Muchas gracias a los que leen, dobles a los que dejan mensajes. Disculpen la tardanza.

Ebonylovesjensenandjared: thank for you review. I don't like Meg xD. Cas is allied of Sam. Dean and Sam are the best ;)

GreenEyesSpn: Gracias por el comentario. Si tiene 18. Sabe manejar aviones porque es parte del trabajo, no porque le guste jajajajajaa. Aún no sé como arreglar todo esto, pero ya se me ocurrirá algo, xD espero aajajajajjaaja.

Ya saben, Supernatural no es mío.

El segundo trabajo de Dean

El camino fue largo, sin embargo Sam no quiso dormir, tenía temor de despertar y fuera un sueño. Uno donde se despertara en los dormitorios, en ese cuarto que se vuelve frío, claustrofóbico, con esa sensación insaciable de que debería estar en otro lugar, haciendo algo más importante.

Canta hasta no poder más, duerme sin darse cuenta. Sin embargo, al despertar aún está en el auto, con Dean y su padre Jack. La camioneta se ha estacionado frente a un modesto complejo de apartamentos. Ellos bajan, sin darles tiempo a reaccionar, la puerta se abre, algo pasa haciendo a un lado a Sam, aquel bólido se agarra con fuerza de Dean y Jack.

Sam voltea, ve a Luciel aforrándose a su familia, diciendo entre llanto lo asustado que estaba, cuando los había extrañado, parece un niño de cinco años. El Winchester decide no comentarlo. Sus pensamientos se ven interrumpidos, cuando Jack le dice:

— ¿Quieres quedarte aquí o prefieres que te lleve a los dormitorios? — Sam responde con premura:

— No quiero causarle problemas. — Dean dice:

— No es molestia Sam. Es noche para que te marches solo, ninguno de nosotros te dejará ir solo. — Luciel dice sin soltar a su hermano:

— Quédate Sam. Mañana Dean nos llevara a la escuela. —

Sam sonríe, acepta, pero no pasa inadvertido el tono de Luciel, el cual no tiene nada de inocente, es algo malvado. Los cuatro entran, a la primera puerta del corredor.

El departamento se revela tras la puerta, no es ostentoso, es poco amueblado, tiene lo mínimo indispensable. No hay sofá, televisor, cafetera, sólo una mesa, tres cojines que sirven como sillas, la línea de sal, símbolos dibujados, una bolsa de lona y una maleta amplia. Las habitaciones tampoco tienen más que una cama, un buró y el armario.

Hay dos habitaciones, una con una cama matrimonial y la otra con una King size. Jack da un beso en la frente a sus hijos, les desea buenas noches antes de irse a la cama. El hombre se queda dormido de inmediato, sus hijos le quitan los zapatos y los calcetines, lo arropan después para cerrar la puerta. Luciel vuelve a aferrarse a Dean. El hermano mayor le dice a Sam:

— Duerme en la cama. — Sam pregunta:

— ¿Y ustedes? — Luciel dice como si fuera natural:

— Dormiremos aquí. —

Luciel corre a la habitación, saca un rollo blanco el cual deja en el piso, se marcha y vuelve con mantas. El muchacho dice al comenzar a tender la cama improvisada:

— Como un campamento, aunque Dean odie acampar. — Dean asiente. — Además, siempre has dormido solo, ¿no es cierto Sam? —

Sam nota de nuevo ese tono malicioso. Es cierto, él siempre ha dormido solo, cuando era bebé tenía una cuna, siempre tuvo un cuarto, siempre tuvo su espacio y cama. Pensó que compartir la habitación con un extraño, en los dormitorios, le sería extraño; sin embargo no fue así. La voz de Dean rompe la tensión del momento:

— Sammy, tus niveles de bondad están muy bajos. No seas malo con Sam, si quiere dormir con nosotros está bien, la colchoneta es muy amplia, si quiere dormir en la cama está bien. —

Luciel se aproxima a Dean, se abraza de él como si fuera un niño de cinco años aceptando la explicación de; por qué no puede comer chocolate como desayuno. Dean revuelve el cabello de su hermano, luego le da un beso en la cabeza, le dice:

— Hay que dormir Sammy. — Mira a Sam. — ¿Dónde quieres dormir Sam? — Sam siente vergüenza, pero traga duro, toma valor y dice:

— Si es como ir de campamento, por qué no me quedo aquí. — Dean asiente.

La extensión de la colchoneta abarca todo el piso de la estancia, en realidad son dos colchonetas grandes. Los hermanos toma lugar en una y Sam tiene la otra. Luciel se aferra a su hermano de manera posesiva, deja claro que no va a dejarlo partir. Pasan varios minutos, antes de que Sam se aventure a preguntar:

— ¿Siempre es así? —

Dean sonríe, mira al techo, mientras Luciel está dormido tranquilamente, puede sentirlo abrazado a él como una lapa. Siempre lo ha sabido, no es un comportamiento inocente, lo es menos cuando Sam Winchester está cerca, sólo se limita a decir:

— Sí. —

Sam no puede sonreír, los celos lo carcomen por dentro, nuevamente ese sentimiento de que le han arrebatado algo. Sin embargo, el cansancio, la calidez del apartamento, tal vez la colchoneta, la respiración acompasada, no está seguro, sólo sabe que cae dormido.

Sam se siente tan cómodo, no quisiera despertarse jamás. Alguien lo mueve con suavidad, escucha la voz de un niño:

"Sammy… Sammy… Despierta y brilla Sammy…"

Sam abre sus ojos, ve un par de grandes ojos verdes viéndolo, un niño de cabello rubio oscuro, pecas salpicando su nariz, parece tener ocho años. No sabe qué decir, sólo escucha su voz infantil decir:

"Dean…"

El niño rubio le acaricia la cabeza con suavidad, lo hace sentir bien. Mira su entorno, está en una desvencijada habitación, de motel, tal vez. Va al baño, se mira en el espejo que está en la puerta, parece tener cuatro años, no es que recuerde cómo se veía, sino por las fotos del álbum familiar. Escucha voces afuera, sale para encontrar a su compañero de cuarto y su hermano hablando, en la misma habitación del motel. Escucha decir al menor:

— De ninguna manera Miguel. — Los hermanos Weeson voltean a verlo, Dean dice:

— No deberías estar aquí Sam. — Luciel confirma de manera ladina:

— Estamos teniendo una discusión de hermanos. MI HERMANO y yo. — Dean lanza una mirada a Luciel, quien encoje los hombros sin desaparecer su sonrisa. — Ve a soñar con unicornios y flores. — Dean pide:

— Basta Lucy. —

Luciel y Dean se aproximan a la puerta, salen sin dar tiempo a Sam a preguntar o decir algo. Sam está dispuesto a seguirlos, sin embargo al abrir la puerta no los ve. Se encuentra en un sitio completamente blanco. Escucha la voz de Castiel, se voltea de inmediato, entonces ve al sujeto con gabardina y ojos azules, el cual le sonríe al decir:

— ¿Por qué me llamaste Sam? — Sam dice completamente confundido:

— No lo sé, Cass no lo sé. No comprendo qué está pasando. Quiero entender, qué me hace falta. — Castiel dice:

— Búscame Sam, intentaré explicarte. Debo irme. —

Castiel desaparece sin dar oportunidad a Sam de hablar. Sam se despierta, está en la estancia, sé ha acercado a los hermanos Weeson, incluso tomó un brazo de Dean al jalar de él, mientras Luciel hace lo mismo del otro lado como si se los disputaran.

Luciel despierta, se sienta para mirar a Sam Winchester, le sonríe al asegurar:

— No vas a tenerle Sam. — Dean murmura:

— Dormir… dormir… —

Luciel asiente, mansamente se recuesta de nuevo, abraza a su hermano. Mientras Sam observa, le parece ridículo pelear por un hermano, si él tiene ya uno. Se aleja al recostarse en la otra orilla, cierra los ojos al intentar no pensar. Sin embargo la respiración de las otras personas en la habitación lo arrulla, lo hacen dormir, se sumerge en un sueño tranquilo pero sin sueños.

John Winchester, tiene una hermosa vida, una que jamás soñó alcanzar. La guerra no lo había vuelto un tipo duro sin corazón, sino un demonio que mató a su amada lo hizo. Arrastró a sus hijos a una carrera sin salida, una trampa mortal, un juego peligroso, sin embargo no lo veía en ese momento.

Peleó tanto con Sammy, porque él quería amigos, una vida, normalidad, cuestionándolo, haciendo una gran escena por no ceder. Amaba ese fuego, la decisión, el valor y empuje de su hijo, aunque Sam lo negara era un guerrero, un cazador.

Dean, Dean era diferente, siempre aceptando, cuidando de ellos, metiéndose entre las luchas, recibiendo golpes de ambos lados sin quejarse. Amándolos tanto que dolía el corazón de verlo. En aquel momento no pudo verlo, estaba tan ciego.

Si Mary lo supiera, si ella se enterara, estaría en muchos problemas. Una parte de él quiere gritarlo, traer de vuelta a su hijo soldado, vender su alma al diablo e ir a ese horrible lugar, sin embargo, su egoísmo y ganas de quedarse son mayores.

Sam es feliz ahora, tiene su vida normal, no tiene que discutir por todo y para todo, no tiene que pelear para quedarse unos días más en la escuela, no tiene que seguir lidiando batallas épicas. Finalmente tiene una madre. Sin embargo, ese fuego y pasión no suele arder en sus ojos. Ya no hay razones para pelear.

Su actual hijo Dean, es un buen chico, un chico normal hábil con la tecnología. Es egoísta, va por lo que quiere de manera disimulada, no suele ser hostil sino un chico astuto. Como la vez que lo obligó a llevarlo a ese concierto, esa corta y aterradora etapa de Demons. Símbolos demoniacos por todas partes, todos los chicos parecían bajo el control de ese grupo.

John no sabía como manejarlo, quería pintar símbolos de protección, trampas para demonios, poner líneas de sal; pero significaría volver a su vieja vida, dar muchas explicaciones y enfrentar a Mary. No tenía una buena explicación para todo ello. Se encerró en el Impala, golpeó el volante, quería gritar, deseaba que su hijo soldado estuviera ahí.

John mira el auto, ese auto musculoso y negro, el cual ninguno de sus hijos quisieron, el cual ha comenzado a odiar. Ese no era su auto, bueno si lo era, pero era un objeto como cualquier otro, vacío. No es ese auto, el cual rugía con furia cuando iba a una casería, el cual parecía protegerlo a él y sus niños, el cual daba un rugido sosegador, el cual intentaba aliviarlos. Era estúpido, pero creía que el auto tenía alma, lo hacia sentir menos solo cuando sus niños no estaban, le dolió tanto dejarlo a Dean, sobre todo cuando las cosas iban mal, no sentía ese abrazo el cual le daba esperanza que lo lograría.

Jamás lo admitiría, no dijo ni diría que su auto tenía alma, era como sentirse un demente, como un científico loco gritando: "¡ESTÁ VIVO!"

John saca una foto de la guantera, una del grupo Hunters, ahí está su hijo soldado, junto a dos chicos y ese pequeño bicho. Una sonrisa se dibuja en sus labios.

Llegar al concierto fue un suplicio, más tantos adolescentes delincuentes gritando a ese maldito grupo. Estaba en posición de batalla, porque aquello podría estallar violentamente. Las botellas y objetos volaban al escenario, donde los pobres músicos no sabían que hacer. Hasta el anunciador tenía miedo, después de dos apariciones no regresó. Sólo un grupo tuvo suficientes agallas de pasar: Hunters.

John al escuchar el nombre del grupo se sorprendió, le pareció una gran coincidencia, cuando los vio en el escenario, cuando vio a su hijo soldado en el escenario. Se preguntó por qué Dean no pudo escoger algo más original.

La lluvia de botellas aumentó, pero Dean golpeaba con sus puños todos los proyectiles, defendía a sus amigos. La destreza que mostraba, la elegancia, sus movimientos fríos y calculados escondidos en una coreografía. Él comenzó a cantar, los ataques comenzaron a disminuir, hasta que el público pareció despertar de un sueño.

Los muchachos se miraban confundidos, algunos se preguntaban que hacían ahí, pero al escuchar la música comenzaban a disfrutar. John miró al escenario, Dean se acoplaba a la perfección con ese bicho que es su hermanito actual, tocaban, coreaban, bailaban, opacando la torpeza de los otros dos.

John sólo pudo conseguir esa fotografía, una borrosa y mal tomada, porque nadie pudo tomar buenas imágenes. Su hijo soldado, el cuál le ha seguido salvando de manera directa o indirecta. Le duele recordar la vez que su hijo soldado fue a la escuela junto a sus hijos, la manera en que luchó, cómo fue capturado, como se sacrifico una vez más. Le dolió no haber sido él quien fuera al rescate.

Encontrar a su hijo soldado en el mismo dormitorio que Sam, no le pareció una coincidencia. Dean sigue cuidando de Sam; sin embargo ahí también estaba ese bicho. John perdió casi todas sus habilidades de cazador, pero su instinto para desconfiar de los posibles entes sobrenaturales ha prevalecido. Ese nuevo hermano de Dean no es bueno, es el monstruo que le quitó a su hijo.

John no quiere decirlo en voz alta, no puede decirlo, porque sería aceptarlo. Aceptar que su hijo soldado jamás volverá. Aceptar que ahora es el hijo de alguien más, aceptar que ya no es su muchacho, eso le hace sentir un hueco en el corazón.

El sol ha salido, Mary se ha levantado, cocina el desayuno, ella sonríe, tararea una canción. John la abraza por atrás, respira su aroma, hunde su nariz entre su cabello, se llena de su esencia, ella hace que todo valga la pena. Escucha una voz en la cocina, voltea a ver el televisor, Mary ve una telenovela: "Days Of Our Lives". John se queda pasmado, cuando reconoce al chico de la televisión: Eric Roman Brady.

John lo reconoce, es su hijo soldado, sería tonto si no lo reconociera. Le pregunta a Mary sobre la telenovela, ella comienza a contarle de manera animosa. Finalmente él cuestiona:

— ¿Cuál es el nombre del actor?… — Finge no pensar. — Eric… — Mary dice con una sonrisa:

— Jensen Ackles, es actor y modelo. — Ella confiesa de manera juguetona. — Así me imaginaba que nuestro Dean sería cuando fuera grande. Aunque nuestro Dean no es mal parecido. — John sonríe nervioso, necesita hablar con alguien. — Si a nuestro Dean le hubieran gustado más los deportes, tal vez sería modelo. — John niega:

— No lo creo. —

Los dos ríen, se dan un beso apasionado, el no tener a sus hijos en casa no es tan malo.

Sam escucha una voz animosa, la cual lo despierta, en realidad es un grito:

— ¡Levántate y brilla Sammy! —

Sam abre sus ojos, ve a Dean sonriendo, se sienta de inmediato con una sonrisa, tal vez esto sea real, sin embargo al ver aquella estancia y a Luciel gritándole a Dean:

— ¡Deeeeeeeee! — Su corazón se desploma de nuevo, quiere llorar pero no lo hará. — Aún es temprano. — Dean dice con suficiencia:

— Ya está listo el desayuno. —

Sam ve en la pequeña mesa los platos servidos, Hot Cakes les esperan. Sam observa a Luciel, es como un adulto intentando parecer niño. Por un momento Dean va a la cocina, escucha al chico menor decir:

— Dean es especial. Ya jamás quiero dejar de ser Sammy. — Luciel lame sus dedos, de una manera perversa. — Si soy Sammy, él me protegerá, me abrazará al dormir para alejar las pesadillas, me dará un beso en la frente, cantará para mí y hará el desayuno, porque soy Sammy. Jamás le diré que soy demasiado grande para que demuestre su afecto por mí, tampoco para sus bromas o para llorar aunque sea vergonzoso, no me importa. ¿Comprendes? — Sam mira a Luciel. — No voy a regresarlo, sin importar lo mucho que me agradas Sam. —

Dean aparece, trae consigo otra torre de tortitas, mira a ambos chicos, al cuestionar:

— ¿Qué pasa? — El mayor deja el plato sobre la mesa. Luciel vuelve al modo niño, dice con una sonrisa inocente:

— Sólo le decía a Sam cuanto me gusta que seas mi hermano. —

Dean revuelve el cabello de Luciel con cariño, hay un forcejeo amistoso que termina en risas. Son como dos niños jugando. El desayuno sigue de manera amistosa, hablan de cosas irrelevantes, hasta que llega la hora de ir a la escuela. Luciel se queja como un niño mimado:

— No quiero ir a la escuela De. — Dean mira a los ojos a su hermano, le dice con calma:

— Sammy, sabes que debes ir a la escuela, ya lo hemos hablado.

— Pero De… Me gustaba más cuando tomábamos clases en casa.

— Lo sé, pero es importante que sociabilices con otras personas. Es necesario y la escuela no es un medio tan hostil. — Luciel abraza a Dean al decir:

— Quiero ir a la escuela contigo.

— Lo sé muchacho. — Hay un momento de silencio. Sam mira a otro lado, esos sentimientos perversos intentan ahogarlo de nuevo. — Debemos irnos o llegaremos tarde, iré por ti a la escuela como todos los días. Hoy haremos algo divertido. —

Luciel acepta, entiende a la perfección que debe ir a la escuela, pero no significa que no le agrada montar una escenita mañanera. Salieron de casa, La Impala espera afuera por ellos, como si su brillo cromado les sonriera al darles la bienvenida.

Sam sube al asiento de atrás, Luciel al del copiloto y Dean tras el volante. La Impala hace rugir su motor con vida, lleno de alegría. La música sale de los altavoces, los hermanos comienzan a cantar, después Sam, comparten un momento divertido.

Luciel mira a Sam por el retrovisor, realmente le agrada este chico gigante, es fuerte, va por lo que quiere, es egoísta pero de un corazón bondadoso. Siempre le ha agradado Sam Winchester, si no hubiera estado tan demente en aquellos momentos, si hubiera estado más conciente, claro que no hubiera hecho daño a Gabriel y tampoco a Sam. Sin embargo, cuando ve a Sam aproximarse tanto a su hermano, teme que pueda arrebatárselo, que Miguel en algún momento elija a Sam y lo deje. Sam hizo cosas malas, pero él ha hecho muchas más.

Lucifer ha sido muy malo, no merece el perdón de su padre ni el de sus hermanos. Tiene pesadillas con las cosas que ha hecho, con que Miguel regrese con Sam Winchester y sean enemigos de nuevo, con despertar en la jaula; entonces se aferra a Miguel, ruega en silencio por no despertar, porque sea real.

Sam le agrada, pero cuando lo ve tan cerca de Miguel quiere quitarlo del camino, arrancarle la cabeza o hundirlo en la oscuridad, donde Miguel no lo vea. Extiende sus manos para hacerlo, entonces recuerda a Miguel, su mirada decepcionada y traicionada, cuánto le dolería saber que ha recaído; entonces sólo dice algo horrible a Sam.

Canta en voz alta, ve la sonrisa de Miguel, el sol cálido, las casas pasar, ese auto que llegó a odiar cuando peleaba contra los Winchester. Sin embargo ahora está aquí, con su hermano, se dirigen a la escuela, no puede creerlo. El auto se detiene, los chicos han comenzado a entrar. Dean baja, le entrega su almuerzo, toma la bolsa de papel y luego se abraza a su hermano, no quiere dejarlo ir, no quiere despertar. Escucha decirle:

— Lucy estoy aquí, vendré por ti al terminar las clases. —

Luciel suelta a su hermano, le da un último "Hasta luego", se dirige hacia la escuela, mira en ocasiones para asegurarse que Miguel sigue ahí. Es un monstruo que no lo merece, pero no quiere decirlo en voz alta porque sería aceptarlo.

Dean sube de nuevo al auto, reinicia la marcha, hasta que Sam se atreve a preguntar:

— ¿No le gusta la escuela? — Dean niega:

— Jamás le ha gustado. — Sam cuestiona:

— ¿Eres agente secreto, cantante de rock y estudiante? — Dean sonríe:

— No trabajo para el gobierno de tiempo completo, tampoco estoy en la banda siempre. La escuela aún no se pone pesada.

— ¿Los demonios existen? —

Dean le dirige una mirada rápida, para el auto en la orilla de un parque. Ambos bajan del auto, caminan hacia unas bancas, Dean responde:

— Ellos existen, los ángeles también.

— ¿Tú los cazas? — La pregunta es más una afirmación, Sam lo sabe. Dean dice:

— Sí, es el negocio familiar. —

Sam lleva su mano a su frente, luego talla su rostro, mira alrededor. Pregunta:

— ¿Luciel?… — Dean asiente:

— Sammy también, mi papá, la mayoría de nuestros amigos. Es mejor que no te inmiscuyas en esto. — Sam clama de inmediato:

— No, de ninguna manera, ¡NO! — Hay un tenso silencio. Finalmente cuestiona. — ¿Por qué? — Dean dice sin dudar:

— Alguien debe salvar a los inocentes Sam. — Dean ve su reloj. — Debemos irnos o llegaremos tarde. —

Regresan al auto, el resto del camino es silencioso. Hay tanto que quiere preguntarle a Dean, sobre cómo escapó de las instalaciones hospitalarias, el por qué lo llevaron, sobre el comportamiento de Luciel, lo que soñó, los monstruos, hay tanto.

El auto se detiene, Sam y Dean se despiden escuetamente al seguir caminos diferentes. Sam no es el primero ni el último, toma lugar, escucha la plática de un grupo de chicas tras él:

—… ¡Yo lo vi!

— Puede parecerse a Jensen Ackles.

— Se trata de un chico de ingeniería. —

Jessica se sienta junto a Sam, él voltea a verla, ambos se saludan al mismo tiempo y ríen. Ella le comenta:

— ¿Ya supiste? — Sam pregunta con interés:

— Dean se parece a Jensen Ackles, es actor de Days Of Our Lives. — Sam pregunta:

— ¿Quién? —

Jessica comienza a explicarle hasta que llega el maestro. Sam se propone ver ese programa, siente que se reirá mucho. Las clases siguen su curso, aunque no tan normal, ya que Sam suele sentir miradas sobre su espalda. Las chicas planean usarlo para llegar a Dean, para despejar sus dudas.

Sam maneja bien todas las miradas, las chicas que le hablan para preguntarle por Dean, lo tiene bajo control. Claro, hasta es Jessica quien le pide que investiguen un poco más. Sam se esfuerza por demostrarle por qué no, en primer lugar las grabaciones son en otro estado, grabar una telenovela e ir a la escuela en diferente lugar es imposible, además, Dean, el rudo, enemigo de los momentos de chica Dean poco tacto con los sentimientos, no de ninguna manera. Sin embargo el nombre le suena, no recuerda dónde lo escuchó o leyó: Jensen Ackles.

Sam se esconde en un lugar alejado de los otros estudiantes, hace una llamada, reconoce la voz del otro lado, es su papá:

— Hola.

— ¿Pasa algo Sam? — Sam dice:

— No sé cómo explicarlo, es muy complicado. No quisiera preguntarte esto… pero es tanto, no lo sé. — John pide al sentir que su paciencia tomará unas vacaciones:

— Dilo, lo que sea Sam.

— ¿Tengo otro hermano? —

John siente por un instante que el teléfono se escapa de sus manos, no esperó esto, cualquier cosa menos esto. Tal vez que Sam le preguntara si puede llevar a casa a la chica que embarazo, que está detenido, cualquier cosa menos esto. Ante el silencio el joven continúa:

— ¿Tengo otro hermano?, ¿le has sido infiel a mamá? — John dice de inmediato:

— No, no, no, ¡No! De ninguna manera engañaría a tu madre Sam. Sólo tienes un hermano Sam. — Sabe que es una verdad a medias. — No le he sido infiel a tu madre, que quede claro. — Respira profundo, necesita mantener la calma. — ¿Por qué lo preguntas?

— No sé como explicarlo.

— Inténtalo. — Sam suspira con derrota, porque tiene que decirle esto a alguien, porque realmente se siente sobrepasado:

— Siento que Dean, mi compañero de dormitorio, es mi hermano. — Nuevamente John casi deja caer el teléfono, intenta fingir demencia:

— Vamos hijo, tal vez sólo es el estrés de estar en un nuevo logar. Toma las cosas con calma. Dime, ¿cómo van tus clases? —

John escucha con atención a Sam, porque evadir siempre ha sido una buena táctica evasiva.

Sam vuelve para sus últimas clases, hablar con su padre no le trajo respuestas, pero sí algo de consuelo. Las clases son tranquilas, casi al final, Jessica se aproxima, le habla con alegría:

— Planeamos irnos de campamento ¿quieres venir Sam? — Sam asiente, embobado por la belleza de Jessica. — Salimos el viernes al atardecer. Nos reuniremos en la puerta principal a las cuatro.

— Estaré ahí. —

Sam se siente tan feliz, una vez fue de campamento, fue un fiasco, su hermano no paró de jugar videojuegos y quejarse de los moscos. Sus padres parecieron disfrutarlo, pero no él, escuchar las quejas de Dean, los insectos, ese silencio abrumador, la sensación de que alguien lo observaba fue aterrorizante. El viaje familiar fue tan mal que acordaron no volver a salir de campamento.

Sam sigue adelante, va al dormitorio, para revisar dónde escuchó el nombre: Jensen Ackles.

John Winchester no ha dejado de pensar en la llamada de Sam, llega a casa, le da un beso a Mary, le dice que necesita tomar un pequeño paseo a solas. Ella sonríe, le promete una rica cena cuando regrese. John le da un abrazo fuerte, no quiere perder esto, no quiere perderla de nuevo, pero debe hablar con alguien.

John conduce su auto a toda velocidad por una carretera solitaria, se detiene en un cruce de caminos, toma una caja pequeña de metal, se dirige al centro, antes de que comience a escarbar una voz familiar llena sus oídos:

— Eso no va a funcionar. —

John voltea, su hijo soldado está ahí, recargado sobre el impala, con su chaqueta de cuero desgastada, pantalón baquero, botas negras y playera negra. Lo escucha repetir:

— Ningún demonio va a venir a tu llamado. — John dice:

— Contigo necesitaba hablar.

— Regresa a casa. — John pregunta, exige una respuesta:

— ¿Por qué le haces esto a Sam? — Dean pregunta al mirar hacia su derecha:

— ¿Hacer qué? — John se sorprende, Dean no le está dando una respuesta inmediata, contraataca con una pregunta:

— ¿Por qué ahora te presentas ante Sam confundiéndolo? — Dean dice:

— Lo necesita. — El tono de John se torna calmo y letal:

— ¿Qué?, que lo confundas.

— Ahora te importan los sentimientos. — John siente una punzada de culpa ante aquel contraataque sarcástico. — No te preocupes, desapareceré pronto. —

John ahora siente dolor, tanto como aquel día en que Dean estaba a punto de morir y se sintió inútil. Por su venganza su hijo moría, salvó a tantos a costa de sus hijos. Pregunta, casi atragantándose con sus palabras:

— ¿Es bueno contigo?

— Jack lo es. — John conoce a Dean, sabe que está por marcharse, siente algo oprimir su estómago. Toma la carta mágica, a Sam:

— Le estás haciendo daño Dean. Sam siente que eres su hermano. — Dean asiente, no parece que se detendrá. — ¿Desde cuando te volviste chica Dean? —

Dean se detiene, voltea a ver a John, luce totalmente avergonzado. John sigue:

— Jamás imaginé que terminarías en una telenovela. — Dean se defiende:

— No fue mi idea. —

John sonríe maliciosamente, se acerca al coche, saca dos cervezas, le entrega a una a Dean y él toma la otra. Dean comienza a contarle a grandes rasgos lo que pasó:

— Lucy lo hizo. —

Lucy no es como Sam, cuando Dean le jugaba una broma a Sam habría consecuencias, pero jugarle una broma a Lucy es un deporte extremo. Después de una pequeña disputa por el trabajo de Dean, el que no le agrada a Lucy, el chico se desapareció por unas horas. Al final del día Dean recibió una llamada, con una asignación intervenir como modelo en una pasarela, en un caso de trafico de menores.

Dean soportó la vergüenza de tener que sonreír a la cámara, de escuchar a un sujeto decirle cómo debía caminar por la pasarela, soportar maquillaje, sobretodo las carcajadas de Luciel y Gabriel. Debe reconocer la creatividad de su hermano, usó el nombre de Jensen Ackles. Ojala todo terminara ahí, pero no, tuvieron la magnifica idea de hacerlo tener una vida pública como un modelo, para ocultar mejor sus actividades, así cuando la policía venga, tocará a la puerta de Jensen Ackles, el cual estuvo rodeado de cámaras o muchos testigos, los cuales lo alejan de la escena del crimen.

Meses antes de ir a Stanford, Dean tuvo una pelea con su hermano, la razón el trabajo. Una pequeña esperanza para renunciar, la cual rechazó, cosa que hizo enfurecer a Lucy. Pocos días después su teléfono sonó, era el productor de la dichosa telenovela, el cual le decía cuán impresionado estaba por el casting que hizo, pero él jamás se presentó a algún casting, recibió las fechas para presentarse y donde se firmaría el contrato.

Dean corrió para reclamar a Lucy, quien parecía muy complacido. Intentó decir que no, pero su representante además su jefe, le dijeron que era algo bueno, mientras estuviera haciendo la telenovela sus misiones disminuirían, cosa que hasta el momento no ha sido cierto.

Dean sabe que Lucy está grabando cada capítulo, para regodearse después, debe reconocerlo, el chico ha pasado a otro nivel. Manipular a tantos, en pro de hacerlo pagar, al menos nadie murió.

John lo saca de sus pensamientos:

— ¿No es demasiado? — Dean revela:

— Si y no. Los ángeles pueden estar en varios lugares a la vez. —

El trabajo de modelo no es pesado, poner a un doble lo ha solucionado, eso le ha solucionado varios problemas. Así puede estar en varios lugares a la vez. Aunque poner a un doble no funciona con Lucy, Gabriel tuvo que aprenderlo a la mala. John habla, sólo para romper el silencio:

— Jamás imaginé verte ser parte de una historia para chicas.

— Yo tampoco. — Finalmente Dean enfrenta a John. — No viniste aquí, ni me llamaste para hablar de esto. ¿Qué es?

— Le haces daño a Sam… — Dean mira fijamente a John, niega:

— No se trata de eso. Si no vas a decirlo no tenemos más de qué hablar. —

Dean ve a Dean alejarse del auto, tiene que hablar con él, saber que está bien, saber que no morirá. Saber cómo escapó, necesita asegurarse que Dean estará bien. Quiere gritar, gritarle que le extraña, que no ha dejado de ser su hijo, es tanto que se atora en su garganta. Toma valor, abre la boca llama:

— ¡Dean!… — Pero se ve interrumpido por el rugir de un motor, las ruedas derrapando y otra voz que grita:

— ¡Deeee! —

La Impala, reluciente, radiante, llena de vida está ahí, frente a John, separándolo de Dean, mientras Luciel le conduce. El chico baja, se abalanza a los brazos de Dean, parece una lapa la cual no está dispuesta a soltarlo, pregunta al ver a los ojos a su hermano:

— ¿Por qué tardas? — Dean responde con tranquilidad, como cuándo le explicaba algo difícil a Sam cuando tenía cuatro o cinco años:

— Te lo dije Lucy, tenía que hablar con John. —

John sabe quién es el bicho que abraza a su hijo, la alimaña que no debería ganar, el infeliz que no debería ser el gran ganador. John no sabe qué hacer, gritar, intentar alejar a ese demonio de su hijo activaría el modo protector de Dean. Dean se lanzaría contra John, defendería dementemente a su hermano, tanto como lo hizo muchas veces con Sam. John estaba tan orgulloso de haber inculcado a Dean para cuidar así a Sam; sin embargo, al verlo cuidando a otro que no es su hijo, esa manera, esa fiereza, esa aura que da miedo, algo que raya la locura, comprende que está mal.

John está por decir algo, pero Lucy suelta a su hermano para enfrentar al hombre:

— No, tú no hiciste a mi hermano. Tú no fuiste John Winchester. Padre hizo a mi hermano. Padre te prestó a mi hermano porque lo necesitabas, tú y tu hijo. Ustedes no necesitan a mi hermano, así que no le tendrán de nuevo. — John dice violentamente:

— ¡Es mi hijo! — Lucy le grita:

— ¡No! —

John levanta su puño, lo lanza contra aquel monstruo, pero una mano lo detiene, voltea a su derecha, Dean lo está deteniendo. El joven pide:

— Lucy, hemos hablado de no molestar a las personas. — Lucy dice en voz baja, como si estuviera avergonzado, pero John sabe que no es verdad:

— Lo siento. — Dean suelta a John, acaricia el cabello de su hermano:

— Lucy, las disculpas deben ser sinceras de corazón. De otro modo estás mintiendo.

— Lo siento Miki. — Lucy lo dice en serio. Mira a John, intenta de nuevo. — Señor, no es posible que tenga algo que usted no necesita. Padre no lo consentiría de manera fácil. Sea feliz con lo que tiene. No me retracto de mis palabras, porque ustedes no pueden tenerle de vuelta. No negaré que soy feliz con ello. — Dean pone su mano sobre el hombro de su hermano, le dice:

— Deja de molestarlo Lucy, debemos irnos. —

Luciel asiente, camina en silencio, se sube al asiento el copiloto. John mira aquel coche, La Verdadera Impala. Dean le dice con una sonrisa:

— Jamás dejaría a mi Bebé. — John asiente, aquel es el auto de un cazador, con armas en el portaequipaje, marcas de protección, rápido, leal, hambriento de devorar el camino. — Cuídate papá. —

John se queda rígido, como una piedra, levanta su mano, despide a Dean, lo ve ponerse tras el volante, cerrar la puerta, el auto alejarse a gran velocidad dejando una estela de polvo. Entonces grita:

— ¡DEAN!… —

Luciel pone su mano sobre el hombro de su hermano, le dice:

— Hacemos lo correcto. — Dean aprieta más el volante, asiente al decir:

— Lo sé… —