DISCLAIMER: NARUTO Y SUS PERSONAJES © MASASHI KISHIMOTO
"Ventanas del alma" y "Un alma, dos corazones" © SAKURA_TRC, 2014

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UN ALMA, DOS CORAZONES
(2da Parte Ventanas Del Alma)
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Capítulo 14 "ANGEL DE LA MUERTE"

- Dime, ¿cómo supiste que Hinata estaba en problemas? –exigió saber.

- Ya te lo expliqué mil y un veces, estaba vigilando su casa y lo vi.

- Claro y tu amiga la pelirroja estaba contigo, ¿no?

Sakura entrecerró la mirada– ¿Qué tiene que ver Karin en todo esto?

El detective sacó una hoja de papel doblada de su pantalón y se la mostró a la cara a la pelirrosa, a solo diez centímetros de su rostro. Sakura le arrebató la hoja a Sasuke para poder verla bien– ¿Y esto qué?

- El número que está resaltado es el número del móvil desde el que entró la llamada y la siguiente columna muestra desde que torre se conectó al servicio de telefonía –el pelinegro le arrebató la hoja a su novia y le mostró, señalando con el dedo, la fila a la que se refería– La torre está a solo 100 metros de tu escuela. Ahora no me digas que estabas cerca de la casa de Hinata porque no voy a creerte ya que es imposible.

- Pues no lo hagas –gritó enojada Sakura, llevaban dos días discutiendo de lo mismo. Siempre que estaban solos, Sasuke, aprovechaba para interrogarla y sacarle la verdad de como ella se había enterado de que Hinata estaba con Hata, la secuestradora. Le preguntaba en la cama, en la cocina, en el comedor, en el auto, en el trabajo; solo faltaban el baño y la escuela– Y ya déjame en paz.

- Usaste a Suki, ¿no es cierto? –preguntó el detective con una voz más calmada.

- Tu prima está bien. Eso era lo que querías, ¿no? –la pelirrosa se cruzó de brazos y desvió la mirada de la inquisitiva visión de su novio– No sé porque te empeñas en saber cómo lo hice. El fin justifica los medios.

Naruto salió de la habitación envuelto con una toalla a la cintura y el cepillo de dientes en la boca– ¿De qué hablan?

- ¡Lárgate a vestir usuratonkachi!

- ¿Por qué le gritas a él? –un reclamo irónico, porque también Sakura estaba gritando– ¡Yo me largo! –dijo tomando las llaves de la casa y encaminándose a la puerta.

- No, tú te quedas –Sasuke trató de dar un paso y tomar a la pelirrosa por el brazo, pero Naruto se lo impidió mirándolo severamente.

- Tenemos que hablar Sasuke –el tono serio y sin vacilaciones del rubio enardeció la ira del Uchiha, pero al mismo tiempo la apaciguo.

Para ese momento, Sakura ya había dejado el apartamento que compartían los tres.

- ¿Me vas a regañar? –preguntó el pelinegro.

- No tengo ni idea de que decirte –confesó Naruto rascándose la nuca y sonriendo tontamente– Tu relación con Sakura-chan es tan excéntrica que no sé ni que pensar.

- No digas nada, lo que hay entre ella y yo no es de tu incumbencia, ni de la de nadie más.

- Tal vez tu relación no, pero él como la tratas si –Naruto se cruzó de brazos con un gesto de molestia en su rostro– No creo que por lo que estaban peleando merezca que le grites de esa manera.

Sasuke contó internamente hasta 20 mientras se frotaba el puente de la nariz. Cómo explicarle a Naruto que la discusión con su novia era porque ella se había arriesgado de maneras que el rubio ni siquiera imaginaba. Y todo eso sin decirle el secreto de Sakura.

- Discutía con ella… porque hizo algo que puso en peligro su salud –su mejor amigo iba a abrir la boca, pero Sasuke levantó la mano acallándolo– No me preguntes como o porque. Solo entiende que cuando discuto con ella es porque a veces hace cosas demasiado imprudentes.

- En verdad la amas –señaló Naruto palmeando a Sasuke en el hombro.

- ¿Alguna vez sentiste que conocías a Hinata de toda la vida?

- ¿Eso te pasa?

- A veces siento que si me descuido por un momento la voy a perder.

Naruto estaba sorprendido y conmovido por las confesiones de su amigo. Sakura lo había hecho cambiar radicalmente y ahora Sasuke podía hablar de sus sentimientos con gran facilidad– Solo un consejo –el moreno lo miró expectante de sus palabras– No la cuides tanto, la podrías asfixiar con tanta atención y sobreprotección –Naruto asintió repetidas veces. Se sentía como todo un consejero amoroso profundamente inspirado.

El Uchiha se aclaró la garganta con los ojos cerrados– Te dije que te fueras a vestir.

Naruto miró hacia abajo, a donde señalaba el dedo índice de Sasuke. La toalla que cubría la parte inferior de su cuerpo se había caído y la desbordante inspiración lo había distraído de sentir la ligera brisa matinal que se colaba por la ventana abierta del apartamento.

- ¿Por qué no puede simplemente estar agradecido que su "angelical" prima está bien? –el tono sarcástico y rabioso de la pelirrosa era palpable, incluso más porque hablaba en voz alta. Hablar de Hinata le provocaba rabia y depresión. Sabía que ella era una parte muy importante en la vida de Sasuke y sin su plena aprobación, su relación tendría una llaga imposible de sanar.

Suki flotaba sin dificultad siguiendo el veloz paso que mantenía Sakura– Si tanto daño te hace, ¿Por qué no te alejas de él? –Sakura paró en seco ante la idea de su hermana. Sus orbes jade se cristalizaron– Últimamente no has sido la misma y me preocupas –la frialdad con que Suki hablaba no encajaba con lo que estaba diciendo.

- ¿De verdad crees eso?

- Claro. Odio admitirlo, pero eras más feliz ayudando a los muertos por tu cuenta que ahora que estás con Sasuke –la chica fantasma se encogió de hombros mientras "pateaba" una piedrecilla solitaria en el camino– Ahora es como si te preocupara más hacer feliz a Sasuke, que a ti misma. ¿Te has olvidado de las almas que tenías en tu interior? Solo piénsalo un momento. Cuando estabas sola pensabas las cosas más detenidamente, no te lanzabas al fuego solo porque alguien corría peligro. Además antes solo yo era tu apoyo, ahora siempre buscas a Sasuke para que te ayude. Pero cuando se trata de temas más personales…

La voz de Suki se volvía cada vez más y más lejana, Sakura sentía que el corazón le dolía y no solo era por las palabras de Suki. Había algo más profundo, más espiritual. Algo que tomaba su alma y la estrujaba, como una mano con enormes garras que se enterraban profundamente, desgarrando su ser como si fuera simple papel arroz. No se conformaba con lastimarla, la jalaba, la arrastraba contra su voluntad, llevándola de regreso a la fría y solitaria oscuridad de la que había salido gracias a Sasuke. Trataba de luchar, su respiración se volvía pesada, le costaba trabajo llenar los pulmones con el vital elemento. La cabeza le daba vuelta por la falta de aire, sus pensamientos y sus ideas eran un rompecabezas con piezas imposibles de encajar. No sabía si lo que veía era la vida real o sus recuerdos o, tal vez, los recuerdos de alguien más. Los músculos de sus piernas comenzaban a acalambrarse, parecía como si hubiera corrido kilómetros enteros sin parar subiendo una pendiente de suelo resbaladizo que se desmoronaba bajo sus pies.

- ¿Qué pasa? –preguntó un joven de cabellos naranjas.

- Silencio Yahiko –gruñó la chica tomándose la cabeza y el corazón– Un alma está siendo devastada.

Yahiko silbó expresando su asombro– Debes ser algo terrible para que tú puedas escucharla.

- Un alma huésped está corrompiendo a su benefactor.

- ¿Crees que se trate de la pequeña pelirrosa?

- Es lo más seguro –Konan tuvo que sostenerse agarrada al brazo de su acompañante– ¿Cómo puede dejar que la lastime tanto?

- Debe tener sus razones –el joven pasó un brazo por los hombros de Konan y luego zafó el otro de su agarre para pasarlo por detrás de las rodillas de ella levantándola del suelo– Necesitamos alejarnos para que puedas descansar.

Konan no dejaba de mirar seriamente a Yahiko. Era como si tratara de leer lo que pensaba– Eso no es aceptable.

- Tal vez ÉL no se interese por lo que te pase –dijo él sin borrar la alegre sonrisa de su rostro– Pero a mi si me preocupa.

Dicho eso, Yahiko empezó a caminar en dirección contraria a donde tenían planeado dirigirse. Pero Konan seguía mirando fijamente por encima del hombro de su amigo un punto en la distancia. Con sus pensamientos dirigidos a Sakura se moría por saber la respuesta a una importante pregunta– ¿Por qué dejas que te dañe de esa manera? En tu lugar yo ya la hubiera exorcizado.

Parpadeó un par de veces deslumbrada por la intensa luz del foco que pendía sobre su cabeza. Lentamente se levantó removiendo la ligera manta que la cubría. Miró hacía abajo y se vio vestida con un camisón blanco que le llegaba hasta las rodillas. Su mirada se distrajo por un momento ante la delgada cánula conectada desde una aguja insertada en el dorso de su mano hasta una máquina que le suministraba un líquido transparente. Bajó lentamente las piernas, pero se quedaron ligeramente suspendidas del suelo por la altura de su lecho.

De un pequeño saltito bajó de lo que, ahora se había dado cuenta, era una cama metálica. Era como las planchas que había en la morgue donde trabajaba su amiga la forense haciendo autopsias. Tambaleándose, al dar el primer paso, decidió apoyarse en la percha de la que colgaba la bolsa con el líquido transparente. Un poco mareada y adolorida buscó una puerta para salir y encontrar a alguien que le explicara donde estaba y porque estaba ahí. Cuando la puerta estuvo a su alcance, estiró el brazo y su mano estuvo a punto de tocar el picaporte cuando la puerta se abrió repentinamente. Una mirada verde y fría, como la de una serpiente, le heló la sangre y la paralizó en su sitio.

Sakura despertó levantándose de golpe, jalando aire con una sola bocanada desesperada.

- ¡Tranquila! ¡Tranquila! –pedía la voz masculina– Respira. Respira. No te alarmes –Sakura inhalaba y exhalaba agitadamente mientras sus ojos se movían frenéticos buscando los ojos verdes que la atemorizaban.

Varias manos trataban de recostarla nuevamente. Pero el miedo la dominaba y dando patadas y golpes bajó de la camilla mareándose y cayendo al suelo por los movimientos delirantes de su cabeza.

- ¡Traigan un sedante! –gritó otra voz en el lugar.

- Pero doctora acaba de regresarla… –decía una mujer.

- ¡Está en estado de shock! Podríamos perderla nuevamente –demasiadas personas y cosas a su alrededor para procesar con la cabeza palpitándole– No puedo dejarla a ella también.

- ¡Aléjenlo de mí! –gritó Sakura tratando de huir de la pesadilla– ¡Sasuke-kun! –un pinchazo y de repente todo se volvió negro.

Una voz dulce y suave, como el arrullo de una madre cantándole a su pequeño. No sabía si la estaba oyendo en realidad o era producto de un sueño, pero le prestó atención. La voz la envolvía y la protegía del resto del mundo, sentía que la canción que le cantaba era un reflejo de su propia alma y sentimientos.

I have secrets, I have scars
As deep as anybody
I have fears no one hears
But don't tell anybody
Sometimes I lie
But doesn't everybody
Sometimes
Doesn't everybody

Sometimes
Doesn't everybody

No pudo escucharla completa, porque volvió a quedarse profundamente dormida.

Sakura parpadeó varias veces tratando de alejar el narcótico sueño de su cuerpo. Tras repetidos intentos por fin pudo pensar claramente, organizó su cabeza y dedujo que estaba en el hospital. Revisó el brazalete que traía en la muñeca y leyó la inscripción "Hospital General de Tokyo".

Estaba en problemas. Si Sasuke se enteraba la mataría. Pero eso podía esperar, su estómago estaba exigiendo a gritos algo de comer. Estaba por pararse cuando escuchó voces en la puerta de la habitación.

- ¡Que día! –dijo una de las voces.

- Vaya que sí. Mira que tener a dos pacientes muertos el mismo día –concordó la segunda voz.

Por lo poco que podía escuchar, eran dos mujeres hablando. Se paró y pegó la oreja a la puerta para oír mejor– Afortunadamente la chica sobrevivió. Me hubiera dado tanta tristeza ver a una chica tan joven morir.

- ¡Imagínate como se hubiera sentido la doctora! Sí perder a un paciente ya es devastador, dejar morir a una chiquilla aniquilaría su espíritu.

- ¿Joven… muerta? –murmuró Sakura por lo bajo.

- ¡Anda, anímate! Tenemos que ir a checar como está la jovencita.

En cuanto escuchó que los pasos se acercaban a la puerta, Sakura corrió a la cama y se metió de un salto bajo las mantas. La puerta de su cuarto se abrió y los pasos ahora se acercaron a su cama. Tras haber escuchado varios "bips" seguidos y el movimiento de una hoja de papel al ser cambiada, la persona que había entrado se fue.

- ¡Suki! ¡Suki! –el rostro de su hermana se formó en su cabeza. Era así que la llamaba cuando estaba lejos, cuando la menor se alejaba de ella tanto que no podía sentir su presencia.

De golpe y sin aviso alguno, Suki apareció atrapando a Sakura en un abrazo, o lo más parecido a uno que podían darse– ¡Sakura! ¡Sakura! ¡Sakura! –chillaba repetidamente la chica fantasma.

- Ya. Ya. Estoy bien, ¿ves?

Suki seguía sollozando, el hipo apenas la dejaba hablar– Tú… tú… tú… –aulló descontroladamente la hermana de Sakura.

Los ojos de Sakura se abrieron enormemente y por un momento su corazón y su respiración cesaron– ¿Yo qué?

- Tu respiración se detuvo.

- Eso es imposible –negó asustada Sakura.

- La doctora no podía resucitarte. Durante tres minutos estuviste sin respiración.

Sakura se sentó en la cama rodeando su propio cuerpo con sus brazos– ¿Cómo es que sigo viva?

- El Shinigami estuvo aquí –dijo Suki recuperándose del llanto– ¿Crees que haya sido él quien te salvó?

- Debo hablar con él.

- ¡Que frio hace aquí! –una mujer en bata blanca entró sin anunciarse a la habitación de Sakura– Veo que ya despertaste.

- Hn –confirmó la pelirrosa volviendo a acostarse con Suki parada en la cabecera.

Quien Sakura supuso era la doctora, se sentó despreocupada en la cama junto a ella– ¿Cómo te sientes? Nos diste un buen susto

- Bien, gracias –la pelirrosa se sonrojo sin saber porque– Lo siento.

- Cuando los paramédicos te trajeron no encontraron ninguna identificación –la mujer acomodó un mechón de cabello tras la oreja de Sakura– ¿Cómo te llamas?

La pelirrosa intercambió una fugaz mirada con su hermana– Suki.

- ¡Qué bonito nombre, Suki-chan! –no sabía porque, pero esa mujer y su maternal comportamiento la hacían sentir cómoda. La analizó tratando de encontrar el origen de ese sentimiento. Sus ojos del color de la miel, su cabello rubio en dos coletas y la calidez de su sonrisa la tranquilizaban– ¿Puedes darme el teléfono de tu casa para llamar a tus padres? –o eso pensó hasta que la mujer realizó esa pregunta.

- ¿Que digo? –chilló internamente– Está en un viaje de negocios –habló tan rápido que ella apenas pudo entender sus propias palabras– Vivo solo con mi padre, pero ahorita está en un viaje de negocios y regresa hasta pasado mañana.

- ¿Hay alguien más a quien pueda llamar? –preguntó levantándose de la cama y sacando una manta gruesa de una cajonera.

- Hnn –negó Sakura sintiéndose culpable por mentirle a la mujer que la envolvía con una manta para protegerla del frío de la habtiación.

La doctora peinó un poco el cabello de Sakura con sus manos y apretó su rostro juguetonamente– No hay problema, de todos modos te tenemos que tener bajo vigilancia por unos días.

La mujer ya la había soltado y ahora se dedicaba a ver los instrumentos que le proporcionaban suero y medicamentos. Sakura se sintió tonta por extrañar el contacto físico, era la primera vez que le pasaba con otra persona que no fuera Sasuke.– Doctora…

- Llámame Tsunade –agregó la mujer con una sonrisa.

- Tsunade-sensei(*) –repitió tímidamente Sakura sonrojándose un poco. La reacción fue tan inesperada que la pelirrosa se tomó el rostro con ambas manos preguntándose internamente– ¿Qué me pasa?

- Voy a estar dándote vueltas para asegurarme que estás bien –dijo despidiéndose después de acariciar la cabeza de la chica.

Sakura asintió llena de alegría de saber que la volvería a ver pronto, pero luego se dio cuenta que no era tan buena idea quedarse en el hospital tanto tiempo. Tarde o temprano tendrían que comunicarse con algún familiar o persona responsable para reportar su "pasajero fallecimiento" y ahí empezarían los problemas.

Suspiró vencida por la idea de tener que fugarse. Dejó caer la manta de sus hombros y se levantó para buscar en la cajonera alguna prenda que ponerse para iniciar la inevitable huida.

- Esa mujer es muy agradable –dijo Suki dejándose llevar por el viento, flotando por toda la habitación como una pluma al viento.

- Si, lo sé –Sakura hizo un gesto buscando la forma de poner en palabras lo que la doctora la había hecho sentir– Fue como encontrar a una madre. A una verdadera madre.

- No hables de esa manera –inmediatamente la chica fantasma se paró desafiante junto a su hermana– Tenemos una madre.

- TENÍA una madre y ella me abandonó. Para mi está muerta –Sakura había encontrado su ropa y se la estaba poniendo cuando sintió que alguien la veía. Alguien aparte de Suki estaba en la habitación– ¿Quién está ahí? –preguntó mirando a todos lados terminándose de vestir rápidamente.

- Pues yo, tonta.

Sakura negó "tapándole" la boca a Suki con una mano– ¿No lo oyes?

- No –Suki miró a su hermana con clara confusión en su rostro– ¿Qué no oigo?

- Esa risita.

- Debe de venir de afuera.

- No, proviene de aquí adentro. Estoy segura –decidida a encontrar el origen de la risita burlona, Sakura caminó con los ojos cerrados concentrándose así en el sonido que solo ella parecía escuchar. Su audición la llevó hasta la puerta del baño. Tomó el picaporte y abrió la puerta de golpe.

- Lamento si te asusté, pero tu conversación me pareció tan graciosa.

Sakura se palmeó el rostro con la mano abierta– ¿Cómo no me había dado cuenta antes? Estoy en un hospital, es obvio que habrá muertos por doquier.

- Por cierto… ¿podrías decirme porque te abandonó tu madre? –preguntó curioso el chico "sentado" sobre el retrete– Digo, a menos que seas una de esas chicas que se droga o que se salta las clases y reprueba constantemente…

- Creo que es un poco obvio –dijo Sakura mirando a Suki, ambas asintiendo como si todo el mundo supiera la razón.

- No, no lo es.

- Mi madre me abandonó por que hablo con personas como tú.

El chico se señaló a si mismo incrédulo– ¿Personas… como yo? ¿Jóvenes simpáticos y bien parecidos?

- No idiota, fantasmas –aclararon Suki y Sakura al unísono.

- ¿Solo por eso? Pues a mí me parece genial. ¿Y dime has visto alguno por aquí? –Sakura entrecerró los ojos al ver que el chico se asomaba a su habitación buscando a los dichosos fantasmas– ¿Por qué me miras así?

- Porque es obvio que tú eres uno –la pelirrosa estiró la mano con la intención de atravesar el cuerpo pero sus dedos chocaron con el sólido rostro del chico.

- ¡Auch! ¿Por qué me picas el ojo? –se quejó el chico tapándose el ojo derecho con ambas manos y retrocediendo varios pasos para alejarse de Sakura.

- ¿Tú no estás muerto? –balbuceó la chica dando varios pasos hacia atrás también alejándose.

El chico estiró la mano tratando de tocar a la pelirrosa pero ella le dio un manotazo evitando que la intención se viera concluida– ¿Por qué me vuelves a pegar? Solo trataba de mostrarte que estoy tan vivo como tú.

- ¿Y qué haces en mi cuarto?

- ¡Shhh! Me estoy escondiendo de la enfermera asesina.

- ¿Enfermera asesina? –preguntó Sakura extrañada.

- Si, dicen que por las noches una enfermera entra a tu cuarto y te mata mientras duermes. Nadie ha visto su cara, pero dicen que es horrible –los ojos jade rodaron hartos y la chica se dio la vuelta dispuesta a salir de la habitación.

- ¿Cómo pueden decir que es horrible si no han visto su cara?

- Lo está inventando todo –concluyó Suki atravesando al chico y provocándole un escalofrió que lo recorrió de pies a cabeza– Seguramente quería espiarte.

- ¿Sentiste eso? –preguntó el chico dando vueltas para buscar la brisa helada que había sentido– Si te vas voy a llamar a la doctora Senjuu y te van a amarrar a la cama por intentar escapar.

- Hazlo –lo retó Sakura abriendo la puerta y asomando el rostro para buscar algún obstáculo en su huida. Pero se dio cuenta que una mujer vestida de blanco iba en dirección a su habitación y cuando volteó buscando al chico lo encontró apretando un botón rojo sobre su cama– ¡Te voy a matar! –gritó la pelirrosa arrojándose sobre el chico.

El chico se deshacía de la risa mientras Sakura lo sometía con su propio cuerpo sentándose sobre él en la cama– Nunca me retes –decía entre risas tratando de evitar que la chica le quitara el botón de auxilio.

- ¿Qué sucede aquí? ¡Yukine! ¿Qué haces fuera de tu cuarto? –preguntó la enfermera quitando a Sakura de encima del chico.

- Solo estaba dando un paseo y me encontré con Suki, que trataba de huir del hospital.

- Eres un soplón –gruñó Sakura soltándose del agarre de la enfermera y lanzándose nuevamente sobre Yukine estrellándolo en el suelo. La pelirrosa no paraba de darle golpes con los puños cerrados a lo que al chico no le quedaba de otra más que tratar de protegerse con los brazos sobre el pecho y el rostro– Solo eres un bocón, entrometido.

- ¡Basta Suki! ¡Basta!

La mujer no podía quitarle de encima a la chica a Yukine, pero en lugar de estar sufriendo, el chico parecía estar disfrutando de lo lindo el ataque de la pelirrosa. Hasta que Sakura se puso roja como la alarma de emergencia que estaba prendida sobre la puerta de su cuarto. Y es que las manos de Yukine estaban dándose un festín apretando su bien torneado y firme trasero. Eso hizo explotar la ira de Sakura.

- ¡Estás muerto! –gritó Sakura con lágrimas en los ojos y atinando un fuerte golpe que logró atravesar la barra defensiva directo contra el centro del rostro de Yukine.

La sangre brotó inmediatamente de la nariz del chico, manchando la mano de Sakura y corriendo por el rostro hasta el suelo junto a la cabeza de Yukine. Fue hasta ese momento que un par de enfermeros entraron a la habitación y quitaron a una impetuosa combatiente de encima del chico lesionado. Sakura fue puesta en la cama y sujetada fuertemente por los dos hombres que, con mucho esfuerzo, lograban inmovilizarla.

- Traigan un sedante.

- No, no –rogó Sakura dejando de pelear– Ya, ya. Dejo de pelear, pero llévense a ese tipo fuera de mi vista –los ojos jade miraban con odio a Yukine, aún tirado en el suelo tomándose la nariz.

Uno de los enfermeros soltó a Sakura y sacó a Yukine cargando– Estás en serios problemas jovencita –sentenció la enfermera– En cuanto tu padre regrese sabrá de lo sucedido.

- Él no va a venir –la mirada de Sakura bajó oscurecida por la tristeza– Quiero hablar con Tsunade-sensei.

- Ya me dijeron lo que sucedió Suki-chan, ¿podrías explicarme porque golpeaste tan fuerte a Yukine?

Con la mirada clavada en sus manos, Sakura suspiró larga y sonoramente. La rubia pensó que la niña frente a ella se veía demasiado cansada para la edad que tenía– Hace un par de meses, un hombre trató de abusar de mí.

- ¡Oh, kami-sama! –Tsunade no pudo esconder su sorpresa y horror ante la confesión de Sakura.

- Y respecto a mi padre… yo no tengo padres.

- Entonces, ¿vives sola?

Sakura negó con la cabeza– Vivo con…

La puerta se abrió de golpe y en tres pasos un hombre llegó al lado de la cama de Sakura– Quieres matarme, ¿verdad? Eso es lo que quieres. ¿Contéstame, Sakura? Contéstame ahora mismo, porque te juro que…

- ¿Disculpe? ¿Quién se cree para entrar de ese modo y amenazar a mi paciente? –gritó Tsunade rodeando la cama hasta tener al intruso al alcance.

- ¡No espere, Tsunade-sensei! –rogó alarmada la adolescente parándose sobre la cama tratando de detener a la rubia que había tomado al hombre por el cuello de la chaqueta– Es lo que iba a explicarle. Yo no vivo con mis padres. Vivo con...

- Detective Uchiha Sasuke –se presentó el moreno tomando ambas manos de la mujer y quitándoselas de encima– Vine porque me llamaron de emergencia por un paciente llamado Sakura –dijo asesinando con la mirada a la chica.

- Pero tú dijiste…

- Mentí –confesó Sakura tirándose en la cama– Mi nombre es… Sakura, Haruno Sakura.

Sasuke olvidó por un momento lo que estaba sucediendo y miró a la mujer con ellos– ¿Podría hablar con el doctor a cargo de su caso?

- Esa soy yo –la mujer se cruzó de brazos desafiando a Sasuke con la mirada– Senjuu Tsunade. Pero temo que no puedo darle los pormenores médicos de mi paciente, detective, a menos que Sakura esté siendo investigada por un caso y traiga con usted una orden judicial.

- Soy su novio y única persona responsable de ella –masculló Sasuke conteniendo la ira creciente ante la arrogancia de la hermosa mujer.

- Sasuke-kun –balbuceó Sakura– ¿Podrías no intentar matar a mi doctora?

- Explícame porque hasta ahorita me entero que algo te pasó.

- Fue solo un desmayo…

Tsunade puso una mano sobre la cabeza de Sakura peinando el cabello hacia atrás– ¿Podemos hablar afuera, detective?

Sasuke conocía perfectamente el tono que utilizaba la gente cuando no querían decir algo frente a otros. La mujer doctor seguramente quería decirle algo sin que Sakura escuchara o que los interrumpiera. Por fin encontraba alguien que parecía estar de su lado– Claro –el Uchiha siguió a la mujer no sin antes advertirle a Sakura con la mirada que hablaría muy seriamente con ella y de paso le dio un golpe en la nariz como un "ahorita nos vemos".

- ¡Estás en problemas! –canturreó divertida Suki.

- Estamos –corrigió Sakura acostándose en la cama cubriéndose con la almohada el rostro– Sasuke sigue insistiendo en que debo romper mi unión contigo. Según él dice que me estás haciendo daño, pero yo creo que es algo más.

- Tal vez está relacionado con la falta de almas –Suki trataba de imaginar que podría estar dañando a Sakura pero era algo sumamente complicado, ya que nunca antes lo había padecido.

- Eso también me tiene preocupada –dijo la pelirrosa pensativa– Nagato nunca me dijo si eso podría pasar. Mira que decenas de almas desaparezcan y quien sabe desde cuándo.

Suki se sentó a los pies de la cama tomando la misma pose pensativa que su hermana– Dices que nunca sentiste su partida –Sakura negó mordiéndose la esquina del labio– Yo no había creído necesario buscarlos, pero tampoco he podido contactar con ellos. Es como si se hubieran esfumado.

- Como si se hubieran esfumado en el aire –soltó distraídamente sin decírselo a nadie en especial.

- ¿Hablando con fantasmas? –la voz de Yukine la asustó haciéndola dar un pequeño brinco de sorpresa.

- ¿Qué haces aquí? ¿No entendiste la última vez que no te quiero cerca o necesitas que te lo deje más claro? –amenazó Sakura bajando de la cama.

Yukine levantó las manos en forma de defensa– Vine a pedirte disculpas. Aunque no puedes culparme de todo. Tú estabas sobre mí y pues como soy un chico tan atractivo pensé que lo que tú querías era que te diera algo de atención.

- ¿Tocando mi trasero? –gritó la pelirrosa dándole un empujón por el pecho.

- Solo fue una pequeña caricia –Yukine minimizó la invasión de la intimidad de Sakura– Nada de importancia.

- Lo será para ti, pero para mí no lo es –Sakura seguía empujando a Yukine hasta acercarlo a la puerta– Ahora vete a tu cuarto y déjame sola.

- Si me dices que me perdonas me iré –una sonrisa arrogante adornaba el dulce rostro del chico. Una dulzura y alegría que enmascaraba a un pervertido según pensaba Sakura.

- Quédate si quieres, pero no voy a perdonarte. Eres un pervertido –fueron las palabras de la chica antes de regresar a la cama y esconderse bajo las mantas. La pelirrosa pudo escuchar las pisadas de Yukine acercándose a su cama– Dime que no es él –suplicó mentalmente esperando que Suki la escuchara.

- Me temo que sí, pero no sé lo que piensa hacer –dijo Suki viendo desde afuera del escondite de su hermana– Está revisando el aparato que te da suero y viendo como caen las gotitas… Oh, oh.

- ¿Qué suce…? –pero antes de que pudiera terminar su pregunta, sintió como alguien se paraba sobre ella a horcajadas en la cama. Inmediatamente se destapó el rostro para ver que estaba pasando. Yukine estaba encima de ella mirándola con la cabeza ligeramente ladeada– ¡Bájate! ¡Bájate! –pedía Sakura con los ojos cerrados y lágrimas escurriendo por sus sienes.

Y en un segundo el peso sobre ella desapareció y al abrir los ojos vio a Sasuke sometiendo a Yukine contra el sofá. El cuerpo del detective cubría al de Yukine sin ninguna dificultad, mientras con el brazo aprisionaba el cuello del chico– Vuelves a acercarte a ella y te juro que no volverás a ver la luz del día –masculló Sasuke de manera verdaderamente aterradora.

Tsunade que entró tras él no pudo decir nada al ver el rostro de Sakura bañado en lágrimas– Detective, por favor.

- ¿Por favor? –Sasuke miró de reojo a la doctora y la fulminó con sus amenazantes orbes negras.

- Solo estaba jugando –se defendió Yukine como si hubiera sido algo sin importancia tratando de disimular el creciente miedo que le provocaba el hombre y su mirada aterradora.

- Pues yo no estoy jugando –dijo Sasuke dejándole ver al chico el arma oculta bajo su chaqueta a la altura de sus costillas.

- Ok, ya entendí –chilló Yukine al ver que la amenaza del hombre era cierta y sin titubeos.

Cuando Yukine se paró dejó una mancha en el sofá y un líquido escurría por sus piernas. Tsunade sacó al chico de la habitación y dejó a la pareja a solas para que pudieran tranquilizarse.

Sakura no esperó más y corrió a los brazos de Sasuke, aun sollozando– ¡Sasuke-kun! ¡Sasuke-kun! ¡Sasuke-kun!

- Tranquila, aquí estoy –Sasuke la envolvió en un abrazo protector y la arrulló al mismo tiempo que la levantaba en brazos para acomodarla en la cama y recostarse con ella.

Después de que Sakura se calmó sintiéndose protegida por los brazos de Sasuke, levantó la mirada– ¿Tsunade-sensei te lo dijo? –el detective echó la cabeza un poco para atrás para mirar a Sakura y al no decir nada, ella se armó de valor– Dejé de respirar por unos minutos.

- Me lo dijo la doctora, pero no entiende como a una chica de tu edad pudo haberle pasado eso –Sasuke suspiró– Le dije que has estado bajo mucha presión en la escuela y que la vida de adolescente no te ayuda mucho.

- ¿La vida de adolescente? –preguntó Sakura hincándose en la cama.

- ¿Qué querías que le dijera? ¿Qué ves fantasmas y que tu alma es como un hotel para espíritus vagabundos? O que el alma de tu mejor amiga es la que está matándote y tú te niegas a ver que así es.

- Suki no me está matando –para la pelirrosa lo que decía Sasuke de Suki era una mentira. ¿Cómo podría ella estar dañándola si era su propia hermana?– Ella sería incapaz de hacerme daño.

Los ruidos en el pasillo y los gritos de las enfermeras alertaron a Sasuke– Espera aquí –le advirtió seriamente. Al asomarse por la puerta vio a varias personas corriendo por el pasillo y entrando con un carrito a un cuarto al final del corredor.

- ¿Qué sucede? –Sakura se asomaba por debajo del brazo que el moreno tenía recargado en el marco de la puerta.

- Parece que hay una emergencia médica. Tal vez alguien sufrió un paro cardiaco o respiratorio –murmuró Sasuke en tono sarcástico.

La chica bajo su brazo miró hacia arriba entrecerrando la mirada– No es momento de hacer bromas.

- Pues no es broma. Solo digo que esa persona no va a ocultarle a su novio lo que le pasó y tratará de escabullirse del hospital dando un nombre falso.

Sakura abrió los ojos enormemente al escuchar eso– ¿Qué? No, yo solo…

- Lo sé todo, Sa-ku-ra –Sasuke tomó las mejillas de su novia y las estiró lo más que la piel se lo permitió. O tal vez un poco más.

El teléfono sonó interrumpiendo la tortura a la que Sakura era sometida a manos del tirano Uchiha. Ella fue a contestar mientras masajeaba su mejilla con la mano libre– ¿Diga?

- ¿Lo ves? Te lo dije –la voz al otro lado del teléfono era sin duda la de Yukine– La enfermera asesina ya vino por alguien más.

- ¡Yukine, basta de juegos! –reclamó Sakura pero el chico ya había colgado. Con el ceño fruncido ella colocó el auricular en su lugar y se mordió la esquina del labio.

- Voy a romperle las manos a ese chiquillo –dijo Sasuke furioso.

- No, espera –Sakura detuvo a su novio antes de que fuera y cumpliera su amenaza– Yukine me dijo que hay una mujer, una enfermera que visita a los pacientes por la noche y...

- He oído ese cuento mil veces, Sakura –la tomó por los hombros y la giró para llevarla de regreso a la cama. La ayudó a subir y la arropó cariñosamente– Cuando mi mamá estuvo en el hospital las enfermeras me contaban que los pacientes les decían que una enfermera con un uniforme antiguo los visitaba por las noches y les hacía compañía o los cuidaba asegurándose que nada les hiciera falta. Era una mujer de buen corazón que ayudaba a los enfermos a pasar mejor el rato.

- Pues el relato del pervertido de Yukine es diferente –dijo Sakura haciéndose a un lado para que Sasuke se recostara junto a ella– Él dice que ella visita a los pacientes y ellos amanecen muertos.

- Seguramente es imaginación suya. No le hagas caso.

- No lo creo. Siento que aquí hay algo más.

El detective se agachó sobre el rostro de su novia y depositó un beso sobre su frente– Deja de pensar en eso.

- Pero… –refunfuñó la pelirrosa golpeando el lado vacío de la cama.

- ¡Descansa!

En cuanto el detective se hubo acostado, Sakura se acomodó sobre su pecho escuchando atentamente el latido del corazón de su novio– ¿Te vas a quedar?

Sasuke se rio ante el infantil puchero de su novia– No puedo.

- Pero… –Sakura no quería dejarlo ir porque sabía que no podría dormir sin tenerlo a su lado. Sus brazos eran el pedacito de cielo que la acunaba protectoramente y sus latidos la canción de cuna que la arrullaba para dormir.

- Me quedaré hasta que te duermas.

- No podré dormir si sé que te vas a ir –negó aferrándose a la camiseta de él, pero Sasuke la tomó por los hombros y la obligó a mirarlo.

- No me puedo quedar –Sasuke estaba mintiendo para castigar a Sakura y a su eterna disposición a no contarle lo que le pasaba.

- Por favor –rogó Sakura usando lo último que le quedaba. Lentamente comenzó a subir por el pecho de Sasuke hasta quedar completamente encima de él. Con ojos suplicantes besó al hombre en los labios, dulce y despacio; mordiendo el labio inferior para obligarlo a abrir la boca y cederle el paso a un contacto más profundo e íntimo.

Sasuke no pudo resistirse y enredó un brazo alrededor de la cintura de la chica para apretarla contra su cuerpo. Con la otra mano empezó a acariciar la piel de los muslos de Sakura subiendo hasta encontrarse con la orilla de su ropa interior. Al no sentir resistencia por parte de ella, se aventuró a subir más hasta que su mano tomó por completo el trasero de Sakura.

- Lamento haberme tardado, pero tuvimos una emergencia… –la enfermera que entraba se encontró con Sakura parada como un soldado dando la espalda a la cama y Sasuke sentado al otro extremo del colchón– ¿Sucede algo malo? –preguntó extrañada la mujer.

- No, nada –negó Sakura totalmente sonrojada– Yo iba al baño cuando usted entró –dicho eso corrió al baño jalando la cosa con el suero colgando.

Sasuke suspiró frotándose la nuca– ¿La doctora sigue en guardia?

- ¿La doctora Tsunade?

- Hn –asintió Sasuke.

- Si, está haciendo rondas pero pronto terminará –informó amablemente la inocente enfermera– ¿Se le ofrece algo?

- Solo iba a decirle que voy a pasar la noche aquí para cuidar de Sakura.

La mujer sonrió ante el gesto tan tierno de parte de Sasuke– Es lindo ver que los hermanos se apoyan.

- Sakura no es mi hermana –aclaró Sasuke sintiéndose por primera vez incomodo al decir lo que los unía en voz alta y frente a una desconocida– Ella es mi novia.

- Le informaré a Tsunade-sensei de su estancia –la enfermera borró toda sonrisa de su rostro y miró reprobatoriamente a Sasuke.

- Y dígale que necesitan cambiar el sofá, el chiquillo que estuvo aquí lo dejó mojado.

- Claro que le diré, todo.

Sasuke se preguntaba porque la gente era tan prejuiciosa ante su relación con Sakura. Si, ellos se llevaban un par de años, tal vez más de lo que muchos creían razonables; pero para ellos no había ningún problema por la diferencia de edad. ¿No podían alegrarse de que ambos fueran felices y ya?

- ¿Ya se fue? –Sakura se asomó por una pequeña abertura de la puerta del baño.

- Podemos seguir donde estábamos –sugirió Sasuke abrazando a Sakura y repartiendo besos por el cuello de la chica.

- Aquí está la ropa para su cama –la misma enfermera volvió a interrumpir el momento entre los novios, quienes se encontraban de camino a la cama. Sasuke tomando la mano de Sakura como si la estuviera ayudando a caminar– Los de mantenimiento no tardan en venir a llevarse el sofá y traer otro.

- Gracias –masculló harto de las interrupciones.

- ¡Te vas a quedar! –Sakura saltó y se colgó del cuello de su novio hundiendo la cara en el cuello de Sasuke.

- Solo espero que la enfermera metiche no venga a estar revisándonos a cada rato –Sasuke echó el cabello de Sakura hacía atrás y deposito un beso en su frente– Tienes que descansar. Vete a dormir.

- Hn –asintió ella y regresó a la cama.

El ruido en el pasillo y las voces gritando órdenes despertaron a Sasuke. Tsunade corría en dirección a otra de las habitaciones con varias personas pisándole los talones. Tras varios minutos de trabajo, la rubia salió del cuarto pateando y maldiciendo al aire.

Sasuke echó un vistazo por encima de su hombro y vio que Sakura dormía profundamente. Cerrando la puerta tras de sí, el detective fue a hablar con Tsunade.

- ¿Sucede algo?

- Es el cuarto paciente que pierdo ésta semana –la rubia se recargó en la pared y se deslizó hasta quedar sentada en el suelo.

La devastación, tristeza y frustración inundando su aura. El sentimiento era tan fuerte que Sasuke se sentía abrumado de sentir algo tan potente proviniendo de una única persona. Pero era algo que él entendía, porque así se sentía él cuando no podía resolver un caso o cuando los delincuentes se le escapaban de las manos por pequeñísimos, diminutos, detalles.

- ¿Ha notado algo raro? ¿Algo que no concuerde entre las muertes y la salud de sus pacientes?

- Todos ellos eran pacientes terminales, pero aún no les quedaba tiempo que disfrutar –sollozó la rubia tomándose la cabeza con ambas manos– No entiendo que pasó.

- ¿No tendrá un ángel de la muerte entre su personal?

Tsunade sintió que la vida se le iba del cuerpo ante esa pregunta….

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Haz caso a tus presentimientos, es tu inconsciente diciéndote que algo anda mal a tu alrededor
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