Disclairmer: Los personajes no me pertenecen, son de la genial Suzanne Collins, sólo los uso para el argumento del fics.

Summary: Katniss Everdeen, una adolescente de diecisiete años, comienza el instituto en donde su vida da un giro de...muchos grados al conocer a sus compañeros: amistosos algunos y a otros que les partiría la cara. Después de la muerte de su padre, Katniss, no creía que volvería a ser feliz pero ¿Se había equivocado? Mal Summary . T por lenguaje adulto


Capítulo 14: Tiempo muerto

-¡Katniss!-.

Gemí.

Desperté muy atolondrada con los gritos quejumbrosos de Prim a mí alrededor.

-Katniss, vamos. Despierta- normalmente su voz era como la de las campanas, suave y melodiosa, pero, precisamente en ese momento, se asemejaba mucho más a la de una cotorra molesta combinada con un poco de el ruido que hacen los cerrajeros al taladrar las puertas.

-Primmm- alcancé a gruñir con la boca medio tapada por la almohada, no quería abrir los ojos, ya podía notal la luz del día por entre mis parpados, los cuales se volvieron rojos por el efecto. El Sol siempre me daba en la cara cuando las persianas estaban altas.

-Levántate, ya son más de las doce del mediodía- insistió la chica mientras me golpeaba con algo blando en la espalda, supuse que era la almohada de su cama.

Me aovillé más dentro de las sabanas, esperando que se diera por vencida ante mí negativa de despertar. Sin embargo pude imaginarme su radiante sonrisa al apalearme con el cojín. Era algo que a mí me gustaba hacerle a nuestro padre los domingos mientras dormía la siesta, obviamente cuando era pequeña. Casi un pecado capital.

-Effie y Haymitch están abajo-agregó después de dejar caer el almohadón y suspirando pesadamente.

-Pueden esperar- respondí abriendo un poquito los ojos.

Como había dicho Prim ya era medio día y la luz me hirió las pupilas al reflejarse directamente en ellas, sospeché que dejar la ventana completamente abierta había sido idea de mi hermana para poder hacer de mí despertar algo más irritante de lo que ya lo era. Acto seguido me tapé la cabeza con todo lo que tuviera cerca: almohada, sabanas o colcha, todo.

Resopló y golpeteó nerviosamente el suelo alfombrado. Estaba segura de que debía tener los brazos cruzados sobre su pecho, un gesto que había heredado de papa.

-Mama quiere que bajes en diez minutos- dictaminó secamente.

¡¿Qué?! Esas cosas no estaban en el itinerario de Healer. Levanté el cuello para mirarla, también mi mano para protegerme los ojos de los centellantes rayos que irradiaban por entre el vidrio de la ventana.

-¿En serio?- pregunté aturdida. Levantar tan rápido la cabeza me produjo un mareó y la habitación dio media vuelta junto con Prim.

-No, pero ya estás despierta- se burló recobrando la sonrisa.

Fruncí el entrecejo. De haber estado mucho más lúcida, como normalmente lo estaba al despertar, no habría caído en su trampa. Prim me conocía lo suficiente como para saber que los indició de poder maternal de Healer me desconectaba de cualquier cosa que estuviera haciendo.

-Es un muy bonito día ¿No?- canturreó saltando a los pies de mi cama, el mueble siquiera se movió ante el repentino peso de Prim.

-Corre mientras puedas, Pato- la amenacé, aunque mi voz no tenía nada de amenazadora, y me destapé sacudiendo las mantas.

-¿Qué hiciste ayer? Tienes un aspecto horrible- comentó como quien no quiere la cosa mientras levantaba a Buttercup del suelo y lo dejaba en su regazo.

-No pongas a esa bestia en mi cama- gruñí mientras me levantaba.

El mareo volvió, esta vez con mucha más intensidad, acompañado de unos horrendos escalofríos en todo mi cuerpo, especialmente en mi cabeza, además de sentir un gusto amargo y acuoso en la lengua y la garganta. Mi estómago era otra cosa, a pesar de haber vomitado, cosa que había anhelado no recordar, durante la noche seguía revuelto y con nuevas tentativas de rehacer su hazaña asquerosa y vergonzosa. Me sonroje instantáneamente al recordar aquel momento tan truculento.

El cuerpo me pesaba como si llevara bolsas de agua envés de músculos, piel y huesos. Lo peor de todo eran mis pies, los cuales no parecían querer encontrar la rigidez exacta y equilibrada para sostenerme sin tambalearme.

Me bamboleé, luego de unos momentos hasta que el piso quedó firme en su lugar, para dirigirme al baño.

No había llevado maquillaje, ya que no me gustaba, no tenía, ni tampoco sabía usarlo, pero luego de ver mi cara en el espejo me dije a mi misma que debía pedirle algunas clases a Effie sobre el tema para recuperar mí rostro luego de una noche como la que pasé. Estaba pálida, casi con un tono verdoso enfermizo, tenía ojeras color purpura debajo y arriba de los ojos y los labios rojos secos y agrietados. No era necesario mencionar como tenía el cabello.

Nunca me había visto tan espantosa y la única arma que tenía para este tipo de situaciones era una ducha de agua caliente. Mientras abría las canillas y ponía en funcionamiento la ducha me pregunté qué haría Glimmer cada vez que se miraba al espejo luego de tomarse la vida y pelearse con una de sus amigas.

-Oh- susurré al recordar de repente que Mad me había enviado un mensaje y no se lo había contestado. Debía estar preocupada… o tal vez no. No, definitivamente debía estar preocupada, no tenía señales de mi desde que me fui pitando de la fiesta con Glimmer y Peeta.

Los recuerdos se me amontonaron en la mente y no sabía qué cosa analizar primero: En la habitación con Gale; Ir al rescate de Glimmer; Johanna enfadada; A Mad le gusta Gale; Peeta y yo en un coche… y podía seguir así durante un buen rato. Decidí que lo más correcto era responder a Mad, había sido la única que se había preocupado por mí ¿no?

Regresé al cuarto, no recordaba en donde había dejado el celular así que lo mejor era empezar buscando allí.

-¿De quién es esto?- preguntó Prim quien inspeccionaba una chaqueta negra de cuero como si fuera una bomba, junto con su gato quien la olisqueaba acercándose sigilosamente desde el suelo hacía la cama.

-Eh… de Gale- mentí, no era necesario que ella supiera que otro chico me había alcanzado a casa cerca de las cinco de la mañana- olvidé devolvérsela- agregué vagamente mientras revolvía la cama en busca de mi móvil.

-Huele a pan, a Buttercup le gusta- comentó la niña y dejó la campera a un lado- Effie quiere llevarnos a pasear, dijo que te dieras prisa- comunicó dulcemente Prim y salió de la habitación. Volví a fruncir el ceño, había algo extraño en ella, a pesar de su nimiedad se veía más adulta.

Luego de revolver toda la pieza no encontré el teléfono, así que volví con ropa decente y cómoda hacía el baño en donde el agua de la ducha ya estaba caliente y lista para bañarme. Fue reconfortante volver a sentir el calor recorrer mi cuerpo, aunque el dolor de cabeza y el estomago seguían molestando. Al menos era algo.

El vapor de agua, las burbujas del champú y los vapores de jabón me relajaron los músculos del cuerpo. A pesar de que Effie me quería ver bajando las escaleras en menos de diez minutos me sentía tan cómoda bajo la lluvia de la ducha que me tomé casi media hora para bañarme, descoyuntarme y cuando no: pensar.

¿Había sido tan malo lo que pasó anoche?

Está bien, sabía que no debía haber ayudado a Glimmer, mucho menos después de lo mal que me había tratado desde mi primer día de clases. No le debía nada, pero aún así corrí en su ayuda.

Tenía la sensación de que habían pasado días desde aquellos acontecimientos, pero a pesar de ello lograba recordar a la perfección el por qué de mis actos. Había sido la semejanza de la situación en la que había encontrado a Prim al salir del colegio la tarde anterior, rodeada de Cashmere y sus secuaces. La necesidad de proteger a mi hermana se había mezclado con el alcohol de la fiesta, además de verme reflejada en Glimmer al intentar luchar contra algo más fuerte que ella.

Sentí lástima por ella. Glimmer era demasiado superficial para querer salir de su burbuja y que las otras personas no la idolatraran era como romper con el encantamiento de su alrededor. Cashmere lo sabía, si yo era capaz de saberlo sin siquiera conocerla del todo, entonces esta última debía tener muchos secretos suyos guardados para usarlos contra ellas, como por ejemplo: Cato.

Seguía resultándome una razón muy trivial para querer sacarle todos los pelos a Cashmere, sin embargo la cabeza de Glimmer no funcionaba igual que la mía y aquello debió haber sido muy malo para ella. Había sido capaz de olvidarse de su reputación con tal de poder vengarse de la rubia que le saco el novio, o lo que fueran. Se había manchado el pantalón con pasto y tierra, había quedado tirada llorando mientras muchos la miraban y no había movido ni un dedo para sacarse el maquillaje que tenía por toda la cara. Esa no era la Glimmer que yo conocía.

¿Era tan malo ayudar a una persona? Claro que no

¿Una persona que parecía haber cambiado en algo, aunque fuera lo más mínimo? Por supuesto que no.

¿Aunque fuera la enemiga de…todos tus amigos?

Suspiré derrotada y unas cuantas gotas de agua saltaron de mi boca. Estaba claro que aquel tema era demasiado delicado para que yo pudiera razonarlo en aquel momento.

Sin embargo mi cabeza no parecía querer dejar de nombrar a Glimmer así que pasó a temas más hostiles como por ejemplo ¿Por qué Peeta ayudaba tanto a la chica? ¿Por qué se preocupaba tanto por ella, si al final seguía siendo tan miserable como Cashmere o Clove? ¿Qué habían hecho al entrar en la casa de esta y dejarme sola en el coche?

Me enfurecí, no con Peeta, ni con Glimmer. Si no conmigo misma, estaba claro que entre ellos no había nada más que una gran amistad, Glimmer no se hubiera puesto de los nervios por ver a Cashmere y a Cato juntos si ella estuviera saliendo con Peeta ¿no?

Al final la ducha no terminó siendo placentera y salí hecha una fiera del baño.

Effie y Haymitch se encontraban en la sala de estar junto con mi madre y Prim, tomando un té digestivo. Genial, habían almorzado sin mí, aunque pensándolo dos veces prefería no meter nada en mi boca por aquel día.

-Katniss, por fin- saludó la mujer rubia. Se había teñido las puntas de los bucles de rosa chicle -Y yo pensado que era la indicada para darme consejos de belleza- pensé en mi fuero interno al verla. No le quedaba mal, pero era muy estrafalario.

-Hola- agregó su esposo mientras le daba un buen sorbo al té y ponía cara de asco. Sabía que aquellos brebajes eran horribles, sin embargo no había nada mejor para la acidez después de un buen atracón.

Por un segundo me pregunté por qué Haymitch tomaba tanto vino si sabía los efectos secundarios y horribles que conllevaba hacerlo. Admito que los primeros síntomas, el aturdimiento y la alegría, me habían agradado.

-¿Cómo estás? Luces bastante paliducha- preguntó Effie cuando me sentaba al lado de mi madre.

-¿Quieres un té?- inquirió esta mirándome las ojeras.

-No- contesté instantáneamente al sentir el olor picante y agridulce de aquella cosa, me haría vomitar si lo tomaba- gracias- recordé que tenía que decir.

-¿Cómo estuvo la fiesta?- comentó Healer sin hacer pausa, no parecía realmente interesada.

-Bien- afirmé no muy convencida de querer comenzar aquella plática mientras, una vez más, pasaban los recuerdos por mi mente.

-Hablando de fiestas…- comenzó a decir Effie sonriendo ampliamente sin dar mucha importancia a mi respuesta e hizo una pausa de suspenso antes de seguir- ¡se acerca el cumpleaños de Prim!- dijo chocando las manos.

Era cierto, aunque, cómo era de esperarse, se había precipitado un poco. Estábamos a fines de septiembre y Prim cumplía los catorce a mediados de octubre, al menos faltaban unas tres semanas para festejar nuevamente su nacimiento.

Mi hermana sonrió al sentir que todos la mirábamos. No era una persona tímida, pero sus mejillas se sonrojaban cuando la atención estaba puesta en ella y sus ojos celestes se volvían más grandes, como los de un niño pequeño.

-Has crecido tanto, Prim- señaló Healer recorriendo la poca distancia que las separaba para darle un abrazo a su hija menor, no recordaba haberla visto tan emocionada desde hacía unos cuantos meses.

-Gracias, Ma- contestó devolviéndole el abrazo fuertemente.

-Es cierto, no creo que ningún vestido te quepa ya con lo alta que estás- comentó Effie con excitación en los ojos- así que alístense ¡nos vamos de compras!- insistió y fue como si me dieran un golpe en el estómago, no podía creerlo- necesitas ropa nueva, Prim- agregó para que yo no pudiera refutar su opinión, aunque tampoco estaba en condiciones de hacerlo.

¿Por qué se le tenía que haber ocurrido pasar por casa justo ese día? Me pregunté gimiendo para mis adentros.

-Gracias, Tía- contestó amablemente, pero con la ilusión pintada en el rostro, mi hermanita- ¿Vienes, Katniss?- se dio la vuelta para mirarme con los ojos brillantes de anhelo.

Me la quedé mirando como si le hubiera crecido un tercer ojo en el medio de la frente ¿Era una broma?

-Prim, no creo que…

-Claro que vendrás, tú también necesitas unas buenas prendas para su fiesta- me interrumpió Effie alzándose del asiento e indicándole a Prim que la imitara- o me equivoco cuando digo que fuiste a esa fiesta con el vestido negro que tienes, es el más decente, la verdad- añadió con algo de reproche en la voz y cruzando los brazos.

-Ahh...- intenté responder algo a mí favor, sin embargo tenía que admitir que llevaba la razón- tengo otros vestidos- mascullé recordando unos que había descartado aunque sabía lo que iba a decir.

-Ya eres bastante mayor para usarlos- indicó- vamos, levanta- ordenó y se encaminó hacia la puerta de entrada- Healer, tú también podrías acompañarnos, necesitamos tu opinión también.

Me estaba levantando del sillón cuando Effie lo dijo y quedé a medio camino, con medio cuerpo suspendido en el aire y la otra mitad rozando el mobiliario. Esperé la respuesta con nerviosismo.

-Effie, tengo que hacer muchas cosas hoy, además no sé nada de ropa- no me extraño nada que fuera una negativa, mama no salía mucho de casa, únicamente para ir al hospital o hacer las comprar en el supermercado. A pesar de saberlo me había decepcionado mucho al escucharlo, siempre existía esa mínima esperanza de que ella cambiara su actitud retraída.

-Vamos, Má- insistió Prim haciéndole ojitos y poniendo su mejor cara de puchero- encontraremos algo para ti también…-

-Déjala, Prim- dije cortante, no tenía caso.

Me encaminé hacía la salida, no tenía ganas de quedarme en casa con Healer aunque la posibilidad de caminar por el centro comercial durante quien sabe cuánto tiempo junto a una exaltada Effie y un rezongón Haymitch tampoco me hacía gracia, solo los acompañaba por Prim y por el inminente silencio incomodo y cargado de tensión que siempre nos rodeaba a mi madre y a mí cuando la única compañía que teníamos en casa era la de Buttarcup.

-Está bien, iré- contestó entonces mi madre casi como si quisiera hacerle burla a todos mis pensamientos.

Fruncí el entrecejo. Sentí la incertidumbre en mi pecho ya que no sabía por qué lo hacía, aunque me alegraba que acompañara a Prim pero tampoco podía bajar la guardia por aquello, estaba totalmente segura de que al volver a casa sería la misma persona que antes.

Era una maldita suerte que el lunes siguiente tuviera cita con mi psicóloga, ya era demasiado fastidioso saber que antes tendría que lidiar con la ira de Johanna, las miradas de todos los demás y ni hablar de la charla pendiente que tenía con Gale, la cual todavía no sabía cómo manejar.

No entrabamos todos en el coche de Haymitch, así que este, tan sagaz como un zorro, fue el primero en advertirlo y, alegando que debía volver a casa por un trabajo que debía terminar, convenció a su esposa de que fuera en nuestro automóvil así él podía tener la tarde completamente libre. Una vez más me pregunté cómo era que dos personas tan diferentes estaban juntas.

El centro comercial de City Bell era una calle amplía, limpia y farandulera de un solo carril que se adentraba perpendicularmente desde el Camino Centenario hasta la plaza principal en la que sólo transitaban personas acreedoras de coches muy costosos e importados. Por eso mismo a Effie le encantaba que viviéramos tan cerca de ese páramo consumista que la gente como ella ambiciona tener a la vuelta de la esquina.

La calle siempre estaba en perfecto estado, nada de baldosas sueltas o grafitis en las paredes de los negocios. Había banquitos de madera para sentarse si necesitabas un respiro para luego seguir comprando, unos cuantos puestos de helados y kioscos en donde los precios estaban a la altura del lugar. Las tiendas de ropa que exponían en las vidrieras eran las más caras, no ibas a encontrar nada de feria, y los salones de té estaban atestados de viejas chusmas que no tenían nada que hacer un sábado por la tarde.

Sí, yo vivía en un lugar de esa índole. Por lo único que no me volvía loca era por las grandes galerías de árboles que se extendían por todos los vecindarios, a pesar del consumismo y el quiché, aquella zona era muy verde. Lo único que necesitaba para poder sentirme en paz luego de una jornada en la cuidad.

Effie nos hizo recorrer todas y cada una de las venditas casas de vestidos, no sólo las que estaban sobre la calle principal, sino que también fuimos a las de los laterales. Usó a Prim como si fuera una modelo de pasarela pre-adolescente y a mí como la de jóvenes adultos, todo un rollo. Nunca me había probado tanta ropa en mi vida, generalmente iba a las tiendas con la idea de lo que quería comparar así pasaba el menor tiempo posible dentro de ellas, sin embargo a nuestra queridísima Effie no parecía gustarle mucho esa onda.

Al final, y siempre alegando que era por el cumpleaños de mi hermana, terminamos con siete bolsas en total. No quería imaginarme cuando dinero se había gastado la mujer para quedar completamente complacida, ni tampoco me gustaría ser Haymitch cuando le llegara la cuenta de la tarjeta de crédito.

No había sido una coincidencia que, al despertar aquel día, Prim me había resultado mayor. Siempre la había imaginado tan pequeña e ingenua que en estos últimos meses no había podido ver lo rápido que había madurado, aunque yo hubiera dado todo por qué no lo hiciera. Los vestidos que se había probado ya no eran de colores claros, pasteles ni rosas; ni tenían flecos o cortes de princesa; más bien ya eran de adolescentes: con ajustes a los costados de la cintura, lentejuelas negras, de raso, brillantes, cortos y escotados. Se veía tan mayor con aquellas cosas puestas que hasta mi madre se emocionó cuando la vio salir del probador con un strapless ajustado, color petróleo con encaje negro que cubría el escote y gran parte de la otra tela para darle un aspecto menos achatado.

Aquel último traje estaba incluido en las bolsas que dejamos en el baúl del coche, no quería recordar cómo Efiie y Prim me convencieron de agregar dos vestidos más a mi pequeña colección, aunque eran bonitos no tendría muchas oportunidades de usarlos.

La tarde había sido algo densa para mi gusto pero al final acabó y en ciertos términos había dejado un lindo recuerdo para mama, Prim y yo.

Lo que me tenía muy a mal traer era que ya estaba terminando el sábado y, aunque el dolor, los mareos y el malestar de la noche anterior habían casi desaparecido por completo, no podía dejar de pensar en que faltaba un día menos para el lunes y que Peeta podría estar nuevamente en aquel galpón húmedo y desagradable pelando con sus guantes de box. Tenía unas impulsivas ganas de presentarme en aquel lugar para saber si no terminaba con un ojo morado o un diente partido –obviamente lo sabría el lunes pero no podía aguantarme la ansiedad- o al menos para gritarle desde abajo del cuadrilátero que estaba loco de atar y bajara de allí. Sin embargo tenía más de dos dedos de frente para saber que no podía ir allí sola, recordé con un escalofrío la mirada lasciva que me había regalado el pequeño hombre de la entrada, ni tampoco podía llegar de la nada y decirle a Peeta que dejara de pelar, de hacerlo creería que lo seguía y no volvería a hablarme nunca más. Tal vez podría convencer a Thresh para que me llevara pero no estaba segura de cómo había tomado mi acción en la fiesta, así que mejor no empeorar las cosas.

Lo único que podía hacer era esperar a que llegara el lunes, cosas que no quería, y rogar por qué no fuera tan malo como me lo imaginaba.

Al llegar a casa recordé que seguía con el móvil extraviado así que le pedí a Prim el suyo para buscarlo. El maldito estaba bajo la mesa de luz que compartíamos, siquiera se me había ocurrido buscarlo allí. Tenía tres mensajes, uno de Gale –el que no había querido leer la noche anterior y que siquiera recordaba que tenía-, y otros dos de la agencia de cobro, al parecer me había olvidado de pagar la boleta.

Me dispuse a contestarle a Madge antes de abrir el otro mensaje, realmente no quería pensar en Gale.

Lamento no haber contestado antes. Peeta me trajo a casa. Gracias por preocuparte. Un beso

No era frecuente que yo enviara besos por mensaje de texto, simplemente lo hacía como muestra de cordialidad y de que no estaba enfadad ni quería que ella se enfadara conmigo.

Mad no respondió. Así que, luego de diez minutos, me armé de valor para leer el mensaje de Gale.

Katniss, esto es un desastre, no lo entiendo ¿Qué fue lo que hice? ¿Por qué te fuiste con Peeta Mellark?

Suspiré aliviada, no era nada malo. De seguro estaba enojado, mucho más por el hecho de que no le había contestado en ningún momento, sin embargo me había esperado algo mucho peor sabiendo lo celoso que era, aunque un poco se reflejaba en la última pregunta. No había dicho "¿Por qué te fuiste con Glimmer?", cosa que me hubiera esperado de Finnick, Annie o Thresh, él preguntó por Peeta Mellark.


Lamento el atrazooooo! Y también lamento que este capi sea tan abrumador y aburrido, es que se me hizo un tanto largo y ya había descuidado mucho las relaciones familiares de Katniss como para seguir hablamdo de Peeta y sus amigos, cosa de lo que estoy segura les encanta leer, otra vez lo siento.

Pero no desesperéissssss mís queridos lectores y lectoras, el próximo sábado termino de rendir los exámenes de la facultad y hasta febrero estoy libre. Además de que el siguiente capítulo va a ser mucho más movidito :D

Gracias por el apoyo a todos los que siguen la historia. Ya saben en donde dejar los comentarios jajajajja.

Besos Scarlet!