CAPÍTULO
14
DESPERTAR
Abrió los ojos y su mirada quedó colgada del techo, su mente en blanco. Hasta que se incorporó en la cama no que supo que había alguien más en la habitación. Castiel permanecía de pie frente a él. Se lo quedó mirando largo rato, inmóvil, su cerebro negándose a trabajar.
Castiel, le devolvió la mirada, en silencio, sin preguntas. Aun en su mente aturdida, Dean agradeció el gesto. Se quedaron allí, sólo contemplándose mutuamente, asegurándose que el otro estaba vivo, o tal vez, que tan sólo estaba ahí.
En el momento en que Dean apoyó las manos en el colchón intentando ganar impulso para ponerse en pie, registró la presencia de un segundo lecho y una forma reposando en él.
Sam.
Sammy.
Su hermano.
El cazador estudió al ángel en busca de confirmación y ésta le fue otorgada. Castiel se acercó a él y le ayudó a mantenerse erguido. Usándolo como apoyo, Dean se acercó a la cama y rozó con suavidad la mano relajada de Sam, sintió su tibieza, el latido firme, observó el pecho subir y bajar. Dejó caer la mano y su muleta de carne y hueso le dirigió fuera de la habitación del pánico.
Cass le ayudó a llegar al baño, a cruzar la casa, a salir al exterior, a encontrar un lugar tranquilo para sentarse, por primera vez en la vida Dean no se sintió molesto al mostrar su debilidad.
En el trayecto hacia el descampado, el cazador había reconocido el rostro de Bobby en la cocina y el Impala estacionado cerca, pero no hizo amago de interactuar con ninguno de ellos. Hubo miradas por parte del dueño de casa, de él al ángel y de vuelta a él, pero sin comentarios.
Por su parte, Dean contempló el cielo, las nubes pasando rápido en las alturas, respiró el aire, dejó que el viento acariciara su pelo y el sol cayera en su rostro. Se dejó estar ahí, con un guardián silencioso de pie tras de él. El sol siguió su camino y empezó a esconderse en su sitio; estrellas fueron apareciendo una a una, el cielo celeste se volvió azul, índigo y por último negro; una luna enorme asomó su cara y llenó de luz plateada todo alrededor del hombre, y aun así, no se movió. Cuando la humedad del ambiente comenzó a dejar una pátina en su piel, el ángel a su lado le posó una mano en el hombro. Dean entendió el mensaje, se levantó y caminó hacia el interior de la casa.
Estaba cansado, demasiado.
Esta vez Castiel lo llevó al sillón en la sala de estar de Bobby. Dean se acostó allí, boca arriba, la vista fija en el techo, el ángel lo cubrió con una manta, segundos después, el cazador dormía.
Sam despertó desorientado, sintiendo la cabeza adolorida, le tomó un par de segundos ordenar sus pensamientos. Un momento más tarde estaba de pie y buscando a su hermano. Corrió por las escaleras saltando escalones de tres en tres, recorrió la casa y casi atropella a Bobby cuando decidió seguir su misión afuera.
-No lo hagas muchacho. -Sam se detuvo en seco, un súbito miedo ganando sus nervios.
-¿Qué pasa? ¿Dean está mal? Por favor, dime que Dean está bien.
-Está despierto.
Sam tembló un poco, las palabras tan bien escogidas del hombre le preocupaban.
-¿Bobby?
-No sé, Sam. Estaba haciendo el desayuno y ambos se aparecieron de repente, -señala hacia el patio, a lo lejos Sam alcanza a distinguir dos figuras, uno de ellos de pie, el otro recostado entre el pasto- Dean me miró tan sólo unos segundos, Castiel me dio a entender que no debía interferir.
-¿El desayuno? -Bobby asintió con la cabeza- El sol se está poniendo.
El hombre mayor estudió al joven.
-Sam, -le tomó de los hombros- sé lo que estás pensando, créeme que estoy tan preocupado como tú, me he pasado el día con la vista clavada en esos dos, no se han movido en horas. No sé qué pasa, pero sé que Castiel se preocupa por Dean. Míralos -Sam hizo como se le pedía- fíjate bien. -el ángel se encontraba de pie, a cierta distancia del yaciente, no interfiriendo con lo que fuera que éste necesitaba, pero con la mirada atenta a los alrededores- Dales tiempo, hijo.
Sam asintió.
-Siéntate, tú también necesitas recuperar fuerzas. Casi te perdimos dentro de la mente de Dean.
-Estoy bien.
-Sí, por eso dormiste todo el día. Siéntate.
A pesar de la distancia, Castiel podía sentir la agitación de Sam y Bobby. Sin embargo, no quería abandonar al hombre. De alguna manera, incluso ante el atropello de recuerdos, sentimientos y sensaciones que el cazador estaba viviendo en ese mismo momento, Dean se encontraba rodeado de una extraña y calma aura que le afectaba también a él.
Al principio tan solo percibe la humedad en la piel de Jimmy, momentos más tarde la ve condensada en la hierba y reconoce que la luz del sol ha desaparecido por completo. Decidiendo que es tiempo de regresar a la casa se acerca a Dean. Éste parece leer sus pensamientos porque se pone en pie y su cuerpo se tambalea, inestable. El ángel reacciona moviéndose con premura hacia él. Sirviendo de ancla a su amigo, caminan juntos hacia la casa.
Cuando ingresan, el ángel siente más que ve, la decisión de Sam de hablar con su hermano. Apresurado le hace un ademán negativo con la cabeza, esperando que el joven entienda que le explicará la situación en cuanto pueda. Funciona y Sam se retira. A la pasada, Dean les dirige una sonrisa ausente a su hermano y al viejo detrás de él, casi como si saludara a dos extraños.
En la espina de Castiel se reproduce el escalofrío que sienten los dos humanos destinatarios del gesto. Quiere decirles que no deberían temer nada, pero no puede, no aún.
Dean camina solo hasta el sillón que en otras ocasiones le ha servido de cama y se recuesta en él. Segundos después está profundamente dormido. El ángel repite una acción que ha visto realizar a ese mismo humano en otras ocasiones, toma una manta apoyada a un lado y cubre el poderoso y a la vez frágil cuerpo que descansa allí.
Sam y Bobby observan la escena y sonríen de manera escueta. Ambos han sido objeto de esa muestra de cariño incontables veces, siempre de parte del hombre dormido en el sofá.
Castiel se dirige a ellos y juntos marchan a la cocina. Sam se encuentra reticente de dejar a su hermano, pero debe hablar con el ángel y obtener información del verdadero estado de Dean.
-¿Y bien? -pregunta el viejo cazador, agotada su paciencia.
-Va a estar bien.
La voz de Cass es impersonal como de costumbre, lo suficiente como para no servir de garantía a nada.
-¿Estás seguro? -la inseguridad de Sam se traduce no sólo en su rostro, sino en su voz.
-Sí, en estos momentos está recibiendo una sobrecarga de información. -por supuesto, ni Sam ni Bobby entienden a lo que el ángel hace referencia- Encerrado de la manera en que se econtraba no recibía estimulación de ningún tipo y nadie puede saber cuánto tiempo representó para su mente el par de días que estuvo en esa situación. Al despertar, todo ha vuelto a su mente ella, ésta se encuentra catalogando cada sensación, sentimiento y recuerdo. -los dos hombres lo miran entre fascinados y asustados- No sé cuánto lleve, puede ser una hora o un mes, pero va a estar bien.
-¿Deberíamos dejarlo solo? -preguntó Sam siempre pragmático en esas cosas.
-No creo que sea necesario, pero no intenten hacerlo hablar, déjenlo ser por un tiempo, en cuanto esté listo, volverá a interactuar con nosotros.
-Así que el muchacho está catatónico.
-No, -intercaló Sam ganándose la atención de los otros dos- mientras estuve en su mente vi que él reaccionó de forma parecida cuando mamá murió, no tan extremo, pero creo que es un mecanismo de defensa natural en Dean.
-Eso creo también, -agregó el ángel- de hecho, pienso que por eso estaba encerrado en su mente. -cayendo en un gesto por completo humano, se rascó la cabeza en busca de las palabras para explicar sus pensamientos sin que le llegaran.
-Es posible. -acordó Sam.
Los tres suspiraron al unísono haciendo que se miraran entre ellos y Sam soltara una risa queda.
-¿Te quedarás, Cass?
-Sí.
Bobby miró a Dean en la otra habitación, éste seguía durmiendo placidamente.
-Haré la cena. -y se puso a trabajar dejando que los otros dos se dirigieran cerca del sofá y acompañaran con su presencia silenciosa y guardiana al yaciente.
Esta vez, cuando abrió los ojos, la mente de Dean funcionaba y un recuerdo punzaba con fuerza superando a los demás. Sam en la cama de al lado. A pesar de su cuerpo entumecido, se puso de pie con rapidez y se encontró rodeado por un Cass, presto a sostenerlo si perdía el equilibrio, y un hermano que, asustado, abría los ojos adormilados.
-No fue un sueño, estás acá.
Sam tragó el nudo que tenía en la garganta.
-Sí.
De manera inconsciente, Dean se apoyó ligeramente en Castiel.
-¿Por cuánto tiempo?
-No lo sé.
-No es condicional, Dean. Sam está de vuelta.
Los ojos verdes escanearon con intensidad los del ángel, antes de volverse a los de Sam, alejarse titubeante de Cass y tomar en sus brazos a su hermano. No había lágrimas, ni risas de alivio, pero Sam podía sentir en el abrazo todo el sufrimiento por el que su hermano había pasado. La culpa latió en su pecho.
Bobby miró a los hermanos desde la puerta, los ojos brillosos. No había sido ni una hora ni un mes. Una noche de verdadero sueño era todo lo que Dean había necesitado para recuperarse lo suficiente y volver con ellos.
Su sonrisa fue de pura felicidad.
-Lo siento. -dijo Sam,
Aún abrazado a él, Dean negó con la cabeza.
-Nunca vuelvas a pedirme algo como antes, jamás te haré un promesa como la que tuvimos.
Sam apretó más fuerte a su hermano, intentando, de esa manera sanar algunas de sus heridas.
-Lo prometo.
Una pequeña risa escapó de Dean.
-Esa es una buena promesa.
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Saludos 3
