Confusiones
Cormac pronunció la contraseña y con prisa se adentró en la sala común de Gryffindor, con la esperanza de encontrarse con Hermione, pero como en el fondo esperaba, no estaba. Suspiró a la vez que bajaba los hombros con desgana y dio unos pasos más hasta llegar al centro de la sala. Miró el periódico que estaba en la mesita en frente del sofá y sin pensárselo dos veces lo cogió bruscamente, lo arrugó y lo tiró a la chimenea, donde prendió rápidamente. Se dejó caer en el sillón y pasó su mano por su cabello mientras perdía la mirada en aquellas llamas.
-¿Cormac?
Una voz apagada inundó la sala común desde las escaleras. Cormac no se la esperaba y se levantó inmediatamente hasta quedar mirando aquel rostro dulce que tanto le hipnotizaba.
-¿Qué haces aquí? –siguió Hermione mientras bajaba los escalones que le quedaban- Pensé que estarías en el campo de quidditch, viendo el partido.
-Partido que íbamos a ver juntos.
Lo dijo con tal sequedad que Hermione no pudo evitar bajar la mirada y sentirse mal, aunque no hubiese sido su culpa.
-¿Por qué no me lo dijiste Hermione? ¿Por qué no me avisaste de que no te ibas a presentar? ¿O que no querías verlo conmigo?
-Claro que quería verlo contigo Cormac, de verdad. Pero me surgieron problemas y no pude avisarte.
-Te estuve esperando más de media hora.
-Lo siento. Te aseguro que iba a venir pero… - Hermione se dio cuenta de que Cormac estaba pensando que todo aquello era una excusa, y no lo era, él se portaba demasiado bien con ella y no quería dejar aquello así, tenía que arreglarlo- Cormac.
El chico volvió a mirarla con esos ojos azules preciosos, viéndola realmente arrepentida.
-No pienses que lo hice queriendo. Yo quería estar contigo y ver ese partido contigo. En este último tiempo creo que me has podido conocer lo suficiente para saber que no soy ese tipo de chicas que deja plantada a la gente. Además me encanta pasar tiempo a tu lado, y si no ha podido ser hoy, quedaremos más adelante, si tu quieres claro.
-¿Cómo no iba a querer? –dijo Cormac con una nueva sonrisa en la cara, Hermione le gustaba mucho y no iba a estropear su amistad por una tontería como esa.
Ella al ver su reacción también le dedicó una sonrisa, pero más apagada, aún seguía con fiebre. Cormac después pudo fijarse en su aspecto y no se la veía nada bien.
-Oye ¿qué te ha pasado? –empezó a dar unos pasos hacia ella- Tienes la ropa… húmeda y estás algo pálida. ¿Te encuentras bien?
-Pues a decir verdad, no demasiado bien. Creo que tengo algo de fiebre.
Cormac puso su mano en su frente para cerciorarse.
-¡Estás ardiendo! Hermione, ¿por qué no lo has dicho antes? –no podía llevarla a su cuarto pero tenía que hacer algo para que ella descansara- Ven, te llevaré a mi cuarto y te echarás en la cama, y en cuanto termine el partido iremos a ver a madame Pomfrey para que te de algo.
Cormac tiró suavemente de su brazo y la guió por las escaleras de caracol hasta su cuarto.
-No tienes por qué hacerlo Cormac, yo puedo quedarme en mi habitación.
-Pero si te quedas allí yo no podré cuidarte. Y ahora mismo no hay ninguna chica allí por si te pasa algo, así que lo mejor es que te quedes aquí. Pasa.
Abrió una de las puertas de aquel pasillo con su mano libre y se pudo ver una habitación idéntica a las demás, con cinco camas en círculo rodeando la estufa y todo repleto de adornos color burdeos. Apartó su brazo de ella un instante y quitó las pocas cosas que había encima de la cama para después abrirla y ayudar a Hermione a meterse dentro. Una vez estuvo arropada y apoyada en la almohada Cormac se sentó en un hueco de la cama y se dirigió a ella.
-¿Mejor? –le preguntó mientras volvía a tomar su temperatura.
-Sí –respondió ella sonriendo con las pocas fuerzas que le quedaban-. Muchas gracias.
-No tienes nada que agradecerme -dijo pasando su mano de su frente a su mejilla-. Y ahora, para que te sientas mejor voy a traerte un paquete de chuches que compré en Honeydukes. Lo dejé abajo, enseguida subo.
Le dio un tierno beso en la frente y salió apresurado del cuarto. Hermione se sentía muy agradecida con él, siempre era atento con ella y no sabía cómo agradecérselo, había preferido estar con ella antes de volver a ver el partido de quidditch. Estaba esperando a que él subiera pero pronto la comodidad de la cama empezó a sumergirla en un estado de relajación que le hacía realmente falta. Los últimos dos días habían sido agotadores y no podía mantenerse despierta por mucho más tiempo.
Cormac llegó con una gran bolsa de chucherías por las escaleras, apresurado deseando volver a estar con ella.
-Vienen de todos los sabores, así que alguno te tiene que gust…
Levantó la vista del paquete que sostenía en las manos y vio a Hermione profundamente dormida, lo que le inspiró ternura. Sonrió de nuevo al contemplarla y dejó las chuches en la cómoda, después se acercó a la cama y se sentó. No supo la cantidad de tiempo que estuvo observándola, pero solo supo que fue mucho, ella era capaz de embobarlo como nadie antes.
Cayó en la cuenta de que al partido de quidditch le quedaría poco, ya que cuando él se fue Harry ya estaba tras la snitch, así que decidió meterse en la ducha y en cuanto terminase despertar a Hermione y llevarla a la enfermería.
La Gryffindor estaba en un profundo sueño, y estaba a gusto, con una sensación que la dejaba calmada, pero poco a poco empezó a despertarse, y no por su propia voluntad, si no por unos gritos. Gritos muy cerca de ella, en esa habitación, provenientes de una voz muy familiar.
-¡¿Se puede saber que cojones es esto? ¡¿Qué le has hecho baboso?
-Tranquilízate Ron –dijo Cormac intentando calmar al pelirrojo.
-¿Qué me tranquilice? ¡¿Qué me tranquilice?
-¿Qué está pasando aquí?
Harry entró en la habitación y al ver a Ron con la cara del mismo color que su pelo no tardó en interponerse entre los dos.
-¡Pregúntaselo a este degenerado!
Harry miró a Cormac y entonces fue cuando vio a Hermione en su cama.
-No ha pasado nada… -explicó Cormac.
-¿Ah no? Harry cuando he entrado me he encontrado a Hermione en su cama y a él saliendo del baño mientras se abrochaba la camisa ¡¿De verdad me crees tan imbécil como para pensar que no ha pasado nada? ¡Se ha aprovechado de ella!
Harry aguantó a Ron cuando éste intentó acercarse al rubio sin buenas intenciones y entonces Cormac aprovechó para defenderse.
-Ella está en la cama porque tiene fiebre, animal. Y yo he salido del baño porque acababa de ducharme.
-¿Y esperas que te crea?
-Ron es verdad.
En ese instante todos miraron a Hermione, la que con poca fuerza se incorporó en la cama, y Harry y Ron pudieron ver que tenía muy mal aspecto, así que probablemente la versión de Cormac no fuera falsa.
-Hermione –dijo Ron en un tono mucho más bajo del que había usado antes-. ¿Estás… estás bien?
Harry y su amigo se acercaron a la cama para ver a su amiga.
-No, lo que ha dicho Cormac es verdad, él tan solo me ha ofrecido su cama para descansar –dijo mientras Harry ponía su mano en su frente para asegurarse de que tenía fiebre.
-¿Y por qué su cama? ¿Acaso no tienes tú una? –preguntó Ron todavía alterado.
-Si se hubiera subido a su cuarto yo no podría saber si empeora y no había nadie aquí, todos estaban en el partido –respondió Cormac en su lugar.
-A ti nadie te ha preguntad…
-Ron –dijo Harry mirando seriamente a su amigo como advertencia de que dejara de tratarle así.
El pelirrojo se resignó y volvió a mirar a Hermione.
-¿Por qué no nos lo dijiste? –le preguntó Harry.
-Estabais demasiado concentrados en el partido, no quería distraeros.
-Hermione sabes que tu salud importa mil veces más que el quidditch –le aclaró su amigo.
-Pero no es tan grave, tan solo es un simple resfriado, nada más. En unos días se me pasará.
-Será mejor que te lleve a la enfermería, madame Pomfrey ya habrá llegado –interrumpió Cormac.
-Querrás decir que la llevemos –apuntó el pelirrojo señalándose a él y a Harry repetidas veces.
-Ron, basta –interrumpió Hermione poniéndose poco a poco en pie, esa situación empezaba a molestarle-. Puede venir si quiere, pero para vuestra información no hace falta que me llevéis ninguno, puedo ir por mi propio pie, no soy una niña pequeña.
Y dicho esto salió por la puerta de la habitación molesta por la actitud de los chicos hacia ella. Estaba resfriada y con fiebre, pero no por eso era un mueble inútil, le costaría llegar hasta la enfermería pero lo haría y sin ayuda.
Harry, Ron y Cormac intercambiaron miradas durante unos segundos, los suficientes como para ponerse en marcha y seguirla, Harry preocupado por la salud de su mejor amiga, Cormac pendiente de cuidarla tal y como le había dicho antes y Ron desconfiado de las intenciones del rubio que tenía al lado.
Mientras tanto, Draco cerraba la puerta del despacho de Slughorn con una sonrisa de satisfacción y varita en mano. Le había costado un poco al principio, pero todo lo sucedido incluyendo el resfriado de Granger había servido para que ese profesor con bigote de morsa acabara sintiéndose culpable de todo y no dudara en devolverle su varita y en disculparse con la Gryffindor más tarde.
Por fin podría relajarse y darse una buena ducha en su sala común, guardó su varita en el bolsillo y se dispuso a bajar las escaleras –sin darse cuenta de que Hermione acababa de pasar apresurada seguida de Cormac-, pero la voz de Potter y Weasley le hizo pararse y esconderse tras una pared cercana, tenía curiosidad por escuchar la conversación que se traían desde el piso de arriba.
-Te juro que a ese repipi no le aguanto ni una más.
-Ron no deberías haberte puesto así.
Malfoy apenas podía esconder su risa, la escena del pobretón celoso nunca se la hubiera imaginado.
-¿Y cómo quieres que me ponga? ¡Ese tío es un aprovechado! Entro y me la encuentro a ella tirada en la cama y a él vistiéndose. Y no estamos hablando de una chica cualquiera Harry, sino de nuestra mejor amiga, de Hermione Granger.
-Por eso mismo tienes que confiar en ella ¿no? Vamos Ron, no ha pasado nada, ha sido un malentendido.
-Pero ¿y si hubiera pasado? De McLaggen me lo espero todo…
Pero esas últimas frases llegaron con tan poca intensidad a los oídos de Draco que no las escuchó. Las últimas palabras que retumbaban en su interior como llamaradas de fuego eran tan solo dos: Hermione Granger.
La rabia que escalaba su pecho era casi dolorosa, podía expulsar ira por todos y cada uno de sus poros, nunca jamás había estado tan enfurecido. Sin saber muy bien por qué se dirigió a toda prisa a los lavabos de esa planta, allí no había nada, pero tenía que desgastar su furia de alguna manera, así que tras dar escasos paseos a paso firme empezó a desahogarse. Las tuberías que se encontraban debajo de los lavabos pronto se soltaron expulsando chorros de agua debido a todas las violentas patadas que les daba el Slytherin, una tras otra y cada vez más fuerte si podía, quería acabar con todo lo que se le ponía por delante, llegar a sentir tanto dolor físico hasta ser comparable con la extraña sensación que tenía por dentro, una sensación que eclipsaba todo lo demás.
Al ver que a las tuberías no se les podía hacer más destrozo siguió con los lavabos hasta que estos se descolgaron encharcando aún más el suelo, pero todo aquello no era suficiente, por más que hacía no conseguía calmarse, solo alimentaba la furia que ardía en su interior. Las paredes y puertas verdes que formaban un pequeño pasillo en la habitación se tambaleaban a cada impacto de los puños contra una de las puertas, abollándola, llenándola de pequeñas marcas rojizas, de su propia sangre, pero aun así apenas podía sentir el dolor que le provocaba tener los puños destrozados, nada era suficiente. Y harto de esa situación hizo el último movimiento, un último golpe al centro de un espejo, el que cayó en pedazos al instante, deformando la imagen de un Malfoy lleno de ira y desesperación.
Esta vez sus nudillos comenzaron a sangrar junto con más cortes en su mano, pero no le importaba en absoluto ese dolor. Respiró agitadamente durante unos segundos y se dejó caer arrastrando la espalda por la pared verde. ¿Qué demonios le pasaba? No conocía esa sensación, jamás la había tenido, solo sabía que no quería tenerla nunca más. ¿Por qué se había puesto así? ¿Y por qué al enterarse de lo de Granger? Ella podía hacer lo que le viniera en gana y con quien quisiera, pero no podía negar que le había jodido demasiado, aunque no sabía qué era lo que más le había molestado, que lo hubiera hecho con el gilipollas de McLaggen o el simple hecho de que lo hubiera hecho con alguien. Tras pensarlo un segundo más lo tuvo claro, era lo segundo. Le hervía la sangre imaginarla con otro, con otro que no fuera… ¿él?
Bah. Eso era una tontería, ¿verdad?
El problema era que desconocía desde cuando le molestaba ver a Granger con otro chico y por qué. Encima el había estado haciendo el gilipollas ayudándola todo el tiempo desde que salieron del bosque prohibido cuando estaba claro que ella se encontraba mejor de lo que hubiera imaginado.
En ese momento solo podía sentir rabia, odio. Odiaba sentirse de esa manera, como nunca antes.
-¿Draco? –el rubio escuchó unos pasos entre los charcos acercándose a él, pero no levantó la mirada para saber de quién se trataba- ¡Draco! ¡Oh Dios mío! ¿Estás bien? ¿Qué ha pasado?
Marietta se agachó rápidamente y cogió con cuidado su mano, aunque el Slytherin parecía no percatarse ni siquiera de su presencia ni del dolor que eso tendría que estar provocándole.
-¿Te duele mucho? –preguntó la chica, pero Draco seguía sin cambiar de expresión.
Nerviosa sacó su varita y con unos cuantos hechizos –torpemente realizados- consiguió que las marcas dejaran de sangrar de esa manera, aunque no logró curarlas. Draco recordó que había quedado con Marietta por la mañana en su sala común mientras todos estaban en el campo de quidditch, se le había olvidad por completo, y quizás por eso ella estuviera en la quinta planta todavía y había acudido al escándalo que él estaba formando. Lo raro era que no estuviera enfadada con él por haberla dejado tirada, pero eso no le importaba, tenía muy claro lo que iba a hacer con ella, era la única forma de no sentirse tan miserable.
-Tiene que verte madame Pomfrey, ella sabrá como curarte est…
Antes de que acabara Draco ya se había levantado y la había cogido con su mano sana para llevarla por todos los pasillos, bajando escaleras, hasta llegar a un cuartillo que bien conocía en la segunda planta. Cerró la puerta tras él y entonces fue cuando Marietta pudo hablar.
-¿Y esto?
Draco se acercó a ella como un depredador que tiene a su presa acorralada. Esbozó su sonrisa torcida aunque esta vez escondía algo más, algo llamado venganza.
-¿No era lo que querías?
Ella le respondió con una sonrisa pícara y pronto se vio aprisionada entre la pared y el pecho de Draco, el que había tomado sus labios de forma áspera, casi violenta. A pesar de tener una mano lesionada agarró su cintura como si en cualquier momento fuera a partirla en dos. Marietta lo único que pudo hacer fue seguirle a cada movimiento, dejándose guiar por él, ya que no le daba opción a tomar la iniciativa. Draco doblegaba la lengua de la chica con la suya, casi con la misma intensidad con la que aprisionaba su cuerpo, intensidad que tan solo aflojó para deshacerse de la ropa de ella hasta mandarla bien lejos y de esa forma poder disponer de ella como se le antojara –ya que Marietta no tenía ninguna intención de oponerse-, estaba a su plena disposición, tal y como Granger habría estado poco tiempo atrás con otro que no era él.
Hermione llegó a la enfermería teniendo a su lado a Cormac, el que ya se había disculpado por la escenita de antes, y Harry y Ron venían detrás hablando. Entraron dentro y comprobaron que Madame Pomfrey aún no había llegado del campo de quidditch así que decidieron esperarla durante un buen rato, hasta que al final apareció. Pasó la mirada por cada uno de los chicos y después preguntó:
-¿A qué se debe tanta gente en mi enfermería? ¿Algún hueso desaparecido señor Potter? ¿O quizás algún mordisco en la pierna señor Weasley?
-Esta vez no señora, –respondió Harry- se trata de ella, está…
Madame Pomfrey miró durante un segundo a Hermione y pareció como si ya la hubiese examinado por completo.
-Oh, no me digas más –se acercó a ella y le tomó la temperatura mientras los otros tres se miraban confusos-. Tal y como lo suponía.
Se dirigió a una estantería que estaba al lado del escritorio y revolvió todas las cajas buscando algo mientras les hablaba.
-Resfriado muggle. Común y corriente, son los peores –decía mientras les daba la espalda-. Pero no te preocupes querida, te daré una pócima y en menos de cuatro días estarás como nueva. Aunque no sé dónde la puse… a ver… no… esa no es…
No sabían cuanto tiempo llevaban allí, pero a madame Pomfrey le había dado tiempo a revolver todos los armarios de la habitación –que no eran pocos- a ritmo demasiado lento mientras les contaba todas sus experiencias con resfriados muggles, por supuesto, sin que nadie le preguntara.
Hermione se había sentado en la cama agotada y Cormac se apoyaba en la mesita de al lado a la vez que Ron le fulminaba con la mirada, y Harry era el único del que se podría decir que estaba prestando algo de atención.
-Ahá, aquí está –dijo finalmente madame Pomfrey- creo que es el último que me queda, tendré que elaborar más.
Sacó un frasco con un líquido incoloro, transparente, y se dirigió a su escritorio mientras lo abría. Sacó un pequeño vaso y vertió la pócima dentro, añadiéndole unos polvos que Hermione no pudo ver de qué se trataba. Después lo removió y se dirigió a Hermione.
-Aquí tienes querida –le dijo con una sonrisa mientras lo dejaba en su mano.
Hermione no pudo evitar poner una mueca al oler la pócima, además esos polvos que había echado hacían extrañas burbujas en el interior del líquido, pero no tenía más remedio. Tras dudar un poco bebió todo el líquido del vaso para después aguantar las ganas de vomitar, eso sabía peor que la poción multijugos.
-Muy bien, ya está. Ahora ve a tu habitación y descansa durante estos cuatro días, te hará falta. Y ahora venga, salid de mi enfermería.
-Encima de que hemos estado aguantando que hable sola como una chiflada nos echa –dijo Ron a Harry por lo bajito, y éste respondió con una pequeña carcajada.
Los cuatro salieron de allí hasta llegar de nuevo a las escaleras, donde Harry y Ron bajaron al Gran Comedor a coger algo de comer para Hermione que más tarde Ginny le llevaría a su cuarto, y Cormac y ella empezaron a subir las escaleras para llegar a la sala común.
-Ya has escuchado a Madame Pomfrey, tendrás que estar cuatro días en tu habitación, descansando. Aunque espero que bajes de vez en cuando a la sala común, sino no podré verte –dijo Cormac llevándose una mano a la nuca con nerviosismo, ella le respondió con una sonrisa.
-Claro que bajaré, cuatro días encerrada en mi habitación sin salir, no lo soportaría.
-Pero tan solo a la sala común, porque si sales por el castillo te pondrás peor y…
Hermione dejó de escuchar a Cormac mientras éste seguía hablando y subiendo. Al fondo de aquel pasillo de la segunda planta estaba Draco, saliendo de un cuarto, pero no estaba como antes. Tenía todo el pelo alborotado, la mano le sangraba y tenía la camisa por fuera, se la estaba colocando por dentro hasta que la vio parada en las escaleras. Hermione no supo interpretar esa mirada, aun estando a metros de distancia podía ver perfectamente el hielo de sus ojos pero esta vez atestado por algo que podría llamarse ira. Notaba como él le reprochaba algo en silencio, con una simple mirada. ¿Qué le pasaba ahora? Que ella supiera hasta el momento todo había ido bien, todo lo bien que pueden estar dos personas que se odian, es más, la última vez que se habían visto él había sido el que había vuelto a enfurecerla y ella se había ido enfadada. No iba a negar que quería ir hacia él y preguntárselo, aunque tan solo estuvieran manteniéndose la mirada ella sabía que algo no iba bien, y no se lo merecía, esta vez no había hecho nada, aunque eso siempre era así ¿por qué iba a cambiar ahora?
De pronto todos sus pensamientos pararon para llegar a la conclusión acertada. Marietta salió detrás suya con la falda arrugada y con una sonrisa de oreja a oreja, abrazándolo por la espalda, sin darse cuenta de la presencia de ella al otro lado del pasillo. Ahora lo entendía, por eso tenía ese aspecto. Era Draco Malfoy, nunca cambiaría, le encantaba utilizar a las chicas, y ella misma había caído más de una vez en su trampa, ¿cómo podía ser tan estúpida?
Draco no entendió la pequeña mueca de sorpresa que la Gryffindor puso, ¿acaso le sorprendía? ¿Le molestaba? Ella había hecho lo mismo y antes que él, ¿a qué se debía esa reacción? Si a Granger le molestaba a él le daba igual, de esa forma ella podría sentirse de la misma manera que él se había sentido antes, fatal. Con ese pensamiento casi pudo sentirse algo mejor, ya que lo sucedido con Marietta momentos atrás tan solo había conseguido aliviarle por poco tiempo pero nada más, saber que no era el único que se sentía así le tranquilizaba un poco, aunque al mismo tiempo le molestaba que fuera ella.
Pero ver al chico que poco a poco se acercaba de nuevo a ella, le hizo sentirse de nuevo furioso, incluso más que antes, la cogió suavemente del brazo y tan solo hizo falta eso para que Draco recordara una vez más lo que ese imbécil había hecho con Granger, como si él mismo no se hubiera martirizado ya bastante. Con una última mirada colérica Draco desapareció por el pasillo seguido de Marietta, dejando a una Hermione confusa y con un malestar más grande si cabía.
-Hermione, ¿estás bien? –le preguntó Cormac al ver que se había quedado pálida de un momento a otro con la mirada perdida en el pasillo.
Tiró delicadamente de su brazo para conseguir una reacción, y entonces Hermione lo miró.
-Sí… estoy… bien.
Le sonrió sin ninguna gana y continuaron subiendo las escaleras hasta llegar a la sala común, donde Hermione se despidió de Cormac agradeciéndole su preocupación y prometiéndole que volverían a quedar. Lo primero que hizo al llegar a su habitación fue ducharse y dormir un poco, y después llegó Ginny con algo de comer mientras le explicaba todos los detalles del partido que habían ganado.
Muy lentamente los días fueron pasando y Hermione seguía en su habitación aburrida, había terminado ya todos los deberes que Harry y Ron le llevaban y ya había estudiado para los próximos exámenes, tan solo se divertía en los momentos que bajaba a la sala común a hablar con los demás –entre ellos Cormac que se encargaba de llevarle algún que otro dulce del Gran Comedor-, aunque eso conllevara enterarse de los cotilleos que traía Lavender, de los cuales la mayoría eran de Draco. "Se dice que cortó con Marietta al muy poco tiempo de estar con ella, y que a partir de ahí va de una chica a otra, cada día con una nueva y ellas no se quejan para nada, no me extraña, con lo guapo que es cualquiera acepta. Aunque yo no aceptaría porque estoy con mi Ro-Ro que es el mejor de todos…"
No sabía ni por qué se sorprendía, él era así y no había nadie que lo cambiara.
La noche en la que Hermione pensó que estaba recuperada, se confió demasiado y durmió sin las miles de mantas que Ginny le había puesto por encima, por lo que volvió a recaer y debido a las insistencias de Harry, Ron, Ginny, y Cormac pasó una semana más en cama, para asegurarse de que esta vez estuviera realmente sana. Así que tras casi dos semanas de encerramiento en la sala común de Gryffindor por fin pudo volver a la normalidad, volver a las clases con sus amigos, volver a comer en el Gran Comedor con los demás y a hacer vida normal. Tan solo había un detalle que no acababa de encajarle, Malfoy la rehuía siempre que podía. En las clases que tenían juntos se limitaba a mirarla con desprecio y a evitar cualquier contacto con ella, y después desaparecía durante el resto del día, aunque no sin antes hacer de las suyas como prefecto y llevarse a una chica nueva a cualquier lugar apartado. Desde aquel día del bosque prohibido no entendía que le pasaba, pero durante los días siguientes se seguía comportando de la misma forma.
-Hermione –la llamó Cormac sacándola de sus pensamientos y poniéndose a su lado en la clase de pociones.
-Sí, Cormac, dime.
-McGonagall me ha pedido que te avise de que mañana por la noche tenéis el último turno de vigilancia antes de Navidad –Hermione casi había olvidado su cargo de prefecta y lo que eso conllevaba, pero en el fondo quería volver a ejercerlo, porque de ese modo también podría hablar con Malfoy, quería saber cuál era el nuevo motivo de por qué la trataba así-. ¿No es increíble? Pasado mañana, el viernes, es el último día en Hogwarts y el sábado por la mañana estaremos en el tren. Estos meses se me han pasado volando ¿a ti no?
-Sí… -aunque esos últimos días se le habían hecho eternos.
-Oye Hermione… hablando del viernes…
-¿Sí?
-Me preguntaba… bueno… como ya sabes el viernes es la cena de Navidad que prepara Slughorn y yo… me preguntaba… si querrías… -suspiró y al fin terminó- si querrías ir conmigo.
-Oh… -a Hermione esa proposición le pilló por sorpresa, ni siquiera se acordaba del club de Slughorn, pero ya le había prometido que quedaría con él y no podía fallarle- Claro Cormac, me encantaría ir contigo.
Él reaccionó con una sonrisa aún más grande que todas las anteriores y ella empezó a hacer lo mismo si no fuera por un leve empujón que sintió en el hombro. Era Draco, se había levantado y se había ido pasando por delante del profesor Slughorn que acababa de llegar a la clase.
-¿Y a este qué demonios le pasa? –preguntó Cormac molesto por la reacción de Malfoy- ¿Te ha hecho daño?
-No, no… estoy bien.
Tenía que hablar con él cuanto antes.
¡Hoolaa! :D :D ya estoy aquí de nuevo! ^^ Ha sido un viaje increíble pero no pude escribir absolutamente nada así que por eso he tardado algunos días más pero lo acabo de terminar y aquí lo tenéis ^^
Veamos, Cormac ha ayudado a Hermione con su resfriado en su cuarto porque madame Pomfrey no estaba en la enfermería, pero después ha llegado Ron y se ha formado una buena xD y cuando han bajado todos con ella a acompañarla se ha formado más gorda... Draco se cree que Hermione se ha acostado con Cormac y eso le hierve la sangre, se intenta desahogar con todo lo que encuentra en el baño pero no le es suficiente, así que coge a Marietta y para vengarse de Hermione lo hace con ella. Después ha habido un momento de tensión en el pasillo de la segunda planta, Draco sigue pensando lo mismo de antes pero ahora Hermione sabe que él está con Marietta, aunque después por los cotilleos de Lavender sabe que va chica por chica para pasar el rato. Y después de ver como él reacciona con ella quiere hablar con él, a ver si lo consigue en el siguiente capítulo :)
En el próximo chap. llegarán las navidades y en el siguiente de ese ya empezaré de nuevo narrando en Hogwarts con algunos flashbacks, ya lo veréis :)
Muchisisisisisisimas graciaaas por todos los reviews! Princessmalfoy10, Cassiophia23, yumi, Yuffie, Ilisia Brongar mil gracias por los reviews del chap. anterior, me encanta leerlos ^^ y tb gracias a todas las que aun seguis la historia! :D Espero que no os haya decepcionado a ninguna :)
Espero que os haya gustado y tambien espero no tardar mucho en subir el otro ya que lo tengo empezado :) Nos vemos en el siguiente capítulo! (:
Cristina94
