La historia original es de Nancy Warren y se llama A media voz, y yo solo la uso para entretenimiento de todas nosotras imaginando a los personajes de Sailor Moon que son propiedad de Naoko Takeuchi en esta historia


El vestido de Serena empezó a pegársele a las piernas mientras caminaba bajo el sol de mediodía. Absorta en sus pensamientos, se dirigió hacia la orilla del lago, y por alguna razón, el ruido y el bullicio del muelle la atrajeron.

El Navy Pier estaba lleno de turistas, niños, mamás y soldados. Pensó que la gente y el alboroto la ayudarían a ahogar el zumbido incesante de los pensamientos confusos de su cabeza.

Los zapatos y las medias le daban muchísimo calor. Todo el mundo tenía cara de estar pasándoselo estupendamente, parecían relajados, y estaba segura de que ella era la única que llevaba medias. Encontró un baño público y entró para quitárselas y guardarlas en el bolso. Quizá sólo necesitara un descanso.

Caminó bajo el sol y se sentó en un banco. Se recostó contra el respaldo e intentó relajarse. Se quitó los zapatos, y pronto se dio cuenta de que no iba a volver a la oficina. No aquel día.

Se quedó mirando al lago.

Quizá debiera dejar el bufete, cambiarse a otra empresa, empezar de nuevo.

De repente se sintió furiosa. Aquello había sido tan injusto por parte de Darien… Por aquella razón ella siempre se había negado a salir con compañeros de trabajo. Cuando se rompía la relación, no quedaba nada más que incomodidad cuando tenías que seguir trabajando con la persona.

Él era el que se tenía que marchar. Pero aquello no iba a ocurrir, claro. Darien Chiba era socio. Serena Tsukino no era más que una analista. Era bastante obvio quién tendría que marcharse.

Sabía que estaba siendo injusta. Darien haría lo correcto. Lo sabía perfectamente, igual que conocía perfectamente al que había sido su amigo y su mentor durante cuatro años. Le picaron los ojos tontamente, al pensar en que había perdido su amistad.

Lo que le había dicho Lita el sábado anterior todavía le flotaba en la cabeza.

«Haber descubierto que es un gran amante aparte de un gran amigo no es lo peor que puede ocurrirle a una chica».

¿Tendría que perder sin más remedio a su amante y a su mejor amigo?

Volvió a tener miedo. La asustaban las cosas a las que tenía que enfrentarse.

Si pudiera hablar con alguien, quizá pudiera poner en orden sus pensamientos. Y sólo había una persona con la que pudiera hablar sobre ello. Necesitaba hablar con Darien y hacérselo entender.

Tomó aire y buscó su móvil.

—Chiba —respondió él al primer tono.

—Tengo miedo —admitió ella, en voz baja.

—¿Serena? ¿Dónde estás? —al instante, su voz tenía un tono de preocupación.

—En Navy Pier. Al lado de una tienda de camisetas.

—No te muevas. Voy ahora mismo.

—¡No! No hagas eso. Sólo quiero hablar contigo un minuto. ¿Estás solo?

—Sí. Y tú, ¿estás bien?

—Sí —la mentira del siglo.

—Quiero ir contigo.

—No. Esto me resultará más fácil si no te veo.

—¿Como hacer el amor? —su voz era suavemente provocativa. Pero antes de que ella pudiera contestar, él dijo—: Lo siento. No debería haber dicho eso. Es sólo que me estás volviendo loco.

Ella agarró el auricular con fuerza.

—Lo sé. Tú también me estás volviendo loca. De todas formas, tienes razón. Es más fácil si no te veo.

—¿De qué tienes miedo?

—De… Creo que… estar contigo me asusta.

Ella oyó una carcajada corta.

—A mí también. Podría terminar ciego.

Ella se mordió el labio inferior al recordar el ojo morado que él tenía en la reunión.

—Lo siento. No quería darte tan fuerte.

—No. Es culpa mía. No debería haberte contado la verdad de esa forma. Creía que te haría feliz. Bastante estúpido, ¿eh? —ella se lo imaginó en su despacho, con el teléfono en la mano. Casi podía verlo pasándose los dedos entre el pelo, como siempre que tenían un problema complicado de trabajo y hablaban sobre él.

—Es que… me he sentido traicionada. ¿Por qué no me dijiste que eras tú?

—¿Cuándo?

—Yo…

—¿Cuándo habrías querido saberlo?

Ella fue incapaz de contestar a aquella pregunta. Había disfrutado del anonimato de aquellos encuentros, de hacer el amor con un completo extraño. Le habían fascinado el susurro de su voz y la posibilidad de que fuera el hombre de sus sueños.

—¿La primera vez, en Nueva Orleans?

¿Había empezado a susurrar deliberadamente? Serena empezó a temblar.

De repente se vio en la habitación donde habían hecho el amor por primera vez con la fragancia de las magnolias en la atmósfera. Ella nunca había pasado una noche como aquélla. ¿Habría querido saber que era Darien el que estaba haciendo que se sintiera de aquella forma?

—No lo sé —respondió al fin con la voz ronca.

—Quise decirte mi nombre la primera noche. ¿Te acuerdas? Y tú no quisiste saberlo. Aquello era injusto.

—Es cierto, ¡pero porque no sabía que eras tú!

A ella le retumbó su suave risa en el oído.

—Dejemos a un lado la evidente falta de lógica. ¿Estás segura de que querías saberlo?

—No estoy segura de nada. No estoy segura de que pueda confiar en ti. Por eso estoy asustada.

—Tonterías. Sabes que sí puedes confiar en mí. Es en ti misma en quien no puedes confiar. He tenido tiempo para pensar en ello durante el fin de semana, mientras me ponía hielo en el ojo. Estás asustada de tus propios sentimientos.

La irritación que ella sentía sólo se vio suavizada por su referencia al hielo. Demonios, ese ojo de verdad estaba morado.

—No intentes echarme la culpa. Tú me has mentido y te has aprovechado de mí.

—No discutas nunca con un abogado —suspiró él—. Yo te di la fantasía que querías, sabiendo durante todo el tiempo que yo quería más. Y sigo queriendo más. Tú estabas dispuesta a terminar con tu amante para poder estar conmigo. No te olvides de eso, ¿de acuerdo? Me elegiste a mí, a Darien, con los ojos abiertos.

—Pero yo…

—Te quiero. Piensa lo que quieras. Si quieres dejarme, es tu elección.

—¡Pero nosotros no tenemos nada!

Una pausa.

—Si realmente piensas eso, será verdad.

Serena se sentía tan triste y confusa, que estaba a punto de romper a llorar.

—Tengo que colgar.

—Sí. Yo también.

Y mientras colgaba supo por qué la asustaba Darien. Las mismas cosas que la habían atraído de él como amigo la aterrorizaban como amante. Ella conocía a su familia y les tenía cariño. Le encantaba los lazos que tenía con sus amigos íntimos. Su fuerza y su concentración. Como amigos, eran cualidades estupendas. En su amante, le causaban terror.

Al final, empezó a llorar.

El amor era doloroso. Había aprendido bien la lección. Era fácil para Darien hablar sobre el amor con aquella familia italiana tan enorme. Ellos nunca se divorciaban. No podía saber lo que significaba la pérdida del amor por experiencia, como ella. No sabía lo que se sentía cuando el amor se transformaba en amargura.

Serena había aprendido a confiar sólo en sí misma, sólo en aquello que podía controlar. Era mucho más fácil evitar el dolor que enfrentarse a él.

Pero entonces, tendría que negarse el amor.

Se limpió las lágrimas. Lo único que podía hacer era arriesgarse, correr el riesgo más grande de su vida.

Nunca había pensado que fuera cobarde, y sin embargo, allí estaba, lloriqueando porque cabía la posibilidad de perder el amor. Estaba tan asustada de fracasar que iba a dejarse ganar sin luchar.

Pero no había terminado. No le había dicho a Darien ni la mitad de las cosas que quería decirle. Además, él no se había humillado. Casi ni se había disculpado.

Se le resbalaban las lágrimas por la cara mucho más rápido de lo que podía secárselas. Y aun así, a pesar del llanto, sentía un calor en el fondo del pecho.

Él había pronunciado las palabras que habían sembrado el terror en la mente de Serena. «Te quiero».

Para él no tenía tanta importancia pronunciar aquellas palabras. No entendía todo por lo que ella había pasado, lo vulnerable que había sido con él. A él nunca lo habían seducido con un susurro, ni lo había adorado una amante secreta en la oscuridad más absoluta. Nunca había estado allí, esperando, preguntándose qué ocurriría después, qué parte de su cuerpo acariciaría, rozaría.

¿Cómo podía entender hasta qué punto había llegado su traición, si nunca había experimentado nada de aquello? De repente, se le ocurrió una idea. Un castigo, en realidad. Era perfecto.

Quizá en aquella ocasión el señor Chiba probara un poco de su propia medicina. Y ella iba a ser la doctora.

Milagrosamente, su estado de ánimo mejoró. Él la quería. Ella lo quería a él.

Pero antes de perdonarlo por su engaño, iba a dejarle completamente claro que su relación sería una de igual a igual. Era su turno de tener el control de la situación. Y aquello, después de todo, era lo que mejor le salía a Serena.

Se secó la última de las lágrimas, miró el reloj y se apresuró a entrar en acción.

XOXOXO

Darien se dejó caer en la cama, cansado y desesperanzado. Había hecho todo lo que había podido, y sólo le quedaba aceptar la derrota. Serena no había vuelto a llamarlo aquel día. Él le había dejado un mensaje en el contestador, sugiriéndole que fueran a cenar juntos. Ella no había respondido.

Él había parado en su piso, pero ella no estaba. Y si estaba, no le había abierto la puerta.

Había parado en una floristería, pero finalmente no se había bajado del coche. Conociendo a Serena, interpretaría las flores como una disculpa, y él no iba a disculparse por lo que había pasado. Su aventura había sido la mejor que él había tenido en su vida, y estaba seguro de que también lo había sido para Serena. Y el sexo tan bueno no podía venir sólo de una de las partes.

Por supuesto que no. Entre ellos, había existido el amor incluso antes de que se acostaran; simplemente, Serena se había negado a reconocerlo. Hasta que él se lo había ofrecido. Entonces ella se lo había estampado contra la cara.

Apagó las noticias de la radio e intentó quedarse dormido. Su enorme cama le parecía más vacía aquella noche que ninguna otra. Era una locura. Nunca le había hecho el amor a Serena en aquella cama, y sin embargo, podía verla allí, sentirla.

Sin embargo, no había ninguna posibilidad de que ella estuviera realmente en su cama. Tenía que aceptar la derrota y continuar.

Cuando se quedó dormido, todavía estaba dándole vueltas.

Unas horas después se despertó con un ruido y sintió que el cuerpo se le ponía rígido mientras concentraba toda su atención. Había oído algo. ¿Qué?

Abrir los ojos no le ayudó. Estaba casi seguro de que había dejado las cortinas abiertas, pero no veía absolutamente nada. Incluso la luz brillante del despertador se había apagado. Quizá fuera un corte de electricidad. ¿Habría sido el sonido de los aparatos eléctricos al apagarse lo que lo había despertado?

Él siempre dormía profundamente, así que le estaba costando mucho aclararse la cabeza. Sería más fácil dejarse llevar por el sueño de nuevo.

Y aun así, no podía escaparse de la sensación de que había alguien más en la habitación. Respiró lentamente, agudizó los oídos esperando algún sonido y preparó los puños para defenderse del intruso.

Sintió un olor familiar… Magnolias.

—¿Qué demonios…?

—Dime lo que quieres —le susurró una suave voz femenina al oído. Estaba tan cerca, que podía sentir su calor y oler la fragancia que lo volvía loco.

Ella había ido a él. A pesar de su ira y su miedo, había ido a él.

—Tú sabes de sobra lo que quiero —susurró él, sentándose en la cama y preguntándose qué ocurriría después.

—Voy a hacer que supliques —dijo aquellas palabras sin ni siquiera molestarse en susurrar.

—¿Y qué pasa si no quiero? —provocó él, sabiendo que Serena tenía el poder de hacer que rogara.

—Harás lo que se te ordene —aquella vez sí susurró, con voz ronca, y tan cerca que su respiración le hizo cosquillas en el oído.

Lo besó suavemente, con los labios temblando de emoción, totalmente opuestos a sus palabras implacables. Entonces, el colchón se hundió cuando ella se acercó a él a gatas, cálida y desnuda.

Darien sonrió en la oscuridad.

—Te quiero.

—Lo lamentarás.

Ella le acarició la barbilla con los labios, y después el cuello, y después le mordió un pezón con el filo de los dientes.

—Nunca —le prometió él, y se tumbó completamente en la cama para que ella pudiera hacer lo que quisiera.

Se tomó su tiempo, besando y acariciando cada centímetro, como si tuvieran toda la vida.

Serena creía que lo estaba torturando, pero él sabía por experiencia que aquélla era un arma de doble filo. Cuanto más se extendiera en los preliminares, más sufriría ella misma. Casi se rió cuando oyó su respiración entrecortada mientras le lamía el estómago. Intentó acariciarla dos veces, y las dos veces ella le apartó las manos.

Después, lo tomó en su boca, y Darien olvidó que tuviera manos.

Él no podría aguantarlo mucho. Serena se dio cuenta y volvió hacia arriba para besarlo en la boca, larga y profundamente. Se movió, y él sintió una rodilla rozarle el abdomen cuando ella se colocó encima. Justo al borde de donde estaba tan cálida y húmeda, él sintió que le rozaba la erección, pero no lo tomó dentro de su cuerpo, sino que se quedó inmóvil durante un segundo.

Después sintió de nuevo que su cuerpo se movía ligeramente, y se preguntó si se estaría acercando a la mesilla de noche por un preservativo.

Con un golpe seco, la lamparilla de la mesilla de noche se encendió, e hizo que él diera un respingo de la sorpresa. Guiñó los ojos para protegerse de le inesperada claridad, y después, al mirarla a la cara, lo comprendió todo.

Ella quería sacar su relación a la luz.

La observó tal y como había querido hacer tantas veces mientras habían hecho el amor. Le acarició la mejilla, donde la piel le brillaba como el oro. Entonces sus miradas se cruzaron, él se sintió más desnudo de lo que se hubiera sentido nunca en su vida.

Vulnerable. Abierto. Conectado con ella.

Le miró los pechos, que subían y bajaban con su respiración, y los pezones endurecidos.

—¿Por qué has vuelto?

Ella tenía los párpados hinchados, así que él supo que había estado llorando, pero en aquel momento le brillaban los ojos de emoción.

—Pensé que merecía la pena correr el riesgo. Quizá no funcione… —le dijo acariciándole el pelo—. Pero quizá sí.

—Yo siempre te querré —le prometió él, sabiendo que era la verdad. Miró hacia abajo, desde su vientre plano hasta el triángulo de rizos rubios.

Entonces se miraron de nuevo a los ojos.

—Es como la primera vez —dijo él, susurrando, asombrado de lo diferentes que eran las cosas a la luz, sabiendo ambos quién era el otro.

—Es la primera vez para nosotros.

—Ya no habrá más disfraces —convino él, levantando las caderas con ansiedad, intentando llenarla, penetrarla más profundamente que nunca.

—No nos esconderemos más —dijo ella, jadeando.

—¿Todavía estás asustada?

—Aterrorizada.

—Yo también.

Entonces, ella empezó a moverse sobre él. Lentamente, al principio, mientras dejaban que sus ojos se recrearan con la vista de sus cuerpos unidos, el de ella más suave y blanco, el de él más oscuro y velludo.

—Échate hacia atrás —le rogó él, ansioso por verlo todo.

Ella lo hizo, arqueando la espalda hasta que se apoyó en las manos y los dos pudieron verse mientras el ritmo aumentaba. Él se daba cuenta del esfuerzo que a ella le costaba exponerse de aquella forma sabiendo que era él.

—Déjate llevar —le pidió, aquella vez sin susurrar, con su propia voz—. Mírame y déjate llevar.

Ella gimió y abrió los ojos para mirarlo. Él vio cómo tomaba aire y vio cómo se le dilataban las pupilas. Después sintió la presión y el temblor de su cuerpo, y supo que él mismo no podría aguantar durante mucho más tiempo.

Deslizó la mano entre sus cuerpos y la acarició como sabía que ella deseaba. Y, mirándose a los ojos, los dos explotaron de placer.

—¡Darien! —gritó ella, echándose hacia delante para atrapar con su cuerpo el de su amante, y él pensó que su propio nombre nunca le había sonado tan bien.

Más tarde, cuando descansaban saciados en la cama, él le dijo:

—Creía que te había perdido.

Ella le acarició el pecho con las puntas de los dedos.

—Estuve pensando en lo que me habías dicho. Ya te había elegido a ti, como tú mismo has dicho. Creo que estaba buscando excusas para salir corriendo. Tenías razón. Siempre huyo de todo aquello que no puedo controlar.

—No tienes por qué asustarte. Yo no te quitaré tu independencia, no me pondré en tu camino hacia la cima.

—Lo sé —le dijo ella suavemente—. De todas formas, he oído que estar en la cima es muy solitario. Yo no quiero ir sola hasta allí.

—No tienes que hacerlo —le prometió él.

Después, volvió a llevarla a lo más alto.

—¿Sabes una cosa? —le dijo él cuando recuperó el aliento—. Debo de haberme vuelto loco. Juraría que huelo a magnolias.

Ella frotó su pecho contra el de él.

—Llamé a seis floristerías y no encontré ninguna flor fresca, así que compré una crema con olor a magnolias y me la eché por el cuerpo. Lo cual me recuerda… —dijo ella, apoyando la cabeza sobre una mano y frunciendo el ceño—. ¿Cómo te las arreglabas cada viernes para encontrar magnolias?

Él sonrió y saltó desnudo de la cama. Caminó hacia la ventana, apartó la cortina y abrió la puerta de la terraza, con la esperanza de que ningún vecino estuviera despierto a las cuatro de la mañana. Resopló de esfuerzo mientras tiraba de un enorme macetero en el que había un magnolio que había hecho traer directamente desde Louisiana.

—Tengo mi propio suministro.

Ella se levantó con la cara resplandeciente y se arrodilló a su lado.

—Oh, mira —dijo, acariciando una de las flores entre las hojas verdes y brillantes—. Aquí hay un capullo nuevo que está empezando a abrirse.

—¿No te resulta simbólico?

Él se inclinó hacia delante y, como respuesta, la besó entre las flores.

Fin


Que tal amigas, esta historia se acabo, y soy mala por haberme tardado en subirla, perdón, lo lamento en el alma, pero he andado ocupada en el trabajo, y algo desanimada, pero asi es el estado de animo, una constante montaña rusa no?

En fin, que mas puedo decir, salvo que espero que les haya gustado la historia, quizá mas adelante suba otra adaptación, pero por ahorita no, quizá cuando encuentre una buena historia lo haga, por mientras seguiré con las historias que tengo pendientes… y hablando de eso, ahorita tengo pendiente la continuación de lo que se supone era un one, el de Reencuentro, si, sé que di fecha limite para el 17, y ya tengo algo de avance en la historia pero como les decía, el trabajo me ha mantenido algo ocupada, pero no se preocupen, tratare de sacarla lo mas pronto posible, al menos el próximo capitulo

Bueno, gracias por sus rw, y sus alertas besitos

Ángel negro