-Mocosa...- vociferó entre dientes el mago. Alzó la mano, pero nada sucedió. Su mandíbula tembló con sorpresa y horror. Erasmus se examinó el cuerpo. Ya no había tatuajes en su pìel. Solo era la piel arrugada, pálida y con venas azuladas del hombre que había sido hace más de quinientos años. -No puede ser...- gruñó, mientras su voz fracasaba en ocultar el enorme pánico que lo invadía.- Mis poderes se han ido!- Rabioso y apretando los dientes, se acerco a tomar una enorme piedra del suelo. La pelirroja apenas se movía, pero respiraba con normalidad.
-Te mataré cueste lo que cueste, niñita molesta.- rugió enloquecido el anciano. Meimi abrió los ojos, y soltó un gemido de horror.- Me quitaste mis poderes, pero yo te quitaré la vida...- sus ojos se desorbitaban con locura. -Ah!-
Erasmus cayó al suelo, como si fuera un pordiosero en medio de su fardo de ropas desgarradas y manchadas de sangre púrpura. La piedra cayó de sus manos también. Frente a él, la figura plateada y reluciente de Jack en su armadura lo miraba con profundo odio.-
-Que decías de quitar la vida, gusano?- expresó el último heredero de los Lancaster. Su voz estaba llena de oido. Meimi nunca lo había visto tan serio y furioso.- Ya nos hiciste bastante daño.-
-Lancaster...Lancaster...-farfullaba el viejo monje, completamente eufórico y enloquecido. Antes de que pudiese hacer algo más, la espada de Jack le atravesó el corazón, mientras un grito ahogado se extinguía en su garganta. Su cadáver quedó tendido en el suelo seco de aquel paisaje desolado. Jack se apresuró para ayudar a Meimi con sus heridas. Lanzando un hechizo sobre ella, la chica dejó de sentir dolor en el plano físico y en el plano onírico. Jack la miró con ternura paternal mientras la sostenía en brazos.
-He roto el hechizo de ese mequetrefe. Se habrán curado tus heridas en la vida real. Si no fuera por tu madre que me ayudó a volver gracias a los escritos que rescataste, estarías perdida.- Meimi abrió los ojos de golpe. Se había olvidado de las transcripciones y estudios de Seira.- Ah!. Que tonta fui!- chilló la joven...- Me dejé llevar por la pesadilla falsa que ese malvado me hizo tener... Y después, al ver a mis padres sometidos por él...perdí la calma...- susurró recargando su cabeza en el pecho de Jack.
-Son lecciones de vida, pequeña amiga. No te sientas mal. Cualquiera que hubiera sabido que las personas que más ama están en peligro, se alteraría así. Te admiro mucho. Alguien tan joven como tu muestra un gran valor y nobleza y eso es algo poco común. Yo no pude salvar a Margaret. Y eso, aún me resulta muy doloroso. Pero te tengo a ti, Meimi. Me recuerdas no sólo a Margaret, en personalidad. Mi mujer Aileen también era pelirroja...- Jack abrazó a su amiga, que soltó una risa tierna.- Tu le diste alegría a mi vida cuando la creí perdida.
-Jack, me duele no volverte a ver...- gorjeó la pelirroja.- Saber que esto es una ilusión y despertaré, y no te veré de nuevo ni podré abrazarte me pone muy triste...- una lágrima solitaria salió del ojo de zafiro de la chica...- El joven Jack le acarició la cabeza mientras la muchacha se aferraba a él.
-Siempre regresaré cuando me necesites. Mientras el hechizo no se vuelva a romper, estaré en tus sueños..- La voz de noble inglés se tornaba distante. - Borraré la memoria de tus padres y tu amiga Seira. No recordarán nada de este incidente. Cuida de tus amigos, y de tus padres!-
-Jack...espera...- gemía Meimi entre sueños, tumbada en su cama. Ya era de día. - Ah!- chilló la muchacha, levantándose de golpe.- ¿qué?- El sol inundaba la habitación. Parecía una mañana tranquila en Seika, los pájaros trinaban y el viento soplaba gentilmente. Sobresaltada, recordó que quizás llegaría tarde a la escuela si no se apresuraba, hasta que reparó en el calendario sobre su pared, arriba de la jaula de Ruby. Era un día sábado. Suspirando y con el corazón dándole vuelcos, bajo por la escalera donde sus padres ya la esperaban para desayunar.
El resto del día transcurrió sin contratiempos, aunque la tristeza de Meimi por no poder ver a Jack de nuevo la invadía. Cerca del mediodía, fue con sus padres al hospital donde Seira estaba siendo dada de alta. Las amigas se abrazaron y saludaron con gran júbilo y alegría, aunque la siempre apresurada novicia tuvo que irse de inmediato para retomar sus actividades y responsabilidades como monja en entrenamiento. Meimi volvó a casa con sus padres después de un día normal de supermercado con ellos en el centro de la ciudad.
Era la tarde y el sol se estaba poniendo. Alguien toco la puerta del joven detective Asuka, que se distraía jugando su videojuego favorito de carreras de autos.
-Hola...-Meimi estaba en la puerta, sonrojándose y sonriendo de manera muy tímida. Daiki le devolvió un gesto amable, lo que hizo que la muchacha clavara los ojos en el piso, sin saber que hacer.
-Haneoka, vas a quedarte callada en la puerta o me dirás en que te puedo ayudar?- gruñó el joven forzando una risa.-
-No..no...n-no...- farfulló la pelirroja.- Sólo venía a saludarte.- Gracias por todas tus atenciones con el caso de Seira...- su voz se volvió un hilo mientras el joven sonreía compasivamente.
-¿Por qué no pasas y bebes algo?- la invitó. - La aturrullada chica lo siguió tras de la puerta. Unos minutos más tarde, el joven le tendía un vaso de agua que la joven aceptó sin mirarlo. Estaba sumamente nerviosa y avergonzada. No sabía como agradecerle al detective amateur lo mucho que había hecho por ella en los últimos días.
-Daiki, me gustaría pedirte algo.- finalmente habló al terminar de beberse el agua.- Quiero...que guardes un secreto...- el joven abrió lentamente la boca, expectante...Algo se revolvía dentro de Meimi, no sabía si era el paso correcto a dar. Pero quizás era lo mejor. Revelar uno de sus secretos más preciados al chico que le gustaba...-
-Que pasa, Meimi...?- el joven parecía confuso.- Alguien te lastimo? Dime y lo atraparemos!- sentencio el joven agitando uno de sus puños.
-N-n-no...yo..yo soy...-yo...- se estaba poniendo cada vez mas colorada y se hundía en el sillón de la sala de la casa de Daiki.-Yo...-
-Eh...-no entiendo que esta sucediendo. Te sientes bien, Meimi?- inquirió el muchacho. Se acercó a la joven, que murmuraba algo que el chico no entendía
-ME GUSTAS!- le gritó tan fuerte que el joven saltó de miedo hacia atrás. - Sí ,bobo, me gustas!- La chica resoplaba y resollaba de estrés mientras el color carmín comenzaba a desparaecer gradualmente de su cara.-
-Me asustaste, Haneoka!- gruño el detective- Pensé que era algo de verdad grave, pero...solo es eso? Bah!-
-¡ERES UN TONTO!- chilló Meimi, y salió como un huracán hacia la puerta.- Espera Meimi, a donde vas? - Daiki le cerró el paso mientras la muchacha pujaba y suspiraba, sin ganas de luchar. Y sin avisarle, le robó un beso. La pelirroja no se resistió y le devolvió el gesto de manera bastante torpe. Solo pudo soltar una risita tonta después de que se separaron. Tras mirarse brevemente a los ojos, se abrazaron.
-Entonces...- murmuró ella...- Ya somos novios?...-
-No lo sé... Aunque no sería mala idea...-
-Siempre tan indeciso...- bufó la chica...- Que más estas esperando...-
-Ah...no lo sé...-
La calma había regresado a Seika. Al fin Daiki y Meimi dejarían de pelear, por el momento...
