Capítulo 14

Me impulsé con la presión que ejercían mis artefactos. Apunté mi guantelete en su dirección para lanzarme sobre ella. Logré alcanzarla y estampar su escuálido cuerpo contra el suelo que cada vez más se rompía en pedazos gracias a la batalla campal que se ha armado en este piso.

–¡Al fin te tengo! –grité con orgullo.

–¿Crees que con tus delicadas manos podrás hacer mejor, pelo pintado?

Ella no estaba en condiciones de zafarse, la tenía contenida con mi cuerpo. La observé con furia, esta flacuchenta no tiene oportunidades contra mí si está en esta posición. ¿Qué tan pelotuda se puede ser si no tienes chance de escapar? Ella estaba frita.

–Los perros siempre buscan la pelota… –sonrió ampliamente.

¿Qué demonios acaba de decir?

–¡Adivina quién es el perro y quién es la pelota!

No, no puede ser.

–¡Caitlyn! –giré rápidamente mi rostro para localizarla.

–¡Vi! ¡Salva a los oficiales y sácalos de aquí! –me gritó autoritaria.

Pero si apenas me aparté unos segundos y ellos estaban bien. La estaban protegiendo, ¡¿qué carajos sucedió?!

Bajé un poco más mi vista y estaban los cuatro en el suelo conteniendo sus gritos de dolor, estaban casi moribundos. Aún no logro entender cómo pasó esto tan rápido, pero… ¿Y Jayce?

Observé un poco más a la derecha, donde habíamos estado hace unos segundos discutiendo. Unos encapuchados lo retenían, él estaba escupiendo sangre por todos lados. Caitlyn intentaba tomar las riendas del asunto, pero estaba imposibilitada, su pierna sangrante no estaba en condiciones de ponerse en pie.

¿Otra vez fue mi culpa? ¿Nuevamente dejé sola a quien quiero?

De pronto sentí una inyección en mi cuello.

El recuerdo viene a mi cabeza otra vez, este pinchazo es muy familiar. Siento cómo el líquido entró por mi cuerpo, tan espeso y doloroso. El recuerdo se hizo vivo.

Reaccioné observando a Jinx. Sus ojos estaban más brillantes y desquiciados que nunca. Su sonrisa me perturba y lo único que quiero es hacerla desaparecer.

Sentí un latido que me hizo temblar. De seguro mis venas se podían notar.

Si es lo que creo que es lo que me acaba de inyectar, sé cómo continuará. Ahora no puedo quedarme de brazos cruzados.

Acerqué mi rostro al de ella con el ceño fruncido.

–¡Me tienes aquí, no te metas con ella! –grité haciendo presión a su cuerpo.

–¡Siempre lo estuviste! ¿Qué hay de diversión si no hay caos?

–¿Quieres que me divierta con tu cara?

–Hazlo antes de que te haga efecto. ¡Es un regalo por parte de Kevin!

Otro latido me hizo temblar.

No tengo tiempo, debo hacer algo ahora ya.

–Ya nos veremos, Manototas –susurró en mi oído para luego golpearme con una tabla que había a su lado.

Inmediatamente me concentré en el dolor y ella logró dejarme tirada.

–¡Si eres tan fuerte como crees, es mejor que abandones el edificio! –carcajeó y se montó sobre su cohete dejando a sus camaradas, si es que se le puede decir así a los imbéciles secuaces de Kevin.

Con dificultad me puse de pie y me dirigí a ellos. Apenas sentía mi cuerpo, y así como voy terminaré por dejar de sentirlo.

Avancé con los pies arrastrando, como si tuviera arena movediza debajo de mí. Aun así hice un gran esfuerzo por alcanzar a uno de los encapuchados tirando de su chaqueta contra la muralla. Los que estaban tan ocupados con Jayce, desviaron su atención hacia mí.

Otra latido me hizo temblar. Siento mis venas hinchadas y sé que es cuestión de tiempo para perder el control.

No sé qué es lo que hago, siento como si estuviera alucinando, los rostros se mezclan y no distingo quién es quién.

Siento un golpe por mi rostro que logra sacar sangre de mi boca. Antes de caer al suelo por el impacto, agarro la chaqueta de quien me golpeó para que conozca el suelo de cerca.

Una vez que caímos, me lanzo sobre él rápidamente y le grito con fuerza. No tengo idea está debajo de mí, no observo su cara, sólo sé que si estuviera cien por ciento, lo más probable es que le hubiera golpeado, no gritado. Esa cosa está haciendo efecto en mí y es como si fuera a perder la razón en cualquier segundo. Esto no es propio de mí.

Un idiota me pilla por la espalda, pero me resisto y mis guanteletes lo alcanzan hasta lanzarlo por delante y estrellarlo por la pared que termina por derrumbarse. El otro

La estructura del edificio comienza a temblar como lo hace mi cuerpo con cada latido.

Cargo mi guantelete con la mayor presión que mi sistema Hextech aguanta para encargarme de quien está debajo de mí. Sé cuál será mi movimiento, pero no quiero llevarlo a cabo. Poco a poco seré espectadora de algo que no puedo controlar.

Como suponía, dirigí mi puño cargado a la cara de quien tenía debajo de mí. La fuerza fue excesiva, este hombre se muestra inerte.

Soy luchadora, no matona…

Escuché voces y mi vista poco a poco cambió a una más demoníaca. La gama de colores de mi visión se tornó a uno oscuro. El vapor que salen de mis guanteletes es rojo y siento más fuerza que nunca.

Veo a otro venir por mí, pero no demoro en agarrarlo del cuello. Aprieto con fuerza y lo veo retorcerse. Sus pies ya no tocan el suelo que se desmorona.

Soy luchadora, no matona…

–J-Jodido... Monstruo –me dice a duras penas.

Otro latido, más fuerte que los anteriores, me avisa que estoy por corromperme. Falta un latido más para caer en lo peor.

–¡Vi, detente! –pude oír, pero no sé a estas alturas quién grita.

Me duele el pecho y suelto al sujeto. Me inclino tapando mi pecho buscando remedio en ello.

Inmediatamente después, mi cabeza vuela hacia atrás al recibir una patada.

Estoy enloqueciendo, estoy perdiendo la razón. Ni siquiera ese golpe puede traerme a la realidad, desearía que fuera más fuerte a la próxima para sacarme de esta pesadilla.

Esto no es como las inyecciones anteriores, con las que Kevin experimentó conmigo, definitivamente esta es más poderosa que las anteriores.

Toqué mi cabeza para quitar los rastros de sangre que siento escurrir por mi sien. Al verla en mi mano noto que mi piel está cambiando de color, está tornándose morado y me asusto. Retrocedo en el suelo hasta que mi espalda choca con el tablero de una mesa.

Mi cabeza y espalda comienza a doler como un demonio. Grito agitada con la cabeza en mis manos. Me estoy haciendo un ovillo y busco refugio entre mis rodillas. Me está costando respirar, mi pecho se eleva mientras intento calmarme, pero es en vano. Mi cuerpo arde ferozmente y me retuerzo del dolor.

Veo a aquel que me dio la patada acercarse con un fierro entre sus dedos. Lo único que deseo es que me golpee tan fuerte como para que toda esta tortura termine.

–¡Dame lo más fuerte que puedas! –grité.

–¡Será un placer, maldita!

Y lo vi venir.

La cara de ese bastardo se deformó por toda la fuerza que aplicó para encestármelo en la cabeza. Me quedé quieta y lo miraba con desafío.

Cerré mis ojos cuando creí que era el momento, pero no fui yo quien recibió el metal.

Me quedé pasmada, abrí mis ojos y supe de qué se trataba. ¡Esto era para mí!

–¡¿Por qué lo hiciste?! –Grité con impotencia–. ¡Tú no deberías haberlo hecho!

¡Ese golpe era mío!

El caído sólo optó por observarme a regañadientes. Su mirada se apagó lentamente frente a mí. Busqué sus signos vitales y sólo pude notar cómo desaparecía cada uno. Me duele todo el cuerpo y siento como si estuviera soñando, todo está muy confuso, con suerte sé qué es lo que estoy haciendo.

Esto no me gusta nada.

Me puse de pie sin saber de dónde saqué fuerzas y con determinación me dirigí al culpable. Lo tomé de su cuello y noté cómo mi guantelete quemaba su garganta. Desprendía tanto vapor que me podía cegar, tal y como lo hacían mis acciones. Poco a poco estoy perdiendo el control de mis movimientos. Su cara cianótica me demuestra que está asfixiándose, a esta altura ya no me importa nada. Él pagará la muerte de mi compañero con la misma moneda.

Sin ganas de perder mi tiempo, sujeto con fuerza y me encargo de que el maldito pague por sus actos.

Cada pulso bombea con fuerza en mi interior, pero el dolor está desapareciendo, lo cual es muy extraño aunque espero no volver a sentirlo después. Esta sensación está siendo agradable, siento adrenalina recorrer por mi sangre y comienzo a distinguir al fin lo que hay a mi alrededor.

Un estruendo del edificio me saca de mis pensamientos, el techo está por derrumbarse.

Me cuesta agudizar la vista, pero logro divisar a Caitlyn apoyándose de su rifle para sostenerse en pie. Jayce y dos oficiales más están junto a ella. Me observan inseguros y yo sonrío. Avanzo a donde están ellos y un oficial me apunta.

–¡Quieta! –grita él–. ¡No te muevas!

Seguramente mi cara debe ser un signo de interrogación en este momento. Soy su compañera, acabo de salvarles el trasero. Sin mí ellos estarían muertos.

–¿Me apuntas después de salvarte el trasero? –pregunté secamente.

–Vi… –oí a Cupcake–. No te atrevas a dar un paso más.

–¡¿Qué demonios?! –me exasperé–. ¡¿Qué es lo que hice ahora?!

–¡Basta! –me contestó–. Acabas de matar a sangre fría al oficial… –se calla unos segundos–. Contra el prometido de…

¿Qué?

No pude seguir escuchando. Mi vista se está nublando y poco a poco pierdo la razón. Estoy desorientada. ¡Yo misma vi que él fue el que recibió el fierro! ¡Yo no le dije que me cubriera de ese golpe!

–¡Perdiste la razón! –me grita con lágrimas en los ojos–. ¡Estabas cegada! No sé cómo… Pero sujetaste a la persona equivocada, te grité que dejarás de hacerlo, que pararas porque si seguías así lo terminarías matando y retrocediste. En ese momento supe que algo estaba mal en ti, nuestro compañero se dio cuenta de ello y se interpuso salvándote del golpe, el prometido apareció y lo vio todo, actuó por instinto, estabas matando a uno de los nuestros –me miró acusadoramente–. Vi, acabas de matar al futuro padre de una familia.

–¡No juegues conmigo! –le grito de vuelta–. ¡Yo los salvé a ustedes!

–Caitlyn, no tenemos tiempo –dice Jayce ignorándome–. El edificio nos aplastará. No podemos permitir que esta monstruo nos lleve con ella.

Por primera vez no tengo ganas de contestarle a ese idiota de primera. Sólo me quedo buscando una explicación de todo esto, busco comprensión en Cait, y la mirada de ella en mí deja una opresión en mi pecho. Me mira como si fuera la peor cosa de este mundo. Que sean todos pero menos ella.

Veo las cosas caer a mi alrededor mientras sigo en mi misma posición.

Caitlyn no despega su mirada de la mía y comienza a llorar. Veo profunda tristeza en ella. Quiere acercarse a mí, pero Jayce en un movimiento rápido la sostiene para bajar cuanto antes del derrumbe... Y yo solo la veo partir.

Escucho mi nombre y escucho su llanto.

Pasaron unos segundos para saber que me encontraba sola en el piso infernal.

No puedo quedarme un minuto más aquí, si sigo estaré pudriéndome entre los escombros.

Miro por las ventanas y veo la muralla de una casa alta frente a mí. La diferencia de altura es enorme, pero es mi única oportunidad. No lo dudo más. Me impulso con mi energía Hextech y en cuestión de segundos estoy chocando contra la pared, con los dedos de mi sistema busco aferrarme a la muralla, estoy a punto de tocar el suelo, pero pierdo el balance y caigo sin perdón contra el duro cemento. Mis ojos están cansados, miro adolorida el humo que hay en el cielo.

Aún no estoy a salvo.

Comienzo a correr como puedo y desaparecer del lugar, hay mucha gente y polvo por aquí. Me escondo detrás de unos basureros y veo a Cupcake salir en los brazos de Jayce. Me molesta ver cómo la tocan y me tenso. Yo debería estar allí, no él.

Veo que la cubren con una mascarilla, ella no para de toser. La oficial prometida que rescató al niño se le acerca y Cait niega mirando el suelo. La oficial se derrumba en el suelo llorando desconsoladamente.

Mi corazón se encoge y me duele el pecho como nunca antes, siento unas horribles ganas de golpear algo. No puedo creer que haya sido yo quien lo haya matado, justo él que iba a ser padre. Acabo de romper una familia con mis manos. Estaba casi segura que era un encapuchado. ¿Cómo es que perdí la razón? Conté los latidos y me faltaba uno para saber que ya no sería yo, que mis movimientos no serían propios de mí, un latido más faltaba, UNO.

No aguanto más, necesito moverme de aquí.

Corro hasta que siento mis piernas temblar. Un calambre me hace parar y me doy cuenta de que terminé en un sitio de mala fama. Inconscientemente terminé donde habían comenzado mis tiempos de gloria, cuando llegué a Piltóver.

Veo a gente de dudosa reputación. Veo borrachos sostenerse unos con otros y prostitutas se me acercan ofreciéndome de todo, sólo camino ignorándolas. Caitlyn no sale de mi cabeza. Siento una tristeza profunda en mí, como si mi mundo se me hubiera caído al suelo, ella era mi mundo.

Aún tengo tiempo para dirigirme a mi casucha antes de que lleguen los oficiales a buscarme. Tengo que sacar mis herramientas y encontrar la razón de porqué mis guanteletes están tan cambiados.

Me apresuro en llegar y veo que está vacío. Bien.

Doy un paso rápido y me tropiezo.

–¡Agh!

Veo mi pie atascado en un agujero.

–¡Puto hoyo!

Ya estoy harta de cosas desmoronándose, ya tuve suficiente con lo de hoy. Justamente era eso lo que me faltaba. Puta vida.

Me libero del agujero y voy en busca de mis herramientas y por algo de comida. Estoy muriendo de hambre. Decido guardarlo todo en una bolsa de tela y paso frente un espejo roto. Me veo y me quedo pasmada. Mi cabello está blanco y mi piel violeta. Mi apariencia es… ¿Como un demonio? Qué mierda tenía esa inyección, ¿no estaré alucinando de nuevo? Me golpeo la cabeza y me pellizco, pero sigo viendo la misma imagen por ese espejo.

Me estoy alterando.

–Respira Vi. Inhala y exhala.

Tengo que marcharme. No tengo tiempo.

Cuando me doy vuelta para partir, la veo a ella en la puerta.

–Caitlyn –me quedo inmutada en mi sitio.

–Vi –noto que sus ojos están hinchados y cristalinos. Su piel está magullada y me preocupo.

Suelto la bolsa y me acerco a ella para tenerla en mis brazos, pero ella retrocede.

–P-Por favor, no te acerques –dijo comenzando a sollozar.

–Perdóname, por favor –me siento destrozada–. No sabía lo que estaba haciendo, Jinx me inyectó algo y perdí la cordura. Cupcake, por fav-

–¡No me llames Cupcake! –me grita–. No podré contenerme, detente ya.

Sólo la observo sin saber qué decir.

–Me duele verte así –prosiguió mientras unas cuantas lágrimas escurrían por su rostro–. Pareces otra persona… sufriste un cambio con lo que sea que esa maldita te inyectó, te vi sufrir por esto y no supe qué hacer.

Se acercó a mí lentamente depositando su mano sobre mi tatuada mejilla, me acomodé a su tacto, como si hubieran pasado años sin haberla sentido.

–Cait…

Escucho a lo lejos las sirenas que emiten los carros de policías. Están por llegar.

–Fuiste en contra de la ley y rompiste el contrato por el cual firmaste para comenzar tu labor de vigilante de Piltóver –su pecho estaba desbocado y el ruido de las sirenas sonaban cada vez más cerca.

–Perdóname, Cait –me acerqué buscando refugio, pero ella me apuntó con el cañón de su rifle directo a mi cabeza.

Sus lágrimas no paraban de salir. Estoy desesperada.

–Vi, estás bajo arresto –su mano temblaba al apuntarme con el arma, nunca la había visto dudar–. Te daré cinco minutos de ventaja.

Escuché al primer auto policial.

–Cupcake, yo…

–¡Vete!

Tomé la bolsa y me fui por la parte trasera sin despegar mi vista de ella, cuando salté el muro la vi por última vez arrodillándose sobre el suelo y llorando desconsoladamente.

Quisiera darme la vuelta y tenerla en mis brazos. No me importaría ir a prisión, necesito sentir el calor de su cuerpo… Pero no puedo.

Miré hacia adelante para correr, tengo que desaparecer cuanto antes. Cupcake me dio cinco minutos de ventaja y los tengo que aprovechar.

Esto no se quedará así, he vuelto a estar por mi cuenta. No es como si fuera algo nuevo. Yo misma me encargaré de encontrar a Jinx y matar a Kevin.

Lo juro por ti, Cait. Gracias por darme estos minutos.

Las calles vuelven a ser mi hogar, serán un laberinto para los policías y no podrán encontrarme. Sé perfectamente a donde dirigirme, allí la policía no tiene idea de su existencia. Iré donde yo demostré mis habilidades de luchadora y fue el sitio en el que había triunfado antes de ser policía. Ya llegaré, sólo espera… Ring al Aire Libre.

Continuará…