Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía.
Notita (O SEA NOTA GIGANTE):
¿Después de un año exacto por fin te has dignado a subir capítulo nuevo? La respuesta es sí. Ya ni sé cómo disculparme por mi eterna ausencia, pero es que todo me tiene abrumada y no me da tiempo o ganas de escribir. Para todo lo que me demoré, este capítulo es bastante tonto, pero es lo que siempre he tenido planeado, solo que habría sido mejor si publicara más seguido.
Resumen para los que no recuerdan de qué rayos va esta historia: Básicamente Bella está en la cárcel y Edward es un chico que estudia música en Miami. El caso es que un día por cosas de la vida inician una amistad por correspondencia, pero Edward nos sabe que Bella es una "criminal" porque obviamente ella no le va a contar. Ahorita ya tienen sentimientos el uno por el otro, y eso inspiró a Edward a componer la famosa "nana de Bella" (muy al estilo Crepúsculo) para presentarse a Julliard. Luego Emmett hace que él se confunda y desee ver cómo luce Bella físicamente, entonces ahí vamos. Fin.
SEGUNDA PARTE:
AMOR.
ESE MOMENTO EN EL QUE EL VACÍO ES INVADIDO POR MARIPOSAS.
Capítulo 13
Bella's POV
Tengo que hacer el turno del desayuno en la cafetería de la prisión. En esta ocasión no me asignaron la tarea de cocinar, seguramente no deseaban arriesgarse a que sucediera de nuevo.
Cuando aun era libre, cocinar me suponía un gran placer, me encantaba hacer postres o simplemente apetitosos platillos. El caso es que el día que tuve turno por primera vez en este lugar, hace ya unos meses, me pusieron a hacer el almuerzo junto con otras dos compañeras. Sin poder resistirme a la tentación, en lugar de hacer la insípida sopa de apio acompañada con torta de carne de dudosa procedencia que se suponía era el menú del día, me las apañé para abrir el armario de provisiones de empleados, en el cual guardaban los buenos ingredientes. Después de echarle una ojeada, decidí sacar bacon, aceite de oliva, pimienta negra y una caja de nata líquida para juntarlos con otros ingredientes del armario de las presidiarias y hacer una deliciosa pasta a la carbonara.
El resultado final fue exquisito, y ese día todas las chicas de la prisión comieron mejor de lo que habían hecho en años. Pero cuando las guardias descubrieron el asunto, no les hizo tanta gracia. Me pusieron a lavar los baños de todos los edificios diariamente por una semana.
Hoy, en cambio, me pusieron a servir.
El calor que desprende la comida me hace sudar, y en más de una ocasión tengo que pasarme la manga del overol sobre la frente perlada.
Sirvo sin poner especial atención, hasta que llega Kate. Kate es la única del trío de las salvajes que queda en la prisión. Después del incidente de Irina con April, en donde la primera fue hallada inconsciente en el baño, ella fue enviada a otra prisión de máxima seguridad no sé dónde. En cuanto a Tanya, al siguiente día de que salí de castigo, me enteré que la habían hospitalizado y desde entonces no se supo más de ella. Lo único que llegué a saber es que no murió.
Desde ese momento, Kate quedó sola y, aunque no hemos tenido muchas ocasiones para encontrarnos, en estas pocas parece asustada y he llegado a sentir un poco de lástima. Nos miramos y pongo la enorme cucharada grisácea y pegajosa de avena en su plato. Luego, rápidamente, me dirijo a la cocina y traigo un par de tostadas dulces, las cuales coloco rápidamente sobre su avena al mismo tiempo que pongo el eterno vasito de icopor con tinto sobre su bandeja. Ella me mira sorprendida y yo le sonrío.
Mientras se aleja, de reojo alcanzo a captar como una figura ataviada de cabello oscuro con el overol naranja se escabulle en la cocina. Unos segundos después, me tocan la espalda. Me giro y me encuentro con April.
—Hola, April. ¿Cómo anda el pequeño bodoque? —digo y toco su pancita, nuestra relación ha mejorado notablemente y siento un cariño especial por ella y su bebé.
—Muy bien —responde, pero luce nerviosa—. Vengo a traerte esto, habla —susurra tan bajito que apenas logro escucharla.
Me extiende un celular color rosa chillón.
—¿Qué?
—Habla —insiste.
—¿Po...?
—Hazlo —interrumpe, autoritaria.
Tomo el aparato y me lo acerco a la oreja.
—¿Aló?
—Hola, linda —saluda una familiar voz masculina.
—Andy... —susurro consternada.
Mi hermano me está llamando de nuevo, Dios...
—Me reconociste, menos mal. Yo creí que después de los meses que llevo sin hablar contigo de nuevo me volverías a olvidar.
—Nunca —respondo con firmeza.
—Perdóname, llamé una semana después y me dijeron que a Rosalie le habían asignado el turno de la mañana, así que llame varias veces por la mañana y las pocas veces en que ella me pudo atender, le fue imposible comunicarme contigo. Al final me dio su celular y nos hemos estado hablando, me ha informado sobre tu situación y las cosas tan difíciles que has vivido en este tiempo. Lo de la chica que te atacó, el castigo, April en la cárcel... Uf. Lo siento mucho, Isabella, en serio traté d...
—Tranquilo, ya todo está bien.
Suspira.
—Gracias. —Siento como sonríe—. Necesito decirte algo. Ya compré un tiquete a Seattle, así que nos veremos en unas semanas. Quiero verte y trataré de aprovechar mi estadía para averiguar algunas cosas y lograr sacarte de allí, un profesor de la universidad está dispuesto a asesorarme por un módico precio.
—No hagas eso, no desperdicies tu dinero en mí, más bien sigue estudiando. Además, no quiero que averigües nada, es peligroso. Personas influyentes me metieron en este lugar, seguramente para encubrir sus crímenes, y no sabemos ni siquiera quién es. —Trato de lograr que mi voz exprese la verdad en mis palabras.
—Para mí eso no es gastar el dinero, y por mis estudios no te preocupes —replica—. En cuanto al peligro, yo sé en qué me estoy metiendo. Haré todo con prudencia, mamá se devolvió a Estados Unidos unos días después de nuestra primera llamada, solo andaba de paseo con su novio; así que llegaré a su casa en Forks y la visita será mi fachada. Luego usaré el tiempo libre para hurgar por aquí y por allá, tratando de recolectar la mayor cantidad de información posible. Pero tranquila, hablaré con las personas adecuadas, pagaré por el silencio de éstos y no permaneceré mucho tiempo tras ninguna pista para no levantar sospechas.
—Aun así...
—Aun así nada, ya está decidido. Pronto nos veremos. —Su tono no da lugar a dudas.
—Pe...
Me interrumpe.
—Adiós, linda.
Y antes de poder decir algo más, escucho el tono al otro lado de la línea. Miro el celular y me preguntó por qué Rosalie, que siempre parece tan ruda, tiene un celular tan femenino.
Me concentro en ese pensamiento, porque el otro, el que me dice que hay una gran posibilidad de que esto termine mal, suena más deprimente y estar preocupada el lo último que necesito en este momento.
...
Cuando me levanto al siguiente día, el cielo está nublado, haciendo juego con mis pensamientos.
En todo el día no logro concentrarme en nada, así que pierdo 50 dolares en un desafortunado juego de póker. Por si fuera poco, Alice anda desaparecida y me estoy empezando a preocupar. April se encuentra demasiado hormonal para mi gusto, así que tampoco es una gran compañía. El único momento decente del día fue cuando Kate me prestó una coleta en el baño y se despidió con cortesía.
Cuando son cerca de las siete de la noche, escucho el sonido de las ruedas contra el suelo metálico y sé que viene el carrito de las cartas, y aunque es mi momento favorito de la semana, sinceramente no puedo emocionarme en este instante.
Alice entra en la celda con un sobre y una pequeña caja azul. Está que no cabe de la dicha, y salta por toda la habitación como una niña a la que le han regalado una bicicleta.
—¿Dónde andabas, mujer? —pregunto, descargando en mi voz toda la preocupación que tuve durante el día, mientras me levanto para mirarla.
—Por ahí... —Pestañea con demasiado ímpetu y sonríe con picardía.
—¿Dónde?
—Pues... haciendo visita conyugal. —Se sonroja de esa manera en la que solo Alice puede hacerlo, dos perfectos círculos rosa sobre sus mejillas y ojos brillantes a juego.
—¿Visita con..? —Imagino a Jasper y Alice desnudos, y mi mente se arranca los ojos—. Oh Dios, qué asco. No me cuentes nada. —Niego con la cabeza y me recuesto en la cama de nuevo.
—¡Fue por nuestro quinto aniversario! Merezco amor.
Lo merece, ciertamente.
—No lo sabía, ¡felicidades! Aun así n...
—Paquete para Swan y Hale —dice la chica de las cartas, interrumpiendo mis palabras.
Me levanto tan lentamente que podría pasar por enferma, tomo una caja luego de que Alice tome su sobre, lo dejo sobre mi mesa de noche y me acuesto de nuevo, esta vez mirando hacia la pared. El ánimo que llegó con Alice se fue al instante, y de nuevo me encuentro triste y sin deseos de hablar.
—¿Qué te pasa? Si es una carta del amor de tu vida, ¿por qué no la abres con esperanzada desesperación?
No respondo.
—Wow, algo anda mal. Usualmente si menciono algo relacionado con sentimientos entre ustedes, me gano una patada en el trasero.
—Luego —es lo único que logro decir.
—En serio, dime qué pasa —suena preocupada, y siento la cama hundirse a mis espaldas mientras su mano toca mi brazo.
—No tengo ganas, Alice. Hablamos mañana. —Me desembarazo de su toque y unos segundos después se levanta.
Mirando las manchas de mugre sobre la pared, me quedo dormida.
...
Tuve un sueño de sombras grises y gritos lejanos, así que me despierto más desanimada que el día anterior. Desayuno con una ración de cigarrillos y lágrimas contenidas.
Esto me mata, la incertidumbre de saber que mi hermano estará indagando sobre asuntos peligrosos que no le incumben, en una ciudad pequeña donde se puede topar al asesino en cualquier esquina, me carcome el alma.
¿Qué pasará si se enteran que anda investigando? Un golpe en la nuca bastará para callarlo eternamente, y todo por mi culpa.
Y cuando creí que nada podía andar peor, abro el paquete de Edward y el consuelo que buscaba no llega, sus palabras solo hacen que el vacío sea más grande.
Miércoles, 26 de diciembre de 2012.
Querida Bella.
Primero que todo, FELIZ NAVIDAD. Este año no hice nada especial, no es una fecha que me guste especialmente, pero espero que tu navidad haya sido maravillosa. Seguramente te regalaron un millón de libros, aun así yo también quise darte uno: una edición de Jane Eyre del año 1913. La encontré en Ebay, tiene anotaciones de por lo menos tres personas distintas, desde reflexiones sobre una frase u otra, hasta lo que parece la lista del mercado :) Te la compré porque sé que amas ese libro, te encantan las cosas ancestrales que nadie más valora, y definitivamente estás enamorada de la idea de leer un libro usado. Todas esas cosas que le gustan a los nerds...
No puedo creer que recuerde tantos detalles, y que se haya tomado la molestia de hacerme un regalo tan valioso. Los que revisan el correo le arrancaron la contraportada, pero sigue siendo perfecto. Mi corazón se hincha con un sentimiento que no puedo definir.
Eres la chica más fabulosa que he conocido en mi vida, y eso me ha dado en qué pensar.
C̶i̶e̶r̶t̶a̶m̶e̶n̶t̶e̶ ̶s̶é̶ ̶q̶u̶i̶é̶n̶ ̶e̶r̶e̶s̶,̶ ̶p̶o̶r̶q̶u̶e̶ ̶l̶a̶ ̶d̶i̶s̶t̶r̶a̶c̶c̶i̶ó̶n̶ ̶d̶e̶ ̶u̶n̶o̶s̶ ̶b̶e̶l̶l̶o̶s̶ ̶o̶j̶o̶s̶ ̶o̶ ̶u̶n̶a̶s̶ ̶d̶e̶l̶i̶c̶a̶d̶a̶s̶ ̶c̶u̶r̶v̶a̶s̶ ̶n̶o̶ ̶h̶a̶n̶ ̶e̶s̶t̶a̶d̶o̶ ̶a̶h̶í̶ ̶p̶a̶r̶a̶ ̶e̶n̶t̶u̶r̶b̶i̶a̶r̶ ̶m̶i̶ ̶j̶u̶i̶c̶i̶o̶ ̶r̶e̶s̶p̶e̶c̶t̶o̶ ̶a̶ ̶t̶u̶ ̶p̶e̶r̶s̶o̶n̶a̶l̶i̶d̶a̶d̶ . Ignora eso... A veces creo que me sacaron de una mala novela del siglo XIX o algo así.
Hablando en serio, la duda me está matando. Quiero saber cómo luces.
No con una descripción o una foto, quiero oír tu voz y ver tu rostro mientras hablas. No desconfío de ti, pero debes entender que hay cientos de locos en el mundo y quiero asegurarme que no eres uno de ellos. Por favor.
El 31 de diciembre, en lugar de escribirte una carta, me voy a conectar en Skype. Búscame a las diez de la mañana (mi usuario es EdCu_) y hablaremos con calma. Si no apareces, lo entenderé porque es algo extraño, pero espero que lo hagas.
No quiero parecer un completo imbécil, pero si no nos vemos, siento que no podré seguir hablando contigo porque las dudas van a resultar acabando con mi cordura. Sé que la fecha es rara, pero ya sabes que tu respuesta me llegará el domingo y ese día no me es posible, por lo que solo podremos vernos hasta el lunes y no creo poder aguantar un día más. Probablemente tengas mejores planes, en cuyo caso puedes decírmelo y programaremos otra fecha.
Adiós, Bella.
Att: Edward.
—Genial, simplemente genial. —Hago una bola con la carta y la arrojo al suelo justo cuando Alice y April van entrando.
—...y podríamos hacer una fiesta de año nu... —Alice se detiene, observando la trayectoria de la bola de papel hasta que ésta toca el suelo—. ¿Es eso lo que creo que es? —Su mirada es de total incredulidad.
—Supongo que sí. —Me recuesto en la cama y miro hacia la pared.
—¿Puedo... puedo leerla?
—Si quieres, da igual. —Me giro y me levanto bruscamente—. Es solo otra persona a la que pierdo, lo de siempre. —Tomo la caja de cigarrillos, es la segunda consumo hoy, y salgo sin mirarlas a los ojos—. Voy al baño.
Hago mi camino hacia el baño lo más rápido posible, empujando a unas cuantas chicas a mi paso. Cuando entro, está vacío. Me dirijo a un cubículo y me encierro, sentándome en el suelo. Saco un cigarrillo, un fósforo y lo enciendo; la calada es profunda y el humo mentolado invade mis pulmones.
Agradezco por primera vez que las puertas vayan hasta el suelo, así nadie puede verme tirada fumando y llorando sobre las sucias baldosas. Siento un nudo en la garganta y aprieto los labios, las lágrimas caen sobre mi overol junto con las cenizas.
No debería doler tanto, pero duele como el infierno. No entiendo por qué las cosas siempre terminan mal. Yo sabía que no iba a durar para siempre, era obvio, pero quería tener una especie de cierre, quería poder decidir cuándo acabaría y finalizar todo de una forma amistosa. Pero en lugar de eso, mi amistad con Edward se ha desvanecido en el aire. Sumemosle a eso el hecho de que mi hermano se va a poner en un innecesario y gran peligro. Esto es un desastre.
Después de unos minutos boto la colilla de cigarrillo en el retrete, limpio mis lágrimas y salgo del cubículo. Me miro al espejo y solo puedo ver unos ojos sin vida: perfecto.
Cuando llego a la celda, Alice y April me están observando fijamente. Pero no con la cara de lástima que yo esperaba, al contrario, parecen muertas de alegría.
—Ahora más que nunca es el momento perfecto para planear una fiesta —dice Alice con una sonrisa que me asusta.
Camila.
