¡Buenas! Tras casi un mes de espera, aquí vuelvo con el capítulo 14 ^^ ¡Espero que os guste!
CAPÍTULO 14. La Bella y la Bestia
[Narrador: Rika]
- Eres tú, ¿verdad? – le preguntó Ryo, apoyándose en mí para mantenerse en pie.
Yo no entendía nada de aquello, y me quedé mirándole desconcertada.
Andromon asintió con la cabeza, produciéndose un chirrido metálico al moverse y rozarse las piezas robóticas de su cuello.
- ¿Le conoces? – le pregunté confusa.
- Sí. – me contestó él – Y tú también, aunque no tanto. – al ver que seguía sin tener ni idea de qué iba el tema, se decidió por fin a explicármelo – Es Clockmon. – dijo, señalando a Andromon – Y el Guardromon con el que he estado peleando…
- ¿… Haguramon? ¿El mismo de la otra vez? ¡Imposible, si te adoraba! – le dije, pronunciando sin querer esa última palabra con retintín; él puso los ojos en blanco – Bueno, vale, perdona. Pero es que… en serio, no… ¡no tiene sentido!
- Sé que era él. – me respondió tajantemente – ¿Por qué habéis hecho esto? – preguntó dirigiéndose a Andromon.
- Él nos lo pidió. Debemos servir al Nuevo Dios. – respondió el digimon con su voz mecánica e impersonal.
- ¿Qué gilipollez es esa? – le espetó Ryo, que empezaba a hartarse de todo aquello.
- ¡No te atrevas a blasfemar contra el Dios! – contestó Andromon, cargado de ira – Él ha llegado a este mundo para protegernos de vosotros, los humanos, ahora que nuestros Antiguos Dioses nos han abandonado.
- ¿De nosotros? ¡¿PERDONA?
- Los humanos pensáis que podéis destruir nuestro mundo y a nosotros del mismo modo que nos creasteis; sin ninguna consecuencia. Llevamos demasiado tiempo sufriendo vuestros abusos, sufriendo el caos en que nos habéis sumergido con vuestra inmoral e ilimitada ansia de conocimientos. Pero ahora somos fuertes – dijo, mirando su enorme mano de acero y cerrando el puño con fuerza –, y tendremos nuestra venganza. Ojo por ojo.
- Vale, está claro que os han comido el coco.
- ¡BASTA! – exclamó furioso, al tiempo que a una velocidad vertiginosa colocaba las afiladas puntas de sus dedos frente a la garganta de Ryo, frenando el golpe en el último momento; justo antes de destrozarle el cuello.
Mi cuerpo reaccionó a aquello agazapándose, cerrando los ojos y quedando prácticamente petrificado durante unos instantes; sin embargo, Ryo no reaccionó en absoluto. Se quedó inmóvil, mirando fijamente a Andromon sin pestañear, y sin mostrar la más mínima manifestación de miedo. Tan sólo cuando en el rostro del digimon se dibujó una extraña expresión de estupefacción, él cambió la seriedad de su semblante por una sonrisa retorcida, que no hizo sino aumentar la sensación de ridículo que invadía al androide. A pesar de lo impresionada que estaba, no tenía muy claro que cabrear a aquel digimon fuera a ser una buena idea.
Andromon volvió a su posición original, recuperando altura frente a nosotros. Creo que se deleitaba observándonos desde arriba, pensando en lo fácil que sería aplastarnos en cualquier momento. Aquello le hacía sentirse superior; un retorcido placer al que anteriormente no había estado muy acostumbrado.
- Sólo os lo explicaré una vez. Quizá si llegáis a entenderlo, comprendáis el error que habéis cometido, y os disculpéis ante el Dios. Y si vuestras disculpas son sinceras, os prometo una muerte mucho más rápida y limpia.
- Lo cual es una perspectiva mucho más agradable… – murmuró Ryo, al tiempo que yo le daba un codazo para que se callara. Si seguía así, no estaba muy segura de que fuéramos a conservar la vida al menos durante lo que el digimon tardara en contarnos lo que fuera que tuviera tantas ganas de contarnos; no sabía qué mosca le había picado, pero tenía que hacerle comprender que lo que necesitábamos era ganar tiempo. De la forma que fuese.
Andromon nos miró con desprecio durante unos segundos, antes de continuar:
- Nosotros, los Clockmon y Haguramon que vivimos en el Área de los Relojes, siempre hemos sido un pueblo pacífico y tranquilo, que sólo deseaba poder llevar una vida humilde y apacible. Por desgracia, desde el principio de los tiempos, fuimos maldecidos con la presencia de Megadramon en nuestras tierras, un maldito digimon que aparece para acabar con cualquiera que ose perturbar su sueño al poner en marcha el reloj. "Si los engranajes se detienen, ya no reinará la paz". – recitó de memoria, como una premisa universal – Estamos condenados a velar por que los cientos de engranajes que siembran este lugar estén continuamente en movimiento: si no, nos arriesgamos a despertar a la bestia. Tal y como ocurrió cuando tú, sin conocimiento alguno, pusiste tus torpes manos sobre nuestro reloj hace algunos años, estúpida humana. – añadió dirigiéndose hacia mí con desdén.
Noté cómo Ryo cerraba el puño con fuerza e intentaba levantarlo contra él, pero le agarré el brazo como pude con ambas manos para evitar que cometiese una estupidez. Al final, él relajó el puño y suspiró para calmarse, y con una voz tranquila y pausada (aunque también un poco artificial) le dijo al digimon:
- Bueno, pero fui yo quien lo arregló, ¿no? También un humano. Y por lo que vi hace un rato, el parche os ha servido hasta ahora. ¿Por qué demonios iba a haberos ayudado si estuviésemos planeando acabar con vosotros? Lo mires por donde lo mires, es ridículo.
- Cállate. – le ordenó Andromon con firmeza – Mucho tiempo ha transcurrido desde entonces, Ryo Akiyama, y que en aquel momento nos ayudases no hace sino más real la traición a la que nos hemos visto sometidos por vuestra repugnante especie.
El digimon hizo un pequeño alto antes de continuar, aparentemente para controlar la rabia contenida antes de seguir hablando.
- Desde tiempos inmemoriales, nos hemos visto obligados a enfrentarnos día tras día al miedo, a la angustia, a la tortura de saber que tan sólo unas diminutas manecillas nos separaban de la masacre de Megadramon. ¡Hemos tenido que aguantar durante cada segundo de nuestras vidas ese endemoniado sonido…! – exclamó, refiriéndose al inalterable tic-tac que taladraba nuestros oídos desde el interior – ¡Muchos de nosotros se volvieron locos por su culpa! ¿Creéis que de por sí es insoportable? Pues probad a pensar también en lo que significa: ese sonido nos recuerda continuamente lo vulnerables que somos, y lo atrapados que estamos. ¿Realmente creéis que podéis juzgarnos?
Una lágrima brotó silenciosamente del ojo humano de Andromon, quien se apresuró a deshacerse de ella cuanto antes.
- Y por si esto fuera poco… – continuó el digimon – Tuvisteis que empeorarlo. El mundo digital ha perdido toda su estabilidad. Antes, al menos, sabíamos cuándo nos invadiría la noche y cuándo llegaría el preciado amanecer; ahora, las noches pueden llegar a durar tres días… tres días que parecen una eternidad en la oscuridad. Antes, teníamos la seguridad de que mientras hiciésemos que estos engranajes siguieran moviéndose estaríamos a salvo; ahora, se detienen sin previo aviso. Sin que el reloj vuelva a funcionar. Y todo por vuestra culpa…
Noté que Ryo iba a hablar para decirle de quién era en realidad la culpa de todo aquello, pero le di un tirón de la manga antes de que metiera la pata; tiempo, necesitábamos tiempo…
- Poco después, nuestros Antiguos Dioses desaparecieron, abandonándonos al caos en que se había convertido nuestro amado mundo. Y ahora sabemos de parte de quién estaban. – añadió, señalando con la mirada la espada que Ryo aún sostenía en la mano izquierda, aquella con la que no se estaba apoyando en mí – Estábamos solos y, por qué negarlo, aterrorizados, cuando el Nuevo Dios llegó para salvar al mundo digital, y tuvimos el honor de que nos hablara a través de su mensajero e intermediario: Chatsuramon.
- ¡¿Qué? – exclamé yo esta vez, sin poder contenerme. No tuve más remedio que suponer que aquello había sido antes de que me lo cargara cuando él y sus amiguitos decidieron hacerles compañía a nuestros digimon en su trayecto hacia el mundo real…
- ¡No me interrumpas! – gritó Andromon con su voz metálica – El noble Chatsuramon vino a nosotros y nos ofreció algo con lo que jamás hubiéramos podido soñar: tan sólo a cambio de la promesa de fidelidad a nuestro Nuevo Dios, nos concedió el don la evolución. Jamás conseguiremos llegar a expresarle nuestra infinita gratitud al Dios; le serviremos para siempre.
- Sí, ¿eh? – le cortó Ryo, incapaz de seguir escuchando aquello un segundo más – Pues déjame decirte, imbécil, que las noches eternas, los engranajes que se detienen solos, y demás estupideces con las que hayan conseguido asustaros, son obra única y exclusivamente de vuestro queridísimo "Dios". Nosotros, los humanos – continuó, imitando su rebuscada y pedante forma de hablar – no tenemos intención alguna de adjudicarnos sus gloriosos méritos, gracias.
- ¡¿CÓMO te atreves?
- Es cierto. – añadí con aplomo a sus palabras – ¿"D-Reaper" os suena de algo? – el digimon se quedó mirándome con lo que interpreté como una mueca confusa – Es él quien pretende destruir vuestro mundo. Y también el nuestro. Os ha engañado, os ha utilizado, y lo peor de todo es que aún le guardáis lealtad, ¿no es cierto?
- ¡Él es el único que ha hecho algo por nosotros!
- Él os mintió. Introdujo el miedo en vuestras mentes, os torturó y os hizo caer en la indefensión, al arrebataros la única forma que teníais de controlar mínimamente vuestros destinos. ¡Y ahora os tiene trabajando para él, ¿es que no os dais cuenta?
- ¡HE DICHO QUE TE CALLES!
Andromon se abalanzó sobre nosotros a la vez que cerraba el puño derecho y lo convertía en una especie de taladro que giraba a cientos de miles de revoluciones por minuto. Ryo me empujó para evitar que me diese y levantó la espada sobre su cabeza en posición defensiva, deteniendo con ella el golpe del digimon; sin embargo, la fuerza de este último no podía compararse con la del Guardromon, y mucho menos con la de Ryo: la presión ejercida por el taladro y por el brazo de acero de Andromon le obligó a ir agachándose poco a poco, hasta quedar arrodillado en el suelo junto a mí. Al principio pensaba que lo que causaba todas aquellas chispas era simplemente la tremenda fricción provocada por el choque del taladro contra la katana, pero después me di cuenta de que algunos de aquellos impulsos eléctricos estaban siendo generados por la propia hoja de la espada, y parecían estar afectando al brazo robótico del androide. Por un momento pensé que volvería a ocurrir algún milagro como el de la cueva de Azulongmon, que aún teníamos alguna posibilidad de ganar, pero luego volví a poner los pies sobre la tierra: aquellos insignificantes calambrazos no acabarían con el poder de Andromon. En un último intento desesperado, sujeté con ambas manos la empuñadura de la katana e intenté con todas mis fuerzas ayudarle a resistir, pero fue inútil: sin apenas esfuerzo, Andromon ganó el pulso, y aunque de la fuerza que llevaba perdió el equilibrio y el golpe se desvió, fue suficiente para que con la afilada punta de la broca le hiciera un corte a Ryo en el brazo derecho.
Con el miedo aferrándose a mi cuerpo, examiné aquella herida que él pretendía tapar con la mano, y vi que, aunque no iba a perder el brazo, sí que era lo suficientemente profunda como para no poder sujetar la espada de nuevo. Pensé en cogerla yo, en intentar hacer lo que fuera con ella, aunque no tenía la más mínima idea de cómo usarla; pero antes de que pudiera alargar el brazo para agarrarla, antes incluso de que pudiera grabar aquella voluntad en mi consciencia, la brillante espada desapareció delante de nuestras narices: se deshizo en datos sin dejar rastro.
- Lo siento… – murmuró Ryo apretando los dientes, intentando soportar el dolor.
Al escuchar aquello se me hizo un nudo en la garganta, y, aunque no fuese lo que él pretendía, me invadió un fuerte sentimiento de culpabilidad. ¿Cómo que lo sentía? ¿Qué demonios tenía yo que perdonarle? ¿Cuántas veces debería haber muerto ya si no hubiera sido por él? En cambio yo… Otra vez en deuda.
Me acerqué a él y puse mi mano sobre la que él tenía apretando la herida. Temblaba. No por miedo, sino por la fuerza con la que la oprimía… y por el dolor. Aún así, noté que el contacto con mi mano al menos consiguió serenarle ligeramente. Intenté mirarle a los ojos, pero él me rehuía. Creo que de verdad se sentía avergonzado por no poder hacer más. Y aquello me cabreaba y me entristecía a partes iguales.
Es cierto: yo había estado asustada desde que había empezado la pelea. Me jode profundamente reconocerlo, porque no suelo ser así… al menos, no en este tipo de situaciones. Pero esta vez no podía negarlo. Y creo que la razón de este pánico tan antinatural en mí estaba precisamente en el bloqueo que estaba sufriendo. No podía controlar mi cuerpo, y eso me aterrorizaba… Y el propio miedo hacía que me bloqueara aún más. Sin darme cuenta me había metido en una espiral infinita de la que no sabía cómo escapar.
Pero ver aquella expresión de resignación en su rostro me impulsó a hacer cualquier cosa para hacerla desaparecer. Ni él ni Renamon estaban en condiciones de pelear, y de repente me di cuenta de que ahora dependían de mí. Tan sólo yo podía hacer algo, lo que fuese, para defenderles, para luchar por ellos. Como ellos habían hecho por mí.
Me incliné un poco para ver la pantalla del D-Arc de Ryo. "Tiempo, tiempo, sólo un poco más, por favor…", pensaba con desesperación. Me puse a mirar a mi alrededor, preguntándome qué demonios podía hacer para alargar aquello un poco más, para mantener entretenido a Andromon… Cuando de repente lo vi.
- Hasta aquí habéis llegado. – sentenció el digimon, con un tono serio y grave que pretendía esconder el placer que en realidad hallaba en lo que estaba a punto de hacer.
Se encontraba allí al lado. Podía escuchar su irritante sonido a un volumen exasperante.
Andromon comenzó a levantar lentamente su brazo ejecutor.
Estaba segura de que con un solo salto lo alcanzaría. Como mucho habría un metro de distancia…
La mano-taladro del androide empezó a girar a una velocidad aún mayor. Pronto comenzaron a surgir chispas de ella, las cuales se unieron entre sí y se fundieron en una hoja de energía rotatoria que envolvía toda su mano y la mitad del brazo.
Me preparé mentalmente para hacerlo… Era una locura, y seguramente el remedio fuese peor que la propia enfermedad, pero…
- ¡MORID! – vociferó Andromon, contrayendo sus pupilas en una sádica expresión de demencia.
En el mismo momento en que el digimon nos lanzaba su ataque, salté por encima de Ryo, empujándole con el mismo impulso para evitar que la Spiral Sword le alcanzase, y me colgué de las agujas del reloj de cuco, que estaba a su lado. Tiré de ellas con tal fuerza que no sólo las moví, sino que las arranqué y acabé en el suelo con ellas en la mano.
Sin embargo, y a pesar de mi brutalidad, la idea surtió efecto. Los engranajes frenaron en seco. Una vez más, había despertado a la bestia.
Reviews
Muchas gracias a Blutgang-Gungnir, Ruki Ballack, WaterDragonShinryu y Cristy-chan por sus respectivos comentarios, que ya contesté por privado =)
Cómo dije en el anterior capítulo, mi idea inicial era que este arco tan sólo ocupara el capitulo 13. Después, pasó a ocupar el 13 y el 14, y ahora… ha conquistado el 15 xD La idea se ha extendido más de lo que calculé en un principio, y este es el resultado. Sin embargo, ya no habrá más cambios de este tipo (al menos, no dentro de esta parte xD); y puedo asegurarlo, porque ya tengo terminado el capítulo 15 ^^ que subiré sin falta dentro de una o, como mucho, dos semanas =D
En fin, creo que ya me extendí demasiado xD Hasta pronto! Y muchas gracias por leer y comentar =)
PD.: Reviews, please! =3
