Esta historia no me pertenece. Todos los derechos son de cancercute, su autora, la historia la encontrarán en mis favoritos bajo el nombre de Intimacy. Le he pedido a ella permiso para traducirla porque, a mí en lo personal, me parece una historia excelente. Sin duda alguna de las mejores en el Takari y creo que cualquier persona que ame el Takari debería leerla.


Capítulo 14

-No noches de fiesta. No bebidas. Y absolutamente no salir tan tarde con chicas, ¿entendido? Recuerden, éste es su pase a las semifinales y yo no acepto la derrota. Así que vayan a mover su trasero y prepárense para el juego.- dijo el entrenador mirando cada rostro de sus jugadores.

Estaban en el autobús la tarde del viernes, camino al lugar en donde se encontrarían con los otros, las porristas y los reporteros escolares.

-Llegaremos más tarde y espero que todos sean responsables. No peleas. O si no tendré que prohibirles jugar. Incluso tú, TK.- lo señaló con el dedo índice como advertencia.

-¿Qué?- preguntó el rubio, confundido.- Yo no peleo.

-No dije eso. No hasta tarde saliendo con chicas, ¿de acuerdo?- sonrió y luego regresó a su asiento a un lado del chofer.

Los otros chicos se burlaron exclamando "Ohhh" mientras otros mencionaban el nombre de Kari.

-Amigo.- Takuya empujó la cadera de TK y sonrió divertido.- Ella vendrá, ¿verdad? Digo, estará con nosotros por dos noches enteras. Dios, mejor que te portes bien. No quiero que nuestro encestador se vea encantadoramente tonto en la cancha.

Algunos de los chicos que estaban su alrededor se empezaron a reír mientras Takuya juguetonamente batía las pestañas.

-Sí, Teeks. No querrás verte gay con esos sentimientos.- se burló uno de los chicos que golpeó su hombro.

-Hey, ¿quién dijo algo sobre sentimientos?- se defendió, pero sin poder evitar sonreír.- Estoy haciendo todo el drama del amor, demonios.

-Mejor que no.- murmuró Ken sonriente.

El autobús se llenó de risa y un tanto de diversión que hacían los chicos al estar solos. No mujeres, no padres. ¿Y qué podían el chofer o el entrenador hacer? Era un paquete de estudiantes salvajes de lo que estoy hablando. No había garantía que siguieran los planes. Por lo que sabemos, el cromosoma Y es usualmente espontáneo.

Fue un par de horas después que llegaron al hotel Palacio en Tokio, donde se quedarían.


Más tarde, al ponerse el sol, cada uno buscaba su habitación correspondiente. Kari encontró el cuarto 302, rápidamente metió su tarjeta llave y se sorprendió al encontrarse con su compañera.

-Oh, hola Kari. Creo que nos tocó compartir.- sonrió, como siempre lo hacía, amarga y plástica.

Kari nunca tuvo oportunidad de conocerla por quien realmente es. Sólo escuchó comentarios de otros pero no quiso juzgarla por eso. La chica nunca intentó hacerle algo feo, así que sólo la dejaba pasar.

-Hola, Karyl. Sí, ya me di cuenta. Dos noches juntas.- sonrió intentando sonar emocionada. Se aventó en la cama dejando sus maletas tiradas en el piso.

-¿Cansada del viaje?- preguntó Karyl arreglando sus cosas.

-Sí.- se puso sus pantuflas y tomó la cámara colocándola a su lado.

Un momento después, se escuchó un golpe en la puerta.

-Yo abro.- dijo Karyl. Una vez que lo hubo hecho, no se esperó que sería él. Una sonrisa se plasmó en su rostro al momento que sus ojos se encontraron.

-¿Eres su compañera de cuarto?- preguntó TK sarcásticamente sorprendido.

-Sí, ¿tienes problemas con eso?- sonrió.

-No.- su voz fue monótona.

-¿TK?- preguntó Kari al notar su rubio cabello por la puerta. Karyl lo dejó entrar y no se molestó en prestarles atención.

-Hey, vamos. Tengo algo que enseñarte.- el rubio destelló una sonrisa, tomándola de la mano y empujándola hacia afuera, dejando a Karyl sola en la habitación, viendo amenzantemente a la puerta.

-¿Cuál es la prisa? ¿Y cómo sabías en qué cuarto estaba?- preguntó. TK la sostenía mientras caminaban por los pasillos hasta el elevador.

-Relájate. Hay algo que quiero que veas.- explicó cuando estaban dentro. Sin notar que seguían con las manos unidas cuando llegaron al vestíbulo principal.

-Vamos, es afuera del hotel.- corrieron hacia el oeste, donde había una playa. Y ahí ella lo vio. Un perfecto cielo naranja. El brillante ajuste del sol ardiente, era una perfecta puesta de sol justo en frente de las aguas cristalinas.

Pensando en ti, nena

Imaginándote a mi lado

Niña, sin ti no puedo seguir con mi vida

Bajaron por la blanca y suave arena, alegres ante la foto delante de ellos. Después de correr tanto, la castaña se tiró en la arena.

-No me diste tiempo de agarrar mi cámara, fenómeno.- Kari acusó al rubio quien se sentó a su lado. Él la empujó de la cintura, más cerca de él y la puso en su regazo. El viento sopló por sus rostros mientras veían el atardecer. TK descansó su barbilla en el hombro izquierdo de Kari mientras la envolvía con sus brazos.

A ella le gustaba eso, que él la sostuviera, sentir sus brazos en ella, escuchar su respiración en el cuello. Luchó duro para no temblar ante el hormigueo que sentía.

-¿Qué es esto?- pensó.- Hemos estado tan cerca últimamente. Sosteniendo las manos, entrelazando los dedos, estando juntos la mayoría del tiempo. ¿En dónde estamos ahora mismo? No tengo idea. Ahora todo se trata de él. No hay momento en que no nos vemos o hablamos. Y este sentimiento... creo que me enamoro más cada vez que estamos juntos. No quiero perder el control. Lo admito, estoy asustada. Si terminamos juntos, ¿qué pasará después?

Suspiró. Sus pensamientos estaban lejanos. Nublados por la pregunta en su mente. Él notó que se puso tensa.

-¿Pasa algo malo?- preguntó, mirándola.

-Eh. Nada.- ella miró a lo lejos.- Sólo pensando.

-¿Sobre?- había una pequeña expresión de curiosidad en su rostro. Una que mostró decepción de no saber lo que estaba pensando.

-Cosas.

-No me estás diciendo mucho.

-¿Qué hay que decir?

Él suspiró, dejando la conversación.

El sol estaba ya oculto, dejando un cielo oscuro con estrellas que de repente empezaron a aparecer y un viento más fresco. Kari se levantó y se limpió la arena de sus shorts.

-¿A dónde vas?- preguntó TK, mirándola.

-Ven, vamos a caminar por la playa antes de regresar.

-¿Quieres andar por la playa?- preguntó, levantando una ceja.

-Bueno... la noche es maravillosa y romántica.- dijo.

-¿Tener arena en tus pantuflas es romántico?- preguntó burlándose.

La castaña volteó los ojos e intentó empujarlo sin mucho éxito.

-Anda, vamos ya.

Estuviste ahí para mí

Cuidaste de mí

Ahora todo lo que sé

Estaré aquí hasta la eternidad

Bebé, sólo tú y yo

Comenzaron a pasear, con los dedos meñiques enganchados entre sí. Para sorpresa de Kari, el rubio no tenía nada de que bromear. Él no hizo ningún comentario como de costumbre. Hoy era algo diferente.

-Mmm no me estás atormentando como siempre haces. ¿Comiste algo envenenado?- comenzó a bromear.

Él dejó escapar una pequeña risa.

-Te estoy dejando descansar.- continuaron caminando hasta el estacionamiento.- Además, aún me debes algo.- él se detuvo y se volteó en frente de ella, con una endemoniada sonrisa en la cara.

Ella levantó una ceja, intentado saber a qué se refería. Apretando sus labios decidida a contener el constante enrojecimiento de sus mejillas. Se las arregló para ocultar su timidez e intentar por una vez, dominar el juego.

-Yo no te debo nada, Takaishi.- respondió.

-Hablo en serio.- su tono era serio pero había una arrogante sonrisa en su rostro. Él se acercó más a su rostro mirándola seria y divertidamente.

Ella puso mala cara, tratando de verse molesta y enojada, que era exactamente lo que no quería.

-Deja de verme así.- sonrió entretenido.- Me dan más ganas de besarte.

Sus ojos se abrieron, pero luego se redujeron a mirarle acusadoramente.

-¿Por qué? ¿No puedes resistirme?- comenzó a burlarse.

-¿La verdad?- preguntó, aún con esa expresión divertida.- No, no puedo. Pero no empieces a creerte la gran cosa. Tú sabes que siempre gano en este juego.- se inclinó más. La cercanía creó un calor entre ellos. Su nariz tocó la de ella, quien sintió sus piernas derretir. Estaban realmente cerca, él frotaba sus manos en los brazos de ella, para calentarla por el frío de la noche.

Era todo. Ella no podía regresar. Estaba debilitada por su presencia, por su toque, por todo de él. Mordió su labio, sin decidir qué hacer. Aquí estaba, el depredador, listo para saltar sobre la presa atrapada. Él se movió hacia adelante, haciéndola inclinar su espalda en un coche para apoyarse.

De repente se puso serio.

-Por favor, Kari. Déjame tener uno.- declaró con una voz tranquila.

Ella aún estaba indecisa, no preparada para esto. No sabía si él hablaba en serio con eso de que se lo debía. Había un nudo en su garganta y ella tragó saliva por instinto. ¿Qué sabía de esto? Absolutamente nada.

Él ya estaba propinando toques suaves en la cara con la punta de la nariz, incapaz de controlar la sensación instando dentro de él. Frotó suavemente las mejillas e inhaló su aroma, su dulce fragancia a lavanda.

-Sólo uno.- respondió ella en un susurro, que pareció una pregunta. Estaban más cerca que nunca. Él se deslizó hasta susurrar en su oído.

-Estaré bien con uno. Al menos que pidas más.

Se deslizó a lo largo de su mandíbula suave y delicadamente, haciendo una pausa en la esquina de sus labios. Con cuidado, apretó los labios contra los de ella, y para su sorpresa, ella respondió de nuevo, teniendo sus labios en los suyos. Su beso fue suave, dulce y puro. Él podía deleitarse con el sabor a cereza dulce en sus labios, ¿o era de fresa? No pudo decir. Ella movía los labios con suavidad a un ritmo que sólo ellos dos podían entender. Sus manos se movieron en la cintura, frotando su piel bajo la blusa.

Eso era todo. Ella se vio incapaz de pensar. Su mente estaba nublada por la fuerte sensación que vivía. Sus dedos del pie se curvaron de alegría. Movió los labios a la línea de la mandíbula, respirando el dulce aroma de su cuello y lo besó. Kari se mordió el labio, tratando de no hacer ningún sonido por la satisfacción que sentía y él le repartió besos en el cuello.

Por instinto, ella envolvió sus brazos alrededor del cuello. Volvió sus labios a los de él, ésta vez, besándose con mucha intensidad y entusiasmo. Ella respondió de nuevo como un efecto espontáneo, saboreando la dulzura en él. Besaba el labio inferior, presionándolo más profundo. Ambos movían los labios uno contra el otro disfrutando de la adicción.

Sin pensarlo, Tk metió la lengua en su boca, que poco a poco se abrió. Cuando la lengua tocó unas cuantas veces, la realidad le golpeó la cabeza y ella rápidamente se alejó, con los ojos bien abiertos en estado de shock.

-¡Oh, por Dios!- respiraba con horror.

-¿Qué?- preguntó TK confundido por el repentino empuje de ella.

-No puedo creer que hice eso.- no sonaba alegre, mas bien, aturdida y decepcionada.- Ay Dios, no, no, no... no hice eso.- ahora se alteró y preocupó.

-Oye, oye.- le sostuvo las manos e intentó acercarla.- Está bien, no tiene nada de malo.

-No, TK. No debía haber hecho eso. No era yo. No soy ese tipo de chica, TK.- su voz sonaba asustada y de alguna manera arrepentida.

-Shh. No te preocupes.- él le acarició la espalda y ella recargó su cabeza en el pecho.- No hiciste nada malo. No es tu culpa. ¿Crees que fue un error?

No respondió. Sólo se quedó allí en su abrazo.

-Lo siento.- él la consoló.- Pero yo no me arrepiento de nada. No diré que fue un error.

Oh, quiero darte todo mi amor

Quiero enseñarte de lo que mi corazón está hecho

El cielo te envió de arriba

Oh, quisiera hacer tus sueños realidad

Baby, hay algo que haré, que haré por ti

Te daré todo mi amor... mi amor


Caminaron de regreso al hotel en el comedor estaban casi todos cenando. Los jugadores, las porristas y los reporteros en sus respectivas mesas.

-Vamos, amigo.- llegó Takuya con un plato al verlo, masticando algo de comida.- El filete está genial.

-Sí, claro. Espérame un minuto. Ahorita voy.- se volteó a Kari.

-Ve con él, voy a estar en la mesa con Zoe y eh... las porristas.- hizo un gesto gracioso al mencionarlas. Él se rió.

-Bien. Y no te preocupes, vas a estar escuchando mi nombre muchas veces.- sonrió y fue con los chicos.

-Tonto.- susurró para sí misma y fue a la mesa con Zoe.

-Hey, Z.- se acomodó en una silla en frente de la rubia.

-¡K! ¿Dónde has estado?

-Estuve afuera con...- notó cómo las otras animadoras la miraban.- Un amigo.

Zoe levantó una ceja.

-Luego te cuento.- susurró la castaña.- Así que... ¿cómo estuvo la práctica?

-Normal, mmm... Ryo te andaba buscando hace un rato.

-¿Ryo?

-Ya sabes, ¿el chico alto de cabello oscuro? El que se unió recientemente al equipo de básquetbol. ¿El primo de Karyl?- dejó que su amiga recordara, apuntándolo en la mesa en frente de ellas.- El chico que te ofreció una bebida en el concierto de Matt.

-Ah, él. ¿Qué quería?

-No sé.- Zoe se encogió de hombros.

Comieron su cena, hablando de lo primero que se les venía a la cabeza. Durante todo ese tiempo, Kari no notó que en frente de su mesa, Ryo la miraba de vez en cuando. Él estaba con los otros jugadores que ella no conocía bien porque no pertenecían al círculo de TK.

Cuando sus ojos se encontraron, ella sólo sonrió amablemente, pero lo ignoró después, intentando no mirarlo. ¿Qué quería de ella? ¿Atención? No tenía la más mínima idea.

Después de la cena, el entrenador mandó a los jugadores a dormir temprano. El juego sería por la mañana y necesitaban descansar tanto como pudieran. Todos tomaron caminos distintos a sus habitaciones.

-¿Alegre por mi juego mañana?- TK preguntó mientras caminaban por el pasillo.

-¿Qué si no?- lo retó. El chico frunció el ceño.

-Te vas a arrepentir.- sonrió. Con aquél gesto que ponía a toda la población femenina salvaje e irracional. Tal vez era su carisma, su súper poder. Algo con lo que ella no podía lidiar. Y aquí estaban otra vez, sólo los dos, hablando, sonriendo, riendo, bromeando. ¿Iba todo a terminar? Tal vez en algún punto, sí. Pero ahora, en este momento, lo único que querían era disfrutarlo.

A veces es tan difícil respirar pensando sólo en los dos

Ahora podría ser, bebé

¿Es una fantasía o realidad?

Oh bebé, es el destino, bebé... bebé es el destino

Finalmente se detuvieron en el cuarto de Kari, ella se inclinó en la puerta. Él la atrapó entre sus brazos atléticos.

La miraba contento.

-¿Ahora qué?- preguntó ella, riendo.

-Mi beso de buenas noches.- sonrió.

Ella frunció el ceño.

-¿Tengo que hacerlo?

-Yo fui quien lo hizo antes, ahora te toca.

-¿Estoy obligada a hacerlo? Eres tan demandante. No sé por qué sigo a tu lado.

-Es porque soy irresistible.- sonrió.- Vamos, nena, ¿por favor?- pidió divertidamente.

Su expresión fue pasmada.

-¿Eh, nena? Como digas, Teekay. ¿Qué con los nombres cursis?

-Aún te ves linda cuando te molestas. Sólo dame uno. No te tomará toda la vida, sabes. Al menos que planees algo más...- de nuevo, empezó a molestarla.

Ella intencionalmente golpeó su brazo.

-¿Qué...? En serio, TK. Pareces un pervertido.

-Estoy bromeando. Vamos, por favor. Uno rápido.- sonrió.

Ella frunció el ceño.

-Bien. Pero no te alcanzo eres muy alto.- se quejó. Él inclinó la cabeza tocando sus frentes.

-Podría acostumbrarme a esto.- comentó él.

-No tienes tanta suerte.- entonces, lo besó en los labios suavemente. Sus labios se rozaron entre sí, presionándose para tomar el gusto de sus sabor antes de separarse. Fue un beso de buenas noches corto, pero aún así hizo que Kari sintiera un hormigueo por la espalda.

Se separaron en un segundo, viéndose a los ojos. Y entonces, se echaron a reír, como si hubiera sido algo estúpido y divertido.

-¿Qué es tan gracioso?- regresó de nuevo a su postura.

-Mmm tal vez el beso.

-Oh, ¿así que quieres algo serio? ¿Quieres hacerlo de nuevo?

-Jaja. ¿Se supone que debo reír ahora?- se burló, reprendiendo su risa. Aún seguían mirándose evitando reír.

-Bien, estoy cansada de reír. Buena suerte mañana.- respondió, pero antes de entrar al cuarto, él se inclinó y le dio un beso en la frente.

-Buenas noches.- susurró.- Te veo mañana.- tan pronto como dijo eso la dejó con el corazón martillando, roja y mordiendo sus labios.

Estuviste ahí para mí

Cuidaste de mí

Ahora todo lo que sé

Estaré aquí hasta la eternidad

Bebé, sólo tú y yo


Ella miraba sin comprender al edredón blanco de la cama, pensando, sin poder dormir. ¿Qué pasa con los dos ahora? ¿Dónde están en este momento? ¿Eran simplemente amigos cercanos que hacían cosas normales la mayoría del tiempo? ¿O estaban en algún lugar a lo largo de la frontera, dejando la amistad y en posición de convertirse en amantes? A veces, le era difícil creer que lo que él decía era verdad. ¿Era todo cierto, o eran bromas? No podía estar segura ya que siempre había una sonrisa juguetona en su rostro, lo que le hacía difícil de entender.

Si todos esos eran chistes, ¿quería decir que debía creerle la mitad?

¿Y si su relación seguía cada vez más cerca? ¿Qué sucedería después? Después de toda la risa, la cercanía, el brote de algo tan realmente precioso... ¿lo olvidarían en algún momento? ¿Esperaba declarársele al menos?

Porque todo lo que ella sabía es que nada es permanente. Todo es temporal, y ellos iban entrando en un proceso de cambio, ya sea bueno o malo, con el que todos debemos lidiar.

Se volteó de nuevo al lado izquierdo donde podía ver a su compañera durmiendo. La noche parecía quererla tener despierta. Más y más cosas venían a su mente. Comenzó a recordar todo lo que pasó hacía unos días y no pudo hacer más que admitir que cada minuto que pasaban la hicieron enamorarse más. Hipotéticamente, no podemos prevenirnos de eso. Y de una manera u otra, tampoco podemos evitar golpearnos con el suelo sin dañarnos.

Todo este tiempo, ella había estado al borde del riesgoso acantilado, donde no tenía garantía de un aterrizaje seguro. Sólo tenía que asegurarse de no romperse al caer. Porque una vez que eso sucediera, le será difícil reponerse del daño, quedaría más rota que antes.

Antes de pensar en algo más, se quedó dormida.

El día siguiente fue emocionante. Cada uno estaba ocupado haciendo lo suyo. Las animadoras practicando sus porras, los jugadores arreglándose en una línea, los reporteros esparcidos alrededor esperando a que algo sucediera.

Karyl se dio cuenta de los dos hablando antes de que el juego comenzara.

-Ven a verme después del juego, ¿sí?- preguntó el rubio.

-Sí, como sea.- juguetonamente volteó los ojos.- ¿Tres puntos?

-Claro, para ti.- sonrió y se fue trotando hasta los vestidores. Minutos después, el juego dio comienzo.

-¡Vamos, Halcones, vamos!- las porristas aplaudían y gritaban, haciendo sus rutinas.

Luego de unos momentos en que se aparecieron, los primeros cinco fueron al centro de la cancha. El mayor de ellos, Ryo, y otro chico del equipo oponente se pararon en frente del referí. Al sonido del silbato, ambos saltaron por el balón en el aire. Los Halcones lo tomaron y se lo pasaron a Takuya quien se lo pasó a TK que estaba en la línea de los tres puntos. Con un poco de esfuerzo, lanzó la pelota que cayó directo en el aro. Primer tiro, tres puntos por Takaishi.

El otro equipo robó el balón e hizo unos cuantos puntos. Pero mientras el partido avanzaba, estaba más que claro que los Halcones iban a la delantera. TK hizo la mayoría de los puntos y la forma en que él se movía con gracia en la cancha hizo que muchos corazones se derritieran, haciendo el momento más emocionante. Él parecía tan lleno de energía, de vida, muy motivado en el juego y en encestar. Tal vez todo por su nueva inspiración.

Durante todo el partido, Kari notó que TK la miraba por instantes. Ella hacía su trabajo tomando fotos de todo. Casi todos los jugadores tuvieron su parte en anotar un punto. Pero en los últimos dos segundos, TK aún seguían en la línea de los tres puntos. El cuerno sopló, señalando que era final del juego, dejando a los Halcones victoriosos por su triunfo. Confeti llovió y todo el equipo tenía una sonrisa en los labios.

Todo el mundo gritó y felicitó a los jugadores, ya que comenzaron a salir del gimnasio. Kari se acercó a Zoe, que estaba bajo el aro de baloncesto con las porristas.

-Hey, buena porra.- comentó la castaña.

-Lo sé.- se rió la rubia.- Vamos a celebrar.- las chicas comenzaron a salir. Pero antes, Kari volteó a sus espaldas y vio a TK quien sólo pronunció "luego" con los labios.

Después del juego, TK fue a su cuarto a tomar una ducha. Viendo a Kari que estaba ocupada hablando con Zoe, Karyl tomó su oportunidad para seguir al rubio. Esperó a que él entrara al baño antes de meterse.

-¿Kouji? ¿Eres tú? Espera.- gritó TK desde el baño. Estaba secándose el mojado cabello dorado con la toalla. No hubo respuesta.

Karyl, quien estaba quieta esperándolo a salir, se sentó con las piernas cruzadas en la cama y miró el teléfono por ahí. Sin pensárselo dos veces, lo agarró y buscó el nombre de Kari en sus contactos, escribió un mensaje y presionó enviar. Llena de curiosidad, vio las fotos en su galería y encontró muchas de él y Kari. Los celos la llenaron al verlas. Si Kari no estuviera en el camino, habría seducido al rubio para que volviera a enamorarse como hacía un tiempo atrás.

TK sólo traía sus shorts de básquetbol, dejando su torso descubierto, salió del baño. Para su sorpresa, no era la persona que él esperaba ver.

-¿Qué estás haciendo aquí?- preguntó fríamente, ignorándola mientras buscaba una camisa limpia.

Karyl lo miró, se levantó de la cama y sonrió. Llevaba una falda muy corta que enseñaba todas sus piernas y una blusa de botones, que ahora coquetamente se desabrochaba en frente de él. No tuvo tiempo de ponerse la camiseta cuando ella estaba encima de él.

-Felicidades por la victoria.- se acercó, dejando caer la blusa en el piso y cerrando el espacio entre ellos.

-No tengo tiempo para tu presentación de zorra.- escupió, y la empujó a la puerta.- Sal.

Pero en vez de hacerlo, sus manos serpenteaban tentadoramente su pecho y abrieron su camino hasta cerrarse en su cuello.

-Te extraño, bebé.- murmuró sexymente en su cuello. Y sin titubear un momento, lo besó en los labios. Se aplastó contra él con fuerza y pasó los dedos por el cabello rubio como si fuera de ella. Se moría de hambre por el sabor de sus labios que en su contra, movía los suyos con una intensa locura y necesidad. El olor de la desesperación llenó la habitación. Estaba a punto de quitarse la falda y él a punto de hacerla salir cuando escucharon un ruido.

De repente, con mala suerte, la puerta se abrió. Kari, quien entró con una agradable sonrisa, quedó demasiado aturdida como para dar otro paso. Su expresión se cayó, herida y confundida ante el horror de la escena que tenía en frente. Ambos semi desnudos y más cerca de lo necesario.

-Kari, esto no es lo que...

Interrumpió lo que TK iba a decir.

-Lo siento.- dijo, escondiendo su ronca voz, que seguía siendo audible si le se prestaba atención. Lo que dijo era una mentira. Su disculpa no era cierta, porque sabía que nunca perdonaría lo que acababa de ver. Era mejor haberlo presenciado que escuchar miles de mentiras y excusas que TK tendría que decirle. Se volteó y salió del cuarto, cargando con su frágil corazón que sabía en cualquier momento estallaría en mil pedazos.

Aunque no sabía que sería tan pronto.


La canción del capítulo: All my love - Innervoice.

¡Feliz año nuevo! :D por adelantado ya que no sé si tenga oportunidad de subir el otro capítulo mañana porque no lo he terminado.

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