… Umm... etto... ¿Hola? Jeje... ¡Por favor! ¡No me golpeen! ¡Sólo mátenme y tírenme a un zanja! XD
De verdad lo siento. No tengo escusas, sólo se me fue la inspiración y me había apegado mucho al otro fic que yo había escrito je, je... je... ¬_¬
Perdón y sin más que decir... a leer...
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Descargo de responsabilidad: Naruto y sus personajes no me pertenecen, lo único mío aquí es esta historia.
...
Capítulo 14: La decisión de Minato.
ΙΙ
–Pa... pa...– tartamudeó Naruto mientras lo observaba. No era él, no era su padre.
No hizo nada por zafarse de su fuerte agarre en su muñeca que, amenazaba con rompérsela en cualquier momento. Sólo se limitó a mirarlo, sin saber realmente qué hacer.
–¿Q-qué te sucede?– preguntó una vez más, pero de repente, Minato lo dejó ir, y tras llevar una mano a su nuca, soltó un fuerte alarido de dolor.
–¡Dobe! ¿Qué está pasando?– preguntó Sasuke, quien había llegado algo agitado al lugar.
–¡No lo sé Teme! ¡Ayúdame!– pidió desesperado el Uzumaki,– No sé que le ocurre, tengo que hacer algo, pero no tengo idea de qué.
–¡Sensei!– gritó Rin.
–¡Te lo dije Baka, no tendrías que haberle dicho eso antes!– exclamó Kakashi.
–¡Lo siento, debía desahogarme! ¡No había manera de que yo supiera que ocurriría esto luego!– respondió Obito en igual tono.
La niña no esperó más y corrió a él.
–Sensei, ¿Qué pasa? ¿Qué te ocurre?– preguntó ella alarmada.
–R-Rin... aléjate... no te acerques– dijo el Namikaze en un esfuerzo por articular palabra.
–P-pero, Sensei usted...
–Por favor Rin... ese maldito... ha puesto un sello en mi cuello y ahora... estoy siendo manipulado... por él... ugh– gruñó de dolor.
–¡¿Quien es ese maldito?!– gritó Naruto rojo de la ira.
–No... lo sé... pero...– dejó de hablar de repente.
–¿S-Sensei?– llamó Obito.
Minato desapareció de la nada.
Naruto se alarmó– ¿Pero qué demonios...?– sintió algo frío en su garganta. Su padre había aparecido detrás de él, amenazándole con cortar su cuello con uno de sus Kunais de tres puntas.
–Papá...– murmuró el Uzumaki.
–¡Sensei! ¡No lo hagas!– gritó Rin e iba a acercarse de nuevo, pero Sasuke la tomó rápidamente del brazo.
–Él no te escucha, está siendo manipulado– dijo el Uchiha– ¿Quién demonios está haciendo esto?– frunció el ceño– Es de un maldito cobarde.
–Pero...– la niña pre-adolescente parecía que iba a llorar– Él... no podemos dejarlo... Naruto-san... yo...
Sasuke negó con la cabeza, haciéndole saber que no había nada que ella pudiera hacer respecto a eso.
Minato, con su mayor esfuerzo, intentó quitar el Kunai de la garganta de su propio hijo. Su cuerpo no respondía a sus mandatos, su mente decía algo, pero lo demás hacía otra cosa. Había momentos en el que él perdía completamente la conciencia, no podía saber lo que estaba haciendo hasta que lo descubría cuando volvía al no del todo normalidad, pero que era consciente de sus actos aunque no pudiera evitarlos.
Naruto sentía el frío cuchillo arrastrándose por su cuello hacia abajo. Si el Kunai hubiese estado un poco más apretado, de seguro ya lo hubiesen degollado, pero reconoció el esfuerzo de su padre por evitar lo que estaba sucediendo.
El Uzumaki no se movió, sabía que si lo hacía, debía antes despedirse de su cabeza. Nadie a su alrededor lo hacía, un movimiento en falso y el Namikaze podría ser manipulado para que asesinara a su propio hijo de la manera más horrorosa posible.
–¡Ese imbécil... está jugando con los sentimientos de Minato-sensei!– gritó Obito. Activó su Sharingan y miró hacia todos lados– ¡¿Donde te escondes maldita sea?! ¡¿DONDE TE ESCONDES?!– gritó de nuevo con ira– ¡Te voy a hacer pedazos MALDITO!
Kakashi miró sorprendido a su compañero de equipo, quien ahora mismo, deseaba más que nadie ver la sangre de aquél sujeto derramada por el suelo.
–Je, je– rió Kurama de la nada.
–¿De qué te ríes Kurama? ¿Acaso mí situación es graciosa para ti?– preguntó desde su mente, un indignado Naruto.
–¿Qué? ¡Claro que no es por eso!– el zorro bufó molesto– Se trata del mocoso Uchiha, el de las gafas de color naranja, él está mas sediento de sangre que yo cuando ataqué Konoha– rió de nuevo– Aunque en aquél momento, yo no estaba muy seguro de lo que hacía.
–¿Eso es verdad?– el rubio preguntó sorprendido.
–Ne... no del todo... pero de igual manera, a mí también me manipulaban, y yo había sido tan idiota al pensar que se trataba de Uchiha Madara...– hizo una breve pausa– Dejando de lado eso, deberías alejarte de alguna forma de tu padre, si no quieres que te haga una traqueotomía– sugirió el Kyuubi.
Naruto sintió un escalofrío recorrer todo su cuerpo. ¿Era posible sentir escalofríos dentro en tu propia mente? ¿Era eso normal?
–No... digas eso...– llevó una mano a su cuello– Y además, ¿Qué pretendes que haga?, no quiero hacerle daño.
–Creo que no hay otra opción... o puedes dejármelo a mí, yo con mucho gusto lo hago.
–Prefiero arriesgarme– se apresuró a decir el Uzumaki– Mejor me voy, nos vemos.
–Si, si, vete, no te necesito aquí– el rubio le dedicó una última mirada extrañada antes de marcharse de su paisaje mental. El colosal zorro naranja se sentó en aquél mojado suelo del alcantarillado, y a continuación, dar un estruendoso suspiro y bajar las orejas. Se sentía ignorado.
–¿Cómo se atreve a rechazar el increíble plan maestro de Kurama-sama?– pensó con fastidio y suficiencia. Claro, si a eso de hace rato se lo podía considerar siquiera como un rebuscado "plan maestro".
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Naruto abrió los ojos rápidamente y pensó en lo estúpido que era por haberse distraído en una situación como esta.
–Maldito Kurama– musitó, sin entender el por qué de culpar a aquél pobre zorro.
De repente, alguien le dio un fuerte empujón hacia adelante, haciendo que el Uzumaki cayera dolorosamente al suelo lleno de tierra, piedras, pasto y otras cosas sucias.
–Ugh– gruñó el rubio– Ay, mi cabeza– se la frotó, ya que se la había golpeado con una piedra, bastante puntiaguda, que sobresalía del suelo.
Un Kunai destinado a él, se clavo en la tierra, a unos muy escasos centímetros de su rostro. Lo reconoció como una de las cuchillas especiales de su padre.
–¿Qué estas haciendo? ¡Concéntrate idiota!– gritó Sasuke.
–¿Pero qué...?– calló cuando alguien lo tomó del cuello de su camisa elevándolo hasta encontrarse justo frente al rostro de su agresor.
Se encontró con la mirada inexpresiva del que momentos antes, era su padre.
–Mierda– fue lo primero que se le pasó por la mente. Él no quería morir, y mucho menos en manos de él, su propio padre.
No hizo nada para zafarse de su agarre, no quería hacerle daño, no podía, no se atrevía a hacerlo. Le parecía injusto, él ni siquiera sabía lo que estaba haciendo. Lo utilizaban como si fuese nada más que un juguete, un títere, una maldita marioneta.
Como si de basura se tratase, y toda la furia acumulada durante años lo desatara en Naruto, lo envió a volar, haciendo que este se estrellara contra una gran cantidad de árboles, derrumbándolos uno por uno.
–Oh... m-mierda– murmuró el Uzumaki, luego de haberse detenido en el onceavo árbol, dejándolo algo quebrado, pero de igual manera se encontraba en mejor estado que los anteriores.
–¿D-de donde sacó... esa fuerza...? N-no sabía ni que la tenía...– vagamente pensó mientras tosía un poco, ya que el polvo lo rodeaba como si fuese neblina.
–¡Oh por Kami!– exclamó Rin– ¡Tengo que ir a ayudarlo!
–Te acompaño– dijo Obito.
–Yo también– dijo Kakashi.
–No, ustedes se quedarán aquí, yo iré– ordenó Sasuke.
–Pero Sasuke-sensei– replicó el niño de las gafas.
–Sí, no podemos quedarnos aquí sabiendo perfectamente lo que está pasando– protestó el peliplata.
Rin asintió de acuerdo con sus dos compañeros de equipo.
Sasuke los fulminó con la mirada. Sus ojos ahora teñidos de rojo logró intimidarlos.
–Ustedes-se-quedarán-aquí– dijo en un tono tétrico que hizo que los niños, asintieran sin más.
Minato desapareció de nuevo, por lo que supo que era momento de correr. Obviamente sabía a la perfección que no llegaría antes que el Namikaze, sabía que el Hiraishin era un jutsu que le permitía trasportarse de un lugar a otro siempre y cuando, esté ligado con el sello que le permite hacerlo.
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Naruto nunca creyó que algún día miraría con horror el Kunai de tres puntas que se encontraba clavado en la tierra, a unos cuantos metros delante de él.
No podía moverse, estaba despedazado, aunque cualquiera sabría que, al Uzumaki nada lo detiene, pero en este caso, él no quería hacerlo. Su padre podría, matarlo o no hacerlo, pero Naruto nunca le haría daño.
Su brazo izquierdo lo tenía fracturado, y tenía muchos cortes y contusiones en todo su cuerpo. Él podría moverse, no con mucha libertad, pero podía hacerlo. Ya había sufrido peores en la Cuarta Gran Guerra Mundial Shinobi y durante toda su vida y adolescencia.
Sólo esperaría y vería lo que ocurre. Después de todo él no tenía la culpa, pensó.
Se limitó a mirar el cuchillo, sabiendo que él vendría en cualquier momento.
Y tal como lo predijo, Minato apareció frente a él. El Uzumaki tragó saliva.
Tomó su Kunai que se encontraba a sus pies y se acercó lentamente a él. Pero...
Fue demasiado rápido, mucho más de lo que sus ojos pudieron captar. Minato había salido volando hacia un lado, estrellándose contra un árbol.
–Dobe, ¿Estás bien?– preguntó Sasuke quien se encontraba parado frente a él.
–Mmm, supongo... ¿Qué fue lo que hiciste?
–Nada, sólo le di un muy doloroso puñetazo en la cara– el Uchiha parecía orgulloso de sí mismo.
Naruto frunció el ceño, pero no dijo nada.
–Aunque eso no lo detendrá– agregó Sasuke– Parece que no siente dolor. Ahora mismo no es más que una marioneta– dijo.
Naruto bajó la mirada al suelo, triste por lo que ocurría, pero luego la elevó rápidamente. No tenía que ponerse triste, ya que él iba a detenerlo, va a salvarlo y luego destruiría al maldito que le hizo esto.
–Kurama, necesitaré tu ayuda– pidió el Uzumaki.
–Que bien, algo de acción– el Kyuubi dijo sonriente– Está bien, cuenta con ello– dijo, y ya sabiendo lo que tenía que hacer, comenzó a sanar las heridas del rubio.
–Yosh– el rubio intentó ponerse de pie, pero le era algo difícil.
Un destello de luz se vio a lo lejos. Naruto pudo divisar a su padre, que caminaba lentamente hacia ellos y un Rasengan descansaba en su mano derecha.
–Demonios– pensaron Uchiha y Uzumaki.
–¡Dobe! ¡Ponte de pie de una vez que él es más rápido que nosotros!– exclamó Sasuke.
–¡Lo estoy intentando!– dijo nervioso.
Una vez que el rubio estaba más o menos de pie, Minato a pareció detrás de él, con la enorme bola espiral en la palma de su mano.
–Mue... vete– dijo su padre en voz muy baja y entrecortada. El Uzumaki no lo hizo, no tenía el valor siquiera para girar la cabeza hacia un lado.
–¡Que te muevas!– esta vez fue un grito ahogado de desesperación.
Sasuke tiró del brazo de Naruto, haciendo que ambos cayeran al suelo. Minato impactó el Rasengan en el piso, destruyendo todo y dejando en el acto, un gran cráter en la tierra.
–¡Dobe! ¡Tienes que concentrarte o de lo contrario terminarás muerto!– exclamó el Uchiha y se miró con asco al notar que se encontraba lleno de tierra y un par de piedras le habían golpeado en la cara.
–¡Oye! ¡Lo siento!– dijo el rubio mientras hacía una mueca de dolor.
En la mano del Namikaze comenzaba a formarse otro Rasengan. Agarró con fuerza su propia muñeca mientra intentaba impedirlo– No, ¡No! ¡YA BASTA!– cerró el puño, deshaciendo el jutsu.
–¡Yo no seré la maldita marioneta de nadie! ¡¿Me oyes BASTARDO! ¡De NADIE!– gritó con ira el mayor.
Naruto quedó con la boca abierta.
Minato saltó a la rama de un árbol, lo cual hizo que el Uzumaki se alarmara.
–¿A-a donde vas?– preguntó el rubio mientras se ponía de pie rápidamente, ignorando el creciente dolor en todo su cuerpo.
–No puedo quedarme con ustedes... no mientras esto continúe... tengo que detenerlo... debo encontrar a ese sujeto...– respondió.
–Pero...– el rubio menor fue interrumpido.
–Naruto, déjalo, él es el que tiene más probabilidades de encontrar a ese maldito que nosotros, piénsalo un poco– explicó Sasuke.
Naruto bajó la mirada al suelo– Yo... está bien.
Minato sonrió débilmente– Entonces... tú eres capitán de esta misión– dijo. El dolor en su nuca volvió, por lo que supo que ya era momento de irse o de lo contrario, lo del Rasengan se repetirá, al igual que muchas otras cosas que él prefería evitar– Suerte... y ya nos veremos– dijo antes de desaparecer en un destello de color amarillo.
El Uzumaki calló sentado al suelo mientras daba un leve suspiro.
–Dobe, vamos, que dentro de unas horas tendremos que partir para continuar con la misión– dijo el Uchiha.
Naruto se limitó a asentir en silencio.
En otro lugar...
Kakashi, Obito y Rin se encontraban sentados sobre una gran roca, la misma donde su Sensei había estado antes de que todo eso ocurriera.
El Uchiha comenzó a tirar de su cabello de la nada.
–¡Maldita sea! ¡Yo tengo la culpa de todo!– exclamó él y se quitó sus gafas, para luego arrojarlas al suelo, pero rápidamente las agarró y comenzó a limpiar la suciedad de ellas.
–Sí, si la tienes– dijo el Hatake.
Una gota de sudor resbaló por la nuca del pelinegro.
–Hn, yo creí que dirías algo así como "No Obito, tú no tienes la culpa, todo esto fue nada más que casualidades de la maldita vida que tenemos"– dijo y cruzó los brazos sobre su pecho.
–¿Y por qué habría de decirlo?– preguntó el peliplata aburrido.
–Grr– gruñó el Uchiha y miró hacia otro lado y vio que se acercaba Sasuke con un Naruto que apenas si podía mantenerse en pie, claro que el Uchiha lo estaba ayudando o nunca hubiera sido capaz de llegar por su propia cuenta.
–¡Naruto-san! ¿Necesita ayuda?– preguntó Rin corriendo a él, aunque sabía que sí la necesitaba.
–No te preocupes... Kurama me ayudará... ¿Verdad, Kurama?
–No.
–Oh bueno... creo que sí la necesitaré entonces je, je– rió un poco, pero en realidad no estaba de humor para hacerlo.
–¿Qué paso con Minato-sensei?– preguntó Kakashi mientras se acercaba a ellos– No está con ustedes.
Naruto le dio una mirada triste– Pues... se ha ido– respondió mientras apretaba los puños.
–¡NO!– gritó Obito– ¡No, eso es mentira! ¡Y todo por mi maldita culpa!– parecía que hasta lloraba.
El Hatake le dio un golpe en la cabeza, haciendo que callara– No se refería a que está muerto idiota, sólo se ha ido– dijo con fastidio.
–¡Bueno!– le respondió el niño de las gafas en igual tono.
–¿Y por qué se ha ido?– preguntó la niña preocupada.
–Dijo que... tenía que detener esto, lo cual significaba que debía encontrar a ese sujeto– respondió Naruto– Pero... no pregunten más sobre ello... no quiero hablarlo.
Los niños asintieron vacilantes.
–Descansemos un momento, partiremos en un par de horas, ya que recién está amaneciendo– dijo el rubio con un aspecto cansado.
Los tres niños pre-adolescentes asintieron de nuevo, preguntándose que demonios fue lo que había ocurrido mientras ellos estaban ausentes.
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Llegaron por la tarde a Konoha más cansados que nunca. Habían tardado más tiempo de lo normal en aquella misión, ya que Naruto había sido tratado en el hospital de Suna por sus heridas y fracturas y le habían dicho que descansara un poco.
Luego de haber pasado por la torre Hokage para entregar el reporte de la misión, que no había salido del todo bien, pero que la cumplieron con éxito, y además, explicar todo lo sucedido en la misma, Naruto se dirigió a su casa; siquiera se le antojaba ir a Ichiraku Ramen cómo era habitual, simplemente al entrar a su hogar se dirigió directamente a su habitación, sin prestarle atención a las preguntas que su madre le hacía acerca de la misión y en donde se encontraba Minato.
Al decirle al Hokage lo ocurrido con su padre y del hombre misterioso que había hecho todo eso, Hiruzen puso la mayor protección en la aldea, por si las dudas.
Naruto se sentó en el borde de su cama, y a continuación, dar un profundo y muy largo suspiro que ni sabía que estaba conteniendo.
Miró la almohada a un lado. Frunciendo el ceño se preguntó por qué demonios su padre se ponía eso en su cara, nunca lo entendería. Tomó en manos el dichoso objeto y lo examinó por cada rincón del mismo, buscando lo que sea que ésta contenga.
Alguien llamó a la puerta, el rubio sabía de quien se trataba pero, él quería estar sólo en esos momentos.
–Naruto... ¿Puedo pasar?– preguntó una voz al otro lado.
El Uzumaki se lo pensó un momento.
–¿Naruto...?– llamó de nuevo.
–S-si– respondió Naruto.
Lentamente la puerta se abrió, y Kushina se adentró a la habitación, mirando a su hijo que tenía un aspecto demacrado. Estaba destruido tanto física, como mentalmente.
Tenía un par de vendajes, algunos en los brazos, otros en las piernas y en su cabeza, donde se supone que debía estar su banda para la cabeza; la misma se encontraba atada en su brazo derecho, seguramente para no perderla. Muchas heridas por todo su cuerpo se hacían notar, las bolsas bajo sus ojos azules, la ropa algo rota y su humor que le hacía pensar que en cualquier momento se suicidaría.
–Hola– saludó él sin ánimos.
–Hola– respondió ella y se sentó a su lado– ¿Qué te ocurre?– preguntó.
–Yo... se trata de la misión...– comenzó el rubio.
–¿Tiene algo que ver con Minato que no se encuentra aquí? ¿Le ha ocurrido algo?– preguntó preocupada y alarmada.
–Umm... sí y no... verás... un idiota misterioso apareció de la nada y le hizo algo a papá; lo manipuló para que luchara en mi contra y he aquí mi deplorable estado– dijo y se señaló a sí mismo.
–¿Y que ocurrió con él?– preguntó de nuevo desesperada.
–Él está bien, pudo revertir por un momento los efectos del sello que aquél hombre había colocado en su cuello, ahora se ha ido por su propia cuenta para buscarlo y detenerlo, ya que cree que mientras esto continúe, será una amenaza para todos– explicó.
–Pero... ¡¿Por qué demonios ocurre todo esto siempre?!– se preguntó en voz alta la pelirroja, luego miró hacia abajo, en las manos de su hijo.
–¿Qué haces con esa almohada?– preguntó Kushina mientras señalaba el objeto.
–Oh... me preguntaba por qué papá colocaba esto en su rostro, era extraño, ya sabes– respondió mientras sonreía levemente.
–Él decía que con ello ahogaba sus penas, pero claro que yo también le había dicho que lo único que logrará de eso, es ahogarse a sí mismo 'ttebane– la pelirroja rió un poco– Iré a hacer la cena, descansa mientras tanto, yo vendré a avisarte cuando esté lista– dijo antes de ponerse de pie. Se acercó a la puerta y le dedicó una última sonrisa algo triste, para luego salir del cuarto y cerrar la puerta tras de sí.
Naruto bajó la mirada a la almohada y la observó detenidamente con desconfianza, como si viéndola de esa forma lograría prenderla fuego.
Se echó hacia atrás en su cama y colocó el suave objeto sobre su rostro. No pasó mucho tiempo antes de que el rubio se quedó completamente dormido.
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–Naruto, despierta...
–¡Aaaaaaaah!– gritó el Uzumaki mientras daba un respingo, tomando en el acto, la almohada que se encontraba en su rostro y arrojándola por la ventana. Se reincorporó bruscamente y miró hacia todos lados, encontrándose con la mirada de sorpresa de su madre.
–Oye ¿Te ocurre algo? Yo sólo intentaba despertarte, dije que lo haría cuando la cena esté lista ¿Recuerdas?– dijo la pelirroja con una ceja en alto.
–Eh.. etto... yo... umm... lo siento– se disculpó Naruto y miró en dirección a la ventana, donde había arrojado la almohada sin una razón.
–Bueno, ven en cuanto puedas, pero no tardes demasiado o se enfriará la cena– dijo la pelirroja y se marchó de su habitación.
Naruto dejó escapar un suspiro.
–De seguro la cena sera el delicioso Ramen casero de mamá– pensó y eso le subió los ánimos.
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Al día siguiente, Naruto salió a dar un paseo por Konoha; su madre había decidido acompañarlo para hacer de paso, algunas compras y encontrarse con Mikoto.
Kushina le contaba anécdotas mientras caminaban, y la mayoría estaban relacionadas con el Ramen.
–Un día, yo me dirigía a casa de Minato, él estaba enfermo, por lo que pensé que tal vez necesitaba compañía. Decidí prepararle algo de Ramen, pero me había pasado con la sal, demasiado diría yo... ¿Y sabes qué?...
–¿Qué?– preguntó curioso el Uzumaki.
–... Él se lo comió igual– respondió la pelirroja– Yo le dije que no lo haga, que podía prepararle otro, pero él no quiso. Dijo que seria igual de delicioso que los demás, aunque debía haber más de ½ de sal en ese simple tazón de Ramen y su rostro al comerlo lo demostraba. Él dijo que le había gustado, y no había forma de que yo supiera si era o no verdad, aunque seguramente no lo era, pero, Minato nunca mostró arrepentimiento... fue algo muy tierno de su parte 'ttebane– Kushina sonrió soñadora.
–¿Y qué paso luego?– preguntó Naruto interesado.
–Pues... tuve que llevarlo al hospital por haber comido demasiada sal. El pobre tenía fiebre y luego tuvo que lidiar con un fuerte dolor de estómago por toda una semana, pero tampoco estaba arrepentido de eso 'ttebane– dijo ella y rió ante el recuerdo. El rubio sonrió.
–¡Hey, Kushina! ¡Aquí!– exclamó Mikoto mientras se acercaba a ellos– Hola Naruto-kun– saludó al llegar a su lado.
–¡Hola!– correspondió al saludo el rubio.
–Hola Mikoto, justo iba a buscarte al parque, ya que creí que estarías allí con Itachi– dijo la Uzumaki.
–Fugaku se encuentra con él ahora– dijo la pelinegra.
–Pobre Itachi, tener que convivir con ese Fubaka, cara de idiota y amargado, debe de ser horrible– pensó Kushina en voz alta.
–Oye, he oído eso– Mikoto se cruzó de brazos– Fugaku no tiene cara de idiota ni tampoco es un amargado, él es un hombre maravilloso– dijo ella con una sonrisa, típica de chica enamorada.
–Pff, sigue soñando Mikoto, ese hombre es igual de amargado que Hiashi, hasta su hermano Hizashi es más sociable que esos dos 'ttebane.
–Eso no es verdad– hizo una breve pausa– ¿Y que hay de Minato? ¿No tienes nada que decir de él?– preguntó la Uchiha mientras la miraba fijamente.
Kushina se encogió de hombros– No realmente, a excepción de que es algo idiota, está bien para mí. Es tierno la mayoría de las veces e idiota en otras, pero por eso lo amo 'ttebane– dijo con una sonrisa radiante.
A Mikoto le brillaban los ojos ante la confesión de su mejor amiga– ¿Y sigues creyendo que es un afeminado?
–Mm... no...bueno, en realidad un poco– respondió la pelirroja encogiéndose de hombros.
Naruto quería escaparse de esa charla de chicas, no sabía siquiera por qué estaba escuchando eso, pero el romance no era su estilo, por lo que cada palabra le producía arcadas.
Miró hacia todos lados y pudo divisar a Sasuke descansando sobre la rama de un árbol a lo lejos, cerca del parque y agradeció que por casualidades de la vida, él se encontraba allí.
–Yo, umm... iré al parque, nos veremos luego– se despidió antes de alejarse rápidamente de ellas.
–Sí, nos vemos– dijo Kushina sin mirarlo, ya que se encontraba demasiado enfrascada en su conversación.
El Uzumaki llegó a su destino y notó que su mejor amigo se encontraba completamente dormido. Su pierna izquierda colgaba de la rama, al igual que su brazo. A simple vista parecía muerto.
–¡Oye Teme! ¡Despierta!– gritó el rubio desde abajo del gran árbol.
Sasuke dio un respingo y calló del árbol. Adolorido, levantó la vista del suelo. Sus ojos centelleaban al rojo escarlata.
Naruto no pudo contenerlo más y comenzó a reír a carcajadas. Llevó una mano a su estómago para evitar que éste comenzara a doler por tanta diversión.
–¡No lo puedo creer! ¡El gran Sasuke Uchiha ha caído de un árbol!– exclamó entre risas. La gente que pasaba por allí paraban a ver lo que ocurría, ante el semejante alboroto que el Uzumaki estaba causando.
–¡Dobe... para de hacer eso!– pidió el pelinegro, y no pudo evitar sentirse nervioso ante las miradas curiosas que estaba recibiendo.
Naruto lo miró y el Uchiha lo fulminó con la mirada. Su Sharingan activo desde que tocó suelo, logró intimidarlo un poco. Tenía que admitirlo, Sasuke en sí, era intimidante.
–¿Ya terminaste con tu estupidez?– preguntó Sasuke con irritación que se notaba hasta Suna. Se puso de pie, limpiando la suciedad de sus ropas.
El Uzumaki se secó una lágrima– Umm... sí, supongo– dijo– Pero en serio Teme, eso había que grabarlo 'ttebayo– dijo y comenzó reír de nuevo.
Un tic se hizo en la ceja del Uchiha al mismo tiempo que una vena se hinchaba en su frente.
–¿Has venido para decirme algo importante o sólo estás aquí para fastidiarme el día?– preguntó el pelinegro, reuniendo toda la paciencia que podía sacar de valla uno a saber donde. Todo esto se le hacía como un dejá bù.
–Lo siento, lo siento, es que aún no lo supero– dijo el rubio tratando de controlarse.
–Sí, eso puedo notarlo– Sasuke desactivó su Sharingan. Siquiera se había dado cuenta que había activado su Kekkei Genkai en aquél momento. Instinto, pensó.
–Umm, no había nada importante que yo quería decirte... sólo estoy aburrido, eso es todo– Naruto rió tímidamente.
–Hn, lo supuse– el Uchiha comenzó a caminar hacia el parque.
–E-espérame– el rubio corrió a su lado– ¿Qué hacías allí?– preguntó.
–Sólo descansaba– respondió simplemente el pelinegro.
–... – Naruto se quedó pensando en algo, antes de hablar– ¿Sabes? Creo que saldré a buscar a papá– dijo con total naturalidad.
Sasuke se detuvo y lo miró perplejo– Estas bromeando ¿Cierto?
–No... no lo estoy– respondió convencido– No puedo permitir que él esté allá afuera y haga todo sólo.
–Era SU decisión– dijo el Uchiha haciendo énfasis en la palabra "Su".
–Y la respeto, pero... no puedo dejarlo sólo sabiendo que está en peligro, teniendo en cuenta que lo está cada minuto de su existencia, desde que le colocaron ese sello. Ese tipo debe ser peligroso, y más de eso no hace falta en su lista, realmente no lo necesita– Naruto dijo serio.
–Pero él será Cuarto Hokage, ¿En verdad crees que elegirían a cualquier enclenque para ocupar ese puesto?– comentó el pelinegro.
Naruto lo miró y sonrió– Sí, claro... Hokage– dijo con sorna.
Sasuke lo fulminó con la mirada, pero no dijo nada.
–Y no es que dudara de sus habilidades, es solo que...– hizo una pausa– Con aquél sello es más vulnerable. El enemigo podría hacer lo que quisiera con él; el mero hecho de enfrentarse a ese sujeto, será su perdición... y eso no puedo permitirlo.
El Uchiha suspiró– ¿Y qué planeas hacer?, ya que no puedes salir de la aldea sin la autorización del Hokage.
–Nada excesivamente elaborado, sólo saldré por la noche y me escabulliré de la aldea sin ser visto– dijo.
–Pero a esas horas es cuando más vigilancia hay, y más aún que el Hokage ha puesto mayor protección ante lo ocurrido. Es imposible que salgas de aquí sin ser descubierto por más de un Shinobi en el lugar– explicó el pelinegro.
–Oh, no te preocupes por eso, de seguro estarán durmiendo, digo, no creo esta Konoha sea muy distinta a la que solíamos vivir, ya sabes Dattebayo– dijo muy seguro.
–Hn.
Kushina y Mikoto seguían hablando, hasta que la pelinegra miró hacia un lado.
–¡Es él!– exclamó la Uchiha con una actitud que a la pelirroja le resultó extraña.
–Ven conmigo– dijo, antes de tomar el brazo de la Uzumaki y arrastrarla hasta el parque.
–Mierda– pensó Sasuke mietras veía a dos mujeres acercarse a ellos.
–¡Sasuke-kun! ¡Sasuke-kun!– gritaba Mikoto como una desquiciada.
El susodicho miró hacia todos lados, pensando en una forma de escapar. Recordaba a su madre perfectamente, ella era igual de loca que siempre cuando se trataba de "Su Sasu-kun"
No pudo evitar sonreír ante el recuerdo de su madre. Estaba tan sumido en sus pensamientos que no se había percatado del momento en que ella se le había, prácticamente, tirado encima.
La Uchiha lo abrazó como si no hubiera mañana, haciendo que éste casi se sonrojara. Deshizo el abrazo y lo examinó por todos lados.
–¿Cómo te fue en esa misión?– preguntó mientras examinaba su brazo en busca de alguna herida o corte perjudicial para él– ¿Estás bien? ¿No te ocurrió nada?– siguió bombardeandolo con preguntas.
–Yo...
–¿Haz comido bien?
–Etto... no...
–¿A ti también te gustan los tomates como a Fugaku?
–Sí, pero...
Ella se ubicó frente a él, lo miró de arriba a abajo y estudió el cabello negro con algunos reflejos azulados del Uchiha para ver si le faltaba un pelo.
–Oye Mikoto, déjalo en paz– dijo Kushina tratando de no reír por la actitud de su mejor amiga.
La Uchiha abrazó a su hijo futuro posesivamente y éste no sabía donde meterse.
–Él es mío– dijo Mikoto mientras se aferraba más al brazo de Sasuke.
Kushina le entrecerró los ojos desafiante– Ooh, entonces... – agarró rápidamente el brazo de Naruto.
–Woah– exclamó éste al haber sido atraído bruscamente hacia ella.
–... Él es mío– dijo la pelirroja con una sonrisa zorruna.
Ambas, Uchiha y Uzumaki se lanzaron rayitos por los ojos.
–Pero Sasu-kun vendrá a vivir conmigo ¿Verdad?– Mikoto miró fijamente a su hijo de diecisiete años.
–Yo no...– fue interrumpido.
–¡Já! ¡Naruto ya vive conmigo!– Kushina sonrió triunfante y le sacó la lengua.
Sasuke quería matarse de alguna forma y Naruto se mostraba más bien, divertido.
–¡Pero Sasu-kun tiene el Sharingan!– exclamó con arrogancia– ¿Y Naruto qué habilidades tiene?
–No lo sé, pero... ¡Es hijo de Minato!– respondió.
–¿Y Minato tiene algún Kekkei Genkai?– preguntó la Uchiha.
–No lo sé, pero debe de haber heredado las habilidades del Rayo Amarillo de Konoha, futuro Yondaime Hokage– dijo orgullosa, cerrando los ojos y cruzando los brazos sobre su pecho.
–¡Soy incluso más fuerte que él y el Teme!– gritó el rubio mientras desafiaba con la mirada a cierto Uchiha.
–Claro que no ¡Yo fui incluso Hokage! Cosa que tú no lograste– dijo con suficiencia Sasuke.
–¡No sé cómo ocurrió, pero yo iba a ser el séptimo Hokage de todos modos!– respondió medio gritando el Uzumaki.
–No te eligieron porque no eres maduro.
–¡Sí que lo soy! ¡Ahora mismo me gustaría demostrarles mis habilidades descuartizándote, lo cual hará que los demás tengan pesadillas de lo horroroso que será ante sus ojos!
–Hazlo, yo aquí espero– le desafió el Uchiha sin inmutarse en lo más mínimo.
–Grr... ¡Hijo de...!
–Ahora sé qué es lo que ha heredado Naruto: la determinación, la fortaleza... digamos que el carácter impredecible de Kushina... La sonrisa, cabello rubio, ojos azules de Minato– pensó Mikoto– La personalidad de ella y la apariencia de él, aunque eso es lo que pude notar a simple vista– pensó de nuevo.
Entonces ahí fue cuando cayó en cuenta de algo.
La pelinegra soltó repentinamente el brazo de Sasuke, para luego ponerse frente a él y colocar las manos sobre sus hombros– ¡Entonces fuiste Hokage!– exclamó la Uchiha mientras lo zarandeaba.
–Yo... Sí– respondió mareado. A penas si había podido decir esas palabras.
Dejó de agitarlo y miró a Kushina– ¿Ya lo ves? ¡Él fue Hokage!
–Eeh– la pelirroja se rascó la parte posterior de la cabeza.
Naruto decidió hablar, tenía que salvar a su madre de esa extraña batalla que habían comenzado.
–¡Yo los salvé a todos de la Cuarta Guerra Ninja y fui amigo de los nueve Bijuus existentes!– exclamó como si ya todos supiesen eso.
La boca de Kushina formó una perfecta ''O'' y Mikoto quedó estática, miró a Sasuke en busca de alguna respuesta y éste sólo se encogió de hombros.
–Es verdad, no voy a negar eso.
–¡En tú cara Mikoto!– gritó la pelirroja como una loca.
–Je, je– rió el rubio tímidamente al darse cuenta que no debía de haber dicho eso, y todo por salvar su orgullo y el de su madre.
/
Era de noche y dos sombras se escabullían entre los arbustos.
–Aún no entiendo cómo hiciste para convencerme de hacer esto– murmuró uno de ellos.
–¿Y qué quieres que le haga? Una ayuda más no me vendría mal– respondió el otro.
–Sí, pero eso no responde a mí pregunta.
–Oye, eso ahora no importa– dijo con irritación el segundo– Tenemos que movernos o nos descubrirán.
Siguieron arrastrándose entre las plantas y uno de ellos gruñó.
–Ouch, ¡Demonios! Uno de estos arbustos tenía una espina.
–Ten cuidado, es venenosa.
–¿Que?
–Sí, he investigado mucho sobre estos arbustos.
–...– calló un momento– … ¿Por qué demonios investigaste sobre esto?
–... No lo sé... lo encontré en una biblioteca y supe que en algún momento nos serviría...
–... ¡¿Qué mierda hacías tú en una biblioteca?!
–¡No lo sé! ¿Sí? No lo sé...
–Esto es demasiado extraño...
–Ven, ya estamos cerca de la entrada.
Siguieron moviéndose entre las plantas supuestamente venenosas, hasta que el otro gruñó de nuevo.
–¡Demonios!
–Oh por favor, ¿La espina de nuevo?
–¡¿Esto es un cactus?!
–No digas estupideces, no hay cactus aquí...
–¡¿Pero qué diablos es esto entonces?!
–Ah... es un arbusto...
–¿Pero que...?
–No te preocupes... no es venenoso, pero las espinas duelen mucho, y así será por una semana...
–...
Y así, continuaron una vez más y...
–¡A la mierda con esto!
–¿Que?
–¡¿De donde demonios salió esta rama?!
–... ¿Rama?... oh, es de un arbusto...
–¡¿Estás bromeando?!
–No...
–¡¿Cuantas especies de arbustos hay aquí en Konoha?!
–No lo sé, pregúntaselo a ellos.
Luego del inconveniente de la rama, ellos se acercaron al puesto de vigilancia que se encontraba en las puertas de la aldea.
–No hagas ruido que nos descubrirán.
–No te preocupes, además... deben estar durmiendo, después de todo es muy tarde. ¿Quien sería tan estúpido como para estar despierto a estas horas de la noche en lugar de estar en su cómoda cama y en el quinto sueño?
–...
–...
–¿Eres idiotas?
–Está bien, no me hagas caso.
Se apoyaron en la pared del puesto y lentamente miraron en su interior. Pero rápidamente se pegaron al muro de nuevo.
–Te lo dije, te confiaste demasiado.
–Pero yo creí que... ¡Por favor! ¡Estaban jugando a las cartas! ¡Realmente no es momento para eso!
Miraron a su alrededor y vieron millones de Shinobis rondando por ahí.
–¡Por Kami! ¿En qué me metiste?
–Je, je... no lo sé.
Una fuerte luz se posó en ellos y lo primero que Naruto hizo, fue levantar las manos.
–¿No habría sido más fácil preguntarle al Hokage?– preguntó Sasuke con fastidio mientras se golpeaba la frente.
–Oigan, ustedes dos ¿Qué están haciendo?– preguntó uno de los ninjas que hacía guardia en el lugar.
–Yo... umm... tenemos que ir a una misión...– respondió el Uzumaki.
–¿Y esperas que yo crea eso?– el Shinobi se cruzó de brazos – Y además... ¿Porqué a escondidas?
–Pues... mira– el rubio hizo una señal con la mano para que se acercara– Esta es una misión súper importante y ultra secreta, el Hokage no quería que nadie supiera de esto y por eso teníamos que escondernos para que no nos vieran– dijo inteligentemente Naruto.
El ninja miró a Sasuke– ¿Y a tí qué te ocurrió?– preguntó al verlo con pequeños cortes en sus brazos y en el rostro.
–Pregúntaselo a los arbustos– respondió el Uchiha con cara de pocos amigos.
–Ahora tú sabes de la misión– continuó el Uzumaki– Por lo que el Hokage se enfadará mucho y tal vez te despida– dijo y contuvo las ganas de reírse ante la expresión de desconcierto y preocupación en el rostro de aquel sujeto.
–Yo... ¿Q-que tengo que hacer?
–No te preocupes, sólo no digas nada y déjanos irnos– respondió con una sonrisa zorruna.
El hombre asintió rápidamente– S-sí, pueden irse– dijo mientras asentía frenéticamente con la cabeza.
Naruto miró a Sasuke y éste se la devolvió con sorpresa. ¿En qué momento Naruto aprendió a usar su cerebro?
Se marcharon lo más rápidamente posible, dejando a aquel Shinobi sólo y pensando en lo que sería de su carrera ninja.
Volteó y levantó los brazos dando la señal de algo– ¡No se preocupen, falsa alarma, vuelvan a sus puestos que aquí no ha pasado nada!
/
–Ahora Dobe... dime cómo demonios piensas encontrar a tu padre si no tienes idea de a donde te estás dirigiendo– dijo Sasuke mientras saltaba por las ramas de los árboles.
–Mmm...– Naruto se quedó pensando.
–Hace más de cuatro horas y media que nos encontramos en este bosque y aún no hay señales de vida en este lugar– gruñó el Uchiha– Además de un par de grillos y unos cuantos buhos– agregó.
El rubio suspiró. Conocía a Sasuke, sabía que la paciencia no era una de sus virtudes, por lo que no se detendría hasta encontrarse con aquel sujeto o ver la cabellera rubia de su padre. Y aunque no poseyera esa cualidad, el Uchiha no actuaba de forma precipitada lanzansose al enemigo cómo él lo haría; tenía que admitirlo.
–Ya, tranquilízate Teme, de seguro ya estamos muy cerca, sólo hay que buscar un poco más y esperar.
–Hn... ¿Sabes? Es curioso que lo digas– dijo el Uchiha mientras miraba al frente.
–¿Eh? ¿A qué te refieres?– preguntó confundido el Uzumaki.
–Tú me hablas de la paciencia y toda esa porquería como si la tuvieras– respondió con leve enojo.
–Eeh...
–¡Hipócrita!– exclamó Sasuke con indignación.
–¡No soy hipócrita!, yo tengo paciencia... pero muy poca– confesó riendo levemente.
–Sí, cómo no... hn.
Una fuerte explosión se oyó a lo lejos. Las hojas de los árboles se agitaban con violencia, seguida de una onda expansiva, llevándose la mitad de ellas.
Ambos chicos se detuvieron, agachándose mientras incrustaban un Kunai en la corteza de la rama del árbol donde se encontraban y llevando un brazo frente a sus rostros para evitar que se los llevase el fuerte viento.
–¿Pero... qué está pasando?– exclamó el Uzumaki mientras cerraba los ojos con fuerza ante el ventarrón que casi lo deja ciego.
–No... lo sé...– masculló Sasuke– Pero si nos soltamos... este viento nos dejará de nuevo en Konoha– agregó mientras apretaba los dientes ante la intensidad de la onda expansiva.
Poco a poco se fue deteniendo, hasta que sólo se podía sentir la suave brisa fresca del amanecer.
–Eso debió tratarse de una explosión– opinó Naruto mientras se ponía lentamente de pie.
–Y a juzgar por la intensidad de la misma, debió haber sido muy cerca– dijo Sasuke mientras quitaba el Kunai de la madera– Tal vez a unos mil quinientos metros de aquí yendo al norte– agregó.
–Uff... ahora mismo me gustaría tener el Byakugan– pensó el rubio en voz alta– ¿Y en qué momento te volviste un ninja rastreador?
–Eso no importa ahora, yo solo tenía algo de conocimiento sobre eso– le restó importancia el Uchiha– Ahora vámonos– ordenó antes de saltar de la rama al suelo y comenzar a correr.
–Sí... ¡E-espérame!– el Uzumaki hizo lo mismo y se apresuró para llegar a su lado.
Hubo otra explosión, seguido de otra y otra, haciendo que los árboles se movieran con vehemencia, como si se tratase de un huracan.
Esta vez, el viento fue más intenso y agresivo. Hojas de los árboles se pegaron en la cara de Naruto y un par de piedras lo golpearon en la cabeza mientras tropezaba con una que sobresalía de la tierra y lo hacían caer al suelo en un ruido sordo.
–Mierda– exclamó el rubio y gruñó mientras intentaba ponerse de pie con dificultad, ya que el viento se lo impedía y hacía que cayera hacia atrás sobre su espalda.
–¡D-Dobe!– gritó Sasuke mientras la onda expansiva lo arrastraba hacia atrás, pero encontrándose aún de pie.
–¡Por favor! ¡Esto es peor que un maldito tornado!– chilló el Uzumaki.
Una gran oleada de fuego que se dirigía al sur, se pudo ver por encima de los altos árboles, quemando todo a su paso y dejando al rubio con la boca abierta y a un Sasuke bastante sorprendido, haciendo que se distrajera y cayera hacia atrás a causa del viento, que ahora traía un humo negro consigo.
–¡Que mierda es eso!– gritó Naruto.
–¡Eso parece un jutsu Katon, pero nunca había visto algo parecido en mis diecisiete años de existencia!– exclamó el Uchiha mientras miraba la gran cantidad de fuego que se iba por su camino y parecía no tener fin.
–¡Oh por Kami! ¡¿Cuanto Chakra haría falta para hacer algo así?!– se preguntó en voz alta el rubio.
–La gran cantidad de Chakra que poseas, dejándote nada más que con una pequeña porción, que es lo que necesitas para sobrevivir– respondió Kurama– Aunque eso depende también del individuo que realiza el jutsu– agregó pensativo.
–¿Que? ¿Y tú sabes de esto?– preguntó sorprendido el Uzumaki.
–Sí, se trata de un jutsu prohibido. Uno de los más fuertes de Rokudō Sennin– respondió el Kyuubi mientras asentía con la cabeza repetidas veces.
–¡¿Que?! ¡¿Estás bromeando?!– gritó Naruto haciendo que Sasuke lo mirará rápidamente.
–¿Qué te ocurre Dobe?– preguntó el Uchiha mirándolo extrañado.
–E-eso e-es un jutsu prohibido de... Rokudō Sennin– respondió mientras miraba la oleada ardiente interminable, no muy lejos de ellos y la señalaba.
–¿Nani?
Naruto se quedó pensando en algo hasta que cayó en cuenta de algo que, logró preocuparlo sobremanera.
–¡¿Y si mi padre está allí?! ¡¿Y si está muerto?!– comenzó a gritar como un desesperado.
En cuanto el ventarrón se detuvo, el Uzumaki se puso rápidamente de pie y comenzó a correr en dirección al fuego que poco a poco se iba deteniendo, hasta que sólo se podía ver los árboles encendidos.
–¡Dobe! ¿Que estás haciendo?– exclamó el Uchiha antes de ponerse también de pie y correr hasta el Uzumaki.
–¡Oye detente! ¡No sabes lo que te puedes encontrar allí! ¡Terminarás muerto por actuar tan precipitadamente!– dijo el Uchiha.
–¡Eso a mí no me interesa! ¡Tengo que llegar a ese lugar, tengo un mal precentimiento sobre esto!– respondió el rubio mientras aumentaba su velocidad.
Sasuke suspiró pesadamente. Claro, había olvidado que hablaba con la imprudencia en persona.
Entonces aumentó su velocidad y de esa forma, llegaron a su destino. Pero frenaron repentinamente, al encontrarse con un mar de llamas rodeándolos. Era imposible el paso y eso frustró a rubio, quien daba vueltas en el pequeño lugar no-encendido como león enjaulado, buscando una forma de atravesar las altas llamas.
–¡Maldición, maldición, maldición, MALDICIÓN!– decía repetidas veces el rubio.
Sasuke comenzó a toser a causa de la gran cantidad de humo que había en aquél lugar y empezaba a sentirse mareado, pero resistió.
–¡No dejaré que esto me detenga!– exclamó Naruto– ¡Kurama, usaré un poco de tu Chakra, espero no te importe!
–Haz lo que quieras– Kurama bostezó.
Naruto entró en el modo control de Chakra y una capa apareció detrás de él mientras un manto de Chakra lo envolvía por completo y le daba la apariencia casi parecida a la de Rokudō Sennin.
De la misma forma ocurrió con Sasuke, sólo que un Chakra escarlata lo envolvió, dándole la apariencia de un zorro, con las grandes orejas y una cola.
–Con esto bastará para poder pasar a traves del fuego– dijo el Uzumaki.
–Hn, yo podría haber usado el Susano'o– murmuró el Uchiha mientras observaba el manto rojizo que lo envolvía.
Naruto no esperó más y comenzó a atravesar las llamas mientras corría, ya que el Chakra que lo rodeaba lo protegía.
Un árbol cayó a un lado, pero el rubio ni se inmutó. Sasuke, quien iba detrás de él, se sobresaltó ante el derrumbe creyendo que eso pudo haber terminado encima de él.
Llegaron a un sector donde no había fuego por alguna razón y Naruto paró en seco, haciendo que distraidamente, el Uchiha chocara contra su espalda.
–¿Que te pasa Dobe...?– preguntó Sasuke, pero el rubio no respondió.
–Hola... Uzumaki Naruto... que gusto volver a verte...
–¡Tú...!– el Uzumaki apretó los dientes con fuerza ante el odio que tenía hacia ese sujeto que se encontraba frente a él.
–Te haré una propuesta: Tú me das al Kyuubi... y él no muere– el hombre de los ojos rojos sonrió y señaló con su espada a un muy herido Minato en el suelo.
–N-Naruto... vete de aquí– masculló el Namikaze, antes de escupir un poco de sangre.
–Sí, tenía que admitirlo, él me dio mucha pelea, es bastante fuerte. Pero no pudo ganarme, mala suerte– se burló el hombre de Kiri.
Naruto apretó los puños mientras cerraba los ojos con fuerza. Sus manos comenzaron a sangrar por la presión ejercida.
–Cómo... pudiste... ¡¿Cómo pudiste?!– bramó con los ojos llorosos– ¡¿Cómo pudiste hacerle eso DESGRACIADO?! ¡Te voy a hacer pedazos! ¡No te lo voy a perdonar jamas!
El susodicho sólo sonrió, para nada afectado con esas palabras.
–¿Entonces qué dices? ¿Tenemos un trato?
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N/A: Hola! uff, este fue el capítulo más largo que escribí hasta ahora, pero tómenlo como un especial de 7427 palabras (sin contar la nota de autor) por haber tardado tanto :)
Gracias de verdad por comentar, agregar a favoritos, seguir, leer ¡Y todo! Me hace muy feliz n_n
¿Y bien? ¿Merece un review? Se los agradecería mucho. Quejas, sugerencias y demás, son siempre bienvenidas :D
Sayonara! Y que estén bien...
Miss Haruno...
