Capítulo 13:

Verdades I

Pov Narrador.

Shippo miro a detenidamente a los tres, Misuki, Sora y Kagome, ya no eran humanos y sus aromas habían cambiado. Luego de que el sello se rompiera Shippo, con ayuda de un Sota ya bastante crecido trasladaron a los tres dentro de la casa, ya había anochecido para entonces. Sota miro a su hermana, los habían acostado en la pequeña sala, y a diferencia de sus sobrinos, Kagome se encontraba bien, solo dormida, sus características habían cambiado, eran más agraciadas, finas. Su cabello había crecido y tenía garras en vez de uñas. No tenía las marcas que le habían salido a sus sobrinos, pero a diferencia de Kagome, quien se encontraba tranquila. Sora y Misuki estaban prendidos en fiebre.

Las heridas de Sora se habían curado, pero su rostro mostraba dolor al igual que Misuki, y así se habían mostrado las últimas dos horas. Shippo admiro el cambio de Misuki, había crecido unos centímetros, su cabellera era plateada y una larga hebra negra desde el centro de su cabeza esta dividía el cabello de plata, su cabello ya no era ondulado y al igual que Kagome era liso y brillante. En su cara había parecido las marcas de nacimiento, sus labios habían adquirido un brillo natural y Shippo tuvo una ganas de besarle, y no solo de besarle sino también de posar sus manos en su mejillas rosadas. El pelirrojo quiso golpearse.

No es el momento. Se repetía una y otra vez como un mantra. Shippo dirigió la mirada Sora, era la viva imagen de Sesshomaru con la nariz de Kagome, mas Shippo se preguntaba de donde ambos habían sacado ese extraño lunar, mientras que Misuki lo tenía bajo su ojo izquierdo, Sora lo tenía cerca de su labio.

— ¡Hermana! —Sota exclamo al ver a su hermana recuperando la conciencia, Kagome se sentía extraña y a la vez tranquila, miro sus manos, garras. Toco su cabello, liso como la seda y más largo. Shippo miro Kagome, está ya se había sentado, miro sus ojos, azules. Las manos de Kagome fueron hasta sus orejas, eran puntiagudas. Ya no era humana.

—Shippo, Sota, Mamá—La señora Higurashi que hasta ahora se había mantenido tomando su té tranquilamente sonrió al escuchar la voz de su hija. Sota suspiro aliviado al ver a su hermana en buenas condiciones. Shippo solo la observo un momento. Ante él no solo se encontraba su madre, vio sus hombros y la manera en que se sentaba, recta y firme. Ante él estaba la Señora del Oeste, la sacerdotisa más poderosa que pudo haber existido, luego de Midoriko, la guardiana de la perla, la única humana que había podido sobrevivir a la trasformación. Coloco las manos en sus rodillas e hizo una reverencia.

Todos en la sala menos Kagome se encontraban sorprendidos por la reverencia de Shippo, Kagome sabia porque lo hacía. Sonrió tenuemente. Ella ya no se consideraba la señora del Oeste, había abandonado a su pareja, su castillo, en las palabras del propio Sesshomaru, ella era una deshonra.

—Levanta la cabeza Shippo, yo no soy más la Señora del Oeste. —Su voz había sido tranquila y firme.

—Mientras tengas la marca de Sesshomaru, eres la única Señora del Occidente—Ante la respuesta de Shippo, las manos de Kagome fueron hasta su cuello. Sintió el relieve de la luna en el lado izquierdo. —Ese es tu derecho Kagome. Ni siquiera Sesshomaru te lo puede quitar.

Ella se sintió frustrada, por poco olvida esa bendita marca. La marca que la conectaba a Sesshomaru, la marca que había impedido durante los últimos 16 años tener un encuentro con el sexo opuesto, y no era que ella había tenido muchos, pero esas pocas ocasiones habían salido desastrosas. Ella asintió.

—Kagome, ¿Los niños están bien? —La pregunta de la Señora Higurashi hizo que Kagome mirara a sus hijos. Escucho sus respiraciones, estaban un poco aceleradas y sus rostros estaban impasibles, salvo sus ceños fruncidos.

—Sí, mamá, estarán bien. Sus fuerzas espirituales y demoniacas están teniendo una gran pelea, pero ahora que he roto el sello será más fácil para ellos. —Explico Kagome.

— ¿Por qué nunca les contaste lo que eran? ¿Por qué esperar dieciséis años? —Las preguntas de Shippo dejaron pensado a Kagome.

—Yo quería ellos vivieran una vida humana, que si les tocaba escoger tuvieran sus opciones, Shippo. Nunca tuve la intención de ocultarles que eran, pero dime ¿Cómo iba a saber que en este mundo también vivían demonios? ¿Qué ustedes estaban vivos? Durante la búsqueda de fragmentos jamás los sentí, e Inuyasha mucho menos. —Explico Kagome impasible. —Yo no quería que pasaran por lo que tú pasaste. Y si, sabia de la guerra. Midoriko apareció ante mí una noche de luna llena, Sesshomaru no estaba. Ella me conto cosas—La mirada de Kagome se perdió mientras hablaba, recordando esa noche.

_FLASH-BACK_

Era una noche de luna llena, Sesshomaru había salido colérico al enterarse que estaban atacando la frontera del Oeste, Kagome quiso ir con él, pero la manera en que estaba la hizo retractarse. Esos ataques habían estado sucediendo desde que los demonios se habían enterado que el Lord del Oeste había tomado a una humana como compañera. Y no el hecho de que fuera humana molestaba a otros demonios, la humana era una sacerdotisa y aun así pudo atravesar el ritual. Eso molestaba sobremanera a muchos Youkai.

Kagome tenía que ver con más frecuencia a Sesshomaru volver con sangre en sus garras y ropa. Solo podía quedar en el palacio de la luna y pedir a Kami que el volviera sano y salvo. Ella a veces se sentía estúpida, pedirle a Kami, que trajera a su compañero a salvo, él que era un demonio. Ella no sabía cómo se había enamorado del frio lord, pero ella lo amaba. Y era algo que nadie ponía en duda, ni siquiera Irasue. ¿Y la forma en el Lord miraba a esa humana insolente? Todos en el castillo estaban al tanto del amor que el Lord le respondía a la humana.

Kagome se encontraba en su habitación, ella esperaba a Sesshomaru todas las noches, la pelinegra recordaba sus tiempos buscando los fragmentos de la perla, de sus aventuras, de su primer amor. Inuyasha. La perla había desaparecido tras el deseo de Kagome, el cual había sido que revivieran a Kikyo, ella y Inuyasha se merecían un final feliz, tantas lágrimas, traiciones. De eso ya había dos años.

Una brisa fría se coló a la habitación, Kagome decidió cerrar la ventana, era un demonio ahora, y podía soportar grandes temperaturas, pero aun así ella se sentía humana. Su apariencia y fuerza habían cambiado. Pero ella internamente era humana. Ella usaba un kimono blanco simple, debajo de este se encontraba desnuda. El kimono resbalaba un poco por sus hombros y Kagome se lo acomodo un poco más al sentir otra ráfaga de aire entrar. Cerró la ventana, pero se quedó estática al sentir otra presencia en la alcoba.

—No te asustes Kagome—La voz suave resonó y extrañamente Kagome no se asustó o altero. Se volteó sobre sus talones y se sorprendió al ver a Midoriko, esta sonrió al ver el rostro sorprendido de la última guardiana de la perla —No tenemos mucho tiempo, querida Kagome.

— ¿Pero...pero cómo? —Kagome estaba estupefacta no solo por ver a Midoriko sino por ver lo que guindaba de su cuello. La perla. Midoriko llevo su mano derecha la perla.

—No como, porque. —Explico Midoriko quitándose el rosario. Esta se lo extendió, Kagome negó con la cabeza, se negaba a coger la perla. Debió haberse destruido hace dos años. —Tómala Kagome y te explicare—Con duda y miedo Kagome cogió la perla, la maldita perla que había traído tanto sufrimiento a su gente. Ella sintió su poder y por un momento pensó que corrompería, ella ya no era humana, pero no, la perla brillaba de un rosado intenso. —En ti Kagome se está creando una vida, creo que ya lo sospechabas.

La mano izquierda de Kagome se fue a su vientre instantáneamente. Ella lo había sospechado pero las palabras de Midoriko hicieron que sus ojos se llenaran de lágrimas. Midoriko miro a Kagome con ternura. Ella había visto amores imposibles, pero nada más imposible como el amor entre un demonio y una humana. Pero ambos estaban destinados. Eso hasta los dioses lo sabían.

—Kagome, tienes que irte. —La voz de Midoriko saco a Kagome de su trance. Esta la miro alarmada.

— ¿De qué hablas Midoriko? ¿Irme a dónde? —Soltó Kagome sorprendida.

—Dentro de cinco años empezará una guerra, los humanos están en su límite. La muerte de una sacerdotisa será una excusa para los humanos en eliminar a los demonios. Si te quedas, morirás, tú y Sesshomaru, con tu cachorro. Tienes que irte Kagome, tus... tu hijo tendrá que llevar a cabo una profecía al cumplir los 16 años. —Los ojos de Kagome se encontraban cristalizados. Eso debía ser una pesadilla. Se sentó en la cómoda, la perla palpitaba furiosamente en contra su mano.

— ¿Por qué no quedarme? Sesshomaru me protegerá y yo protegeré a mi bebe. —Los ojos de Kagome suplicaban por otra solución. Midoriko negó suavemente

—Si te quedas, serás culpable de la muerte del lord. Puedes irte y evitar eso. —Kagome limpio la solitaria lagrima que iba lentamente por su mejilla.

— ¿Cuándo? —Ella ya había tomado su decisión.

—Dentro de un mes, un día de luna nueva. Volverás a tu tiempo, ya cumpliste gran parte de tu destino en esta época, es hora que vuelvas. La perla ocultara los cambio en tu olor y abrirá el pozo. —Kagome asintió. Luego Midoriko desapareció. Kagome fue a la cama y se sin seguir esperando a Sesshomaru durmió.

_FIN DE FLASH-BACK_

Shippo miro a Kagome. Ella por fin había decidido revelar parte de su huida.

—Pienso en Koga, que no tuve la oportunidad de despedirme, de ninguno de ustedes. —El cabello de Kagome cayo cuando ella oculto su cara, a mitad del relato ella había empezado a llorar, ahora solo salían pequeños gimoteos. —En Sesshomaru, lo único que me hizo sonreír fueron ellos —Miro a sus hijos. —Lo único que me hizo seguir adelante. —Finalizo sorbiéndose la nariz.

La sala quedo en silencio, el único sonido que se escuchaba era del agua en el friegaplatos, la señora Higurashi había ido a lavar las tazas de té.

/

Quería comentarles algoIMPORTANTE, ya hace un tiempo que yo no hago Fanfic de Animes, y sigo con este porque sé que muchos les gusta, por eso en gran parte tardo en subir capítulos, me gusta la cultura Japonesa, pero a veces no encuentro la menara de plasmar mis ideas. Espero les haya gustado este capítulo.

LOS AMO!