Capítulo 14

Desde muy temprano por la mañana, White partió con dirección a Castelia city. Tuvo antes que atravesar el bosque Pinwheel, repleto de pokémon tipo bicho y hierba. Era un bosque muy amplio y oscuro, donde solo unos pocos rayos de luz se alcanzaban a filtrar entre las frondosas copas de los árboles. White se encontró con algunos entrenadores en el bosque y aprovechó para entrenarse y pelear contra ellos.
Cuando por fin salió, la chica tuvo la oportunidad de conocer y atravesar por fin el "Skyarrow bridge", el puente más largo y grande de todo Unova que da acceso a la gran metrópoli de Castelia. White admiraba con gran asombro el extenso mar que estaba muy por debajo de ella, y los carros y autobuses que también pasaban a gran velocidad abajo del puente.
Después de un trayecto cansado pero muy atractivo visualmente, la joven arribó finalmente a la enorme y tecnológica ciudad de Castelia city. Tal y como su amiga Bianca le había comentado antes, Castelia era una ciudad llena de luces, rascacielos y gente. Era una metrópoli siempre en movimiento y rodeada por el vasto mar. Considerada la ciudad más importante de toda la región, Castelia se caracterizaba por todos los negocios y actividades que ahí ocurrían. Pantallas gigantes, gente de traje, puertos y edificios eran cosa de cada día. "Seguro que de noche la ciudad luce preciosa." Pensó White mientras veía con gran impresión a su alrededor. "Con todo este mar rodeando la ciudad…".
White sabía que si buscaba por sí misma el gimnasio se perdería y nunca lo encontraría, por lo tanto, optó por preguntarle a alguien. Todas las personas que pasaban a un lado de ella iban demasiado rápido, sin intención alguna de detenerse, así que la joven acudió al negocio más cercano que encontró; era un puesto, aparentemente de comida, que tenía una larga fila de personas esperando su turno para comprar. Se acercó a la última persona formada, un joven, y le preguntó por el gimnasio pokémon. Amablemente, el chico le dio las indicaciones. White estaba dispuesta a irse una vez que le explicaron la dirección del gimnasio, pero la curiosidad la mataba, así que un poco apenada, le preguntó al chico:
-¿Qué es lo que venden aquí que tiene tanta clientela?
-¡Casteliacones! –respondió él, sonriendo-. Es un helado típico de Castelia city que todo turista debería probar, pues es delicioso y tiene una peculiar forma que se asemeja a la de un pokémon.
Interesada, White decidió formarse atrás del chico para comprar uno de esos famosos helados. A fin de cuentas la chica no tenía prisa. Disfrutó de su Casteliacone mientras observaba a la gente pasar por las calles sin detenerse y a gran velocidad. "Seguro que todos en esta ciudad tienen prisa" pensó White. "Deberían de cambiar su ritmo de vida…"


Rato después White decidió dirigirse finalmente al gimnasio pokémon. Respetando las señales que le dieron para llegar, la joven arribó al lugar programado sin muchos problemas. Entró, pero le tomó por sorpresa saber que el líder Burgh había salido de urgencia momentos antes.
La joven, ahora dudosa, pensó en lo que podía hacer mientras tanto. No sabía cuánto tiempo tardaría Burgh, así que decidió entrar y conocer algunos de los edificios más llamativos de la ciudad. White, en el transcurso, aprendió de varias corporaciones y empresas, y fue cautivada por las estructuras tan altas que se alzaban muy por encima de ella. En el último edificio al que entró, -mismo que se veía ligeramente descuidado y solitario- se encontró con personas extrañas y ligeramente familiares. Frente a ella, en la abandonada recepción, estaban dos adultos mayores vestidos con túnicas con grabados abstractos y sombreros altos. White los reconoció al instante, pues detrás de esos dos señores estaban cuatro soldados jóvenes del equipo Plasma, con sus peculiares "P" dibujadas sobre los trajes.
Haciéndole frente al equipo Plasma estaba un joven alto de cabello castaño claro y alborotado, camisa verde con bufanda y pantalón a rayas. Uno de los miembros del equipo Plasma se había referido a él como "el líder de gimnasio de Castelia". "¿Ese es Burgh? ¿Y qué estará pasando aquí?" pensó la chica. En eso, un pequeño Deerling que estaba junto a un soldado asomó su cabecita, temeroso, para darle una mirada de súplica a Burgh. Cuando el líder de gimnasio escuchó entrar a White, se giró para verla:
-¿Quién eres? El edificio no está abierto al público por el momento, por favor, sal de aquí. –le dijo el hombre.
-Perdón, es que fui a tu gimnasio y me dijeron que habías salido de emergencia y… -empezó ella, pero uno de los ancianos, -mismo que tenía una barba larga y blanca como la nieve-, la interrumpió:
-¿Quién eres, joven entrenadora? –preguntó el viejo, curioso-. Percibo un aura muy interesante en ti.
Burgh miró al anciano, frunciendo el ceño.
-Yo… yo soy White.
-¿White? Qué nombre tan interesante. ¿De dónde vienes y por qué has llegado aquí? Habiendo tantos lugares a donde ir en esta inmensa ciudad, llegaste aquí… -mencionó el señor. White no quiso responder; la postura tensa de Burgh no le daba la confianza suficiente como para revelar esos datos a completos desconocidos.
-Para ya. –dijo Burgh seriamente mientras sacaba una pokéball y la lanzaba, emergiendo un Leavanny de ella. Los soldados del equipo Plasma se posicionaron para pelear también.
-Joven líder de gimnasio, deja que la chica hable. –murmuró el otro viejo del equipo, uno con ojos pequeños y bigote canoso.
-¿Qué… qué pasa aquí? –preguntó White. El temor empezaba a apoderarse de ella, pero tenía que ser fuerte. Los soldados Plasma sacaron entonces a sus pokémon; Woobats y Watchogs ocuparon el primer piso del extraño edificio abandonado.
-Solo queremos lo mejor para los pokémon, White, su liberación. El deseo de nuestro rey es nuestro deseo. –dijo el primer anciano, el de la barba larga. Burgh retrocedió un poco y alzó una mano con intención de proteger a White.
-No sé de qué estás hablando o quién seas exactamente, pero pude ver cómo se llevaban el pokémon de una niña inocente. –mencionó el líder, sin dejar de fruncir el ceño y observando al indefenso Deerling-. Y no permitiré eso.
-Empiecen. –dijo el segundo viejo, esbozando una pequeña sonrisa. Los soldados dieron sus órdenes y los pokémon del equipo Plasma comenzaron a atacar.
-Vete de aquí, es muy peligroso. –le susurró Burgh a White-. Leavanny, ¡Protección!
El pokémon de Burgh creó una barrera protectora para Burgh y White, pero en eso, la joven negó con la cabeza.
-Me quedaré aquí a ayudar. –susurró ella, y sacó a su Litwick para pelear junto al líder. Sin más, dieron inicio a la pelea.
Cuando la batalla terminó, saliendo victoriosos Burgh y White, el viejo con barba habló tranquilamente:
-Tienes una fortaleza extraordinaria, White. Lástima que la utilices de manera inadecuada. Sin embargo, si alguna vez deseas ayudar a los pokémon de la mejor forma posible, estoy seguro de que nuestro rey te dará la bienvenida alegremente. Adiós.
Y dicho eso, una nube de humo se formó en el interior del edificio, obligando a Burgh y a White a cubrirse y escapando así el equipo Plasma.
Los jóvenes tomaron al Deerling y salieron del edificio lo más rápido que pudieron.
-¿Estás bien? –le preguntó Burgh a White cuando estuvieron a salvo.
-Sí, gracias. ¿Ese es el pokémon que le robaron a la niña de la que hablabas? –preguntó White señalando al pokémon que reposaba en los brazos del líder de gimnasio.
-Así es. La niña vino a mí y me rogó que la ayudara a recuperar a su pokémon que había sido robado por unos hombres con trajes raros. No podía quedarme con los brazos cruzados, así que busqué a esas personas por toda la ciudad hasta que di con ellos en el interior de este edificio inactivo. –Burgh suspiró, agotado-. Ese equipo Plasma… jamás había escuchado sobre ellos. ¿Quiénes serán realmente esos granujas?
White recordó la primera vez que los vio; no parecían ser ladrones ni nada por el estilo, y sus discursos no mencionaban nada sobre robar los pokémon de otros.
-¿Por qué se habrán llevado al Deerling de la niña si ellos dicen que solo quieren lo mejor para los pokémon? –preguntó la joven entrenadora.
-Esos ancianos dijeron que liberarían a este pokémon y a todos los que pudieran de la "presión de los humanos".
White reflexionó la respuesta. La filosofía del equipo Plasma era difícil. Y esos adultos mayores parecían ocupar un cargo más alto en el equipo. ¿Quiénes serían ellos?
-Además, hablaban sobre un rey… ¿qué diablos significa eso? ¿Un rey en estos tiempos? –resopló Burgh-. Qué tontería.
La chica parpadeó ante ese comentario. Ghetsis también había hablado sobre un rey en su discurso de Accumula town, y los ancianos también lo habían mencionado. ¿Quién sería ese rey?
-En fin, lamento que te hayas tenido que involucrar en esto, pero agradezco la ayuda que me brindaste. ¿Querías tener una batalla pokémon, no es así? –habló Burgh, sacando a White de sus pensamientos.
-Ah, sí por favor. –respondió ella.
-Bien, entonces iré a llevar a este Deerling con su entrenadora. Te veré en mi gimnasio, uhm, White, ¿no es cierto?
-Sí, soy White.
-Vale White, nos vemos en un rato. –sonrió Burgh, y posteriormente se alejó trotando y se perdió entre toda la gente que caminaba entre las calles. Por primera vez desde su encuentro, White vio a Burgh sonreír. Esa acción, de cierta manera, la había dejado tranquila tras todo el asunto del equipo Plasma.