¡Hola a todos! Disculpen de todo corazón la tardanza. Pasó que, no recuerdo cuándo (quizás ni fui yo), le di un golpe a mi notebook y provoqué un derrame en la pantalla interna, que tuve que mandar a arreglar, por lo que no pude postear antes. Mil disculpas. También sé que este capítulo no es muy largo, pero creo que les gustará lo que va a pasar y, más aún, lo que está por venir. Espero que les guste. Les agradezco todos sus comentarios, ¡siempre me motivan para seguir escribiendo! Me alegro mucho de que les guste la historia tanto hasta ahora. Sin más, es próximo capítulo.

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Capítulo 13

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Burla

El día había llegado. Ése día que jamás creyó posible realmente había llegado. Era consciente de todos los hechos que la habían llevado hasta allí y, sin embargo, no podía evitar sentir que estaba soñando. Sentía como si una bruma blanca rodeara su visión, tal como en un sueño. Los músculos de sus piernas estaban tensos, haciéndola caminar de forma rígida. No habían palabras para aquél momento.

Sesshomaru y Jaken caminaban frente a ella como si nada especial estuviese ocurriendo. Y es que, bueno, para ellos aquello no era nada. De vez en cuando le dedicaban ligeras miradas de molestia por el evidente nerviosismo de ella, pero no articulaban palabra alguna. Agradecía ese silencio. En aquél momento, no había otra cosa en la que pudiera pensar más que en darle un gran abrazo a Shippo, ver a sus queridísimos amigos, Sango y Miroku, y… bueno, aún no tenía muy claro qué hacer en cuanto viera a Inuyasha. Tenía la esperanza de obtener la respuesta al verlo.

No podía evitar los pensamientos que pasaban a toda velocidad por su mente. ¿Qué diría? ¿Cómo reaccionaría? Se dio cuenta de que seguía imaginándose a sus amigos tal y como los recordaba, pero quién sabe cuánto habrían cambiado en esos años.

Era consciente de que estaban muy próximos a llegar a la aldea, pero jamás un camino se le había hecho tan largo. Había una cosa que había estado evitando y que hacía que estuviera contando cada paso que daba. Si bien era cierto que siempre quiso volver, que sentía que el Sengoku era el lugar al que pertenecía, también sabía que lo que detonó la decisión de volver cuando la oportunidad se presentó fue una sola cosa: averiguar si Inuyasha era, efectivamente, el amor de su vida. Si era la razón por la que, desde que dejó el pasado, no había sido capaz de enamorarse realmente.

Si la respuesta a eso era negativa… pues estaba bastante jodida.

Ese pensamiento fue la gota de derramó el vaso de los nervios.

—¡T-tengo hambre! —exclamó sin previo aviso, llamando la atención de sus acompañantes.

—¡Pero si acabas de comer, mujer! —reclamó Jaken, mirándola con molestia.

—Bueno, ¿qué quieres que haga si me dio hambre, eh? —soltó rápidamente—. ¡Iré a buscar algo de comer!

Se adentró entre los árboles como alma que lleva el diablo. Una vez que estuvo lo suficientemente lejos, se derrumbó contra un árbol y soltó un suspiro. Aquél arrebato era sólo una muestra de cobardía, pero no le importaba. Necesitaba un minuto. De pronto, no se sentía tan capaz de enfrentar lo que se venía y necesitaba juntar el valor.

Unos árboles más allá, divisó un arbusto de moras. Dijo que iba a buscar algo de comer, así que mejor se llevaba unas cuantas como coartada. Se puso de pie y alcanzó a dar dos pasos antes de que esa escalofriante voz ronca que tan bien reconocía la hiciera detenerse en seco.

—Sabes que tendrás que ir tarde o temprano, ¿verdad, humana?

Se volteó lentamente, como una niña pequeña a la que acaban de encontrar haciendo una travesura. Sesshomaru la observaba con su expresión seria de siempre a unos dos metros de distancia. Se obligó a tragarse la vergüenza que sentía por haber sido atrapada con una actitud tan cobarde y a mirarlo a los ojos.

—¿Qué dices? Vine a buscar algo de comer. —Caminó rápidamente hacia el arbusto de moras y sacó unas cuantas—. ¿Ves? Venía por estas.

Una vez más, su tonto orgullo se le adelantaba para hablar. No quería admitir que estaba asustada, que era una cobarde.

Sesshomaru se cruzó de brazos.

—Hm. Cómelas, entonces.

¿Eh? Aquello había sonado como un desafío. ¡Pues claro que las comería! Observó las pequeñas frutas violetas en su mano manchada por sus jugos y el estómago le dio un vuelco. Estaba tan nerviosa que el solo pensamiento de masticar algo le daba ganas de vomitar.

—¿Y bien? —insistió él, con voz ronca.

Kagome llevaba suficientes días compartiendo con él como para notar que, a pesar de que su expresión fuera seria, por dentro se estaba burlando de ella. Eso le hizo hervir la sangre y, antes de que pudiera evitarlo, le aventó las moras. Todas. Pequeñas manchitas rosadas quedaron marcadas en el traje del demonio cuando los pequeños frutos chocaron contra su pecho.

Fue un impulso. Un muy estúpido impulso. La azabache se llevó las manos a la boca con asombro. Por un nanosegundo, Sesshomaru no parecía reaccionar. Al parecer, no se esperaba para nada esa acción. Sin embargo, en un parpadeo ya estaba a centímetros de la cara de ella, mirándola de forma amenazante.

Kagome estaba a punto de suplicar por perdón, cuando recordó que era él el que se había estado burlando de ella. Retiró las manos de su cara y puso los brazos en jarras.

—¡No te burles de mí! —Le espetó, enojada.

La aguda mirada de Sesshomaru recorrió su cara e, inesperadamente, la amenaza desapareció de sus ojos. Entonces, alzó una mano en dirección a la cara de ella. La iba a descuartizar, pensó ella. Hasta ahí iba a llegar todo. Sin embargo, lo que sintió no era ni cercano a eso. El pulgar de él rozó la comisura de sus labios, arañándola un poco con su garra, aunque no de forma que doliera. Acto seguido, se introdujo el pulgar manchado de jugo rosa en la boca ante la mirada atónita de ella.

—No vuelvas a hacer eso. —La amenazó en un susurro.

Antes de que ella pudiera decir nada, antes de que pudiera siquiera reaccionar, el demonio dio media vuelta y se marchó, dejándola allí, estática.

¿Sesshomaru acababa de hacer lo que ella creía que acababa de hacer? ¿Qué clase de amenaza era esa? Reaccionó lo suficiente como para agradecer el no estar muerta y, entonces, se dio cuanta de algo. ¡El muy maldito se había burlado de ella de nuevo! Haciéndole notar que tenía la cara manchada con jugo de moras de esa manera tan… ¿sensual?

Un potente sonrojo se apoderó de sus mejillas. Nunca creyó que vería de esa forma a Sesshomaru. Le parecía atractivo, sí, pero el reciente acercamiento fue distinto. Eso la confundió. Se tocó con dos dedos la zona que el ambarino rozó con su pulgar mientras miraba con atención el lugar por el cual se había marchado hacía unos minutos. ¡Estúpido Sesshomaru! No le bastaba con encontrarla en su momento más débil, con burlarse de ella, ¡tenía, además, que reaccionar de esa forma que ella jamás se esperaría!

El repentino enojo contra el platinado hizo que reaccionara por completo, finalmente. Al final, tenía que agradecerle a Sesshomaru por algo: las emociones que acababa de sentir la despertaron lo suficiente para armarse de valor. Caminó a paso decidido de vuelta al sendero. Aún no sabía lo que le esperaba cuando llegara a la aldea. No sabía qué cosas sentiría al ver a Inuyasha de nuevo.

Fuera lo que fuese, ahora se sentía con el valor suficiente para enfrentarlo.