©"Shingeki no Kyojin/進撃の巨人" y sus personajes pertenecen a Hajime Isayama


CAPÍTULO 13

Jean

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El semáforo sigue en rojo.

Armin espera al otro lado de la carretera, apoyado en la pared blanca de un edificio.

Los coches pasan entre nosotros, uno tras otro, ajenos al ritmo que marcan mis pies. Llevo escuchado la misma canción todo el fin de semana, a todas horas, y aún no me canso. Es normal que la repita en mi mente.

El semáforo cambia a verde.

Los coches se detienen y por fin puedo avanzar.

Estoy muy animado esta mañana. Puede que sea por el ensayo o porque podré ver a los chicos del grupo después de varias semanas, mis amigos de la infancia, de toda la vida. O porque he invitado a Armin.

Estoy tan animado que cruzo el paso de peatones sin pisar lo negro del asfalto, saltando de línea en línea. Armin me saluda antes de alcanzar el bordillo. Encuentro su mejor sonrisa cuando le devuelvo el saludo.

—Acabo de llegar.

—No he preguntado.

—Ya, pero ibas a hacerlo.

La funda que llevo colgada a la espalda llama su atención. La mira con ojos curiosos aunque sabe disimular su interés. Pero la mira dos veces, que no pasan desapercibidas para mí.

—Si te gusta la funda, espera a ver el bajo.

Nos ponemos rápido en marcha, antes de que alguna brizna revoltosa de viento despeine su flequillo. El local donde ensayamos no está cerca pero tampoco lejos. Hay que girar en varias esquinas, atravesar calles estrechas. Algunas no huelen precisamente bien.

Caminamos sin hablar, y eso que suelo ser de los que buscan cualquier tema de conversación, por trivial que sea. Cuando estoy con Armin, las palabras no necesitan fluir. Creo que ambos disfrutamos de la compañía del otro sin importar el silencio.

El nombre del local en un letrero gris es la señal de que ya hemos llegado. En la puerta están Thomas y su teléfono móvil. Por cómo sonríe, imagino que está hablando con Mina. Despega la vista de la pantalla y nos ve.

—¡Jean! —grita entusiasmado mi nombre.

—Cualquiera dirá que me esperas a mí y no a Mina —Es tierno ver que se ruboriza al mencionarla—. ¿Tarde otra vez?

—Como siempre. Tenía cosas que hacer, dice —Le doy unas palmadas en el hombro. Es lo que suele hacerse.

—¿Los demás están dentro?

—Sí.

Su respuesta queda suspendida en el aire y su mirada, perdida en algún punto detrás de mí. Es difícil descifrarla, pero intuyo qué ha captado su atención. Armin parece una estatua de cera en este momento, en mitad de la calle, con la cabeza gacha y las manos dentro de los bolsillos.

—Te presento a Armin —El nombrado da un respingo y nos apunta con sus enormes ojos azules—, mi amuleto de la suerte.

Su risa se enciende y no puedo evitar sacudirle el pelo. El tacto es más suave que otras veces. Mis dedos se escurren entre las hebras como si ocultaran un portal a otra dimensión; su mente, quizá. Él se sonroja aún más. Tenía las mejillas coloradas.

Con una palmada más en el hombro, dejamos a Thomas solo. Dentro del local nada ha cambiado. Hay instrumentos y amplificadores, una pared plagada de anuncios que los grupos cuelgan en busca de nuevos miembros, también para sus partidas de rol. Hannes continúa tras el mostrador, con una cerveza en la mano.

—¡Jean, ¿cómo has estado?! —saluda arrastrando un poco las sílabas—. Hace semanas que no te veo.

—He tenido exámenes, pero lo llevo tan bien que mi madre me ha dejado venir.

—Eso no hay quién se lo crea. ¿Acaso ha ocurrido un milagro?

Me despido de él con un movimiento de mano, sin darle tiempo a hacer más preguntas.

Guío a Armin hasta la sala de ensayo, donde casi todos los domingos la banda se reúne. Es un pequeño cuarto que también puede usarse como estudio de grabación, pero nosotros no le hemos dado ese uso aún.

¡Ay, no sé, mira a ver si ya llegan! —entono a voz en grito nada más abrir la puerta.

¡Damn! —gritan Dan y Franz al unísono. Era nuestro grito de guerra en los campamentos del colegio. Me uno a ellos.

—Solo falta Thomas —añade Franz, siempre con los pies en la tierra.

—Está fuera esperando a Mina.

Dan emite el típico sonido que corean los niños cuando a alguien le gusta una chica de la clase. Ni que estuviéramos en primaria.

—Por fin un ensayo en el que estamos todos.

Franz tiene razón. La última vez que pude venir, él estuvo obligado a quedarse en casa por una comida familiar. Y ya casi se cumple un mes de aquello.

—Deberíamos celebrarlo —digo mientras me dirijo a una esquina para dejar mis cosas. Mi bajo lleva demasiado tiempo sin ver este sitio. Igual que yo.

—Podemos ir después a Your Shower o a Trisquel —propone Franz.

—¿Trisquel? —No me suena de nada.

—Lo han abierto hace poco. Buen ambiente y buena música. Sería divertido ir a tocar algo una noche que hagan micrófono abierto.

—Puedes tocar esto —Dan saca unos papeles de la mochila de Franz. Los agita en lo alto mientras corre por todo el estudio para que éste no se los quite.

—¡Deja eso donde estaba!

Romeo y Julieta —lee en voz alta, en tono de burla—. ¿Es para Hannah?

Por mucho que Franz lo niegue, la canción está dedicada a Hannah. Todas las que escribe son para ella.

Supongo que cada músico tiene una musa.

Me pregunto dónde está la mía.

Es entretenido ver a Dan molestando a alguien, siempre que ese alguien no sea yo, pero esta vez prefiero ignorar su disputa y centrarme en tensar las cuerdas del bajo. Después de tantos días guardado en la funda, empezaba a echarlas de menos.

Tardo un rato en notar la cercanía de Armin. Observa de cerca y en cuclillas, incluso más ensimismado que yo, cada movimientos que hago para comprobar si el instrumento está afinado. Se acerca más a las cuatro cuerdas. A mí.

Por alguna razón que desconozco, siento un extraño hormigueo en la muñeca, en la punta de los dedos. Trago saliva.

Entonces alza la mirada y me encuentra mirándolo. Al instante su cara se vuelve de un rojo intenso y tengo la sensación de que Hannes ha aumentado la temperatura de la caldera. Es extraño pero no puedo despegar mi mirada de la suya, como si fuese un cuerpo celeste en cuyo campo gravitatorio quedo atrapado sin escapatoria.

La puerta se abre de golpe y estalla la burbuja que nos rodea. Rompemos el contacto visual.

—Hola a todos —Mina entra sonriendo, seguida de Thomas. Creo que Armin ha pasado desapercibido para Dan y Franz hasta este momento, cuando ella se presenta—. Hola, soy Mina.

—Encantado. Soy Armin.

—¿Conoces a alguno de estos locos?

—Jean me ha invitado a ver el ensayo.

—Genial, a mí también me han invitado —Agarra dos sillas y las coloca de cara al espacio donde tocamos, para estar más cómodos.

Por mi parte retomo aquello que estaba haciendo, aunque hay algo que me confunde: aparte de la conversación entre Armin y Mina, que ríe a casa rato, el silencio es absoluto. Inquietante conociendo lo ruidosos que son mis amigos.

Cuando les miro, tropiezo con sus ojos clavados en mí. Solo les falta un signo de interrogación gigante en la frente.

—¿Tengo monos en la cara? —Me coloco en mi lugar de siempre, a la izquierda.

Ellos se miran entre sí. Dan ríe bajito y no entiendo por qué, pero tampoco me dan la oportunidad de preguntar.

—Vamos a empezar, que se nos hace tarde —Franz es la primera guitarra y la voz principal, algo así como el rostro del grupo. También es quien tiene la cabeza más cerca del suelo de nosotros cuatro—. Vamos con I've got you.

Nos gusta comenzar con un tema que levante el ánimo. En seguida cerramos los ojos y nos imaginamos en un escenario, con un público clamando por nuestra actuación. Un gran sueño para una pequeña sala de ensayo.

Despierto para fijarme en mis dedos y paseo la vista a mi alrededor. Dan mueve la cabeza al ritmo de sus baquetas; Franz canta a ciegas mientras Thomas se muerde el labio inferior, ansioso, aguarda su parte.

Todos aprietan los párpados, con miedo a que el sueño se desvanezca si los abren. Hasta Armin los cierra.

Es en ese instante cuando soy consciente de él, de su presencia. Sentado en la estrecha silla plegable, sus pies se mueven solos al compás de la música, y juguetea con los dedos aunque apenas se nota. Nunca antes le había visto tan airoso como ahora.

Así pasa la primera media hora de ensayo constante.

—¡Necesito beber algo! —exclama Thomas. Hasta yo noto la garganta seca y eso que solo hago algunos coros—. Jean, ven conmigo a comprar bebidas.

—¿Por qué yo? —Ni siquiera me deja tiempo para preguntarle a Armin qué le ha parecido. Aunque por su cara parece que lo está pasando bien. Me alegro.

Thomas me agarra del brazo y me saca del local en contra de mi voluntad. Suerte que las paredes están insonorizadas o hubiera molestado a las demás bandas con mis quejas.

En el regreso de la tienda más cercana, siento que Thomas esconde algo. Quiere hablar pero no suelta nada, por lo que empiezo a sospechar que se trata de Mina. Está loco por esa chica de largo cabello azabache, grandes ojos grises y piel clara. Creo que son amigos desde infantil y su relación siempre ha sido especial.

Mi mente empieza a divagar sobre lo que ha podido ocurrir entre ellos. Quizá ha logrado reunir el valor para declararse y ahora son novios. O a lo mejor ha ido más allá y no quiere decírmelo, temiendo herir mi orgullo por haber perdido la virginidad antes que yo.

Sea lo que sea, somos amigos. Puede confiar en mí.

—Jean —Por fin se atreve a abrir la boca—, ese chico que nos has presentado…

—Armin.

—Cómo decirlo —Mira a un lado hasta que encuentra las palabras que anda buscando—. ¿Por qué le has invitado?

—¿Acaso no puedo invitarle?

—No es eso. Pero hay una regla-

—¿Desde cuándo tenemos reglas?

Sacude la cabeza, indicándome que voy por mal camino, que no se refiere a eso. Pues déjate de rodeos, quiero decirle. Pero me interrumpe.

—Es regla no escrita que, cuando algún miembro del grupo quiere empezar a salir con una chica, debe invitarla al menos a un ensayo.

Su explicación me deja congelado ante la entrada del local. Por eso se extrañó al verme con Armin. Y por eso estaban tan confusos cuando Armin dijo que le había invitado.

—¡ Qué tontería! Armin es un amigo, nada más que un amigo…

Mi voz se apaga conforme un pensamiento surge en algún rincón de mi mente. Su duda prende una chispa diminuta y, de un momento a otro, cuando abrimos la puerta del estudio y escucho la risa de Armin rebotar en las paredes, me cuestiono todo y más. Y solo puedo darle vueltas a ese pequeño pensamiento, y la chispa crece y crece cuanto más pienso en ello.

Fuera de mi cabeza, Dan desafina.

Y todo su cuerpo se pone en tensión, al ver que su Romeo usó el contestador —Ahora recuerdo la razón por la que no le dejamos cantar.

—¿Qué nos hemos perdido? —Thomas le tiende un refresco a Mina, cuya risa se escucha en segundo plano.

—Dan está interpretando la canción de Franz.

—¡Lo hace de pena!

—De eso ya nos damos cuenta, Franz —Le compadezco. Dan puede llegar a ser un pesado de pesadilla.

—Seguro que es para Hannah —comenta Thomas con una sonrisa.

—No digas bobadas —Franz sigue negando lo evidente.

—Es para Hannah —interviene Dan señalando la hoja de papel, donde está escrita la canción—. Aquí, en vez de escribir Julieta, pusiste Hannah.

—¡¿En serio?! —Corre hacia él, alarmado.

—No, era broma.

Estallamos en carcajadas. Franz se sienta en una de las sillas y cruza los brazos por encima del pecho, visiblemente enfadado. Una sonrisa se asoma a la comisura de sus labios, pero es demasiado orgulloso para admitir que ha tenido gracia.

—Ahora en serio, me gustaría escuchar cómo suena —dice Mina, y todos asentimos.

Con un poco de insistencia y buenas palabras, Franz accede a cantarla. Es muy bonita. Dan la había arruinado en su momento de pésima interpretación, pero en manos de Franz recupera el sentido por el que fue compuesta.

Mi amiga y nada más, qué me dices si te digo la verdad. ¿Acaso no me ves memorizándote los poros desde el pelo a tus pies?

Esto parece el club de la friendzone.

El presidente es Thomas, que no sabe cómo decirle a Mina que está enamorado de ella y que ya no soporta ser solo su amigo. Para Franz es más o menos lo mismo, aunque Hannah sí le corresponde. El problema es que ambos son tímidos en exceso.

Luego está Dan, que cuando intenta ligar con una chica, nunca es tomado en serio. Y Armin, que aún no se ha confesado a la persona que le gusta.

Y por último estamos yo y todos los rechazos de Mikasa, aunque los años hayan borrado de forma parcial esos momentos.

En realidad, creo que esta canción puede hacer que cualquiera se sienta identificado. Todo el mundo ha pasado parte de su vida en la friendzone y su eterna maldición.

Luego despierto, entro en razón y maldigo no tener el valor.

Esa última estrofa se repite en mi cabeza durante lo que queda de ensayo. Las horas transcurren entre canciones y bromas, guiños que dedico a Armin cada vez que me acerco al micrófono, risas y miradas cruzadas.

Al medio día decidimos dar por finalizado el ensayo e ir a comer. Mina se despide porque prefiere volver a casa, mientras nosotros elegimos un establecimiento de comida rápida.

—Ya no sé qué hacer, tíos —Nada más sentarnos, Thomas apoya la cabeza contra la mesa, derrotado.

—Cortarte esas patillas —sugiero.

—Muy gracioso. ¡Lo he intentado todo! —Suspira y balbucea quejas en voz baja, pero está tan hambriento que pronto se calla y empieza a devorar su hamburguesa como los demás—. Creo que no quiere nada serio conmigo.

—Te entiendo, Thom —dice Franz en un susurro.

—Pero si tú y Hannah estáis juntos.

—¿Qué dices? —Se pone rojo como un tomate, señal de que es cierto—. ¿Hannah y yo?

—Vuestro problema es que tenéis miedo a saltar —intervengo con la boca llena, señalando a ambos con mi hamburguesa por la mitad. Siento todos los ojos pendientes de mí además de los suyos.

—¿Saltar?

—Eso he dicho —Trago antes de seguir hablando—. Mirad, es como la primera vez que te tiras a la piscina. Al principio estás tan nervioso que te tiemblan las rodillas, las piernas, todo el cuerpo. Tienes miedo de hacerte daño, pero cuando al fin saltas, descubres que era un miedo estúpido. Esto es igual. Tenéis que superar vuestro miedo y lanzaros.

Thomas empieza a reír, seguido de Dan y Franz. Armin es el único que no ríe.

—¿Me estás diciendo que vaya a casa de Mina y le suelte: "¡Hola! Estoy enamorado de ti desde los doce años. Sería maravilloso si tú sintieras lo mismo porque así podemos saltar a la piscina juntos"?

—No tiene por qué ser así. Quizá con robarle un beso sea suficiente. Que no se lo espere, jugar a todo o nada.

—Estás loco si crees que voy a hacer eso.

—¡No podría! —exclama Franz, más rojo que antes.

—¿Piensas que todas se dejan besar como tu exnovia? —No esperaba esa pregunta por parte de Dan.

Mis amigos saben la historia de mi primer beso. Cuando se la conté, les hablé de aquella niña como si fuera mi novia, y ahora se refieren a ella de esa manera. Cada vez que ven una rubia de ojos claros ya están gritando: ¡Eh, ahí tienes a tu exnovia!

Ojalá fuese ella. Siquiera hubiera sido mi novia alguna vez.

—Por cierto, Thom —Franz cambia de tema—, ¿has hablado con Hannes sobre el concierto?

Ah, es verdad, casi se me olvida —Deja su refresco en la mesa muy despacio—. Será mejor que no faltemos a ningún ensayo a partir de hoy porque vamos a dar un concierto el dieciséis de enero.

Nos convertimos en la mesa más ruidosa del lugar. Nos da igual.

Me giro hacia Armin, sentado a mi lado un poco ajeno a la conversación, aunque parece entretenido. Observo un segundo su forma de comer, con una servilleta en la mano por si acaso la necesita. Para de masticar al sentirse observado.

Sonrío y aparto la mirada al instante porque soy incapaz de mantenerla.

Hace calor aquí dentro.

Armin quiere volver pronto a casa, así que a las cuatro de la tarde nos despedimos de ellos. Quiero acompañarle parte del camino. Los rayos del sol ya rasgan los más altos edificios, pero la temperatura en el exterior es agradable. En definitiva: el tiempo perfecto para estar fuera.

Y Armin quiere irse a casa.

—¿Tienes planes para esta tarde? —pregunto. A lo mejor ha quedado con alguien.

—Pensaba estudiar. Esta semana tengo el último examen final —Ya veo lo equivocado que estaba—. ¿Por?

—¡Vamos a alguna parte!

—Pero yo-

—Ya tendrás tiempo para estudiar.

—Jean, el examen es el miércoles.

—Seguro que lo llevas muy bien.

—Es física, y sabes que en física hay que hacer muchos problemas.

A pesar de sus excusas, que ignoro por completo, se deja arrastrar hasta un parque cercano. Nos sorprende encontrar un mercado de Navidad, con pasacalles, una pista de patinaje sobre hielo y puestos de comida y artesanías. Venden de todo, desde pequeños abalorios hasta lámparas. Los puestos de comida desprenden olores deliciosos, cada cual más apetecible.

Veo de reojo que Armin saca las manos de sus bolsillos y se las acerca a la boca para calentarlas con su aliento. Unas manos muy pálidas en contraste con su rostro. Casi puedo sentir lo frías que están sin la necesidad de rozarlas.

Mis dedos tiemblan ante el impulso. Mi subconsciente quiere que envuelva esas manos heladas con las mías, robarles el frío y guardarlo en mi piel. Y como dudo, ante la duda me quedo paralizado viendo cómo Armin suelta nubes blancas que se escapan entre sus finos dedos.

Pero él vuela más rápido que mis pensamientos. Las regresa donde estaban, y mis preguntas desaparecen con su gesto. En qué estoy pensando. Los tontos de mis amigos han logrado confundirme.

Armin siempre tiene frío en las manos. Debería usar guantes.

—Qué bien huele —dice de repente. Es verdad, huele muy bien por esta zona.

—Debe ser aquello —Señalo una caseta donde una muchedumbre no deja ver lo que venden. El olor procede de ahí.

—Chocolate caliente, el mejor aliado contra el frío.

—¿Quieres uno? Seguro que está barato y por eso hay tanta gente.

Armin asiente y nos adentramos en el mar de personas que esperan a ser atendidas. Es un poco estresante permanecer juntos entre tanta gente. De repente, la cara de Armin se me estampa contra el pecho por culpa de un empujón.

Nos vemos obligados a pegarnos el uno contra el otro. Y aunque estamos en plena calle, hace calor. Tiene las mejillas muy rojas y sé que yo también. Sonreímos, un poco incómodos por el escaso espacio entre nuestros cuerpos.

Las nubes de aliento que escapan de mi boca a cada exhalación, chocan con las de él en el aire. Y no entiendo nada pero los latidos de mi corazón se aceleran cuando me veo en su mirada. Me pierdo en su rostro. En su nariz, con la punta sonrojada. En la curvatura de sus labios. En sus hoyuelos cuando sonríe. En que su piel parece suave y quiero acariciarla.

Su voz susurrando rompe el trance en el que me consumo.

—Voy a llamar a mi abuelo para avisarle de que llegaré más tarde —Antes de que pueda pensar alguna palabra coherente que decir, se aleja.

Pero sus rasgos siguen conmigo, grabados a fuego en mi retina. Sigo sus cortos pasos desde la distancia, hasta que se detiene en la barandilla del enorme lago.

Armin ha dejado un hueco por donde se cuela el frío.

Apenas quedan dos personas antes que yo, pero la espera se hace eterna sin él. Para ahogar el aburrimiento, ojeo el móvil y compruebo los nuevos mensajes que he recibido desde mi última conexión. Algunos son de mi madre preguntando dónde estoy. Otros son del grupo que comparto con mis amigos. Están hablando de Armin y de mí.

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Thomas: En serio es solo tu amigo?

Jean: Sí. Por qué?

Escribo eso a pesar de lo raro que me siento. La respuesta no tarda en llegar.

Franz: No le tratas como amigo.

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Estoy a punto de contestar, algo molesto por su insistencia, pero es mi turno para pedir.

—Dos chocolates, por favor —Guardo el móvil en el bolsillo de mis vaqueros, olvidando el último mensaje.

Sin embargo, no puedo borrarlo de mí. Pienso en ello mientras me acerco a donde Armin espera. Intento no derramar nada por el camino.

Está de espaldas, apoyado sobre la baranda, así que solo puedo ver su melena rubia envolviendo su cabeza. Hace un mes que me dijo que quería cortarlo y quise quitarle la idea de encima. No sé si lo ha hecho. Lo veo igual que el día en que nos conocimos; silencioso, tímido. Quieto igual que ahora, pero no igual del todo.

Guardo la imagen junto a las demás en que Armin parece flotar en el aire.

Entonces soy consciente de las veces que me quedo mirándolo a lo largo del día. Así, mientras no mira, mientras no se da cuenta.

—Aquí traigo el chocolate caliente.

—Gracias, Jean. ¿Cuánto ha costado?

—Invito yo.

—Pero-

—¡Está buenísimo! —Le interrumpo—. Será mejor que te lo tomes antes de que se enfríe.

Sus blancas manos rodean el vaso. Enrojecen al mismo tiempo que se calientan poco a poco. Armin da un sorbo y al instante saca la lengua.

—Quema.

No puedo contener la risa. También me había quemado la lengua al probarlo, pero quería ver si a él le ocurría lo mismo. Vuelvo a caer en sus ojos, que me devuelven la mirada y reflejan los míos como el espejo translúcido del agua.

Suspiro. Él suspira también. Y a mi mente acude aquella rima que leí en uno de los temas de literatura. Comprendo en parte el sentido de repetir siempre el final en cada estrofa, intentando en verso dar explicación a algo tan complejo como la poesía.

Mientras haya unos ojos que reflejen los ojos que los miran. Mientras responda el labio suspirando al labio que suspira.

Mientras exista Armin Arlert, habrá poesía.

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N/A: ¡Estoy viva! Perdón por tardar tanto en escribir este capítulo, pero empecé y tuve que cambiar todo de orden para que tuviera algo de coherencia.

¡Espero que os haya gustado! Ojalá os hayan gustado tanto como a mí los amigos de Jean. Bueno, por si queda alguna duda, todos son personajes de SnK (todos muertos). Debo decir que Thomas siempre me gustó a pesar de lo poco que aparece en escena.

Algunas aclaraciones sobre las canciones:

I've got you pertenece a McFly (amo ese grupo). El estilo de música de la banda me lo imagino muy similar a los comienzos de este grupo.

Romeo y Julieta pertenece a El Niño de la Hipoteca (buscadle en YouTube, todos sus temas son maravillosos). Buscad Las cosas que nunca te dije también. Me inspira tanto que estoy pensando en publicar un original cuyo tema principal gire a la letra de esa canción (en wattpad y en mi página de facebook, para los lectores de fanfiction que no tengan cuenta en wattpad)

¡En el siguiente capítulo es Navidad! Ya he empezado con las notas. Pero hablando de este capítulo… creo que hay un cambio bastante obvio, ¿no? ¡Ya era hora! Tenía unas ganas enormes de escribir este capítulo.

Esto es todo por hoy. Muchísimas gracias por el apoyo y por los lindos, estúpidos y sensuales reviews.

¡Nos leemos! ~

PD: ¿Os gusta la nueva portada? Estoy enamorada de ella nwn