A danisanchez: La historia la conozco de los propios protagonistas. L. es la protagonista por eso en honor a ella el nombre de la hermana de Edward lleva un nombre comenzado con esa letra. Ella misma me cuenta cada momento, cada instante que recuerda.
Ya queda menos para que ellos crezcan pero primero tiene que venir lo inevitable, un mal momento, un dolor profundo que hará que todo cambie... o no... las historias reales a veces son incluso más crueles que las historias inventadas.
Perdonad el retraso pero tuve mucho trabajo y estudios.
Espero vuestros comentarios y os dejo con la historia.
Besos... Lena.
Dedicado a las niñas del Edward POV (danisanchez, cunuqui y taste my tsunami)
Capítulo 12. La realidad inconsciente (Edward POV)
Edward perdió la noción del tiempo, ni siquiera fue consciente de cuando se quedó dormido junto a Bella, sólo supo que sin querer había vuelto al pasado. Sus sueños estaban llenos de recuerdos, los recuerdos con su hermanita, las noches de charlas interminables, de mirar a las estrellas sólo por observar su magnificencia... Para Leticia el mañana no existía. Leticia al ver un amanecer siempre decía que era "un regalo que agradecer, porque cada despertar podía ser el último". Edward soñó con esas noches, con esas charlas, pensó que no sabía cómo podía echarla tanto de menos, no había dejado salir su dolor nunca y ahora que Bella había llegado a su vida era como si el dolor apareciera y desapareciera de él a la vez.
Tuvo unos sueños tan hermosos como en años había tenido. Volver a revivir esos momentos felices, sin necesidad de echarlos de menos realmente, sin necesidad de que fueran sueños que produjeran desasosiego, era para Edward una nueva sensación. Por primera vez se permitía recordarla aunque fuera en la inconsciencia sin que eso significara llenarse de dolor, tristeza y amargura por dentro.
De pronto esos medio-sueños, medio-recuerdos, se vieron interrumpidos por una inocente voz que de manera desesperada le pedía que despertase. Abrió los ojos como platos cuando la realidad le golpeó, no estaba en su cuarto, no estaba en su cama y a su lado tenía a la pequeña Bella zarandeándolo con todas sus fuerzas, aunque él le parecía que le mecían suavemente.
Cuando abrió los ojos Bella soltó un leve grito y se tapó la boca como con miedo a que alguien la oyera. Cómo pudo se disculpó con ella por haberse quedado dormido y sobre todo por haberla abrazado. La soltó y se alejo despacio, para él era tan natural ese gesto, siempre lo hacía cuando dormía con su hermana, que de repente cayó en la cuenta de que para esa pequeña podía suponer una gran mal interpretación. Aunque la observó mientras se disculpaba y no vio miedo en sus ojos, cosa que lo tranquilizó levemente. Cómo explicarle a ese niña que se había dormido sin querer y que de forma casi instintiva la abrazaba como abrazaba a su hermana en las noches infinitas que compartieron... como explicarle que por primera vez en años había dormido feliz y tranquilo, descansando... sin miedo a soñar.
Entre sus divagaciones Bella le decía nerviosa a Edward que se fuera, le explicaba que sino Esme se podría enfadar con ella, gracioso, si con alguien deberían enfadarse es con él, es el único que podía estar haciendo algo inapropiado y sin embargo, esa niña que tenía delante se sentía culpable y sentía miedo de que los descubrieran por si se enfadaban con ella. Que le habían echo a esa pobre niña... fue el único pensamiento que Edward tenía en su mente. Edward rió de sus preocupaciones porque seguro Esme lo entendía, quizás de todos los de la familia ella sería la única que lo entendería y seguro que no se enfadaría, pero bueno, era mejor no forzar las cosas. Además Bella parecía muy nerviosa y eso no le gustaba a Edward así que cuando estuvo convencido de que estaría bien, Edward se alejó de esa pequeña y se fue hacia su habitación, de nuevo con una sensación de vacío, de nuevo con la sensación de que dejaba atrás algo que era para él muy importante y sin saber describir completamente el sentimiento que lo embargaba.
Cuando Edward entró en su habitación fue directo al baño a ducharse y cambiarse, era casi la hora de ir al instituto, además tenía examen en la primera hora y no quería llegar tarde. Cuando salió del baño realizó de manera simulada el ritual que hacía con Leticia antes de presentar sus exámenes.
FLASHBACK
- Recordad que mañana os toca hacer los exámenes de final de curso, vendrá como siempre Elena para examinaros. No quiero que hagáis trampas, hemos estudiado mucho y los pasaréis sin problemas así que dormid bien esta noche y mañana a triunfar! - Dijo Esme a sus hijos. Elena era la profesora que siempre iba a casa vigilar que los exámenes oficiales se hacían de forma correcta, ella era profesora de primaria, pero les tenía mucho cariño a Leticia y Edward, así que siempre se presentaba voluntaria para vigilarlos en sus pruebas.
Esa noche Edward y Leticia no hablaban de nada relacionado con los estudios, esa noche hablaban de las cosas que les gustaban y les divertían, se contaban chistes inventados, algunos que sólo les harían gracia a ellos y terminaban durmiendo felices. Por la mañana se daban los buenos y se miraban a los ojos fijamente.
- Me lo sé todo y voy a sacar un 10. - Decía Edward.
- Pues yo sí que me lo sé todo y sacará un 11, una puntuación que tendrán que inventar para mi. - Decía Leticia.
Ambos se miraban serios, muy serios. Se cogían de las manos fuertemente y asentían. Se vestían y bajaban a desayunar los gofres de la suerte.
FIN FLASHBACK
Era un tonto ritual pero para ellos era su manera de darse suerte y aunque ahora debía hablarle a una foto, siempre continuaría haciéndolo, le gustaba recordar la voz de su hermana y recordar como al final después de mirarse seriamente se ponía a reír porque no podía soportar la mirada de Edward. Dejó la foto de Leticia, que había cogido, en su lugar y bajó a desayunar.
Su madre tampoco olvidaba y había preparado gofres. Deliciosos, calentitos,recién hechos, con chocolate por encima o con un poco de azúcar en polvo, como le gustaban a Leticia. Se comió los dos, uno por él y otro por su hermana y salió corriendo al instituto. Su hermano y su padre tan sólo le desearon buena suerte, sabían que cuando le tocaba examen era mejor no hablar con él.
Edward cogió su moto y se dejó llevar por la velocidad, sintió el viento golpearlo fuerte y se sintió feliz y vivo. Aparcó su moto en el lugar habitual y al quitarse el casco revolvió todo su pelo, de todas formas era un caso perdido así que sólo paso su mano por encima para ordenarlo un poco. Jessica lo interceptó en el camino hacia la entrada, ella lo había estado esperando desde pronto en la mañana para poder hacerse la encontradiza, pero cuando se cruzó con él sólo recibió en respuesta a su cariñoso y coqueto buenos días algo parecido a un piérdete en forma de gruñido. Edward supo que hacer eso no estaba bien pero no quería coqueteos estúpidos al menos no hoy.
Al llegar al aula de matemáticas se encontró sólo y se puso a pensar en esa pequeña niña que se encontraba en su casa y en su hermana. Empezó a recordar lo que su hermana le había dicho acerca de su felicidad y se preguntaba su Bella había llegado para de alguna manera volver a ser su hermanita pequeña, la niña a la que proteger, la que Leticia siempre fue. Sus pensamientos fueron interrumpidos por un beso en la comisura de sus labios.
- Sólo quería desearte suerte Edward, aunque se que no la necesitas... - Tanya le guiñó un ojo y Edward a pesar de haber sido pillado por sorpresa le sonrió y le devolvió sus amables palabras. A los pocos minutos llegó el profesor y ahora si que sus divagaciones desaparecieron por completo. Se centró en el examen, era más fácil de lo que había imaginado, así que lo acabó antes de tiempo. El profesor le dio permiso para salir, cuando se dirigía a la entrada del instituto Tanya lo interceptó.
- Veo que te ha salido bien, a mi también, gracias por las clases. - Dijo mientras coquétamente le pasaba una mano por la mejilla.
- Tanya no fueron mis clases, ambos lo sabemos, eres tan buena como yo en matemáticas.
- Sí, en eso tienes razón... pero bueno ahora me vas a decir que tienes planeado para el sábado? Después de este examen nos merecemos divertirnos no?
- No he pensado nada, en principio hemos quedado todos para ir al club.
- Joooo yo quería hacer algo... contigo... a solas... - Edward de pronto sintió un cosquilleo extraño, el mismo que sentía desde hace unos meses cuando Tanya se le acercaba.
- Dime donde quieres ir y así lo haremos... los chicos pueden pasar un sábado sin mi, es más creo que lo agradecerán.
- Perfecto, recógeme a las 20 iremos al restaurante francés y luego... ya veremos como va la noche.
- De acuerdo así quedamos. - Sonrió Edward satisfecho, aunque en su interior, aparte del cosquilleo, crecía un remordimiento extraño que no le dejaba disfrutar del momento que tanto había ansiado durante meses.
Se despidieron así, ya que el timbre había sonado y cada uno tenia ahora clases diferentes. Pasó la mañana y Edward tuvo su cabeza muy ocupada intentando ordenar sus pensamientos y sentimientos, sentía tantas ganas, como rechazo, de que llegara el sábado. Por un lado lo ansiaba, por otro sentía que estaba cometiendo un gran error con esa cita. Luego sentía ansiedad por ver de nuevo a Bella, quería tocar para ella y quería intentar jugar con ella, quería enseñarle la casa del árbol que su hermana tanto adoraba y hablarle sobre Leticia, necesitaba sacar muchas cosas de dentro de sí mismo y sentía que con aquella pequeña podría hacerlo. Edward no llegaba a ser realmente consciente de cuanto necesitaba sacar todo lo que tenía en su interior para poder ser feliz.
Llegó la hora del almuerzo, la algarabía, Alice había llegado a la mesa la primera junto a Jasper, ambos parecían metidos en un mundo propio. Edward siempre los había observado en silencio, eran la pareja perfecta, Alice juguetona, alegre, extrovertida y cariñosa, fue la única que lo aguantó después de la partida de Leticia. Y Jasper tan calmado, analista, sabe que decir en el momento adecuado y sabe alejarse cuando es necesario. A Edward siempre le sorprendía, era como si supiera exactamente lo que cada persona sentía en su interior. A Edward le gustaba Jasper y adoraba a Alice, vivió y creció con ella, era casi como una hermana.
Muchas veces, de niños, Edward había deseado raptarla y alejarla de esos padres que la confundían y no la apreciaban, pero Alice siempre decía que sólo eran personas que no la comprendían. Ella tenía una capacidad infinita de perdón y comprensión. Era la típica persona feliz y alegre. Nada ni nadie parecía hacerle daño, era como si ella siempre viera lo bueno, y era tan optimista... de su boca sólo salían cosas buenas y hablaba de futuros felices, de momentos bonitos... nunca hablaba del dolor y del daño y sin embargo tampoco lo eludía, sólo veía la parte buena, hasta la parte buena del dolor. Según ella sin dolor no se habrían conocido y eso para todos fue bueno.
Poco después llegaron a la mesa Emmet y Rosalie, otra burbuja, otra pareja feliz. Edward quería conseguir su pareja feliz, era el mayor y sin embargo el único que no había encontrado a nadie que mereciera la pena para entregarle su corazón. Edward pensó entonces en Emmet y en Rosalie, ella era dos años mayor que Emmet, pero con la altura y complexión de él era algo imperceptible. Ella tan señorial, con ese porte tan elegante, esa sonrisa fría que apartaba al mundo, y sin embargo cuando estaba cerca de su hermano parecía la más tierna de las niñas. Y él, bueno era Emmet, risueño, alegre, infantil en cierto modo, fue el que más dolor logró expresar tras la partida de Leticia, fue el que más lloró y pataleó. Emmet siempre vio a Rosalie como un sueño que alcanzar y ahora que lo había conseguido se le notaba realmente feliz.
Edward se encontraba perdido en las cavilaciones acerca de sus amigos y hermano, cuando llegó Tanya y se sentó a su lado. Fue como si un jarro de agua fría cayera sobre la mesa. Todos cambiaron su actitud y pose ligeramente, tanto que esos cambios pasarían inadvertidos de no ser porque Edward los observaba atento. Incluso él de pronto sintió tenso. De nuevo esos sentimientos contradictorios de alegría y repulsa volvieron a Edward. Saludó a Tanya y comenzó con ella una insulsa charla, en la que Edward asentía mientras Tanya comentaba banalidades sin sentido.
Al terminar la hora de la comida Edward se dirigió hacia el gimnasio era su última clase, no tenía ganas de asistir pero no se le ocurría realmente ninguna excusa para no hacerlo. Mientras se dirigía a paso lento hacia el gimnasio, sintió que tenía que volver a casa, algo le llamaba, además se dijo a sí mismo que por un día que hiciera pellas (se saltara las clases) nadie iba a enfadarse. Edward estaba seguro que incluso sus padres se lo perdonarían, con sus notas perfectas esto no iba a manchar su historial.
Edward salió del instituto sin cruzarse con nadie relevante así que pudo dirigirse a la moto sin obstáculos. Cogió la moto y se dirigió hacia su casa, sólo sentía que tenía ir, rápidamente, no sabía porque ahora mismo le llamaba tanto el ir hacía su casa, pero tenía la necesidad de llegar pronto, una extraña ansiedad le invadía, así que iba a toda velocidad. En cuanto llegó a la puerta su ansiedad aumentó, así que dejó la moto casi tirada en la entrada y subió las escaleras corriendo. Cuando fue a entrar en la casa su madre lo interceptó en la puerta.
- Cariño que haces aquí tan pronto? - Preguntó Esme entre preocupada y nerviosa.
- Salí antes del instituto no creí soportar la clase de gimnasia mamá, estaba demasiado nervioso, supongo que por el examen. - Se mal excusó Edward.
- De acuerdo cariño, no hay problema, espero que no se repita. Pero intenta no hacer mucho ruido, Bella ha tenido uno de sus ataques y la he dejado descansando en el sofá del comedor, quería tenerla cerca y no quiero que se asuste. No es bueno que un ruido brusco la saque de su estado. - Dijo Esme muy preocupada.
- Muy bien mamá, sólo tocaré un poco el piano, sé que la música del piano le gusta, así que no creo que se asuste si despierta y lo oye.
Esme le sonrió y ambos entraron dentro de la casa. Edward se acercó al sofá e instintivamente besó la frente de Bella, la vio allí acurrucada con miedo y quiso abrazarla pero pensó que en esos momentos no sería lo correcto, así que se dirigió al piano y comenzó a tocar la nana que estaba componiendo para Bella. Bella le había dicho que su música le gustaba y la relajaba, así que no dejó de tocar mientras pensaba en lo que realmente le habría pasado a esa pequeña, en cuanto daño le podrían haber hecho cuando un simple contacto físico o unas palabras que pueden ser inadecuadas le hacen irse y alejarse del mundo.
Edward no podía comprender como alguien podía dañar a una niña pequeña. En su casa siempre se había sentido tan seguro, tan protegido, pensó en sus hermanos, Emmet y Leticia, en como sus padres les protegían, incluso en como él mismo les cuidaba. Nunca nadie ni de dentro ni de fuera de su entorno había intentado hacerles daño. No podía entender como alguien podía siquiera pensar en dañar a esa niña tan dulce que estaba tendida en el sofá. Esme y Carlisle habían comentado algo de lo que le habían hecho pero seguro que la realidad más cruda nunca la comentarían delante de Emmet o él.
En algún momento Esme entró en el sofá y dejo un tazón de chocolate y una gran magdalena casera encima de la mesita de café y luego se acercó a él ofreciéndole otro tazón, hacía mucho que no bebía chocolate caliente y le hizo bastante gracia, así que la cogió de manos de su madre y la tomó despacio. Eso le trajo agradables recuerdos de su infancia. Fue consciente entonces de que había dejado de hacer cosas que le encantaban porque así bloqueaba determinados recuerdos. Ese chocolate caliente le recordó tardes de invierno con sus hermanos, risas y juegos. Supo entonces que no tomar esas tazas de chocolate era una forma de no recordad esas tardes.
Cuando terminó su taza de chocolate la acercó a la cocina y abrazo a su madre mientras la besaba en la frente. Fue su manera de darle las gracias y de demostrarle que la quería. Fue a su piano de nuevo y volvio a perderse en sus meditaciones. Desde que Bella había llegado a su vida, se había dado cuanta de como había despreocupado a su familia. Había notado como Esme lo volvió a mirar como cuando era un niño, lo volvió a mirar con calidez, le gustaba sentir la felicidad en Esme de nuevo, le gustaba poder recordar a Leticia sin dolor, le gustaba volver a sentirse feliz sin sentir culpabilidad por ello.
Siguió tocando perdido en sus pensamientos y recuerdos, dejando que la música lo inundara por completo, aunque oyó perfectamente cuando la pequeña del sofá despertó. Siguió tocando, sabía que Bella se acercaría cuando estuviera preparada, así que no cambió de pose ni de actitud, no era necesario, ni tan siquiera hacía falta hablar. El silencio se llenaba con la música y eso parecía unir a amabas almas desconsoladas, haciéndolas sentir menos solitarias. Cuando noto que Bella se movía cambió el ritmo para volver a tocar su nana incompleta, a Edward le parecía que era lo correcto, que era lo que debía acompañar ese momento.
Edward sintió como Bella se acercaba hacía él, despacio, dudando, se preguntaba que dudaba, pero entonces cuando se dio cuenta de que Bella no se dirigía al cojín, lo entendió. Ella quería acercarse más esta vez, eso hizo que su corazón se llenara de un calor extraño, le gustaba sentir que esa pequeña no le tenía miedo. Sonrió cuando sintió unos suaves tirones en su camiseta. Sin pensarlo, se giró despacio y abrió sus brazos para recibir a Bella, que saltó a ellos sin temor, sin dudas. Edward pensó que encajaban a la perfección y entonces comprendió la cara de felicidad de sus padres cuando los veía en esas fotos donde Emmet, Leticia o incluso él estaban entre sus brazos.
Edward olió el dulce aroma a fresas del cabello de Bella y una gran paz lo inundó. Aspiro ese aroma unos segundo y se giró de nuevo hacia el piano con Bella entre sus brazos. Estaba seguro que la pequeña querría seguirle oyendo tocar, así que acomodó a Bella asegurándose de que no caería cuando extendiera los brazos y comenzó a tocar de nuevo. Mientras tocaba Bella se sentó en su regazo apoyando su cabeza en él, podía notar en su pecho la cadencia de su respiración, se notaba que se sentía tranquila. Como podría explicarle a esa niña que lo que le habían hecho era cosa de un monstruo, de un joven de conduzca aberrante y que eso no era lo normal en el mundo. Edward sabía que la protegería, nunca nadie volvería a dañar a esa pequeña, algún día buscaría a quien tanto daño le había hecho, algún día ese chico pagaría por el dolor que había infringido a esa niña pequeña, algún día.
Edward siguió tocando, tocó alegres melodías de Mozart, que hacían sonreír a Bella, música divertida y alegre para esa pequeña, para que el sufrimiento se alejara de su mente y sólo la música la llenara. Oyó a su madre entrar en el salón y acercarse a ellos, notó la sonrisa de Esme, la felicidad que emanaba, y eso hizo que el lugar se sintiera completo. Parecía todo tan feliz que no supo como reaccionar cuando Bella hizo un movimiento extraño, la cogió como pudo para que no cayera al suelo porque parecía querer lanzarse de cabeza al suelo. Comenzó a balbucear cosas sin sentido hacia Esme, le pedía perdón mientras parecía querer tirarse de sus brazos. Edward quería soltarla pero tenía miedo de si lo hacía la pequeña se cayera y se hiciera daño, así que intentaba sin presionar demasiado mantenerla segura entre sus brazos. De repente Edward notó el tembló de Bella y como a los pocos segundos se desplomaba entre sus brazos.
- Edward cariño lleva a Bella a su cuarto por favor.
- Mamá ¿qué le ha pasado?
- No lo sé Edward, parece que cualquier cosa desencadena una serie de recuerdos amargos dentro de ella que la hacen sentir un gran dolor. Cuando eso ocurre su cuerpo y su mente colapsan y entra en este estado. Además me temo que ella ha creído que yo pensaba que hacíais algo malo, algo sexual. Bella siente que lo ocurrido ha sido culpa suya, por eso creo que se disculpaba.
- Bella? Ella piensa que ese monstruo le hizo lo que le hizo porque ella lo provocó?
- Me temo que si Edward. Tiene heridas realmente profundas, físicas y emocionales. Por favor súbela a su cuarto.
Edward acunó a Bella entre sus brazos como si fuera un bebe mientras le decía que nada era culpa suya, que ella era buena y hermosa y mientras le pedía perdón por no haberla soltado. Un pensamiento se cruzó por la cabeza de Edward pero las palabras no llegaron a salir de su boca, un pensamiento, un te quiero que quedó enterrado. Edward puso a Bella sobre la cama y bajó corriendo las escaleras, recogió a Edi y Leti del sofá y los colocó junto Bella en la cama. Esme lo vio entrar y salir como un loco sin saber que hacía hasta que observó los muñecos de sus manos.
- Edward lo que te voy a pedir se que no quieres hacerlo ahora, pero necesito que me dejes a solas con Bella, tengo que hablar con ella y es mejor que tú no estés presente cuando despierte. Hoy ha tenido dos fuertes ataques y debo sopesar que es lo mejor para ella. Por favor sal de la habitación. - Dijo Esme con ese tono que sólo usaba cuando se dirigía a los padres de sus pacientes. Un tono cariñoso, pero firme que no deja lugar a réplica. Edward agachó la cabeza y salió de la habitación rosa cerrando la puerta tras de sí.
Cuando cerró la puerta se dejó caer al suelo pesadamente hundiendo su cabeza entre sus rodillas, pensando que le habrían podido hacer a esa niña para que reaccionara así. Cómo le habían hecho creer que ella había podido hacer algo malo, como podía alguien ser tan cruel, tan despreciable. Y cómo Bella no se permitía si quiera unos minutos de felicidad. Las lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas.
- Leti, hermana mía, cómo debo actuar, cómo puedo ayudar a esta pequeña que has enviado a nuestras vidas, dime que debo hacer... - Esos pensamientos se entremezclaban con las lágrimas que caían libremente por sus mejillas. De pronto vio la imagen de su hermana frente a él, clara como si la tuviera delante y ella sólo sonrió y asintió. Edward comprendió que no podía hacer más que lo que hacía y que debía dejarse guiar por su instinto. Estaba seguro que junto a su madre, él, conseguirían sanar a esa pequeña y devolverle la felicidad robada.
Edward no fue consciente de cuanto tiempo pasó, pero si que escuchó claramente como Esme lo llamaba desde el interior de la habitación rosa, no tenía que gritar, ella sabía que él estaba ahí fuera. Siempre le maravillaba su madre y su capacidad de comprensión y de empatía. Rápido se limpió las lágrimas de las mejillas y con las manos ordenó, sin conseguirlo, su pelo. Fue a su habitación y cogió un libro, quería darle una sorpresa a Bella. Entró en la habitación y besó a Esme en la cabeza mientras esta asentía, así que se acercó a Bella y también depositó un suave beso en su frente. Esta vez se acercó con miedo, con tiento, pero la pequeña le sonrió y de nuevo todo pareció volver a su lugar.
Su madre bajó según dijo a atender a Emmet que había llegado, pero él no era consciente de nada más, en esos instantes, que de la pequeña que tenía delante. No se había alejado de ella más de unos centímetros después de haberla besado en la frente, así que estaba junto a la cama clavado como una estatua.
- Bella te he traído una sorpresa, espero que te gusten los cuentos, porque quiero leerte uno muy especial, claro está si tú me lo permites. - Bella asintió con la cabeza y se desplazó levemente en la cama para dejar sitio a Edward e indicarle que se sentara a su lado. Edward comenzó a leer el libro, ese libro que tantos años atrás había escrito junto a su hermana. A ella le encantaban las historias fantásticas y juntos escribieron varios cuentos que algún día Edward tenía pensados publicar. Para empezar leérselos a Bella era una buena manera de saber si son cuentos que gustarían o no.
Mientras Edward leía y relataba la historia del cuento, Bella interrumpía sin parar preguntando por todo lo que el cuento contenía, por los paisajes, por los personajes, por los colores, por los vestidos, por los cielos, quería saber como era todo. Edward sonrió ante la inquietud de la pequeña, que constantemente alzaba el cuello hacía el libro esperando vislumbrar, seguramente, algún dibujo.
- Lo siento pequeña, este libro no tiene dibujos, pero... se me ha ocurrido una idea... a ver que te parece. Tú dibujas muy bien, así que, vas a ser la encargada de hacer los dibujos del cuento. - Edward notó como Bella se emocionaba ante sus palabras y él no podía más que retener las lágrimas que luchaban por salir de sus ojos. Su pequeña Bella iba a dibujar las ideas y palabras de su pequeña Leti. Parecía perfecto. Bella se fue a levantar, pero Edward adivinando sus intenciones le dijo que esperase quieta.
Se dirigió a su habitación y del armario sacó la mesa supletoria de la cama. La llevo donde Bella y la colocó de manera que fuera adecuada para la altura de la pequeña. Cogió papeles y colores del secreter blanco y los puso sobre la mesita. Dejó sobre la mesita los muñecos para que no se estropearan y se acerco de nuevo a Bella. Ésta emocionada aplaudía y de nuevo comenzó a interrogar a Edward acerca de como era todo. Edward empezó a responder a sus preguntas, le decía los colores de las ropas, de los paisajes, las formas que tenían, etc... Cuando veía que Bella se detenía porque no sabía como dibujar o pintar algo, él la ayudaba, dibujó algunas cosas complejas como la silueta del unicornio, o las delicadas flores de los árboles... Bella se veía tan feliz que Edward tenía una estúpida sonrisa llenando su cara. El cuento quedó detenido mientras que los dibujos aumentaban, las preguntas y las risas de Bella llenaban el ambiente y el frío corazón de Edward, que poco a poco volvía a recuperar sus calor y su ritmo habituales.
Cuando Esme entró con la cena, Edward apartó los dibujos y los colores de la mesita auxiliar y permitió así que Esme dejara la bandeja allí.
- Haz que se lo coma todo y se beba todo el zumo Edward. Yo voy abajo con tu padre y hermano, y cena tu también que falta te hace. - Esme después de decir eso desapareció cerrando la puerta tras de sí. Edward se sentó en la cama y de pronto sintió como Bella saltaba a su regazo. La acomodó y acercó la mesita con la cena. Ambos comenzaron a cenar en silencio, compartiendo un momento perfecto. Edward acercaba de vez en cuando el vaso con zumo hacia Bella, mientras que ella lo cogía y bebía con ganas. Comieron los sandwiches, las patatas fritas, las galletitas saladas, bebieron el zumo y todo sin necesidad de palabras. Los dos estaban disfrutando de su mutua compañía, disfrutando de un momento a solas haciendo algo tan cotidiano como cenar.
- Bella ya es tarde. - Dijo Edward cuando acabaron de cenar.- Debo hacer los deberes del instituto si no quiero que me castiguen ;) y además tú tienes que descansar que ha sido seguro un día muy largo para ti. Además, antes de irme a dormir, volveré para darte un beso de buenas noches y espantar tus malos sueños. - Bella se puso roja inmediatamente ante esas palabras.
Edward salió y bajó la bandeja a la cocina. Allí se encontraban sólo sus padres. Emmet seguramente ya había subido a su habitación.
- Mamá... hay alguna manera en la que yo pueda ayudar a Bella? Parece tan perdida, tan dolida y sin embargo tan normal a la vez.
- Puedes, claro que sí hijo mio, te iba a pedir algo, quiero tener unas cuantas sesiones con Bella en las que tú estés presente. No sé porqué, pero ella confía en ti y necesito que se abra y me cuente cosas pero sin perderse en su mundo. Estarías dispuesto a hacerlo? Piénsalo antes de responderme, puede que Bella cuente cosas muy duras y tú no estés preparado para escucharlas.
- Mamá haré cualquier cosa por esa pequeña, sea lo que sea. - Dijo firmemente Edward.
- Edward. - Dijo Carlisle. - Esa niña ha sufrido grandes abusos físicos, Esme me ha contado lo que ha pasado esta tardes. Debes ser consciente de que ella se siente culpable, tú puedes ser un punto de inflexión ahí, puedes ayudar a que comprenda que no es así, que ella no tiene la culpa, pero antes de eso, antes de empezar esas sesiones me gustaría hablar contigo a solas.
- De acuerdo padre. Mañana podremos hablar ya que quiero empezar cuanto antes a ayudar a esa niña indefensa.- Carlisle asintió ante sus palabras y apoyando su mano en sobre el hombro de Edward salió de la cocina.
- Edward cariño, sé que ves a esa pequeña como a nuestra Leticia, pero no es ella, y no debes hacerle sentir a esa niña que cubre el lugar de Leticia de acuerdo? Te lo digo a ti, tanto como me lo digo a mi misma. Bella ya lleva demasiadas cargas sobre su espalda, como para imponerle otra más.- Edward asintió ante esas palabras y besando la frente de su madre se dirigió a su habitación.
No tenía deberes que hacer, pero no podía estar junto a Bella, debía darle su espacio por mucho que él deseara quedarse a su lado, así que hizo tiempo dándose una larga ducha, secándose el pelo y posteriormente escribiendo en su diario. Tenía mucho que escribir, tenía que hablar sobre Tanya y lo que le estaba haciendo sentir, sobre el doble rasero que sus sentimientos tenían hacia ella. Quería poner en orden todos sus pensamientos y sentimientos, el sábado sino iba a ser un desastre. El sábado tenía que tener su cabeza bien ordenada y sin dobles sentimientos que lo llevasen a actuar de manera inapropiada. Además tenía que escribir sobre Leticia y sobre como ahora podía recordarla sin amargura, ni rencor, ni dolor, ni miedo... y sobre Bella esa pequeña que iba robando su corazón día a día. Tenía que escribir sobre lo completo que se sentía con ella, y como estaba cambiando gracias a esa niña. Tenía muchos sentimientos que plasmar para poder ordenar dentro de si mismo. Al menos sus miedos acerca de sus sentimientos e intenciones con Bella parecían más claros y menos perniciosos que en un principio.
Cuando terminó recordó su promesa de ir a darle a Bella las buenas noches, aunque sabía que ya estaría dormida iría igualmente. Ahora Edward se preguntaba si esa promesa era para Bella o para él mismo. Entró en la habitación de Bella despacio, sin hacer ruido y se acercó a ella. Se tumbó a su lado y simplemente le susurró al oído buenas noches mientras acariciaba su suave pelo. Poco a poco la inconsciencia le pudo y cayó profundamente dormido al lado de su pequeña.
Un par de horas después sintió movimiento a su lado y despertó, observó de nuevo a Bella alterada, nerviosa y aovillada sobre sí misma. La abrazó y comenzó a tararear su nana pero eso no pareció calmarla demasiado porque de pronto comenzó a dar patadas y manotazos. Edward entonces habló un poco más fuerte, intentando tranquilizarla y hacer que despertara. Cuando Bella lo vio pareció calmarse y recostó su cabeza sobre el pecho de Edward. Él entonces comenzó a tararear la nana de Bella de nuevo y a acariciar su pelo para calmarla y relajarla. Intentó alejar así todos los malos pensamientos que en su cabeza permanecían aletargados para salir a dañarla cuando más vulnerable se encontraba.
Bella cayó dormida casi al instante, así que Edward se relajó y se dejó abrazar por Morfeo cuando estuvo seguro de que Bella estaba profundamente dormida. Pasaron las horas y de madrugada Edward despertó e intento alejarse para volverse a su cuarto, pero Bella lo agarró y atrapó, con una fuerza no física pero si emocional, impidiendo así que se alejará. Volvió a dormirse junto a ella, ya que al intentar cantarle de nuevo para que se relajara, él mismo se relajó tanto que cayó de nuevo en la inconsciencia.
Cuando el sol comenzó a salir por la venta, si que era hora de Edward se fuera. Bella despertó con el movimiento de Edward y él sin darse cuenta se vio atrapado en un tierno abrazo. Bella besó su mejilla mientras le daba las gracias por haberle quitado las pesadillas. Edward sonrió y acarició la mejilla de la pequeña que tenía entre sus brazos. Edward se despidió cariñosamente de Bella y antes de que nadie se despertara, se escabulló fuera de esa habitación, lejos de esa pequeña que lo hacía sentir completo y seguro y feliz.
Edward pensó que al menos llevaba grabado en su retina la dulce sonrisa de Bella y eso le haría tener un gran día. Le había llamado su espantapesadillas. Bueno un misterio menos, al menos ya sabía porque le daba las gracias en sueños. Fue a su habitación y se tumbó en la cama esperando oír a su madre para comenzar a arreglarse y empezar un nuevo día. Aunque si era sincero, no quería ir al instituto, quería quedarse en aquella casa, con esa pequeña, de nuevo el pasado volvía, añoraba su días de clases en casa. Suspiró pensó en la pequeña niña de la habitación de al lado y volvió a ver su dulce sonrisa, una sonrisa que él sólo había visto cuando Bella estaba a solas con él. Una sonrisa que él quería quedarse para sí, sin compartirla con nadie, porque parecía la sonrisa de un bello ángel. Edward cada vez era más consciente de su realidad inconsciente.
El sol brillaba con fuerza, Esme se había levantado, así que era momento de empezar el nuevo día...
