Capítulo XIV
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Habíamos hecho la prueba de sonido, para el concierto que daríamos esta misma noche en Toulouse. Y estaba ahora mismo en la habitación del hotel, escribiendo un rápido mensaje para Andrea, antes de irnos a una entrevista que teníamos con un medio local.
"Saldremos directamente desde el concierto. ¿Te parece si nos reunimos en el primer autoservicio que hay en la carretera? Kilometro veinticuatro"
Le di a enviar, sintiendo la ansiedad ya desde ese momento. Me quedé un poco más frente al computador, esperando una respuesta, que quizás no llegaría de inmediato.
Mi mente comenzó a divagar nuevamente en el resultado que podría haber tendido el beso que nos habíamos dado. De haber sido otras las circunstancias. Suspiré. Había tenido un sueño de lo más grafico con ello esa misma noche. Tuve que respirar profundamente para calmarme, o el estrecho pantalón que llevaba iba a dejarme en evidencia delante de cualquiera que entrara en este momento.
Un nuevo mensaje se marcó en la bandeja de entrada y me fui a mirarlo de inmediato, encontrándome con la sorpresa, de que se trataba de Reina.
Resoplé.
Dos semanas atrás, habría sentido el corazón en la garganta sólo con ver su nombre en la pantalla, abriendo ansioso el mensaje, para saber qué me decía. Pero ahora mismo no estaba seguro de querer abrirlo. Notaba como los sentimientos se debatían dentro de mí y no era una sensación agradable.
Lo leí.
"No me has llamado. ¿Qué tal la gira? ¿Vendrás a Japón?"
Respiré profundamente. Sabía que había dejado de contestar un par de llamadas de ella. Incluso había guardado ese hecho en un rincón oscuro de mi memoria. Pero en algún momento tendría que decir algo.
"La gira va bien. La banda y yo viajaremos a Japón pronto"
Miré el mensaje antes de enviarlo. Me parecía cortes, sin ser comprometedor. Le di a enviar.
- Bill, la entrevista – se asomó David por la puerta entreabierta.
Lo miré.
- Voy.
Miré nuevamente el portátil, sin encontrar ningún mensaje de Andrea. Ya tendría un momento luego de la entrevista, para revisar nuevamente.
Avancé por el pasillo de camino al ascensor, encontrándome con Gustav.
- Dice Tom que esta noche viajarás con nosotros – me contó.
Lo miré e hice un gesto sorprendido.
- ¿De verdad? – le pregunté.
Gustav contestó con un encogimiento de hombros, que no me decía mucho.
- Ya sabes cómo es Tom, lo organiza todo a su manera – habló con pereza.
- Ya… ya lo sé… - le di al botón de llamada y ambos esperamos el ascensor.
Hacía sólo un momento, le había contado de mi idea de parar y recoger a Andrea, para poder viajar con ella, pero no pensé que él me enviaría al autobús de Gustav y Georg. ¿Para qué quería el autobús para él solo? Pensaría que no iba a estar cómodo con nosotros ahí. Probablemente sería eso. Pero era mi hermano, mi gemelo además. ¿Cuántas veces yo había tenido que soportar sus arrumacos con Caroline?
- Vamos – dijo Gustav, cuando las puertas se abrieron.
Entramos y una vez dentro, comenzamos a bajar los pisos, sin tener mucho de qué hablar. Él era más bien reservado, hablaba sólo cuando tenía que hacerlo.
- ¿Estaremos con las chicas hoy? – me preguntó.
Lo miré hacia un lado y abajo. Hoy llevaba tacones.
- Eso espero… - respondí con cierta cautela.
Él se quedó un momento en silencio, como si estuviese convenciéndose a sí mismo de algo, antes de hablar.
- Tenemos que vencer a esa chiquilla – sentenció.
- ¿O sea que es verdad?- comencé a sonreír – ¿la chica esa les ganó?
- Bueno… tampoco es que jugáramos a toda nuestra capacidad – respondió, mirándose las uñas.
Yo me carcajee en su cara.
- Tú no te rías mucho, que a ti la otra te mordió – me dijo entonces, con los ojos como rendijas.
Lo miré, pero a pesar de sus palabras, mi sonrisa no se borró.
- Eso sólo fue la primera vez – respondí en el momento en que el ascensor dio el aviso de llegada a la planta baja.
- ¿Quiere decir eso que ha habido más veces? – quiso saber curioso, en tanto yo salía del ascensor por delante de él, sonriendo sin responderle – Bill - me insistió un poco más.
Pero en ese momento nos encontramos con David que nos esperaba, así que la conversación se terminó, al menos de momento.
Nos reunimos a mitad de pasillo, con Georg y Tom.
- ¿Cómo es eso que me voy con los chicos? – le pregunté alzando una ceja.
Tom sonrió socarronamente, lo que me dio una idea de la razón de aquella decisión.
- Ya hablaremos tú y yo – le avisé, cuando David abrió la puerta del salón en el que nos entrevistarían.
Saludamos, nos sentamos y comenzaron las preguntas, que no eran muy diferentes a otras que habíamos respondido. ¿La razón del nombre del disco?¿ la recepción de la gira en los sitios en lo que habíamos estado?¿la supuesta relación de Tom?
- Caroline y yo somos buenos amigos – dijo mi hermano, mirándose las zapatillas, con una sonrisa torcida, de esas que no decían más que sus palabras.
No tenía nada que objetar a esa declaración, después de todo, era lo mismo que Caroline respondía cuando se le preguntaba.
Amigos que se acuestan, una nueva forma de relación. O quizás no tan nueva.
- ¿Y tú Bill? ¿Alguna relación que quieras contar? – me preguntaron.
- Bueno, sí… - dije. Noté inmediatamente el movimiento de los chicos a mis lados. Tom carraspeo suavemente – hemos hecho buenos amigos y amigas en Los Ángeles, que es dónde residimos desde hace dos años.
Los chicos parecieron relajarse. Por qué siempre que yo iba a decir algo personal todos parecían tensarse.
- ¿Pero alguna persona especial? ¿Alguna novia? ¿Amiga?... – insistió en la pregunta la mujer. Que tendría unos treinta años, mirándome fijamente, como si esperara con ansia mi respuesta.
En un segundo, el que me tomé para responder, pensé en todas las posibilidades. La tuve, la tengo o la que más me intrigaba. Puedo tenerla.
- No… nadie… - dije finalmente, sabiendo que era la respuesta más sensata ahora mismo.
Varias horas después de eso, me bajaba del autobús junto con Tom. Él observó al grupo de las chicas, que estaba a metros de nosotros y rió bajando la mirada.
- ¿Y cómo sabes que ella querrá estar contigo a solas? – le pregunté riendo también, sin poder evitar contagiarme con su sonrisa.
- Esas cosas se saben Bill – sentenció. Entonces pensé en el primer beso entre Andrea y yo. Pues mi sensación de lo obvio no parecía igual de desarrollada en este aspecto. La miré un momento, pero evite mantener su mirada, para no ponerme nervioso. Quería saludarla en su idioma.
- Si tú lo dices… - me encogí de hombros.
- Claro que lo digo… - habló con seguridad, mirándome con aquella sonrisa traviesa, que no se le iba a borrar, bien lo conocía para saberlo. Tom andaba tras una conquista.
- ¿Qué buscas tú?... – me reí con él.
- Hablar… - se encogió de hombros, ampliando la sonrisa - ¿o sólo tú puedes querer hablar con una chica? – me preguntó.
Entonces el recuerdo de ese intenso beso con Andrea, que casi no me había dejado dormir, volvió a mi mente.
- Bueno…
- Qué ha pasado, que no me has contado… - me acuso. Me reí, él alzó ambas cejas pero no dijo nada más. Ya estábamos delante de las chicas.
- Hola… - me dirigí directamente a Andrea, notando que me observaba de pronto, con cierta adoración. Eso me hizo sentir bien, quería que ella volviera a sentir eso por mí. Aunque claro, ahora tendría que ganármelo más que con un par de canciones.
- ¿Cómo estás? – me preguntó en alemán.
- Oh… - me quejé divertido mirando a Tom, que sabía que yo había preparado mi saludo en español.
Andrea pareció desconcertada. Tom saludo al grupo.
- ¿Cómo estás? – le pregunté en español, mirándola nuevamente, esperando que comprendiera la razón de mi pequeña decepción, aunque no podía negar que se me hacía un hermoso detalle de su parte, querer aprender un poco de mi idioma.
- Bien… - me respondió en español, lo comprendí de inmediato, era una parte de mi respuesta que había aprendido.
Tomé su mano y quise llevármela de inmediato al autobús, quería poder comunicarme con ella más, no sólo con pequeñas frases sueltas. Quería conversar, preguntarle qué tal le había parecido el concierto, o si lo había podido ver bien. Quería saber cuánto tiempo llevaba esperándome, qué había comido, si estudiaba o trabajaba. Con quien vivía. ¿Tendría novio?
- Toma – le dijo Tom, entregándole su portátil.
Andrea lo recibió con cierta inseguridad. Debía estar preguntándose qué pasaba. Ya se lo explicaría, cuando pudiera mostrarle lo que había hecho esta mañana antes del ensayo.
Le indiqué que subiera en el autobús de Gustav y Georg. Creo que no se había dado cuenta que no era el mismo en el que habíamos estado la noche anterior, hasta que los vio ahí sentados junto a la consola, ocupando la mitad de la sala de estar.
Ellos la saludaron e inmediatamente Georg se quedó mirándola, sonriendo. Ya sabía bien yo, en lo que estaba pensando. Andrea respondió.
- Siéntate – le pedí, indicando la zona que estaba justo en frente de los chicos. Una mesa pequeña como la que habíamos ocupado en el otro autobús.
Ella me miró fijamente, como si cavilara en algo que yo no llegaría a saber.
Entonces desde la puerta del autobús se escuchó una exclamación de victoria en español, que no llegué a comprender, pero que les auguraba muchos problemas a los chicos.
Nos sentamos y saqué de mi bolso mi portátil, comencé a encender ambos, ingresando sus respectivas contraseñas, mirando fugazmente a Andrea. Ella se mantenía atenta a mis pasos, aunque no podía mirar las pantallas.
Su amiga se había instalado junto a los chicos, con uno de los mandos el videojuego.
- Ya – le dije a Andrea, entregándole el portátil de Tom.
De ese modo estábamos sentados frente a frente, cada uno con un computador y ambos conectados entre sí.
Escribí, y ella recibió el mensaje en su pantalla traducido al español.
"He instalado este programa, para que podamos conversar un poco mejor"
La miré y en sus ojos se marcó la impresión y la alegría a la vez.
Tenía unos ojos preciosos, expresivos y dulces.
"Wow, es genial. Muchas gracias por tu saludo en español"
"A ti, por el tuyo en alemán. Me sorprendiste gratamente"
"Quisiera saber más, aunque creo que el alemán se me haría mucho más difícil que el inglés"
"Probablemente… ¿Qué te pareció el concierto?"
Esto era genial. Poder escribirnos y contar con la inmediatez de las palabras, era más de lo que podía imaginar hasta ahora.
"Genial. Todo me pareció perfecto, aunque no sé si puedo ser objetiva"
"¿Por qué? ¿Hablas como fan?"
Me reí. Ella me miró e hizo un gesto frunciendo los labios. Quería besarla.
"Qué más quisieras tú"
"Pues sí, lo quisiera"
La observé alzando sólo la mirada.
El autobús comenzó a moverse.
"¿Cómo es que estamos aquí?" preguntó.
Me encogí de hombros.
"Tom quería el autobús para estar a solas con una de tus amigas"
"Esa Lis…"
Pareció quejarse, su ceño se frunció.
"Son adultos"
"Ya lo sé"
Pareció cavilar.
"No seas tan severa"
"Pero tu hermano tiene novia"
"Novia, novia no" repetí las palabras de Tom.
- ¡No puede ser tan buena! – se quejó Georg, soltando uno de los mandos, para entregárselo a Gustav, en tanto la chica formulaba un movimiento alegre sobre su asiento.
"¿Qué dice?" quiso saber Andrea.
"Que tu amiga es muy buena jugando"
Andrea le habló en español a su amiga, con un tono de voz que destiló mucho afecto y alegría. La sonrisa de ésta se amplió más.
Recordé algo que traía en mi bolso, así que lo busqué y lo dejé sobre la mesa empujándolo hacía ella.
Andrea miro lo que le ofrecía y sonrió. No pude pasar por alto el grado de sugerencia que tenía esa sonrisa.
"Bombones de naranja… aunque yo dije que mi favorito era el de trufa"
Ahora el que sonreía era yo.
"Pero a mí me gustan los de naranja. Me gusta verte comerlos"
Ella se mordió el labio, sin mirando, sonriendo ligeramente mientras escribía.
"No eres, ni de lejos, todo lo tímido que nos has hecho creer"
Reí sonoramente. Georg nos miró, pero de inmediato volvió a la partida que tenían la amiga de Andrea y Gustav.
"Oh, sí que lo soy, es sólo que lo disimulo bien"
Ella me miró intensamente. Buscaba nuevamente algo. Escribió.
"¿Por qué me besaste ese día en el hotel?"
Miré la pregunta, sabía que un día llegaría, pero qué le podía decir. ¿Por qué intentaba acostarme contigo, para olvidarme de mi fracaso?
Ella espero la respuesta sin mirarme.
"Por culpa de Tom"
Quise aligerar el tema. La miré. Su expresión de sorpresa fue evidente.
"¿Cómo que por culpa?""
Entonces nuestras miradas se encontraron y yo sonreí maliciosamente.
"Bueno… yo no te elegí a ti"
Volví a mirarla mientras leía, con la cabeza inclinada, como oculto. La risa comenzó a ensanchárseme cuando me miró casi furibunda.
"O sea que no me equivocaba cuando pensaba que estabas escogiendo chicas"
Ahí me sorprendió.
"¿Lo habías notado?"
Suspiró.
"Lo noté, sí… ¿llevas mucho tiempo haciéndolo?"
La pregunta pareció algo desolada, y su expresión seria, evitando mirarme, me lo confirmaba. No quería entrar en los detalles de mi decisión, pero tampoco quería que ella pensara tan mal de mí.
"Sí creo en el amor verdadero, si es eso lo que te preguntas"
Volví a escribir yo. Ella continuó sin escribir. Yo comenzaba a sentirme algo ansioso.
"¿Cambiemos de tema mejor?"
Andrea suspiró y me miró.
"Sí, mejor"
Un nuevo grito de victoria salió de la amiga de Andrea.
"Vaya paliza que les está dando. Si no lo veo, no lo creo"
"Pues sí, al parecer es muy buena"
Se quedó mirando un momento a su amiga, que había vuelto a insistir con su pequeño baile de victoria. Yo observaba el perfil de Andrea, ligeramente redondeado en las mejillas, con una nariz recta y un poco respingada. Entonces se sobresaltó, como si recordara algo, me miró y escribió.
"¿Miry se ha quedado sola?"
"¿Tu otra amiga?"
"Sí"
Claro, no se lo había explicado.
"Gerard le haría compañía, para que no viajara sola"
Ella se sonrió y esa sonrisa me alivió el alma.
"¿Qué?"
Pregunté, era obvio que aquella repentina alegría ocultaba algo.
"Nada"
Seguía sonriendo.
"Dime"
Le exigí, alzando mi ceja para acentuar la petición.
Ella negó con un gesto, sin dejar de sonreír.
Me puse en pie y le tomé la mano, llevándomela a la parte de atrás del autobús. Una que estaba iluminada solo por la luz de la sala de estar. Me detuve al llegar a la puerta del baño y me apoyé contra la pared que se formaba ahí, atrayéndola hacía mí por la cintura.
Andrea me permitió cada movimiento.
- Dime – insistí.
Ella volvió a negar con un gesto que pude adivinar a contraluz. Mis manos apoyadas justo en la curva de su cadera la pegaron más a mí.
- Dime… - pedí con un susurró que fue acallado con un beso suave y cariñoso, que poco a poco se fue convirtiendo en mi perdición.
Su lengua recorrió desde mi lunar, pasando por mi piercing, hasta llegar a mi labio superior, lugar en el que se detuvo, acariciando el contorno interno de este, llevándome en cuestión de segundos a un estado de completa excitación. Respiré agitado, sin querer moverme, aunque estaba seguro de que Andrea ya notaba lo que había presionando contra mi pantalón.
Me dijo algo en español. Maldita barrera del idioma. Deseaba saber lo que me decía, porque su voz sonaba tan sugerente y sensual, que seguro me estaba perdiendo algo bueno.
Sus manos que hasta ese momento habían estado entre nuestros cuerpos, manteniendo la distancia en la parte superior. Viajaron hasta el nacimiento de mi cabello, justo sobre mis orejas. Enredando los dedos en mi pelo, mientras la forma abultada de su pecho se pegaba al mío.
Y otra vez estaba en la misma situación. Como un adolescente recatado, procurando dar los pasos adecuados.
Mis manos en sus caderas la empujaron muy sutilmente, de derecha a izquierda. Su respiración se hizo algo irregular, sabía que me estaba sintiendo. Apretó sus dientes contra mi labio, sin ejercer demasiada fuerza, tirando de él suavemente hasta soltarlo y suspirar.
Ambos sabíamos que no íbamos a avanzar más que esto. Besos y caricias sugerentes. Pero eso no me detuvo. Volví a besarla.
Continuará…
Muajajajajjajaja… ya… son malas conmigo. Después de las fotos de Halloween, con mi cabeza calenturienta sin poder parar los pensamientos, me han tenido como una esclava frente al teclado… jajajaja… espero que el resultado les guste y me dejen sus mensajitos.
Besos y nos estamos leyendo mañana.
Siempre en amor.
Anyara
