Gracias por todos los comentarios que habéis dejado, a pesar de que estuve desaparecida bastante tiempo. Gracias de verdad.

Aclaraciones respecto al capi anterior: No sé si me he liado yo, pero he entendido cosas como que Emma se había liado con Belle y con Ruby. Y no, de eso nada. Aquí cada oveja con su pareja ;)

No os quejaréis de rapidez ¿eh? (he tardado poquito :)) Pero claro, es que me encadenan al ordenador. O si no, papel y boli. Esta gente...

Bueno, ya no me enrollo más.

Espero que os guste y mil gracias.

Abril

Parte 3. Eres parte de mí.

-¿Te he dado ya las gracias?- le preguntó la voz que había al otro lado de la línea. Sonrió, porque, en realidad, Emma llevaba horas agradeciéndole el hecho de que fuese a darle clases a Belle.

-Estás un poco pesadita...- Miró el reloj, faltaban 15 minutos para que llegara su nueva "alumna".

-Ya, pero sabes que Belle es importante para mí. Además...- la rubia se quedó callada y eso le extrañó.

-Además, ¿qué?- la instó a seguir.

-Pues que tú eres algo que llevo ocultando a mi entorno durante varios meses y así...me siento mejor. Me alivia saber que ella puede, en parte, introducirse en nuestro pequeño mundo. No sé si me entiendes...

-Claro que sí.- Era consciente de que para Emma tenía que ser duro partirse en dos constantemente

-¿Te vas a portar bien?- Ese tono de cachorrillo le hizo sonreír más ampliamente.

-Sí...no voy a hacer que huya despavorida, tranquila.- Sabía que Belle estaría asustada en su presencia, pero más miedo tenía ella. El primer contacto que iba a tener con el universo de Emma Swan, iba a ser a través de esa chica ¿y si ésta la juzgaba? Porque era bastante difícil de entender que la rubia y ella fuesen amigas dada la diferencia de edad existente. Y bueno...porque sólo conocía el asunto "amistad", porque si no...

-Es un cielo, ya verás.

-Emma...¿estás segura que no ve raro lo de nuestra "amistad"?- remarcó con distinto tono la última palabra.

-No...he hablado con ella esta mañana y le he contado cosas de ti. No te preocupes, sé amable y verás como todo va bien...

-Está bien- suspiró a la misma vez que sonaba el timbre- Ya está aquí, te dejo.

-Sé buena, cosi.

-Hasta luego, pequeña.- Dejó el teléfono sobre la repisa de la entrada y se miró al espejo. Se compuso el ajustado vestido negro que llevaba. Cuando abrió, una tímida Belle sonreía desde el otro lado del umbral.- Buenas tardes, Belle.

-Hola, Regina- La morena se apartó para dejar pasar a la joven la cual parecía estar ligeramente temblorosa.

-¿Quieres tomar algo?- preguntó a la vez que le señalaba a la castaña una silla de la mesa del salón en la cual podía tomar asiento.

-No, gracias.- Sonrió interiormente, es que la chica ni la miraba. Se sentó al lado de su "alumna".

-Tengo curiosidad...¿si estás estudiando Derecho, para qué quieres el alemán?- Cogió uno de los libros que Belle había dejado sobre la mesa y comenzó a hojearlo. Era muy básico.

-Porque me quiero especializar en Derecho Internacional.- Dedicó unos minutos a mirar los cuadernos y apuntes de la joven. Mientras ésta paseaba la vista por la habitación. Al parecer algo había llamado su atención; una foto de Daniella.

-Mi mujer- Belle la miró cohibida por haber sido pillada "in fraganti".

-¿Cómo?

-Es mi mujer, la de la foto. Murió...

-Lo...lo siento- la chica volvió a mirar hacia otro lado, aunque percibió ternura en sus ojos cuando volvió a encontrarse con ellos.

Lo cierto es que por muy asustada que le pareciese, ella lo estaba mil veces más. Sí, parecía una criatura inocente pero puede que tuviese el poder suficiente para que Emma se alejase de ella, además ¿no estaría pensando que qué leches hacía una "vieja" siendo amiga de la rubia?

-¿No te lo ha contado Emma?

-No me ha dicho muchas cosas...

-¿Empezamos?- Belle asintió, pero el móvil le pitó indicándole que tenía un mensaje nuevo.

-Perdona- tras echar una mirada al teléfono, sonrió- Es Emma.- Al segundo la pantalla del suyo se iluminó. Ella también tenía un mensaje de la rubia.

Emma S: ¿Qué tal vais?

R Mills: Bien, pero creo que si no se relaja se va a contracturar.

Emma S: La pobre...¿y tú?

R Mills: Yo bien. Te he dicho que no seas pesadita.

Emma S: Buuu...Nadie me quiere.

R Mills: Adiós.

-Tienes una amiga que es una pesadilla- Le dijo a Belle la cual sonrió ante su comentario.

-Está preocupada...

-Lo sé. ¿Os conocéis desde hace mucho?- Apoyó la cabeza sobre la mano y observó a la joven , la cual pareció relajarse al comenzar a hablar de Emma. Era normal, porque eran su punto en común.

-Sí, vosotras desde enero ¿no?- Podría recordar el motivo que las llevó a entablar relación, su malsonante email, pero no quería hacerla sentir mal.

-Sí, pero nos conocimos cuando empezó a ir a rehabilitación.

-¿A que la has llevado tú?

-Normalmente sí- frunció el ceño por la pregunta. - Pero desde que le han espaciado las citas va sola. ¿Por qué?

-Porque es muy bestia y ya decía yo que algo raro pasaba para que fuese todos los días sin rechistar. Aunque se pilló un cabreo con lo del cambio de fisio, que juró que o le quitaban al chico ese y le ponían a una chica o no iba más- ¿Cómo? ¿Emma había pedido que Graham no la tratase? Se le escapó una sonrisa perversa, porque ahí estaba Belle; una inocente niña de ojos azules y rasgos angelicales, que apuntaba maneras de ser una gran fuente de sinceridad. ¡A la mierda el alemán! Al menos por esa tarde.

-Belle, tengo un par de cajas de cervezas de importación , que por lo visto están deliciosas. ¿Quieres una?

-¿Y las clases?

-Tranquila, confía en mí que no vas a suspender, aunque sea te doy lecciones intensivas.- La joven se encogió de hombros y la siguió hasta la cocina. Allí ella sacó un par de botellines y le entregó uno a su invitada. Observó atentamente a la chica mientras ésta degustaba la bebida.

-¡Madre mía, Regina! Está buenísima.- Sonrió con suficiencia. Después la guió hasta el sofá de la salita.

Una vez allí, se quitó lo zapatos y puso los pies sobre la mesa. Había un diferencia entre Emma y Belle, aunque a esta última apenas la conocía, con la rubia siempre intentaba ser impecablemente perfecta, en cambio, con la castaña estaba más relajada. Quizás porque sus temores se habían desvanecido desde el instante que esa chica comenzó a hablar, Belle French no la iba a juzgar de ningún modo, no era esa clase de persona. Punto para la amiga de Emma.

-¿Qué tal con tu acosadora?- preguntó al percatarse del chupetón que la chica tenía en el cuello.

-¿Ruby?- Belle la miró sorprendida- ¿Lo sabes?

-Emma me ha contado muchas cosas...

-Pues es muy pesada, pero bueno...Odia a Emma con todas sus fuerzas, creo que se piensa que estamos liadas o algo raro, lo cual es una estúpidez. Lo que pasa que a Emms siempre le da por picarla.

-Qué graciosa, Emma¿no?- Unas palabritas por aquí, otras por allá y Belle French hablaría como si nada...Aunque le daba la sensación que es que la chica contaba las cosas porque no le daba la menor importancia a los asuntos.

-Sí...¡Y mira!- se señaló la marca del cuello- El otro día se puso pedo y casi me arranca el trozo. Si Ruby lo hubiese visto se habría vuelto loca.

-¿Emma te hizo un chupetón?- alzó la ceja entre divertida y sorprendida. Belle asintió mientras le pegaba un trago a la cerveza.

-Es que cuando se bebe unas copas de más...No sé si la has visto.

-No he tenido el placer, no.

-Bueno, es que últimamente se controla bastante desde que casi morimos por un brownie de chocolate con algo más de sustancia.- Mira de lo que se estaba enterando. Su ángel rubio, de ángel tenía poquito.

-¿Sustancia?- Creía saber a lo que se refería, pero por si acaso.

-Sí...era de"""chocolate"""- Belle hizo multitud de comillas aéreas.

-¿Y qué os pasó?

-Que Emma se hizo la lista con eso de que es médico. "Yo controlo de dosis, yo controlo..." dijo y lo único que sé es que nos despertamos al día siguiente en su coche, recordando poca cosa. Un asco. Una y no más.- Esas perlitas no se las había contado Emma, la cual siempre parecía responsable y madura. No era así, no...

Pasaron la siguiente hora charlando. Ella le contó a Belle un poco de su historia; los sitios en los que había vivido, alguna cosa de Daniella...y la joven la había adentrado completamente en el mundo de Emma, tanto que llegó a dudar de si la Emma que había conocido era la misma que la que conocía Belle.

Respecto a la rubia estaba un poco perdida ahora mismo, pero , desde luego, la castaña no daría ningún problema. Era un encanto de niña, no demasiado brillante pero estaba segura de que ambas se habían caído bien.

-Por cierto...voy a enseñarte una cosa, creo que te va a gustar.

-¿El qué?- los ojos azules la miraron expectantes.

-Sígueme- dejó su botellín en la mesa y sin ponerse de nuevo los zapatos, subió las escaleras hasta su cuarto. Una vez allí, miró a Belle con una sonrisa y le abrió de par en par las puertas del vestidor.

-¿Todo esto es tuyo?-le preguntó la chica señalando las decenas de pares de zapatos que allí tenía.

-Ajá.

-Mataría por ellos. - Le hizo gracia ver como Belle observaba embelesada su calzado. Le hizo gracia verla tan entusiasmada por algo a lo que ella le daba tan poca importancia.

El timbre de la puerta sonó.

-Voy a abrir, cotillea lo que quieras.

-¿Puedo probármelos?-Asintió ante la cara de corderito de la castaña.

Bajó deprisa las escaleras, estaba segura de que era Emma. Efectivamente, allí estaba con sus vaqueros, su chaqueta de cuero y sus gafas de sol, apoyada en una de las columnas del porche.

-Cosi...-le dejó un rápido beso en la mejilla y pasó mirando hacia todos lados- ¿Te has comido a Belle?- preguntó divertida.

-No, pero tengo miedo de que me robe medio armario- La rubia sonrió y le pasó el brazo por los hombros. Después la besó en la cabeza. Se

sonrojó ligeramente ante tal gesto de la chica.

-Eres un peluche. Pero...¿qué haces sin zapatos? ¿Qué clases habéis dado vosotras?- señaló los botes de cerveza vacíos que había dejado sobre la encimera de la cocina.

-Hola, Emms- una sonriente Belle, venía dando saltitos- Regina, que sepas que me he enamorado de tus zapatos y bolsos- No pudo evitar reírse ante el tono utilizado por la castaña.

-Bellusqui, no habrás robado ¿verdad?- Emma y sus ocurrencias...

-Qué pava eres, tía. Bueno, me tengo que ir.- Asintió y la acompañó hasta la puerta.-Gracias, Regina. Lo he pasado muy bien.

-Yo también , pero nos tenemos que poner las pilas. Mañana te llamo y concretamos horarios. -La chica le dedicó una sonrisa y después anduvo hacia su coche, un mini azul el cual estaba aparcado justo enfrente de la entrada al jardín delantero.

Cuando la vio marcharse, volvió adentro y cerró la puerta tras de sí. Se encontró a Emma en la cocina, sentada con una pose chulesca en uno de los taburetes y sorbiendo un zumo de piña que debía de haberse servido.

-¿Qué se supone que haces mirándome con esa cara?- Alzó la ceja ante la ceja levantada de la rubia.

-Estoy intentando imitarte. Hola, soy Regina Mills y acojono a Bellusquis inocentes- Se rió mientras la rubia intentaba simular su voz.

-Eres una payasa.

-Ya, pero te hago gracia- Así era, así era...-Bueno, ¿qué tal?

-No hemos hecho mucho, pero creo que por lo menos se le ha quitado el miedo.-Se sentó al lado de ella en otro taburete.

-¿Y a ti?¿Te sigue dando miedo la santa de Belle?

-No, llevabas razón...

-Te lo dije- se besó los biceps, era un gesto característico de Emma para anunciar que había ganado cualquier batalla.-Y...¡levanta el culo!Ponte otra ropa y unos zapatos que nos vamos.

-¿ A dónde?

-Es una sorpresa- No le gustaban las sorpresas y mira que se lo repetía , pero nada, que ni caso.

Fue al salón se puso los tacones, cogió una americana y el bolso. Después volvió a la cocina.

-¡Lista!

-¿Vas a ir así?- Emma alzó la ceja mirándola de arriba a abajo. Le parecía tan mona cuando ponía ciertas caras, ésta era una de ellas.- Cosi, creo que deberías cambiarte.

-¿Por qué?- Ella siempre solía ir así, con vestido, zapatos altos...¿Qué problema había ahora?

-Hazme caso.

-Emma, no me apetece. O me quedo así o no voy a ningún lado.

-Está bien , pero no digas que no te lo advertí.- La rubia comenzó a andar hacia la entrada- ¡Ah!- se volvió- Vamos en mi coche y no te pongas a refunfuñar por ello.

-¿Te estás volviendo un poquito mandona o me lo parece a mí, señorita Swan?- Sonrió de medio lado mientras preguntaba.

-Sube y calla.


Le había dicho que no refunfuñara pero bueno...si es que era Regina, llevaba 20 minutos quejándose de su manera de conducir ;que si aquel semáforo, que si aquella señal...

Cuando llegaron al lugar indicado, ella sacó las cosas que llevaba en el maletero y le pidió a la morena que la siguiese. Estaban en un precioso parque de la ciudad, el cual además de tener multitud de zonas de cesped, contaba con un estanque con barcas. Había ido a pasear, pero nunca había subido a las embarcaciones, así que le pareció un buen plan; picnic y paseo en barca.

Extendió el mantel y fue colocando los platos que había cocinado encima.

-¿Un picnic?- le preguntó Regina mientras observaba como servía la bebida.

-¿No te gusta?- Pues a lo mejor no le gustaba y había metido la pata.

-Me encanta.-sonrió.

-Toma asiento- ésta obedeció y se colocó en una postura un poco complicada. Pero es que claro como se había empeñado en el vestido y los tacones...-Espero que comas porque llevo todo el día cocinando.

-¿Cuál es el menú, chef Swan?

-Paté con frambuesas, galletas, tartaletas de frutas y quesos. De beber tenemos limonada.

-Eres tan adorable que me cuesta creer que tengas una faceta de muerde cuellos.

¿Cómo sabía Regina eso? ¡Belle! ¿Qué leches le había contado esa estúpida?

-Es una tontería que le hice a Belle, ¿te molesta?

-En absoluto, sólo me sorprende.

-¿Habéis estado todo el rato hablando sobre mí?- Le daba la sensación de que así era, seguro que Regina no había desaprovechado la oportunidad de conocer mejor su entorno.

-No, me ha contado cosas de su familia y de un tal Will.

-Está obsesionada con él, se le acabará pasando algún día...O eso espero, por su bien...

Merendaron mientras seguían comentando la tarde que la morena había pasado con Belle. Desde luego, ella se sentía mucho más tranquila. Había juntado a Regina con su mejor amiga y todo había ido bien. Además, parecía que se habían caído genial, así que ya no tenía que estar las 24 horas del día mintiéndole a Belle. Bueno, a ver, sincera del todo no podía ser, pero a medias.

-Me gusta - dijo de repente, Regina, sin venir a cuento.

-¿El qué?-No sabía exactamente a qué se refería.

-Ver tu mundo a través de otros ojos, descubrir a las Emmas a las que yo no tengo alcance...Me siento más parte de ti.-Si es que joder, cómo demonios no se iba a quedar anonadada con ella si le decía esas cosas.

-Eres parte de mí. Ya hace mucho que lo eres...- Así lo sentía.

-Nunca creí que me iba a pasar esto.- La interrogó con la mirada para que le aclarase la afirmación-Nadie puede ser tan afortunada como para encontrar el amor verdadero dos veces en la vida. -No sabía que contestar a eso, sólo se puso como un tomate y sonrió tímidamente.

Cuando acabaron de comer, recogieron y agarró de la mano a Regina para llevarla hacia el embarcadero.

-He alquilado una barca- le explicó mientras dejaba en el suelo la cesta del picnic, para buscar en sus bolsillos el papel que acreditaba lo que había dicho.

-Hace años que no monto en una.-Bien, había acertado. Cuando entregó el papel en la taquilla, el barquero le acercó la barca que les correspondía. Fue directa a subirse ella primero pero Regina la apartó.

-Primero yo, no vaya a ser que te caigas- Claro, es que esta mujer no sabía que llevaba haciendo remo desde que tenía 10 años, pero bueno...no iba a discutir, que subiese ella delante. Aunque con ese atuendo...

Regina rechazó la ayuda del barquero y saltó a la madera de la barca. Un tacón se torció al caer y faltó un pelo para que se cayese de cabeza al agua. Intentó no reírse, pero se le escapó. Tuvo que callarse cuando la morena la fulminó con la mirada. Si es que era terca como una mula, le había dicho que se cambiase y nada , y ahora se empeñaba en hacer las cosas a lo bestia...Lo peor es que se había cabreado,se le notaba, porque no sólo ella se había reído sino todos lo que estaban allí para alquilar otras embarcaciones.

Se unió rápidamente a Regina porque no quería que ésta en un ataque de furia se pusiese a lanzar improperios. Una vez sentada intentó coger los remos, pero sin decir palabra la morena se los arrancó de las manos.

-Remo yo- Pensó en contestarle, pero lo dejó. Más que nada porque era súper gracioso verla intentar remar en condiciones, con un vestido tan ceñido que apenas la dejaba moverse. Sólo daban vueltas en el mismo sitio.

-Señora, intente salir de aquí que si no atasca al resto- dijo el chico que había en el embarcadero, sin saber que se estaba jugando la vida.

Tras cinco minutos en los que Regina había sido incapaz de que avanzaran dos metros y en los cuales un par de patos habían sufrido de varios remazos, ella se ofreció a coger las riendas de la situación.

-¿Puedo?- preguntó agarrándole la mano por encima del remo a Regina.

-Quiero hacerlo yo.

-Pero cosi, no sabes...

-Enséñame.- Seguía refunfuñada, así que le hizo caso. Se movió con cuidado hasta sentarse con las piernas abiertas detrás de Regina, luego puso sus manos sobre las de la morena y la guió.

-Es fácil...-Notó como la mujer se estremecía al sentir su aliento tan cerca de su oído, y es que estaban completamente pegadas. Por unos instantes se acordó del sueño y negó interiormente. No, esta postura no era beneficiosa para ninguna de las dos.- Cosi, déjame que ya lo hago yo- Curiosamente, ésta obedeció sin rechistar. La cercanía también debía de haberla afectado.

Se mantuvieron en silencio mientras daban una vuelta por el lago. Regina se echó hacia atrás y cerró los ojos, disfrutando de los últimos rayos de sol del día. Después del pequeño ataque de furia que había tenido, le gustaba verla tan serena.

-Cosi- dijo soltando los remos.

-Dime- La morena la deslumbró con una sonrisa dulce como el azúcar. La verdad, es que tenía una capacidad enorme de cambiar de humor en apenas unos instantes, Regina era muy variable en lo que al carácter se refería.

-Te he traído una sorpresa- Alargó el brazo y sacó de la cesta del picnic un paquete envuelto.

-¿Más?

-Toma.

-Emma, sabes que no quiero que te gastes dinero en mí. Te lo he dicho muchas veces.

-Ya, pero quería hacerlo.- Observó las reacciones de la morena, cuando tras romper el papel de regalo sacó una cámara de fotos de última generación. Regina le había comentado que le encantaba la fotografía pero que hacía años que no sacaba ni una foto.

-Esto te ha tenido que costar una barbaridad.

-Buah, unos ahorrillos que tenía- Pero sí, le había costado un riñón, pero merecía la pena por verla así, como un niño con un juguete nuevo.-Mira el paquete que hay otra cosa. Regina le hizo caso y extrajo un álbum de fotos de color blanco.- Cada página es un sentimiento- explicó- Y debes rellenarlo con una foto que te provoque tal cosa.

-Sonríe.- La morena se colocó detrás de la cámara dispuesta a fotografiarla.

-¿Ya?- Regina asintió. Hizo caso y posó lo mejor que pudo. Cuando la morena miró la foto que había sacado, sonrió ampliamente.

-Belleza- susurró observando la pantalla del aparato.

-¿Cómo?

-Hay algo que nunca te he dicho, Emma- Se le encogió el estómago al percatarse de la intensidad que desprendían los ojos negros.

-¿El qué?- No estuvo segura de haber dicho algo en realidad, estaba demasiado embelesada por el gesto de Regina, por la manera en que la miraba , por la devoción que por ella emanaba...

-Te quiero.- Se le humedecieron los ojos, al escucharlo así, tan de repente y siendo todo tan perfecto.

-Te amo, Regina- La morena le regaló tras su afirmación la sonrisa más bonita que había visto en su vida. Y sí, le había dicho que la amaba, pero es que era la verdad. Estaba enamorada de Regina, sólo que no era tan valiente como para ponerse el mundo por montera. Ella no era así...


¿Qué le estaba pasando? Es que desde hacía un tiempo su vida de había convertido en una locura. Siempre se quejaba de que nunca le ocurría nada interesante, pero daría lo que fuese por volver a eso. Y ahora todo lo que podía hacer era esconder la cabeza debajo de la almohada, reprochándose lo estúpida que podía llegar a ser.

Y es que aparentemente el día había comenzado bien...

Había quedado con Ruby tras salir de casa de Regina , no tenía nada más que hacer y ésta, como siempre, se había puesto muy pesada. Habían quedado en casa de la camarera puesto que su abuela estaba trabajando, así que podrían estar solas.

Ella se había pasado media hora hablándole de lo genial que era Regina, que tenía otra idea pero que le parecía alguien súper interesante. Hasta que la estúpida de la otra chica se había puesto celosa de Regina ¡de Regina!¡Por Dios! Tanto que le había tenido que explicar la cosa esa de que le sacaba mil años, así que habían empezado a discutir. Y la discusión aumentó de nivel cuando salió el asunto del chupetón de Emma.

Sollozó de nuevo al recordar lo que había pasado; se habían comenzado a liar tras la discusión y , por primera vez, ella estaba dispuesta a tocar a Ruby a fondo, hasta que ésta le había soltado la bomba. "Soy virgen".

¡Mierda! Si es que ¿cómo coño había acabado metida en una historia con alguien que ni le gustaba y que encima era virgen? Es que probablemente hubiese quien no le diera importancia a ese hecho, pero es que ella sí. Porque no sentía lo que se supone que debería sentir por Ruby como para hacer eso.

Así que se había puesto a llorar y había intentado dejar a la camarera, hasta que ésta la había acusado de sólo estar utilizándola y la situación había ido decayendo. Hasta tal punto que habían llegado a insultarse.

Y aunque Ruby se había disculpado, incluso la había consolado a ella, diciéndole que no pasaba nada por no sentir nada por ella. Había comprendido algo; la historia con la camarera se prolongaba porque ella le tenía miedo ¿Y si le decía a alguien lo que había pasado entre ellas? Era algo que no soportaría.

Por eso seguía adelante con algo que no tenía sentido, porque cuando se enrollaban estaba bien, pero ya...fuera de eso no tenían nada más.

Sólo temía lo que la chica pudiese contar o pudiese hacer, porque constantemente se sentía vigilada, incluso acosada.

Sí, Ruby la ayudaba a no estar tan sola. Pero es que las exigencias no compensaban. Y no sabía que hacer, no sabía cómo escapar de aquello.

Vale, que no toda la culpa era de Ruby. Que ella había iniciado todo aquel embrollo porque se sentía excitadísima ante cualquier contacto de la camarera, pero ella quería algo sin ataduras y la otra le pedía demasiadas. Tantas, que se asustaba. Cuanto más miedo tenía, más se liaba el asunto. Es que ¿y si la dejaba y se lo contaba a todo el mundo?

Vaya tela...en menuda se había metido. Era una jodida inconsciente.


-¿Quieres quedarte a cenar?- le preguntó Regina, cuando ella aparcó el escaparate frente a la mansión de la morena.

-No puedo...mañana tengo que madrugar muchísimo.

-Ya. Bueno, no importa, pero yo también tengo algo para ti. Espera un momento mientras voy a por ello- Asintió y se quedó observando como Regina corría y se metía en la casa. Había sido una tarde perfecta, totalmente. Además, a la mujer le había encantado la cámara y ya le había hecho un book.-Toma- dijo una fatigada Regina metiéndose de nuevo en el escarabajo.

Le entregó una caja negra de terciopelo, parecía que era un anillo. Se asustó un poco, eso podría ser demasiado. Pero no, estaba equivocada...dentro había una llave. Miró confundida a la mujer.

-La llave de mi casa- le aclaró- Quiero que la tengas, así si alguna vez quieres venir y yo no estoy, puedes pasar tranquilamente.

-Gracias- Se acercó y le dejó un beso en la mejilla a Regina.

-Gracias a ti por esta tarde, pequeña- La morena le pellizcó la nariz y ella sonrió.- Hasta mañana- Le depositó un beso en la frente y salió del coche. Se asomó por la puerta. -Por cierto, Emma...

-¿Sí?- preguntó a la vez que arrancaba.

-Yo también te amo.- Se sonrieron y después se despidieron con la mano.

Había sentido que todo era perfecto, simplemente perfecto si no fuese por...en fin, había sido perfecto.


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