Hola jejeje pues creo que mejor no digo nada ^.^u, amm la historia es de Carol Townend y los personajes de Masashi Kishimmoto, y que por favor el esté bien con esto del temblor en Japon no, no, no espero que todos esten bien, sin más aqui esta el siguient capi.

Hinata dejó a Matsuri a cargo de los dos bebés y acompaño a Kurenai a la buhardilla. Sobre la cama había un vestido de seda de damasco de color granate y un corpiño escotado.

-Oh, no, esto es demasiado fino para mí.

-¡Tonterías!

Kurenai también había encontrado un velo de color crema a juego con el vestido y un par de zapatos de cuero negro.

Al verlos, Hinata se quitó las botas y se los probó.

-¡Me quedan bien! Oh, Kurenai, mirad que suave es la piel.

Kurenai puso una cálida sonrisa

-Diría que son mejores que los que habéis tenido en mucho tiempo.

-Son tan bonitos que no me gustaría estropearlos caminando con ellos en el exterior.

Kurenai sacó una bobina de hilo de su costurero y cortó un poco de hilo.

-Quitaos el vestido, cariño, y dejad que os tome medidas para arreglaros el de seda.

-Kurenai, no estoy segura respecto al vestido…

-Tenéis que poneros algo, cariño, y puede ser el de seda.

Y así, al cabo de un momento, Hinata estaba de pie, en ropa interior, mientras Kurenai le tomaba medidas.

-Sois más bella que vuestra hermana.- dijo Kurenai. –y os has desarrollado mucho mi pequeña niña.

Hinata sonrió un tanto sonrojada.

-Shion es más hermosa que yo, así que no deberías mentir Kurenai, eso lo eh sabido siempre.

-No deberías pensar eso mi niña, bien sabes de tu belleza tanto interior como exterior, ahora dejadme mediros el pecho…- dijo Kurenai al ver que se sonrojaba, añadió. –No hace falta que seáis tímida conmigo.- dijo ella. -¿Quién os lavaba la ropa cuando Neji os perseguía en el riachuelo? ¿Quién…?- Kurenai miró de reojo. –Tanto pudor está bien en un convento, pero en una mujer casada…A él no le gustará.

Kurenai continuó hablando mientras le tomaba las medidas de las caderas, los brazos, las piernas… Con cada medida que tomaba, hacia un nudo en la hebra del hilo.

-Dejad que os vea con el corpiño de seda.- dijo Kurenai, y buscó alfileres en el costurero. –Será fácil de ajustarlo por la espalda. El vestido de seda será más difícil de arreglar. Espero tenerlo listo para las tres.

-Agradezco que hagáis esto, Kurenai, pero no debéis preocuparos si no está terminado.

-Lo estará.- dijo Kurenai. –Otro día podemos mirar el resto de los vestidos, también hay algunas telas en el armario. Le servirán sir Naruto. Hay suficientes cosas para sus hombres, si es que vais a seguir la tradición de vuestra madre. Como esposa de sir Naruto, debéis aseguraros de que vuestro marido y sus hombres vayan vestidos. Vuestra madre le entrego a cada uno de los hombres que trabajaban para vuestro padre una túnica y unas medias nuevas.

-Sí Kurenai lo recuerdo.- Hinata se mordió el labio. Al ver que el corpiño era demasiado escotado, tiró de él hacia arriba para ocultar la piel que quedaba al descubierto.

-No hagáis eso, cariño.- dijo Kurenai, retirándole las manos. –así se estropeara la caída de la falda.

-¿Kurenai?

-¿Mmm?- preguntó mientras se arrodillaba para tomar la medida del dobladillo.

-Respecto al matrimonio…

-¿Sí?- continúo poniéndole alfileres.

-¿Podríais…? ¿Podríais explicarme lo que ocurre exactamente en la noche de bodas?

Kurenai se retiró hacia atrás y la miro a los ojos.

-¿Qué ocurre? Pero ¿seguro que no lo sabéis?

-Sé lo que hacen los animales, por supuesto. He visto a los perros, y a los caballos, pero ¿la gente? NO puede ser así con las personas. ¿O sí?

Kurenai se puso en pie, agarró a Hinata de la mano y la sentó en la cama.

-Imagino que la madre Chiyo nunca os habló de este tema.

-No, excepto el día en que la novicia Tsuki se unió a nosotras. Entonces habló del pecado. La madre Chiyo nos leyó un pasaje de la Biblia y lo interpretó para nosotras. Dijo que las mujeres sufrían al dar a luz para pagar por el pecado que habían cometido al concebir a sus hijos. También habló del amor carnal y de los pecados de la carne.

-Y pobrecita vos, ¿tenéis miedo?

-¿Miedo? No. no creo que sir Naruto vaya a hacerme daño. Al menos…espero que no. Pero es doloroso, ¿Kurenai?

-A algunas mujeres les duele la primera vez, quizá incluso las primeras veces, pero no siempre. Asuma no me hizo daño. Suspiró. –No temáis cariño, sir Naruto quiere que vuestro matrimonio sea exitoso.

-¿De veras? ¿Cómo lo sabéis? Yo sólo soy lo que legitima su acceso a las tierras de mi padre.

Kurenai asintió.

-Estoy segura de que hay algo de eso. Pero eso no es todo. Le gustáis, cariño. He visto cómo os trata. Y con el tiempo…

-Ha estado casado antes.- soltó Hinata. –Creo que amaba a su esposa.

-¿De veras? Eso es bueno.

-¿Por qué?

-Si la amaba, ella le habrá enseñado a darle placer a una mujer.

¿Placer? ¿El placer carnal que la madre Chiyo consideraba pecado? Sonaba interesante pero...

Hinata estaba a punto de preguntarle más cosas a Kurenai cuando alguien llamó a la puerta de la habitación. Antes de que tuviera tiempo de contestar, la puerta se abrió y Kiba entró.

Sonrojándose, Hinata agarró el vestido de seda granate y se cubrió el pecho.

-Kiba, ¡por favor!- Kurenai se pudo en pie y trató de cubrir a Hinata con el cuerpo. -¡No deberíais estar aquí!

Pero Kiba hizo caso omiso y se acercó a Hinata con las muletas.

-Retrasad la boda.- dijo él.

-¿Retrasarla? No puedo.

-Debéis hacerlo.- Kiba cargó todo el peso en una muleta, se agachó e hizo que Hinata se pusiera en pie. -¡Debéis hacerlo!

-No, Kiba.- dijo Hinata. –No depende de mí. Pregúntale al padre Danzou. Hoy es el último día que podemos casarnos antes del Adviento. Si no nos casamos ahora, tendremos que esperar hasta…

-Sí retrasáis la boda un día, quizá no tengáis que casaron con él.- dijo Kiba.

-¿Qué queréis decir?

-He visto a Hidan.- dijo Kiba. –están haciendo cosas. Si podéis esperar un día, dos quizá…- acercó el rostro al de ella. –no necesitaréis casaros con uno del agua que tiene las manos manchadas de sangre hasengakureña.

-Naruto es un suno, y el matrimonio está fijado. Os lo he dicho antes, Kiba, estáis luchando por una causa perdida. ¡Por el amor de Dios! Debéis aceptar la realidad. La vida ha cambiado. No sé lo que planeáis, pero sólo conseguiréis más muertes y más heridos. Pensad en las consecuencias qué habrá para los demás antes de hacer nada.

Kiba la miró con dureza y le arranco el vestido de seda de las manos, dejándola con el corpiño escotado. La miró de arriba abajo.

-Zorra…

-¡Kiba!- dijo Kurenai. –Ya es suficiente, creo que debéis marcharos.

-Me voy, no os preocupéis.- dijo Kiba, le devolvió el vestido a Hinata y se dio la vuelta para salir. –Y cuando me haya ido, quizá os arrepintáis, lo repito… si esta tarde os casáis con Naruto Uzumaki, os arrepentiréis toda la vida de haber rechazado mi consejo. Pero, puesto que sois la prima pequeña de Neji, os lo ofreceré una vez más. Retrasad la boda, aunque sea un solo día, y no os arrepentiréis.

-¿Qué vais a hacer, Kiba?

Pero Hinata habló cuando Kiba ya había cerrado la puerta. Oyó el ruido de las muletas en la escalera y no estaba dispuesta a seguirlo vestida con corpiño escotado.

-¿Sir Naruto?

Naruto dejó el hacha que estaba arreglando sobre el banco de la armería y levantó la vista.

-¿Rock Lee?

-Pensé que deberíais saberlo, ese guardaespaldas Kiba…

-¿Sí?

-Acaba de visitar a lady Hinata en la buhardilla, y no creo que haya ido a que le mire la pierna.

Naruto sintió un nudo en el estomago.

-¿Kiba ha tenido un encuentro privado con ella?

Naruto recordó el beso que Hinata le había dado a Kiba el día de su llegada y suspiró, con molestia.

-No, señor, no ha sido en privado. Kurenai estaba con ella. He entendido que estaba arreglándole un vestido, pero mi japonés…-Rock Lee se encogió de hombros.

-Maldita sea.- dijo Naruto, mirando desde la puerta de la armería hacia la ventana de la habitación de la buhardilla. La habitación que aquella misma noche iba a compartir con ella.

-Lo siento, señor, pero me habéis dicho que os notificara si veía algo extraño.

-Sí, Rock Lee, habéis hecho bien en decírmelo. Sabía que sería inevitable tener una discusión con lady Hinata, sólo que esperaba que pudiéramos aguantar hasta después de la boda.

Naruto prefería hablar con ella después de la boda porque, si se llevaba bien, tendría más posibilidades de que ella se entregara a él esa noche. No quería forzarla. Sólo quería tener la oportunidad de enseñarla a dar y obtener placer, de forma que su matrimonio no estuviera condenado al fracaso. Había problemas entre ellos, pero la manera en que ella había reaccionado cuando se besaron, hacia en que el confiará en tener una oportunidad…

En la buhardilla, Kurenai habló después de negar con la cabeza.

-No le hagáis caso a Kiba. Puede que vuestra boda no sea perfecta, pero tendremos que hacerlo lo mejor posible.

-Espero que Kiba se dé cuenta de ello.

-Lo hará. Sus ladridos siempre fueron peores que sus mordiscos. En estos momentos está penando por sus amigos. Se siente culpable por estar vivo cuando muchos han muerto.

Hinata se mordió el labio.

-Espero que tengáis razón.- miró el vestido que tenía entre las manos. –Ojalá estuviera tan segura como vos, Kurenai. Temo que haga alguna barbaridad.

Kurenai le retiró el vestido de la mano y lo sacudió.

-No, cariño. Son todo bravuconerías. Incluso creo que ha podido herirse la pierna a propósito, para no tener que ir a luchar cuando llegaron los invasores.

-¡No!- exclamó Hinata. -¡Kiba era uno de los mejores guardaespaldas de mi padre! Además, habéis dicho que se siente culpable por no haber luchado…

-Bueno, quizá tengáis razón. ¿Quién sabe?

-Aunque es preocupante. Ha debido de costarle mucho subir las escaleras con la pierna así. No lo habría hecho sólo para discutir.

Kurenai negó con la cabeza y no dijo nada más. Hinata se disponía a recoger de nuevo el vestido cuando la puerta se abrió por segunda vez.

-¡Kiba!- Hinata se dio la vuelta. ¡Naruto! Era Naruto y no Kiba quien había entrado.

Él tenía el ceño fruncido y la miraba con suspicacia. ¡Lo sabia! Naruto sabía que Kiba había ido a hablar con ella. ¿También sabría que Kiba estaba en contacto con Hidan y la resistencia? ¿Sospecharía de ella?

-Lady Hinata.- Naruto agachó la cabeza y la miró de arriba abajo, fijándose en el corpiño escotado y en el vestido que ella sujetaba a modo de escudo.

Kurenai dio un paso adelante y dijo:

-Señor, ¡no deberíais estar aquí! ¿Señor?- se acercó a él moviendo las manos para espantarlo. –Por favor, señor, no hemos terminado.- dijo en japonés. –No está bien que la veáis hasta que esté vestida. Marchaos, por favor.

Hinata agarró a Kurenai del brazo y le dijo:

-Tened cuidado, Kurenai.

Kurenai se acercó a Hinata y la miró seriamente.

-Por favor, decidle a esta mujer que me gustaría tener una conversación en privado con vos.

-Kurenai, ¿si no os importa dejarnos a solas? Os llamaré cuando hayamos terminado.

-No, cariño, es impropio.

-Una mujer valiente.- murmuró Naruto. –pero equivocada. Por favor, dile que si no se marcha por su propio pie, la echaré yo mismo.

-Kurenai, ¡por favor!

Kurenai los miró con el ceño fruncido y salió mascullando de la habitación.

Hinata apretó el vestido contra su pecho y esperó a que Naruto hablara.

-¿Es costumbre en estas tierras que las mujeres hasengakureñas reciban a los guardaespaldas mientras se visten para su boda?

-Yo…yo…No. por supuesto que no.

Naruto sonrió con ironía.

-Eso pensaba. Entonces, si no te importa, ¿me podrías explicar de qué habéis estado hablando?

-Yo…Nosotros…Quiero decir…Él…

-¿Lady Hinata…?

-Él no quiere que me case contigo.

-¿Eso es todo?

Ella lo miró, pero como estaba a contraluz no pudo ver bien la expresión de su rostro.

-¿Naruto?

-¿No habrá ninguna reunión planeada entre los miembros que quedan de la nobleza hasengakureña? ¿No tendrán planes de echarme de Konoha? ¿O de matarme, quizá?

-¿Matarte? No que yo sepa.

Él la miró durante largo rato.

-¿Me lo dirías si lo supieras, Hinata? Eso es lo que me pregunto.- suspiró y se colocó de espaldas a ella. –Me eh dado cuenta de que deseo poder confiar en ti.- susurró.

Hinata sintió que algo se tensaba en su interior pero, al ver que él se mordía una uña con los dientes, la tensión se convirtió en dolor. Él estaba dolido y ella lo sabía. Deseaba confiar en ella. Pero ¿podía ser que el guerrero suno se sintiera dolido por su culpa? No podía ser… ¿Y si no?

Ella respiro hondo y se acercó a su lado.

-¿Naruto?- le agarró la mano y se la retiró de la boca. –Eso no es una buena costumbre.

Él le agarró la mano con fuerza y esbozó una sonrisa.

-¿Crees que no lo es? Entonces, puesto que eres mi prometida, haré lo posible por evitarlo.

Se disponía a decir algo más cuando llamaron a la puerta.

-Es Kurenai.- dijo Hinata.

-¿Es que esa mujer no tiene miedo a nada?

Hinata se rió.

-Me temo que no.

-Se ha tomado en serio tus necesidades. Es una mujer entre un millón.- tras besarle la mano, la soltó.

Hinata observó que hizo un gesto a Kurenai para que entrara antes de que él saliera.

-No os ha intimidado, ¿verdad?- pregunto Kurenai cuando se quedaron a solas. Por segunda vez, agarró el vestido que Hinata sujetaba y lo sacudió para quitarle las arrugas.

-No.

-Eso está bien. De prisa, poneos esto.

Pensativa, Hinata permaneció como una estatua mientras Kurenai le ponía el vestido. ¿Debería avisar a Naruto si se enteraba de que alguien planeaba matarlo? Desde luego no deseaba que lo mataran. Pero si se trataba de elegir entre salvar la vida de Naruto o la vida de uno de los hombres de su padre, no sabría qué elegiría.

Kurenai le ajusto el dobladillo y Hinata salió de su ensimismamiento para alabar el vestido.

-Sí, Kurenai, el vestido es precioso… y el velo queda muy bien…

Pero en el fondo, seguía preguntándose que quería decir Kiba al decirle que había hablado con Hidan. ¿Debería de advertírselo a Naruto? ¿O solo serviría para empeorar las cosas?

Kurenai continuó colocándole el vestido mientras el sol comenzaba a bajar. Una cosa era segura. A las tres de la tarde, cuando el sol de invierno comenzara a ocultarse, ella se uniría en santo matrimonio a Naruto Uzumaki. Jamás había imaginado que llegaría ese día. El día de su boda. Ese vestido, el vestido que su madre había bordado para su hermana, ayudaría a que su presencia la acompañara para que no se sintiera sola al pronunciar los votos. Quizás fuera un consuelo pequeño, pero importante.

Tal y como era costumbre en el país del agua, la boda se celebraba afuera de la iglesia de madera. El rumor se había extendido entre los habitantes del pueblo y cuando Naruto llegó con Gaara y sus hombres, varios hasengakureños estaban reunidos para presenciar la ceremonia.

La entrada de la iglesia estaba engalanada con flores y plantas. Los presentes se quedaron en silencio cuando ellos se acercaron. Naruto se pasó la mano por el cabello, que Rock Lee había cortado para la ocasión, y se aliso la túnica de color azul oscuro que llevaba.

-Cualquiera diría que nunca has hecho esto antes.- le dijo Gaara con una risita.

-¡No estoy nervioso!

-Por supuesto que no, sólo estas dando saltitos de un pie a otro para hacer ejercicio.

Naruto frunció el ceño y miró hacia el fortín. No había hablado con Hinata desde que Kurenai los había interrumpido y deseaba haber podido intercambiar con ella algunas palabras más, en privado.

-Llega tarde.- dijo él, y giró los hombros al ver a Kiba en la puerta del fortín.

Apoyándose en las muletas, Kiba cruzó el jardín y se acerco a ellos con expresión hostil.

-Hay que vigilar a ese hombre.- murmuró en voz baja para que sólo lo oyera Gaara.

En ese momento, se armó un revuelo en la entrada y apareció ella.

Hinata.

Naruto sintió que se le aceleraba el corazón. El vestido granate le quedaba perfecto y parecía una princesa. Llevaba el cabello azulado recogido en dos trenzas que caían sobre sus generosos pechos, y el velo se arrastraba a su paso. Una princesa.

Matsuri y Kurenai iban detrás con una sonrisa. Kurenai llevaba a su hijo en brazos y Matsuri a la otra bebé.

-Gracias a Dios que sonríen.-pensó Naruto.

Era la prueba de que no todos los hasengakureños estaban en contra de ese matrimonio.

El vestido resaltaba la cintura de Hinata, y la curva de su trasero. Era pura belleza y feminidad. ¿De veras iba a ser para él? Naruto notó que se le secaba la boca. Sakura había sido muy guapa y él la había amado con locura, pero su belleza nunca le había provocado aquella sensación de anhelo.

Sakura siempre había sido el amor de su vida y él no había tenido miedo de acariciarla… pero la belleza de Hinata, su fragilidad, su inocencia, su educación hasengakureña, ¿cómo podía confiar en ganarse su corazón?

Cuando ella se acercó por el camino de gravilla, sus miradas se encontraron. Ella sonrió con nerviosismo. Naruto tragó saliva y le tendió la mano.

-Deja de fruncir el ceño, hombre.- murmuró Gaara, dejando de ver por un momento a la hermosura de Matsuri.

Naruto sonrió.

Y al instante, ella estaba a su lado. Le dio la mano y lo miró. Lilas… olía a lilas. Ella llevaba un ramo de lilas, laurel y lavanda.

-Sir Naruto.- dijo ella, e hizo una reverencia. Él le besó el dorso de la mano.

-Lady Hinata.

Miro a Gaara y él llamó a la puerta de la iglesia con la empuñadura de la espada. El padre Danzou abrió con vestiduras de hilo dorado.

-¿Estáis preparados, hijos míos?- preguntó.

Naruto miró a Hinata y se tranquilizó al ver la aceptación en su mirada. Asintió mirando al padre Danzou, y entraron bajo el arco de la iglesia.

-Lo estamos, podéis proceder.

Y corten :p, jejeje am hasta aqui queda esta vez diculpen mi demorisima porfa :S, y cues hora si en el proximo tendremos "Noche de bodas" jojoo :3 lo cuál significa tarararan LEMON jojojo, amm mejor no digo más cues no se que tal salga jejeje espero no decepcionar *.* am sinmás pues gracias por que a pesar de todo siguen el fic, no sabes lo felíz que me hacen jojojojo y cues ya no tengo que más decir :p, no desesperen para el próximo capi sales.

Att: ana-gaara :D

aH y disculpen los horrores de ortografía jeje amm... un ¿Review? ^V^?