Muchas Gracias por sus comentarios, favoritos y seguimiento en la historia. Me motivan mucho a seguir escribiendo. Alguna duda, critica, opinion y aporte es completamente bienvenido.
Editado: 25/10/18
Inuyasha y Sesshomaru dormían pacíficamente, ya era tarde e Inu no Taisho muy a su pesar tuvo que separar a sus hijos. Se acercó a ambos con cautela para llevarse al más pequeño, utilizando su energía para no alertarlos.
De todos modos, no fue un éxito porque Sesshomaru gruñó levemente a la presencia extraña y abrió un ojo para mirar su entorno. Sesshomaru se sorprendió al ver a su padre, avergonzado por su ineptitud se disculpó: —Lo lamento padre no sabía que...
—Descuida—interrumpió Inu no Taisho—, acabo de llegar.
Sesshomaru estaba aún adormilado, pero podía notar la sonrisa satisfactoria de su padre. Se preguntó por qué hasta que intentó moverse y sintió un peso en sus brazos que no debería tener. Recordó lo último que había hecho y se avergonzó de inmediato, desviando su mirada a otro lado y entregando el pequeño bulto a los brazos de su padre.
—Espero que Inuyasha no te diera problemas— dijo el rey, recibiendo con ternura a su hijo menor e ignorando el sonrojo de su hijo mayor.
El cachorrito comenzó a gemir y dar pequeños gruñidos al ser separado de su lugar de comodidad.
—Nada que no pueda solucionar— respondió el joven príncipe mientras miraba como el cachorro más pequeño se retorcía del agarre de su padre para volver a él.
—Parece que Inuyasha quiere estar contigo— dijo Inu no Taisho, sonrientemente.
—Yo no quiero estar con él— respondió fríamente Sesshomaru, fingiendo molestia.
Inu no Taisho estaba contento de que su hijo dejara de referirse a Inuyasha como "cosa" y veía divertido como el pequeño trataba de zafarse del agarre, retorciéndose para volver a la seguridad del joven daiyōkai.
—Lástima, él quiere lo contrario.
Sesshomaru dio una pequeñita sonrisa al ver los tristes intentos del hanyō. Inu no Taisho lo notó y se alegró.
Se quedaron unos minutos así, simplemente observando a Inuyasha. El niño se había cansado de luchar y comenzaba a juguetear con la mano de su padre.
Como le gustaría a Inu no Taisho permanecer de esta manera, pero ya era tarde y el bebé necesitaba estar de vuelta con su madre.
Sesshomaru negó despedirse de Inuyasha, en cambio Irasue mimó por unos segundos al cachorro antes de decir adiós.
Madre e hijo observaron como el padre se iba con el pequeño en brazos.
—Es un buen cachorro, ¿No te parece? —preguntó Irasue.
—Es desagradable e insoportable—respondió Sesshomaru con una molestia que parecía casi sincera.
Irasue rió —No lo creo, el cachorro y tú se veían tan lindos dormidos juntos.
Sesshomaru se avergonzó y miró hacia otro lado fingiendo ignorar lo que dijo su madre.
A pesar de que el bebé hanyō estuvo unos momentos al cuidado de Sesshomaru, ésta ya comenzaba a mostrar un pequeño cambio. Irasue estaba feliz, no quería que su hijo se volviera una persona fría y cruel a tan corta edad.
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Pasaron algunas semanas, meses incluso e Inu no Taisho ya no había vuelto a llevar a su hijo menor al palacio. Los rumores entre los yōkais estaban en aumento, por todo el palacio se escuchaban habladurías sobre el tema, los cuales nunca eran mencionados delante de los reyes. No era algo que ellos quisieran aclarar y ni les molestaba lo que dijeran.
La peor parte lo llevaba la reina, todos criticaban y se preguntaban: ¿Cómo podía soportar tal traición?
Los meses de Sesshomaru eran aburridos con la misma rutina de siempre: estudiar, no pasar tiempo con sus "amigos", tenía que ser educado en reuniones y fiestas, y fingir que los demonios que asistían eran agradables. También soportar a algunas jóvenes daiyōkai que trataban de seducirlo para formar un compromiso y tener su futuro asegurado. No era que a Sesshomaru le desagradara la idea por completo, pero simplemente era algo en lo que no estaba interesado por el momento.
Un día Inu no Taisho logró llevar a Inuyasha al palacio con la autorización de Izayoi. Le preocupaba que Inuyasha llorara por no ver a su madre, pero resultó ser todo lo contrario; Inuyasha ahora con dos años estaba completamente feliz de pasar tiempo con su padre.
Padre e hijo llegaron al palacio. Inu no Taisho tomó de la mano a su hijo menor, encaminándolo hacia la entrada del palacio. Al entrar había siervos esperándolo y ofreciendo su ayuda para cualquier cosa, la cual el gran daiyōkai negaba amablemente. Los siervos miraban al hanyō, pero por respeto a su señor lo hacían disimuladamente. Inu no Taisho ignoró las miradas que le hacían a su hijo pequeño mientras no le faltaran el respeto o hablaran mal delante de él o su familia.
Inuyasha caminaba con sus orejitas pegadas firmemente detrás de su cabeza. Tenía miedo. Era un lugar muy grande con nuevos olores, energías y personas que nunca había visto antes. Para Inuyasha todo era desconocido, las personas que lo miraban no se parecían nada a los que él veía comúnmente porque estos tenían aspectos raros. Trató de no fijarles la mirada y centrarse en el suelo.
El padre llevó a su hijo al jardín donde se encontraba Irasue admirando las plantas.
A Inuyasha le asombraba tan grande espacio y por la variedad de vegetación que tenía el jardín, también porque la mujer delante de él le era desconocida y con temor se ocultó detrás de su padre.
Irasue miró a su compañero quien sonreía, ella no entendía por qué hasta que vio las pequeñas orejas que sobresalían detrás de las piernas del daiyōkai. Ella igualmente sonrió, desde hace tiempo deseaba volver a ver al cachorrito hanyō.
—Inuyasha, me alegro volver a verte, ¿te acuerdas de mí? —Preguntó la mujer demonio.
Inuyasha se asomó y negó con la cabeza, ocultándose nuevamente.
Irasue hizo una mueca divertida al ver la respuesta del niño. —Soy Irasue… ¿quieres salir de ahí?, no voy a hacerte daño.
Inuyasha miró a su padre para pensar en su posible respuesta.
—Vamos, hijo, sal de ahí —Animó el gran daiyōkai, dándole un suave empujoncito.
Inuyasha salió lentamente haciendo que Irasue pudiera admirar mejor al pequeño hanyō.
—Has crecido, Inuyasha… ¿Cuántos años tienes? —preguntó Irasue.
—Dos— respondió el chico tímidamente, y mostrando 3 dedos hacía la mujer.
—Oooh eres tan pequeño. —dijo, pero Inuyasha aún tenía miedo y miraba hacia el suelo con sus orejas hacia abajo, ocultando sus bracitos detrás de él. Irasue no quería que el cachorro se sintiera de esa manera así que se las ingenió para ayudarlo y que dejara de temer. —… ¿Quieres jugar, Inuyasha?
Inuyasha escuchó la palabra 'Jugar' y levantó sus orejitas emocionado.
—¡Sí!— respondió alegre olvidando toda pizca de temor y miedo.
Inu no Taisho miraba con alegría a su hijo al igual que Irasue.
—Muy bien, ven conmigo para ir por juguetes y puedas jugar aquí.
Inuyasha feliz por la idea soltó a su padre y caminó hacia Irasue, pero se detuvo abruptamente, recordando que su madre le había dicho que jamás se acercara a un extraño. Miró a su padre por autorización.
—Todo está bien, Inuyasha. Puedes ir, estaré aquí esperándolos. —le dijo.
Irasue extendió su mano para que Inuyasha la tomara. Inuyasha felizmente lo hizo, emocionado con la idea de poder jugar. Con las únicas personas con las que jugaba era su madre, Maru (Takemaru, pero por la poca pronunciación que tenía lo decía de esta manera.) y alguno de sus tíos.
En el camino Irasue volvió a preguntar —Inuyasha, sabes ¿cómo me llamo?
El cachorro negó con la cabeza, ya no le temía por el simple hecho de que quería jugar con él y también porque tenía el mismo olor familiar que el de su padre. — ¿cómo te llamas? — preguntó el cachorro con curiosidad.
La Reina carcajeó por la pobre pronunciación del cachorro, la voz aguda era apresurada y arrastrada. Tan dulce. Sonrió más para sí, apretando suavemente la manita del niño—Irasue. Mi nombre es Irasue.
El cachorro pensó por unos segundos y mencionó —Sue.
Irasue comenzó a deletrear las letras de su nombre para que el cachorro pudiera pronunciarlo de buena manera.
—Aaaah Sue. —Dijo Inuyasha mostrando sus pequeños colmillos de leche — ¿Yasha y Sue jugar? —preguntó.
—Sí. —Respondió Irasue, sin perder la cálida sonrisa que el chiquillo le provocaba.
Inuyasha ansiaba ya poder llegar al lugar de juegos, estaba emocionado y alegre. Cuando llegaron, Irasue mencionó que esta era la habitación de Inuyasha, el cual ignoró todo y sólo admiraba la gran cantidad de juguetes que había dentro.
—Todo esto es tuyo. —Le dijo ella.
Inuyasha la miró confundido y ladeó la cabeza preguntando. — ¿Mío?
Irasue asintió.
La sonrisa de Inuyasha se extendió, nunca había visto tanto juguete en un sólo lugar y comenzó a tomar todo lo que pudiera como si su vida dependiera de ello.
Irasue miraba divertida al hanyō. Inuyasha tenía bastantes juguetes en sus pequeños brazos y él quería más. Pero soltó todos al ver algo que le llamaba y le gustaba demasiado por su forma y por el hecho de ser color rojo: una pelota.
