Hola a todos ando por aquí actualizando ésta historia, muchas gracias por sus reviews, enserio...me hacen muy feliz.
Besos infinitos para ustedes...no olviden sonreír siempre, nos leemos muy pronto y au Revoir :)
Disclaimer: Los personajes de ésta historia pertenecen a Akira Toriyama.
COMPRENDERSE
Mañana emprendería un nuevo viaje, quizás el más largo y complicado de toda su existencia; pero estaba confiado. No habría inconvenientes, solamente deseaba con demasiado anhelo volver a ver a aquel joven con el que alguna vez compartió su sentir.
Aquello era demasiado difícil para él ya que volver a verlo sería hacerle saber que en verdad llegó a apreciarlo muy a su manera, pero aquel joven si había surcado los mares más tempestuosos de su alma en ese entonces atormentada por los recuerdos del pasado, hasta ingresar tímidamente en su dura coraza, aquel muchacho al que le agradecía en gran parte poder entender ahora lo que significaba su familia.
Y verdaderamente sonaba tan extraño ese concepto…su familia.
Ahora no solo eran esa mujer y el chiquillo, sino que un miembro más estaba muy cercano a llegar, ya sabía que no sería un niño pues la mujer se lo dijo, no lo esperaba.
Él esperaba otro guerrero, un súper saiyajin…pero tendría una hija.
Y aunque en un primer momento se negó a la idea, con el paso de los días aquel ki intruso se hizo tan familiar, tan envolvente y adictivo que ahora no estaba seguro de si algún día se separaría de ella, de la Princesa que estaba en camino y que llevaba entre sus venas el legado de un imperio poderoso en su pasado.
Partiría mañana a encontrar a ese hijo al que consideraba no la versión futura de su primogénito sino, como a un hijo más.
Ese joven y el actual eran muy distintos, a pesar de sus esfuerzos por criar de una forma estricta y disciplinada a su hijo, poco pudo hacer contra los mimos que recibía por parte de su madre, pero recordaba a aquel otro muchacho, recordaba sus lágrimas de impotencia y dolor cuando escuchaba desde su propia voz todo el horror que había padecido durante toda su niñez y adolescencia, supo que jamás tuvo la oportunidad de abrirse a alguien más y por primera vez sintió la verdadera importancia de tener a alguien cercano.
No le dijo absolutamente nada y eso fue lo mejor, escuchó con atención cada una de sus palabras y su compañía fue suficiente para que Mirai Trunks entienda, que realmente le importaba, de una forma extraña e indescriptible…pero cierta.
Durante muchos años vivió y calló la incertidumbre de saber qué fue de él, de aquel muchacho de mirada solitaria y aunque lo aparentaba, él sabía que ese muchacho llevaba una gran carga emocional en su interior.
Nunca creyó que la mujer que tenía ahora a su lado sea capaz de esto, por él…porque en verdad supo que ella lo quería.
Fue simplemente una idea, algo descabellado, una sugerencia mientras compartían una extenuante sesión de caricias y besos descontrolados, pero supo que ella no lo tomó como una broma, pues casi cuatro meses después de una tediosa espera, tuvo ante sus ojos una máquina del tiempo en la cual podría ir y venir del pasado al futuro y viceversa sin ningún problema.
Viajaría y visitaría a su hijo en el futuro, ya había programado la máquina del tiempo para aparecer exactamente veinte años después y realmente esperaba no equivocarse, ahora mismo se estaba despidiendo de su humana, no la volvería a ver hasta en tres meses, pero regresaría antes del nacimiento de su hija; no había manera de perderse aquel acontecimiento.
Solamente él lo sabía, sabía que algo dentro de su ser daría su vida sin dudarlo ni un segundo por ese pequeño ser que se formaba dentro de su mujer, no hacía falta verla, no hacía falta saber si se parecería a él o a su humana, nada de eso importaba si aquella energía nueva y a la vez tan pequeña, significaba para él la consagración de su vida como un legítimo guerrero.
Sí, con el paso de los años entendió que un guerrero no solo lucha por complacerse, no solamente lucha por demostrar ante otros, superioridad.
Comprendió que un guerrero lucha ante todo por defender sus intereses y ellos eran lo que en verdad le importaba.
Se centraba en su nuevo propósito, la mañana estaba cerca y debía de hacerse a la idea de tener lejos de su cuerpo a esos brazos frágiles que ahora mismo acariciaban su pecho, esos labios que con un beso eran capaces de transportarlo a otro universo.
Era cierto, durante muchos años se mintió a sí mismo, pero éstas eran épocas en que ya no podía negarse nada, no quiso ahondar en esos pensamientos y pronto retiró el brazo de su mujer que lo abrazaba con ternura y salió desnudo de la cama.
Se adentró en el cuarto de baño y se relajó en el agua fría, su cuerpo se tensó un poco pero rápidamente adecuó el agua a su temperatura corporal, no duró más de cinco minutos dentro y enredó la toalla a su cintura, se miró en el espejo y pudo apreciar frente a él, el reflejo de un hombre distinto, no en apariencia sino en pensamiento, ya no tenía esas ideas sanguinarias en su mente, ya no era su consigna asesinar por placer y autocomplacencia.
Aquellas cicatrices que adornaban su torso no eran más que recuerdos y marcas de su violento pasado, solo superficiales pues las verdaderas heridas marcaron su alma. Pero ella lo había ayudado a olvidarlas casi por completo, pareciese que ella con sus caricias lograba borrar de su piel aquellas cicatrices, ella era capaz de todo y él lo sabía.
Se vistió rápidamente y antes de marcharse miró detenidamente el rostro de porcelana de esa mujer, su cabello azul revuelto, sus mejillas sonrojadas, su vientre abultado conjugando perfectamente con sus suaves pechos, sus largas piernas aprisionando la almohada.
Decidió revisar ese pequeño ki una vez más antes de marcharse, ahí estaba; adictivo como siempre.
Salió de su habitación y fue a despertar a su hijo, sin quererlo él se había habituado a la rutina terrestre. Lo vio dormir plácidamente, idéntico a su humana, los mismos gestos, la misma forma de moverse mientras está dormido. Decidió no despertarlo, aún era muy temprano y lo dejó dormir.
Le costó marcharse aunque no quiso aceptarlo, le costó mucho alejarse de aquellos seres que jamás imaginó tendría en su vida.
Partió con premura y atravesó sin pestañear la dimensión del tiempo y en un viaje que pareció irreal llegó rápidamente a su destino; abrió los ojos y apareció en medio de un gran bosque, de inmensos árboles frondosos y naturaleza silvestre; encapsuló la máquina y se concentró en buscar un ki poderoso y familiar, pero no encontró nada. Intentó nuevamente y no pudo distinguir el ki de su hijo del futuro, es posible que lo esté ocultando y por eso decidió buscar el de Bulma de éste tiempo.
Pero tampoco encontró nada, no supo por qué pero una sensación de vacío lo invadió, esa mujer nunca supo ni sabría nada de combates o control de su propia energía.
Eso solo significaba que ella ya había muerto en éste tiempo.
Decidió volar en dirección opuesta, donde debería de estar la Corporación Cápsula y al llegar grande fue su sorpresa al encontrar un edificio gigantesco y mucha gente yendo y viniendo, todo parecía marchar pacíficamente, supo que su hijo había salvado este mundo.
Y pensar que en algún momento de su vida pensó en destruirlo.
Entonces pudo ver a lo lejos a una pequeña niña jugando en el césped con una mujer de cabello oscuro, no le hubiese llamado la atención de no ser por el color del cabello de la niña, azul. Descendió lentamente donde no pueda ser observado y pudo apreciar a aquella criatura.
Era exactamente igual a su mujer pero ésta era una niña, de unos cinco años. Miró a la mujer que jugaba con ella y grande fue su sorpresa al verla, era idéntica a la mujer del hijo mayor de Kakarotto.
¿Tanto habían cambiado los sucesos?, todo era demasiado extraño.
Pero no se sorprendió del todo, ésta idea la había compartido con ese extraño sujeto, pero debía reconocerlo era tremendamente poderoso, Wiss fue claro cuando le dijo que era probable que encuentre realidades difíciles de creer en esa línea temporal pero que no se preocupara, que todo sería distinto y que sería normal, todo puede cambiar en un segundo.
- ¿Padre?
Esa voz, reconocería esa voz donde sea que fuese, era la voz de su hijo. De pronto pudo ver junto a él a aquel guerrero que no veía desde hace muchos años, cuando aún su alma se encontraba corrompida por el odio.
- Trunks…
Ahí estaba su hijo, el mismo semblante, la misma mirada oceánica heredada de su mujer, la misma sinceridad emanando de su rostro. Parecía que el tiempo no había hecho efecto en él, tenía sangre de Saiyajin después de todo, era lógico que se vea joven, más de lo que realmente era.
- Padre, apenas pude percibir tu ki vine de inmediato, jamás creí que volveríamos a vernos…Es sencillamente increíble.
Miró a su hijo y le dedicó una mirada sincera, cálida y tranquila, el muchacho le sonrió.
- Hace mucho que decidí hacer esto, creo que…demoré algo…supongo… ¿Qué pasó con tu madre?
Silencio, un silencio sepulcral e incómodo se formó entre los dos, notaba la nostalgia en los ojos de su hijo, supo que no era necesario seguir cavando en ese tema que seguro para su hijo sería doloroso, ya lo sabía.
- Mamá murió hace cuatro años, cuando yo me casé con Videl…
Así que de ésta manera eran las cosas en ésta línea del tiempo, Trunks era el más poderoso y también el único Saiyajin que podría proteger éste mundo.
- ¿Y esa niña?
Aquella mocosa era igual a Bulma, supo que era una pregunta tonta, de seguro sería su hija.
- Es Bra, es mi hija. Sé que lo más probable es que te haya sorprendido el parecido que tiene con mamá, son idénticas… ¿No lo crees?
- Lo veo, ¿Por qué la llamaste así?
- Mamá eligió su nombre, me dijo que cuando me esperaba lo eligió; si era niño sería Trunks y si era mujer Bra, ya sabes lo que pasó.
Siempre fue una mujer obstinada, eso lo sabía muy bien. Pasó unos meses con aquella familia, una que sabía en su tiempo sería impensable, pero en este entonces. Era la realidad absoluta.
Bra…la niña resultó ser una fuerte guerrera, a su corta edad tenía gran capacidad de combate y además era orgullosa y decidida. Le agradó sobremanera la idea de entrenarla, eso haría; entrenaría a su hija en su tiempo tal y como lo hiso con su nieta en el futuro.
Después de aquellos largos tres meses tuvo que regresar a su tiempo, regresó sin contratiempos y al volver a verla sintió una enorme tranquilidad, ahí estaba ella, tan igual…tan ella misma, tan suya.
Su vientre ya estaba enorme, la energía de su pequeña hija había crecido y era incluso aún más increíble, también su hijo lo recibió con una cálida sonrisa. Definitivamente no cambiaría esto que tenía por nada . Aquella noche al dormir junto a su mujer, no pudo evitar el impulso. Aquella mujer parecía leerle el pensamiento.
-Vegeta, nuestro hijo...en el futuro...él, ¿está bien?
-Sí, parece que todo allí ha mejorado.
-¿Se ha casado? ¿Tiene hijos? ¿Ya soy abuela?
-Sí, ya ha hecho su propia vida. Confórmate con saber que…lo vi feliz. Por cierto ¿Cómo le pondrás a la mocosa?
-Tú no cambias, mmmm he pensado en Bra; ¿Qué opinas?
-¿Bra?...bien.
- ¿Te parece bien, enserio?
-Ese será su nombre.
Un abrazo por parte de su humana fue el premio por su condescendencia, no cabían dudas.
Todo podía ser distinto pero en esencia ellos eran los mismos. Podrían cambiar las circunstancias, las apariencias y el tiempo.
Pero él siempre sería un orgulloso guerrero y ella una loca mujer, la más hermosa y divertida de todas…su mujer.
