N/A: Los personajes de este fic le pertenecen a J.K. Rowling (salvo los inventados por mí) y no tengo intenciones de lucrar!!
N/A: Espero les guste este fic, y a los que dedican unos segundos para enviar un Review, gracias!
Capitulo 14
Al otro día y aún de madrugada, dos figuras caminaban por los jardines de los terrenos que daban a la entrada principal del castillo; el alba estaba al caer y la escasa iluminación iba cediendo terreno lentamente a los dorados rayos de sol. Sus túnicas se arrastraban por el césped cubierto de rocío pero no se humedecían.
"Sí, me imaginé que querías hablarme sobre Towsend cuando fuiste a buscarme a mi despacho a estas horas de la mañana." Dijo Dumbledore en voz baja, quizá para preservar la privacidad de la conversación de algún improbable alumno que anduviera por allí.
"A decir verdad, casi no he dormido." Agregó.
"Debido a lo que Potter ha visto?"
"Sí, Severus. Mi mente es brillante, si me permites un halago personal, pero no es capaz de detenerse ante un desafío o ante un gran problema que resolver."
"Entiendo." Dijo Snape.
Hacía frío y la humedad era molesta, pero el sol no tardaría en salir. El silencio de los alrededores era majestuoso, sólo interrumpido por los sonidos naturales del canto de las aves o del ulular del bosque. Un largo rato después, Snape continuó.
"No creo conveniente sacar conclusiones erróneas basándonos únicamente en algo que el chico imaginó ver."
"Por qué? Acaso no confías en que Harry nos haya dicho la verdad?"
"Dijo la verdad… pero su mente es inexperta y vulnerable. Cualquiera podría estar simplemente jugando con él."
El director bufó en desacuerdo y mientras seguía caminando tomando sus brazos por detrás de su cintura, le contestó:
"No, nadie ha estado jugando con su mente, Severus."
"Cómo lo sabes?"
"Nadie sabe que está vivo… o casi nadie por supuesto."
"Pudo… imaginarse a Towsend siendo castigado por el Señor Oscuro. Potter detesta al mortífago arrepentido que lo raptó y quizá su mente haya imaginado la figura de…"
"No, Severus. Eso no es posible y lo sabes. Durante ese intenso dolor en su cicatriz Harry se ha conectado de alguna manera con la mente de Lord Voldemort… la mente del muchacho no puede jugarle una mala pasada en esas condiciones."
"Entonces, sólo nos queda que nos haya mentido."
"Severus, no quiero creer que me has hecho levantar a esta hora indigna sólo para intentar convencerme de lo que Harry vio era falso. Deja ya tus prejuicios, tus viejas rencillas con James deben quedar en el pasado."
Snape no le contestó, por lo que Dumbledore continuó hablando.
"Harry no ha mentido, puedes estar seguro."
El profesor de pociones lo miró fijamente. "Ha utilizado legilimancia en él para ver si mentía? Creí que me había dicho un tiempo atrás que no debíamos hacerlo con los alumnos!"
Dumbledore sonrió lacónicamente. "Creo recordar que además de eso también dije salvo en casos de extrema necesidad."
"Y este fue uno de esos casos." Agregó Snape.
"Así es, supongo que no te cabe duda alguna al respecto."
Snape sólo negó con su cabeza. De a poco se iban acercando al borde del lago, el cual lucía tranquilo y liso como pocas veces.
"Entonces… si Towsend fue realmente encontrado por el Señor Tenebroso, temo que nuestro plan para mantener oculto a Potter ha fracasado." Opinó Snape con su típica voz monótona.
"De veras? Yo no lo creo sinceramente." Le contestó Dumbledore. Una sutil y efímera media sonrisa se el dibujo en su rostro, algo que a Snape no se le escapó.
"Towsend es débil, su mente es débil. Partiendo de la base de que el Señor Oscuro es capaz de destrozar su mente, divertirse y extraer cualquier información que necesite o considere valiosa, para luego terminar con su vida, entonces tenemos que llegar a la conclusión de que el mortífago arrepentido ha revelado todo!"
"Oh, en eso estamos de acuerdo."
Snape entrecerró sus ojos; conocía al viejo y sabía que ese tono casi bromista o despreocupado implicaba que sabía algo que él no.
"Con todo me refiero no sólo a la existencia de Potter, sino que el Señor Tenebroso ya sabe que está aquí en Hogwarts! También me refiero a que se debe haber enterado que sabemos sobre su plan acerca de enviar mortífagos al pasado y deshacerse de Potter!"
Snape perdía su compostura poco a poco a medida que su mente repasaba todo lo que Voldemort pudo sonsacarle a Towsend a fuerza bruta.
"Además debe de saber ya sobre mis verdaderas… lealtades."
"Eso te preocupa, Severus?" Preguntó Dumbledore.
"Es un chiste? Claro que sí, no sólo porque ya no podré seguir con mi trabajo de espía para la Orden, sino porque buscará matarme sin piedad por mi traición."
Se hizo un largo silencio entre ellos; habían llegado al borde del lago y estaban parados mirando hacia el horizonte, sumidos en lo más profundos de sus pensamientos. Un rato después el director señaló hacia las montañas que se alzaban lejos tras las murallas, hacia la derecha de donde estaban.
"Ves las colinas de O´Brien? Si miras con atención, pese a la bruma matinal podrás observar la más alta de ellas, la cual extrañamente nunca ha recibido nombre alguno."
Snape abrió sus ojos intentando divisar la colina que Dumbledore señalaba, seguramente pensando que el viejo le estaba haciendo perder el tiempo y que no lo estaba tomando en serio.
"Justamente… detrás de esa colina sin nombre hay otras más bajas y redondeadas, carentes de otra vegetación más que de verde césped… y sobre una de ellas, hace ya muchos años, tomaste una decisión… conmigo como testigo."
Ahora el profesor de pociones dejó de sentirse fastidiado y recordó amarga y perfectamente aquel oscuro atardecer; el día en el cual decidió cambiar de bando e intentar redimirse ante la desconsolación que sentía porque su amo, su despiadado y terrible amo había asesinado a la mujer que siempre había amado. El día que decidió pagar con traición otra traición; el día que había jurado proteger costara lo que costara la vida del pequeño e inocente hijo huérfano de Lilly Potter.
Dumbledore interpretó correctamente el silencio del antiguo mortífago como señal de que había captado el mensaje, y asintió con su cabeza.
"Acaso crees que Lord Voldemort no querría matarme a mí, o a Sirius, o a cualquier miembro de la Orden? Temer… es perfectamente normal, Severus, pero también lo es conocer tus verdaderas lealtades… y luchar por ellas, aunque nos cueste nuestras propias vidas."
Snape seguía sin hablar y se lo veía serio y afectado, con su mirada perdida en aquellas lejanas y brumosas colinas. Dumbledore continuó:
"Y sí, creo yo también que Voldemort ya debe de saber que Harry está vivo. Con respecto a que si sabe o no que se halla en Hogwarts, pues de eso nos enteraremos en los próximos días."
"Hemos fallado en nuestro plan de mantener oculto a Potter." Dijo el profesor de pociones finalmente, en un tono de voz que denotaba frustración. "Ahora el Señor Oscuro emprenderá una campaña en contra del chico desde el Ministerio, ensuciará su imagen, hará creer a la población mágica que es una amenaza…"
"No estoy de acuerdo. Tu antiguo amo no querrá divulgar la existencia de Harry; recuerda que el muchacho fue el único que pudo destruirlo… siendo apenas un bebé. Lord Voldemort mantendrá esa información en secreto ya que no querrá despertar ilusiones ni ocasionar sublevaciones de la población mágica."
"Aunque debo reconocer que es posible que hubiéramos fallado en mantener oculto a Harry." Agregó el director.
"Y eso no lo molesta?"
"Severus, que Towsend fuera encontrado y capturado era algo que tarde o temprano iba a suceder."
"Usted pudo haberlo protegido mucho mejor, me da la impresión de que quiso… que lo encontraran." Opinó Snape, pensativo.
"Debo reconocer que a veces tus impresiones son buenas."
Snape se escandalizó. "Pero… usted dejó que el Señor Oscuro capturara a Towsend a propósito? Con qué fin? Si sabía que lo utilizarían para exprimir su mente y sacar información! Townsend sabía sobre Potter y sobre dónde está oculto, y…"
"Tranquilo, Severus." Le interrumpió el director, con voz cansada. "Lord Voldemort ya sabía que Harry estaba vivo, pero ahora sólo sabe que está oculto en algún lugar de… digamos… Inglaterra."
"Usted le modificó la memoria a Towsend?"
"Es probable, sí." Le contestó Dumbledore con una media sonrisa.
"Debo suponer que sólo la parte de su memoria relacionada con Hogwarts." Dijo Snape.
"Supones bien."
"Pero tarde o temprano, el Señor Tenebroso intuirá que lo mantenemos oculto aquí, en Hogwarts."
"Sí, tarde o temprano sucederá eso."
"No comprendo, que hemos ganado con todo esto?"
"Tiempo, Severus. Necesitamos tiempo como la tierra necesita la lluvia. No faltaba mucho para que Voldemort supiera que Harry estaba aquí en el castillo, pero ahora debe de estar convencido que está oculto en otro lugar de Inglaterra."
"Y en particular, también necesito más tiempo; ya sabes que estoy siguiendo una pista, basada sólo en suposiciones. Una pista que podría desvelar por qué Voldemort no murió cuando le rebotó su propia maldición asesina."
"Una pista que sigues sin querer compartirla conmigo, aunque sabes que podría ayudarte." Se quejó Snape.
"Has sido mortífago, Severus, y has estado mucho tiempo bajo las órdenes de Voldemort; no creo que puedas quejarte de todo lo que te he confiado hasta ahora. Además, no se trata de algo que deba conocerse sino todo lo contrario: es una clase de conocimiento que debería perderse para siempre."
La luz del sol finalmente apareció tras las colinas del este, y el paisaje entero se sumió en tonalidades doradas. La superficie del lago se revolvió repentinamente y un tentáculo enorme emergió desde las profundas y frías aguas como si quisiera recibir la calidez de los rayos del sol de un nuevo día.
"Tanto interés en Potter por parte tuya, en medio de esta guerra casi perdida… ocultarlo en el castillo, arriesgarse a matarlo para poder desactivar la maldición que llevaba, enseñarle magia como si se tratara de un curso acelerado… debes estar confiando nuevamente en aquella vieja… profecía." Murmuró Snape.
Dumbledore le respondió, aunque un largo rato después: "Insisto, Severus. A veces tus impresiones son realmente buenas."
***HP***
Cuando la mañana ya había avanzado, Harry pudo salir por fin de la enfermería y decidió ir directamente al Gran Comedor a desayunar ya que se moría de hambre. Unos cuantos minutos después atravesaba las puertas de roble del enorme salón encantado a paso firme pero tuvo la enorme desgracia de toparse con el rubio y altanero alumno de Slytherin que se llamaba Malfoy.
"Vaya, vaya, así que sigues deambulando por el castillo, Harrison?"
Harry puso sus ojos en blanco, aguantando las estúpidas risotadas de los dos grandotes bravucones que siempre parecían estar detrás de la espalda del rubio. "Déjame pasar, Malfoy. Estoy hambriento."
Malfoy ni siquiera amagó a correrse. "Hambriento? Lo escucharon?" Dijo Malfoy a sus amigotes, burlándose. "Por qué no comes tu asquerosa comida muggle y te largas del Gran Comedor?"
A Harry el gesto despectivo en el rostro del rubio le revolvió el estómago; en el orfanato lo despreciaban por ser "extraño" y allí, por ser "muggle". La sola idea de sentirse continuamente rechazado y fuera de lugar le hizo sentirse impotente; debía pasar lo más desapercibido posible para que no lo reconocieran pero ese muchacho lo sacaba de quicio. Por suerte para él (o por desgracia) algunos alumnos ya se habían acercado a la escena.
"Acaso eres idiota? No hay tal comida muggle, la comida es igual en todas partes." Dijo entre dientes Harry aguantando la ira que le brotaba desde adentro.
"Vuelve a llamarme idiota y te haré papilla, maldito sangre sucia." Devolvió Malfoy con su mejor cara de asco y acercándose al muchacho.
"Vuelve a cruzarte en mi camino y volveré a llamarte idiota!" Exclamó Harry fuera de sí.
Sin siquiera pensarlo, en menos de un segundo los dos muchachos blandían sus varitas directo al cuello del otro, en medio de un murmullo generalizado. Sus rostros estaban rojos de furia pero casi inmediatamente una reconocible voz los reprendió.
"Qué… están… haciendo?"
La intervención de Snape había llegado en el momento justo para Harry, ya que no sabía cómo utilizar la varita de su padre para defenderse del bravucón, y sólo la había sacado de su bolsillo al notar que Malfoy sacaba la suya; además no hubiese podido sostener la situación mucho tiempo, teniendo en cuenta que Malfoy tenía a su estúpido par de amigotes detrás suyo.
"Bajen sus varitas… ahora mismo." Ordenó Snape con determinación, ya que los muchachos seguían apuntándose el uno al otro. Lentamente bajaron sus varitas aunque no se sacaban los ojos de encima; la llegada del profesor paradójicamente animó a varios alumnos a levantarse de su mesa y arremolinarse alrededor de ellos, dándole la pauta a Harry de que muchos alumnos temían a Malfoy.
"Sólo estábamos… mostrándonos las varitas, no es así Harrison?" Respondió Malfoy con cinismo; Harry ni le contestó ya que aún estaba repleto de furia.
"Vete Malfoy." Volvió a ordenar Snape; Draco le dedicó una sonrisa sarcástica a Harry y salió del Comedor, siempre seguido por Crabbe y Goyle.
"Y tú… Harrison, no puedes simplemente… dejar de meterte en problemas?"
El tono inflexivo de la voz de Snape molestó a Harry, quien sólo se había defendido del buscabulla. Pero antes de que le contestara uno de los alumnos de Gryffindor que se había parado para ver mejor intercedió:
"Profesor, Harrison no ha hecho nada, sólo se…"
"No se meta, señor Finnigan! Usted sabe perfectamente que en Hogwarts no toleramos a los… buscadores de problemas." Concluyó Snape mirando fijamente a Harry.
"Profesor… Jeremy sólo quiso defenderse de Malfoy, todos lo vimos."
Harry miró a Hermione, quien era una de los tantos que se habían acercado al lugar.
"Cinco puntos menos para Gryffindor por meterse en lo que no le corresponde, Granger. Ahora vuelvan todos a seguir con su desayuno!" Replicó Snape con dureza.
Mientras los alumnos curiosos protestaban y volvían a sus mesas, el profesor de pociones volvió a dirigirse a Harry.
"Desayunarás a mi lado, Harrison, como castigo… quizá de esa forma pases diez minutos sin meterte en algún problema." Le dijo y cuando se iba, agregó: "Aunque no sé si será un castigo para ti… o para mí."
Snape se dio vuelta y caminó raudamente hacia la mesa de los profesores, con su negra y larga capa flameando por detrás. Harry seguía mirando al profesor, sin poder creer lo que le había sucedido.
"Bien hecho Harrison, ese Malfoy merece que alguien le ponga los puntos!" Exclamó Seamus desde su asiento en la mesa de Gryffindor, cuando estuvo seguro que Snape no iría a escucharlo.
"No debiste hacerlo." Dijo a su vez Hermione. "No debiste apuntarlo con la varita; ahora el profesor Snape cree que tú comenzaste el pleito."
Harry miró a Hermione, la cual también estaba sentada en la mesa, entre un muchacho y la pelirroja Ginny; notó algo en su voz, como si estuviera enojada con él.
"De qué hablas Hermione? Estuvo genial! No has visto qué rápido que sacó la varita?" Dijo a su vez Ron desde el otro lado de la mesa, imitando el movimiento de Harry con un tenedor en la mano.
"Ten cuidado, Ron!" Dijo Ginny ya que el tenedor aún tenía un trozo de tocino.
"Sólo digo que… olvídalo."
Hermione terminó la frase y volvió a su desayuno; ahora Harry estaba seguro: la muchacha estaba enojada con él.
"Bueno, yo… creo que iré a desayunar…" Dijo Harry apesadumbrado; hasta hacía unos minutos estaba hambriento pero ahora, con la perspectiva de desayunar al lado del odioso hechicero el hambre parecía habérsele esfumado.
"Suerte… la necesitarás." Dijo otro de los que estaban sentados en esa mesa, de cara regordeta y mirada de preocupación.
"Bueno." Pensó Harry mientras caminaba hacia la mesa de los profesores. "Parece que hay dos personas en Hogwarts que son odiadas por casi todos aquí… justamente las dos personas que parecen odiarme a mí."
***HP***
Harry tuvo que esperar hasta el día siguiente para continuar con el aprendizaje de magia; Dumbledore le había dicho que un tal Remus Lupin se había visto obligado a quedarse en el Castillo por un buen tiempo y que podría enseñarle correctamente a utilizar su varita.
Estaba esperando en el pasillo del segundo piso frente a la entrada del despacho del director que el tal Lupin terminara su reunión con Dumbledore y comenzar a practicar; su mano instintivamente se colocó sobre la empuñadura de la varita de caoba de su padre que tenía guardada en un bolsillo trasero de sus jeans y las dudas lo aquejaron. Había visto ya algunas demostraciones mágicas que lo habían maravillado y se sintió muy lejos de poder alcanzar dicho nivel de magia. Acaso él podría ser un hechicero competente? O terminaría por defraudar a todos los que estaban confiando en él?
Cuando la gárgola finalmente se movió, un hombre de cabellera rala y bigotes apareció y casi sin pausa se dirigió hacia Harry; por enésima vez alguien a quien no conocía se mostraba asombrado de verlo con vida.
"Harry! No puedo creerlo, estás vivo después de todo!"
El hombre saludó al muchacho con un abrazo, haciéndolo sentir incómodo. Un par de segundos después se separó de él pero seguía mirándolo con incredulidad.
"Por merlín, te creímos muerto por tantos años!"
"Sí, ya me lo habían dicho."
"Eres… igual a tu padre James." Agregó Remus emocionado. "Aunque debo decirte que…"
"Que tengo los ojos de mi madre, sí, también me lo habían dicho." Interrumpió Harry.
Remus sonrió.
"Sirius me dijo que usted conoció a mis padres."
"Dime Remus, Harry, o mejor dicho Jeremy Harrison!" Le respondió riendo ante el falso nombre del muchacho. "Sí, a decir verdad era un gran amigo de ellos y junto a tu padrino, no creo haber conocido mejores personas."
La respuesta de Remus arrancó una sonrisa en Harry quien repentinamente sintió orgullo por sus padres. Comenzaron a caminar por el pasillo a paso lento, con rumbo desconocido.
"Acabo de volver de una misión, intentaba persuadir a un grupo de hombres lobo de desertar de las órdenes de Voldemort, pero creo que he fracasado." Comentó Remus en voz muy baja.
"Dijiste hombres lobo?"
"Sí Harry, son una de las tantas criaturas que están siendo utilizadas por Voldemort para sembrar el terror en todo el país." Contestó Remus. "Ahora Dumbledore me ha pedido que te enseñe a utilizar tu varita y a desarrollar y controlar tu magia; debo reconocer que me ha sorprendido: por lo menos sé lidiar con hombres lobo."
Ambos rieron al tiempo que salían a los terrenos del castillo. Era de tarde ya y algunos alumnos se hallaban esparcidos por doquier, en grupos o solos, estudiando o simplemente hablando y riendo; el tiempo ayudaba bastante ya que los tibios rayos de sol retrasaban el frío de la noche de otoño. A medida que caminaban Harry notó que algunos alumnos (no muchos) saludaban a Remus; incluso el tal Seamus y su amigo Dean se habían parado de donde estaban para acercarse y saludarlo en persona.
"Por qué te están saludando, Remus?" Preguntó Harry curioso.
"Porque fui profesor de Defensa contra las Artes Oscuras aquí, hace tres años."
"Defensa contra las Artes Oscuras?"
Harry no podía imaginarse qué se enseñaría en una clase de esas, tenía tanto para aprender que de nuevo su mente se inundó de dudas y vacilaciones sobre cómo haría para aprender todo lo que Dumbledore le dijo que aprendería en su estancia en Hogwarts, ahora que ya no tenía hogar dónde vivir.
"Sí, es una materia fascinante. A decir verdad disfruté mucho impartirla, y debo decir que muchos alumnos también la disfrutaron, salvo aquellos que por distintos motivos no... simpatizaban con la idea de Defensa contra las Artes Oscuras."
Remus sonrió, y Harry se imaginó a quienes se estaba refiriendo.
"Profesor Lupin!"
Tanto Remus como Harry se dieron vuelta y vieron cómo Hermione, Ginny y otras dos más venían caminando hacia ellos.
"Hola Hermione, Ginny y... Padma, cierto?" Dijo Remus, confundido ante dos alumnas idénticas que a Harry le costaba distinguir.
"No, Parvati, ella es Padma." Dijo la morocha señalando a su gemela.
"Cierto, han pasado años y han crecido bastante por lo que recuerdo!" Se disculpó Lupin sonriendo.
"Y... ha venido a visitar al director Dumbledore?" Preguntó Hermione sin siquiera mirar a Harry.
"Sí, así es. Me quedaré un largo tiempo en Hogwarts, las cosas se han puesto dificiles afuera... ustedes comprenderan."
Las muchachas asintieron con sus cabezas, apesadumbradas. Padma y Parvati se marcharon luego de despedirse de su antiguo profesor de Defensa.
"Ginny, cómo están Molly y Arthur? Hace semanas que no los veo." Preguntó Remus.
"Bien, eso creo. Ya sabes que tuvieron que marcharse de la Madriguera porque nos estaban persiguiendo, así que por ahora están viviendo en la casa de unos primos en el sur de Inglaterra."
"Oh, ya veo. Pero no han considerado irse a vivir a Grimmauld Place?"
"Sí, lo harán en un par de semanas." Contestó Ginny.
"Grimmauld Place? Acaso allí no vive..."
"Sí Jeremy, allí es donde vive." Dijo Remus antes de que el muchacho dijera el nombre de su padrino.
"Pero... Grimmauld Place no era la residencia de la familia Black?" Preguntó Hermione sospechando.
Remus la miró, sonriendo. "Ya había olvidado lo brillante que eres, Hermione. Sí, esa es la casa de los Black, pero Dumbledore la ha utilizado todo el año pasado como refugio para los escasos miembros de la Orden del Fénix que han quedado."
Hermione, lejos de quedar satisfecha con la explicación clavó su vista en Harry.
"Tengo entendido que tú ayudarás a Jeremy a practicar todo lo que aprenda conmigo, es verdad?" Dijo Remus refiriéndose a la muchacha; ésta, al escuchar eso frunció su entrecejo y miró a Lupin.
"Usted... el director Dumbledore le pidió a usted que enseñara magia a Jeremy?" Preguntó Hermione incrédula.
"Así es Hermione. Actualmente no estoy haciendo nada así que acepté complacido."
"Tú ayudarás a Jeremy a practicar magia?" Preguntó a su vez Ginny con una sonrisa pícara dibujada en su rostro blanquecino. "No me lo habías contado!"
"Yo... sí, iba a hacerlo." Le respondió la chica de cabello castaño y desprolijo, un poco avergonzada.
"Bien muchachas, Jeremy y yo tenemos que irnos a... cierto lugar. Nos vemos!"
"Adiós profesor!" Saludó Ginny pero Hermione seguía inmóvil en su sitio.
"Hmm... puedo hablar con Jeremy unos segundos, profesor Lupin? Le prometo que no me tardaré." Solicitó Hermione con suma educación y timidez.
"Sí claro, pero no se tarden. Mientras iré caminando; alcánzame luego que terminen de hablar, Jeremy."
Unos instantes después de que Lupin se marchara, Harry miró a Hermione y descubrió que tenía su vista clavada en él, haciéndolo sentir intranquilo.
"Por qué estás enfadada conmigo?"
"No estoy enfadada contigo, Jeremy."
"Ah, no? Lo noté desde que viste esa fotografía de la Orden mientras yo estaba en la enfermería un par de noches atrás."
Hermione se quedó mirándolo, con sus ojos color café entrecerrados. Harry se preocupó.
"Remus Lupin fue el mejor profesor de Defensa que hemos tenido, con mucho, y además es uno de los pocos miembros de la Orden que aún siguen con vida. Por qué el director Dumbledore decidió que él te enseñara magia y a utilizar tu varita?"
"Yo... no lo sé." Mintió Harry, encogiéndose de hombros.
"Me has dicho que has pasado casi toda tu vida lejos del mundo mágico. Cómo es que conoces la casa de Grimmauld Place entonces?" Continuó la chica algunos segundos después.
Harry no pudo contestarle, no estaba preparado para ello; y no quería mentirle de nuevo ya que por algún extraño motivo odiaba mentirle a la chica.
"La residencia de Grimmauld place perteneció a la familia Black desde hace siglos, y aún queda un integrante con vida de esa familia. Sirius Black, el fugitivo que se escapó de Azkaban."
"Y con eso qué?" Se impacientó Harry.
"Que sólo los miembros de la Orden conocen Grimmauld place ya que su exacta ubicación es un secreto protegido con varios encantamientos!"
"Tú y Ginny parecen conocerla también."
"Claro que sí! He pasado mucho tiempo en la casa de los Weasley, y los padres de Ginny eran miembros de la Orden! Me pregunto cómo sabes tú sobre la existencia de esa casa!" Le contestó Hermione exasperándose.
"Y eso qué importa Hermione? Por qué te enfadas conmigo si conozco o no Grimmauld Place?"
"No estoy enfadada contigo por eso, Jeremy! De hecho, no estoy enfadada contigo en lo absoluto!"
"Pues no lo parece." Respondió Harry irritado. "Y si vas a ayudarme a practicar lo que me enseñe el profesor Lupin, creo que debes decirme qué es lo que te está molestando!"
"No te ayudaré porque quiero sino porque me lo ha pedido el director Dumbledore, que dicho sea de paso fue la primera vez que se dirigió a mí!" Respondió Hermione apenas conteniéndose de no gritar. "Sabes qué es lo que me está molestando? Que he sacrificado mi tiempo para acompañarte a conocer el Castillo durante horas, y que me habías empezado a caer bien, pero obviamente me has estado mintiendo continuamente!"
"Qué? Quién te está mintiendo? Acaso no te he contado sobre mi vida, o sobre cómo Snape me quitó la maldición que pusieron en mí cuando me secuestraron?"
"Sabes a lo que me refiero… Jeremy."
El ceño fruncido de la muchacha indicaba que Hermione estaba a punto de estallar. Al escuchar eso, a Harry se le hizo un nudo en las tripas: Dumbledore y Snape le habían dicho claramente que no podía revelar algunos detalles de su vida, como por ejemplo su verdadera identidad…
"No! No sé a qué te refieres!" Espetó el muchacho.
"Quién eres, Jeremy?"
La pregunta de Hermione confirmó la sospecha de Harry: la muchacha sospechaba que él no era Jeremy Harrison y por eso estaba tan enfadada; seguramente se debe haber convencido de ello cuando vio a sus padres en la fotografía de la Orden.
"Dumbledore, Snape y McGonagall se estuvieron preocupando mucho por ti desde que llegaste, ahora también el profesor Lupin! Además conoces Grimmauld Place, que vuelvo a decirte, es un lugar secreto que utilizaba la Orden del Fénix y que se supone nadie debe conocer!"
Harry bajó su vista, fastidiado y avergonzado al mismo tiempo. No podía decirle la verdad pero al mismo tiempo tampoco quería seguir mintiéndole; se sentía en un callejón sin salida.
"Obviamente no eres quien dices ser."
"No comprendo, por qué es tan importante esto para ti? Apenas nos conocemos!" Retrucó Harry tomando valor.
Hermione, lejos de contestarle lo miró con su ceño fruncido; había algo de desilusión en su mirada que a Harry no le gustó nada.
"No es importante para mí, ya que como tú dijiste apenas nos conocemos. Pero para poder ayudarte a practicar lo que el profesor Lupin te enseñe necesito confiar en ti!"
"Y puedes confiar en mi Hermione! Pero hay cosas que…"
"Claro que no puedo confiar en ti! No puedo confiar en alguien que no es lo que parece!" Interrumpió la muchacha indignada.
"Bueno entonces no confíes en mí, me tiene sin cuidado!"Contestó Harry impulsivamente, arrepintiéndose al instante de lo que había dicho.
"De acuerdo, no lo haré!" Gritó Hermione, dando media vuelta y marchándose airadamente del sitio, rumbo al castillo.
Harry hizo lo mismo, pero hacia la dirección por donde Remus se había ido caminando. Ofuscado y arrepentido al mismo tiempo por cómo había resultado la plática con Hermione, el muchacho apuró el paso para alcanzar al amigo de sus padres y de Sirius que iba a ayudarlo a ser un verdadero mago; sin embargo las expectativas y la ansiedad que sentía por comenzar a aprender magia casi se habían esfumado de su mente, ahora ocupada por el remordimiento y también por la impotencia de no poder mantener en secreto su verdadera identidad, algo que Dumbledore, Snape y Sirius le habían pedido encarecidamente en reiteradas oportunidades.
***HP***
