.

Tomoyo se acerca a la mecedora donde yo estaba, poniéndose en cuclillas para que yo no hiciera esfuerzo alguno en alzar mi cuello para verles; aún no entendía porque, misteriosamente Eriol seguía creciendo, y pues Tomoyo era menor que yo así que en ella sí era natural.

-Sakura…- Tomoyo toma mis manos delgadas y níveas, apretándolas. Yo con una mirada de interés la incito a continuar y ella no duda.

-Hemos ganado la guerra- Me dijo despacio, intentando que esa información me calmara un poco para lo que venía, pues yo sabía que eso no era todo.

-Escúchame, hubo una avalancha y hay varios desaparecidos. Uno de ellos es Syaoran. Hay mucha gente buscándole principalmente a él, así que debemos esperar noticias.-

Hubo un silencio incómodo mientras Tomoyo trataba de descifrar mi mirada de sorpresa, que aparté de la de ella, riendo incrédula.

De esa riza histérica, nacieron las lágrimas, y al instante mi ceño se frunció hasta hacer mis ojos pequeños, y los sollozos imposibles de contener o detener se oyeron en todo el cuarto.

Me lancé temblando por el llanto a los brazos de Tomoyo, mientras esta me hacía caricias de las cuales yo no era consciente. Ni siquiera pensaba con claridad. En ese momento todo lo que era, todo lo que alcanzaba a procesar…era él.

Aquél que aunque me había roto el corazón en tantos pedazos, seguía amándolo con cada uno de ellos.

(Syaoran POV)… n/a: HA ¡Los amagué! xD

Oía voces a mí alrededor… y creo que también podía oír el frio que calaba mis huesos centímetro por centímetro.

-¡Está vivo!- Oí con más claridad.

Yo… ¿Estaba vivo?

Me cayeron toneladas de nieve encima… ¿y aún estaba vivo?

Se había drenado casi toda mi sangre… ¿y aún estaba vivo?

Carajo, debían odiarme tanto en el cielo que ni al infierno me mandaron.

Varias manos me sacaron del hoyo de nieve ensangrentada, poniéndome en una camilla de cuero y varios cobertores de pieles encima. Fue cuando recuperé un poco de calor corporal y sentí la magnitud de mis heridas.

Con razón…éste dolor era peor que quemarse en el infierno, aunque también ayudó a traer mi conciencia a este mundo.

-¿Cuánto tiempo eh…- Alcancé a decir entre mi respiración entre cortada, mientras sentía como un soldado que no reconocía como uno de mi pelotón me vendaba la pierna que descubrieron…había dejado de sangrar a causa del hielo.

Así que no estaba en peligro de muerte, ¿no?

Genial, podría decir al consejo que todo estaba fríamente calculado.

Claro, ése era mi plan hasta que me dijeron el tiempo que llevaba en las montañas.

-Ministro, han mandado los informes de su desaparición… hace más de 5 días. Es un milagro haberle encontrado con vida, de no ser porque buitres se paraban constantemente en el lugar donde estaba enterrado.-

Eso me hizo tragar saliva, a pesar de que tenía la boca más seca que nada.

Automáticamente pensé en Sakura, y un escalofrío me recorrió, no precisamente por el frio. Fuera lo que fuera que dijera esa carta, ella ya lo sabía.

-¿Puedes mandar una carta para informar que estoy con vida?- Le pregunté al soldado que ahora tomaba mis ropas empapadas en hielo derretido, desgarrándolas para tratar la herida de la flecha que se había enterrado en mi espalda.

-No puedo ahora señor… tenemos que atenderle como se debe-

- ¡Pues manda a alguien para que baje de la montaña y mande la carta!- Dije cada vez más serio y desesperado. El soldado miró mi rostro serio y desafiante. Suspiró y siguió cociendo la herida.

-A pesar de estar al borde de la muerte, usted tiene fuerzas para hacer estremecer y obedecer a la gente con simples palabras… está bien, mandaré a alguien.-

Yo, más tranquilo dejé caer mi cabeza en la camilla, tratando de soportar el dolor que se hacía cada vez más intenso, pues me estaba descongelando.

Estaba sentado en un escritorio, con algunas mantas tapando la ropa seca que me dieron, que no era demasiado abrigadora. Esperaba con ansias que me avisaran que ya se había mandado la carta. Al igual que un caballo para que me pudiera ir con una escolta ya lista.

-¡Ministro!- Llegó haciendo escándalo el soldado que mandé.

Me gire sobre mis talones esperando a que el hombre hablara luego de recuperar aliento, adelantándome hacia él con la bendita impaciencia aflorando.

-Ya…esta aquí su caballo-

Sólo se hoyó el crujir de la nieve…lo había dejado hablando solo.

Corrí mas, corrí mas, agarre por la crin al caballo y me subí de un salto, el caballo se agitó inconforme relinchando pero en galopar por Buda que le ganaba mi corazón palpitante. Necesitaba volver a casa.

¿Qué si tenía hambre?, ¿Qué si estaba al borde del colapso?, ¿Qué si me dolían las heridas sangrantes? ¿Qué si me preocupaba caerme del caballo?

Creo que me podría importar más una hormiga viéndome desde el suelo…

Crucé la entrada a Pekín, cabalgando a todo lo que daba el pobre caballo, hasta él sudaba a pesar de que entraba la noche, y los vendajes aflojados por el viaje comenzaban a dolerme de verdad.

Pero hasta creen que yo me detendría ¡Cuando por fin la vería a ella!

Mi sonrisa y mis ojos brillantes decían que no importaba en absoluto.

I told myself I won't miss you
But I remember
what it feels like beside you
I really miss your hair in my face
and the way your innocence tastes

Llegué al palacio, cruzando a toda velocidad donde apenas se me vió el polvo, yo ya tenía una ruta marcada y la enorme e imponente puerta no era la parada.

-¡¿Ese era el Señor Ministro?- Gritaron estupefactos los soldados, claro, si ¿Quien más que yo tiene las agallas tan rasgadas como para irrumpir así?

Paré el caballo en un edificio y casi me mato estampado en las puertas, el maldito pero magnífico animal terminó odiándome. Abrí la biblioteca con el rastro de fuerza bruta que me quedaba de esos meses de ausencia.

Y ahí estaba mi amigo; sorprendido por la violencia con la que se abrieron las puertas, pero completamente en shock por quien estaba parado en ellas, cerró el libro de golpe, parándose nerviosamente y azotando la silla de un porrazo por lo súbito de su reacción.

Se acercó a mí incrédulo a más no poder intentado decir algo por la forma en que su mandíbula se colgaba y descolgaba del marco de su cara.

Se notaba cansado, estaba pálido y tenía ojeras marcadas en su piel albina.

Hasta que por fin habló. Yo, manteniendo un semblante serio.

-¿Tienes una sola idea de lo que has hecho?- Su tono de reclamo, junto con su súbito acercamiento en combinación con su cara marcada por la pena me hizo querer salir corriendo, sin embargo, todo lo que hizo fue abrazarme.

Y esta vez, sin ánimos de decirle lo contrario, escuché como desahogaba el llanto de alivio que salió de él.

-Maldito imbécil, ¿Tienes idea de lo que has provocado en estos meses?-

Seguía balbuceando, hasta que se obligó a parar, parándose derecho y serio, secándose las lágrimas y mirándome fijamente a la cara.

-Amigo… compañero… para Sakura tú estás muerto- Me dijo con la aflicción en la voz.

Un bajón de presión me hizo imaginarme en el suelo.

¡¿Qué había dicho?

-¡Repite eso!- Me acerqué a él en tono amenazante, pero él me detuvo por los hombros para explicarme.

Lo atravesé con la mirada buscando el porqué de esas palabras, el suspiró y me lo dejó bastante claro;

-Te ha esperado… por tanto tiempo, sonriendo a todos, diciendo más para ella misma que tú estabas bien, que regresarías. Pero conforme pasaron las semanas su sonrisa se apagó, al no saber más de ti, y luego llegó una carta del General Shang, diciendo que probablemente habías muerto en combate.-

Mi ceño se frunció cada vez más durante sus palabras, y un mareo inexplicable por el aturdimiento de la realidad me golpeó. Sin embargo, Eriol siguió hablando, intentando sacar todo como era.

-Todos aquí, y más yo que te conozco desde hace tanto tiempo. ¡Por Buda que caminé por el infierno por ti! ¡Por tu esposa! No tienes idea de cuantas noches he estado en vela con el miedo de que haga alguna estupidez, o que yo mismo me tentara a matarme solo para ir a restregarte que no te rezaría en la tumba!-

Sus manos blanquecinas posadas en mi hombro terminaron sacudiéndome pero vagamente me importaba, sabía muy en el fondo que en esto podía resultar.

Lo sabía. Me había ido, y tenía que afrontarme a las consecuencias.

-Sabes que eres como mi hermano, pero tenías muy en cuenta de que no te iba a rezar si morías en la guerra. ¡Así que corre AHORA a implorar, porque ya no es pedir, es implorar… el perdón de tu esposa!-

Asentí como idiota repetidas veces, saliendo de ahí, pero antes de terminar de bajar los escalones, Eriol más calmado después de ponerme en mi lugar me dijo:

-Gracias por regresar, hermano- Era sorprendente y aterrador como podía cambiar su forma de ser conforme a la situación; Sujetaba sus lentes en forma intelectual como si quisiera enfocar mi apariencia, con esa sonrisa serena y sus ojos paternos que irradiaban de algo que me llenó de calidez el corazón.

¿Había sido ese el que me zarandeaba hace un momento?

-Gracias a ti, por todo, hermano-

Dicho eso salí corriendo, rumbo a nuestra habitación. Mi corazón palpitaba al punto de no dejarme respirar con fluidez, me temblaban las piernas pero aún así corría. Me dolían mis heridas sangrantes pero aún así corría.

Corría para verla a ella. Correría siempre por ella.

Doblé en la esquina de la terraza, pero lo primero con lo que me encontré fue a Tomoyo.

Oh demonios, si no me mató Eriol ella lo haría por seguro.

-¡¿Tu?- Fue lo primero que dijo, dejando caer las toallas blancas que traía en mano.

Las recogí mientras ella retrocedió con desconfianza.

Sonriendo se las di, no sabiendo bien cuál era la expresión que debía estar en mi rostro. Ella las tomó con cautela, viéndome seriamente como si temiera que no fuera yo o como si fuera un fantasma.

Pero para eliminar dudas… comenzaría por algo que diría el idiota entre idiotas, o sea yo.

-Estoy en casa- Le dije finalmente.

-Sakura…- Balbuceó. Yo lo escuché sin querer escuchar realmente, creyendo que aquí venía el sermón.

Pero hizo algo diferente, comenzó a llamar a Sakura a gritos.

Sintiéndome temblar con las cuencas desorbitadas mientras Tomoyo llamaba con urgencia antes de que yo me evaporara en el aire o algo parecido.

-¡Sakura!- Volvió a gritar. Me temblaba todo el cuerpo, y mis ojos se abrieron cada vez más, al igual que sentí el corazón en la garganta cuando oí pasos apresurándose a los gritos desesperados de su amiga. Sentí el vértigo en el estómago, y me agarré de la pared con una mano.

-¡¿Por qué gritas así Tomoyo?- Dijo una voz que para mí sonó como tintineos de las campanas del cielo.

Tragué en seco sin darme cuenta.

Una chica de cabello castaño, meciéndose suelto y largo al compas del viento, con su piel alvina tan tentadora para cualquiera, y aquellos labios rosados y tan suaves al tacto, hizo su aparición enfrente de nosotros.

Desvió la mirada de Tomoyo, para que sus esmeraldas extrañamente apagadas se posaran en mi mirada, para verles abrirse de par en par.

(Sakura POV)

La brisa mañanera me encantaba, se llevaba todas mis preocupaciones con el viento. Veía el cielo nublado, veía a los pájaros que pasaban por ahí, veía los árboles de cerezo mecerse suavemente, provocando un tranquilizador sonido.

Sentí un empujón en mi vientre, un segundo después otro.

Sonreí conmovida y me llevé la mano al vientre.

-Hola cariño, ¿estás despierto ya no es así?, ¿quieres ir a dentro para tomar el desayuno?-

Todos los días le agradecía a mi bebé por querer alimentarse, eso me hacía recordar que él quería vivir y aunque yo ya no tuviera razón para quedarme en éste mundo… por él, obviamente lo haría.

Por el hijo de esa persona y mío.

Iba a entrar en mi cuarto para pedirle a Tomoyo que fuéramos a preparar algo para nosotros y Eriol, ya que él últimamente solo picaba la comida.

Si, a Eriol aunque muy fuerte, todavía le afectaba la pérdida de esa persona.

Pero…

-¿¡Que chisme no?- De acuerdo, no pude evitar pararme secretamente a escuchar la conversación de las sirvientas que hacían todo el innecesario jaleo en la terraza mientras limpiaban las hojas secas.

-¡¿Le vieron como si nada cruzando el palacio a galope?- Gritó conmocionada una de las chicas, la otra la hizo callar, hablando más bajito para no llamar la atención.

Intentaba hacer un esfuerzo para escuchar pues algo me decía que tenía que saberlo.

Entonces oí los gritos de Tomoyo, implorando que fuera con su sólo llamado, como si algo milagroso estuviese ocurriendo, como si estuviera pasando algo que merecía la pena presenciar.

Por supuesto que nunca imaginé que estuviera tan cerca de la verdad.

La vi en la esquina apresurando el paso y cuando llegué a preguntarle por qué el escándalo, noté que había alguien más con ella.

Ese joven de mirada entre miel virgen y ámbar, que me miraba como un océano violento, con sus cabellos aterciopelados y chocolates. Con esa tez blanca provocada por el terrible invierno.

Aquellos ojos que brillaban con ansiedad marcada a fuego… labios temblantes que vagamente me acordaba de haber besado alguna vez, una caricia, aquella noche…aquel amor y aquel punzante dolor.

¡Esa persona!

-Syaoran- Fue lo único que alcance a decir con una voz estrangulada, con una mirada incrédula, sintiendo un vértigo horrible en el estómago.

Lentamente mis ojos se llenaron de lágrimas, y me llevé las manos a la boca, para tapar un grito. Él tragó saliva.

-Sa-Sakura- Toda la poca seguridad que él había acumulado desde que llegó al Palacio se esfumó como vapor, y sólo haciendo caso a sus instintos pasó de largo a Tomoyo extendiendo sus brazos hacia mí de manera urgida. Como si temiera que me escapara de él.

Tomoyo veía la escena, abriendo y cerrando la boca como si quisiera decir algo coherente para suavizar un poco el tenso ambiente.

Pero las palabras sobraban, o simplemente no pudieron salir.

Mientras tanto en mi corazón, todas las inseguridades se fueron refrescando como si su presencia se tratara de un suave bálsamo. Más mi tonto orgullo y mi confusión me hicieron querer odiarle y ponerme difícil aunque de verdad que no tenía nada de lógica hacerlo. Ya no la tenía.

Todo se me revolvió cuando el alzó sus brazos a mí. Más cuando me insistía repitiendo mi nombre con tanta aflicción puesto que yo me alejaba casi inconscientemente de Syaoran conforme él daba un paso.

No quería, y sin embargo, si quería odiarle. Total que corrí, con mis pisadas huyendo y rompiendo el silencio incómodo que se formó.

Me importó una mosca si me haría daño correr tan despavoridamente como lo hice, al igual que me importo muy poco haberle cerrado la puerta de nuestra habitación a Syaoran en la cara, cuando apreté el pazo después de oír sus veloces pasos decididos a alcanzarme.

No quedaría en mi conciencia romperle la nariz.

Puse el cerrojo, así impediría tanto que entrara como que yo le viera a la cara. No quería hablar con él, no estaba lista a pesar de que llevaba tantas semanas deseando y extrañando su presencia, pero mi corazón mandaba en ese momento de razón, y éste estaba confundido y sumamente dolido y frustrado.

-¡Sakura!- Un escalofrío de miedo me recorrió la espalda al oír mi nombre salir de su boca como una bestia, mientras intentaba abrir la puerta a golpes más por necesidad que por enojo.

-¡Sakura!¡Por favor no me hagas esto!- volvió a gritar.

No pude evitar dejar escapar un sonoro sollozo cuando el dio en el clavo; me dejé caer de rodillas con un ruido sordo, apoyando mis palmas y frente en la puerta. Lo cual hizo callar el escándalo que Syaoran creó del otro lado.

-¡¿Qué no te haga esto? ¡Maldita sea! ¡Te mueres y luego apareces como un condenado fantasma para hacerme la vida infeliz!- Le solté.

Un silencio, y luego volvieron los azotes a la pobre puerta.

-¡Déjame entrar ahora!- Confundí la mezcla de la voz de Syaoran en furia y contención.

Sentía un pinchazo en la garganta, y me costaba respirar de lo agitada que estaba, sin embargo no iba a ceder, tenía que decirle todo lo que pasaba por mi mente.

-¡NO!, ¡Vete y deja de atormentarme!-

-¡No me interesa si te atormento! ¡No quiero dejarte!- Me respondió inmediatamente.

¿Qué no quería dejarme? ¡Por favor!

-¡Lo has hecho! ¡Siempre lo has hecho! ¡Y Te odio, te odio por eso!-

Bien…creo que se abrieron viejas heridas, pero igual si quería perdonarle en lo más profundo de mi corazón por el infierno que pasé pues… tenía que aclarar todo. De una u otra forma.

De nuevo se hicieron presentes los azotes de los puños de Syaoran contra la puerta, acompañados de gritos bestiales, los cuales se traducían en palabras. Syaoran había explotado.

-¡Me obedecerás Sakura! ¡ABRE ESTA MALDITA PUERTA O LA ABRO YO!-

-Me lo prometiste… ¡Me lo juraste! ¡Y vas y te mueres! ¡Vete de una vez!-

Syaoran dejó de golpear la puerta aunque estaba como alma que se llevaba el diablo, claro que yo me inquiete, la calma después de la tormenta no era una definición para él.

Y como lo pensaba, un momento de lucidez le iluminó la mente obscurecida por la furia; gritando no iba a resolver nada. Usaría una táctica diferente, como buen estratega que era.

Respiró hondo, y contó hasta cinco.

1

2

3

4

5

-Por última vez… abre la puerta. – Dijo con la voz más calmada y auto controlada que pudo dejar salir.

Me enterqué demasiado, y una idea fugaz cruzó mi mente; había otro cerrojo. Suficiente para hacer que se cansara de golpear y no pudiera traspasar la puerta por éste nuevo cerrojo doble que se había instalado desde que comenzó la guerra y que ahora no hacía más que sacar de sus casillas a Syaoran.

-¡Quítate de la puerta!- Me ordenó. Señal de que ya tenía su estrategia, que no era más que…

-¡Ni se te ocurra! ¡No quiero verte ni mucho menos…!- Las palabras quedaron en el aire, cuando de una fuerte patada alta Syaoran quebró la fina madera de la puerta. Aturdida me paré tan rápido como pude, queriendo empujarle con todas mis fuerzas hacía afuera, conforme Syaoran se abría paso entre el hueco que creó.

Claro que en mi estado de embarazo, hasta creen que iba a poder contra su arrebatadora fuerza.

Syaoran hizo acto de presencia en la habitación, con su entrecejo completamente arrugado y fruncido, con esa presencia fuerte y dura que tanto le caracterizaba. Ese carácter mismo que hizo que yo retrocediera con verdadero miedo en mis ojos.

Intenté alejarme de él, pero acortó inmediatamente nuestra distancia a zancadas que podían partir el suelo, tomándome bruscamente por el brazo como si quisiera arrancármelo.

-¡Ahora me vas a escuchar!- Dijo intentando ocultar su crecido rencor.

-¡Me haces daño!- Le grité sin flaquear.

-¡Me has dañado más tú que yo con tus palabras!-

-¡Ni un octavo de lo que me has hecho sentir desde que creí que algo malo te había pasado!-

Le miré por primera vez a la cara, mientras mi voz autoritaria se quebraba hasta terminar estrangulada. Le clavé mi mirada dolida hasta donde pude, y luego la bajé, pues encontrarme con sus bellos ojos miel que tanto me gustaban así de turbados y molestos me hizo sentir culpable.

Muy bien, supongo que aceptó que yo tenía un poco de razón y me soltó dándome la espalda bruscamente; se le habían acabado los argumentos válidos, pero yo seguí hablando.

-¡No tienes una remota idea Syaoran! ¡Una remota idea de lo que me hicieron sufrir cuando realicé que probablemente no volverías nunca más!-

Solo se oían los árboles bailando a la suave brisa acompañando el silencio que se hizo.

-¿Qué decía la carta que te di antes de irme?- Miró hacia el techo como si pudiera ver a Buda a través de él, pasando una de sus manos por su revuelto cabello…sacando una idea de su mente.

-Oh, si… "ten por seguro que volveré, porque te lo juré" Eso decía ¿no?- Su mirada bajó para ver mi expresión completamente sínico. Contrario a lo suaves que eran sus palabras, en sus ojos aún se veía el enojo.

Le esquivé la mirada sin contestarle. Me mordí el labio.

El me tomó de la muñeca tan bruscamente que di un respingo y por inercia lo miré a la cara.

-Aquella noche que fuiste mía por última vez, te juré que volvería. ¡Contesta! ¡¿Qué ha cambiado?- Su potente voz asustó hasta los pájaros del nido de la ventana.

Nada había cambiado, yo quería, de verdad quería creerle pero…

-Syaoran, ¿Qué hacer cuando todos te dicen todo lo contrario a todo en lo que tú crees?-

Lo meditó un poco, y me soltó la muñeca luego de darme un ligero apretón.

-Entonces hay que pensar que a veces es el mundo contra dos, mi amor- Su agarre se hizo débil, y la mano que pasaba por su cabello repetidamente se apretó contra su cráneo junto con la otra. Sus ojos se cerraron con violencia y se tambaleó.

-Creo que me voy a…-Dicho esto sus ojos se pusieron blancos, sus piernas fallaron, y cayó fuertemente al suelo.

-Sya, ¿¡Syaoran?-

Esto te enseña que definitivamente… no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes… o te hace el amague.

(SYAORAN POV)

-Papá-

-¿Qué?- Desperté pero no veía nada, tampoco sentía mi cuerpo, no sentía nada alrededor, ni una briza de aire, ni un solo sonido.

¿Dónde estaba?

-Papá…-

¿Quién es el que me llama?¿Se refiere a mi?

-Papá…-

Miré o traté de mirar hacia todos lados, pero sólo me rodeaba una obscuridad absoluta, aquí no había nadie más.

-Papá…-

-¿Me llamas a mí?- Dije a la nada.

-Syaoran-

Esa voz no era la de hace un momento, esta se me hacía más familiar.

-¡Syaoran!-

-¿Sakura?- ¿Era ella?

-¡Despierta por favor!

-¡Sakura! ¿Dónde estás?- Grité.

-Ya se mueve- ¿Tomoyo?

-¿Podemos picarlo con un palito para que se despierte más rápido?-

Ese idiota era Eriol.

-Cállate estúpido, te enterrare un palito por el…-

-¡Syaoran!-

Entonces todo se hizo brillante. Una luz me cegó y me hizo volver a poseer mi sentido del tacto por el satín que me envolvía, sentía el perfume de bálsamos emanando de mi cuerpo, y luego mí alrededor se llenó de formas y colores.

Alcé una mano, para intentar comprobar que ya estaba en el mundo real, tocar lo que fuera, cualquier cosa.

Y sentí algo tibio que me la apretó y que me hizo sentir la vida otra vez.

La miré, expectante como un cachorro que espera aunque fuera un maldito hueso del amo.

La intensidad de su mirada, aunque tímida, me hizo respirar hondo.

-Sakura…me trajiste de vuelta- Le sonreí tiernamente y pasó algo que ciertamente no me esperaba.

Me abrazó, me abrazó como si así evitara el fin del mundo.

Claro que así evitó el fin del mío…¿pero me merecía ser salvado?

Agua tibia corría por mis vendajes mientras ella decía cosas inteligibles a mi oído, rosando su suave cabellera entre mi hombro y mi cuello. Lloraba.

-¡Tenía tanto miedo Syaoran! ¡Perdóname! ¡Por favor discúlpame por no haber confiado en ti lo suficiente a pesar de todos estos años! ¡Pero es que..

La aparté de mi cuello rompiendo el abrazo suavemente obligando a Sakura a que me mirara a los ojos.

Sus grandes orbes esmeraldas recorrieron todo mi rostro y luego pararon súbitamente en mis ojos.

¿Siempre había tenido los ojos tan verdes y tan profundos? ¡Me costó recuperar el aliento para hablar!

-Mi amor… ¿Qué hacer cuando todos te dicen lo contrario a todo lo que tú crees? – Le guiñé un ojo y de repente su mirada se iluminó por completo, dejándome ver esa sonrisa que pudo ser causante de un paro cardiaco.

Esas sonrisas son de las que mi corazón no soportaría. No merecía tanta belleza y seducción.

-Hay que decir… que es el mundo contra los dos amor- Yo le sonreí y ella amplió la suya todavía más. Fue el momento en que me abracé a ella como un bebé y que sentí un bulto estorbando entre su vientre y mi estomago.

¿Sábanas? ¿Vendajes? ¿Quién había dejado algún saco sobre mí? ¡Seguro el desgraciado de Eriol pretendía meterme ahí y enterrarme vivo!

Volteé hacia abajo y me topé con un bulto si… pero ese bulto estaba pegado a Sakura. ¿Por qué?

Fue la primera vez que presté atención a otra cosa que no hubiera sido Sakura. Miré a los presentes de la habitación con un signo de interrogación enorme en vez de cabeza.

Tanto Eriol como Tomoyo esperaban una reacción obvia para lo que yo acababa de ver ahí abajo en el cuerpo de Sakura. Pero ya les dije, no hay personas compartiendo mi categoría de estúpido.

El doctor Ming también estuvo a punto de inyectarme veneno al ver que mi gesto seguía siendo el de pregunta, y Sakura comenzaba a verme con preocupación mordiéndose su labio inferior.

Empecé con un…

-Sakura…¿Te has tragado un…- Toqué su estomago y algo se movió dando un brinco adentro, yo me paralicé, dejé de respirar, mi corazón dejo de latir, mi páncreas dejo de funcionar, mi hígado se murió y se me añadieron 40 años encima.

En cuanto a Sakura sus ojos no podían ser más grandes o se rasgarían y su boca no podía estar más apretada contra su mandíbula.

Oh. Quiero mi premio al estúpido del siglo.

¡¿QUÉ?

-¡Sakura!- La miré con sorpresa y ése grito fue mi primer gayo desde mi adolescencia. Todos omitieron ese detalle. Tomoyo y Eriol casi se fusionan las manos apretándoselas. Se acercaron a mi cama y el Doctor carraspeó.

-¡¿Sakura tú estás?-

¿Creo que era bastante obvio no? ¿De acuerdo?

Ella tomo mi mano tensa posada en su estómago y la besó con ternura.

Todo en mi volvió a funcionar según su ritmo normal.

-Si- Soltó una risotada por la forma en que se me desencajó la mandíbula y mis ojos saltaron queriendo picarle los suyos. Ése tintineo que tanto me faltaba me sonó a gloria.

¿Quién quería la gloria de la guerra, si tenía la del amor? Claro que la última duele mas ¿eh?, ¿Se arriesgan?

-Estás embarazada…¡Estás embarazada!, ¡OH POR BUDA!¡ESTÁS EMBARAZADA!- Me llevé ambas manos a la boca al no poder controlar mi creciente euforia, sus mejillas coloradas y el nuevo brillo que adquirieron sus ojos me lo confirmaron, las sonrisas de Tomoyo y Eriol y la súper virada de ojos que me dio el Doctor Ming por olímpica despistada me lo terminaron de asegurar.

/ CONTINUARÁ…/