Notas del autor:

Hola a todos. Antes que nada les aclaro que este no es el último capítulo de Torpe zorro, es un capítulo bonus que originalmente iba al final del capítulo anterior, pero por cuestiones de tiempo tuve que quitarlo (además de que sonaba algo fuera de lugar) Los capítulos bonus no son necesarios para el progreso de la trama, por eso suelo incluirlos al final a manera de lectura opcional, así que si no quieren leerlo, pueden ignorarlo sin problemas, aunque por favor revisen las notas finales para saber sobre cuando será la próxima actualización. Aunque no sea parte esencial de Torpe zorro, espero que disfruten este relato.


Bonus: La verdadera revancha de Bogo

De nueva cuenta, en la enorme y espaciosa oficina de la actual regidora de Zootopia, estaba sentada en la silla del alcalde una pequeña y bien vestida oveja; perfumada, portando unas gafas de marco verde y usando un vestido de ejecutiva azul marino. La alcaldesa Dawn Bellwether escribía con mucho énfasis en el teclado de su laptop mientras con una pata tomó un sorbo a su taza de café caliente, la pequeña taza de porcelana blanca tenía un grabado que decía con letras negras "Amor prohibido" y tenía la foto de una cabra y un lobo.

—¡Perfecto! Creo que ya quedó muy bien lo…

La ovejita fue interrumpida por unos fuertes toquidos a su puerta en donde se asomaban los enormes cuernos de un animal de pelaje azul.

—¿Quería verme vi, errr, alcaldesa Bellwether? —preguntó el búfalo.

—Sí sr. Bogo, pase y tome asiento.

El enorme mamífero entró a la oficina y se sentó en una de las dos sillas que había frente al enorme escritorio de la ovejita.

—¿Sobre qué quería...?

—Seré muy breve Bogo, regresé a su oficina en el precinto, junte todas sus cosas y váyase. Está despedido. —dijo con un tono extrañamente alegre.

La pequeña presa miró al jefe con malicia esperando una reacción violenta o de preocupación, pero el jefe Bogo la veía con la misma expresión seria y sin inmutarse. Esto molesto por dentro a la corderita.

—¿Por qué me despide? —cuestionó el animal bovino con una irreal calma.

—Ah, no lo sé, ¿Qué tal insubordinación y conspiración contra Zootopia? —respondió Bellwether con un tono sarcástico.

—¿De qué habla? Hasta ahora he hecho bien mi trabajo, jamás haría algo que atentara contra esta ciudad, ¿a qué se refiere?

—Quizás no contra esta metrópolis, pero sí contra su representante, o sea yo. Cualquier ataque contra mí o mi autoridad es como rebelarse contra Zootopia.

La oveja dijo con cierto tono de superioridad y esperando por fin ver una reacción negativa de parte del antiguo jefe de policías. Pero nada, Bogo no se veía afectado por sus palabras, de hecho, parecía aburrido.

—No entiendo nada de verdad, tengo suficientes problemas en la estación, el crimen y ahora los mamíferos salvajes, ¿por qué cree que perdería mi tiempo en…? ¿no sé? ¿Por qué dice que me rebelé contra usted? ¿Le importaría ser más específica?

—¡No se haga el tonto! —dijo la chica molesta— Me refiero a lo que pasó hace casi una semana, ¡El incidente del zorro en el Departamento de Policías de Zootopia!

—¿Y qué tiene que ver eso conmigo o con usted?

—Un día antes del accidente usted vino a mi oficina a cuestionar mi decisión de sustituir a todos los depredadores de la estación por mi personal ovino que recomendé y curiosamente, al día siguiente un supuesto zorro salvaje atacó la estación y ahuyentó a casi todo el personal nuevo, y usted, convenientemente reasignó a sus viejos compañeros de colmillos afilados, y después, descaradamente admitió que todo fue una farsa disfrazada de un simulacro oficial que yo jamás autorice. ¡Si eso no es insubordinación y conspiración en mi contra, entonces no sé lo que sea! —exclamó la oveja bastante molesta.

El ex-jefe de los policías sólo rió, lo que asustó a Dawn. nunca en todos sus años había visto reír al búfalo mala cara.

—¿Q-q-qué es tan gracioso? —preguntó con una mezcla de miedo e indignación.

—Ja, ja. Por nada —volvió a mostrar su característica cara seria—, no sabía que usted también tenía un ávido sentido de deducción, tiene razón, admito que son muchas coincidencias, hasta yo sospecharía de mí mismo, pero, omitió un detalle muy importante.

—¿Y cuál fue?

—El simulacro no fue idea mía, sino del director del Departamento de Asuntos Internos.

—¿Ah en serio? No lo omití, lo descarté por la simple razón de que soy la alcaldesa y nadie puede pasar por alto mi autoridad.

—Con el debido respeto, alcaldesa, todo órgano federal tiene más poder que usted o que el departamento de policía.

—¡Cómo se atreve! —dijo furiosa la corderita.

—En especial, los idiotas de Asunto Internos, su trabajo es probarnos constantemente y vigilar que no hagamos nada indebido, es la policía de la policía y créame, ellos no se andan con rodeos y toman decisiones sin consultar a nadie, ni siquiera a usted.

—¡Cuidadito en cómo se dirige a mí! No somos iguales, y evite darme sermones, sé muy bien quienes son Asuntos Internos, y también sé que cuando toman esa clase de decisiones, siempre me llega un comunicado antes.

—¿Qué? —dijo el búfalo con sorpresa.

—Así es, fui la vicealcaldesa y siempre ha sido así, antes de cualquier investigación contra alguna dependencia bajo el cargo del alcalde, siempre llegaba un documento que explicaba sus motivos y la acción que Asuntos Internos tomaría, no dudo que un simulacro de ese estilo se me hubiera sido informado con al menos unos días con anticipación y no me hubiera dado tremendo susto.

—¿Cómo dice? No puede ser…

—¿Qué pasó Bogo? ¿Dónde quedó esa confianza? ¡No necesito más pruebas! Es obvio que todo fue parte de su plan para desprestigiar mis decisiones del nuevo personal de la estación, y lo peor, puso en riesgo a varios de sus compañeros.

—¡E-eso no es cierto! ¡Yo jamás pondría en riesgo la integridad de mis muchachos por algo tan ridículo! —dijo el enorme mamífero quien comenzaba a perder la calma.

La alcaldesa abrió un cajón de su escritorio y sacó una carpeta que azotó contra su mesa, la abrió y le mostró el contenido al animal de grandes cuerno frente a ella.

—Aquí está el reporte de la oficial Francine Pennington sobre el caso: 47 oficiales desertores, todos ellos animales ovinos que yo recomendé, dos oficiales carneros fueron hospitalizados.

—Y salieron el mismo día, sólo se desmayaron por el susto, no pasó nada más y…

—¡No me interrumpa! 22 policías inconscientes por dardos tranquilizantes, 39 con heridas menores, rasguños, pisotones, ¿mordeduras? en fin, y qué más… ¡Ah sí! Daños materiales al inmobiliario de la estación que ascienden a más de 3000 y 200 en mercancía de Gazelle y… ¿Gazelle? ¿Qué diantres? Debería despedir a quién redactó este espantoso reporte, pero creo que las primeras cosas son lo más sobresaliente. Cómo ve, su asqueroso acto de rebeldía le costó mucho a esta estación, usted no merece llamarse jefe, sr. Bogo. Pero ya que soy tan benevolente, le daré una oportunidad, quizás sólo lo degrade a ser un reparte multas si confiesa su crimen, o mejor aún, si me dice quién fue su cómplice.

—¿Cómplice? ¿A qué se refiere?

—¡Obviamente a ese zorro! No puedo dejar que ningún depredador y mucho menos ningún zorro inmundo salga libre por una broma así y sin ningún castigo. ¡Confiese! ¿O fue acaso idea de ese zorro? Así que le preguntaré por última vez ¿De quién fue la idea del mamífero salvaje en la estación? ¿Fue usted… o fue ese zorro? Piense muy bien lo que me vaya a responder, porque en caso de que haya sido el zorro, podría aminorar su castigo, siempre y cuando me de su nombre, claro.

El jefe búfalo estaba entre la espada y la pared, la situación se había complicado más de lo esperado y su carrera y reputación estaba en juego, sin embargo, no lo pensó dos veces, sólo había una única cosa que tenía que decir.

—El simulacro no fue mi idea —dijo el búfalo con valor y convicción—, no tengo pruebas que demuestren lo contrario, yo sólo hice lo que tenía que hacer por una corazonada y una causa más grande que usted, pero, no negaré que el asunto salió de mi control y hubo varios daños colaterales, jamás fue mi intención lastimar a mis muchachos, compañeros con quienes he combatido el crimen, la injusticia y con quienes he pasado los mejores años de mi vida por más de 3 décadas, es por eso, que yo, el jefe Bogo, asumo toda responsabilidad de este caso. Ese zorro es inocente, si alguien pagará por todos los platos rotos, ese seré yo. —sentenció el enorme animal bovino con serenidad en el rostro y con mucha seguridad.

La alcaldesa vio al búfalo con cierto aire de desprecio y molestia. Esa voz, esa postura, ese exceso de confianza y ese cinismo, le recordaba a su anterior jefe y a todo enorme mamífero, depredador o presa que siempre se había impuesto ante ella. Pero, dejando a un lado cualquier recuerdo incómodo, dibujó una sonrisa en su rostro, ajustó sus gafas con una pata y se dirigió al enorme mamífero poniendo los codos en su escritorio y ambas pezuñas en su mentón.

—Bien, ¿se cree el muy heróico, no sr. Bogo? En ese caso, mi opinión no ha cambiado, lárguese de mi oficina y recoja sus cosas de la estación antes de que mande a llamar a policías de ver…

De repente, la enorme puerta del despacho de Bellwether se abrieron de golpe.

—¿Qué cara...? —dijo la alcaldesa genuinamente sorprendida.

—¡Holaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa Alcalde! ¿Quisiera tomar una copa con este humildededededede servidor?

Él causante de tanto alboroto era un pequeño pero viejo tanuki, un mamífero canino de pelaje café que parecía más mapache que un perro, usaba una enorme gabardina negra con bordes amarillos y rojos, una bufanda blanca que rodeaba su cuello, un traje de oficina desaliñado azul marino y portaba unos grandes lentes oscuros que cubrían sus ojos. En la pata derecha llevaba un pequeño portafolios gris.

—¿Qué dice Alcalde? ¿Alcalde? —preguntó el tanuki con un extraño acento extranjero.

—¿¡Quién rayos es usted y por qué irrumpe así en mi oficina!? —gritó histérica la ovejita.

—No puede s-s-ser… ¡J-j-jefe Matsuda! —dijo el enorme búfalo con la voz entrecortada.

La pequeña mamífera ovina se levantó de su silla furiosa mientras que el animal bovino miró con miedo y asombro al viejo cánido.

—¿Pero qué tenemos aquí? Nada más y nada menos que al bueno para nada del jefe Bogo y esta dulce damita es… ¡No puede ser! ¿Eres tú, pequeña Bell? ¡Cuánto tiempo sin verte!

—¿Qué? ¿De qué habla? ¿Quién diantres es usted?

—Srita Bellwether, él es… —dijo el búfalo sin poder terminar su frase.

—¿Ya te olvidaste de este viejo, pequeña Bell? ¡Soy yo, tu querido tío, el jefe Matsuda!

—Uggghhh —gimió Dawn al percibir un aroma desagradable viniendo del animal de gafas oscuras— ¿acaso salió de un bar? ¡Apesta a alcohol y humo! Dudo mucho conocer a alguien tan desagradable como usted, así que largo de mi…

—Ahhhh, pequeña Bell, me partes el corazón… —interrumpió el anciano— pero ya tendremos tiempo de volvernos a conocer; me enteré que el Leonzález fue removido de su cargo y con todo ese alboroto no tuve tiempo de ver al nuevo alcalde, así que, si no te molesta vine a llevarme a tu nuevo jefe a tomar unos tragos juntos, veo que pese al cambio de administración aún sigues de secretaría en la alcaldía, es bueno saberlo.

—¿Secre…? ¿¡Secretaria!? —cuestionó furiosa la corderita y apretando los dientes para evitar explotar contra el perro mapache.

—No tengo idea de por qué estás sentada en la silla del nuevo alcalde, pero tranquila, guardaré tu secreto, pero si no te importa, me gustaría que me trajera una taza de tu café más fuerte, la cabeza me mata por esta cruda y…

—¡BASTA! ¡No soy ninguna secretaria ni trabajadora cualquiera para traerle café a nadie! ¡Soy la alcaldesa de Zootopia, Dawn Bellwether! ¿¡Quién se cree usted, viejo grosero!?

—¿Alcaldesa dijo? ¡Jefe Bogo! ¿Qué pasa aquí? ¿Acaso es una de tus bromas, cabeza de cuerno? Por qué sabes muy bien lo que pienso de las bromas dedededede mal gusto —dijo el tanuki tronando los puños.

—¡No, no para nada jefe Matsuda! —dijo el búfalo con cierto temor— La srta. Bellwether se volvió la nueva alcaldesa tras el encarcelamiento de Leonzález, ¿acaso no lo sabía?

—¡Así es! —recalcó molesta Dawn.

—Ah, lo siento, he estado ocupado con el trabajo en el departamento, vine con la intención de conocer al nuevo alcalde e invitarlo a beber unas cuantas copas en el bar de Otose para socializar un rato, pero pensé que el nuevo regidor de Zootopia era más… grande y feroz, no tiene caso invitar a beber a una fina y delicada flor como usted.

—¡Pues no! —bramó colérica la corderita— ¡La nueva alcaldesa es una pequeña presa, pero mejor y más eficiente que los alcaldes anteriores a mí! Si sólo vino a mi oficina por algo tan estúpido, mejor lárguese antes de que llamé a mis…!

—¡Alcaldesa Bellwether! —la interrumpió Bogo— ¿Acaso no conoce al jefe Matsuda? ¡Él es el director del Departamento de Asuntos Internos!

—¿Qué, éste ebrio es QUIÉN? —preguntó la chica asombrada— Bueno… ahora que lo dice —la oveja acomodó sus gafas— me parece vagamente familiar…

—¡Ah, pequeña Bell, comienza a acordarte de mí, que felicicicicicicicidad!

—No realmente, pero supongo que si es el director de Asuntos Internos, usted me ayudará a aclarar un pequeño problema con el sr. Bogo.

—Oh, esto será interesante —dijo el tanuki con una enorme sonrisa en el rostro.

—Tome asiento sr. Matsuda.

—Con mucho gusto, pequeña Bell.

—¡Y deje de llamarme pequeña Bell!

—Como usted diga, Bell-chan.

—¡Tampoco!

—¿Bell-sama le parece más apropiado?

La oveja se dio una fuerte palmada en la cara.

—¡Bellwether, refiérase a mí como alcaldesa Bellwether!

—¡Vamos pequeña Bell, te encantaba cuando te…!

—¡Basta! Mejor olvídelo, llámeme como quiera, ¡pero tomé asiento de una maldita vez!

—Oh, pequeña Bell, no es necesario decir groserías, se ve mal en una chica linda como usted.

La alcaldesa agitó los dedos en su escritorio con impaciencia.

—Siéntese por favor —musitó la pequeña presa apretando los dientes.

—A la orden —dijo haciendo una reverencia—. Ya la oíste Bogo, muévete, ese es mi lugar.

—¿De qué habla? Hay un asiento vacío justo al lado.

El anciano inclinó la cabeza, bajó sus gafas y vio al búfalo directamente a los ojos con una mirada penetrante.

—Contaré hasta 3 para quitarte de mi lugar —dijo con un tono asesino.

—Jefe Matsuda, es sólo un lugar, no creo que…

—1…

El búfalo vio al pequeño cánido con temor mientras la regidora de Zootopia veía incrédula dicha escena, el jefe Bogo mostrando miedo de un pequeño y viejo animal como el jefe Matsuda.

—Ah, está bien, usted ganaaaaaaaaaaa... ¡AAAARRRGGGGHHHHHH!

Con una increíble e inesperada fuerza, el pequeño perro mapache sujetó al jefe Bogo de la pata, lo derribó de su asiento y lo tiró al piso, estremeciendo toda la oficina debido al enorme peso del búfalo, la alcaldesa vio la escena atónita, no esperaba ver algo tan irreal, agitó su cabeza y ese asombro se volvió enojo.

—¿Qué diablos pasa con ustedes? ¿¡Acaso son bestias o qué!?

—Te lo advertí, imbécil —dijo el tanuki mientras veía con desprecio al búfalo.

—¡Jefe Matsuda, p-p-pero usted sólo contó hasta el uno!

—¡Idiota! —dijo el anciano con un tono serio— un policía sólo necesita oír el 1 para actuar y no espera los otros números, pensé haberte enseñado eso hace años en la academia... ¡Deja de mirarme como un tarado! ¡Párate del suelo y siéntate! —ordenó el cánido.

—S-s-sí señor.

El jefe Matsuda se sentó la silla donde Bogo se había sentado inicialmente mientras que el búfalo se paró e hizo lo mismo en la silla contigua, La alcaldesa estaba consternada por el increíble espectáculo.

—En fin, si no le molesta, estaba a punto de despedir al jefe Bogo por insubordinación...

—¿¡Despedir!? Jajaja, ¡Espléndido! —gritó el jefe Matsuda con alegría— Bogo Bogo, Bogo, ¿Es cierto lo que escuchan mis oídos? ¡Al fin van a despedirte! y dígame, ¿qué hizo este buey ahora? Desde hace años tengo ganas de sacar a este idiota de mi viejo puesto como jefe en el Departamento de Policías de Zootopia por su ineptitud, desde que le relegué el cargo de jefe no ha dejado de deshonrar la responsabilidad que le dí como líder de la fuerza policial de Zootopia.

—¡Hey! —se quejó el búfalo— Llevó más de 30 años haciendo un buen trabajo en…

—¿Buen trabajo dices? —cuestionó el anciano mamífero— ¿Le dices buen trabajo al espectáculo de hace una semana? ¡Se me ocurrió una idea genial para poner a prueba a tus muchachos sobre un mamífero salvaje y tú y tus policías no pudieron lidiar con él! Qué vergüenza Bogo , que...

—U-u-un momento —interrumpió Bellwether— ¿Quiere decir que el simulacro del animal salvaje en la estación…? ¡¿Fue su idea?!

—¡Desde luego! —dijo el tanuki muy confiado.

—¡Je-je-jefe Matsuda no creo que…!

—¡Cállate cachorro! Mami y papi están hablando —lo silenció el pequeño depredador—. ¡Todo fue mi idea! Verá, a los jefes de nivel federal les preocupa cómo está manejando el asunto de los depredadores salvajes, queremos tener el menor número de heridos, así que se me ocurrió hacer una simulación sorpresa para evaluar a los policías, incluyendo a los reclutas ovinos sin entrenamiento que usted impuso.

—¡Eso es mentira! ¿Por qué no fue avisada con anticipación? ¡Todo fue culpa de Bogo! ¿Por qué lo protege?

—¿Proteger? ¿Yo? ¿A este remedo de jefe? No me insulte, pequeña Bell. Si por mi dependiera, sacaría a patadas a este pedazo de res de mi querido DPZ, pero lo cierto es que toda la operación fue mi idea, de hecho, ese chacal era…

—Zorro… —interrumpió Bogo.

—Sí, sí, zorro, dije zorro, ¡no me vuelvas a interrumumumumumumumumumpir! Ejem, como le decía, ese cachorro era uno de mis agentes encubierto del Departamento de Asuntos Internos; fue un perfecto trabajo coordinado en colaboración entre él, Bogo y su servidor para montar el perfecto simulacro de un animal salvaje, y como puede leer en su reporte, fue un total fracaso, los policías, especialmente esas ovejitas, no estaban capacitadas para lidiar con un animal salvaje, ni siquiera para uno falso como ese lobo.

—¡Zorro!

—¡Cállate! ¡Lobo, zorro, chacal, es lo mismo y...!

—¿Ah sí? —interrumpió la ovejita— ¿Y cómo sabía lo de los oficiales ovinos? El único que sabía sobre los oficiales que recomendé ese día era el jefe Bogo y yo.

El jefe Matsuda mantenía con un semblante serio, hasta que se echó a reír.

—¿De qué se ríe?

—Este intento de jefe —mencionó señalando a Bogo— me llamó para decirme sobre el nuevo personal ovino un día antes del simulacro, o sea el mismo día que usted le dijo…

—¡¿Bogo hizo QUÉ?! —exclamó la alcaldesa bastante furiosa.

—Esta decisión preocupó a mis superiores, así que acordamos adelantar el simulacro, es por esa razón que no pude mandar el aviso antes, ¡ah! y porque he estado ocupado, por eso vine hoy, quería llevarme al nuevo alcalde a tomar y darle esto mientras bebíamos en el bar, como decimos nosotros: "Matar dos pápápápájaros de un tiro". Aquí tiene.

Del portafolio, el pequeño depredador sacó una hoja que entregó a la alcaldesa, de inmediato Dawn se la arrebató y leyó rápidamente el contenido, luego vio furiosa al búfalo.

—Usted… tiene razón, no fue idea de... Bogo, sino suya.

—Efectivamente, un torpe búfalo como él no tendría una genial idea como esa...

—¡Oiga! —replicó el búfalo.

—Le dejaré una copia, tengo más en mi oficina.

La alcaldesa vio incrédula la hoja, todo parecía en orden y su plan de deshacerse de Bogo se había frustrado. Estaba muy molesta.

—Me disculpo por no enviarla antes, mi departamento es un caos desde lo de Leónzalez, estamos investigando otros posibles cómplices pero bueno, eso es información clasificada, ¿puedo ayudarte en algo más, pequequequequequeña Bell?

—No, ya es todo, ¡Y deje de llamarme pequeña Bell!

—Vamos pequeña Bell ¿Por qué te molesta tanto? Antes no eras así, recuerdo que nos conocimos hace unos 4 años cuando Leodoro se volvió el regidor de Zootopia, en aquel entonces eras una chica muy alegre, amable y respetuosa, te veías tan feliz atendiendo todo lo que te decía el antiguo alcalde… ah, parecías enamorada de...

—¡Ca-cállese! No lo diga ni de broma —interrumpió Bellwether

El jefe Bogo miró con asombro a su jefe directo mientras que el tanuki sonrió complacido.

—Jefe Matsuda —advirtió el búfalo a su superior— no creo que deba hablar de ese tema con la alcaldesa...

—¡Cállatetetetete, cachorro! ¡Ahora lo recuerdo! ¡En verdad estabas enamorada de él, pequeña Bell!

—¡No, no, no es cierto! ¡Cierre el hocico!

—Sí, recuerdo que tu misma me confesaste que estabas perdidamente enamorada de ese enorme león ja,ja,ja.

—¿En serio? —rió discretamente el búfalo.

—¡Cla-cla-claro que no! ¡Es mentira!

—Oh, quizás sea viejo, pero recuerdo muy bien lo que pasó el primer día que nos conocimos. Antes de entrar a su oficina, me pediste que le entregara unos pastelitos que tu misma le preparaste a ese pillo de Leonzález, y por lo que me comentó Leodoro ese día, no era la primera vez que le mostrabas esa clase de detalles jojojo, eras toda una chica detallista y cariñiosa para tu jefe, pequeña Bell —dijo con una sonrisa de oreja a oreja.

—¡Baaaaaaaaa… baaaa… ya basta!

La alcaldesa de Zootopia hizo un fuerte balido característico de una oveja para tratar de parar al imprudente tanuki mientras que su rostro mostraba unas mejillas ruborizadas a causa de la vergüenza y la pena.

—Estabas tan feliz ese día, al salir de su despacho me preguntaste que si le había gustado a Leonzález y mientras charlamos salió el tema de que estabas perdidamente enamorada de tu jefe, como en las novelas y…

—¡Dije que ya basta! —gritó muerta de la pena la pequeña presa— ¡Suficiente! ¡Lárguese de mi oficina! ¡AHORA!

—Pero pequeña Bell, ¿por qué…?

—¡LARGO Y NO VUELVA A LLAMARME PEQUEÑA BELL O DIRIGIRME LA PALABRA A MENOS QUE SEA DE VITAL IMPORTANCIA! ¡LAAAAAAAAAAAAAARGO! —bramó la pequeña corderita con la voz más potente pero aguda que una mamífera ovina pudiera pronunciar.

—Huy… que caracter…

El perro mapache no tuvo más opción que levantarse de su asiento y caminar sin prisa hasta la salida de la oficina de la alcaldesa, cuando estuvo a punto de cerrar la puerta por fuera, el viejo cánido se inclinó e hizo una respetuosa reverencia.

—Adiós jefe Bogo, adiós pequeña… ¡AYYY!

El tanuki esquivó con suerte una engrapadora que estuvo apunto de darle en la cabeza pero azotó con la puerta.

—¡LARGO!

—Lo lamento pe… alcaldesa Bellweather, no volveré a llamarla pequeña Be… ¡Wahhhh! ¡Auch! ¡Ugh!

Bellweather continuó lanzando artículos de oficina a Matsuda, le arrojó una cinta adhesiva, un peluche en forma de oveja y hasta un pisapapeles para tratar de callar al director de Asuntos Internos y obligarlo a salir de su oficina. El anciano abandonó por fin la oficina de la alcaldesa dejando a Bogo y a la oveja solos.

—Ah… ah… ah… —respiró la corderita con dificultad— ejem, ¿sigue aquí jefe Bogo? —dijo con una voz más o menos calmada.

—Bueno, no me dio ninguna orden, y una vez aclarado lo del simulacro, pensé que…

—Lamento el malentendido jefe Bogo, ya quedó claro que el incidente del zorro fue idea del viejo ese y no de usted, así que no voy a despedirlo… aún.

—¿Qué?

—Eso ya depende de cómo se comporte desde ahora.

—¿A qué se refiere, alcaldesa?

—Si lo que dijo ese lunático de Matsuda es cierto, usted fue con él a hablarle sobre mi plan para cambiar a los depredadores de la policía por ovejas.

—Bueno, no sabía que era un secreto…

—¡Mucho cuidado Bogo! —dijo señalando al búfalo con un dedo— Está jugando con fuego, si quiere conservar su puesto, le recomiendo que se mantenga al margen y no se pase de listo. De ahora en adelante, cualquier cosa que yo le comenté no debe salir de esta oficina, si no quiere que lo degrade o lo retire de su cargo, será mejor que se comporte como un buen jefe que sólo obedezca mis órdenes, ¿fui lo bastante clara?

—Con el debido respeto, alcaldesa Bellwether...

El jefe Bogo se paró de su asiento molesto y apoyó ambas patas en el escritorio de la oveja mientras la veía fijamente a los ojos con un semblante serio, el cual intimidó a la pequeña mamífera ovina.

—Quiero que le quede muy claro esto: Mi lealtad como jefe de la policía no es para usted, sino para toda la ciudad de Zootopia, sus ciudadanos y en especial, para mis compañeros con quienes he luchado codo a codo para velar por la seguridad de esta ciudad, es a ellos a quienes juré proteger cuando me convertí en el jefe de departamento y no sólo al alcalde en turno. ¿Quiere que la obedezca ciegamente? Claro que lo haré, pero en el momento que que sienta que algo no anda bien, no dudaré ni un segundo en entregar esta placa y detenerla a usted, al lunático de Matsuda o a cualquier mamífero que ose lastimar a mi ciudad… ¿Fui lo bastante claro, alcaldesa?

El jefe Bogo habló sin reparo y sin importarle las consecuencias que sus palabras podría ocasionarle. Por su parte, Bellwether tenía una mezcla de miedo por la postura imponente y las palabras llenas de determinación del enorme búfalo, pero a la vez una gran rabia y fastidio al no poder hacer nada al respecto. No podía soportar que un mamífero se rebelara contra ella.

—¿Acaso fue una amenaza?

—Fue una simple aclaración sobre mis funciones como jefe del Departamento de Policía de Zootopia, lo dice la propia acta, estoy en mi derecho de hacerle saber mi opinión y es completamente legal. ¿No es así?

—Feh —suspiró irritada— Sí lo sé, es sólo que no me gustó el tono altanero con que me lo dijo.

—Lamento si sonó descortés, alcaldesa Bellwether. Ahora, sii no le molesta, tengo mucho trabajo y papeleo que hacer en la jefatura, si no le importa...

—Adelante —dijo la oveja acomodando sus gafas— puede regresar a la estación de policía.

—Gracias. Con su permiso.

El jefe hizo una pequeña reverencia y salió de la oficina con la misma cara de pocos amigos de siempre. Al pasar unos minutos de que el búfalo había dejado la habitación, la corderita soltó un grito de frustración, llevándose las pezuñas a la cara.

—¡Ash! Ese condenado del jefe Bogo, pensé que por fin podría deshacerme de él y convertir a Doug en el nuevo jefe del departamento de policía, si no fuera una presa podría haberlo hecho salvaje y… ¡Ush! Pero bueno, tendré que descartar esa idea por el momento, si Asuntos Internos mete sus narices, seguramente me investigarán y podrían arruinar mi plan. El jefe Bogo parece tener amigos en ese departamento, no vale la pena correr ese riesgo. —suspiró— En fin, debo tener calma y paciencia o no podré llevar a cabo mis objetivos, y no pensar en tonteras como en ese búfalo, en ese viejo… perro, zorro, mapache o lo que sea y mucho menos en ese estúpido, idiota y guapo león… Leónzalez…

De pronto, un breve recuerdo se cruzó por su cabeza, abrió el cajón debajo de su escritorio y comenzó a buscar entre tantas cosas una pequeña fotografía. Revisó el fondo del cajón y encontró lo que buscaba, un pequeño cuadro con la imagen de su antiguo jefe, el ex-alcalde Leodoro Leonzález.

—Pensé que ya lo había tirado, me pregunto… ¿cómo estará en prisión? ¿estará bien o mal? ¿acaso me… extrañara? —agitó su cabeza y cerró los ojos brevemente— No, no,no, no. Ay viejas chuletas, soy una tonta… ¿por qué no he podido olvidarte?

La oveja se quitó las gafas y las colocó en su escritorio, luego frotó sus ojos.

—Una parte de mi aún te extraña, me gustaría volver a verte, o ser la pequeña Bell o… que las cosas fueran como antes pero...

La corderita arrojó la foto al bote de basura, se volvió a colocar los lentes y giró su silla.

—Pero ya tomé mi decisión, y no hay vuelta atrás. Haré de Zootopia, un mundo mejor… para mi y mis compañeros pequeñitos.

La actual alcaldesa de Zootopia cerró el cajón de golpe, abrió su laptop, dio otro sorbo de café y continuó escribiendo efusivamente en las teclas de su computadora.


El enorme búfalo salió por la puerta principal del ayuntamiento, seguía teniendo una mirada fulminante y una cara dura, mostrando enfado, sin embargo, al sentirse fuera del enorme complejo, su rostro se llenó de paz y respiró aliviado.

—¿Y... cómo te fue?

Recargado en la pared de la alcaldía, estaba el jefe Matsuda, quien fumaba un cigarrillo de brazos cruzados, aspiró un poco del tabaco y luego sopló un poco de humo.

—No sé si bien o mal; no me despidió, pero creo que me he ganado su odio.

—Qué mal, un policía debe tener buenas relaciones con los peces gordos, como ella.

—Muchas gracias por venir, jefe Matsuda, por un momento creí que no lo lograría.

—Feh, veo que aún tengo que venir a salvarte el pellejo, como en los viejos tiempos, cachorro. Sin embargo, no vine sólo por ti.

—¿A qué se refiere?

—Esta chica, Bellwether… ¿no notas algo raro en ella? ¿No la has visto actuar de forma extraña últimamente?

—Bueno, ella siempre fue algo excéntrica y molesta desde que era vicealcaldesa, aunque amable y muy respetuosa, pero desde que se hizo alcalde le han dado delirios de grandeza y se ha vuelto una tipa mandona y prepotente.

—Bueno, siempre lo he dicho, nunca confíes en alguien que use lentes.

—Jefe Matsuda, usted también usa lentes.

El perro mapache bajó sus gafas y miró al búfalo directo a los ojos.

—Si vuelves a decir eso, te mato.

Bogo sólo rió para si.

—Aunque, tienes razón en una cosa, esa no es la pequeña Bell que conocí hace cuatro años, pero trata de ver un poco más allá, ¿no se te hace raro como ascendió al poder tan pronto? ¿Lo rápido que ha sabido administrar y mover la ciudad a su conveniencia, al punto de cambiar a los empleados depredadores por ovejas y carneros en cada dependencia? Por que no sólo lo hizo en el Departamento de Policía, cachorro.

—Bueno, ella era la segunda al mando, y hasta me atrevo a decir que ella ya hacía el trabajo de Leonzález cuando todavía era alcalde, técnicamente ella ya era la alcaldesa de Zootopia y Leonzález era el que se llevaba todo el crédito, se podría decir que era lo único que se interponía en su camino, fue una enorme coincidencia que él resultara culpable de un crimen tan serio.

—Cachorro, te lo dije cientos de veces, las coincidencias no existen —hizo una pausa para aspirar su cigarrillo—, Bellwether se hacía cargo de todas las funciones de Leonzález, todo menos su escándalo de los mamíferos desaparecidos. Normalmente cuando cae el líder, sus subordinados caen con él. Pero ella salió libre de culpa y fue nombrada alcalde inmediatamente.

—¿A qué quiere llegar? Un momento, ¿cree que ella lo inculpó?

—Apostaría mi jubilación. Pero la verdadera pregunta es, ¿por qué? Verla en esa enorme oficina, tomando decisiones tan drásticas como cambiar la imagen de la policía, llenar las dependencias con mamíferos ovinos, y con un cambio de carácter tan repentino, no sé Bogo, a mi esto no me huele bien; mis superiores me obligaron a cerrar el caso y no meter las narices, pero mis huesos me dicen que algo no está bien. ¿Tú que dices Bogo? ¿Crees que este viejo se ha vuelto loco?

—Con el debido respeto jefe Matsuda, usted está loco.

—Gracias, cachorro.

—Pero sí, yo también tengo mis dudas, el problema es que no hay pruebas, ¿descubrió algo hoy en su oficina?

—Nada nuevo, aunque ahora sé que por alguna razón ella es muy aprensiva contra animales superiores a ella, más grandes o de mayor rango y, por lo que detecté al hablar sobre su antiguo jefe o de tu muchacho, parece tener un cierto odio o resentimiento contra los depredadores.

—Eso explicaría porque se esmeró en remover al personal depredador de la estación, pensé que era por evitar el pánico con la ciudadanía...

—Igual es una buena coartada, pero como bien dijiste, sin prueba no tenemos nada y ahora, ha empezado a sacar los colmillos, es evidente que te quiere fuera.

—Lo sé.

—Ten mucho cuidado cachorro, estás caminando sobre hielo frágil y no podré salvarte el pellejo siempre… escuché tu conversación con ella antes de entrar a su oficina, estuvo a punto de despedirte, pero te propuso un trato: tú o el zorro, y oí claramente que estuviste a nada de arruinar tu trayectoria como jefe de policía por un completo desconocido… ¿Por qué muchacho, por qué?

—Ah eso… realmente, no lo sé, le di mi palabra a Wilde de que limpiaría su nombre y…

—Pero todo el caos fue su culpa, la pequeña Bell tiene razón, fue un completo desastre, no creo que le debas nada a ese tal Wilde, ¿y aún así te atreves a dar la cara por él?

—Wilde era zorro engreído, fastidioso y un completo demente, nada me hubiera hecho más feliz que condenarlo, o eso pensé; todas sus locuras ayudaron a la estación más que lo destrozos que hizo, sin sus imprudentes acciones, inocentes depredadores estarían desempleados o en puestos que no merecían después de años en la fuerza, y los ciudadanos estarían protegidos por una bola de cobardes. Y todo por evitar que Hopps abandonara la ciudad, para mí se ganó mis respetos y lo veo más como un pequeño héroe. Le di mi promesa a ese zorro de que limpiaría su nombre, si no era capaz de eso, no merezco llamarme policía, y eso es algo que un maldito viejo loco me enseñó hace muchos años.

El jefe Matsuda terminó su cigarro, agitó las cenizas y lanzó la colilla a un bote de basura que estaba a tres metros de distancia.

—Eres un tonto y un iluso Bogo, tus principios y valores un día te van a costar el empleo o hasta la vida… —dijo mientras sonreía mostrando los colmillos— por eso me agradas. Vi el vídeo de las locuras de ese tal Wilde en la jefatura, y luego tu aventura junto con el zorro por toda la Comarca de la Savana, es lo más peligroso, estúpido, imprudente y genial que he visto en los últimos años, ese chico tiene talento, deberías reclutarlo o presentarmelo alguna vez, necesitamos mamíferos de verdad en estos tiempos difíciles.

—¿Wilde, un policía? ¿Está bromeando? Admiro lo que hizo y reconozco las habilidades y buenos reflejos de ese zorro, pero eso no quita que sea un peligro, lo que hizo sólo lo hizo por encontrar a una chica, dudo mucho que le interesara ser parte de la policía; por eso, si algo hubiera salido mal, yo…

—Reconozco un talento cuando lo veo, cachorro, y esa clase de locos y tipos peligrosos nos conviene tenerlos de nuestro lado y no en nuestra contra.

—No niego que podría ser una valiosa adición, pero me sigue pareciendo una mala idea.

—¿Una mala idea? Bueno, recuerdo hace un par de años a un joven y enclenque repartidor de multas que hizo un par de locuras sólo para impresionar a una chica, ese mequetrefe por poco termina con una condena de varios años sólo para conquistar a su actual esposa, de no ser por el guapo y apuesto jefe de policías de aquel entonces, seguramente sería un toro bueno para nada.

—Bah, ya entendí a donde quiere llegar, pero aunque quisiera, no podría reclutar a Wilde, llevo más de una semana intentando comunicarme con él, pero ni Garraza ni yo hemos tenido suerte, parece que el altercado con los conejos y la salida de Hopps de la ciudad lo afectó más de lo que imaginé.

—Sí, leí tu reporte cachorro, es increíble que en estos tiempo exista esa clase de discriminación, sólo un completo imbécil tendría prejuicios contra un animal tan noble y tan incomprendido como un zorro. Pero hablando de Hopps, esa coneja era otro diamante en bruto, ¿pudiste contactarla?

—Logré localizar su antiguo hogar en las Madrigueras, pero ella se niega a regresar a la fuerza, es por eso que quería encontrar a Wilde, es al único al que querrá escuchar, pero sin el zorro, tampoco tenemos nada.

—Ahhhhh… —exhaló el humo de su tercer cigarillo— y ahí van los héroes de Zootopia, que desperdicio. Bueno, creo que el destino de esta ciudad está en las patas de estos dos viejos mamíferos, cachorro. Te pediría que me ayudaras con ese asunto o el de nuestra prepotente alcaldesa, pero por desgracia, ninguna es prioridad. Ambos tenemos órdenes, seguiré investigando a Bellwether por mi cuenta, te pediría lo mismo, pero parece que tendrás la tarde ocupada.

—¿Qué? ¿Por qué lo…?

El radio de Bogo comenzó a sonar, el enorme animal tomó el aparato de su cintura y lo acercó a su hocico rápidamente..

—Jefe Bogo al habla, te escucho Garraza. Cambio.

—¡Jefe Bogo, hay un posible 10-91 en el Distrito Forestal, es en la 55 de la calle Orquídea. Cambio —dijo el felino desde el intercomunicador de búfalo.

—Entendido, voy para allá, alerta a todas las unidades del área y avísame si alguien llega primero. Cambio y fuera.

El enorme animal bovino guardó el pequeño radio en el bolsillo de su cinturón y vio al viejo tanuki que terminaba de fumar su último tabaco.

—Bien cachorro, el deber llama, yo también debo irme, parece que será una tarde animada para ambos.

—Eso me temo señor. Muchas gracias jefe Matsuda, le debo una.

—¡Me debes 12, idiota! Pero no dudes en volver a pedir ayuda, este viejo no dejará de apoyarte hasta que su corazón deje de latir. Buena suerte y hasta luego jefe Bogo. Salúdeme a su esposa dedededededede mi parte.

—Así lo haré, hasta luego señor.

El enorme búfalo alzó su pata a la altura de la frente y dio un solemne saludo de policía el cual fue respondido por el pequeño tanuki, después ambos animales bajaron las patas, por su parte, el jefe Bogo se dio la vuelta y se fue corriendo hacia su patrulla mientras que el viejo perro mapache miraba al enorme mamífero alejarse del ayuntamiento.

—Buena suerte hijo, espero que regreses a casa sano y salvo.

El jefe Matsuda se retiró del ayuntamiento caminando lentamente con las patas en los bolsillos de su gabardina.


Notas del autor:

Hola y lamento haberme tardado tanto en actualizar, pero he tenido unas pseudo-vacaciones muy ajetreadas, reparando la casa, ayudando con las festividades navideñasy de fin de año, y otras cosas que no me han dejado escribir a gusto. ¡Este bonus se suponía que debía publicarlo hace dos semanas! Pero bueno, al fin logré terminarlo, sé que es un capítulo algo raro, pero espero que igual haya sido de su agrado o al menos entretenido, pero si no fue el caso, me disculpo y aceptaré con gusto sus insultos.

Y ahora un aviso sobre la próxima actualización. Debo confesarles que no he podido avanzar mucho en el próximo capítulo, por lo que me temo que actualizaré la historia hasta finales de Enero del próximo año (2017, no se asusten), lamento no poder hacerlo antes, pero bueno, agradezco su paciencia y comprensión, haré lo posible porque la espera valga la pena.

Y antes de irme, quiero decir unos cuantos avisos y aclaraciones más:

Primero a Yumi Zafiro Saito, una lectora muy especial que se leyó toda mi historia a pesar de no conocer al 100% este fandom, gracias por ese hermoso review y sí, sigo sorprendido de que hayas dado conmigo, lectora stalker xD Agradezco de todo corazón que te hayas tomado las molestias de dar conmigo, leer la historia y comentarla y darme unos buenos consejos, halagos y muchos ánimos para continuar, ¡Muchas gracias Zafiro Sempai!

En segundo a Noalovegood por retomar de leer mi historia y dejarme comentarios hermosísimos. Ella me hizo notar algo interesante sobre la expresión "¿Qué comes qué adivinas?"y me hizo pensar que podría estar escribiendo frases o modismos en mi historia que quizás no todos conozcan, así que si en alguna parte de Torpe Zorro leen alguna frase o palabra que se les haga raro o no entiendan, no duden en preguntarme.

Y por último. Fe de erratas, en todo el fic he escrito el apellido de la vice... errr... alcaldesa Dawn Bellwether como 'Bellweather", no me había dado cuenta hasta ahora, sé que no es un detalle muy grande, pero me molesta tener esta clase de errores, me siento sucio (?) Ya he comenzado a corregir el nombre en algunos capítulos.

Bueno, pues sería todo, voy a esforzarme y tratar de actualizar lo más pronto posible, gracias por su comprensión y por seguir leyendo. ¡Nos vemos! ¡Feliz Navidad (atrasada) y próspero año nuevo 2017!