Capitulo 14
No lo pensó un minuto y bajó, su graznido inconfundible para todo aquel que supiera quien es Damon Salvatore, no pasó desapercibido para el vampiro que acechaba, ni para los tres cazadores que montaban guardia esperando por él.
Se transformó en cuanto tocó el suelo y les dijo que subieran, le indicó al portero que los dejara pasar y que olvidara todo lo que acababa de pasar.
En un instante desapareció frente a sus ojos, tratando de seguir el rastro del vampiro que se alejaba.
Intentaba recordar el nombre, o la edad, algo, que pudiese darle una pista pero sólo recordaba haberle visto con Mikael, la última vez que se cruzaron con papá original.
Lo dudó un buen rato pero si él venía a la ciudad, no podría proteger a Elena solo, y por muy duros que se creyeran, Fred y Daphne, no eran más que unos juguetes de arcilla en manos de Mikael, así que terminó llamando a Klaus y poniéndolo al corriente de la situación.
-Esos niños han dagado a Rebekah. No sé que rayos se creen. Cuando termine con Elena me voy a comer a los otros de postre.
-Termina con el berrinche, que no estamos para perder tiempo. Si no está aquí, está por llegar, no puedo protegerla sólo y él no vendrá a preguntar ni hablar, vendrá directo a matarla.
-Tráela a Mistyc Falls.- Ordenó el hibrido.
-¿Pero que sentido tiene? Si ella no se escapa él la encontrará, es cuestión de tiempo.- Mientras hablaba seguía buscando rastros del vampiro, que se le había perdido de vista completamente.
-¿Qué propones? ¿Quieres llevártela a otro viaje para que se te escape y termine muerta?- El tono burlón sólo logró que Damon sonriera.
-Te recuerdo que a ti no te fue mucho mejor que a mí a la hora de cuidarla. Y yo me divertí más.- Se arrepintió en cuanto lo dijo, porque no se había divertido solamente y el recuerdo de eso aún dolía.
-Pensaré en algo y te llamo.
Luego de unos minutos más desistió en su búsqueda y regresó a su apartamento. Acababa de entrar cuando su teléfono móvil sonó y el nombre de Klaus apareció en la pantalla.
-Diga.- Respondió mientras tres pares de ojos lo miraban expectantes.
-La Guardia, en 20 minutos nos vamos.
-¿Donde siempre?
-Si
Cortó la comunicación y sonrió de lado viendo las caras de desconcierto a su alrededor.
-Tenemos un avión que tomar, espero que traigan pasaporte.
-Yo no…-Comenzó a decir Elena, pero la mirada de Damon la silenció.
-El padre de Elijah te ha encontrado. ¿Sabes algo sobre él?- Preguntó sirviéndose un vaso de sangre.
La chica negó con la cabeza y él soltó un bufido, mientras los otros dos eran meros espectadores de lo que ocurría.
-Te lo explico en otro momento, vamos.- Sin esperar que nadie respondiera, ni aceptar preguntas, sin siquiera mirar atrás, salió en cuanto terminó su bebida.
Tomaron un taxi abajo, dejando el camaro en el estacionamiento del edificio y fueron al aeropuerto de La Guardia, donde el jet privado de Klaus los esperaba. Dentro, el híbrido y sus hermanos esperaban con caras de pocos amigos.
Elena se alegró de ver a Kath y Elijah, pero sus caras distaban mucho de la alegría o el alivio.
-Podrían cambiar esas caras que al final durmieron un par de días de siesta nada más. Hasta te levantaste viéndote más joven por el descanso cuñada.- comentó Kol burlonamente, logrando que el humor de la vampira solo fuera a peor.
-Vete al diablo. Que no me olvido de lo que me hiciste pasar.- Repuso Katherine y toda la discusión volvió a empezar mientras el avión despegaba.
En cuanto pudo Damon es paró y fue al fondo, al pequeño bar, a servirse un Bourbon y Elena lo siguió.
-¿Podemos hablar?-Preguntó dudosa, con apenas un hilo de voz, aunque todos los vampiros del avión la escucharon claramente.
-No aquí y no ahora. Hablaremos cuando lleguemos.- Repuso no queriendo que el resto escuchara lo que fuera que ella tenía que decir, ni lo que él mismo pudiera responder.
-¿A dónde vamos?- Su voz había recuperado un poco la compostura pero se filtraba mucho dolor en ella, eso era inevitable.
-A Paris. Klaus tiene varios aliados allá y podremos protegerte mejor.- Lo dijo en un tono completamente falto de emociones, pero ella pudo ver un segundo sus ojos y supo que todo era fachada, que dentro de él una tormenta de emociones amenazaba con desbordarlo en cualquier momento. Y lo peor fue que vio dolor, pero además odio.
-Claro, ni Dios permita que muera antes del solsticio.-Murmuró más para ella que para nadie, mientras se giraba para irse.
-Si vas a morir, al menos que sea por algo útil.- Contestó parándose tras ella y hablándole al oído como había hecho tantas veces antes.
-Terminemos con esto de una vez, yo no creo esta postura tuya.-Elevó la voz y ya no solo los vampiros los oían, ya que incluso los humanos se giraron para ver que ocurría.
Damon la tomó por el codo y la llevó al baño del avión, sabía que tal vez aún así los oyeran pero trataría de evitarlo como fuera, así que del lado de afuera de la puerta dejó su móvil pasando música al máximo del volumen.
-Ok, suelta lo que quieras decir niña y déjame en paz de una vez.-El espacio era reducido y no necesitaba hablar alto para que ella lo escuchara perfectamente, pero se negaba a mirarla, seguía casi de espaldas como cuando habían entrado.
-Mírame.- Trató de girarlo tirando de su brazo pero era como tratar de mover una estatua.-Damon, mírame.- Él no se movió así que apoyó la frente en la amplia espalda y comenzó a hablarle a su chaqueta de cuero.
-Tenía miedo. No quiero morir.- Una lagrima amenazaba dejar su ojo derecho y cerró los párpados fuertemente tratando de mantenerla en su sitio.
Respiró profundamente y volvió a hablar, aún más bajito que antes, pero sabiendo que eso no importaba.
-Perdóname. Pero no sabía que harías, que sentías, yo temí que no me dejaras ir, que no fueras capaz de traicionar a tú amigo. Incluso pensé que…- Se detuvo, era algo que ella misma se negaba a pensar, a reconocerse y le costaba infinitamente decirlo en voz alta.
Lo sintió girarse y un dedo bajo su quijada la forzó a levantar el rostro.
-Mírame, Elena.
Ella abrió sus ojos para enganchar su mirada con el intenso azul que era un mar de dudas, de miedos y de pena.
-Temí que no te sintieras igual que yo…- Susurró ella, tragando saliva y no queriendo aclarar nada más. Ya se arrepentía de haberle pedido hablar.
-No te entiendo.- Su mirada le decía a la chica que mentía, pero que quería oírla decirlo y no lo culpaba.
-Me enamoré de ti. Y temí que, no sé… Yo soy humana… Y habrá un solsticio cada año por el resto de mi vida. No sé si cualquier solsticio le sirve, pero no quiero pasar el resto de mi vida con miedo de que él nos encuentre y yo no pueda protegerte si él quiere vengarse de ti.- Dejó que sus lágrimas comenzaran a correr y se calló.
-Dilo todo Elena, sé que hay más.
-Temí que no quisieras convertirme, que la eternidad fuera demasiado tiempo para estar conmigo. Y temí que quisieras convertirme porque no sé si quiero ser un vampiro.- Ella misma sabía lo estúpido que era lo que decía, pero era la verdad y se había prometido no ocultarle más cosas, no volver a lastimarlo.- Cuando vi a Elijah en nuestra habitación miles de miedos tontos llenaron mi cabeza, y superaron todo lo demás. Tienes que entenderme, por favor. Yo sólo quiero vivir… Y de ser posible quiero hacerlo contigo.
Esa pequeña niña lo ponía todo a su alrededor de cabeza, más de 500 años de experiencia con mujeres y ante ella era un muchacho que sentía mariposas en la panza cuando le decía que lo amaba. Él, Damon Salvatore, uno de los vampiros más poderosos del mundo, convertido con sangre de un original, aceptado por la élite de los vampiros como uno más de los Mikaelson, y conocido en el mundo como el cuervo negro de la muerte. Él que inspiró uno de los más famosos poemas de Poe, y allí recordó la frase que él mismo dijo al poeta, "nunca más"
-Me enamoré de ti bella Elena, pensaba en tus manos poner mi alma entera, pero en sueños destrozados has transformado mi vida y del ser que conocías, nada queda, nunca más.
La chica se congeló completamente, nunca pensó que Damon pudiese hablarle así, jamás. Y casi se quebró, parecía que nada quedaba del chico del hotel, del chico con el que recorrió Old Town. Negó con la cabeza, alejando esa idea, se negaba a pensar eso, porque sólo le quedaban unas semanas de vida y no las pasaría sin el único hombre que había amado.
-La poesía sale del corazón Damon, del enamorado o del roto pero nunca del que es incapaz de sentir.- Alzó una mano y acarició su mejilla y él no pudo evitar cerrar los ojos ante el contacto.
Un segundo después la estaba besando, con mil sentimientos que no había forma humana o inhumana de reprimir. Ella llevó los brazos a su cuello y se entregó a ese beso porque sabía la lucha que había dentro del vampiro, la misma que había dentro de ella unos días atrás, en aquella habitación de hotel.
-Yo no te amo, y te entregaré a Klaus para que rompa su maldición cuando llegue el día.- Dijo dejando de besarla un segundo, pero ella lo ignoró completamente y lo atrajo a sus labios de nuevo.
No le creía, no podía creerle, y más que nada, no quería creerle.
Lo único que quería era volver a sentirse como aquellos días entre sus brazos. Volver a sentir que el mundo se desvanecía, que nada más importaba, que eran sólo ellos dos, y que ella no era una pieza de un juego místico sino una chica de 17 años enamorada por primera vez.
Elena sabía lo que Damon se negaba a admitir, no importaba cuanto tratara de convencerla de lo contrario, no importaba lo que dijera, ella lo sentía en sus besos, lo veía en su mirada.
Ella profundizó el beso, invadió su boca, acarició su lengua y lo sintió rendirse por completo. Él la enredó entre sus brazos y la pegó completamente a su cuerpo, necesitaba sentir su calor, necesitaba fundirla contra su pecho, necesitaba olvidar su traición y permitirse perdonarla. Pero si lo hacía, le daba la chance de volver a herirlo.
La separó, la giró para dejarla de frente al pequeño espejo y se paró tras ella. Lentamente comenzó a acariciar sus costados rozando con la punta de los dedos la redondez de sus pechos. Y cuando la vio cerrar los ojos, los tomó plenamente entre sus manos. La joven no pudo evitar tirar la cabeza hacia atrás apoyándola en el hombro del vampiro, permitiéndose sentirlo plenamente, disfrutar que cada milímetro de contacto, y alzar los brazos para llevar ambas manos a los cabellos negros y sedosos.
La ropa molestaba y el coló las manos debajo de su blusa para acariciar la piel tibia y aterciopelada, sintió los pezones erguidos rogando liberación bajo el encaje del corpiño, pero no tenía prisa por darles lo que querían. Bajo una de sus manos lentamente, hasta llegar al botón de los jeans, se lo desprendió para seguir viaje hacia ese lugar que podía generarle una increíble adicción, y la escuchó gemir ante el contacto.
Los golpes en la puerta los interrumpieron y Damon soltó una maldición por lo bajo. Se miraron a los ojos en la imagen que les daba el espejo, el deseo impreso en el azul tan fuerte como en el chocolate.
-Un minuto.- Respondió él que tenía la voz que ella no podía encontrar. Pero en lugar de soltarla subió su blusa y desprendió el corpiño antes de girarla. El corazón de Elena latía tan alto que pensó que los vampiros de fuera podrían oírla, pero la anticipación y el deseo eran más fuertes que la vergüenza.
Damon bajó la cabeza, delineo la curva del pecho izquierdo con el filo de sus colmillos, dejando una finísima marca rosa y la mordió en el costado, justo debajo del pecho. Ese intercambio duró poco más de un par de minutos entre que se alimentó y la limpió meticulosamente con la lengua, pero alcanzó para que las sensaciones los colmaran a ambos, para que el placer los recorriera por completo y aliviara el deseo al menos por un rato.
Eso era algo que el vampiro no podía entender, porqué la sangre de ella no era suficiente, porqué la deseaba como un hombre a una mujer, porqué esa necesidad de hundirse en ella, de poseerla completamente, de sentirla entregándose a él en todas las formas posibles, no podía o se negaba a hacerlo.
Salieron del baño y se encontraron con una Meredith de piernas cruzadas que entró prácticamente corriendo. Damon recogió su celular y detuvo la música, que no estaba seguro de que hubiese servido de algo, pero les había permitido hablar sin preocuparse de los demás.
Las caras de los vampiros que los rodeaban eran imposibles de interpretar de dos maneras, sentían el olor de la sangre de Elena, sabían lo que había ocurrido en ese baño, o al menos la última parte.
-Hay un botiquín en la habitación de atrás.- Comentó Kol.- Y una cama por si no fue suficiente.- Sonrió maliciosamente y respiró hondo, haciendo que la chica quedara completamente roja y Damon le diera un golpe en la nuca.
-¿Qué? Lo digo porque es a prueba de ruidos y no necesitarás castigarnos con tu gusto musical- Agregó fingiendo inocencia.
-Ya regreso.- Murmuró Elena, apresurándose se escondió en la pequeña habitación de atrás y Kath la siguió un minuto después.
-¿Te ayudo?- La vampira entró y la encontró tratando de colocándose un pequeño vendaje bajo el pecho, la ayudó a cubrir la marca de la mordida porque el sangrado ya se había detenido.
-Quiero hablar contigo, Elena. He pensado mucho lo que está pasando y es hora de que tomes una decisión.- La otra la miraba confundida al principio y luego asustada, creyendo que había oído lo ocurrido en el baño, además de lo evidente.
-¿De qué hablas?- Preguntó sin mirarla a los ojos mientras ambas se sentaban en la cama.
-Estás en el más grave de los peligros. Si Mikael te encuentra te matará sin dudarlo y no sé hasta dónde podremos protegerte de él.- La tomó del rostro y la obligó a mirarla.-Tienes que decidir si quieres comenzar a tomar sangre de vampiro.
-¿Qué?- La pregunta le salió como un grito atragantado.
-Debemos pensar en la posibilidad de que él te mate, y debes decidir si quieres convertirte si eso pasa.- Bajó la mano para cubrir las de la joven con las propias, tratando de confortarla.- Sé que es difícil de pensar en eso ahora, pero puede que sea una decisión que tengas que tomar ya. Mikael conoce muy bien a sus hijos y puede que incluso haya adivinado lo que harán contigo, dónde te esconderán y quienes participarán de esto.
Elena cerró los ojos, no sabía si quería ser un vampiro. ¿Qué pasaría con Jeremy? Ella era una cazadora… los vampiros eran lo que se suponía que ella debía matar…
-Te prometo que haremos lo imposible para que sigas humana, ellos porque te necesitan para el sacrificio, nosotros porque queremos que tengas la vida que quieras. Pero existe la posibilidad que ni todos nosotros podamos protegerte, y debemos tomarla en cuenta.
La chica bajó la cabeza y se cubrió el rostro con las manos, los momentos pasaron, como horas. Otros miedos y otras dudas llenaron su cabeza.
-¿Cómo es?- Preguntó finalmente.
-No es igual para todos. Para mí es la eternidad para estar con él.- La vampira no pudo evitar sonreír al decirlo.- Ahora no es como antes, puedes alimentarte de bolsas de sangre, no necesitas lastimar a nadie. Podemos enseñarte a controlarte y entrenarte. Podrías recorrer el mundo con nosotros o con Damon…
-No sé si él quiera estar conmigo tanto tiempo.
-Pero vale la pena arriesgarse, ¿no?- Mordió su propia muñeca y se la tendió a la joven que luego de dudarlo un segundo, la tomó entre las manos y bebió.
-Esto debe quedar entre nosotras, no puedes decírselo a nadie. Tomarás unas gotas cada día, sólo como un seguro.
Unos golpes les avisaron que debían salir y se dieron cuenta que el avión comenzaba a descender, estaban llegando a París. Listas para comenzar una nueva etapa.
Les dejo el nuevo capi, espero que les guste, gracias a todas por los comentarios, me alegran el día ;)
