Advertencia: Muertes. Violencia. Capítulo largo...
Gracias a Ros por revisar el capítulo, si encuentran errores es porque yo agregué algo, así que disculpen. Tiene un día de retraso por eventos desafortunados que me pasaron; disculpen.
Capítulo 14: Alterar
En lo alto de las escaleras que llevaban hacia el Lago Negro, brazos cruzados, vestimenta en completo negra que sus sirvientes le enviaron, y capucha custodiando su rostro, Blaise estudiaba inmutable la perspectiva. El Colegio en completo, Magos y Brujas provenientes de diferentes partes del Mundo Mágico, estaban aglomerados en miles de sillas blancas, y en el centro del lago había una mesa de mármol, donde el cuerpo de Albus Dumbledore descansaba bajo la calidez del sol.
No había una persona entre ellos que no estuviera cubierto de negro, rostros abatidos, llenos de lágrimas.
— Hablé con el Jefe Scrimgeour, o más bien, el me acorraló.
Considerando el momento, el lugar y el humor en el aire, cualquiera se sentiría ofendido de interrumpir tal ceremonia con una conversación que no glorificara al fallecido. No en Blaise, quién dio una breve mirada de contemplación a su hermano, luego regresó solícitamente su atención hacia abajo.
Con el nuevo uniforme puesto, Caradoc al parecer no tenía necesidad de pretender una posición imparcial al evento, en la que acompañaba al Ministro, y como su trabajo lo requería, no era necesario presentar la imagen que muchos delegados se forzaban a exteriorizar.
Blaise no apartó su vista de Harry, quien estaba rodeado de sus amigos, Lupin y el resto de los profesores se mantenían más cerca que el resto de los alumnos. Protegiendo, de cierta manera, a los tres Gryffindor de la delegación de oficiales del Ministerio, entre ellos el Ministro de Magia Rufus Scrimgeour. Uno de los Magos que menos quería ver Blaise cerca de su prometido.
Prometido, musitó en su mente y con sus labios, sin levantar la voz. Había algo extremadamente satisfactorio en reclamarse como el prometido de Harry. Y una de las razones por la que estaba irritado, sabiendo esto, era no estar a su lado en ese momento.
No estaba entre ellos, más que nada por no menoscabar un acto que muchos genuinamente lamentaban. Blaise respetaba lo que llegó a personificar Dumbledore, pero eso no significaba que su muerte le afectara de alguna manera. Y su autocontrol tenía un límite muy delicado cuando veía a su Gryffindor llorar.
— No hay información que pueda darte —respondió Blaise, después de un silencio que ambos compartían apaciblemente. Admitía, con una ligereza familiar, haber extrañado momentos en que no tenía que dilucidar los pensamientos de otro.
Caradoc rió brevemente, y Blaise sabía que aún sonreía cuando le habló:
— Nada de eso, Blaise —reprendió, afecto pintando su voz, y Blaise sintió, por sobre la túnica, una mano tan grande como la suya colocarse gentilmente en su nuca—. Al contrario, le he dado suficiente información y comentarios que pueden o no ser algo dramatizados referente a tu pequeño Elegido. Por supuesto, me atrevo a decir que aún te conozco, hermanito, y decirle al Jefe sobre la naturaleza de su relación no es de consecuencias proporcionales, ¿no?
— Cierto... Hablas demasiado —registró Blaise, más por reflejo que por fastidio. No creía que era la culpa lo que permitía tales iniciativas de su hermano. Siempre pensó que su hermano sería el único capaz de tocarle así, y con este pensamiento, con la costumbre sutilmente impartida por su prometido, se permitió decir—: Me consterna saber que extrañaba tus balbuceos.
Caradoc se movió rápidamente para verle a la cara, y aprovechó la mano en su cuello para atraerle y verle mejor a los ojos. Blaise simplemente inclinó su cabeza a un lado, sus ojos marrones brillando en diversión. No sonrió. No, eso pertenecía a solo una persona.
— ¡Tú...! Haz hecho una broma —masculló Caradoc, ojos azules abiertos en asombro y una sonrisa estrechando sus labios—: Oh, por Circe, ¿dime quién te ha enseñado...? ¡No, espera, lo sé! El pequeño Harry Potter.
Era difícilmente una broma, a opinión de Blaise. Pero su hermano siempre hacia un espectáculo de sus reacciones, así que no discutió esto.
— No es tan pequeño —dio Blaise por respuesta, y con una reciente exaltación que reconocía como vergüenza, dijo—: No había agradecido tu ayuda.
— Soy tu hermano —enalteció Caradoc, como diciendo que era obvio. Algo que Blaise irónicamente impartía en Harry últimamente. Caradoc apartó su mano y se movió a su anterior posición, lo que apreció Blaise. Había un límite en donde consideraba cómoda la cercanía de su hermano y que solo a minutos se convertía en algo irritante, especialmente porque no quería que alguien más fuera testigo de esa debilidad. Que al parecer entendió su hermano al solventar su expresión en algo más reservado—: El Ministro tiene trabajando al Primer Escuadrón, investigando la muerte del Director, bajo la convicción de que estaba ocupado en algo importante... Tan importante que no estuvo inicialmente durante el ataque.
— No hay nada que te pueda decir... En especial Harry.
— Por supuesto —reconoció Caradoc, audiblemente comprensivo, aunque Blaise podía detectar su preocupación en la forma que su cuerpo se templaba en alerta—. Hasta donde pude decirle, es suficiente como para convencerlo de no acercarse a Lord Potter. Aunque, como te lo dije, sabe sobre tu relación con él. Está muy curioso de saber cómo llegó a pasar, puede que al terminar la ceremonia se te acerque para hablar.
— No es incumbencia de nadie —espetó Blaise, gruñendo interiormente ante la pretensión del Mago.
— Bien, eso lo sé, y tuve la osadía de decírselo a la cara. Conozco al Jefe desde que entré al Cuartel, así que me he ganado el derecho de decirle al Ministro lo estúpido de su intención. Insinuó fuertemente que la presencia de los Aurores alrededor de Lord Potter podría limar asperezas dejadas por anteriores Administraciones... Incluso me dio a entender, con la reciente misión —se interrumpió, su voz apagándose ante la memoria que ambos compartieron de Elladora, y carraspeando ligeramente, continuó—: Me dio a entender que Lord Potter se beneficiaría con la ayuda del Ministerio. Creo, que el Ministro asume que podrías ser una mala influencia... Tomó toda mi fuerza de voluntad para no romperle la nariz, del modo Muggle.
Blaise gruñó en voz alta al procesar las acusaciones del Ministro, sintiendo la furia bullir dentro de él.
Sería tan fácil lanzar una maldición desde esta altura.
— No tiene argumento al cuestionar algo que no le es pertinente —retrucó en un siseo ácido, cortamente controlando sus feroces instintos de proteger algo que incluso la bestia posesivamente clamaba como suyo—: Si desea contender mi elección sobre Harry tendrá que hacerlo personalmente, Cara'.
Blaise no se giró a verle, pero estaba seguro que sus palabras poseían el suficiente convenio sin necesidad de mostrar su expresión. Era la primera vez que alguien objetaba directamente su relación. Los amigos de su Gryffindor nunca se atrevieron a expresar sobre sus opiniones personales frente a él, aunque fácilmente podía leer su molestia.
— No creo que lo haya indicado de esa forma —comentó Caradoc después de haberse tomado un tiempo de pensarlo—: Lucía más interesado en la imagen que presentaría el Ministerio con la combinación del Chico-Que-Vivió y el Cuartel de Aurores trabajando por el mismo objetivo... Esas no son mis palabras, por cierto. Al igual que muchos pensarán que la Unión entre ustedes es inconveniente.
— Yo no lastimo lo que es mío—resonó Blaise, voz profundizándose en un ronco juramento, levantando su cabeza, intimidante de cierta forma ante las reacciones obtenidas de aquellos que se aventuraban a mirarle en esos momentos.
— Tuyo —musitó Caradoc, contemplativo, y Blaise pudo entender su deleite cuando agregó—: ¿Ha aceptado tu promesa? ¡No me digas! Es obvio.
— No formalmente, aún.
— No es necesaria la formalidad para Prometerse.
Blaise sintió una palmada en su hombro, a lo que él giró su cabeza para captar la expectante mirada azul. Por supuesto que quiere estar ahí cuando pase, se dijo. No suspiró en exasperación porque sus modales no se lo permitían, y porque Harry se estaba moviendo en su dirección.
Se limitó a hacer un gesto con su mano en dirección de su hermano, y bajó las escaleras lo suficientemente rápido para que la breve brisa levantaba su túnica detrás de él pero no lo bastante como para remover su capucha, y comprendió que debía de ser una imagen impresionante, si eso detuvo a su prometido justo en la base de las escaleras. Podía ver los ojos verdes abiertos grandemente, húmedos en lagrimas que aguijonearon su estomago con la conocida necesidad de lastimar a los responsables de hacerle llorar. Sensatamente sabiendo que Dumbledore estaba muerto, y que el resto, si el destino lo hacía cruzarse en su camino, estaban por tener su merecido.
Cuando llegó finalmente a su lado, Harry le sonrió débilmente, los deliciosos labios, rojos por el abuso que inconscientemente habrá impartido con sus dientes.
— No te muerdas los labios —le recordó distraídamente Blaise, ofreciéndole un suave beso, consiente que Harry no se había dado cuenta del estado de sus labios—: ¿Todo está bien?
— Tan bien como se puede esperar —aseguró Harry, presionando sus labios en un segundo beso y solo asintiendo su cabeza ante el breve regaño, carente de la usual timidez, algo que Harry supo aligeró el humor de Blaise. Lo que le hacían preguntarse en primer lugar qué era lo que le había puesto así—: Pronto nos tenemos que ir y- ¡Oh, Auror Dearborn! No le había visto.
Harry intercambio una mirada con su pareja; y se sorprendió de ver la tranquila expresión en Blaise cuando se giró a ver al Auror.
— Gusto en verle de nuevo, Lord Potter —saludó, encogiendo ligeramente sus hombros al mirar sus alrededores. Muchos ya se estaban retirando—: Desearía que nuestros encuentros fueran en escenarios menos... desfavorables.
— Por supuesto —concedió Harry, apretando sus labios para evitar cuestionarle sobre el uso del título.
Sabía cuál era el motivo, Blaise se lo explicó. Algo que no se había usado antes porque su fama eclipsaba las costumbres de los Magos y Brujas, quienes se empecinaban a trasmitir su admiración o su desprecio en cuanto le conocían. Era una tradición que se estaba perdiendo, junto con los pensamientos puristas. Harry hubiera estado indiferente de esto, antes. Ahora, considerando seriamente una vida con Blaise, no se podía permitir estas decisiones tan ligeramente como era su hábito. Era un Lord, y estaba por cumplir la mayoría de edad, algo que resaltaría su estatus con más fuerza.
Y al parecer había más gente que estaba empezando a reconocerle como tal, era de cierta forma incomodo, pero era aún más fácil aceptar el respeto que infligía que la sobresaltada admiración de la que estaba asociado.
— Mis más sinceras condolencias —ofreció el Auror, sacándole de sus pensamientos—. Sé que Dumbledore fue una persona importante para usted.
— Gracias.
Harry apartó la vista cuando dijo esto, entrelazando su mano con la de su pareja. Y sabía que estaba cortante, pero rehusándose a llorar la memoria del Director de nuevo. Apenas se dio cuenta que Blaise se había mantenido quieto, y Harry encontró esto curioso así que levantó la vista. Le descubrió observándole con una expresión cariñosa.
— Desearía hablar más con usted, pero al parecer tengo que irme — habló el Auror, y Harry no le miró, pero asintió lentamente, lo que al parecer no le molestó su falta de atención porque siguió diciendo—: Blaise, el Ministerio no hará más preguntas, me encargaré de eso... Y viendo que tendrá unas semanas ocupadas, ¿puedo visitarte en algún momento en las vacaciones?
Harry esperaba ver la usual irritación en los ojos marrones, sin embargo, la afectiva mirada no cambió cuando Blaise posó su atención en el Auror. El Mago respondió al moverse, colocando intrépidamente una grande mano en el cuello de Blaise.
Harry casi salta para advertirle que era una mala idea. Y para su asombro, el Auror no fue inmediatamente rechazado.
— Notifica a Sebastián antes —fue la suave respuesta de Blaise.
El Auror sonrió radiante y le soltó después de unos segundos. La oleada de celos fue instantánea, que sorprendió a Harry en una súbita frialdad ante lo que veía. Sus sentimientos le decían que soltara la mano de Blaise y se cruzara de brazos para mostrar su desagrado. Pero la razón le decía que se estaba imaginando una tormenta en un vaso de agua.
— ¿Ustedes se conocen?
El Auror le miró con sorpresa, que se trasfirió rápido en algo de tristeza. Harry se hubiera sentido culpable; pero no en ese momento, no cuando el hombre tocó a Blaise y le hablaba con una familiaridad que antes había creído era totalmente suya.
— Caradoc es mi hermano.
Creyó que había escuchado mal, así que le lanzó una mirada confundida a su pareja, pero el que respondió fue el Auror:
— No me sorprende que Blaise no se lo haya comentado —les dijo, removiéndose en su lugar, como queriendo estirar el mismo brazo y repetir su anterior moción, pero Harry ahora le veía, y creía que su aprensiva expresión era suficiente como para detenerle—: No es su culpa. Aunque tampoco es un secreto voluntariamente guardado.
— ¿Qué quiere decir con eso? ¿Otro Juramento? —demandó Harry, más preocupado cuando su creativa mente se imaginaba peligrosos hechizos. ¿No había sido un Juramento el que había mantenido viva la persona que mas atormentó a Blaise?
Estaba más que seguro que iba a maldecir al siguiente que hubiera lanzado un hechizo sobre su pareja.
— No, no. No —enfatizó el Auror, moviendo sus manos como para remarcar aún más sus palabras, Harry las miró con recelo y apretó la suya sobre la de Blaise instintivamente—: Admito es culpa de nuestro padre. La forma que impartía sus peticiones, ordenes tal vez, nos enseñaron a no pelear su palabra. No, es más bien, una costumbre. ¿Blaise le ha explicado el oficio de nuestro padre? —preguntó, mirando a ambos.
— Todo —indicó Blaise, suavemente.
— Pues al parecer no todo —resopló Harry sin poder evitarlo. Interiormente su estomago dio un vuelco ante su instinto de culpa, así que se apresuró a decir—: Estoy seguro que fue por una buena razón... El padre de Blaise fue un Embajador, ¿cierto?
Blaise no necesita que me comporte como un bastardo, se recordó mentalmente. Y respiró más aliviado cuando Blaise inclinó su cabeza en acuerdo, sus ojos marrones le miraban detenidamente.
— Exacto, un Embajador —repitió el Auror Dearborn, tomando en cuenta la incomodidad de Harry, le dio aún más espacio al moverse unos pasos atrás y se cruzó de brazos—. La forma más simple de decirlo es que mi madre estaba por morir y ella quería tener un hijo, o hija. Nuestro padre era un apreciado conocido y benévolamente se ofreció a ser mi padre... Sé que puede sonar arcaico, pero así fueron las cosas. Por lo mismo, mi nacimiento, tomando en cuenta la posición de Embajador, se tenía que mantener en secreto. Se me enseñó a reconocerle como mi padre, sin decirlo en presencia de otros, incluso cuando tenía el nombre de otro, y a Blaise se le enseñó a entender que era su hermano mayor sin poder reconocerlo ante la sociedad. Suena horrible, lo sé, eshorrible, pero para nosotros es normal no reconocer el lazo que nos une enfrente de otros.
A Harry le pareció extraño, inusual. Y como el Auror lo decía, horrible. Era algo que no quería comprender del todo, porque eso significaba estar a un paso de aceptarlo. Así que para lidiar con eso simplemente haría lo posible por respetar las enseñanzas de Blaise, y exteriorizar su descontento en ciertas costumbres sin tener que lastimarle. Porque muchos le podrían decir que Blaise era un Slytherin frío, estoico, indolente, pero nadie conocía la maravillosa persona que Harry se le fue permitido tener, y nadie le iba a decir eso en su cara sin recibir una buena maldición.
Sin pensar mucho, aún distraído en posibles formas de hechizar a futuros agresores, frunció su entrecejo en su muy conocida expresión testaruda y dijo en voz clara:
— De una vez quiero que lo sepas, Blaise, nuestros hijos no van a aprender este tipo de cosas.
Aún estaba vagando en sus violentos pensamientos, así que le tomó un tiempo interpretar las sofocados sonidos del Auror y la tensa figura de Blaise a su costado.
¿Se está riendo de mí? , se preguntó, inclinando su cabeza para interpretar mejor los movimientos de Auror. Y sí; se estaba riendo de él. ¿Ahora era rudo con él?
Pero antes de que pudiera demandarle esto, su cara fue tomada por dos grandes manos oscuras y sus labios fueron atrapados por los de Blaise. Ahogó su jadeo en la adictiva boca de su pareja, colocando una mano en la definida mejilla para ahondar el beso. Ardientes labios que se deslizaban una y otra vez sobre los suyos, acelerando su corazón e incendiando su pecho y vientre en un torbellino de sensaciones. Apenas dejó ir un gemido suave cuando una experta lengua se abrió paso entre sus solícitos labios y conquistó su lengua en un sensual baile, devorando cada rincón de su boca.
— Nunca le dejes ir, Blaise —soslayó el Auror, interrumpiendo la momentánea dicha de Harry, con una gran sonrisa que le consternó, porque contradecía lo que había pesando—. Lord Potter es un extraordinario Mago, sin dudarlo.
Harry, sin ponerle mucha atención, atrapado aún en los efectos que le causó Blaise, usó su mano libre para esconder el instintivo gesto que hizo su lengua al relamer el delicioso sabor que dejó en sus labios.
— Recuerda esas palabras, amor —le susurró Blaise a su oído, deleitado.
Harry tembló visiblemente, aunque no supo a lo que se refería en ese momento, ya que no tuvo tiempo de preguntarle. El Auror- No, el hermanode Blaise se estaba despidiendo y quería intercambiar algunas palabras con él.
Blaise tiene un hermano... Wow.
Horas después, cuando estaba empacando sus cosas, y evitando la, de pronto, insistente atención de Ginny, se distraía recapitulando en la conversación con el Auror.
Entonces, la realización le golpeó como un rayo. Gimió en voz alta en vergüenza y sentía su cara arder. Incrédulo, en parte, de verse inconscientemente admitiendo tal cosa. Si bien siempre deseo una familia, una familia propia ya que nunca conoció a sus padres, tampoco había considerado posibilidades tan sólidas como se lo expresó a Blaise. Frente a su hermano, lo que lo hacía más vergonzoso.
Y ni siquiera sabía lo que implicaba tener un bebé. Cerrando sonoramente su baúl, Harry se quedó estático por un momento, y sintiéndose surrealista, se llevó dos manos a su vientre.
¿De verdad puedo tener un bebé?, permaneció en esa posición por largos minutos, dando vuelta a las palabras de Lady Zabini, ignorando comunalmente la amenaza para tomar con practicidad la nueva asombrosa información que le ofreció sin saber.
O sí supo, se recordó. ¿No dijo que le molestaba que no enseñaran esto en Hogwarts?
Si lo permitía por un segundo, dejando de lado la desagradable experiencia, concordaba con ella en eso. Y solo fue por ese santiamén, porque aprobar las palabras de esa mujer solo le provocaba nauseas. Necesitaba hablar seriamente con Hermione. Era la única que le ayudaría investigar sobre el tema sin hacerle preguntas vergonzosas.
Oh, habrá varias preguntas, lo sabía, pero al menos admitía que podía lidiar con su amiga, que ver a Ron asfixiarse de la risa.
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— A ver, repíteme lo que vas a hacer.
Harry suspiró por indeterminada vez en lo que llevaba del día. Sin apartar la vista de Blaise, quién estaba parado solícitamente frente a él, varios pasos delimitando una considerable distancia (según la apropiada opinión de Harry), y brindaba algo de respecto al tiempo con sus amigos. Harry sonreía ante este pensamiento cuando le repitió a Hermione:
— Necesito regresar a Prive Drive.
— Con los Dursley —acertó Ron, voz plana que contradecía la mueca de desagrado ante la mención.
— Sí, al menos por una semana —aseguró, perdiendo su breve sonrisa y suplicando con sus ojos para aplacar la intensa mirada de su pareja que se iba ensombreciendo—: Al menos una semana en que las barreras me protegerán.
— ¿Y quién te protege de los Dursley?
Harry siseó en molestia, más que nada porque las palabras de Ron solo empeoraban la irritación de Blaise. Era suficientemente difícil considerar estar separado de él por una semana como para que avivé su rencor. No quería dejar esa impresión.
— Solo una semana —repitió, fulminando a su amigo y valorando el apoyo de Hermione cuando ella acalló la protesta de Ron con un golpe en su costado—: Luego podría regresar al Valle de Godric. Algo me dice que tengo que ir ahí —pausó, arrojando una mirada significativa a Blaise, añadiendo para sosegar el ambiente—: Sería bueno visitar la tumba de mis padres... Realmente me gustaría hacer eso.
Sus amigos le miraron con simpatía, y los ojos de Blaise brillaron en compresión. Lo que ayudo a amenguar el desagrado que había creado Ron sin darse cuenta.
— Piensas buscar los Horcrux después —agregó Hermione, atrayendo su vista, y llevándose una mano a su barbilla en contemplación—: ¿Cuántos son lo que faltan?
— Cuatro —dijo Harry, apartando su vista para contemplar la tumba blanca de Dumbledore en medio del lago, y con una renovada intrepidez explicó—: Tengo que encontrar cuatro más y destruirlos. Luego el séptimo en el cuerpo de Voldemort...
— Ya sabes que iremos contigo —apuntó Ron, su cuerpo irguiéndose firmemente.
— No.
— Si él va, nosotros vamos —indicó Hermione con la vista a Blaise.
Blaise se cruzó de brazos cuando ella dijo esto. Y Harry aplaudió mentalmente a su amiga cuando no se amedrentó por la intensa mirada marrón.
— Además tenemos que ir a la boda de Bill y Fleur, ¿acaso has olvidado la escenita que hizo Fleur para ganarse a mamá? Incluso Ginny no pudo alegar nada.
— Ella no hizo una escena —reprochó Hermione, cruzándose de brazos—: Cuando mucho expresó sus sinceros sentimientos de querer a Bill pese a sus heridas. La Señora Weasley entendió esto y me parece grosero de tu parte que hables así de Fleur.
— ¡Hace poco decías que era desagradable! —acusó Ron, reflejando la pose de la chica.
Hermione se sonrojó, pero no bajó la vista.
— Ahora sé mejor.
Sonriendo afectadamente, era la segunda vez que escuchaba sobre la boda, y Harry aún encontraba asombroso saber que este tipo de eventos ocurrían después de la reciente tragedia.
Solo me dice que el mundo no se detiene por nadie, suspiró pesadamente, y captó la mirada de Blaise, quién le hizo un gesto con su cabeza para que se acercara. Algo que le parecía gracioso; saber que Blaise se sentía igual de incomodo al lidiar con sus amigos.
— No irás con esos Muggles.
El cuerpo de Harry se tensó de inmediato, aunque no rechazó el brazo que rodeó su cintura.
— Creo que acabas de escuchar por qué estoy asiendo esto —razonó Harry, apoyando un brazo en su costado, sobre el fuerte brazo en su cintura, para entrelazar sus manos, la otra mano la usó para deslizar un dedo sobre la oscura mejilla—: Es algo que el Director hubiera deseado. Además necesito advertirles, mandarlos lejos. Voldemort no parece considerar el ser discreto ahora.
— Eres demasiado noble —indicó Blaise, inclinando su rostro en un ángulo mejor ante la suave caricia—: Una semana es demasiado.
— No existe tal cosa de ser demasiado noble —sonrió Harry, atrayéndole en un corto beso. Era un poco más bajo que él, pero eso no significaba que se iba a poner de puntillas cada vez que se quisiera consentir en su sabor—: Sé que es una semana se siente como mucho tiempo, pero te aseguro que no lo sentiremos pasar.
— No me mientas —amonestó Blaise, mordiendo ligeramente sus labios, e introduciendo su lengua para devorarle.
Los pensamientos de Harry se detuvieron al instante y se sintió derretir contra el fornido cuerpo de Blaise mientras sus bocas se movían húmedamente entre sí. Sus ojos estaban entreabiertos, expresivos, mientras los completamente abiertos ojos marrones le inundaban apasionadamente a medida que poseía su boca, con una candente destreza que le volvía loco. Estuvo seguro que había pasado mucho tiempo enredados en su propio mundo, porque para cuando se separaron sus amigos se habían ido y solo el cálido viento pasando por las copas de los árboles hacía compañía a sus ajetreadas respiraciones.
Harry rió, su voz clara y cálida, sintiendo el rubor sus mejillas, sin importarle mucho, y arrancando una breve hermosa sonrisa en Blaise.
— Te amo... —aseguró Harry sin aliento, depositando un último beso en su mejilla—. Y no quiero mentirte, trato de verle el lado positivo, será la última vez que les vea.
Blaise se mantuvo en silencio, usando la parte de atrás de su mano para acariciar la suave mejilla, y podía interpretar la maravilla en su expresión ya que Harry se veía muchas veces estudiando el contraste de su piel blanca, casi pálida con la piel oscura. Mientras esperaba su respuesta, disfrutando de su cercanía, el fuerte pecho se expandió y colapsó en un suave, profundo suspiro. Y Harry supo que había ganado.
— Son Muggles—desdeñó Blaise, aunque se podía detectar la derrota en su voz.
Harry sonrió sin desear contenerse.
— Son únicos en su clase, el mundo no está lleno de ellos, te lo aseguro. Además, al término de la semana la Orden del Fénix vendrá por mí, ¿puedes venir con ellos?
— Indiscutible —siseó Blaise, y Harry sabía que estaba enojado más que nada por dejarle ir que con su decisión. Eso le ponía feliz, saber que le quería tanto como para respetar su decisión aun cuando le desagradaba.
Permanecieron abrazos, la cabeza de Harry apoyada en el ancho hombro, detallando apaciblemente el bosque. Sin mirar hacia el lago, porque sabía que eso arruinaría los cortos momentos como estos.
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— ¿Qué crees que estas asiendo, Chico?
Harry hizo un mohín de desagrado y giró su cabeza lentamente. Su expresión libre de la familiar irritación que florecía ante la sola presencia de sus familiares. Ya se había despedido de sus amigos, quienes se fueron con sus respectivas familias. Había algunos miembros de la Orden vigilándole de lejos, entre ellos Remus.
Blaise, a sus espaldas, habiendo escuchado esto, interrumpió su conversación con Nott para acercarse y rodearle con un brazo. Harry podía detectar la imperiosa presencia que irradiaba y sabía, sin necesidad de verle, que su expresión aristócrata, impasible y refinada, escondía su completo disgusto.
— ¿Y esas ropas? —espetó Tía Petunia, arrugando su nariz en desagrado, que no engañaba a Harry, ya que pudo detectar su envidia. Era la misma forma en que se comportaba cuando hablaba de su mamá.
Mirándose así mismo, zapatos de vestir nuevos, los pantalones negros con un corte recto, que irían fácilmente a juego en un traje de tres piezas, la túnica que cómodamente se podía confundir con una gabardina negra, y que Harry sabía escondían debajo una camisa de vestir a juego, en un gris oscuro expresando su estado por lo sucedido en Hogwarts.
Sus amigos, impresionados y satisfechos, le habían dicho que lucía muy bien. Hasta que Hermione, haciéndole sonrojar, le dijo que relucía lo apuesto que era y Ron, algo celoso, le dijo que se parecía a Malfoy. Lo que hubiera insultado gravemente la autoestima de Harry, pero Blaise no había apartado su ardorosa vista de él desde que le vio salir del compartimiento en el Tren. Resoluto en que no iba a usar los andrajos en que "los sucios Muggles" le habían impuesto a vestir.
— ¿Quién es ese? —demandó Tío Vernon, atrayendo su atención. Su tía ahora le miraba con más desprecio, al no haber recibido respuesta a su anterior pregunta. Y cuando sus ojos tomaron en la impresionante figura a sus espadas, había abierto su boca y se había erguido de forma que Harry le reconocía cuando trataba de impresionar nuevas visitas.
— Blaise Zabini —les dijo Harry fríamente, entrecerrando sus ojos a su Tía cuando ella no apartaba su vista del rostro de Blaise, a lo que posesivamente declaró—: Mi prometido.
Su Tía se sacudió fuertemente ante eso, horrorizada. Duddley, a su lado, se removió incomodo, pero estaba inusualmente silencioso.
Y antes que su Tío pudiera decir algo, morado en una furia que Harry reconocía y que le hizo dar un paso atrás instintivamente, Blaise le estrechó contra su cuerpo, protector y cálido, en contraste con su oscura expresión y sus filosas palabras:
— Insúltalo, sucio Muggle, y te hundiré —siseó, sacando su varita para apuntarle con ella, perfectamente alineada a su cabeza, la punta brillando azarosamente—: Tócalo, lastímalo, y te mataré; a ti y toda tu familia. Nadie lastima lo que es mío... ¿Entendido, Muggle?
Sus Tíos, incluso Duddley, asintieron varias veces con su cabeza, enmudecidos y aterrorizados.
Tío Vernon había palidecido en el momento que vio la varita, y su Tía se había tambaleado peligrosamente a un lado cuando escuchó la profunda, sedosa voz susurrar las amenazases.
Era la primera vez que Blaise hablaba tanto frente a desconocidos. En tan corto tiempo. Y su porte, junto a sus palabras llenaban a Harry de ardor, sin aliento y algo mareado, que le impulsó para atraer el rostro de Blaise para besarle profundamente, ignorando las exclamaciones de disgusto de sus familiares.
— Eso fue asombroso y sexy —le susurró, apenas apartando sus labios. Queriendo seguir besándole, pero sabía que se le acaba el tiempo y que no podían permanecer mucho en la plataforma. No sabían si los Mortífagos atacarían en ese momento o más adelante y no podían arriesgarse a averiguarlo.
— Te tomaría ahora mismo para que vieran que eres mío —prometió Blaise, persuasivamente a su oído.
Harry gimió por lo bajo, y sacando fuerzas que no sabía que tenía, le besó una última vez antes de separarse.
— Recuerda esas palabras cuando vengas por mi —le dijo, sonriendo juguetonamente cuando los ojos marrones se abrieron en sorpresa, y Harry sabía que había recordado la conversación después del funeral.
El rostro de Blaise preció iluminarse ante el recuerdo, algo que enterneció a Harry. No quería irse, sin embargo, se obligó a darle un fuerte abrazo y se alejó para acercarse a sus Tíos antes de que cambiara de opinión.
La fuerte voz de Blaise, determinada, casi le detuvo:
— Iré por ti personalmente.
Harry sabía que era con la intención de que sus familiares lo reconocieran como una advertencia. Sin girarse, levantó su brazo en una despedida y se mordió el labio para ahogar el nudo en su garganta, y prometió:
— ¡Una semana!
Harry no le escuchó, pero intuía que había repetido sus palabras, como sabía que no había apartado su vista. Podía sentir los ojos marrones clavándose intensamente en su espalda incluso cuando giraba en una esquina en dirección de lo que creía sería la semana más larga de su vida.
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— ¿Acaso ha enloquecido? ¿Por qué querría ésta casa? ¡Ya tengo una mansión que Sirius me dio! —gruñó Harry, ignorando la punzada que sintió en su pecho, y con algo más de suavidad, dijo—: Además, me iré pronto yo también. A la Mansión de miprometido —restregó, sintiendo algo de satisfacción infantil al ver a su Tía apartar la vista.
— Esto del Lord-quién-sea es ridículo, no me lo trago para nada —soltó Tío Vernon, caminando de un lado a otro—. ¡Solo quieres quedarte con la casa!
Harry suspiró pesadamente, y se frotó las sienes para aligerar la presión.
— Ya le expliqué que cuando yo cumpla los diecisiete las barreras caerán y serán expuestos a los seguidores de Voldemort, solo para obtener información sobre mí —indicó, cruzándose de brazos y notando la mirada extrañada de su primo al arrastras sus ojos de arriba abajo.
Harry sabía que era por la ropa, demasiado elegante para ser vestimenta de un adolescente en el Mundo Muggle, pero rozando lo adecuado para un Lord en el Mundo Mágico. Harry le lanzó una mirada irritada y su primo se apresuró a apartar la suya.
No es como si pudiera usar su anterior ropa, había sido sustituida por vestimenta que Blaise consideraba correcta.
— Imaginando que esto es cierto, ¿por qué no nos compensa tu gente? ¡Al menos deberían tener la decencia de mandarnos a sus oficiales!
— Ya escuchó lo que el Auror Kingsley y Dearborn dijeron —dijo Harry, sacudiendo su cabeza ante la mirada incrédula del su Tío—: El Ministerio de Magia no va a ayudar, piensan que ha sido infiltrado, así que la ayuda que ofrece la Orden es la que más les conviene en estos momentos.
— En ese caso queremos a Kingsley —demandó Tía Petunia. Y Harry sabía que lo querían porque le habían visto en la tele cada vez que aparecía al lado del Ministro Muggle.
— Está ocupado protegiendo al Primer Ministro —dijo Harry entre dientes, dándoles la espalda por un minuto para que no vieran su cansancio—: Hestia Jones y Dedalus Diggle son más que suficiente para prote-
— ¿Y qué con mi trabajo? ¿La escuela de Duddley?
Harry levantó sus manos al aire y, sintiéndose cerca de explotar, se plantó frente a su Tío y se juzgó satisfecho al ver su cuerpo enorme inclinarse hacia atrás, intimidado. A lo que se permitió dejar ir la exasperación en sus palabras:
— ¡Lo que ha estado pasando no es un accidente! Asesinatos, súbitos fenómenos en la naturaleza, desapariciones de Muggles. ¡Voldemort está haciendo todo esto! ¿Acaso no entiende? Van a venir, Mortífagos, Dementores —apuntó, girándose en dirección a su primo, quién ahora le veía horrorizado—. Más de dos, decenas, miles.
Esto pareció ser suficiente para convencerlos, porque permanecieron callados y habían resumido su recolección de sus maletas. Harry sacudió su cabeza una vez más y, algo distraído, pudo distinguir el reconocible sonido de alguien tocando el timbre de la puerta principal. Dudó por un momento, imaginándose la escena de sus Tíos enfrentándose a Hestia y Dedalus, y decidió que era mejor atenderles él mismo.
La conversación fluyó más rápido cuando se encargó de mediar las acciones de los Magos con sus familiares. Para el momento en que se iban incluso su primo le había sorprendido al disculparse. Lo cual le hubiera alegrado, pero a este punto tenía muchas cosas en su cabeza como para apreciarlo y las palabras de Hestia le pusieron aún más nervioso.
El plan había sido Aparecer junto con Ojo-Loco, y Hestia no había sido clara cuando le dijo que se iba a hacer algo más. Se confortaba con hablar nimiedades con Hedwig, quién escondía su cabeza debajo de su ala miserablemente. No le agradaba estar encerrada en su jaula, pero era la única forma en que Harry aseguraba que no la perdería. Su repentina soledad le llenó de incertidumbre, así que se apresuró a su habitación, asegurándose de nuevo que no había olvidado nada.
Ignoró los obituarios que el Profeta había escrito, no deseaba sentir de nuevo la furia que Rita Skeeter le producía al denigrar el amistoso artículo de Elphias Doge sobre la vida de Dumbledore.
Regresó a la sala, la jaula de Hedwig en una mano, y su baúl encogido por Hestia en su bolsillo, porque aún tenía dieciséis (le parecía ridículo no poder usar su magia cuando solo quedaban menos de tres semanas), y para cuando dio unos pasos a la sala, escuchó el estruendo de la familiar moto de Sirius aterrizando ruidosamente fuera de la casa. Su pecho se ensanchó ante la alegría de saber que era Hagrid y se apresuró a salir. Se sorprendió de ver que eran más Magos y Brujas de las que esperaba. Unos en escobas y otros en las sombrías criaturas que eran los Thestrals. Incluso estaba contento de ver a Mundungus cuando aún se acordaba que casi lo estrangula la última vez que le vio.
Mientras abrazaba a Hermione y recibía la palmada de Ron, reparó en la presencia del Auror de piel oscura, Kingsley, algo que le recordó a Blaise, distrayéndole momentáneamente, y cuando el Auror le saludó, Harry recordó la razón de su sorpresa en primer lugar.
— Kingsley, ¿no se supone que debe estar al lado del Primer Ministro?
— Por el momento eres más importante. El Ministro puede estar sin mi presencia al menos una noche.
Harry asintió lentamente, aliviado de saber que el Auror le iba a ayudar, y estaba por preguntar por el hermano de Blaise, pero cerró su boca de inmediato, recordando que su interés se vería raro. Hasta donde entendía, su relación era un secreto aún.
Se introdujeron dentro de la casa, y se aseguraron de contar a los presentes, sentados en la pequeña cocina. Bill fue el que más le llamó la atención; a pesar de las brutales heridas en su rostro, Harry entendía la lealtad de Fleur al ver la optimista sonrisa en él y los rasgos apuestos que aún poseía. Mientras varios empezaban a entablar conversaciones y repasar el plan, Tonks aprovechó, entusiasta, para mostrarle su mano. Cuando Harry enfocó su vista notó, con asombro, que tenía un anillo resplandeciendo. Entendió casi de inmediato, cuando Remus se removió ansioso, algunos pasos a su lado.
— ¡Se han Unido! —exclamó Harry, asombrado. Ella asintió, dudando visiblemente ante sus palabras, a lo que Harry se giró a Remus, y le preguntó—, ¿o se han comprometido?
— No, nos hemos casado —corrigió Remus lentamente, luciendo pensativo y luego como si se le hubiera ocurrido de pronto, le dijo—: Oh, ¿unión como un Enlace? Eso es... El padre de Tonks es nacido de Muggles —confesó, como si eso explicara todo.
Y si le hubiera dicho esto unos meses atrás, Harry no lo hubiera entendido, claro que tampoco hubiera asumido que era un Enlace. Algo que le hizo sentir divertido y algo melancólico. Así que, les dejó con sus felicitaciones antes de que Tonks se pusiera al tanto de la conversación. No sabía sus pensamientos con respecto a las tradiciones de un Sangre Pura, y no quería saber si ella se sentiría ofendida de haber confundido su entusiasmada declaración.
Pensar en un Enlace solo le hacían recordarle el vacio en su interior ante la falta de su pareja.
— ¡Suficiente parloteo! —soltó de pronto Alastor "Ojo-Loco" Moody, arrojando unos sacos sobre sus pies y mirando a Harry con una seriedad abrumadora—: Como puedes ver los planes han cambiado, Pius Thicknesse ha tomado precauciones innecesarias para cerrar cualquier forma de transporte inmediato, con pena de encarcelamiento, y hay fuertes sospechas también de que ha cambiado de bando. Además de que eres un menor de edad todavía y pueden usar el Rastreo en ti.
— ¿Qué rastreo?
— ¡El Rastreo! —le dijo con impaciencia, su ojo izquierdo moviéndose por todos lados y deteniéndose sobre Harry varias veces—: Es un hechizo que detecta la actividad mágica alrededor de chicos menores de diecisiete, esa es la forma en que el Ministerio se da cuenta de que usas tu magia. Por eso Thicknesse sabe de esto y es seguro que si alguien más realiza magia a tu alrededor los Mortífagos los sabrán en el momento.
Harry le miró con sorpresa, y algo de confusión, la última vez que había escuchado, la tía de Susan Bones, su compañera de Gryffindor, estaba a cargo del Departamento de Aplicación de la Ley Mágica. Algo le decía que la súbita aparición de este Thicknesse se debió era grave. Recordaba a Madame Bones y sabía que era un Bruja sin igual. No creía que ella hubiera dejado el puesto solo porque sí. Aunque no preguntó por esto, el punto era que el nuevo Jefe Thicknesse estaba presentando una inconveniencia mayor a la esperada y Harry necesitaba saber de inmediato lo que se iba a hacer.
— ¿Es por eso que todos ellos están aquí? —inquirió, la alegría de verles ahora se trasformaba rápidamente en aprensión.
— La única forma de sacarte de aquí es de forma que no pueda ser Rastreada —gruñó Moody, señalando a las escobas que algunos tenían dentro de la casa—: porque no se utilizan hechizos cuando se usan escobas, los Thestrals y la moto de Hagrid.
Harry sacudió su cabeza pero no dijo nada, sería fácil apuntar las fallas de ese plan y quería saber si un ex-Auror como Moody podría desestimar su preocupación con lo que tiene planeado. Lo siguiente que le dijo se refería a la protección en la casa, la explicación de que las barreras caerían en el momento que dejara de llamar a Prive Drive N° 4 como su hogar le hicieron resoplar tan fuerte que tuvo que girar su cara para que el ex-Auror no le viera.
Como si en algún momento lo hubiera llamado hogar, pensó, aún poniendo la debida atención al resto del plan, pero sin poder evitar rememorar sus amargos recuerdos. La magia debe tener un retorcido significado a la palabra "hogar"... O yo la tengo.
Fue en ese momento que algunas palabras detuvieron sus recuerdos abruptamente.
— ¿Qué acaba de decir? —demandó, sintiéndose un vacio en el pecho de pronto.
— Catorce de nosotros no iremos a la casa de Tonks, donde irás tú —le repitió Moody rumiando—: Habrá siete Harry Potter moviéndose por los cielos, cada uno de ellos con un compañero hacia diferentes casas seguras.
Y mirando el frasco lleno de lo que parecía lodo, reconoció la poción Multijugos, Harry negó con la cabeza fuertemente.
— ¡No!Absolutamente no.
— Les dije que no iba a aceptarlo —apuntó innecesariamente Hermione, y le sonrió con suavidad cuando Harry le lanzó una mirada irritada—: Ya hablamos de esto, Harry, estamos dispuestos a ayudarte sin importar lo que pase.
— No. Te aseguro que yo no cooperare para que arriesguen su vida. ¡No les daré mis cabellos!
— No es la primera vez que arriesgamos nuestras vidas —le dijo Ron, sonriendo para que viera que no le molestaba, lo que no confortó en nada a Harry—: Sería fácil obtener tus cabellos, así que no veo por qué debes pelear tanto.
George, o Fred, Harry no estaba seguro, le lanzó una mirada traviesa que solo engrandecía el pánico en él.
— Tan hermoso como eres Harry, no estamos tan alegres de ser tú —le dijo, riendo—, no queremos quedar atrapados en la pubertad de nuevo, te lo aseguro.
— Cierra la boca, Fred —dijo George, picándole un costado con su varita, pero Harry no alcanzó a preciar esto cuando le sonrió con igual picardía—: Harry no es hermoso, es apuesto. Trata de no menospreciar a nuestro querido Harry, Zabini te tragará vivo.
Ante el nombre de su pareja, el corazón de Harry se aceleró y miró con sorpresa a su amiga.
— Está en la Orden —explicó ella, tratando de sonreír, pero Harry podía ver su disconformidad.
— Yo sigo creyendo que es una mala idea —musitó Ron, no lo suficientemente bajo.
Y los gemelos se encogieron de hombros, pero Harry podía ver lo tensos que estaban. De hecho la mayoría de los presentes parecían mostrar una ligera hostilidad.
Harry frunció el entrecejo y fieramente fulminó con sus ojos verdes a todo aquel que se atrevió a mirarle con crítica, de seguro enterados de su relación. Miró con más enojo a su amiga, quién evito su mirada. Tomando en el significado de las palabras de Hermione, y las caras del resto, su ira alcanzó nuevos niveles.
— ¿Por qué demonios está Blaise en la Orden? —demandó, y el resto, pensando que estaba igual de desconfiado por sus intenciones, asintieron con su cabeza en aprobación y viendo a Remus removerse con incomodad, Harry casi gritó—: ¡Si lo lastiman porque los Mortífagos se enteraron de esto, no se los voy a perdonar...! Y tú, Hermione, sabías lo que vamos a hacer —siseó en voz baja, lo suficiente como para que solo ella le escuchara—: es suficiente con que nos acompañe, como para que algún Mortífago lo asocie a la Orden.
— Sabe los riesgos, además él escogió-
— ¿Lo hizo? —cortó, descontento de ver que se quedaba callada—: ¿o fue una condición para dejarle venir?
Esto último lo dijo en voz alta para que el resto le escuchara, y Moody se apresuró de decirle:
— No tenemos tiempo para esto. ¡Necesitamos tus cabellos, Potter!
— ¿No cree que muchas personas volando por los cielos atraerá mucha atención? —increpó Harry, determinado a encontrar una falla que detuviera ese plan. Se le imaginaba apresurado y confiaban mucho en que Voldemort siguiera una pista falsa como para que funcionara. Y definitivamente no les iba de dejar olvidar el motivo de su enojo.
— ¡Potter, no hay-!
— Harry tiene razón.
La mayoría saltó del susto, pocos reaccionaron debidamente y sacaron sus varitas, Hermione, Ron y Harry giraron rápidamente, por costumbre reconociendo la profunda voz. Blaise, escondido entre las sombras, túnica negra ocultando su expresión y con su impresionante altura, no apaciguó a ninguno más que a Harry, y sin concernirle las alarmadas expresiones del resto se lanzó a los brazos de su pareja. A lo cual fue prontamente rodeado por los fuertes brazos y su rostro inclinado para depositar un dominante beso.
— Bueno, esto es nuevo —murmuró Bill, el único de los Weasley presentes que lucía divertido ante la escena—: Por lo que entiendo, ¿Blaise Zabini? Es agradable conocer al más nuevo miembro de la Orden.
Harry sonrió entre el beso, y al momento de separarse le dedico una sonrisa agradecida.
— El plan tiene fallas —indicó Blaise, displicentemente aceptando la agresiva mirada del ex-Auror.
— ¡El plan es suficiente ahora! —bramó Moody, golpeando la mesa de la cocina con la palma de su mano para hacer llegar su punto con más fuerza—: Las cosas se van a poner peligrosas en cualquier momento y-
— Es por eso que va a fallar —siseó Blaise, su expresión develando ligeramente su desprecio—: Tienes a un soplón en tu grupo, Alastor Moody, y no veré a lo que es mío ser lastimado por tu incompetencia.
El silencio que se cernió a sus palabras congeló a todos, segundos después todos se empezaron a mirar con alarma, y de pronto, no sabían si creer en sus palabras.
— ¿Qué has dicho? —musitó Remus, al otro lado de la habitación y decía mucho del silencio si Harry pudo escucharlo, cuando un lado de su cabeza estaba presionado contra el pecho de su pareja—: ¿Quién...?
Blaise no contestó con palabras, pero si sacó su varita tan rápido y maniobró el cuerpo de Harry con tal facilidad que nadie pudo reaccionar ante su siseo:
— Incarcerous.
Las cuerdas brillantes se dispararon con velocidad por al aire y aprisionaron a Mundungus Fletcher, quién cayó estrepitosamente al suelo, profiriendo groserías tan obscenas que escandalizó a Fleur y deleitó a los gemelos.
Nadie se atrevió a ayudarle y solo Moody miraba apreciativamente la pose de Blaise, quién hace unos segundos había balanceado su cuerpo para obtener la mejor puntería entre el medio-gigante y Moody mismo que no reaccionó. Lo cual era extremadamente raro, considerando al ex-Auror el epítome de Vigilancia Constante. Ahora todo mundo le miraba, como esperando su reacción. Sorprendiendo a todos, Moody azotó su mano de nuevo sobre la mesa y rió.
— ¿Necesito pruebas, Zabini? —inquirió, su ojo izquierdo giró atrás de su cabeza, para mirar vigilantemente a Mundungus.
Blaise le observó por un momento, perceptiblemente levantó su mano, varita colgando relajadamente en ella, y apuntó al ojo izquierdo del ex-Auror.
— No creo que las necesites.
Moody rió de nuevo, estruendoso. Harry no pudo evitar sonreír y solo se contuvo de elogiarle porque todos les estaban viendo aún, incrédulos. El único que se acercó con una sonrisa fue Remus.
— No estaba seguro de quererlo en esta misión; se quejaba demasiado —confesó Remus, asintiendo con su cabeza a Blaise y sonriendo con calidez a Harry—: Tus padres estarían orgullosos de saber que has escogido bien.
Harry le miró con sorpresa, sintiendo un nudo en la garganta ante la emoción que le provocaba escuchar eso de uno de los mejores amigos de sus padres.
— ¡Yo sé cuando veo a un Auror! —declaró Moody, las cicatrices en su rostro luciendo algo grotescas por su amplia sonrisa, y viendo a Harry, el orgullo que provocó en él, agregó—: ¡Dos Aurores! No creas que me olvido de ti, Potter... Sin embargo, no es suficiente, Zabini, el plan sigue aún sin un Mago en él.
Blaise gruñó notoriamente, y Harry lo sintió contra su cabeza, retumbando amenazadoramente por el firme pecho.
— Hay docenas de Mortífagos en el aire.
Al terminar de decir esto, Remus se lanzó a una de las ventanas y estudió el cielo, Bill se movió a otro lado de la casa, a las habitaciones de arriba, dedujo Harry por sus pasos. Fleur, quién valientemente había venido, se apoyó en uno de los gemelos, empezando a lucir asustada a cada minuto que pasaba.
— Blaise dice la verdad —gruñó Remus, siendo secundado por Bill cuando regresó.
La expresión de todos se tornó inquietante.
— No podemos seguir con el plan —dijo Harry, sintiendo que el pánico le iba a consumir si no les convencía de desistir. No iba a ver a sus amigos morir, mucho menos ahora que el riesgo era mayor, y viendo que el ex-Auror iba a protestar se apresuró a agregar—: ¡No va a funcionar! Tomando en cuenta que son Mortífagos, si son pocos, en el momento que detecten movimiento en el aire llamaran a los demás y no habrá nada que detenga a Voldemort.
— ¡Bien! —bramó Moody—: ¡Entonces dime qué haremos!
— Hasta el momento los Mortífagos no piensan atacar —habló Blaise, sobresaltando a Harry, porque había pensando que tenía que formular un plan ante las miradas de los demás. Varios reaccionaron con recelo, pero los que importaban, Remus y Moody, le escuchaban atentamente—: Al instante que detecten presencian en el aire, como dijo Harry, llamaran al resto. Solo cruzaremos calle abajo, con hechizos conciliadores.
— ¿Qué? —exclamó Ron, confundido—, ¿entonces iremos a pie?
— Creo que eso es lo más absurdo que escuchado —comentó Fred, codeando a su hermano gemelo para intercambiar contemplativas miradas. A Harry le pareció que hablaban de ellos, pero no se podía poner defensivo sin pruebas.
— La Squib algunas calles abajo —remarcó Blaise, impasible ante sus comentarios, pero fue interrumpido de nuevo por Ron:
— ¡Solo un Slytherin insultaría en medio de esto!
— Cierra la boca, Ron —espetó Hermione, entrecerrando sus ojos pensativamente—: ¿No tiene la Señora Figg conexión Floo?
— ¡Claro! —exclamó Remus, intercambiando miradas con Moody y luciendo aliviado de pronto—: Hubo una ocasión que la conexión se había puesto cuando James y Lily habían considerado una ruta de escape, conecta directamente al Valle de Godric, no a la casa, pero si lo suficientemente cerca de un punto de Aparición.
— ¿Está abierta? —preguntó Moody, y no lucia convencido como para guardar la poción Multijugos, lo que solo ponía ansioso a Harry.
— Se tiene que abrir —dijo Remus, y no parecía desanimado cuando agregó—: Sé los encantamientos, todos los Merodeadores lo sabíamos.
Eso empezó a animar a Harry. Y no era el único. Algo que duró poco, ya que le pareció que todo se silenció y al instante siguiente hubo una explosión, calle abajo, ya que se había escuchado lejos. Hedwig chilló dentro de su jaula y Harry se apresuró a agarrarla. Hermione la ganó el tirón, y antes de protestar le dio una mirada que le decía más que cualquier otra palabra. No necesitaba distraerse en esos momentos.
— Tu capa de invisibilidad —siseó Blaise a su oído, a lo que Harry se apresuró a obedecerle. La sacó de uno de sus bolsillos, agradecido de haberle hecho caso de usar la ropa mágica incluso cuando en un principio se había sentido extraño, y esperó.
Había precipitados movimientos por todas partes y Moody los puso en su lugar cuando escucharon otra explosión, más cercana.
— ¡Arthur! ¡Fred! —convocó, y ambos se giraron a verle—: Prepárense para ser los primero en salir, no hay tiempo de usar Multijugos para distraerles. George y Remus, le siguen, luego Bill y Fleur. ¡Potter y Zabini van en medio! Los demás les seguiremos. ¡Muévanse! ¡Es mejor que tengas abierta esa conexión Remus, o todos iremos al aire!
— ¡Entendido!
— ¡Ten cuidado, Harry! —suplicó Hermione, abrazándole rápidamente.
— Tú ten cuidado —murmuró, besando su mejilla y lanzándo una mirada que le cerró la boca a Ron—: Yo tengo a Blaise y tú tienes a Ron, así que cuídense.
Ron pareció inflarse en satisfacción al escuchar lo último y le dio una fuerte palmeada en el hombro.
— Cuida a Harry, Zabini... En eso no puedo negar que eres bueno.
Blaise no dijo nada, pero asintió con su cabeza. Y Harry supo que ese momento sería uno de los escasos en que concordarían en algo.
— Se acaba el tiempo —advirtió Bill, apretando en sus manos las más delicadas de Fleur y murmurando palabras que Harry imaginaba eran confortantes.
— ¿Qué hay de Mundungus? —preguntó George, listo al lado de Remus y con varita en mano. A pesar de la situación aún sonreía y Harry le envidaba esa capacidad.
— ¡Déjalo ahí! No podemos arriesgarnos más —gruñó Moody, lanzando un Desmaius para aturdirle y acallar sus protestas.
Los primeros en salir, como dijo Moody, fueron el Señor Weasley y Fred. Escuchó sus pasos alejarse, con el corazón en la mano, se alegró de no detectar algún signo de que fueron atacados, y solo cuando Remus hizo una señal con su mano, seguido de George, les vio desaparecer.
Esperaron más tiempo y por un momento pensó que escuchaban el intercambio de hechizos, pero nadie a su alrededor parecía reaccionar así que pensó que era su imaginación jugando con él, recodándole la horrible batalla en la Torre de Astronomía. Y después de unos angustiantes minutos, sintió la tela líquida de su Capa de Invisibilidad rodearle y sintió pánico recorrerle cuando la mano de Blaise le soltó.
— Shhh, no deben detectar que estas a mi lado —confortó Blaise, colocando por un momento su grande mano en la espalda baja de Harry. La apartó cuando estaba seguro que le tranquilizó lo suficiente. Harry podía detectar su descontento solo con escuchar su voz.
— Potter, Zabini, ¿listos?
Eran los siguientes a salir, Blaise lideró el camino con Harry estrechamente cerca de él. Sintió el aire fresco de la noche golpearle en la cara, incluso con la capa puesta, y se imaginaba que su respiración era muy ruidosa. Es más, creía que todo su cuerpo era muy ruidoso, sus pasos al caminar rápidamente sobre el pasto de sus vecinos, y que las puertas de los patios interconectados estaban oxidados al punto que el ruido que hacían despertarían a los muertos.
Estaba seguro que sus sentidos estaban hipersensibles por la adrenalina, y solo la fuerte presencia de Blaise dirigiéndole silenciosamente hacia la casa de la Señora Figg le tranquilizaba hasta cierto punto.
El aire que respiraba se sentía muy frío, y pensó que se estaba volviendo loco cuando de inmediato recordó su verano en el quinto año.
— Capa fuera, ahora.
Harry casi saltó ante el comando, pero hizo caso, metiéndola estrepitosamente en su bolsillo. Blaise se giró a tomar su mano en cuanto la capa fue removida.
— ¿Blaise?
— Dementores.
Harry se tensó, temeroso y levantó la vista. Los vio, podía ver las ondulantes capas de las criaturas flotar en lo más alto del cielo. Al segundo siguiente se encontraron corriendo, y a lo lejos Harry podía escuchar las voces de Remus y el Señor Weasley profiriendo los hechizos protectores.
Harry pudo ver los dedos torcidos de un Dementor estirarse a un lado suyo, el nublado efecto tomando sus sentidos y congelando su interior al punto que se sentía pesado, sus pocos pensamientos felices siendo devorados por la presencia de las criaturas y unos pasos delante Harry vio a Blaise tropezar una vez, lo que le decía que no era inmune al efecto y que tal vez eran tan violento como lo sentía Harry.
Con el horror arrastrándose en su interior como si fuera un pedazo de hielo, Harry apretó los dientes y se obligó a pensar en recuerdos felices, sus padres bailando bajo la hojas de otoño, el día de su boda, cuando estaba en los brazos de su madre... No era suficiente, no era suficiente porque eran fotos y no recuerdos, y pensó en Blaise, la primera vez que hicieron el amor, las vacaciones en su Mansión, su promesa de estar a su lado, el collar que se tornaba frio en su cuello, en los sentimientos que lo asociaban; la protección, el cariño, el amor.
Y con eso profirió:
— ¡Expecto Patronum!
El ciervo plateado que explotó de su varita les bañó en calor y confort. Blaise no se giró a mirarle, apretaba su mano con mucha fuerza mientras recobraba el paso, con la ayuda de la cegadora luz, y los chillidos del los Dementores alejándose. El ciervo permaneció a su lado hasta que divisaron la casa de la Señora Figg, y dudaron en seguir cuando vieron a varios Mortífagos volando sobre ella, el Señor Weasley, George y Fred lanzaban maldiciones sobre sus cabezas desde la puerta y las ventanas. Había unos Mortífagos en el suelo, algunos inmóviles y otros atacando la casa desde las sombras. No detectaba a algún Muggle, lo que le hacían preguntarse si los Mortífagos los habían eliminado.
— Abajo —ordenó Blaise, escondiéndolos detrás de unos arbustos—. Necesitamos abrirnos paso.
— Y rápido —murmuró Harry, vislumbrando en el oscuro cielo las figuras de varios Magos.
— ¡Crucio!
Ambos se arrojaron al suelo cuando una gruesa luz roja les rozó por la cabeza y se estrelló contra el suelo detrás de ellos.
— ¡Avada Kedavra!
Harry tembló ante la frialdad en la voz de Blaise, pero no se atrevió a decir algo, escuchó el cuerpo al caer en el pavimento y no quiso saber qué emoción le evocaba, menos cuando un haz de luz verde se dirigía a ellos, así que se apresuró a rodar a un lado sabiendo que Blaise instintivamente le seguiría, y sintiendo la familiar sensación de la batalla no pensó, sino que actuó conforme a los hechizos que les lanzaban.
— ¿Qué tenemos aquí? ¡Un Slytherin jugando con el Bebé-Gryffindor!
Harry levantó la cabeza de golpe, reconociendo la ponzoñosa voz de Bellatrix. Flotaba en el cielo, encima de una escoba, su cabello rizado acentuando su desquiciada expresión y su aguda mirada no se apartaba de la impasible figura de Blaise. Pero lo ojos marrones le miraron intensamente, y Harry asintió con su cabeza.
Ambos levantaron velozmente sus manos y gritaron:
— ¡CRUCIO!
La Bruja evitó el maleficio al mover la escoba y cuando ella se movió vio a otros tres Mortífagos detrás de ella. Harry no tuvo tiempo de maldecir la existencia de la Bruja así que empezó a lanzar hechizos, con Blaise a su lado, moviéndose en sincronía con él que pensó que toda su vida habían estado juntos.
— ¡Impedimenta!—gritó Harry, logrando golpear al Mortífago de en medio, justo en el pecho, haciéndolo mantenerse en el aire como si hubiera chocado con una barrera de lleno y su compañero, a su lado trató de ayudarle pero fue detenido cuando una luz verde le golpeó en la cara.
El hechizo de Harry se rompió al mismo tiempo en que el segundo Mortífago caía, seguido de su compañero. Pensó que la sola caída le hubiera dejado mal herido como para seguir luchando, aunque el que estuviera muerto solo le tranquilizaba al saber que era uno menos que pudiera lastimar a sus amigos.
— ¡Usaste una maldición! —rió Bellatrix apareciendo de nuevo y lanzando un Crucio que Blaise bloqueó con facilidad—. ¡Dime, Bebé-Harry! ¿Es un chico malo el que has Elegido? ¡Mi Lord no se sentirá feliz de ver que ensucias tu sangre, Zabini! ¡Crucio!
Pudo detectar la furia en los movimientos de Blaise, y reconoció el familiar brillo verde en su varita. No pudo ver el resto ya que el tercer Mortífago le lanzó un Diffindo. Saltó fuera de su camino a tiempo, sintiendo las llamas lamer el pasto cerca de sus zapatos, y sin ver el cielo, levantó su varita:
— ¡DEPULSO!
No golpeó a su cuerpo, pero logró darle a su escoba la cual fue empujada brutalmente lejos, y Harry pudo ver caer al Mortífago precipitadamente al suelo, no le vio usar su varita así que supo que nada lo iba a detener. Harry no levantó su varita para aminorar el aterrizaje y cerró los ojos cuando escuchó el golpe seco que le siguió.
No era lo suficientemente fuerte para usar al Avada' pero tampoco era tan generoso cuando sus amigos estaban peleando, arriesgando su vida. Se tragó las sensaciones que le causaba, y se sintió aliviado cuando detectó en la ventana de la Señora Figg a Remus haciéndole señales.
Giró su cabeza en varias direcciones hasta detectar a Blaise, y le vio luchando con Bellatrix varios metros alejados. El cuerpo de Blaise evitaba precariamente los maleficios de la Bruja, sin embargo ella combatía los hechizos de su pareja con igual de dificultad, muchos que no reconocía Harry. Y aún así de lejos pudo detectar sangre en el brazo de Blaise, donde la manga de la túnica y la camisa habían sido rasgadas por un largo corte. Tuvo un repentino recuerdo, de Sirius recibiendo de lleno una luz verde y cayendo por el Velo. Nunca pensó que la sensación de angustia será peor que ese día. Estaba equivocado.
Harry blandió su varita con un renovado odio y siseó:
— ¡CRUCIO!
La maldición golpeó de lleno en la expuesta espalda de la Bruja, y ella aulló de dolor, cayendo rápidamente. Harry dejó de respirar por el asombro, imaginándose, con algo de morbo, el sonido que haría al estrellarse con el piso, y de la nada apareció otro Mortífago para atraparla, alejándose velozmente. Varios de sus compañeros le siguieron de cerca y pronto ya no se escuchaba alguna túnica negra ondeando en la oscura noche.
Harry y Blaise se miraron a los ojos por unos minutos, respiraciones agitadas y expresiones confundidas.
— ¡Harry!
Antes de que buscara la voz que le llamó, Blaise se apresuró a su lado y tomó su mano, instándole a llegar con Remus.
— ¿Estás bien? —articuló Harry, tropezándose en uno de los escombros de la calle. Siendo atrapado antes de caer por el brazo que rodeó Blaise en su cintura.
— Lo sanaremos en cuanto estés seguro —indicó Blaise, voz profunda en los vestigios que aún podía reconocer Harry como la furia contenida de saber que Bellatrix había escapado. Al parecer Harry no era único que se sentía igual. Más que nada le agradeció que no le dijera algo como "No es nada".
Era algo que Harry hubiera dicho.
— ¡Rápido! —apresuró George, quién sostenía a su hermano gemelo de la misma forma que Blaise le sostenía. La diferencia era que Fred no se movía y sangraba copiosamente de un lado de su cabeza.
— ¿Está bien?
— ¡Lo estará en cuanto terminemos con esto! —aseguró el Señor Weasley, sonriendo suavemente cuando Harry le miró con culpa—: Nada de eso, Harry, Molly y yo pensamos que eres como uno de nuestros hijos. Haría lo mismo por Ron o sus hermanos.
Cuando abrió su boca para agradecérselo, su cabeza explotó en dolor y cayó de rodillas de improviso.
— ¡VOLDEMORT!
No supo que pasó exactamente después de eso. Solo sabía que su cabeza parecía martillar horrendamente y sus oídos parecieron estallar porque no escuchaba nada más que un zumbido.
— ¡Harry! ¡HARRY!
Abrió sus ojos de golpe y vio el rostro de Blaise, preocupado, aun le sostenía de la misma forma, sin dejarle recostar en el suelo y notó a George a su lado, su rostro asustado y pálido miraba fuera de la casa, lo que le decía que no había perdido mucho tiempo.
Entonces lo vio, Voldemort flotando sobre la calle, humo negro le rodeaba sin un Thestral o una escoba que le sostuviera y veía, con un pánico que le robaba el aliento, cómo levantaba su varita entre sus dedos esqueléticos.
— ¡MIO!
Ante el grito de Voldemort, su mundo dio un giro y no supo que pasó hasta que vio la espalda de Blaise, reconociendo la voz de Remus en su oído y sintió su corazón detenerse en un horror que le ahogó.
— ¡Avada...! —le escuchó decir a ambos, la voz de Voldemort alzándose sobre la de Blaise, mientras que el dolor en su cicatriz forzaba a entrecerrar a sus ojos y sintió que estaba soñando cuando su mano se arrastró como si un magneto la llamara, vio chispas y luces rojas brillando por entre sus ojos medio abiertos.
Entre el súbito silencio, el sonido de las destellos chocando, escuchó algo tronar con fuerza y un grito lleno de furia que acompaño en unísono al dolor en su cabeza.
Entonces Voldemort bramó:
— ¡NO!
De alguna forma, se encontró en los fuertes brazos de Blaise, su aroma le hacían reconocerlo, y su garganta luchaba por llamarle, pero los gritos a su alrededor le estaban mareado y el dolor en su cicatriz no disminuía.
— ¡Dentro de la chimenea, Blaise! ¡Vamos, vamos, vamos!
Harry luchó por abrir los ojos, pero sus parpados no respondían y los rostros de sus amigos nadaban enfrente de sus ojos. ¡No se podían ir sin sus amigos! Pero parecía que nadie le escuchaba porque Harry no sabía si dijo esto en voz alta. Solo podía sentirse atrapado en un estado de medio ensueño, escuchando lo que pasaba a su alrededor.
— ¿¡Papá! ¿Dónde está Ron? ¿¡Dónde está el resto!
— ¡Arthur mueve a tus hijos! ¡Remus! ¡Remus, pensé que te dije que quería ESA CONEXIÓN LISTA!
— ¡YA CASI!
— ¡REMUS, SEÑOR WEASLEY!
— ¡Hermione! ¿Dónde está Ron?
— ¡No lo s-sé! ¡Lo p-perdí...! ¡Lo perdí!
— ¿Dónde está Tonks? ¿Hermione?
Entonces dejó de escuchar los gritos, solo viento pasar rápido por sus oídos, el aire quemado mezclándose con el aroma de Blaise y la sensación de volar en espiral hasta que su cabeza se iba aclarando del dolor. Uno a uno sus sentidos se recobraban. Y con eso entendió que habían hecho funcionar la conexión y que se alejaban de Prive Drive hacia al Valle de Godric.
Solo esperaba que sus amigos le siguieran de inmediato.
CONTINUARA...
(0oOo0)
Notas finales:
Esto es extremadamente largo... solo recuerdo una vez en que llegué a escribir un capítulo más largo aún, en otra historia.
Bien, el vuelo de los Siete Harry Potter no pasó, porque es una escena que no me atrevo a modificar; así que hice esto... Solo espero que les guste. ¡Hey, no los separé ni dejé a Harry inconsciente! ¡Éxito personal!
Nagini no va a aparecer aún. La súbita conexión al Valle de Godric será una corta referencia para el futuro.
¡Gracias por leer! Comentarios son amorosamente bienvenidos.
AR.
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