Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, sino a Stephenie Meyer.
Lo que está escrito "entre comillas" son los pensamientos de la gente.
Los que está escrito en cursiva son conversaciones telefónicas o en la lejanía.
Los personajes son humanos.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Capítulo 14.
Pasaron 72 horas. 72 horas hasta que Renesmee consiguió abrir los ojos. 72 horas en las que no estuvo nunca sola. Entre Alice, Jacob y Edward, se lo combinaron para estar a su lado en todo momento. No estuvo sola ni un solo segundo.
Fue, durante el turno de Edward, cuando Renesmee abrió los ojos, aunque los cerró en cuánto vio al hombre que más había odiado hasta ese momento.
- Al fin despiertas. – dijo Edward, levantándose de un salto de la silla en la que había pasado toda la noche.
- ¿Dónde está Jacob? – dijo Renesmee, intentando mantener los ojos abiertos, aunque no quisiera ver a la persona que tenía delante.
- Ha ido a ducharse a mi casa. Volverá antes de una hora. – dijo Edward, sin atreverse a tocar a Renesmee, aunque se estaba muriendo de ganas de abrazarla. Estaba deseando hacerlo desde el primer momento en que le vio. - ¿Cómo te encuentras?
- Como si me hubieran desangrado. – dijo, soltando una risita.
- A mí no me hace ninguna gracia. – dijo Edward, poniéndose serio.
- No me hables como si fueras mi padre. – dijo, intentando sentarse en la cama, aunque no pudo. – Que te follaras a mi madre no significa que tengas ningún derecho sobre mí.
Edward quiso responder, pero no le salían las palabras. Estaba dolido, aunque sabía que, en una pequeña parte, Renesmee tenía motivos para estar así con él.
-Yo… Lamento mucho lo que pasó, pero… Aun… aun no conoces toda la verdad. – consiguió decir al fin Edward, sin atreverse a mirar a su hija. – Tu madre y yo salíamos juntos, ella decidió quedarse en la aldea y yo en la ciudad.
- Basta.
- Vivió aquí conmigo un tiempo, pero no lo pudo soportar y volvió.
- He dicho que ya vale. – exclamó, aun con voz más fuerte, tapándose los oídos. No quería escuchar nada más.
- La culpa fue de ambos. Llegó un punto en que ya no podíamos vivir juntos, porque siempre habría uno de los dos que no sería feliz en aquel lugar. – dijo, acercándose a Renesmee, cogiéndole de las muñecas para que se descubriera los oídos. – Fue cosa de los dos.
- Calla.
- Siempre te he querido. Nunca he dejado de pensar en ti.
- Eres un embustero.
- ¿Si? ¿Crees que un embustero se haría esto? – dijo, soltando a Renesmee. Se desabrochó la camisa y le enseñó un tatuaje que tenía en el pecho.
En el tatuaje, se leía una R enorme, seguida de una fecha. Renesmee se quedó con la boca abierta, viendo su fecha de nacimiento en el pecho de su padre biológico.
- Hace dieciséis años que me lo hice. – dijo, sentándose en la cama, al lado de su hija, al ver que ya estaba un poco más calmada. – Y nunca me he arrepentido de habérmelo hecho.
- Podrías… Podrías haber venido a verme. – dijo Renesmee, intentando apartar la vista del tatuaje, pero no podía. No podía dejar de pensar en lo que le acababa de decir. – Deberíais habérmelo contado.
- Y lo hicimos. En su debido momento.
- Demasiado tarde.
- Renesmee, no te pido que me quieras, solo te pido que me dejes estar a tu lado. – dijo Edward, sorprendiendo a Renesmee. – Espero que algún día me aceptes y podamos compartir algunos momentos de tu vida.
- No sé si voy a poder. – dijo Renesmee, consiguiendo sentarse en la cama. – Todo ha ido muy rápido.
- Lo sé.
- Hace nada, descubro que mi padre no es mi padre, matan a mis amigas, me enamoro de un hombre que me dobla la edad, una loca me secuestra y empieza a rajarme, y ahora veo que mi padre tiene un tatuaje con mi nombre y mi fecha de nacimiento sobre su corazón.
Edward se emocionó, aunque ni él mismo entendía muy bien el porqué. Simplemente, Renesmee le había llamado padre, y ello le hacía el hombre más feliz del mundo.
- ¿Por… Por qué lloras? – dijo Renesmee, sorprendiéndose al sentirse tan preocupada.
- Me has llamado padre. – dijo, limpiándose las lágrimas con los puños.
- Yo no he dicho eso. – dijo, aunque se había dado cuenta de que sí que lo había dicho.
- A mí me lo ha parecido, y con eso me basta. – dijo, sonriendo.
Renesmee se quedó en silencio, pensando, mirando a su padre. La verdad es que entendía lo que le había dicho y podía ver que realmente la quería y que lamentaba no haber podido estar con ella.
- ¿Quién eligió mi nombre? – preguntó, intentando cambiar un poquito de tema.
- Fue cosa de los dos. – dijo Edward, con una media sonrisa en el rostro. – Mi madre se llama Esme, y para no ponerte el mismo nombre, decidimos hacer una pequeña remodelación.
- Pues que sepas que Renesmee es un nombre muy raro. – dijo, haciendo reír a su padre. Al verle reír se dio cuenta de cuanto se parecía a él. – Pero ya he aprendido a vivir con él.
- Me alegro. – dijo Edward, aun riendo.
- Yo… Quiero entenderte… De verdad. - dijo, notando como Edward acariciaba su mano. – Quiero…. Pero no puedo.
- Sé que vas a necesitar tiempo.
- Si…
- Lo acepto y te lo concedo.
- Gracias. – dijo Renesmee, consiguiendo sonreír. – Bueno… ¿Cuándo dices que va a venir Jacob?
- Si le llamo, en diez minutos.
- Te lo agradecería mucho. – dijo y, al momento, Edward ya le estaba llamando. – Gracias. – dijo, cuando hubo colgado.
- Era lo menos que podía hacer.
- ¿Y qué ha pasado con la cabrona peli-roja? – dijo al fin.
- Estaba obsesionada.
- Contigo. – dijo, dándose cuenta de lo que realmente había pasado. – Estaba obsesionada contigo y no quería que nadie se acercara a ti, por eso vino a por mí.
- Si… - dijo Edward, sintiéndose cada vez más culpable por la muerte de las chicas de la aldea. Chicas que seguramente eran las hijas de sus antiguos amigos. – Lo siento mucho.
- La culpa es solo de esa cabrona. – dijo, intentando calmar a Edward. Se sorprendió a si misma al darse cuenta de que se preocupaba por él. – Solo es culpa suya. ¿Queda claro?
- Si.
- Vale. – Renesmee se recostó en la cama y cerró los ojos.
- ¿Te das cuenta de que Jacob podría ser tu padre? – dijo Edward, recibiendo un puñetazo en el brazo. – Vale! No me pegues, pero sabes que tengo razón.
- Yo en Jacob no veo su edad, veo que le amo, y que posiblemente él siente lo mismo por mí, si no se ha asustado con todo este asunto de la peli-roja chiflada.
- No me he asustado. – dijo una voz, desde la puerta de la habitación. - ¿Cómo estás, Renesmee?
- Ahora mucho mejor. – dijo, sin poder evitar sonreír ampliamente. - ¿Y tú?
- Lo mismo.
- Bueno, yo….
- Si, Edward, deberías irte. – dijo Renesmee, dándole golpecitos en el brazo. – Gracias por cuidarme.
- De nada. – dijo Edward, poniéndose en pie, bastante incómodo ante la situación que tenía ante sí. – Llamadme si hay algo.
- Si… si… - dijo Renesmee, que no podía dejar de mirar a Jacob.
Jacob se acercó a ella y se sentó en la cama, a su lado, aunque Renesmee se incorporó de golpe y le abrazó con todas sus fuerzas.
- Pensé que nunca volvería a verte. – Renesmee se puso a llorar, sin soltar a Jacob en ningún momento. - He tenido tanto miedo...
- Yo también he pasado mucho miedo. – dijo, acariciando la espalda de la chica. – Pero ya estás a salvo. Ahora estás bien.
- Si… Ya estoy bien. – Renesmee le soltó un momento y se tomó la libertad de besarle, que era lo que estaba ansiando hacer desde que le había visto en la puerta. – No me abandones, Jacob.
- Nunca voy a hacerlo.
.-.-.-.-.-.-.
Aquí estoy de nuevo.
Besos.
