CAPÍTULO 14

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Charlie hablaba con Billy Black en la cocina de su casa mientras Bella y Jacob cenaban lasaña boloñesa preparada por ella.

-Los chicos de La Push también vigilarán los alrededores para ver si ven algo sospechoso – dijo Billy.

-Eso es muy peligroso – replicó Charlie -. Puede que Sam y los demás sean corpulentos y muy fuertes pero, ¿qué pasaría si va armado ese hombre?

-No hay problema con eso, ellos saben esconderse muy bien por el bosque. Nadie es capaz de verlos cuando se trata de jugar al escondite.

-¿Van a vigilar todos? – dijo Charlie con desconfianza -. Y cuando digo todos me refiero que también irán Leah, Seth y Jacob…

Bella miró a Jacob, que tenía la boca llena de lasaña.

-¿Qué? – dijo Bella, atónita. Él se encogió de hombros.

-No creo que Harry permita que Leah y Seth vayan con Sam y sus colegas, todavía son muy jóvenes – siguió Charlie.

-Jacob tampoco debería ir – dijo Billy.

-¡Pero, papá! – Gritó Jacob después de tragar la comida -. ¡Ya lo tenía todo planeado con Sam y los demás!

Todos miraron a Jacob.

-Jacob, de verdad es muy peligroso – dijo Charlie -, ese tipo ha matado a un médico y a una enfermera. ¿Qué haríais si de verdad os viera?

Jacob iba a replicar pero el walkie-talkie de Charlie lo interrumpió. Éste escuchó atentamente lo que decían sobre haber encontrado algo extraño en las afueras de Forks, cerca de la casa de los Swan.

Charlie suspiró.

-Enseguida vuelvo – dijo.

-Espero que no sea nada grave – dijo Billy.

-Eso espero yo también – murmuró el jefe de policía -. Quedarse aquí mientras tanto.

Charlie salió apresuradamente y solo se quedaron Bella, Jacob y Billy. Los tres estaban en silencio mientras que los dos jóvenes terminaban de comer. Billy salió poco después al salón, a observar desde la ventana por si veía algo entre la oscuridad de la noche.

-¿Habéis estado en Port Angeles? – preguntó Jacob a Bella, que fregaba los platos sucios.

-Sí – respondió.

-Eso significa que ya estáis bien, ¿o me equivoco?

Bella sonrió como una tonta.

-Sí, ya está todo arreglado.

Jacob se apoyó en la pared, de brazos cruzados, y miró a Bella con una sonrisa picarona. Ella le miraba de reojo mientras restregaba el estropajo lleno de jabón contra el plato sucio de los restos de la lasaña.

-¿Y esa sonrisa, Jake?

-Nada, nada – dijo apresuradamente Jacob -. Oye, creo que deberías llamarle, ¿no? A Edward. Para ver si está bien.

-Sí, eso tenía planeado después de limpiar todo esto – dijo Bella -. Pero parece que tú has querido guarrear el plato de la lasaña más de lo deseado – le enseñó el plato que llevaba minutos intentando limpiar y las manchas no se quitaban -. Esto no se quita ni quemándolo.

-Tenía mucha hambre, lo admito.

-Lo que tú digas, Jake, la próxima vez te lo daré todo encima de un papel para tirarlo a la basura cuando termines.

-Eres una perezosa, Bella.

-Me das motivos para serlo – dijo enseñando el plato sucio de nuevo.

Subieron a la habitación de la chica y observaron, como Billy, por la ventana. Veían cerca de donde se encontraban varios coches de policía y muchos agentes hablando entre sí mientras que otros rastreaban la zona con perros. Identificaron a Charlie que se encontraba solo mientras miraba hacia la carretera con atención.

-¿Por qué está así? – preguntó Bella en voz baja.

-No sé – contestó Jacob en el mismo tono -. A lo mejor ha escuchado algo.

-Que no pase nada ahora…

-Tranquila, Bella, está medio cuerpo de policía de Forks aquí, no creo que el tipo ese se pase por aquí ahora como si nada.

-¿Jacob? – la voz de Billy se escuchaba desde las escaleras.

-¿Qué quieres, papá? – gritó Jacob, acercándose a la puerta.

-Acaba de llamar Emily Young diciendo que nos esperan en la reserva, así que vámonos. Nos van a acompañar dos coches patrulla.

-Pero, ¿qué pasa con Bella?

-Charlie ya viene aquí.

Jacob miró a Bella. En el rostro de ella se notaba el pánico que ahora sentía y Jacob se sintió un poco mal por dejarla ahora, aunque Charlie estuviera aquí haciéndole compañía. Era su mejor amiga desde que eran pequeños y no se atrevía a irse, pero él y Billy tenían que irse a La Push, seguro que por exigencias de Sam y su pandilla.

Se acercó a Bella y la abrazó con todas sus fuerzas.

-Tranquila, Bella, todo va a salir bien.

-Sí – jadeó ella -, vas a matarme, Jake.

-Lo siento – dijo Jacob y soltó a Bella. Ella respiró aire como si fuera la primera vez -. Nos veremos otro día, supongo, ahora estaré de vigilancia con Sam si mi padre no lo impide.

-No hagas tonterías – advirtió Bella.

-No te preocupes – le revolvió el pelo a la chica y salió de la habitación, dejándola sola.

Charlie apareció poco después por la habitación. Bella se encontraba tirada en la cama después de haber llamado a Edward, asegurándose de que nada le había pasado. Charlie se acercó a la cama y se sentó en ésta, mirando a su hija.

-¿Cómo estás? – le preguntó.

-Asustada…

-Encontraremos pronto a ese hombre – intentó tranquilizarla. Bella sonrió -. Eso si no ha escapado del pueblo…

-No puede andar muy lejos; además, habéis distribuido agentes de Port Angeles y Seattle también por todo los condados cercanos.

-Sí, eso es verdad.

Charlie se levantó de la cama dispuesto a irse al salón a descansar un poco. Esta noche tenía que patrullar por los alrededores, pero no podía dejar aquí sola a Bella. Se quedaría aquí para asegurarse de que nada pasaba.

Se giró hacia ella.

-¿Irás a casa de los Cullen el viernes?

Bella parpadeó.

-Esa es la idea – dijo y Charlie sonrió.

-Esme llamó antes y bueno…me lo dijo. No debería dejarte ir, pero es lo mejor que vayas y te quedes allí todo el fin de semana. Así yo podré hacer guardia durante esos días porque no vas a quedarte aquí sola.

-¿Y qué pasa con el instituto? – preguntó Bella.

-Podréis ir y algunos policías también estarán allí por si las moscas…

Bella asintió y bostezó profundamente. Su padre salió de la habitación para dejarle dormir. Había sido un día agotador, pero perfecto. El haberlo pasado con Edward era maravilloso, se había divertido mucho a pesar de esa película de miedo y el que casi se cae al mar en el muelle del paseo marítimo.

Había valido la pena saltarse dos clases en las que una se aburría y en la otra se mataba y salía con alguna herida al final.


Alice bajó las escaleras en volandas cuando escuchó la puerta del porche abrirse y cerrarse. Se tiró hacia su hermano Edward y lo atrapó con brazos y piernas. Éste casi se cae al suelo con la fuerza del impacto.

-¡¿Pero dónde diablos estabas?! – le gritó, le soltó y le pegó en la nuca con todas sus fuerzas.

-Estaba con Bella – se excusó Edward, dolido por el golpe de su hermana, mientras los demás de la familia se asomaban. Todos estaban allí menos Carlisle.

-Te hemos llamado mil veces – dijo Emmett y luego puso su mejor cara de picarón -. ¿Acaso hemos estábamos interrumpiendo algo y no has cogido el teléfono?

Edward y Alice le fulminaron con la mirada.

-¿Dónde está papá? – preguntó Edward.

-Está que no sale del hospital – dijo Esme -, tienen que arreglar muchas cosas allí ahora. ¿Quieres cenar?

-No, ya he cenado en Port Angeles – dijo Edward y sonrió satisfecho. Sus hermanos le miraron con la duda en el rostro -. Creo que iré a bañarme.

Edward subió las escaleras de dos en dos con una energía que a los otros tres Cullen les extrañó de sobremanera. Esme y Emmett miraron a Alice, que estaba con cara de haberse perdido algo importante.

-¿Sigue en pie lo del viernes, Alice? – preguntó Emmett burlonamente.

-Por supuesto – asintió la pequeña -, mañana preguntaré al respecto.

Arriba, en el tercer piso de la mansión de los Cullen, Edward terminaba de darse una rápida ducha. Se encerró en su habitación y puso la música clásica que tanto le gustaba casi a todo volumen mientras se ponía su pijama.

Estuvo parte de la noche con la música puesta, bajando el volumen poco a poco conforme se iba acercando la medianoche para no despertar a los demás. Poco antes de que tocaran las doce, Bella le llamó para asegurarse de que estuviera bien. Le costó unos minutos tranquilizarla y que se fuera a dormir.

Después se quedó dormido con la música de piano y violín de fondo, dejándolo relajado y dormido profundamente, como un bebé.


-¡¿Q-qué?! – chilló Alice entre emocionada y enfurecida. Todas las personas de la cafetería del instituto se quedaron en silencio y mirando en dirección a Alice. Ella estaba de pie en la silla, mirando fijamente a Edward y Bella frente a ella.

-Alice, no…

-¡Vaya! Las predicciones de Alice salieron mal – rió Emmett.

-Espera – dijo Edward -. Entonces lo del viernes era…

-¡Sí! – le cortó Alice, enfurruñada -. Quería que dierais el siguiente paso, pero parece que lo habéis hecho sin mi ayuda… ¡Y eso es genial! ¡Perfecto!

Saltó de su silla y se acercó a Edward y Bella para abrazarlos por el cuello. Edward sintió que se ahogaba mientras Bella intentaba sonreír pero el brazo de Alice alrededor de su cuello no le dejaba hacer nada.

-De todas formas vienes el viernes, Bella – dijo cuando les soltó por fin.

-Ya lo sé – dijo Bella, sonriendo -. A parte de eso, Charlie quiere que me quede en vuestra casa.

-¿Por qué? – preguntó Edward casi esperanzado.

-Porque así puede patrullar por Forks y eso implica también quedarme todo el fin de semana – explicó Bella y vio a Edward sonreír como nunca.

-¡Más perfecto entonces! – dijo Alice dando palmadas -. Lo que me molesta un poco es que no podamos salir casa.

-¡Bah! Eso da igual – intervino Emmett -. Tenemos un montón de cosas en casa para no aburrirnos.

-Bueno, viéndolo así…

Sonó el timbre de vuelta a clase. Todos, ya completamente saciados con el almuerzo, volvieron a sus respectivas clases. Edward y Bella se despidieron de los demás y fueron a la clase de Biología. Él pasó un brazo por los hombros de Bella, aferrándola a su lado. Todos los alumnos que pasaban por su lado se quedaban mirando descaradamente con la boca abierta.

Edward sonreía con malicia.

-Todos nos están mirando – susurró Bella.

-Que miren, así sabrán que eres solo mía – dijo Edward y la chica se sonrojó como siempre lo hacía cuando él decía cosas como aquella.

Se toparon con Mike Newton, ese chico rubio que aprovechaba las situaciones en las que Edward faltaba a clase para sentarse con Bella y acosarla a preguntas personales. A Mike se le quedó la boca abierta, como a todos, mientras los dos pasaban y entraban a clase de Biología. Edward sonrió amplia y maliciosamente cuando Newton le envió una mirada envenenada.

Edward se sentó en el sitio de siempre, al lado de la ventana, y Bella a su lado.

-Menuda cara la del señorito Newton – dijo Edward.

-Bueno, él pretende tener algo conmigo y al vernos así… - dijo Bella y sonrió cuando Edward frunció el ceño y murmuraba cosas por lo bajini.

El profesor apareció en clase y comenzó enseguida a dar la lección. Hoy tocaba todos los tipos de cánceres que había, las consecuencias y las terapias y medicamentos para combatirlas, aunque no siempre funcionaban.

Edward miraba por la ventana, viendo como empezaban a caer las primeras gotas de lluvia del día, mientras Bella, apoyada con los codos en la mesa, hacía garabatos en su libreta.

En mitad de la clase, Edward se levantó bruscamente de la silla y pidió permiso para ir al baño. El profesor lo miró con atención antes de darle permiso para que se fuera. Bella lo vio salir corriendo de la clase y se mordió el labio inferior. Ella también salió de la clase sin el consentimiento del profesor, pero nadie la detuvo. Caminó por los pasillos para ir al baño de los chicos, donde se supone que estaría Edward.

Y no se equivocaba, lo encontró allí con las manos apoyadas sobre el lavabo mientras se miraba al espejo con una mueca de dolor. Se acercó a él y pudo ver un rastro de lágrimas en sus pálidas mejillas y los ojos inyectados en sangre.

-¿Edward? – se atrevió a decir.

Él no dijo nada, solo soltó un sollozo y se derrumbó en el suelo, abrazando sus piernas y apoyándose en la pared. Bella rápidamente se puso junto a Edward y lo abrazó. Lo dejó llorar mientras le acariciaba la espalda con las dos manos.

-Lo siento, no sé que me ha pasado… - dijo Edward entre sollozos.

-No hables ahora, tranquilízate – dijo Bella en un susurro, abrazándolo más fuerte. Edward apoyó su cabeza entre el hueco y el hombro de Bella y ésta sintió sus lágrimas recorriendo su cuello, clavícula…

No sabía cuánto tiempo había estado allí, pero el bullicio que se oía fuera en los pasillos les indicaba que la penúltima hora de clase había terminado y tocaba ir a la siguiente.

Eleazar hizo su aparición en el baño de los chicos y atrancó la puerta para que no entrara nadie. Los dos le miraron mientras se arrodillaba frente a Edward y le cogía del rostro para que le mirara a los ojos. Bella se apartó un poco para que pudiera revisarlo.

-¿Qué tienes, Edward? – preguntó con ansiedad.

-En clase de Biología…he sentido… una presión en el pecho – dijo Edward intentando que las palabras le salieran bien -. No sé muy bien cómo explicarlo.

-Inténtalo – dijo Eleazar -, pero primero respira tranquilo y profundamente. Cálmate.

Edward tomó aire y luego lo soltó en un suspiro. Notaba que su pelo estaba húmedo de tanto sudar y sentía como unas terribles ganas de dormir; le dolían los ojos y estaba temblando ligeramente. Cerró los ojos y tragó fuertemente, apoyó la cabeza en la pared. Se llevó una mano a los botones de su camisa y se desabrochó los cuatro primeros debido al calor.

Eleazar se incorporó y fue a abrir una pequeña ventana que estaba en lo alto de la pared. Vio como Edward relajaba los músculos al sentir el aire frío que entraba por la ventana.

Bella le dejó que respirara aíre y se hizo a un lado. Estaba intrigada por cómo Edward había salido de clase y había acabado así en cuestión de segundos.

-¿Estás mejor, Edward? – preguntó Eleazar, poniéndose frente a él de nuevo.

-Sí.

Alguien tocó la puerta desde fuera y escucharon la voz de Tanya. Eleazar le indicó a Bella que desatrancara la puerta y así lo hizo. La rubia entró rápidamente al abrirla y se puso junto a su padre. Tocó el rostro de Edward con sus manos y él hizo un intento de sonreír.

-Dios, estás sudando – murmuró Tanya.

-Cuéntanos, Edward – dijo Eleazar, insistente.

-Lo de la presión en el pecho ya lo he dicho, ¿no? – dijo Edward y Eleazar asintió mudo -. Luego, sentí como si alguien me estuviera apretando el corazón…no sé…y más cosas similares y extrañas…

-No recuerdo haber visto que te pasara eso – dijo Eleazar y miró a su hija -. ¿Tú tampoco?

-No, no me suena – dijo Tanya -. Pero tiene mala cara y no como las otras veces.

-Creo que deberíamos llevarte el hospital, Edward…

-¡No! – gritó casi sin fuerzas Edward -. Esto se me pasará pronto, déjame aquí.

-Pero…

-No es nada.

Eleazar resopló y se levantó del suelo. Salió del baño y dejó solo a los tres. Bella miró a Edward, que ya se encontraba mucho más tranquilo y la miraba fijamente con sus ojos verdes. No tenían ahora ese brillo que le había visto en los días anteriores; estaban opacos y parecía que estaba a punto de echarse a llorar otra vez.

Tanya chasqueó la lengua.

-Al menos deberías irte a casa – dijo -. ¡No puedes quedarte aquí!

-Tanya tiene razón, Edward – dijo Bella.

Edward se levantó con la ayuda de las dos chicas y salieron del baño. Se quedaron en medio del pasillo, ahora solitario, y Edward se giró hacia las dos.

-Sí, creo que me iré a casa – dijo con tranquilidad -. Bella, tú vete a clase.

-¿Qué? ¿Por qué? – preguntó ella.

-El profesor va a sospechar que te escapas de sus clases y eso no es bueno – dijo Tanya.

-Sí, te lo dice una veterana.

Tanya pegó a Edward en el brazo de broma y él sonrió. Bella les miró arqueando una ceja y suspiró, cruzándose de brazos.

-Está bien – asintió -. Me iré a clase.

Se dio la vuelta para irse pero Edward la atrapó por la muñeca y le dio la vuelta de manera ágil. Lo próximo que se encontró fue los labios de Edward contra los suyos, dándose un breve pero intento beso.

-Ni siquiera te despides de mí – susurró Edward.

-Claro… - dijo Bella -. Hasta mañana, Edward.

Edward asintió.

-Te recogeré mañana.

Se dio la vuelta y se fue con Tanya. Bella pudo ver como la rubia los miraba a los dos con los ojos desorbitados. Parecía que no se esperaba eso. Luego, se fue con Edward y Bella se fue por el otro lado, sonriendo.


Al día siguiente Bella se llevó una sorpresa al encontrarse a Alice y Jasper en la puerta de su casa, esperándola para ir al instituto. Les preguntó sobre Edward y Alice le contestó que no se encontraba muy bien desde que llegó a casa el día de ayer y que necesitaba estar solo, tranquilo y descansando.

Bella sintió que sus energías se le iban a lo largo del día al no ver a Edward. Consiguió animarse durante el almuerzo con las bromas que gastaba Emmett a todo quien se cruzaba en su camino y hablaba con Jasper. Le sorprendió como había avanzado su relación con Jasper en tan solo media hora; se llevaban de maravilla y eso a Alice le pareció muy bien por lo que abrazó a los dos (a Jasper más, claro, y le besaba como si la vida le fuera en ello).

Tuvo que aguantar al baboso de Mike en TODAS las clases y se estaba exasperando. Pensó en varias estrategias para quitárselo de encima para cuando Edward estuviera ausente. La idea de enviarle al grandullón de Emmett le resultaba atractiva, pero tampoco quería matarlo. Decidió dejarlo pasar por el momento y aguantar un poco más con los acosos de Mike Newton.

Cada vez que paseaba por los pasillos veía a los policías entre el mar de alumnos. En las entradas y alrededores también había agentes. Charlie se pasó ese día por allí para informarse y, de paso, le dio una breve visita a Bella. Luego, escoltado por tres policías, se iba y rastreaban todo el pueblo y Port Angeles.

No había noticias sobre el asesino del médico y la enfermera en el hospital. Nadie lo había visto ni él había cometido algún asesinato o destrozo y eso preocupaba a Bella. Debía admitir que tenía miedo por si algún día se lo encontraba y a saber qué le podía hacer. Incluso podía percibir el miedo en la familia Cullen y en los hermanos Hale.

El jueves Edward tampoco se presentó a clase. Alice y Jasper la recogieron de nuevo en su casa y el día transcurrió normalmente, con policías de aquí para allá, los acosos de Mike Newton, bromas de Emmett…

Deseaba que llegara el viernes pronto.

El viernes llegó más pronto de lo que esperaba y no podía estar más feliz. Volvería a ver a Edward después de dos días sin saber casi nada de él. No atendía a sus llamadas y sus hermanos le decían poca cosa.

Ya no le extrañaba que Edward no volviera a aparecer por el instituto. Ya le daba igual: lo vería después de las clases. Charlie vendría a recogerle y la dejaría allí durante todo el fin de semana.

Siempre había creído en que cuanto más deseas que pase algo, más largo se te hace el tiempo. Cuando esperas algo tu cabeza no deja de pensar en eso y no te dedicas a otra cosa, es por eso que parece que el tiempo va más lento, solo que el tiempo es el mismo pero para ti parece que es más. Y eso era lo que le pasaba ahora a Bella. Las primeras clases se le habían hecho eternas, parecían que habían durado como tres horas. El almuerzo había ido con el ritmo normal ya que pudieron captar toda su atención…o casi toda. Las dos últimas clases lo de siempre y cuando llegó la hora de marcharse a casa, no se lo podía creer.

A la salida vio a Charlie apoyado sobre su coche de policía. Fue corriendo hasta él, con cuidado de no caerse en el proceso, y entraron en el vehículo. Siguieron al Porsche amarillo de Alice que corría a toda velocidad por la carretera en dirección a casa de los Cullen.

Cuando llegaron Bella pudo ver a Edward parado en el porche, mirando fijamente. Iba vestido con el pijama, que estaba debajo de una bata de un azul muy oscuro, casi negro, y que parecía reconfortable para combatir el frío que hacía al aire libre. Bella podía ver como tenía las mejillas y orejas sonrosadas al igual que la nariz, como si estuviera resfriado; en sus ojos volvía a estar el brillo que tanto le gustaba ver Bella.

Alice y Jasper salieron del Porsche para ayudar a Charlie y a Bella con el equipaje de ésta última. Todos se acercaron al porche y dejaron las mochilas en el suelo. Bella se dio cuenta de los bultos gigantescos que tenían las tres mochilas que llevaba en total. Si solo se había llevado un par de pantalones y camisetas, el neceser de aseo y poco más…lo demás debería de ser piedras para hacer bulto.

Edward la observaba intensamente, casi a punto de comérsela con los ojos. Había esperado dos días y medio en cama para verla y por fin estaba delante suya, preparada para pasar todo un fin de semana con él y su familia; principalmente con él, no estaba dispuesto a dejarla ir mientras estuviera dentro de su propiedad.

-¡Bienvenida, Bella! – dijo Esme cuando salió al portal a recibirla y le dio un fuerte abrazo. Ella le correspondió con una hermosa sonrisa. Edward seguía observándola sin pestañear -. Esperemos que te guste estar aquí y siéntete como en tu casa.

-Gracias, Esme.

Charlie dio unos pasos para ponerse frente a Esme.

-Si pasa algo extraño por vuestra zona, no dudes en avisarme enseguida – dijo Charlie e hizo el gesto de hablar por teléfono con los dedos.

-Descuida, Charlie, lo haré – dijo Esme amablemente.

Charlie asintió y se giró hacia su hija. Sin pensarlo dos veces la abrazó durante unos segundos. Bella se sorprendió, su padre nunca mostraba muestras de afecto. No tuvo más remedio que abrazarle también. Cuando se separaron, Charlie suspiró.

-Ten mucho cuidado, Bella – advirtió el jefe de policía -. Y no hagas locuras.

-¿Qué locuras voy a hacer, papá? – dijo Bella, poniendo los ojos en blanco.

-Solo te aviso.

-No hace falta que lo digas dos veces – Bella sonrió -. Ten cuidado tú también.

-Siempre la tengo – dijo Charlie y sonrió -. Te quiero, Bella.

-Yo también, papá.

Charlie se despidió de los Cullen y se marchó en el coche patrulla. Alice y Jasper volvieron a coger el equipaje de Bella y entraron dentro. Esme le indicó a Bella que pasara y entraron también. Edward iba detrás de Bella en silencio.

Era la segunda vez que Bella entraba en casa de los Cullen y todavía estaba asombrada de cómo era. Todo seguía en su sitio y ella se puso a curiosear todo cuanto encontraba. Podía notar la presencia de Edward cerca y eso la ponía nerviosa.

Se quedó sin palabras cuando pudo ver el piano de cola negro de cerca. Era simplemente maravilloso y estaba tan bien cuidado que parecía que lo acababan de comprar. La tapa de las teclas estaba cerrada y Bella no se atrevió a tocarlo para levantarlo.

-Puedes tocarlo si quieres – le susurró Edward al oído mientras pasaba los brazos por su cintura.

-No sé tocarlo – admitió Bella, avergonzada.

-¿Nada de nada?

-Bueno, de pequeña mi madre Renée me obligo a ir a clases de piano, pero lo dejé. Soy un desastre.

-Mmm.

La respiración de Bella se entrecortó. Edward se dedicaba a dejar rastros de besos por todo su cuello mientras la estrechaba más contra sí. Bella sintió como la atacaban las mariposas del estómago, pero se sentía demasiado bien. Las manos de Edward bajaron por sus costados hasta reposarse a cada lado de su cintura.

-Edward, te noto muy cariñoso hoy – dijo Bella y jadeó cuando él le mordió suavemente el cuello.

-Te he echado de menos – dijo Edward -. He estado casi tres días esperando esto.

-Yo también te he echado de menos pero… - jadeó de nuevo -. Como venga alguien ahora…

Edward se separó de la chica y escucharon la risa de Alice. Se giraron para mirarla.

-Por mí no os cortéis – dijo Alice -. Podéis seguir, no hay ningún problema.

Bella se sonrojó y vio que Edward también lo hacía, o eso creía ella; todavía seguía con las mejillas rojas.

Emmett entró en casa, seguido de Rosalie, y cerró la puerta de un portazo.

-¡Bilma, ya estoy en casa! – gritó Emmett imitando de manera pobre a Pedro Picapiedra. Rosalie se alejó de él, muerta de vergüenza, y se fue con Alice.

-Emmett, deja de hacer el imbécil – dijo Alice.

-Jo, Alice, solo hago esto un poco animado – replicó Emmett -. Parecéis muertos todos. ¡Oh, Jasper! – gritó cuando el aludido bajaba las escaleras -. ¡Vamos a sacar todo para esta noche!

Y volvió a llevárselo escaleras arriba.

Edward también se llevó a Bella por las escaleras para ir a su habitación. Bella se quedó maravillada con la amplia habitación que poseía. Todo estaba lleno de libros, películas y discos de música colocados desordenadamente en estanterías; en medio del cuarto había una gran cama, había un equipo de música al lado y en la otra punta de la habitación se encontraba un gran sofá de cuero de tres plazas con una televisión de plasma delante.

Los dos se tiraron sobre en la cama durante horas, Bella apoyada sobre Edward, mientras éste pasaba sus manos por todo su cuerpo.

Pasaron tres horas tumbados y entonces, Emmett abrió la puerta y entró.

-¡Chicos, abajo! Cenaremos y comenzará la verdadera fiesta – dijo Emmett, frotándose las manos maliciosamente.

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Y como dice Emmett...¡Comenzará la verdadera fiesta en el próximo capítulo! Van a pasar muchas cosas, pero nada malo, todo va a ser diversión dentro de la casa de los Cullen. Lo malo...os lo voy a decir, llegará después de esto.

Como habéis visto, Edward ha vuelto a tener otro ataque. No os creáis que todo va a ir de rositas ahora que Edward y Bella están definitivamente juntos por fin.

Este capítulo se lo dedico a mi ayudante/acosador personal que ahora se encuentra en el hospital para someterse a una operación para curarse la pierna. ¡Espero que te la arreglen definitivamente o voy yo personalmente a descuartizarles! También enviaré una Alice pa' tí (sé que leerás esto xD).

Nos vemos en el próximo capítulo.

Nota: hemos llegado a los 200 reviews...¡Muchas gracias! Creí que no iba a llegar de verdad. Espero muchos más con vuestras opiniones o con lo que sea xD

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