Hola, mis queridos lectores de este fanfic extraño, pero muy querido.

No se que me esta pasando, pero ya se me esta haciendo costumbre subir los capítulos en la madrugada. Quiero cambiar eso, pero al menos el capitulo de hoy quedo mas largo que el anterior y siento que les va a agradar.

¡Las vacaciones se acaban!

Espero que les guste este capitulo, y como siempre, comentarios abajo.

Nos leemos.


Capitulo 12.

Jack creyó que cuando volviera a ver a la reina de Arendelle, estaría temblando de miedo, que sentiría el terror correr por sus venas y sentiría la necesidad de escapar a toda costa. Él había visto el potencial de Elsa en batalla, sabia cuan peligrosa podía llegar a ser la reina cuando se trataba de dañar al enemigo, también conocía su mirada firme, la cual confirmaba que ella era la reina absoluta de Arendelle, la cual todos respetaban y admiraban.

Así que cuando vio a aquella pálida, delgada y ojerosa chica entrar después de ser nombrada como la reina, lo único que pudo pensar fue:

"Ella no es Elsa"

Era cierto que se parecía bastante a la reina de las nieves, pero había algo diferente en ella. Su cabello rubio platinado no era tan brillante como el de Elsa, este era cenizo e incluso se veía maltratado. Su piel era mas pálida que la de Elsa, era tal la palidez en aquella chica que era fácil confundirla con algún enfermo de los que estaban en el hospital donde el había despertado el día que llego a las Islas del Sur. La chica frente a todos era extremadamente delgada, como aquellos niños que viven en las calles en busca de comida para sobrevivir, en cambio, Elsa tenia esas curvas en los lugares indicados que lo volvían loco, solo bastaba con ver el movimiento de caderas que la reina hacia al caminar para quedar completamente embelesado. Esta chica no tenía esas caderas. Y sus ojos eran azules, pero no brillaban con la intensidad que brillaban los ojos de Elsa, además de que debajo de los ojos de esta chica había ojeras tan oscuras que ni todo el maquillaje del mundo habría sido capaz de ocultar, cuando el rostro de Elsa siempre lucia fresco y descansado. Así que lo único que pudo sentir Jack por aquella chica fue lastima y preocupación.

Sin embargo, pudo sentir con su corazón comenzaba a palpitar rápidamente, no sabia si por emoción o por miedo, pero el sabia que esa chica era Elsa, y que su aspecto se debía a que había problemas en casa. Y sus sospechas fueron confirmadas al notar que la reina llevaba puestos un par de guantes color blanco.

Se pregunto que tanto tenia el que ver con el estado de Elsa.

Por otro lado, Hans no estaba pasándolo tan bien.

¿Por qué ellas estaban aquí? ¿A que habían venido? ¿A buscar venganza por lo que el había hecho en Arendelle? No, no era justo. Su padre lo había perdonado por todo lo que el había hecho, y le hizo jurar en su lecho de muerte que el remendaría las cosas por su equivocación. No podía negar que volver a ver a Anna lo llenaba de emoción y expectativa, pero por otro lado, estaba su malvada hermana con poderes invernales que le congelaría el trasero si el se acercaba a ellas.

Sin embargo, sus pensamientos cambiaron de rumbo al notar el deplorable estado en el que las hermanas se encontraban.

Tan delgadas, tan pálidas, tan ojerosas. ¿Qué había pasado con las despampanantes hermanas de Arendelle? ¿Por qué se veían tan marchitas? ¿Por qué Elsa estaba usando de nuevo los guantes? Todo parecía tan extraño, y su curiosidad aumentaba con cada paso que las dos hermanas daban para acercarse al trono de Magnus.

De pronto se detuvieron justo frente a los tronos.

Anna y Elsa hicieron una elegante reverencia frente a los reyes de las Islas del Sur y esperaron a que el rey Magnus hablara.

- Reina Elsa de Arendelle. – hablo en voz alta Magnus, como si el solo nombre de la reina fuera una de las groserías mas vulgares que existían. – usted si que tiene agallas mi señora, mire que llegar a un país donde no es bien recibida sin aviso previo no es algo muy inteligente de su parte. – luego dirigió la mirada Anna. - ¿ella es la princesa Anna? ¿esta escuálida muchachita es la famosa princesa que salvo a Arendelle del invierno eterno? – Magnus comenzó a reír junto a sus hermanos, excepto por Hans, Annabeth y la reina Margaret. – en serio Hans, ¿tanto alboroto por esta chica?

Elsa miro con profundo desprecio al rey y deseó no tener que usar los guantes para poder congelar su corazón ella misma. ¿Cómo se atrevía a hablarle así a su hermana? No importaba lo que fuera que tuviera que decir sobre ella, pero nadie se metía con Anna. Sin embargo, era peligroso hacer un movimiento justo ahí, frente a la corte del rey Magnus. Así que tomo aire y busco su tono de voz más sarcástico.

- Rey Magnus. – saludo Elsa con el mismo entusiasmo que el rey había utilizado para pronunciar su nombre. – veo que el sentido de justicia no esta muy bien aclarado en su país, ¿o es correcto aquí tener a un traidor entre los miembros de la corte real, mi señor?

Jack se tenso al escuchar las palabras de Elsa, o más bien, una sola palabra. Traidor. Pero por alguna extraña razón, el no sentía que ella se estuviera refiriendo a el. Era como si estuviera a hablando de alguien de la familia del rey. ¿Se referiría a Hans? Era probable. Después de todo, el príncipe nunca le había contado lo que el había hecho para ganarse el desprecio de Arendelle. ¿Hans habría traicionado a Elsa?

El rey Magnus se removió en su asiento, no había esperado que la reina utilizara esa táctica para ponerlo en vergüenza frente a sus súbditos Aclaro su garganta y se enderezo en su asiento.

- ¿A que ha venido Elsa? ¿A comprobar si he metido a mí hermano en prisión? ¿Si lo he ejecutado? – pregunto Magnus con severidad. – debe saber que mi padre dio ordenes estrictas para protegerlo antes de morir.

- Claro que lo se. – respondió Elsa con una mueca. – es mas, todo Arendelle sabe de cómo el bondadoso rey Egon le perdono la vida al mas joven de sus hijos. – la mirada de Elsa se suavizo un poco. – sin embargo, no he venido aquí por eso, he venido a proponer un trato.

Dentro de la audiencia comenzaron a escucharse murmullos de asombro entre los príncipes, los nobles e incluso la servidumbre. ¿La fría reina Elsa proponiendo un trato? Esto era algo digno de verse.

- ¡Silencio! – grito Magnus en medio del murmullo. Cuando todos terminaron de hacer ruido, el rey miro a Elsa. – ¿Qué clase de trato?

Fue en ese momento en el que Anna dio un paso adelante y miro a los ojos al rey, el cual estaba sorprendido de la valentía de la princesa.

- El reino de Arendelle esta pasando por una situación critica. – comenzó a relatar la pelirroja. – la comida escasea a tal grado que ni siquiera hay suficiente para la reina. – murmullos volvieron a escucharse en la sala, pero Anna prosiguió. – hemos conseguido ayuda de otros lugares, pero no es suficiente para todo Arendelle. – Anna se inclino frente al rey, y enseguida todos sus seguidores lo hicieron, incluida Elsa. – por eso hemos venido ante usted, a pedirle que salve a nuestro pueblo.

- ¿Y que ganarían las Islas del Sur si los ayudamos? – pregunto el príncipe Richard.

- ¡Richard! – le reprendió la princesa Jennel.

- La reina Elsa ofrece su mano en matrimonio y la mitad del reino de Arendelle si el rey Magnus acepta. – declaro uno de los hombres de Elsa.

Jack miro sorprendido a Elsa, quien seguía sin notar su presencia en el lugar. ¿Matrimonio? No, Elsa no podía casarse con uno de los hermanos arrogantes y pretenciosos de Hans. Ni siquiera podía casarse con el mismo Hans. La sola idea de que Elsa compartiera el resto de su vida, por no mencionar el reino, con otro hombre que no fuera el lo ponía tenso y molesto. Elsa no podía casarse con un príncipe de las Islas del Sur.

Magnus no pudo contenerlo mas y comenzó a reírse de las patéticas chicas que estaban frente a el. Ellas no habían dudado en encerrar a su hermano en una celda sucia de un barco, pero ahora estaban aquí rogando por ayuda. Ni hablar, no iba a hacerlo, pero eso no quería decir que no se burlaría un poco de ellas.

- ¿Oíste eso Hans? – grito Magnus al menor de sus hermanos con tono de burla. – solo tenias que esperar un año mas para volverte en el rey supremo de Arendelle.

Los hermanos de Hans, excepto Annabeth, comenzaron a burlarse de su acongojado hermano y de la propuesta de Elsa. Annabeth odiaba cuando sus hermanos se comportaban de esa manera tan inmadura, así que no iba a quedarse callada.

- ¡Ya basta Magnus! – grito la princesa mientras la gente de Arendelle se levantaba.

Annabeth se movió de su lugar y fue a pararse en frente de Magnus, poniendo atrás a Elsa y Anna, en señal de protección.

- La reina Elsa ha venido ante ti a pedirte ayuda y tu lo único que haces es comportarte como un idiota. – le reprendió Annabeth, luego miro a Elsa mientras la multitud murmuraba cada vez mas fuerte. – disculpe a mi hermano, majestad, pero le aseguro que contara con toda la ayuda.

- Annabeth, es suficiente. – grito Magnus mientras se levantaba del trono, molesto al notar como la mas joven de sus hermanas lo había dejado en ridículo. – soy el rey y no tolerare que me faltes al respeto.

Annabeth volvió su mirada a Magnus y se acerco a el amenazadoramente.

- Un rey se gana el respeto de sus súbditos mostrando compasión, incluso frente a sus peores enemigos. – le recordó la princesa con firmeza. – no solo se trata de los lujos y eso papá lo sabia mejor que nadie.

Hubo unos segundos de tensión entre Annabeth y Magnus, quienes se miraban con profundo enojo a los ojos, nadie se atrevía a pronunciar una sola palabra y parecía que el aire podía cortarse con un cuchillo. Entonces se escucho el gritito de regocijo de una niña.

- ¡Si! – había gritado Silena. – Jack, mi diente se ha caído.

Todos voltearon a ver a la pequeña princesa, incluso Elsa y Anna, quienes quedaron sorprendidas de lo que estaban viendo.

- Shhh, guarda silencio, pequeña. – susurro Jack a la niña.

Jack volteo su mirada de nuevo hacia Elsa y su corazón se detuvo en ese momento. Elsa estaba mirándolo, totalmente sorprendida. Era su fin, se había acabado todo. Ahora que Elsa sabia su ubicación, se vengaría y esta vez no tendría misericordia de el. Lo aplastaría como a una cucaracha.

Cuando Elsa escucho el grito de la princesa Silena, no pudo evitar voltear hacia donde se había producido el sonido, pero su sorpresa fue mayor al ver a Jack Frost justo al lado de la princesa, hija del rey Magnus. ¿Qué estaba haciendo Jack con ella? ¿Por qué el estaba en las Islas del Sur? Y de pronto todo cobro sentido.

Ella miro a Anna, buscando su mirada, dándose cuenta que ambas estaban pensando exactamente lo mismo.

- Majestad. – llamo Elsa a Magnus. - ¿ese hombre que esta al lado de su hija es parte de su corte?

Magnus volteo a ver al nervioso Jack y lo miro como si no valiera nada.

- ¿Overland? Claro que no. – respondió Magnus rápidamente. – el no es mas que el guardián de mi hija y el hombre de confianza de Hans, nada mas. ¿Por qué? ¿Planea quedarse también con mis sirvientes?

Elsa y Anna ahogaron un grito cuando escucharon la respuesta de Magnus. ¿El hombre de confianza de Hans? No podía ser posible.

Elsa se sentía impotente y desesperada. ¿Cómo pudo ser tan tonta? ¡Era obvio! Hans quería venganza por la ultima vez que estuvo en Arendelle, así que busco a alguien que tuviera su mismo poder y apareció Jack, le ordeno que la enamorara y la volviera vulnerable, para que así Hans pudiera envenenar las cosechas y solo entonces el podría apoderarse de Arendelle. ¡Y ella había caído directo en la trampa! ¿Cómo no lo vio venir? Estuvo frente a sus ojos todo el tiempo y ella se había dejado enamorar como una estúpida adolescente.

Estaba molesta y lo único que quería era desatar su furia contra Jack, congelar cada centímetro de su cuerpo y después destruir su estatua en múltiples pedazos. Pero eso desataría una guerra entre su país y las Islas del Sur. Volteo a ver a sus soldados, que a pesar de estar firmes y en espera de una orden de la reina para arrestar a Jack, se veían agotados, no podía pedirles que lucharan en ese momento. Luego a miro a Anna, tuvieron una platica con la mirada y después volteo a ver a Magnus.

- Claro que no, majestad. – respondió Elsa con una sonrisa fingida. – solo pensaba que si usted acepta el trato entre nosotros, al menos yo podría elegir a mi futuro esposo, y pensé que ese apuesto muchacho seria pariente suyo, es una lastima que solo sea un sirviente.

Jack estaba confundido y se sentía ofendido. ¿Solo un sirviente? Oh, pero si ella no había gritado eso aquella noche. Pero aun así, ¿Por qué no lo había delatado? ¿Qué estaba planeando Elsa esta vez?

- Discutiré con mis hermanos el trato que propone. – resolvió Magnus con un gruñido. – y mañana por la tarde le daré nuestro veredicto. Hasta entonces, pueden usted y sus acompañantes quedarse en el castillo para descansar del largo viaje y abastecerse de lo que les haga falta para regresar. – luego miro a Annabeth, quien seguía de pie frente a el. – y tu puedes acompañarlas a sus habitaciones, contigo hablare mas tarde.

Magnus y Margaret salieron del lugar seguidos por todos los presentes en la asamblea, a excepción de Hans, Annabeth, Jack, Silena, Anna y Elsa. El salón estaba completamente vacio ahora, pero la tensión seguía ahí muy latente.

- Silena, quiero que subas a tu habitación, ahora. – ordeno Jack mientras el y Elsa intercambiaban miradas.

La niña ni siquiera protesto y salió corriendo del salón, dejando a los cinco jóvenes adultos en el lugar.

Elsa se fue quitando sus guantes, con una lentitud que ponía nerviosos a todos.

- Elsa, por favor… - rogo Anna en un susurro.

- Sabia que eras un traidor, Jack. – Elsa comenzaba a irritarse y eso provocaba que en medio del lugar comenzara una nevada ligera. – pero no esperaba tanto. Felicidades, superaste mis expectativas.

- ¿De que estas hablando Elsa? – pregunto Jack mientras tomaba con firmeza su cayado.

- Hagamos el recuento de los daños. – sugirió Elsa mientras caminaba por la sala, esta vez mirando al príncipe. – Hans enamora a Anna, Hans intenta quedarse con mi trono, Hans intenta asesinar a Anna, Hans intenta asesinarme, Hans envía a Jack Frost para volver vulnerable a Arendelle. Dejemos de fingir, todo esto lo planearon ustedes dos.

Hans, Annabeth y Jack intercambiaron miradas de nerviosismo entre ellos, temiendo por sus vidas, ya que sabían que en cualquier momento, Elsa podía explotar y convertirlos en esculturas de hielo.

- ¡Basta Elsa! – grito Anna entre la ventisca. – detén la nevada, por favor.

Sin embargo, Elsa no la escuchaba.

- ¿Qué tienen que decir? – pregunto Elsa con enojo.

- No sabemos de que estas hablando, Elsa. – contesto Hans con nerviosismo.

- Oh Hans. – respondió Elsa con una arrogante sonrisa. – si hubiera una persona aquí que te creyera.

En ese momento, ella lanzo un rayo de hielo directo al corazón de Hans, pero este se destruyo al chocar con una pared de hielo de casi dos metros de altura. Antes de que Elsa averiguara que había pasado con su rayo, Jack voló sobre la pared y se puso en frente de la reina, con una mirada fiera y con su cayado en la mano, listo para comenzar un ataque si era necesario.

- Yo le creo. – contesto Jack con firmeza.

Elsa abrió los ojos grandemente ante la sorpresa, al ver como Jack se interponía para proteger a Hans.

- Déjalos en paz, Elsa. – ordeno el peliblanco. – este asunto es entre tu y yo.

- ¿Qué esta sucediendo? – pregunto Annabeth confundida a su hermano menor.

- Solo aguarda. – sugirió Hans.

- Este asunto dejo de ser entre nosotros cuando te involucraste con las Islas del Sur. – protesto Elsa.

- Escúchame, Elsa. – pidió Anna mientras tomaba a su hermana por los hombros. – si hay traición o no, eso ya no importa, tenemos que salvar a Arendelle primero, y cuando por fin nuestro pueblo esté libre de peligro, entonces podrás patearles el trasero a este par. – Anna miro a los ojos a su hermana. – solo no hagas nada, por favor, por Arendelle, por mi.

Elsa miraba alternadamente entre Jack y Anna, y pronto desistió de sus planes, provocando que la nevada cesara, dejando rastros de nieve por todos lados. Se acerco peligrosamente a Hans y lo miro directamente a los ojos.

- Espero que Magnus decida que me case contigo, para así poder hacer de tu vida un infierno. – amenazo Elsa con una voz venenosa.

- Voy a tomar eso como un cumplido, majestad. – respondió Hans, ahora en su faceta arrogante.

Elsa hizo una mueca y salió de la sala del trono soltando maldiciones y dejando un rastro de escarcha por donde caminaba, dejando en claro que estaba furiosa. Ahora, Jack, Hans, Anna y Annabeth estaban solos.

- Uf, si que estuvo cerca. – suspiro Jack.

Pero su felicidad no duro demasiado, pues sintió como un puño impactaba fuertemente en su rostro, haciéndolo perder el equilibrio y terminando en el suelo con la barbilla adolorida.

- ¿Pero que demonios…? – pregunto Jack confundido y molesto.

Anna estaba masajeando sus nudillos adoloridos a causa del puñetazo que le había dado a Jack.

- ¡Eso es por envenenar Arendelle! – respondió la princesa en un grito.

- No puedo creerlo. – se burlaba Hans mientras trataba de contener su risa.

Anna noto que el príncipe se burlaba de Jack, así que se acerco a el y le dio un rodillazo en la entrepierna, provocando que el Hans chillara de dolor.

- ¡Y eso es porque no quede satisfecha con el golpe de la última vez! – aclaro Anna mientras Hans se tiraba al suelo del dolor.

- Me agrada esta chica. – aseguro Annabeth con una sonrisa traviesa.

Jack se levanto del suelo y ayudo a Hans a hacer lo mismo, fue cuando Anna se dio la vuelta y comenzó a seguir el rastro de escarcha que Elsa había dejado.

- Anna, espera. – pidió Jack mientras la seguía con Annabeth y Hans detrás de el.

- ¿Qué? ¿Quieres otra muestra de lo que puedo hacer? – pregunto Anna agresivamente.

- No, ninguno quiere otra muestra. – aseguro Hans.

- Anna, por favor, tienes que decirme lo que esta pasando. – rogo Jack.

- Tú sabes bien lo que esta pasando. – grito Anna. – eres un traidor, un mentiroso, un…

Anna no pudo terminar de insultar a Jack pues esta sintió un mareo tan repentino que a poco estuvo de llegar al suelo de no ser porque Hans estaba cerca y la atrapo en sus brazos. Tener a Anna tan cerca de el lo hizo sentir una corriente de electricidad que recorría toda su espina dorsal y un revoloteo en el estomago que hacia mucho no sentía, y era por la misma persona.

- ¡Anna! – grito Jack asustado. - ¿Por qué estas así?

Anna miro débilmente a los ojos a Jack y pudo ver en ellos sincera preocupación por ella. ¿seria posible? ¿el de verdad no tenia idea?

- ¿De verdad… no sabes nada? – pregunto Anna débilmente, aun en los brazos de Hans.

- No, juro que no se que ha pasado. – prometió Jack. – Anna, tienes que decirme.

- Jackson, Anna esta muy débil, debemos llevarla a descansar. – sugirió Hans.

- No, no, estoy bien. – aseguro la princesa de Arendelle mientras se separaba lentamente del príncipe. – supongo que después de todo, ustedes no envenenaron Arendelle.

- ¿Envenenar? – preguntaron los hermanos y Jack con profunda sorpresa.

Anna suspiro.

- Tres días después de que te fuiste, Jack, alguien enveneno los campos de cultivo y a los animales. – explico Anna. – nunca nos dimos cuenta de cuando paso o quien lo había hecho, todos estábamos muy distraídos tratando de…

- Encontrarme. – finalizo Jack. – por haber atacado a Elsa.

- Si, precisamente. – Anna bajo la mirada. – así que cuando supimos del envenenamiento, el primer sospechoso fuiste tu, porque tu eres el único con un motivo "real" para dañar a Elsa.

- ¡Pero no quiero dañar a Elsa! – se defendió Jack.

- Si, quedo claro el día de mi boda en la montaña del norte. – le respondió Anna sarcásticamente. – sea como fuere, a pesar de que sospechábamos que tu eras el culpable, nos dedicamos mas a hacer alianzas con otros reinos para mantener a Arendelle a flote, pero Arendelle es tan grande que ni siquiera cuatro reinos pueden ayudarnos a subsistir, y bueno, tampoco es que Mareritt este ayudando mucho…

Hans y Annabeth se miraron confundidos ante la mención de aquel país.

- ¿Qué es Mareritt? – pregunto Annabeth amablemente.

- Es un país pequeño, creo. – respondió Anna un poco confundida. – esta mas al sur que este país.

- No hay nada más al sur. – aseguro Hans. – solo hay mar, miles de kilometro de mar.

- No lo se, tal vez escuche mal. – le resto importancia Anna. – el punto es, que la ayuda se nos esta acabando, y por eso vinimos a pedirles ayuda a ustedes. – esta vez Anna señalo a los hermanos. – pero cuando vimos que Jack estaba también aquí, pensamos que todo había sido un plan…

- Para que las Islas del Sur se apoderaran de Arendelle. – finalizo Annabeth. – tiene sentido, y es un plan muy bien elaborado, pero nosotros no tenemos nada que ver con Arendelle y su decadencia.

- Exacto. – aseguro Hans. – cuando nuestro padre murió, nos hizo jurar a los trece que jamás volviéramos a hacer daño a nadie y lo hemos cumplido.

Annabeth miro a Hans con una mirada acusadora.

- Bueno, lo he cumplido. – se corrigió Hans apenado.

- Pero si ustedes están aquí, ¿Quién cuida de Arendelle? – pregunto Jack un poco confundido. - ¿Kristoff esta a cargo?

Anna sintió la mención de su congelado esposo como un golpe en el estomago, y no pudo contener las lagrimas que resbalaban por sus mejillas. Esto preocupo a Jack.

- Anna, ¿Dónde esta Kristoff? – pregunto en susurro. - ¿el esta…?

- ¡No! – aseguro Anna en un grito. – mira, el aun vive.

Anna saco su cuarzo color rojo brillante de su escondite en el vestido, mostrándoles a todos los presentes la fuerza de vital de Kristoff.

- No entiendo. – comento Jack.

- Es muy largo de explicar. – aseguro Anna. – pero resumiendo, Kristoff también fue envenenado, pero por una serpiente muy rara y el estuvo a punto de morir de no ser por Elsa y el abuelo Pabbie.

- ¿Qué hicieron? – pregunto Jack.

- Bueno, el abuelo Pabbie esta buscando una cura para el corazón envenenado de Kristoff, pero toma mucho tiempo la preparación, así que Elsa… - Anna suspiro. – tuvo que convertirlo en una estatua de hielo.

- ¿Qué? – preguntaron los tres sorprendidos.

- ¡Es algo temporal! – aseguro Anna rápidamente. – cuando el abuelo Pabbie termine el antídoto, Elsa descongelara a Kristoff y todo volverá a la normalidad. Pero me preocupa Elsa, otra vez esta fuera de control…

Jack escucho con atención las palabras de Anna y se sintió mal por Elsa. ¿Pero que había hecho? El jamás debió atacar a Elsa en primer lugar, todo eso había desencadenado una serie de eventos donde el había sido una marioneta. Alguien quería acabar con la estabilidad de Arendelle y el, sin saberlo, lo había ayudado. ¿Y que tal si el que quería destruir Arendelle era responsable también de su falta de recuerdos? ¿Pero entonces de donde venían sus poderes? Entonces recordó la noche que descubrió a Elsa como la reina de las nieves, se entero gracias a aquel hombre de piel grisácea y ojos color ámbar. ¡Claro! ¡El tendría que ser el responsable de todo! ¿Pero cual era su nombre?

¡Maldita sea Jack! No es momento para no recordar cosas.

- Tengo que hablar con Elsa. – decidió Jack.

- Tu si que tienes un espíritu suicida. – aseguro Annabeth.

- No creo que sea una buena idea, Jack. – comento Anna. – ella esta completamente segura que tu eres el traidor.

- Soy un traidor, Anna. – aseguro Jack. – intente asesinarla y se que merezco la muerte por mis actos; pero por otro lado, creo que se quien pudo haber hecho esto y necesito decírselo, además, yo la amo, Anna…

Anna miro con una radiante sonrisa a Jack y asintió ante la propuesta, pero en ese instante fueron interrumpidos por Hans.

- ¡Esperen un segundo! – grito el príncipe totalmente confundido. - ¿Qué tu amas a Elsa? o sea que tu y Elsa… Elsa y tu… ustedes…

- Deja de comportarte como un niño, Hans, y empieza a hacer algo útil. – ordeno Anna hostilmente.

- Vaya, parece que las cosas no terminaron muy bien entre ustedes. – se fijo Jack.

- Bueno, si tu definición de "no muy bien" es dejarme encerrada bajo llave en una habitación para morir congelada y luego tratar de asesinar a mi hermana mayor con una espada. – recordó Anna. – entonces si, las cosas no terminaron muy bien.

- No puedo creer que hayas hecho todo eso. – Jack estaba totalmente atónito por la declaración de la princesa.

- Eso ya no importa. – interrumpió Annabeth. – tenemos que encontrar la manera de que Magnus ayude a Arendelle, pues estoy convencida que el no tiene ningún interés en hacerlo.

- Es cierto, tenemos que convencer a Magnus de que los ayude. – concordó Hans. – iré en este momento.

- Yo voy contigo. – se ofreció Annabeth.

- No, Annabeth, Magnus esta muy molesto contigo por haberlo ridiculizado en público. – le recordó su hermano. – será mejor que tu te quedes con Anna y la ayudes a tranquilizar a Elsa para que Jack pueda hablar con ella.

- De acuerdo, pero tienes que convencerlo. – accedió Annabeth.

Hans le sonrió y salió de la sala del trono.

- Bueno, ahora solo tenemos que deshacernos de toda esta nieve. – señalo Anna.

- Yo me encargo. – se ofreció Jack.

Entonces elevo vuelo hacia una de las altas ventanas de la sala y las abrió de par en par para que la nieve pudiera salir por ahí.

- ¡Oye viento! – grito a la nada. – hazme un favor y llévate toda esta nieve a un lugar donde la necesiten.

Y con solo decir eso, una ráfaga de viento entro al lugar y comenzó a elevar la nieve que estaba en el suelo para después salir toda por la ventana, dejando el lugar como estaba antes.

- Eso fue impresionante. – aseguro Annabeth.

- Esa es mi especialidad.


El gran estudio de Magnus estaba lleno de todos los hermanos de este, a excepción de que Hans y Annabeth no se encontraban ahí. Se escuchaban gritos por todos lados, discutiendo si deberían o no ayudar a Arendelle, las gemelas Danielle y Michelle se la pasaban bostezando e ignorando a todos como era costumbre, mientras que los gemelos Howard y Edward no dejaban de jugarles bromas a los demás, poniendo mas tenso el ambiente del lugar.

- No puedes ayudarlas, Magnus. – exigía George. – por culpa de ellas, ya no podemos tener la frente en alto en lugares de sociedad; ellas trajeron desgracia a la familia.

- En realidad fue Hans quien lo hizo. – discutió Joseph. – piénsalo Magnus, si las ayudamos, recuperaríamos el orgullo que Hans se encargo de manchar.

- ¡No vamos a ayudarlas! – decreto Alice. – tenemos el suficiente orgullo para rechazarlas, no lo haremos y se acabo la discusión.

- ¿Y tu que derecho tienes para decidir si lo haremos o no? – pregunto Richard, colérico. – yo soy mayor que tu y yo digo que lo haremos.

- Cierren la boca ustedes dos. – ordeno Jennel. – es obvio que no están viendo lo mas importante. Si queremos o no ayudarlas, no importa realmente, nuestra prioridad es Leonard, ¿o me equivoco Magnus?

Magnus, quien había guardado silencio todo ese tiempo, se levanto de su asiento y se paro al lado de su hermana Jennel.

- Es cierto. – señalo. – confieso que no tengo el mínimo interés en ayudar a Arendelle, pero aunque quisiera, mi prioridad es mi familia, y no voy a desperdiciar recursos en Arendelle cuando puedo utilizarlos en encontrar a Leonard.

En ese instante Hans entro al estudio, provocando que algunos rodaran los ojos e hicieran sonidos de desaprobación.

- Aquí esta la deshonra de la familia. – señalo Edward a su hermano.

- ¿Dónde estabas Hansie? – pregunto Michelle con un tono de voz venenoso. – tratando de conquistar el corazón congelado de tu preciosa princesa.

- Ya basta. – exigió Magnus. – que bueno que llegaste Hans, les estaba explicando a todos que no ayudare a Arendelle…

- ¿Qué? ¡No! Tienes que hacerlo, Magnus. – pidió Hans desesperado. – Annabeth y yo estuvimos hablando con la princesa Anna y ella nos explico la situación más a detalle, ellos literalmente no tienen nada, no podemos dejarlos morir así como así.

- Lo siento Hans, pero nuestra prioridad es encontrar a Leonard. – respondió Jennel con pena. – no podemos desperdiciar nuestros recursos en un país enemigo.

- Elsa ha propuesto un trato, solo considérenlo. – insistió Hans. – papá lo habría considerado.

Magnus tenia un conflicto en su interior, así que decidió que seria mejor discutirlo a solas con Hans.

- Déjennos a Hans y a mi hablar de esto, los demás salgan. – ordeno Magnus.

Todos comenzaron a salir del estudio, aunque Hans no pudo evitar escuchar a Danielle y a Howard susurrando acerca de el.

- Ahora quiere hacerse el héroe, el muy lambiscón. – murmuro Danielle.

- Es un idiota, jamás va a dejar de ser un don nadie. – agrego Howard.

Hans no dejo que los comentarios de sus hermanos mayores lo hicieran molestar. Estaba acostumbrado a que Howard, Edward y Michelle lo ignoraran mientras Danielle se encargaba de rebajarlo cada que tenia una oportunidad. Pero ahora eso no importaba, él tenia que concentrarse en ayudar a Arendelle. En ayudar a Anna.

- No entiendo tu preocupación por aquel país que solo te ha traído desgracias, hermano. – comento Magnus mientras el y Hans se sentaban.

- Lo se, pero es que de verdad tenemos que ayudarlos. – insistió el pelirrojo.

- No Hans, no tenemos porque hacerlo. – le recordó Magnus. - ¿acaso olvidaste como te trataron? Te encerraron en una sucia celda, y fuiste desterrado de Arendelle.

- Pero todo eso fue porque lo merecía. – aseguro Hans. – si yo me hubiera comportado como se debía, ellos jamás me hubieran tratado así. Soy responsable de mis acciones, pero ellos no hicieron nada para pasar por lo que están pasando.

- Pues lo lamento, Hans, pero tengo que encontrar a Leonard. – finalizo Magnus.

Hans, sin embargo, no iba a rendirse.

- ¿Y que tal si Leonard esta en Arendelle? – sugirió Hans.

- ¿A que te refieres? – pregunto Magnus, confundido.

- Cuando papá murió, estábamos Annabeth, Leonard y yo con el. – comenzó a relatar. – y nos hizo prometer que restauraríamos las relaciones con Arendelle. ¿Qué tal si Leonard esta allá?

- Lo sabríamos, Hans. – quiso creer Magnus, pero no podía dejar de pensar en la posibilidad de que fuera verdad.

- ¿Y si se cambio el nombre? – pregunto Hans. - ¿Qué tal si ahora esta tratando de ganarse la confianza de la reina antes de revelarle quien es realmente y por eso no ha podido comunicarse?

- O tal vez este herido y solo… - susurro Magnus. – entonces tendríamos que ir a Arendelle a investigar.

- Exacto. – finalizo Hans, tratando de contener su sonrisa de victoria.

Magnus se quedo en silencio unos minutos, pensando en las posibilidades de que su hermano estuviera en Arendelle. Si era cierto, entonces no tenía tiempo que perder.

- De acuerdo, ayudaremos a Arendelle, pero con una condición. – dicto Magnus.

- Tú dirás. – acepto Hans.

- Tú y Annabeth tendrán que ir a buscar a Leonard. – pidió Magnus. – y nadie debe saber que realmente están buscándolo, deben pensar que están en algún tipo de encomienda mía.

- Tú nos enviaste para que te demos informes de la situación en Arendelle. – sugirió Hans.

- Si, eso servirá. – accedió Magnus. – pero Hans, si Leonard no esta en Arendelle, dejamos de ayudarles, ¿de acuerdo?

- De acuerdo. – contesto Hans con una sonrisa radiante.

No podía pedirle más a su hermano mayor.

- Bueno, ahora tendremos que decirles a tus hermanos. – suspiro el rey.

- Yo esperaría un poco más. – comento el príncipe. – no creo que la idea les vaya a agradar mucho.

- Si, tampoco lo creo yo.


Elsa estaba que echaba chispas.

Bueno, en realidad echaba corrientes de aire que hacia titiritar a todos los que pasaran por enfrente de su habitación, pero poco le importaba. ¿Por qué Jack estaba ahí? ¿Por qué había defendido a Hans? Todas sus acciones confirmaban su traición, pero entonces, ¿Por qué no podía dejar de sentirse tan triste?

Debía admitir que cuando vio a Jack ahí parado junto a la hija de Magnus, sintió que su corazón se aceleraba de la emoción y de no haber sido por sus sospechas, se habría lanzado a sus brazos y lo habría besado por todo el tiempo que habían estado separados. Odiaba admitirlo, pero como lo había extrañado. Sin embargo, el había traicionado su confianza, y eso era algo que ella no podía perdonar, por mas enamorada que estuviera.

Bien se lo había prometido a su tío Herbert, de ahora en adelante ella debía tener cuidado.

sus pensamientos fueron interrumpidos al escuchar que alguien llamaba a la puerta.

- Adelante. – permitió Elsa.

Eran Anna y Annabeth, quienes entraban por la puerta de la habitación.

- Veo que encontraste la habitación tu sola. – comento Anna.

- Y que le puso su toque personal. – observo Annabeth.

En la habitación estaba nevando lentamente mientras la nieve se acumulaba en el suelo, las paredes se habían llenado de escarcha al igual que las ventanas y la mayoría de los objetos de la habitación estaban completamente congelados.

- Lamento mi comportamiento de hace un rato. – se disculpo Elsa con la mirada baja.

- No se preocupe majestad. – acepto Annabeth. – Anna me ha contado la situación y créame que si yo estuviera en su lugar, hubiera hecho lo mismo o algo peor.

Elsa sonrió ante las palabras de la princesa.

- Llámame Elsa. – pidió la platinada.

- Annabeth. – se presento la ojiverde.

- Bueno, ahora que todas somos amigas de nuevo, ¿Qué les parece si hablamos de cosas de chicas? – sugirió Anna, dirigiéndole una mirada a Annabeth, señal que tramaban algo.

- ¿Cosas de chicas? – pregunto Elsa sorprendida. – Anna, creo que no te has dado cuenta de la gravedad del asunto. Jack nos traiciono a todos.

- Oye, bájale a tu invierno. – sugirió Anna irreverentemente. - ¿no has pensado en la posibilidad de que el no tiene nada que ver en esto?

- Vaya, ya te dejaste convencer por el. – suspiro Elsa exasperada.

- No Elsa, es que el de verdad no tiene idea de nada. – defendió Anna a su amigo. – el esta igual de confundido que siempre.

- Cosa que no me sorprende. – comento Annabeth.

- No me importa lo que sea que el te haya dicho Anna. – argumento Elsa. – lo único que importa es sacar a Arendelle de la decadencia, y si necesitamos la ayuda de las Islas del Sur para esto, la tomaremos; yo después me encargare de mi venganza personal.

- Siento interrumpir este momento tan inspirador. – hablo Annabeth sarcásticamente. – pero déjame preguntarte algo, Elsa. ¿Cuántas venganzas en la historia han resultado bien?

- ¿A que te refieres? – pregunto Elsa.

- Bueno, hemos leído desde niños montones de cuentos que nos hablan de cómo se han desatado guerras horribles por la sed de venganza. – cito Annabeth. – como aquel cuento de los dos países que luchaban por un pedazo de territorio… ¿Cómo se llamaban?

Anna lo pensó un segundo.

- Ah si, los países eran Israel y Gaza, creo. – recordó la princesa.

- Si, ese cuento nunca me gusto, era muy cruel. – hizo notar Annabeth. – el punto al que quiero llegar es que si en un cuento te cuentan los horrores de lo que puede provocar la venganza, imagínate lo que podría pasar en la realidad.

Elsa se quedo pensando en las palabras de Annabeth. Ella recordaba el cuento de la guerra entre esas dos ciudades, en sus años de confinamiento en su habitación, ella había tenido el tiempo de leer todos los libros que había en el reino, y uno de ellos había sido ese. Y recordaba que no le había gustado para nada. Ciento de muertos, miles de desaparecidos, y el final parecía confuso, como si nada se hubiera resuelto. Ella no quería eso para su reino.

- Tienen razón. – se limito a decir Elsa.

Anna se acerco a su hermana y la miro a los ojos.

- ¿Qué harás respecto a Jack? – pregunto la princesa.

- No voy a matarlo, si es a lo que te refieres. – se apresuro a contestar Elsa.

- Sabes que no me refiero a eso. – insistió Anna. – se lo que sientes por el, y el siente lo mismo por ti. ¿Qué te parecería hablar con el?

Elsa se acerco a la ventana con lentitud y vio a través de ella. Jack estaba en el jardín con Silena jugando, creando un autentico campo de batalla de bolas de nieve, en el que tanto la niña como Jack se disparaban proyectiles como si la vida se les fuera en ello.

- No puedo. – susurro Elsa. – no estoy lista.

Annabeth y Anna intercambiaron miradas de decepción.

- Bueno, nosotras nos iremos a preparar para la cena. – comento Annabeth mientras salía, seguida por Anna.

- Elsa, te quiero. – le recordó Anna a su hermana.

Elsa volteo y le dio una sonrisa, dándole a entender que no debía acercarse demasiado en ese momento a ella.

- Y yo a ti. – respondió Elsa.


El anochecer había llegado a las Islas del Sur, así que todos, tanto la familia real como los invitados se preparaban para la cena. Pero Jack no podía pensar en cenas, estaba nervioso. ¿Cómo acercarse a Elsa sin ser atacado por sus poderes? Si bien era cierto que ya casi podía controlar sus poderes por completo, él no tenia la experiencia que la reina tenía. Además, Anna había mencionado que ella estaba fuera de control. ¿Qué tal si hablar con ella la alteraba más?

Decidió que pasearía por el castillo, no tenia hambre y su mente estaba distraída, así que un paseo le serviría para calmar los nervios.

- ¿Qué voy a decirle? – se pregunto a si mismo. – soy un completo idiota.

Estaba tan sumergido en sus pensamientos que ni siquiera se dio cuenta que había llegado al corredor donde las habitaciones de huéspedes estaban. Y que Elsa estaba en el corredor.

Elsa no lo vio al principio. Estaba demasiado concentrada tratando de tranquilizar.

- No lo dejes salir. – se susurraba a si mismas.

- ¿Elsa? – la llamo Jack, pero ella no lo escucho.

- Contrólate. – insistía la reina.

- Elsa…

- No sientas, no sientas…

- Elsa…

- No sientas… ¡No sientas!

- ¡ELSA!

Elsa dejo de hablarse a si misma y volteo hacia donde había escuchado su nombre. Jack había cambiado ya sus ropas formales a su sencillo vestuario de sudadera azul y pantalones cafés, y miraba a Elsa con una mirada que la reina no sabia identificar si era de nerviosismo, confusión o miedo.

- Elsa, ¿estás bien? – pregunto Jack mientras se acercaba lentamente.

- No… no te acerques. – pidió Elsa asustada.

- No voy a hacerte daño. – aseguro Jack.

- No es eso… - susurro Elsa con los ojos llenos de lágrimas. – es que no quiero hacerte daño.

Entonces Jack lo comprendió. Puede que a el no le molestara ni mucho menos, pero había notado la temperatura descender varios grados bajo cero, y justo donde Elsa estaba parada, había rastros de escarcha. Además, pudo notar que Elsa temblaba, y de cerca eran más notorias las ojeras bajo sus ojos, y su delgadez extrema.

- Elsa, ¿Cuándo fue la última vez que comiste? – pregunto Jack preocupado.

- No lo se… - la reina intento recordar. – siete, ocho días quizás.

- Elsa, debes bajar a cenar, ahora. – ordeno Jack con firmeza.

- No, si bajo, congelare a todos. – Elsa se asusto, y la escarcha comenzó a esparcirse por la alfombra. – solo vete y déjame sola.

- No voy a dejarte sola. – se negó Jack. – tiene que haber una manera…

En ese momento escucharon el suspiro de una niña pequeña.

- Jack, tengo frio. – susurro Silena, mirando a ambos jóvenes.

El albino se acerco rápidamente a Silena y la tomo en sus brazos para resguardarla del poder que Elsa estaba liberando sin control.

- Tranquila Silena, te llevare a tu habitación y dormirás entre sabanas gruesas. – prometió Jack. – además, el hada de los dientes llega hoy, y debes estar dormida para que ella te deje tu moneda.

- ¿Puedes llevarme? – pregunto la niña inocente.

Jack y Elsa intercambiaron miradas. El odiaba tener que dejar a Elsa ahí en medio de una crisis, pero tenia que cumplir con su responsabilidad.

- Ve. – susurro Elsa, tratando de forzar una sonrisa. – yo te espero.

- Enseguida vuelvo. – prometió Jack.

Entonces comenzó a volar rápidamente entre los pasillos con Silena en brazos, hasta que llego a la habitación de la princesa.

- ¿Estás bien? – le pregunto Jack a la niña.

- Si, solo tengo mucho frio. – susurro la niña.

Jack se aproximo al armario de la princesa y saco dos cobijas grandes y gruesas, y las puso sobre ella para que entrara en calor.

- ¿mejor? – pregunto el joven

La niña asintió con la cabeza.

- Ella no va a lastimarte, ¿cierto? – pregunto la niña con temor.

Jack acaricio su cabeza y le dio un beso en la frente.

- No te preocupes, todo va a estar bien. – prometió Jack. – recuerda que soy tu guardián y voy a protegerte.

- Pero Jack, ¿Quién te protege a ti?

Jack estaba tan absorto en la pregunta de la niña que ni siquiera noto a la pequeña hadita que volaba en la ventana de la habitación de la princesa, dudando si debía entrar por Jack o no. Era el, estaba ahí. ¡Ella lo había encontrado! ¿Cuáles eran las posibilidades?

Hadita volaba ansiosa en la ventana, tenia que entregar el regalo de la princesa, pero por otro lado, también tenía que avisarle a Tooth que había visto a Jack. ¿Qué hacer?

¿Y si lo seguía? Si, esa seria una buena opción.

- No te preocupes por mi, niña. – Jack le hizo cosquillas a la niña, provocando que comenzara a reír histéricamente. – yo soy grande y fuerte, puedo cuidarme solo.

- Basta, Jack. – rogaba la niña mientras se revolvía en la cama por el ataque de cosquillas.

Jack se detuvo y le despeino el cabello a la niña con una mano.

- Ya duérmete, niña, mañana jugaremos. – prometió Jack.

- Buenas noches, Jack. – bostezo la niña.

Jack espero a que la niña estuviera completamente dormida y salió por la puerta, no sin antes notar una figura verde volando en la ventana. Un pájaro debió haber sido.

No le dio importancia, voló rápidamente hacia donde estaba Elsa, solo para descubrir que en la habitación donde ella reposaba se estaba desatando una tormenta bastante agresiva.

- ¡Elsa basta! – grito Jack entre el viento.

- ¡No puedo! – grito Elsa bastante asustada.

Jack apenas veía algo entre la nieve y el viento, pero logro ver una ventana en el pasillo que estaba abierta. Ni siquiera lo dudo. Tomo a Elsa de la cintura y salto por la ventana, ambos volando por el cielo oscuro de Octubre.

- ¡Suéltame! – grito Elsa totalmente histérica.

Jack se limito a ignorarla. Tenia que llevarla a un lugar seguro, en el que ella pudiera descargar todo su poder contenido sin dañar a alguien. Trato de pensar en un lugar cerca, pero el clima en las islas era tan caliente y tropical que no había un solo lugar en el que la nieve no levantara sospechas. No había duda, tenia que llevarla a las montañas nevadas de Arendelle.

Voló hacia el norte tan rápido como pudo hasta que pudor ver la familiar montaña del norte, con el majestuoso castillo de hielo alzándose en la punta. Jack voló hasta el balcón donde había visto a Elsa por primera vez y ambos entraron al castillo.

- Déjalo ir. – grito Jack entre la tormenta de Elsa.

- Jack, así lo vas a empeorar. – grito Elsa entre la tormenta.

- No temas. – pedía Jack inútilmente.

El terror se apoderaba de Elsa, todo daba vueltas en su interior y sentía como todo estaba a punto de colapsar. Como cuando congelo el corazón a Anna.

- Jack, vuela. – grito Elsa en el ultimo momento.

Toda la nieve que Elsa había desatado durante la tormenta la envolvió y en una espiral todo salió de su cuerpo en forma de rayos, golpeando en cualquier dirección, tal y como había pasado aquella vez. Por suerte, Jack había brincado justo a tiempo, y ahora flotaba en el aire, esperando a que Elsa se tranquilizara.

Estaba tan agotada que poco le importo que Jack estuviera ahí observándola. Sentía como sus rodillas temblaban y la energía se iba de su cuerpo, así que lo único que pudo hacer, fue desmoronarse en el suelo.

- ¡Elsa! – grito Jack mientras rápidamente volaba para atraparla en sus brazos.

Elsa estaba consiente, solo agotada, temblaba de nervios, pero aun así se le veía mas tranquila.

- Si buscabas un momento adecuado para matarme, este no podría ser mejor. – susurro Elsa con amargura.

Jack la miro. Noto que ella estaba tratando de ser fuerte frente a el, pero después de haber visto aquel espectáculo, el no podía ya temerle, lo único que quería era cuidarla y protegerla de cualquier cosa que pudiera ponerla en tal estado.

- Yo no quiero hacerte daño. – susurro Jack mientras apartaba el cabello de su rostro.

Elsa noto la cercanía del rostro de Jack al suyo y comenzó a temblar. No, no debería dejarlo entrar a su vida de nuevo. Pero ella lo quería en su vida. No, no lo quería, lo necesitaba.

- Jack, yo… - comenzó Elsa, pero el la interrumpió.

- Elsa, te amo. – confeso Jack con un susurro.

Elsa no pudo resistirlo más.

Se lanzo a sus labios y lo beso fervientemente. ¡Cuánto lo había extrañado! Lo único que quería era abrazarlo, besarlo y que el le hiciera el dulce amor toda la noche. Lo necesitaba, necesitaba sentirlo cerca, necesitaba sentir que no era un cruel sueño.

Pero no lo era, era la realidad.

Jack se aferro a los labios y abrazo su cintura tan fuerte como si temiera que ella se fuera a escapar en cualquier momento. No iba a volver a alejarla de su lado, no iba a permitir que ninguna maldición, profecía o hambruna lo separaran de su Elsa.

- Jack, te extrañe tanto. – sollozaba Elsa mientras besaba sus labios, sus mejillas, su nariz y sus parpados.

- Elsa, por mas que desee besarte y abrazarte toda la noche, hay cosas que tenemos que hablar. – Jack se separo de ella un poco con dificultad, pero la miro a los ojos. – tu sabes que yo no envenene Arendelle, ¿cierto?

- Si, lo se, algo dentro de mi me lo ha dicho todo el tiempo. – aseguro Elsa.

- Bien, porque creo saber quien lo hizo. – confeso Jack.

Elsa se alejo un poco de el y lo miro intrigada. Esa iba a ser una larga noche, y no como ella esperaba pasarla con Jack.


¿Soy la única que esta brincando de emoción? DIGANME QUE NO.

Siento que hay algo que quería decirles al principio del capitulo, pero lo he olvidado. En fin, si lo recuerdo les digo.

Ahora, voy a contestar los reviews.

Mixer1927: Por favor, dime que no te aventaste.

Espero este capitulo de verdad te haya quitado el deseo suicida xD

Nastinka: Aww, tu carita me convenció. Está bien, lo seguiré ;)

Pero de verdad, no sabes lo que tengo para Pitch, es como… ah, de verdad ya quiero llegar a esa parte :3

MyobiXHitachiin: ups, creo que te estoy matando, verdad? xD

: No grites como niña :c

Espero este capitulo te haya gustado (:

escudodeplata: osh, tu ya sabias como era el asunto, ni siquiera se que responderte aquí…

ehm… ¡Paul McCartney no esta muerto!

DeAtH tHe RoSe: aquí esta el siguiente, yo puedo tratar de entenderte (:

predalienway: nunca he visto the vampire diaries :c

bueno, he visto como uno, o dos capítulos, pero no creo que sea el orden y así, igual, tampoco sabia que eso pasaba en la serie, lo siento si lo hice ver de esa manera u.u

espero que este capitulo te haya gustado.

LaReinedesNeiges: trajiste mi recuerdo? haha no te creas, nunca he visitado Cancún, pero mi hermana mayor, y la hermana de un ex, dicen que es muy bello. Espero te hayas divertido.

No te daré spoiler, tienes que esperar para saber los peligros y todo eso hahaha

Y no, no involucrare a Weselton aquí, simplemente porque lo odio.

espero este capitulo te haya gustado.

Andrea Frost Queen: ¡esta pasando! aquí tienes el capitulo, por favor no mueras.

Ya se que todo tiene que acabar algún día, pero no te preocupes, aun falta algo para que termine, podría decirse que vamos a la mitad, o algo así xD

Tranquila, que acabe este fanfic, no significa que acabe la historia ;)


Y eso es todo por hoy, agradezco a todos los que han dado follow a esta historia, y a los que la pusieron en favoritos. También les doy las gracias a esos lectores invisibles que, aunque nunca comenten, están al pendiente del fan fic, a todos ustedes les mando un beso enorme y un abrazo muy grande.

Yo aquí me despido, son las 2:00 am del viernes 8 de agosto de 2014.

Que tengan bonita semana…

¡Ah! ya recordé lo que les iba a decir.

¿Han visto la foto de portada que tengo en el Fanfic? Bueno, pues se la robe a una chica de Tumblr, su url es jelsa-edits.

Estoy buscando a alguien que pueda hacer imágenes similares de cualquier personaje, así que si ustedes saben hacerlo, o saben de alguien que sepa de ese arte tan hermoso, por favor, mándenme un mensaje privado aquí, o en mi tumblr, el cual esta en mi biografía.

Tengo una nueva idea de fanfic para cuando termine este, y obviamente necesito una portada, y me gustaría mucho contar con la ayuda de mis seguidores.

Igual, espero tener respuestas.

Los quiero mucho, mis adorados jelsa-shippers.

Hasta la próxima semana.

Lizzie.