Hola, de nuevo con vosotros. Espero que os guste el siguiente capítulo, en el que no aparece Harry pero las aventuras continúan… muchos besos.

Gracias a todos por vuestros comentarios.

CAPITULO XIV — EN BUSCA DE LOS INGREDIENTES

Minerva y Kingsley salieron hacia el callejón Diagon a buscar la albahaca seca y la piedra Ámbar, recogerían también el agua de manantial que necesitaban. Como ya se esperaban, en la tienda de ingredientes de pociones, encontraron sin ningún problema la albahaca y Minerva suspiró pensando que ya tenían el primer ingrediente. Pero la suerte no les acompañó para encontrar el ámbar, el propietario de la tienda les explicó que se le había terminado y hasta dentro de un mes no volvería a recibir.

— Vamos al callejón knockturn, conozco un par de tiendas que creo podríamos encontrar ámbar— le propuso Kingsley a Minerva.

— No es que me guste mucho la idea, pero supongo que no nos queda más remedio, gracias por acompañarme, no sé que hubiera hecho si estuviera sola.

Entraron en el callejón y a medida que iban adentrándose, notaban como la gente se apartaba de su camino y les miraba mal. No era bienvenida la visita de un auror en sus dominios.

— No te quieren mucho Kingsley — suspiró Minerva nerviosa al ver todas aquellas miradas.

— No, no mucho — se rió

Entraron en una pequeña y sombría tienda, regida por un hombre sin casi dentadura y muy desaliñado. Le preguntaron si tenía una piedra de ámbar y por mala casualidad esa misma mañana había vendido la última pieza que le quedaba. Buscaron otra tienda que conocía el auror y era aun más oscura y escalofriante que la primera, olía desagradablemente y sus estanterías contenían artículos repulsivos y de dudosa procedencia. Minerva sujetó el musculoso brazo de Kinsgley para encontrar un poco de seguridad en aquel desagradable antro. Pero tampoco tenían lo que buscaban. El propietario, al ver la mala mirada del auror y por miedo a represalias, les indicó donde podrían conseguir una.

— Kingsley, ¿tú sabes dónde está la tienda que nos ha indicado ese hombre? — le preguntó cuando habían salido de la tienda, si a aquello podían decirle tienda.

— Si, pero va a ser un problema.

— ¿Qué sucede?

— En esa tienda solo se abastece lo peor de lo peor, no quiero que vayas allí y yo como auror tampoco puedo ir solo, no saldría vivo. He encarcelado o perseguido a la mitad de la gente que podemos encontrar en la tienda o en sus alrededores. Tenemos dos posibilidades o reúno a varios de mis hombres y vamos como si fuera una misión oficial o esperamos que uno de los equipos vuelva y me llevo a Arthur, Remus y alguno de los chicos mayores de Arthur.

— Creo que lo mejor es solucionarlo entre nosotros. El ministerio todavía no es muy seguro para Harry, cuanto menos sepan mejor que mejor.

Fueron a buscar el agua de manantial y volvieron a la casa. Al llegar explicaron el problema a los otros.

— Es mejor que no mezclemos a los aurores, para que no hagan muchas preguntas Kingsley — opinó Remus igual que Minerva — Cuando volvamos de encontrar la raíz, te acompañaremos a esa tienda.

Empezaron a prepararse los tres grupos para la salida, esperando la llegada de los compañeros del ejército de Harry y a Hermione.

En la base del ejército, sonaban las 12:50 horas cuando aparecieron en el barracón de los benjamines la patrulla de Hugo al completo, Troy, Hugo y Brian llevaban una pequeña mochila con algo de equipo que podrían necesitar. Todos iban con el pantalón negro y las botas del uniforme de operaciones pero llevaban diferentes jerséis para que no se viera que iban uniformados.

— ¿Preparados? — Les preguntó Hugo a los benjamines — ¿pero qué hacéis con el uniforme caqui?, vamos como civiles, no podemos llamar la atención. Venga iros a cambiar enseguida. – les riñó.

Un poco avergonzados por no haber pensado en ello, fueron a cambiarse por unos jeans y un jersey, pero se dejaron las botas militares. En ese momento entraba el capitán vestido también con un jeans y camisa, y como ellos, se había dejado las botas militares. Harry-Hermione se dejó el uniforme caqui, ya que se cambiaria en la casa con su ropa, cuando volviera a ser ella.

— Si ya estamos todos, el trasladador se activará en dos minutos, debéis cogeros a esta bufanda y no la soltéis por nada — les dijo Harry-Hermione.

Hubo unos momentos de tensión y al final el trasladador se activó dejando vacío el barracón.

Ya en la mansión Black todos cayeron al suelo desestabilizados por el viaje.

— Esta manera de viajar vuestra es muy rápida, pero te pega unos mareos — se quejó Smity todavía en el suelo.

— Si cuesta un poco acostumbrarse pero es muy efectivo — dijo Harry-Hermione dándole la mano para ayudarle a levantarlo.

— Harry ¿ya te he dicho que tu sonrisa es más dulce ahora? — le dijo muy serio.

— No seas tonto, anda levántate.

Remus entraba en ese momento en el salón donde habían aparecido y les dio la bienvenida. El capitán le preguntó si Harry había hecho alguna mejoría.

— Sigue igual Peter, parece dormido — Y dirigiéndose a Hermione le dio una botellita — Toma el antídoto, supongo que prefieres ir como Hermione.

— Gracias Remus, si prefiero ser yo misma, voy a cambiarme.

— Señores si quieren seguirme.

Todos los equipos estaban ya preparados en la entrada de la casa, cada cual se reunió con el grupo al que había sido asignado.

Remus tenía preparados los tres trasladadores y los entregó a cada equipo.

El equipo tres fue el primero en marcharse. Iban Arthur, Ginny, Remus, el capitán y Brian. Ellos tenían la misión de conseguir una raíz de eleuterococo en el lugar de origen y según investigaron podían dirigirse a varios lugares pero escogieron la isla de Sakhalin que pertenecía a Rusia. Remus les entregó a todos unos gruesos abrigos, guantes y bufandas que había transformado de diferentes prendas, les esperaban temperaturas de dos a cuatro grados como mucho, temperaturas normales en el mes de mayo en aquellas latitudes. Durante los meses de invierno podían llegar a menos treinta grados fácilmente, era una zona muy cerca de Siberia.

Cuando llegaron a la isla eran las diez de la mañana, tuvieron que esperar un momento para que sus cuerpos se adaptaran, al viajar tantos kilómetros y debido también al cambio horario todos quedaron un poco traspuestos.

— ¿Están todos bien? ¿Peter, Brian? — les preguntó Remus que fue el primero en recuperarse.

— Si, ha sido un buen mareo — comentó Brian, que todavía no había recuperado el color.

— Ginny pequeña ¿estás bien? — le preguntó su padre viéndola sentada en el suelo.

— Si papa, ya me está pasando.

— Entonces en marcha, cuanto antes encontremos el ingrediente antes volveremos.

Peter sacó un mapa que había conseguido de la isla y lo desplegó para situarse. Remus al verlo sonrió y lanzó un hechizo al mapa.

— ¿Qué le has hecho? — preguntó intrigado el capitán.

— Lo he encantado, ahora solo debemos preguntarle al mapa donde estamos situados.

— ¿Así de fácil? — interrogó el capitán.

— Si, fíjese.

Apuntó el mapa con la varita y le dijo "sitúanos", una pequeña luz se iluminó en el mapa indicando la posición.

— Estamos muy cerca de la capital, allí encontraremos fácilmente algún mercado en que podamos comprar lo que buscamos — comentó Arthur.

Sin decir nada más, mordidos por el intenso frío, se pusieron en marcha dirigiéndose a la capital de la isla.

Caminaron varios Kilómetros, a Ginny le costaba seguir, no estaba acostumbrada a caminar, pero no se quejó, pensando que lo hacía por Harry. Él le había salvado la vida, sin pensar en los peligros, cuando estuvo a punto de morir por culpa del diario de Tom Rydle, se lo debía.

Cuando llegaron, se encontraron con una ciudad de contrastes, lujosos hoteles, varios casinos, algún que otro restaurante japonés, reminiscencia de cuando la isla era mitad rusa y mitad japonesa y una gran variedad de nacionalidades conviviendo juntas. Tenían importantes yacimientos petrolíferos en la isla y los trabajadores venían de diferentes países. El idioma inglés era conocido por muchos y preguntando encontraron un gran mercado en donde empezaron a buscar una tienda para comprar la raíz que necesitaban. El capitán y Brian ayudaron a moverse por la ciudad a los magos y tuvieron que arrastrar más de una vez a Arthur que se quedaba maravillado viendo aparatos muggles que no conocía, luego tenia a Peter ocupado explicándole su funcionamiento hasta que lo entendía. Remus sonreía por la paciencia que tenía el capitán en explicarle las cosas.

No tardaron mucho en encontrar una tienda en la que vieron varias raíces. El hombre que regentaba el negocio era un indígena del lugar, de penetrantes ojos negros, pelo oscuro y tez morena, vestía las ropas tradicionales con gruesas pieles para abrigarse del frío. El problema era que no entendía ni pizca de inglés. Brian hablaba un poco de ruso, le costó entenderse porque el indígena tenía un fuerte acento debido a la mezcla del ruso con su lengua indígena natal, pero al final consiguió hacerse entender y confirmar que las raíces que habían visto eran las que necesitaban y preguntó el precio que les pedía. La moneda de la isla eran los rublos y como ninguno llevaba encima esa moneda, el capitán sacó su tarjeta de crédito, enseñándosela al hombre, éste sonrió ampliamente, mostrando su amarilla dentadura, movió la cabeza afirmativamente en señal de que si aceptaba la tarjeta. Brian les tradujo que, según el propietario de la tienda, él mismo buscaba las raíces con su familia y eran de muy buena calidad, entraban en los espesos bosques de pinos, para buscarlas durante horas, casi a gatas porque la planta era muy pequeña y era difícil de ver. Cuando Brian le dijo al hombre que era para ayudar a un amigo que estaba muy enfermo les escogió dos de las mejores raíces sonriéndoles nuevamente.

No se creían lo fácil que había sido conseguir ese ingrediente y satisfechos buscaron una zona escondida del bullicio de la ciudad para utilizar el trasladador de vuelta a Londres.

Llegaron a Londres tres horas después de su marcha. Eran los primeros de llegar y guardaron las raíces junto a la albahaca y el agua de manantial. Con el ruido de la llegada despertaron a Minerva, Molly y Kingsley que se habían quedado dormidos en los sillones del salón.

— ¿Todo bien? — pregunto Kingsley.

— Si todo perfecto, ya tenemos las raíces — explicó Arthur.

Remus y Peter comprobaron el estado de Harry y viendo que seguía igual, volvieron al salón donde Molly estaba sirviendo té, y se sentaron a esperar la llegada de los otros equipos.

En otro lugar del mundo, el segundo equipo que estaba formado por los gemelos Weasley, su hermano Charlie y Troy, William y Sócrates de los SAS, llegaban a Gambia con el trasladador que les había dado Remus. Ellos debían buscar las frutas del árbol Kola.

En Gambia era de noche y cuando llegaron tuvieron que esperar unos minutos para que les pasara el leve mareo que tenían del viaje. Troy sacó de la mochila que llevaba varias linternas y las repartió, explicando a los magos como debían utilizarlas e iluminaron un poco los alrededores.

— Si Papa ve una de estas se la va a quedar — dijo Charlie viendo la linterna maravillado de lo que podían hacer los muggles sin magia.

— ¿Dónde estamos? — preguntó Sócrates al mirar a su alrededor.

Vio que estaban en una selva con vegetación tropical. Había un extraño silencio, roto por el ruido de algún animal nocturno. Cuando enfocaban con sus luces los árboles algunos pájaros asustados levantaban el vuelo.

— Deberíamos estar en la zona donde están los árboles que debemos encontrar, pero investigué este tipo de árbol y no debemos buscar frutos rojos sino verdes. Hay diferentes tipos de árboles de Kola y el que sale en las instrucciones de la poción es el sterculia acuminata con frutos verdes. Tenemos suerte que es época de recolección que va de mayo a junio — les dijo Charlie

De repente oyeron un ruido, de las aguas del río emergió un enorme cocodrilo, su boca abierta, mostrando peligrosamente sus afilados colmillos que se cerraron a escasos centímetros de la pierna de George, con un salto atrás había evitado que le arrancara la pierna.

— Ahhhh, cocodrilos, coooorreeeed

Todos empezaron a correr, sin saber por donde pasaban por la oscuridad que los envolvía, alejándose de la orilla del río, el cocodrilo debía tener hambre y siguió persiguiéndolos a una velocidad inaudita para un animal de aquella envergadura. Con las prisas para escapar y la poca visibilidad, Charlie no podía girarse para utilizar su varita y detener a ese monstruo que quería comerlos.

— Árboles subid... YA — grito Troy, esperando que los magos supieran subir a un árbol.

Fueron subiendo a los árboles como pudieron para escapar. Desde arriba, ya un poco alejados del peligro, Charlie le envió un hechizo al cocodrilo que le hizo retroceder y al final el animal vencido volvió a la orilla del río.

— ¿Todos bien? — preguntó William iluminando los árboles vecinos.

— Si creo que estamos enteros — bufó Fred sin aliento — ¡por que poco hermano!, un poco mas y te quedas sin pierna.

— No volveré a acercarme a un río en muchos años — suspiró George.

— Esto me ha recordado la vez que estuvimos en la selva con Harry y nos persiguieron una pareja de leopardos, acabamos todos subidos en árboles para escapar de sus dientes. Como los leopardos no se movían de debajo de los árboles donde estábamos, a Harry no se le ocurrió nada más que desplazarnos como Tarzan con las lianas y fuimos volando de un árbol a otro, fue divertido — explico Sócrates.

— Pero que ideas que tiene — dijo Troy.

Los magos no entendieron mucho lo que les contaba de eso de Tarzan pero si era una idea de Harry seguro que era peligrosa.

— Bajemos y empecemos a buscar el árbol — comentó Charlie — pero vigilad mucho vuestro entorno.

— Propongo ir por parejas — dijo William — uno busca el árbol y el compañero vigila el entorno.

— De acuerdo, es buena idea — contestó Charlie.

Todos bajaron de los árboles a los que se habían subido. Se pusieron por parejas un mago y un muggle y empezaron a buscar el árbol que necesitaban, vigilando mucho a su alrededor iluminando con las linternas. La parte del equipo muggle iba mejor preparada para la supervivencia en una selva que los magos, que estaban fuera de su elemento.

De repente Troy se movió rápidamente, sacó su cuchillo y lo lanzó a escasos centímetros de la cabeza de Fred

— ¿Qué haces? — preguntó asustado girando la cabeza y viendo que el cuchillo se había clavado en un árbol atravesando la cabeza a una enorme serpiente — ¡Vaya! Gracias, supongo que esta iba a atacarme.

— Si, estabas muy cerca.

— A eso le llamo yo tener unos buenos reflejos, gracias por salvar a mi hermano — dijo Charlie.

— No es nada, con el ruido que hacemos y las luces hemos despertado a varios animales. Debemos extremar la atención.

— ¿Cómo nos encontremos un solo animal más lo despedazo? — dijo George.

Todos rieron y fueron caminando por aquella inhóspita selva tropical para encontrar el árbol de Kola.

— Lo tengo, lo tengo, chicos venid — gritó Charlie después de mucho caminar.

Estaba frente a un árbol de unos doce metros lleno de unos frutos rugosos de color verde.

— ¿Eso tan feo? — preguntó Fred.

— ¿Es lo que debemos llevarnos? — acabó George.

— Si hermanitos, ¿quién sube a cogerlos?

— Yo mismo — se ofreció Sócrates que era muy ágil.

Se subió al árbol, con cuidado, cortando los frutos con su cuchillo y los puso en una bolsa que llevaba. Cogió cuatro frutos, uno más por si se estropeaban y bajó nuevamente del árbol.

Pero aquella selva no les quería en sus entrañas y empezaron a oír sonidos extraños y ruido de hojas moviéndose.

— Hay algo que viene hacia aquí — previno William intentando situar de donde venia el ruido — y es algo grande.

— ¿Otro cocodrilo? — dijo George algo asustado.

— No, no se mueve como un cocodrilo, alejémonos rápido — dijo Troy.

Una manada de jabalís salió de entre los árboles frente a ellos. Se quedaron mirando a los ojos, quietos, humanos contra animales, esperando la reacción del otro. Pero el instinto animal se impuso y empezaron a correr con la cabeza baja en posición de ataque. Los tres Weasley y los tres soldados volvieron a correr desesperadamente para escapar de aquellas furiosas bestias que defendían su territorio, amenazándoles con destrozarlos con sus enormes colmillos si los alcanzaban.

— Acercaos todos — gritó Charlie sin parar de correr — vamos a activar el trasladador y nos vamos, estoy cansado de tanto correr.

Se fueron acercando a Charlie y cogieron la bufanda que servía de trasladador. Cuando se aseguró que todos la tenían agarrada, activó el trasladador sin parar de correr y desaparecieron de aquella maldita selva y sus animales.

Cuando llegaron a la casa, como iban corriendo cuando se activó el trasladador, todos cayeron rodando por el suelo con un gran estruendo, chocando unos contra otros.

— A eso le dijo yo una entrada espectacular — dijo el capitán — viendo el lío de piernas, brazos, cabezas que se había formado en medio del salón.

— Si suerte que no se han empotrado contra ningún muro — siguió Remus, viendo que si todos se movían debían estar bien.

— ¿Estáis bien? — dijo Fred irónicamente mirando a Remus ofendido por su falta de preocupación.

— ¿Os habéis hecho daño? — continuó George mirando mal a su padre por el mismo motivo.

— Estamos bien, gracias — siguió Fred, abrazando exageradamente a su hermano.

— No ha sido nada — le contestó Georges — sólo hemos estado a punto de morir unas quinientas veces.

— Nos quisieron arrancar nuestras extremidades — dijo uno.

— Nos quisieron morder — dijo el otro.

— Perseguidos por una jauría de peligrosos jabalís.

— Pero estamos bien no os preocupéis.

Y todos rieron

— Tenemos los frutos — comentó Charlie levantándose del suelo y ayudando a Sócrates que lo tenía al lado.

— Pero lo nuestro nos ha costado — acabó Sócrates.

Los sacaron de la bolsa para comprobar que con la última carrera y el espectacular aterrizaje no se hubieran estropeado y los guardaron al lado de los otros ingredientes. Se sentaron para descansar y tomar un merecido té, que les servía Molly. Les fueron explicando todas las aventuras en la selva, sacando más de una risa por las desventuradas aventuras de los chicos con los animales. Y tuvieron que calmar a una Molly horrorizada que había estado a punto de perder a dos de sus hijos.

Pero todavía faltaba un grupo por volver, el primer grupo que andaba por la China.