Bleach

Rukia / Ichigo

Advertencias: las de siempre


Capítulo XIII

No era que no quisiera ir a ver Ichigo, porque de hecho lo hacía, pero no quería que él lo supiera. Estaba al tanto de su evolución y de su recuperación, pero tras haber sido informada de que mi novio había sido apuñalado con una botella rota, la sensación que no era algo que le desearía ni al peor de mis enemigos; era la clase de noticias que se podían leer en periódicos amarillistas acerca de riñas fuera de bares de mala muerte... lugares como Xcution, que con la sola mención me provocaba un estremecimiento y desagrado que ningún otro lugar me causaba. Odiaba ese agujero maloliente, y nada haría que cambiara mi opinión, porque cada vez me daba la razón de que sólo se podía volver peor.

Estaba furiosa con Ichigo por haber permitido que algo así le sucediera, por exponerse de esa manera, y particularmente por mentirme, sin embargo nada me preparó para lo que escuché de sus propios labios una vez que me decidí a entrar a verlo, después de que ya habían pasado demasiados días y el no verlo me estaba afectando más a mí, ya que el enojo decreció en parte al demostrar que estaba poniendo todo de su parte para superarlo, pero por otro lado oír que negara a nuestra hija con una frialdad tan sobreactuada, que era evidente a mis ojos que lo que decía no era lo que sentía, pero dejé que creyera que en realidad lo hacía. Si él estaba tan desesperado por alejarme, debía ser por algo, y él no me lo iba a decir.

Ginjo Kugo era la clave de todo, la sola mención a ese sujeto hizo que Ichigo reaccionara escupiendo un montón de mierda por su boca y la angustia se acentuó o cuando vi que las sábanas se tiñeron de rojo cuando él se levantó con brusquedad, haciendo que se corrieran los puntos con el tirón. En un segundo no había nada que perturbara esa clásica sábana impersonal de hospital, y al siguiente, no quedaba nada de la sabana impolutamente blanca. Iba a investigar quién era ese sujeto, y por qué Ichigo me quería lejos de él.

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No tardé demasiado en averiguar quien era Ginjo Kugo, pero no llegué a enterarme de manera concreta de la relación que pudieran tener Ichigo y él, aunque me atrevía a hacer mis propias suposiciones.

Drogas.

No creía que Ichigo estuviera consumiéndolas en la actualidad —de verdad lo quería creer—, pero no podría estar segura de que nunca lo hubiese hecho, porque la noche que nos reencontramos él había estado bajo los efectos de algo que no era simplemente marihuana, y aunque no hice preguntas al respecto ni tampoco volví a ser testigo de que sucediera, por lo que no me alarmé ni hice preguntas. Asumí que había sido consumo ocasional, de lo que claramente me arrepentía, porque quizás podría tener una idea más clara.

No me quedó más que pedirle ayuda a mi hermano. Ginjo Kugo estaba tratando de ir por mí, porque había intentado dar conmigo, pero yo no iba a permitir que eso pasara, no cuando después de hacer averiguaciones supe que quien había apuñalado a Ichigo había sido él. No quería a ese sujeto cerca de nosotros, mucho menos de mi hija.

No existían pruebas, y el testimonio de un montón de vagos alcohólicos no iba a tener peso alguno, y eso si es que alguno se decidía a ir a declarar, sin embargo mi hermano se encargó eficientemente de todo el asunto. Dinero era todo lo que importaba en esos casos, y fue colocado sobre la mesa. Todos cantaron como el más entusiasta de los jilgueros.

Existían las pruebas suficientes, así como testigos medianamente creíbles acerca de lo que había pasado esa noche, y para mi satisfacción personal, Xcution estaba bajo sumario sanitario, y el informe no había sido nada bueno.

Ginjo Kugo tenía muchos enemigos de la misma calaña que él, y aprovecharíamos eso para hacerle pagar por haber casi asesinado a Ichigo, que había estado siendo extorsionado por el dueño del bar, pero el motivo no lo tenía demasiado claro, sospeché inmediatamente de su sórdido pasado.

¿Alguna vez podría deshacerse de la carga de haber cometido tantos errores? ¿No había hecho él esfuerzos suficientes para que su pasado lo abandonara y lo dejara en paz?

Sabía que tenía parte de la responsabilidad, por haber hecho lo que hice con él, por haber desaparecido de esa forma y por lo mismo sentía que tenía que ayudarlo, ya que él simplemente no había podido solo, y no necesitaba hacerlo solo en realidad.

Pasaron meses antes de que las pruebas reunidas tomaran forma y fueran consistentes y de ese modo resultaran irrefutables, porque incluso debía validarse cómo habían sido obtenidas. La justicia era subjetiva, porque tristemente para quienes más tenían era más fácil obtenerla, aun cuando en teoría todos eran iguales ante la ley. Además de que en muchas ocasiones por tecnicismos los culpables salían libres, y eso no lo sustentaría. Ese tipo había dañado al hombre que amaba, y aunque tener dinero siempre me había traído más problemas de lo que había solucionado, en esta oportunidad había sido un arma, por lo que no escatimé en gastos.

A veces sentía deseos de mandar todo a la mierda y pedirle estar juntos, pero la racionalidad volvía a mí en esos momentos de flaqueza emocional y tenía muy consciente que de momento estar separados era la mejor manera de no levantar sospechas, y aunque Masaki constantemente preguntaba por Ichigo, tuve que explicarle en cada oportunidad de que razones más fuertes que la voluntad impedían que estuviéramos todos juntos, pero que más temprano que tarde eso sucedería.

Estaba decidida a cumplir con eso, aun cuando todavía estuviera dolida por la situación, no obstante Ichigo había sido generoso conmigo al perdonarme por lo sucedido con Masaki; era mi turno demostrarle que mi amor por él era más fuerte que mi orgullo.

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Tenía un viaje próximo a Canadá por mi trabajo, y Masaki iría conmigo. Necesitaba la autorización de Ichigo para sacarla del país, y fue cuando de una manera poco delicada forcé el reencuentro. Ginjo estaba tras las rejas con cargos que se tradujeron en los años suficientes como para olvidarnos de su existencia, porque no era su primera vez yendo en contra de la ley.

Ver a Ichigo ser golpeado por mi hermano me causó un placer que no estaba segura de que fuera sano. Debería haber sido yo quien se lo proporcionara, pero ver a mi sofisticado hermano hacerlo por mí, velando por mí y por mi hija me provocó una sincera sonrisa. Creía en el fondo de mi alma que él lo merecía, ya que no hizo ningún intento por acercarse a Masaki… o a mí. Aunque esa fuera la idea y aun así no trató nada en ese tiempo

Literalmente nunca se aproximó.

Mi hermano no lo soportaba e insistía con que no creía que él fuera bueno para nosotras, aunque yo sabía que sí lo era; él ya había pagado por sus errores, y nuestra relación en si misma se basaba en la creencia de segundas oportunidades.

Intervine después de que Byakuya regresó al carro para decirme que Ichigo no tenía ninguna intención de firmar algo si antes no hablaba conmigo. Cuando me acerqué lo suficiente, noté que en realidad mi hermano le había pegado demasiado fuerte, y tuve que contener el impulso de ayudarlo a detener el sangrado, de besarlo y exigirle tantas cosas que no sabía bien por dónde empezar.

Había pasado mucho tiempo desde que lo había visto, y rápidamente tras un examen visual noté que estaba más delgado, el pelo le cubría las orejas y se perdía más allá del cuello. Su apariencia lucía descuidada, pero seguía siendo atractivo a mis ojos. Lo maldije regocijándome internamente; él era de todo mi gusto.

La reacción que estaba buscado de él, la encontré. Se mostró reacio a firmar los papeles y eso me tranquilizó. Si hubiese aceptado de inmediato todo el tiempo que le había pedido a Masaki que esperara por él habría sido en realidad una mentira, y yo ya no quería hacerle daño a ella, mucho menos mentirle. Había confiado en los sentimientos que él manifestó desde el comienzo al saber que ella llegaría al mundo; una persona que defendió su vida de esa manera y que la había echado en falta sin siquiera estar seguro de si existía, tras haber compartido con esa persona que esperó conocer, dejarla ir de esa manera era algo que no lograba convencerme.

Le indiqué que estaba dispuesta a conversar después de que él lo exigió, y su rostro se contrajo al ver el lugar que establecí como punto de encuentro. No lo conocía de nada, pero no podía ser tan malo… ¿o sí?

La respuesta llegó no demasiado rato después, y sí podía, realmente podía ser muy malo. La simple apariencia de las paredes grasosas y notoriamente pegajosas me incomodaba. No estaba acostumbrada a ese tipo de lugares y no probaría algo cocinado ahí bajo ningún tipo de amenaza. Había estado en lugares humildes y habían resultado ser sorprendentemente acogedores y su comida muy apetitosa, pero ese era simplemente asqueroso.

—¿De verdad te irás? —preguntó él.

Había llegado sudado, con la ropa ensangrentada y sin aliento. No había tardado, siendo puntual con la hora designada.

Su apariencia era digna del lugar en el cual estábamos, e intenté que aquello no me perturbara, yo sabía cómo lucía cuando se arreglaba. Con y sin ropa lo conocía muy bien…

No debía recordar eso último, o me distraería de mi objetivo, no obstante se hizo difícil ya es que estaba vergonzosamente necesitada tras tanto tiempo sin sexo, con él en frente de mí, tan cerca como como no lo tenía hacía meses.

—Sí —reconocí después de un rato.

Observé como sus manos se transformaron en puños. Temí que se hiciera daño al observar como cambiaron de color sus nudillos.

—Masaki… —mencionó.

¿Quería saber de ella? ¿La extrañaba? Lo que me preguntara se lo respondería.

—¿Qué hay con ella? —indagué.

Pasó un momento en el que una mesera se acercó y nos entregó la carta. La miré con desconfianza que Ichigo percibió.

—Rukia, ¿quieres ir a otro lugar? —consultó.

Me sentía visualmente atacada con cada nuevo detalle en los que mis ojos se fijaban y hasta cierto punto intimidada, pero creía firmemente que si cedía sólo demostraría debilidad, y no quería ser débil.

—No —negué.

Él asintió y pidió un té, y lo mismo para mí. No lo tomaría, pero entendía que para estar en esa clase de lugares el consumo era un requisito.

—Ginjo está en la cárcel —comenté.

Ichigo se cruzó de brazos.

—Sí… —sostuvo.

El tema no le gustaba.

—¿Ya estás sano? —quise saber —. ¿Has tenido problemas con tu herida?

Se paró y se levantó la ropa, mostrándome una herida que no reconocía en su cuerpo. Estaba completamente cicatrizada, pero se notaba porque las marcas tenían un color distinto al de su piel.

—Sí —afirmó —. Estoy mucho mejor.

Fue de manera inconsciente, pero me levanté de la mesa y estiré mi brazo, y toqué esa enorme cicatriz, que estaba ligeramente abultada. Ichigo me miró contrariado, y yo me di cuenta de lo que había hecho antes de poder notar que no debía hacerlo, y me senté ignorando lo que acababa de hacer.

—¿Vas a firmar los papeles? —fui directo al grano.

—¿Es siquiera legal firmar algo así? —preguntó él.

A ves él pecaba de inocente; no tenía idea de las cosas que se podían conseguir si se sabía dónde y con quién.

—Comprendo que quieras alejarla de mí —aseveró —. Pero… ¿necesitas alejarla también de mis padres? Ellos la quieren y velarán por ella siempre. Quítale mi apellido, no me importa, pero por favor que no desaparezca de la vida de mis padres.

Su voz había cambiado, y no quedaba nada del hombre que había proclamado sus derechos poco tiempo antes. Estaba afectado.

—Ichigo, quien renunció a ella fuiste tú —le recordé —. El que me dijo que no quería ser su padre fuiste tú… me aclaraste que te habías cansado de jugar a la familia feliz y fuiste muy enfático al decirlo.

Siempre supe cuál había sido su intención al decirme todo eso, pero aun así el que lo hubiese dicho dolía. Necesitaba que se retractara, necesitaba que luchara por el lugar que nunca ningún otro podría llenar.

—No la alejes de mis padres por favor —reiteró.

Su voz ya no sonaba apagada, sino simplemente quebrada. No sabía si podría resistir la postura que trataba de conservar por mucho tiempo más.

—Ichigo —lo llamé.

Quería oír de su boca que nada de lo que había dicho era cierto, pero aquello no estaba resultando. Me miró con sus ojos café, y sentí en mi pecho como algo se resquebrajaba.

Él nos iba a dejar ir… él no diría lo que yo quería oír…

—Cuando consideres que sea el momento —empezó —. ¿Podrías entregarle esto a Masaki?

Era un sobre que se apreciaba a simple vista que era algo grueso para ser sólo una carta.

—Es una carta donde le cuento quién soy yo, quienes son mis padres y mis hermanas —expresó sin mirarme directamente —. Le explico cuáles son las enfermedades hereditarias de las que debería estar alerta y unos pocos consejos que quizás podrían serle de utilidad...

Él no iba a desdecirse…

—Si quieres asegurarte que no dice nada inadecuado no me importa que la leas —espetó —. Como también dejo a tu criterio si se la entregas o no… Tengo claro que no estoy en posición de pedir favores.

Mi pecho dolía ante el desconcierto que esa situación me estaba provocando. Tenía una sensación que había escuchado y leído que habían descrito como un "nudo en la garganta" y comprendí a que se referían. Aquello no me permitía emitir palabra alguna para pedirle que por favor se detuviera, que ya no dijera otra cosa.

—¿Tienes un lápiz? —pregunto cambiando drásticamente de tema —. No traje uno.

Me quedé inmóvil unos segundos y consideré sólo entonces que quizás lo que él me había dicho era cierto. Quizás había idealizado su imagen a ese punto de no querer creer algo que era demasiado duro de aceptar. Mi mano temblaba en la búsqueda del lápiz que él había solicitado, y por instantes sopesé la idea de decirle que no tenía uno, pero aquello sería un escape algo tonto. Todavía no podía creer lo que estaba pasando. Él iba a renunciar a ella, a nosotros, a la vida que habíamos visualizado juntos, a los futuros hijos de los que habíamos hablado un día tener.

Le entregué el lápiz que él con torpeza tomó. Miré con atención como le quitaba la tapa y observó la punta como si ésta tuviera algo especial. Dirigió el lápiz hacia el lugar donde su firma era requerida, pero si mis manos habían temblado antes, las de él se agitaban de un modo que ni siquiera le permitía firmar.

—Disculpa —se lamentó.

Buscó apoyo en la inmunda mesa, pero no resultó demasiado bien porque ésta cojeaba, volviéndose una superficie inestable. Me atreví a mirarlo a la cara, y observé estaba visiblemente descompuesto y tan pálido como cuando lo vi en el hospital un día mientras dormía.

Él no miró ni siquiera que lo que estaba escrito en el papel era una autorización temporal para permitir la salida del país de un menor.

—¿Rukia? —preguntó él.

Su voz sonó preocupada al llamarme, y no entendí el por qué, pero cuando se levantó y me tocó, me percaté de que las lágrimas que juraba haber podido contener surcaban mi rostro, no obstante de un manotazo lo alejé.

—¿Podrías firmar? —solicité —. No prolonguemos más esto.

Él volvió a sentarse y tomó el lápiz, y sin tardar más, firmó.

Tomé los documentos y tras una última mirada esperando a que me detuviera y que rompiera esos papeles en mi cara, pude ver como se quedó sentado, hundido en ese asiento. Había olvidado llevar conmigo el sobre que él me había dado para Masaki y también pagar por el té que nunca toqué, regresé por unos segundos a la mesa y dejé un billete. Me marché a paso rápido, dando rienda suelta a las lágrimas que no tardaron en nublarme la vista.

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No era la primera vez que Masaki viajaba, y por lo general siempre estaba inquieta. Le gustaban los aviones y sobretodo las tiendas que estaban disponibles para visitar antes de embarcar, no obstante no parecía mayormente interesada.

—Señorita —habló el hombre.

Estábamos pasando el control de aduana, pero el hombre me miró con desconfianza.

—La firma registrada del padre de la menor no coincide con la que sale en la autorización.

Me mostró en la pantalla los datos de Ichigo y efectivamente la firma que salía como oficial no era la misma del papel.

Me ofuscó por un segundo pero de pronto me largué a reír. Eso no había sido algo al azar. Él lo planeó.

—¿Qué es lo gracioso? —consultó el hombre contrariado—. ¿Sabe que esto podría considerarse un secuestro?

—Es un malentendido —aclaré.

—Señorita, no puedo autorizarla a salir del país —sentenció —. Sin la autorización legal del padre, no hay manera de que esa niña toque suelo internacional.

Mi hija me miraba sin entender nada.

—Necesito avisar sobre esto —informó el hombre —. A la policía internacional y al padre de la menor.

—No necesita armar un escándalo de esto —le pedí —. De verdad es un mal entendido.

—Lo siento —explicó él —. Es parte del procedimiento.

Asentí, pero no sabía lo que vendría luego.

Nos llevaron a un lugar que nunca había visitado del aeropuerto. Fui testigo de como eran ejecutados los operativos antidrogas con los sabuesos, el llanto de los turistas que serían deportados y de gritos que pusieron a mi hija nerviosa. Los hombres fueron bastante amables.

—El padre de la menor se encuentra viniendo —informó el más alto —. Él corroborará la situación, dado que usted insistió que es un mal entendido.

—ES un malentendido —reiteré.

Un policía pasó con un perro, que llamó la atención de Masaki.

—Lo siento, pero esos perros no son para acariciar —le advertí.

Los gritos desesperados de alguna persona en una mala situación se escucharon, y mi pequeña se alteró, y en realidad los gritos eran angustiantes. Le tapé los oídos mientras intenté distraerla en otra cosa, pero ella seguía mirando nerviosa hacia la puerta.

—Lo lamento —se disculpó el otro hombre —. Hoy ha sido un día especialmente agitado.

El hombre salió de la sala, y volvió acompañado de una mujer y un perro. Era su instructora.

—Hola —saludó la mujer.

Comprendí lo que intentaban, por lo que dejé de cubrirle los oídos a Masaki y le indiqué que viera el perro.

—¿Cómo se llama? —averigüé por ella.

—Komamura —respondió ella —. Es el perro más experimentado, y por lo mismo estaba descansando porque se cansa más que los otros, pero cuando supo que una niña quería conocerlo, vino hacia acá.

Por nuestros continuos viajes tener una mascota podía resultar dañino, porque naturalmente uno termina encariñándose con ellos, y no es vida para ellos vivir trasladándose y siendo sometido al continuo estrés de los viajes, pero sabía que a ella le gustaban muchos los animales.

El perro parecía imperturbable ante los desórdenes en las cercanías y mi hija estaba muy interesada mirándolo.

—Komamura debe volver a trabajar —le avisaron.

Masaki asintió y fue infinitamente feliz cuando la mujer le dio la orden de que a modo de despedida le diera la pata, acto que para ella fue lo más increíble del mundo.

Agradecí la buena disposición de esas personas con mi hija, que me dijo que acompañaría hasta la salida a Komamura. Observé como con alegría lo despedía haciéndole señas con las manos, cuando de pronto se petrificó, y la sonrisa que tan fácil había puesto en su rostro el perro, desapareció y de pronto brotaron las lágrimas. Me levanté al instante y antes de poder llegar a ella, Masaki corrió y al ver el motivo, comprendí la reacción.

Ichigo había aparecido ante ella, después de muchos meses…

No pude escuchar qué fue lo que dijeron, ya que yo también me emocioné al ver ese reencuentro que pensé que no vería.

La forma en la que se reunieron me hizo quedar a mi mal, como si yo hubiera sido la culpable que ellos no se hubiesen visto. Sentí la mirada de reproche de muchas personas que fueron testigos de la escena; era a sus ojos la villana…

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Ichigo aclaró que él deliberadamente había hecho una firma que no correspondía para evitar que Masaki abandonara el país porque contaba con la astucia de las personas que resguardaban al país. Nunca había escuchado a Ichigo hablar de esa manera, pero sospeché que hasta eso lo había anticipado.

Una policía se había llevado a nuestra hija para que no estuviera observando el conflicto entre nosotros, ya que finalmente la situación poco acostumbrada llamó la atención del personal que estaba acostumbrados incluso a las más insólitas circunstancias.

—Ustedes han llevado el dramatismo a grados insospechados —habló finalmente el policía que menos había abierto la boca —. Para empezar no es esta la manera de resolver conflictos.

El hombre miró reprendió a Ichigo.

—Los recursos humanos no pueden ser usados de esta manera —continuó —. Esto es improcedente además de que hubo alevosía en su actuar.

Las mejillas de Ichigo se tiñeron rojas.

—Y usted —se dirigió a mí —. No puede andar amenazando al padre de sus hijos para que firme documentos. El pobre hombre actuó ante la desesperación ante la amenaza inminente de que le quitarían a su hija llevándosela del país.

Por hacerles perder el tiempo nos dieron una multa que tildaría como alta, y por las maletas que habían sido embarcadas, había habido un retraso en el vuelo que supuestamente abordaríamos. Era capaz de sentir el odio de personas que ni siquiera me podían ver, por otro lado, no dejarían registros del altercado, aunque nos indicaron que debíamos resolver nuestros asuntos como adultos, que teníamos una hija y que no habíamos estado pensando realmente en ella.

Fue duro de escuchar, pero de algún modo sentía que tenían razón.

Una vez que salimos custodiados de otro policía hasta la salida del aeropuerto, nos quedamos los tres solos. Masaki se volvió tímida con Ichigo.

Estaba enojada y contenta. No sabía por cuál de las dos emociones dejarme llevar, porque cuando había perdido toda esperanza, éstas volvían a surgir, pero habíamos pasado mucha vergüenza también.

Era todo muy confuso, pero yo ya había aprendido la lección de no ser honesta con mis sentimientos. Necesitaba hablar con Ichigo a solas.

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Al regresar a la casa, los empleados quedaron contrariados al verme regresar cuando se suponía que pasaría una temporada en el extranjero, adhiriéndole además el que Ichigo, quien no había pisado esa casa en demasiado tiempo.

Nell que viajaría al día siguiente para acompañar a Masaki en Canadá, llevó consigo a nuestra hija, quien en el camino, y seguro con toda la tensión, se había quedado dormida. Una vez que las maletas regresaron a nuestras habitaciones, le indiqué a Ichigo que era tiempo de que habláramos con claridad.

—Eres un imbécil —lo acusé.

Era lo que pensaba; era lo que sentía y debía decírselo.

—Necesitaba tiempo, y tú no me lo ibas a dar —justificó —. No tenía derecho a pedírtelo tampoco… simplemente actué de manera egoísta.

—¿Tiempo? ¿para qué? —exigí saber —. La verdad.

Me explicó que Yukio había estado más involucrado en el altercado de lo que se pensaba, y que para distraer a Ginjo de sus asuntos, él mismo había filtrado información acerca de que lo estaban persiguiendo, dando su nombre, y que como las cosas ya habían terminado mal cuando Ichigo había decidido detener esa clase de vida que llevaban, cambio al que Ginjo no podía siquiera aspirar. Sólo había estado esperando la oportunidad para perjudicarlo, y había caído en la trampa de Yukio.

Ichigo no lo veía así, pero yo como mujer pude percibir sin que él me lo dijera, tan solo por las cosas que contaba, que lo que Ginjo sentía por Ichigo era envidia.

No necesitaba saber más al respecto, en lo que a mi concernía era un episodio de mi vida que necesitaba dejar atrás.

—¿Cómo pudiste? —pregunté.

No hubo necesidad aclarar a qué me refería.

—Estaba convencido que lo mejor era mantenerme lejos. En realidad conviví con personas que te dejan entrar muy fácil a su grupo, pero el costo es que luego no te dejan salir —explicó —. Hice cosas que no podré borrar.

Estaba hablando con sinceridad porque era el momento del punto de quiebre.

Tenía cosas que preguntarle, pero intenté ser menos yo, y las palabras fueron escogidas muy cuidadosamente. No quería que se prestara luego para algún error de interpretación, dado que ya estaba emocionalmente exhausta.

—¿Crees que nuestra relación es tóxica? —pregunté.

En cuanto los problemas surgían ambos actuábamos de manera equivocada, intentando resolver las cosas por cuenta propia. Lo cierto es que me costaba entender que en la adversidad era mejor no estar solo.

—Es sórdida —atribuyó él —. Cualquier especialista recomendaría que no somos buenos el uno para el otro, y que no es sano que nos relacionemos íntimamente… que personas como nosotros no deberían encontrarse y muchos menos reencontrarse.

Posiblemente, era una aseveración concluyente, si nos dejábamos de romanticismos y sentimientos, era la verdad. Nos hacíamos daño, y no siendo suficiente con eso, lastimábamos a los que no rodeaban.

—Nadie cree que sea bueno para ti. Yo mismo lo creo —aceptó —. Pero tú por otra parte puedes ser una mujer pérfida.

¿Lo decía por lo del engaño? Cuando se trataba de mi hija, no me importaba otra cosa que su bienestar, pero nadie dijo que mi criterio para decidir lo que era bueno para ella o no, era apropiado. Soy una persona con demasiadas carencias afectivas y emocionales, por lo que vivía alerta pensando en que cualquier momento me atacarían, y sin querer estaba arrastrando a mi hija a vivir bajo esos parámetros.

—Mi hija… —comencé a justificar.

—No, esto no se trata de ella —me detuvo —. Estamos hablando de nosotros. Debemos dejar de confundir las cosas.

Tenía razón. Si estaba exigiendo sinceridad, yo debía retribuir con lo mismo.

—No sé cómo llevar una relación —contesté —. No sé cómo confiar… siempre voy a estar esperando que las cosas salgan mal y salir lo mejor parada de la situación posible.

—¿Te han hecho mucho daño? —indagó —. Además de mi…

—No es eso —corregí —. Me cuesta creer que las cosas sean constantes en el tiempo.

Suspiró y yo aproveché para mirarlo. Todo de él me gustaba, pero era porque era él. No llegué nunca a tener un prototipo ideal de cómo me gustaban los hombres físicamente, pero imaginé con resignación que siempre estaría buscando llenar el espacio Ichigo había creado.

—Posiblemente no somos buenos juntos —resolvió él.

Lo sabía, yo también lo pensaba.

—Pero soy peor cuando no estoy contigo —admitió -.

Mi corazón latió, y el vacío que se había formado en el estómago poco a poco dejé de sentirlo.

—Sería capaz de vivir sin ti —confesé —. Sin embargo creo que una vida en la que me niego a sentir no es vida y sólo contigo me atrevo a intentarlo…

Era una confesión sincera, sin cursilerías. Honesta, y me gustó mucho que fuera de esa forma, era mucho más como nosotros.

Ichigo me intentó dar la mano como si acordáramos un trato. Lo sellamos de esa forma, pero aunque quería darle un beso, y mi vagina me distraía porque pedía atención, no era el momento.

—Quiero dejar claro que no es porque no quiera —aclaré —. Pero creo que debemos ir con cuidado de aquí en adelante. Sé que es acerca de nosotros, pero también existe Masaki y es prioridad para mi no dañarla y confundirla.

—Entiendo —acordó.

—Tal como antes —recordé —. Nos presentaremos a ella cuando realmente estamos seguros acerca de nuestra relación.

Después fuimos por un té a la cocina.

—No puedo creer que se te haya ocurrido darme una firma falsa —interpelé entre sorprendida y divertida.

—Ni yo que me mintieras acerca de renunciar a los derechos de paternidad —dijo él algo molesto.

—Eso lo hubieses descubierto sólo con leer el documento —me defendí —. Cualquiera sabe que debe leer antes de firmar.

—¿Para qué me molestaría en leer algo que luego no sería válido? —respondió.

Ambos comenzamos a reír. Éramos seres humanos demasiado oscuros, y frustrábamos los planes del otro con sorprendente frialdad. Quizás nosotros si debíamos estar juntos, porque a otros les haríamos más daño.

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Por no haberme presentado en Canadá fui suspendida de mis funciones. Ichigo perdió el semestre y por lo tanto el año.

—Decidí no estudiar medicina —comentó.

Me sorprendí con el anuncio, pero entendí que tenía mucho sentido. Ichigo estudiaría para ser paramédico, que requería de menos años de instrucciones, y era algo en el mismo campo. Lo imaginé en ese uniforme, y ciertamente me agradó la idea.

—Lo que tú decidas estará bien —respondí —. Si es lo que quieres.

Agradeció el apoyo y siguió adelante con su nuevo objetivo, así como el mío era buscar otro trabajo, uno que no requiriera demasiados viajes.

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Estaba resultando ser una semana bastante silenciosa. Masaki aunque los primeros días se mostró cautelosa con Ichigo, luego ni siquiera recordó que no había estado por meses. Nunca supe si le preguntó alguna vez la razón, sinceramente no sentía que me correspondiera el entrometerme, no obstante la memoria de los niños es sorprendentemente selectiva, y además ellos perciben el tiempo de manera distinta.

Ichigo no estaba viviendo con nosotras, pero de a poco habíamos comenzado a progresar. Ya habíamos empezado a besarnos cuando nos encontrábamos solos y de improviso cuando nadie nos veía. Recordé con muchos vívidos detalles que la última vez había sido en la escalera, cuando me había sorprendido con las manos ocupadas con una bandeja, y no había podido hacer otra cosa que disfrutar de lo que él estimó debía hacer. Había sentido su erección, sus manos y su boca, como consecuencia de esos encuentros furtivos mi ropa interior cada día se sentía más húmeda y tibia, una vez ya llegados a ese punto, no pasaría mucho más antes de que lo hiciéramos.

—Buenas tardes —saludó Ichigo.

Su voz hacia que mis pezones se sensibilizaran. Estaba todo el día tan excitada como necesitada. Mi cuerpo me lo pedía; ya había pasado mucho tiempo y sus estimulaciones no hacian otra cosa que incitarme.

Se aproximó y me arrinconó. Sentí la presión de su erección otra vez.

—Buenas —respondí.

Nos miramos con intensidad. Era el inicio de nuestro tercer intento de estar juntos, y esa etapa era exquisita, porque a diferencia de las dos anteriores, ya habíamos mostrado lo peor de nosotros mismos, y fuera de todo pronóstico, nos habíamos escogido nuevamente. Sentía que tenía más confianza, que su afecto era real y no a una imagen idealizada de mi… me sentía más entregada y dispuesta a hacer las cosas bien.

Me besó y me sentí enardecer. Yo quería sexo, y supe que lo tendría. Pronto.

Escuché unos pasos que reconocí como los de mi hija, pero cuando hice el ademáb de alejarme, Ichigo me lo impidió, y fue demasiado tarde después, porque ella ya se encontraba frente a nosotros.

—Mamá... papá ¿son novios de nuevo? —preguntó Masaki.

Toda la excitación desapareció, y me sentí como cuando la madre de Ichigo había descubierto que habíamos acabado de tener sexo la primera vez.

—Masaki... —pronuncié su nombre con suavidad —. ¿A qué te refieres?

—¿Podemos dormir algún día los tres? —sonrió —. Antes siempre dormían solo los dos y yo no alcanzaba a despertar…

Ella todo el tiempo había sabido de nuestra relación. Con Ichigo nos miramos apenas soportando las enormes ganas de reír: nuestros intentos de protegerla siempre nos salían mal…

Definitivamente quizás deberíamos dejar de intentar resguardarla y quizás de esa forma si nos resultaría… Todavía nos quedaba demasiado que aprender…

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Epilogo

No imaginé jamás que me arrepentiría tanto el haber hecho las cosas que hice y de haberme relacionado con quienes me relacioné. Quise haber sido menos estúpido y haber llevado la pérdida de Rukia de una forma menos pendeja cuando era más joven, y de haber hablado con ella cuando las cosas se empezaron a salirse de mis manos.

—Hola —saludé.

Rukia me saludó sin demasiado interés y sentí una sensación de culpabilidad tremenda. Ella me había pedido una vez que no quería que me involucrara en más conflictos y estaba trabajando en ello, aunque en ocasiones resultara demasiado sencillo verse envuelto en ellos, pero hablaba con ella cada vez que me asaltaban las dudas.

—Papá —me llamó Masaki.

Mi preciosa y alguna vez impensada familia estaba esperándome a mí, en mi nueva facultad, después de la primera semana. Comenzamos a caminar y mi hija me pidió me agachara a su altura, cosa que no dude en hacer.

—Mamá me dijo que hoy podía dormir con ustedes —susurró.

Había sido un susurro, pero cuando se trataba de Masaki era como si Rukia hubiese desarrollado el oído a un nivel superior al humano.

Escondí como pude mi emoción ante lo que aquello significaba y sonreí asintiendo y acariciando su sedoso pelo liso.

—Gracias —articulé cuando mi hija no me estuvo mirando.

Rukia movió su cabeza de manera positiva y me cerró un ojo de manera cómplice y su rostro se tiñó de rojo. Tomó la otra mano de Masaki y comprendí que ya era oficial, estaría disponible para el conocimiento público que habíamos vuelto; seríamos oficialmente una familia.

Fin


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Sé que en Japón se usan los sellos además para los documentos oficiales, pero para mi historia ignoré el hecho.

Espero que les haya gustado y como siempre me gustaría mucho recibir reviews, para continuar animadamente con las otras historias pendientes :)

Feliz cumpleaños atrasado, Kimi Deathberry