Estimados lectores: no se preocupen por la continuidad de este fic ya que yo tengo TODOS los capítulos ya programados en mi cabecita (así es: hasta los caps finales ─bueno, las ideas principales─ XD pero para esos falta muuuuuuchos caps de por medio jeje), asique sí lo voy a continuar, y si me tardo mucho en subir, ha de ser porque estoy un poco atareada con la UNIV, pero a esta historia no la voy a abandonar asique no se preocupen por eso ;)

Muchas gracias por los reviews a fandubermiku01, Guest, Rovi, yessikatolen, Tofe:3, Sonicathehedgehog24, blink-chan90 y Lidia Aka.

E igualmente gracias a todos los que no comentan pero leen el fic! No les quito más tiempo. Que lo disfruten. Beso enorme!

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Se despertó casi instantáneamente en la madrugada. Tenía los párpados hinchados y bastante descompostura. Le dolía millares el sector frontal del cráneo y ya creía que aunque tuviera el estómago vacío, regurgitaría una vez más.

Despegó las pestañas con pereza, haciendo gran esfuerzo para lograr tener los ojos bien abiertos de un instante a otro.

La tenue luz de luna llena, perlaba completamente la habitación; aun así no lograba ver nada con detenimiento, por lo que optó por estirar el brazo y presionar la perilla del bulto en el cable del pequeño velador que reposaba sobre la mesita de luz.

La lámpara iluminó toda la alcoba con una emisión baja, algo anaranjada.

La taza de té continuaba sobre la rinconera, vacía. Lo había bebido todo: el tilo había resultado ser realmente efectivo, muy tranquilizante. Aun así, la zona frontal del cráneo continuaba doliéndole de manera puntillosa, Light se la masajeaba con las manos al tiempo que intentaba relajarse, pero nada parecía ser suficiente.

Había recapacitado de inmediato: si él estaba recostado sobre la cama de Mikami, ¿en dónde estaría durmiendo aquél para entonces…? Probablemente en el sofá de la sala de estar. Sentir que incomodaba, le resultaba nefasto.

Con un profundo malestar estomacal, hizo lo imposible por ponerse de pie. Abrió despacio la puerta de la habitación: chequeó lo que acontecía del otro lado. La luz era poca y casi siquiera se veía nada. Chequeó con sigilo que la melena pelinegra de su amigo caía de uno de los brazos del sofá. El pobre probablemente estaría con los huesos todos contracturados: definitivamente le debía una a Mikami. Aunque siendo sinceros, le debía muchas por haberle defendido siempre que hubo tenido la oportunidad.

Pobre Mikami… acarreando con problemas que no eran los suyos.

Lo inundaba una fuerte agonía que pasaba de ser emocional a ser física: estaba descompuesto y pálido como fantasma. Le crujían las tripas: tenía hambre, pero a la vez unos deseos infalibles por regurgitar.

Tenía miedo de salir de la habitación y ver por completo el cuerpo de Mikami echado sobre el sofá, le hacía sentir verdaderamente culpable por todo lo que estaba pasando: definitivamente su amigo no tenía porqué cargar con él, ni mucho menos con sus problemas personales. ¿Qué tenía que ver Mikami con el hecho de que su padre fuera un racista ignorante? ¿Qué tenía que ver Mikami con el hecho de que Riuzaky fuera un patán de cuarta? ¿Qué culpa tenía Mikami de que Light mismo fuera un crédulo? Nada… No tenía que ver con nada, ni mucho menos cargar con ello.

Pero, y si Mikami no estuviera allí tendiéndole una mano, ¿entonces adonde iría a parar Light? No conocía a nadie más que fuere tan cercano como lo era el moreno. Gracias a Dios tenía un amigo bueno, dulce y considerado como aquel, que estaba presente en un momento como ese en el que el alma de Light parecía un cuajo destripado.

Cerró la puerta lentamente. Lían no estaba, a lo mejor ya estaría en su apartamento. El pobre también se había molestado a sí mismo bastante para auxiliar a Light, a quien ni siquiera conocía. Se notaba a millas que se trataba de una excelente persona: no todos son capaces de hacer algo como aquello por un desconocido: también le debía una a Lían.

Estaba a punto de tenderse sobre la cama nuevamente, pero estaba tan descompuesto que al dar un paso sintió la necesidad de correr directo hacia el baño a devolver. Se cubrió la boca con ambas palmas para contener los enviones que embestía su garganta.

Prácticamente, se arrojó sobre la silla frente al escritorio de Mikami, para intentar recomponerse un poco: si continuaba así, seguramente debería ir con urgencia al Hospital para ser atendido de inmediato. Apoyó sus codos sobre sus rodillas, y con las palmas, cubría su propia frente. El dolor de cabeza era tan insoportable que hasta le temblequeaban las piernas. Quería llorar.

La Netbook de Mikami estaba sobre el escritorio. Light miró el objeto de reojo, para él significaba un halo de esperanza, tal vez su única y última oportunidad.

La encendió, pensando en que si había alguien en el mundo incapaz de defraudarle, sería él. Y por más alejados que hubieren estado las últimas semanas, sabía que él era el único capaz de enfrentarse a una situación así, con completa madurez y consciencia.

Porque él era maduro. Él era lúcido: tenía un criterio sensato… Si, sería el único capaz de solucionarlo todo.

Al encender el aparato, Light se dirigió directamente hacia su correo electrónico. La última vez que se habían escrito, L le había enviado un mensaje desolador: "si sabes lo que te conviene no intentarás encontrarme y tomaras este mensaje como una advertencia para alejarte de mí". Sí, recordaba muy bien que le había escrito algo similar a ello. Pero ahora resultaba ser L su más fuerte ilusión.

Había sido realmente descuidado, había escondido su amor por L en una cajita bajo llave, mientras el sádico de Riuzaky le entretenía con sus monadas... pero no podía echar la culpa de todo lo ocurrido al moreno, si se ponía en justo: la culpa era mayormente de él por haberse dejado manipular.

Pero ya no más. Justo en aquel entonces se daba cuenta de lo muy estúpido que había sido: ¡¿Abandonar a L por un imbécil como Riuzaky?! ¡¿A quién podría llegar a ocurrírsele?! Solo a un tonto como Light…

…Se sintió el ser más torpe del Universo entero.

Ahora que recapitulaba todo lo ocurrido, quería regresar a las palabras tibias de L, eran escritos seguros y reconfortantes. L era reflexivo, cuerdo, equilibrado: sabía exactamente lo que decía, tenía moral y ética. ¿Cómo había sido Light tan tonto de abandonar a la deriva a L… y para colmo, sustituir su dulce "presencia" por las patanerías de alguien tan ruin como Riuzaky? No… no tenía nombre: Light había sido un completo imbécil.

Pero ahora iba a remediarlo, a como dé lugar.

Intentó hacer memoria y recordar el nombre del vínculo al cual hacía muchísimo tiempo había enviado una fotografía suya a L. Aun así, como ya la había utilizado muchas otras veces luego para escribir incoherencias a aquel hombre, tales como: "¿Cuándo vamos a vernos? ¿Ya te olvidaste de mí? ¿Por qué ya no me escribes, es que ya no me quieres?". Pues bien, no pasó demasiado tiempo hasta que tuvo la dirección en su mente, y se apresuró a escribirla con el teclado del aparato.

Al principio no supo qué decir, pero en cuestión de segundos, miles de pensamientos le atormentaron como un huracán: escribiría lo que sentía su corazón, lo que le palpitaba en la sien…

…Lo que estaba partiéndole el alma en dos.

Abrió el sector de mensajería. Escribió sobre el tramo en blanco:

"Estoy que me muero. No puedo más, L. Siento ganas de suicidarme. Me han echado de casa, mi padre ya no quiere ni verme la cara, dice que más me vale ya no volver a mi hogar. Ahora estoy en lo de un amigo, pero me da muchísima pena cargarlo a él con todos mis problemas personales, él es una excelente persona, pero no creo que sea justo el hecho de estar invadiendo su espacio personal. De todas formas, solo te escribo para lamentarme, sé que es imposible que me perdones luego de tanta ausencia por mi parte. Lo siento mucho L, soy un completo estúpido, me he alejado de ti y eso solo sirvió para conllevar a cosas muchísimo peores. Sabía que no era viable el hecho de estar lejos de tu lado, tú sabes lo mucho que te quiero, y siento muchísimo el hecho de haber desaparecido así. Ahora solo me queda esperar por tu perdón, aunque si decides botarme, lo entenderé, porque fui un iluso. Eres una persona maravillosa L, y te amo. Ojalá y no estés enojado conmigo, pero es que realmente me siento la peor mierda del mundo, no solo por esto que sucedió contigo sino también por haber sido echado de casa, no sé adónde ir, pero gracias a Dios tengo un amigo de confianza, aunque no estoy seguro de querer arruinar su intimidad con mi presencia: él tiene pareja y ha de ser muy incomodo para ambos poder expresar su cariño conmigo enfrente, también a mí me resultaría muy incómodo.

Lo siento si estoy siendo demasiado tedioso, solo quiero que estés al tanto de lo que sucede. Te amo mucho, siempre lo hice y siempre lo haré. Y ahora es cuando siento que te necesito más que nunca, por favor, eres lo único que me queda, no me abandones L o juro que moriré si lo haces.

Sabes quién soy, no tengo ni siquiera que decírtelo.

Te amo, tuyo por siempre: Light.

Cerró la página de un santiamén, y con prisa apretó la pantalla de la laptop junto al teclado, luego de haber apagado el aparato.

Se estrelló contra las sábanas sobre la cama de Mikami, la tela de los textiles ayudaron bastante a secar las gotas salinas que recorrían sus mejillas. Se sentía mojado por una mezcla vomitiva de emociones fuertes: ira, angustia y desesperación. Y justamente fueron estas emociones las cuales lo atormentaron durante el resto de la noche, impidiéndole cerrar los párpados, manteniéndose en vela tras el acelerado avance de las horas que el "tic tac" del reloj postrado en la pared, marcaba a cada segundo, a cada minuto, siendo ese sonido de las manecillas del objetivo moviéndose, un ruido molesto casi al tope del hartazgo.

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Despertó luego de haber dormido media hora (tal vez siquiera eso, tal vez menos: veinte minutos de ensueño para contrarrestar toda una noche en vela).

Debía acudir al trabajo, empezaba a las ocho en punto, Rosa le necesitaba, no podía fallarle, y mucho menos con todos los problemas que surgían en el Hospital con los pacientes más enfermos (los cuales costaban el triple de trabajo que los demás).

Tragó espeso. Se vistió con desgano con las mismas ropas del día anterior, que ya lucían bastante sucias (repletas de clorofila verde, que se le había pegado a la parte trasera de las vestiduras debido al césped del jardín de su hogar –aunque bueno, en realidad, ya no podía llamarle "hogar"−, recuerdo de cuando su padre lo arrojó de un empujón al suelo).

Un pésame terrible bajó hacia su estómago, hecho un nudo grueso de nervios: tantos años siendo fiel a Soichiro, años de respeto y consideración hacia su padre, ¿y aquel como le pagaba? Pues así: con un dolor demasiado real como para no desear acallar los adoloridos llantos en su interior…

Había sentido miedo durante toda la noche. Miedo a lo ocurrido, miedo al futuro, miedo a estar en el lugar equivocado. Se sentía nefasto, al margen del colapso. Nada estaba bien, nada volvería a estar bien otra vez.

Retuvo la respiración durante aproximadamente cinco segundos, con tal de detener el llanto que se asomaba en sus ojos. Luego de tragar la gigantesca bola de nervios que se le había formado en la garganta, continuó a paso lento, dirigiéndose hacia la puerta. Había cierto cuchicheo en la zona de la cocina, en el apartamento de Mikami. Light hacía nada de ruido al caminar descalzo hacia aquella voz que parlaba (era la de Lían), mientras tanto otra persona hacía silencio para lograr escuchar lo que aquel decía (Mikami). El castaño no podía verlos, ya que se encontraba deambulando por el pasillo del lugar. Lían continuaba hablando al pelinegro, descuidando que la presencia de Light estaba cerca y podía oír toda la conversación con exactitud.

─Pobrecillo, me da tanta lástima ─decía la voz lagrimosa de Lían, proveniente de la cocina.

─Su padre es un desgraciado. Yo no lo conocía, o al menos no de esa manera. Supongo que tampoco Light ─respondía Mikami con un tono apagado.

─¿Qué hará ahora? ¡No quiero que se quede en la calle! Y nosotros nos vamos para Tokio en tres semanas, ¿qué será de él para entonces? ─Lían sonaba preocupado. Mikami no había respondido nada, ambos se quedaron en silencio, al igual que Light en el pasillo.

Tenían razón. Gracias a aquellos dos es que ahora el castaño tenía techo, sin ellos no sabría ni siquiera adonde hubiera ido a parar, no tenía a nadie más. Respiró profundo mientras oía el silencio provenir de la cocina; cuándo Mikami y Lían se fueran… ¿qué iría a hacer Light?

Tampoco el castaño, quería quedarse en el apartamento de Mikami sin contribuir en nada y dejando que aquel le mantuviera como si él mismo se tratara de un peso para el pelinegro. No claro que no.

No se ofendió por lo que Lían había estado diciendo, ya que todo era cierto. Aunque sí le dolió muy en el pecho que el pelirrojo sintiera lástima por él, eso lo obligó a sentirse aún más depresivo que antes. Estuvo a punto de voltearse y largarse cuanto antes de allí, peor que considerarse un refugiado por su amigo, era saber que alguien sentía compasión por su condición. Apretó su labio inferior con los dientes hasta sentirlo estallar, tenía el llanto atragantado y a punto de brotarle por los ojos.

Cuando estuvo a una milésima de segundo de pretender arrojarse por la primera ventana que se le cruzara en el paso, Mikami fue rápido en ponerse de pie y caminar hacia el pasillo donde el castaño se hallaba, con la excusa de despabilar a su amigo para así ofrecerle el desayuno. Pero no contó con que Light estaría con el cuerpo apoyado sobre una de las paredes en aquel mismo pasillo, completamente a oscuras, siendo iluminado sólo por unos pocos rayos de luz que provenían de la cocina.

─¡Light! –chilló Mikami con sorpresa mientras un sonrojo se apoderaba de su rostro pálido: había estado hablando de su amigo a sus espaldas y lo más probable es que el castaño hubiese oído toda la charla suya con Lían. Sintió una culpa exuberante apoderarse de su estómago. Lían se había quedado en la cocina más rígido que roca−. Lo siento, yo…

−Está bien, Mikami −se apresuró a decir, mientras intentaba que el tono no saliera tan triste como supuso─. No puedo hacer más que darte las gracias por todo lo que estás haciendo por mí, enserio. Te estoy demasiado agradecido como para enfadarme contigo por algo sin importancia.

El pelinegro, sin decir nada más, tomó a Light de la mano con delicadeza y lo obligó a caminar hacia la cocina, donde un Lían apenado, saludó al castaño con una sonrisa tierna.

─Siéntate, te prepararé café –el moreno se acercó hacia las hornallas y puso al fuego una tetera de lata que pronto comenzó a chillar. Cuando vertió el contenido en una taza y alcanzó ésta a su amigo, que cabizbajo se hallaba sentado frente a la mesa, dijo consoladoramente:─. Sabes que mi casa es tu casa, y que puedes hacer uso de ella. Te está permitido, no tienes de qué avergonzarte ni tampoco sentirte una molestia, porque eres todo menos eso, Light –el castaño sintió una punzada tremendamente profunda profanarle el pecho, Mikami, y también Lían, se habían percatado de lo muy apenado que se sentía aquel muchacho por no tener más opción que hacer uso de una casa ajena. También por estar extrayéndole a Mikami parte de su espacio privado.

─Tranquilo, Light. No llores, te comprendemos. Nosotros haremos lo imposible por tu bienestar y porque te sientas mucho mejor. Solucionaremos ésto muy pronto –decía Lían con la voz quebrada, acariciando la piel de las manos de Light, que estaba sentado frente a él.

El castaño cubría su rostro con ambas palmas de las manos, las lágrimas eran mudas, no emitía sonido alguno con la garganta, pero todo aquello que no se oía, era tragado a la fuerza por él mismo, ¡sentía tanta vergüenza por todo lo que estaba ocurriendo! ¡Tanto dolor…! Le resultó tarea imposible intentar detener el llanto.

─Quiero… morir –todo quedó en completo silencio cuando Light largó sin previo aviso una frase tan cruda como aquella, pronunciada con voz real… tan real que había dado miedo, causándole escalofríos tanto a Lían como a Mikami. Había sonado demasiado fuerte para la sensibilidad emocional del pelirrojo, que pronto se sintió abatido y con la sangre helada. Sus ojos color jade se aguaron rápidamente.

─No, Light. Por favor, no digas eso. ¡Jamás vuelvas a decir algo así! –Mikami había gritado con mucha ímpetu, haciendo sentir su autoridad en aquel lugar. Golpeó la mesa de la cocina con el puño e hizo respingar de un salto al ojiverde─. Siempre podrás contar conmigo y con Lían. Tú no te preocupes, él y yo nos encargaremos de que todo esto se solucione lo más rápido posible.

El pequeño pelirrojo asentía con un movimiento afirmativo de la cabeza.

No… Estaba bien que aquellos dos pretendieran ayudarle pero, eso era ir demasiado lejos. Qué se ocuparan de él e intentaran solucionarle los problemas lo hacían sentirse aún peor que antes. Sus cuestiones eran suyas y de nadie más, no por el hecho de menospreciar la ayuda que le tendían Mikami y Lían, sino porque Light creía que eso ya sería aprovecharse de la bondad de aquellos dos hombres, y alguien como él jamás sería capaz de hacer algo así.

−No lo hagan, por favor. Me hacen sentir peor mierda ─decía a los sollozos, mantenía la cabeza gacha, con la frente aplastada sobre la superficie de la mesa.

Mikami estaba al tanto de la terquedad de su amigo, ¿pero que se negara de esa manera a recibir ayuda de su parte? Ya era demasiado. Quería mucho a Light, y aunque éste le pusiera mil y una barreras para mantenerlo al margen, el moreno las rompería a todas. No iba a dejar solo a Light.

−Por favor, te pido que no intentes ahuyentarnos, nosotros queremos ayudarte ─explicaba el pelirrojo con nostalgia en sus palabras.

Se formó una atmósfera tajante, no quería respirar ese aire viciado, repleto de angustia. Se incorporó de inmediato, y con bastante ligereza, caminó rápido hacia la sala de estar del apartamento. No había bebido ni un sorbo del café que aquel había preparado para él.

−Light, ¿qué haces? ─cuando Mikami se adentró en aquel paradero, divisó que el castaño tomaba con fuerza la manija de los bolsos y se los colgaba en los brazos−. ¿Adónde diablos crees que irás? ─el moreno miraba con tristeza la escena. Su amigo hacía intentos desesperados por "hacer algo". Parecía estar queriendo largarse de allí−. ¡Basta, Light! Enserio, ¡ya detente!

Antes de que lograra salir por la puerta como pretendía, Mikami lo arrojó con fuerza sobre el sofá, sosteniéndolo para que no intentara escapar.

─¡Suéltame! ¡No quiero ser un peso para ti ni para Lían! –chilló con lágrimas bajando por sus mejillas.

─¡Por Dios, Light! No eres un peso para mí, todo lo contrario. Soy tu amigo y quiero ayudarte –hubo un momento en que el castaño detuvo sus impulsos por querer zafarse del agarre del moreno─. Además, ¿adónde pretendías ir?

−¡No lo sé! ─gritó, provocando que el aire entre ambos se sintiera espeso. Lían había llegado hasta el lugar y miraba todo desde el remarco de la puerta que daba hacia la cocina−. No sé adónde planeaba ir… no lo sé. Ni siquiera sé qué debo hacer… ─con los ojos perdidos, el castaño miraba hacia el suelo como si en ese momento estuviera sumergido en otra realidad. Los pensamientos se armaban con ligereza en su mente, como una torre de naipes, y se desarmaban con la misma facilidad.

El mundo se hacía humo frente a sus ojos…

Mikami expulsó un largo suspiro que se perdió con la brisa que ingresaba por el ventanal a medio abrir. Con ahora, lo que sería una expresión de sorpresa, el moreno ojeaba como su amigo se ponía de pie. Comenzaba a buscar dentro del bolso el que era su uniforme de enfermería, ¡debía asistir al trabajo en menos de media hora!

−¿Y ahora qué haces, Light? ─preguntó el pelinegro, con las manos en ambas caderas, veía como el castaño revoloteaba sus propias ropas hacia fuera del bolso, hasta encontrar con lo que parecía estar buscando.

Sacó una camisa y pantalones celestes, rápidamente colocó ambas prendas bajo su brazo, predispuesto a ir hacia el baño para cambiarse de ropa.

−Light, ¿qué haces? ─cuestionó por segunda vez, pero en esta ocasión era Lían quien había hablado.

−Debo cambiarme. Tengo que ir al trabajo ─estuvo a punto de cerrar la puerta cuando de improvisto, Mikami lo detuvo al tomarlo de un brazo.

−Espera, no lo hagas. No estás en condiciones. Deja que Lían llame y diga que deberás faltar hoy por cuestiones personales.

─¡No puedo, Mikami! –reaccionó, soltándose del agarre con violencia, y alejándose un par de pasos de la cercanía que mantenía con aquellos dos−. ¡Debo asistir! Mi jefe me ha dejado claro a través de una llamada por móvil que si pensaba faltar algún día, debo avisar al Hospital con una anticipación mínima de dos semanas. Como ves, si llegara a faltar me lo descontarían de mi paga ─decía mientras se encerraba en el baño y con el pasar de tan solo pocos segundos, ya había salido completamente vestido de celeste.

El pelinegro echó una ojeada de preocupación a Lían, que tampoco estaba convencido de que el castaño pudiera llegar a ser útil en el trabajo con el pésimo estado sentimental por el cual estaba pasando.

─Light, mírate el rostro al espejo. No te ves nada bien ─decía el pelinegro intentando persuadir a su amigo. Se le veía agotado, con un humor de rabietas (comprensible, si es que se tomaba en cuenta por todo lo que había pasado Light la noche anterior)−. Por favor, Lían y yo intentaremos comunicarnos con el Hospital y convencerlos de que estás demasiado débil como para…

─¡No estoy débil! Mierda, Mikami. A veces no sé si haces esto solo para hacerme enfadar o… −respiró profundo y contuvo toda la ira que tenía dentro. Desquitarse con el pelinegro no le ayudaría en nada, peor aún: empeoraría las cosas a un nivel mayúsculo. Además, Mikami no se merecía esa clase de maltratos, él había sido el único capaz de tenderle una mano a Light, ¿y así se lo agradecía? No, se estaba comportando como todo un maleducado, no podía hacerle eso a su mejor amigo, debía respetarlo, después de todo, ahora era el único en el cual podía confiar─. Mikami, por favor, no quiero enfadarme contigo. Te aprecio mucho, de veras que sí te quiero con todo mi corazón, pero por favor, no insistas. Si te digo que debo ir es porque debo ir. Es una obligación, no un capricho mío. Por favor, compréndelo. Tú también, Lían. Yo sé que ambos quieren protegerme, pero debo asistir. Volveré temprano, lo prometo.

El moreno no tuvo más que ceder. Light de veras que se veía pésimo: tenía unas ojeras medianamente moradas, los ojos hinchados y rojos (resultaría obvio para cualquiera pensar que había estado llorando durante largas horas seguidas), su tez estaba pálida y ni siquiera había probado bocado del desayuno que había preparado Mikami.

−Bien –dijo el pelinegro bufando ásperamente─. Lían, alcánzame las llaves del carro, por favor. Están en el bolsillo delantero de mi bolso –cuando el pelirrojo desapareció, ambos hombres quedaron en silencio: Light con la cabeza gacha, seguro de que Mikami le taladraba con la mirada, pero no quería enfrentarlo, no estaba de ánimos para ello.

El pelinegro ya estaba al tanto de toda la situación de Light: de su empleo de medio tiempo en el Hospital, de la relación amorosa con L, de la tortuosa semi-relación que el castaño mantuvo con Riuzaky durante todo aquel tiempo en que él se conocía más a fondo con Lían. Y ahora lo sentía… sentía haber dejado a Light solo, a la deriva, para acabar terminando así… debió haberse preocupado más por aquel…

Debió haber sido un mejor amigo de lo que fue. Y ahora, acababa siendo Mikami quien se sentía realmente culpable de todo lo que estaba ocurriendo.

Cuando el ojiverde apareció nuevamente en la sala y le tendió las llaves a su pareja, éste hizo una seña a Light para que le siguiera el paso mientras atravesaban el umbral de la puerta.

[…]

−¿A qué hora sales? ─preguntó Mikami desde el asiento del conductor, ya a punto de presionar el acelerador.

−A la una ─respondió secamente Light, subiendo paso a paso los escalones del Hospital.

−Te recogeré a esa hora entonces, adiós Light.

Una vez que el automóvil de Mikami se perdió a lo lejos (varias cuadras apartadas del Hospital), Light pudo respirar tranquilo. Tomó aire, cual si fuera la primera vez que respiraba; y con calma cruzó las grandes puertas de entrada del edificio. Se había retrasado cuarenta y cinco minutos: eran las 8:47 a.m., exactamente. Al ver el rostro apagado de la secretaria de mesa que estaba frente a él, antes de ingresar dentro del Hospital, supuso que algo malo había ocurrido.

─¡Llegas tarde! –dijo la mujer con un tono soberbio. Miró a Light, por poco y clavándole las orbes sobre los iris café de aquel; el muchacho no supo como comenzar a relatar lo ocurrido, o siquiera si debía relatarlo.

─Lo siento mucho, de veras. Es que me sucedieron varias cosas importantes las últimas horas y…

−No interesa. Estás aquí ahora y eso es lo importante; solo que no quiero que vuelvas a hacerlo, recuerda que también a mí me regañan si alguno de los empleados se ausenta, se supone que yo soy quien se encarga de que sean puntuales; y ya he tenido aquí a Asahi tres veces preguntándome por ti. Están en una urgencia con uno de los pacientes del pabellón de ancianos y necesitan tu ayuda.

Sin desear oír más, Light caminó trotando dentro de los pasillos de la institución, se escuchaba un alboroto provenir de una de las habitaciones de los enfermos: la número 27; varios pacientes estaban fuera de sus camillas, observando lo que sucedía dentro de aquella alcoba (todas las personas con batas apenas cubriendo sus cuerpos, se amontonaban en el remarco de la recámara).

─¡Háganse a un lado! ¡Debo pasar! Vuelvan a sus camillas –decía el castaño mientras se hacía paso entre medio de todo aquel gentío; una vez dentro, vio con sus propios ojos como aquel anciano, que aparentaba unos setenta años, convulsionaba sobre la camilla, su rostro estaba violáceo y apretaba su mandíbula con demasiada fuerza, mientras Rosa inyectaba en el brazo izquierdo de aquel, lo que parecía ser un sedante.

─¡Chico! ¿Qué tu no pensabas aparecer? –gruñó la enfermera ásperamente, continuando con lo que debía: quitar las agujas del suero de la muñeca del anciano para así evitar cualquier desastre─. ¡Rápido! ¡Ayúdame a desajustar las agujas! –mientras el castaño intentaba quitar las jeringas de la carne del hombre, con un nivel de irritabilidad que por poco y llega al extremo; éste se movía por doquier, resultando imposible que no llegara a brotar grandes cantidades de sangre una vez que el suero estuviera fuera─. ¡Mierda! ¡¿Por qué se tarda tanto el doctor?!

Mientras la enfermera gruñía con todas sus fuerzas; y el castaño se atemorizaba con el color verdoso que tomaba el rostro del paciente con el correr de los segundos, el médico atraviesa el umbral de la puerta de la habitación, no sin antes haber ordenado con voz firme a todos los demás pacientes que se fueran directamente a sus correspondientes habitaciones.

Luego de situarse a un lado de Rosa, apartó a Light (el cual ya había hecho su trabajo), y comenzó a practicar maneras de supervivencia sobre el individuo recostado en la cama. Light había tomado una distancia considerable de la escena; su cuerpo yacía contra una de las paredes de la habitación, mirándolo todo de manera desorbitada, como si tan solo se tratase de un sueño, como si no estuviera viendo allí mismo a un médico y a una enfermera intentando traer consciencia a un hombre con la piel ya de un tono azulado, que brincaba repetidamente sobre la camilla, con los ojos blancos y las extremidades agarrotadas.

Una agonía impresionante se apoderó de él…

−¡Oh, por Dios! ¡Está muriendo! ─gritó con todas sus fuerzas, atemorizado, mientras permanecía acurrucado en un rincón de la alcoba, abrazándose a sí mismo… y temblando.

−¡Cállate, Light! ─gritó la enfermera, la verdad era que en vez de resultar de ayuda, el castaño estaba siendo un peso, otro más que agregar a los del hombre que auxiliaban.

Varias bocanadas de sangre comenzaron a ser despedidas por la boca del paciente; Light comenzó a chillar a sollozos… estaba seguro de que moriría, no podrían salvarlo.

−Dios santo, Rosa. ¡Saca a este chico de aquí! ─gritó con un vozarrón autoritario el médico, el cual para entonces hacía lo imposible por mantener en una posición relajada al anciano.

El castaño sintió una punzada en el pecho, se quedó atónito cuando el cuerpo del viejo, reposado sobre la camilla, dejó de moverse en un santiamén. La caja toráxica de aquel no se inflaba y desinflaba (como acostumbraba hacerlo en cualquier persona normal… no parecía estar respirando).

Light cubrió su rostro con ambas manos sin percatarse de lo realmente molesto que había sido durante todo el proceso de auxilio. El médico golpeaba el pecho del paciente con ímpetu, pero aquel no volvió a despertar.

Era la primera vez que presenciaba una muerte de manera tan directa. Se quedó en estado de shock total, una cosa era lo que comentaban los profesores en la Universidad (cuando los cuarteles policiales encuentran cuerpos humanos amoratados o con signos de haber sufrido un ataque epiléptico minutos antes de morir), y otra cosa muy diferente era estar presenciando toda la escena con sus propios ojos.

Rosa le miró directamente a sus orbes café, con una vista desaprobatoria.

El médico se había rendido, ya no presionaba sus manos sobre el tórax del anciano. Tanto aquel hombre como la enfermera echaron un largo suspiro, denotando la frustración que tenían por no haber logrado salvar a aquel anciano… una vida perdida significaba graves pérdidas para cientos de parientes…

Debía respirar una gota de aire fresco o pronto la presión le iría a bajar hasta los suelos.

Aquel par no podía atenderlo, ya que estaban demasiado ocupados planeando las palabras exactas con las cuales les comunicarían a los familiares del recién fallecido, que el anciano no había logrado soportar otro de los ataques provocados por su enfermedad epiléptica. Sería angustiante ver los rostros agonizantes de los hijos, nietos, hermanos, etc; pero a ellos ya se les había hecho costumbre… era cosa de todos los días.

Light debió agarrarse de las paredes para lograr salir consciente de la habitación. Dejó caer su peso sobre uno de los muros en el pasillo, se sintió corrompido muy en su interior: el ver esa escena lo había dejado atontado. Hacía fuerzas abruptas por tragar aire y con las uñas apretaba sus propias palmas hasta embarrarlas en la carne de sus manos.

Una mujer de edad cuarentona y cabellera rubia, con otra de aspecto similar siguiéndola detrás (mucho más joven que la primera), se aproximaba a toda prisa hacia donde el castaño se hallaba. Se posicionó justo frente al remarco de la puerta de la habitación número veintisiete, para luego de unos segundos llevarse ambas manos a la boca y comenzar a chillar fuertemente:

−¡Oh, por dios! ¡No… papá! ─gritaba la mujer madura, sus ojos se entrecerraban al volcar varias lágrimas.

−Abuelo… ─decía la pequeña que se había ahorrado el hecho de ver la escena del difunto con una expresión de hinchazón verduzca.

Rosa inmediatamente se apresuró a salir a zancadas de la habitación (ya que Light parecía no poder despertar del grave shock que le había resultado la muerte de aquel hombre), la enfermera corrió por un vaso de agua y un calmante para brindarle a la hija del recién fallecido, mientras el médico salía de la habitación y explicaba a la mujer madura, que su padre no habría logrado jamás soportar otra convulsión de tamaña gravedad como lo fue aquella, de una u otra manera: el fin hubiera sido el mismo.

La mujer continuó sollozando con desesperación. Un hombre de cabellos negros corrió desde el pasillo hacia aquella; abrazó a la mujer con pujanza constrictora mientras la niña también se le apegaba al cuerpo: al parecer era el yerno de aquel anciano.

Light se los quedó mirando atónito, con las pupilas perdidas en algún lugar inexistente de aquel pasillo, mientras todo parecía ser un sueño… una simple alucinación… un malestar que se iría tan pronto como había llegado.

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El agua tibia chocaba contra su piel con vigor, pero a la vez le inundaba con una sensación de lo más tranquilizante. Tenía los dedos todos apretujados, signo de que sus nervios estaban hechos una bola indomable. Había una sensación de desolación en todo el ambiente que aún continuaba sintiéndola tras haber abandonado el Hospital hacía ya varias horas.

Mikami se había tomado la molestia de acudir en busca del trigueño a la salida del Hospital; lo había hallado con los brazos temblorosos y un rostro que manifestaba el espanto en su más puro regocijo. Debió ayudarle a montarse sobre el asiento del acompañante en el automóvil del pelinegro; realmente se veía nefasto; aun así, se privó de realizar cualquier tipo de interrogatorio que pudiera llegar a poner aun más inquieto a Light.

Durante todo el viaje hubo un mutismo demasiado reservado como para tratarse de dos personas que se querían tanto entre ellos mismos como aquellos dos. Algo no estaba bien… y no era justamente el pelinegro el del problema. Aún así, continuaron en silencio, siquiera se echaron miradas entre ellos.

Luego de que Lían hubiera estado durante toda la mañana lavando y planchando las prendas de Light, éste último, antes habiéndole agradecido cordialmente al pelirrojo por haber invertido su tiempo y esfuerzo en lo propio del trigueño, se metió de lleno en la ducha (habiendo pedido el correspondiente permiso a Mikami para utilizar una de las habitaciones de la casa de éste –pedido al cual el pelinegro asintió rodando los ojos de manera reiterativa, haciéndole entender a Light la obvia respuesta afirmativa a lo que aquel estaba preguntando. Aún así, Light se negaba a hacerlo sin permiso, no le interesaba cuantas veces Mikami se enfadara con él por ser redundante, él continuaría consultando aunque la respuesta fuera más que evidente por parte del pelinegro─).

Y allí estaba para entonces, dejándose devorar por la tibieza desbordante de la lluvia del grifo, pero todavía los malos recuerdos pasados (que caían todos juntos sobre él como una fuerte avalancha) acosaban en su memoria sin pretender dejarlo en paz.

Una vez que advirtió el caluroso tacto de la tela de su bata (recién planchada por el pelirrojo), se decidió a dirigirse nuevamente ─y ya absolutamente vestido de pies a cabeza− hacia la sala de estar, en donde se oían los sonidos de los cubiertos que Mikami y Lían utilizaban para almorzar. Cuando aquellos dos sintieron la presencia del trigueño a pocos pasos, lo llamaron para que se dirigiese hacia la cocina.

─Light, ven a comer –mencionó el pelinegro con algo de dificultad, para entonces iba tragando lentamente el líquido del vaso─. Sé que es algo tarde, bueno en realidad ya son las tres, pasadas del mediodía. Pero debes ingerir algo, esta mañana no desayunaste.

−No importa, Mikami; enserio. No tengo hambre ─habló con tono muerto, casi lució como si hubiera salido de una cripta. Mientras tanto hacía esfuerzos desgastantes para calzar sus pies con un par de zapatillas deportivas que había extraído de los bolsos.

−Pero, ¿qué no tienes hambre? ¡No has comido nada en todo el día! ─dijo el pelinegro, desconcertado; aunque un poco más atemorizado estaba por el repentino cambio en la voz de Light… sonaba tan vacía, hueca; demasiado frívola como para que alguien jamás imaginara que se trataba del amable y cariñoso de Light Yagami.

−Comí en el Hospital. No tengo hambre ─fue cortante como un filo.

Mikami, mientras tanto en la cocina, lanzó un vistazo pasmado al ojiverde, en sus pupilas negras había desdicha; nostalgia.

−Está mintiendo ─anunció el pelirrojo con un tono de voz que solo fue audible para el moreno. El color jade en sus iris estaban un poco más opacos de lo que eran habitualmente… un poco más desconsolados.

Mikami resopló hastiado, masajeando la zona frontal de su cráneo con mucha fuerza.

−Si él mismo no pone un poco de voluntad, entonces yo no lo puedo obligar ─decía el moreno procurando hallar una salida a todo aquel embrollo de problemas que estaban atacando la vida de Light−. ¿Qué vamos a hacer Lían?

─Ni yo lo sé –declaró el pelirrojo con desgano.

Luego de haber dado el último bocado, el moreno se incorporó y pronto apareció en la sala de estar, donde un Light afligido, permanecía mirando la forma del sol asomándose por el cristal de los ventanales; veía el paisaje con análisis, como si en ese momento no pudiera existir algo más mágico que aquella imagen.

─Bien, déjame que voy por mis llaves y nos vamos directo a la Universidad, la verdad es que estoy bastante distraído con esta materia de ciencias, debo comenzar a ponerme al día –decía Mikami mientras hablaba caminando por el pasillo del apartamento, se dirigió hacia su recámara y tomó los libros que precisaba para cursar en la tarde, los colocó de lleno dentro de su bolso y se llevó el objeto al hombro derecho, para luego salir ya con las llaves en mano; listo para partir de una buena vez─. Vamos, Light. Llevaré a Lían con nosotros, también él tiene que cursar una materia hoy –el pelinegro ya había apoyado una mano sobre la perilla de la puerta de salida, estando a punto de marcharse; pero inexplicablemente el castaño aún continuaba reposado sobre el sofá de la sala de estar, con la cabeza gacha y la mirada extraviada… pensando. No parecía haber escuchado ni una palabra de lo que Mikami había dicho con anterioridad.

─Light… ¿Vamos? –insistió, todo quedó en sumo silencio hasta que el trigueño por fin se dedicaba a despegar los labios.

─No tengo ganas de ir a clase hoy, vayan ustedes, yo me quedaré aquí. ¿Puedo quedarme, verdad? –dijo con voz completamente tenue y débil, como si en realidad fuera un saco de piel lleno de nada: simplemente vacío, lucía demasiado apagado.

Mikami no quería echar un vistazo a Lían, ya que de hacerlo, Light sospecharía lo que ambos pensaban (y que no era ninguna novedad). Resultaba claro que el trigueño era una persona emotiva, demasiado frágil y con una leve incontinencia para resolver sus propios problemas (y con lo mayúsculos que resultaron ser éstos los últimos días, resultaba aun más improbable el hecho de que Light pudiera llevarlos a cuestas por su propia cuenta). El pelinegro veía debilidad detrás de los ojos del castaño, no había demasiada consistencia en su forma de actuar y por ello había estado conversando con Lían la noche anterior sobre ese mismo tema: tal vez si dejaran solo a Light, aunque fuera por unos pocos segundos, aquel podría llegar a ser capaz de realizar una locura, y no contra otra persona, sino contra sí mismo. Mikami temía que Light fuera capaz de herirse, cortarse con los filos de algún objeto o algo similar. Y si eso llegara a ocurrir, se responsabilizaría a sí mismo por no haber estado allí para impedirlo.

Aun así no estaba seguro, no podía garantizar algo tan oblicuo como aquello, y de ni modo que planeaba comentárselo siquiera a Light, eso podría llevar al castaño a otro shock afectivo y ello conllevaría una parálisis emocional.

No…

Debía confiar en su amigo, tenía que depositar toda su esperanza en que el cerebro del castaño era mucho más grande que cualquier sentimiento de ahogo, más inmenso que todas las emociones fúnebres que aquel pudiera llegar a tener.

Respiró hondo; queriendo alejar cualquier pensamiento indebido de su mente (cualquiera que mostrara a su amigo sangrando por heridas realizadas en sí mismo).

─Bien, puedes quedarte solo, si quieres. Pero prométeme que me llamarás desde tu móvil si necesitas algo, o si por alguna razón…

−Lo haré ─lo volvía a hacer: mentía descaradamente. Light jamás sería capaz de interrumpirle mientras Mikami se encontrara en un momento de plena concentración, pero aun así era bueno cerciorarse… aunque las respuestas fueran falsas.

−Cuando acabe la clase te traeré los apuntes por si hoy tocamos tema nuevo ─ante esa afirmación del moreno, Light asintió afirmativamente con un movimiento de cabeza.

Sin más que decir, tanto el pelirrojo como el otro hombre se retiraron del lugar, trabando bien la puerta al salir, dejando a Light hundido en una soledad asfixiante, pero terriblemente necesaria.

En primer instancia, se acurrucó un poco en el sofá. Utilizó la soledad en la cual estaba sumido enteramente para poder descargarse de toda la rabia que le inundaba cada vez que a su memoria venía el rostro de su padre.

Se desquitó con un llanto que no olvidaría jamás. Nunca había llorado de tal manera: fue tan desgarrador que los vecinos probablemente estuvieran alarmados por lo que ocurría detrás de las paredes de quien fuera que estuviera conviviendo allí.

Su llanto había resultado perjudicial, no lo había desintoxicado como él mismo creyó desde un principio, pero había resultado ser sumamente tranquilizante, casi un sedante para sus nervios cuajados de tanto ser machacados.

Luego de desahogarse como nunca antes, caminó hacia la habitación de Mikami, predispuesto a tomar una siesta, aunque claro, lo más probable es que no lograse dormir como hubo de ocurrir la noche anterior, y con el incidente ocurrido esa misma mañana, no creía ser capaz de lograr pegar un ojo ni en la siesta ni en toda la noche.

Se sentó sobre la cama, observando con dedicación las zapatillas deportivas que traía puestas, las mismas que su padre había arrojado con desprecio hacia las afueras de su casa… Light continuaba preguntándose por el estado de su madre y de su hermana ¿estarían ellas bien? ¿Estarían ellas preocupándose por él en aquel mismísimo instante? Rogaba porque así fuera, suplicaba a Dios el sentirse querido, imploraba porque aquellas dos mujeres (las de mayor importancia en su vida) estuviesen para aquel entonces buscándolo, intentando encontrarle. Con ese pensamiento cruzándole por la cabeza, sería capaz de lograr conciliar el mejor sueño del Universo…

sentirse amado.

sentirse acogido.

… Ya quería el castaño en lo más profundo de su ser, que por algún milagro L hubiera respondido a su pedido, que hubiera leído su mensaje, suplicándole perdón luego de una huída tan inesperada –aunque si debía sincerarse, el aislamiento entre ellos había sido culpa de ambos: tanto de Light por abandonar aquella escritura diaria que le concedí pesar de no recibir respuesta por parte de aquel, como de L por ni siquiera tomarse la molestia de contestar a los reclamos que Light había estado haciendo a diario durante unas semanas atrás─.

El corazón iniciaba un retumbe vigoroso en su tórax, las manos empezaron a sudarle con prontitud, sentía las yemas de los dedos mojadas cuando los palpaba a unos con otros.

¿L habría respondido a su mensaje…? Debía asegurase.

Con prisa se clavó de lleno sobre la silla, frente al escritorio en la recámara del moreno; abrió con fuerza el pequeño computador del pelinegro, esperó a que éste se encendiera (imploró porque lo hiciera rápido), y una vez con el fondo de pantalla listo, se abalanzó sobre el Internet para así buscar desesperadamente su dirección de e-mail. Una vez dentro de aquella, revisó su bandeja de entrada…

sintió que una fuerza demoledora le tomaba el alma del cuerpo, lo subía hasta un rascacielos y luego la lanzaba a toda velocidad, incorporándose ésta frenéticamente dentro del cuerpo de Light…

Había un mensaje… de L.

Se precipitó a abrirlo con un aceleramiento impresionante (teniendo en cuenta lo flojo y débil que se había sentido horas antes de que todo ocurriera… y su vida se fuera cuestas abajo).

"¿Cómo que te echaron de tu casa? ¡No… ni se te ocurra hacer algo estúpido como cortarte o algo por el estilo, ¿oíste bien?! ¡No vayas a intentar alguna tontería, por favor! Cariño conéctate, necesito hablarte, hazlo cuanto antes posible, yo estaré aquí esperando a que lo hagas y así hablaremos bien".

Sintió que el alma le volvió al cuerpo: ahora respiraba, ahora sentía, ahora olía, ahora palpaba… ahora volvía a estar vivo.

L estaba allí, esperando por él; aguardándole. Justamente eso era lo que había estado esperando durante tanto tiempo. L, por más lapso que se hubiera ausentado, ahora estaba allí: ¡estaba aguardándolo, amparándolo! ¡Lo extrañaba tanto!

El castaño de inmediato fijó sus pupilas en la fecha en la cual el mensaje de L había sido enviado, y resultó que apenas habían pasados tres horas de recibirlo.

Un brote inmenso de miles de mariposas comenzaron a revolotearle en el estómago: sentía su abdomen crujiendo… pero de la emoción. Su rostro comenzó a tornarse más tibio con el pasar de los segundos; un sonrojo potente se apoderó de sus mejillas tostadas color olivo. ¡Y una felicidad irreconocible, luego de tanta desdicha, lo sumergía por completo!

Se prendió al Chat de inmediato, en la ventana de siempre. Buscó a los conectados…

Allí estaba él.

Lo había estado esperando durante tanto tiempo.

La respiración se le volvió tajante; el corazón bombeaba la sangre más rápido que nunca (se sintió preso de un éxtasis infinito); sus extremidades temblaban de nervios caprichosos. Y sonreía cual niño dulce.

─L, ¡no puedo creer que estés allí! ¡Te he extrañado tanto! Te necesito…

−Cariño, háblame, ¿qué paso? ¿Cómo es eso de que te echó tu padre? ¿Qué fue exactamente lo que sucedió?

Light mismo pareció disgustarse con la que sería la respuesta a aquella pregunta. No quería que luego de bastante tiempo sin hablarse, debiera responder a L que "había estado" prendado hacia alguien más; sobretodo comprendiendo el terrible disparate que había cometido: ¿Intercambiar a un ser tan prudente como L por un insensato como Riuzaky? ¡¿A quién se le podría ocurrir tremendo disparate?! Sólo a un tonto influenciable como él mismo.

−Es que… mi padre… él me vio… ─era cierto el hecho de que no se atrevía a contarle lo sucedido, ya que podría ahuyentar a L.

−"¿Te vio?" ─no estaba del todo seguro, pero el moreno ya podía descifrar exactamente lo que había querido decir Light.

−Por favor, L; prométeme que no te enfadarás conmigo incluso si te llegara a contar una estupidez, de la cual me arrepiento tanto ─con sus manos en forma de súplica y los ojos aguados, esperaba que el moreno fuera piadoso con él, y no lo arrojara por la borda luego de comentarle sobre la existencia de Riuzaky, o eso sí acabaría por despedazarlo.

Se mordió la comisura de sus uñas, mientras esperaba la respuesta del pelinegro.

−Tú sabes muy bien que de enojarme contigo, habría de ser por algo de veras muy grave ─Light se ponía cada vez más intranquilo con el pasar de los segundos, y para colmo L había dejado en claro que "habría de ser algo muy grave", temía Light que así fuera−. Anda, puedes contármelo, sabes que yo no voy a juzgarte, cariño.

─Bueno, se trata de… un sujeto… −escribía con tanto nerviosismo que parecía estar siendo víctima de un ataque de pánico. El moreno temió por todo aquello, sobretodo porque el castaño había dejado en claro que "se arrepentía de cierta estupidez"… ya sospechaba que estuviera hablando de él: de Riuzaky─. Fue un tipo al que conocí en la Universidad, y… no sé por qué motivo, pero con el tiempo nos fuimos acercando y… bueno… acabamos besándonos una noche. Por favor L, no te enfades ¡te lo suplico! Yo te amo tanto, jamás podría reemplazarte, ese tipo de veras que no significó absolutamente nada para mí.

¡Mierda!

El pelinegro golpeó su frente contra la madera del escritorio. Se sintió desangrar; efectivamente, el castaño estaba refiriéndose a él. ¿Cómo mierdas solucionaría todo ese embrollo?... Al final, acabaría por destruir completamente la vida de Light.

−No estoy enfadado ─respondió. No sabía si era mejor idea continuar respondiéndole, o por el contrario, retirarse y abandonar ese enredo que él mismo había creado.

Light sollozaba dentro del cuarto de Mikami, esperando que las paredes guardaran silenciosamente sus gemidos ahogados.

−¡Mi padre lo sabe todo! La verdad es que no sé cómo, ni cuando, pero se enteró. Él es demasiado riguroso, me insultó y me golpeó. Acabó echando mis cosas para afuera de la casa…

Riuzaky sintió una culpa inmensa bajarle por la laringe. Las palpitaciones comenzaron a ser rápidas, se golpeó a sí mismo en la cabeza, ¡estaba molesto… consigo mismo! ¿Cómo había sido tan imbécil de dejar al castaño a la deriva, previendo que algo como aquello resultaría más que obvio? Si a alguien debían culpar por todo aquello, debía ser a él: por haber sido tan estúpido de arrastrar a Light cuantas veces quiso y como le vino en gana, y ahora era el castaño quien debía cargar con todo el peso de las reprendas.

Quería decirle que lo sentía, que todo era culpa suya, que se había comportado como un tarado, ¡pero no podía hacerlo! O al menos no hasta que el castaño comprendiera que L y Riuzaky eran la misma persona… y ojalá ese momento jamás llegara, o acabaría haciendo añicos el corazón de Light.

─¿En dónde estás ahora?

−En el apartamento de un amigo ─Mikami, pensó el pelinegro de inmediato−. L juro que no puedo más, esto es demasiado para mí. Además mi amigo ya tiene una pareja y yo me siento terrible, es que creo que soy un estorbo aquí. Él me dice que está bien y que no debo preocuparme, pero aún así, no me siento cómodo a sabiendas que él debe dormir en el sofá para darme a mí su recámara. Aunque de irme de aquí, no sé adónde iría a parar. Últimamente he estado trabajando como ayudante de enfermero en las mañanas, pero la paga es poca como para alquilar un ambiente… juro que estoy desesperado, ya ni sé qué hacer.

Los dolores en la cabeza no tardaron en llegar, se había quedado sin aire: ¡todo lo que le ocurría a Light era por su maldita culpa! Intentaba pensar algo pero con la presión, todo lo que se le venía a la cabeza, acababa yéndosele igual de rápido como había venido.

─Aun así, estoy pensando en irme. No quiero ser un peso para mi amigo.

Riuzaky bufó en la oscuridad de su alcoba. Y justo en aquel momento era cuando sentía el peso de su enfermedad, martillársele sobre los hombros. Hubiera podido ayudar a Light, si tan solo su estúpida masculinidad se hubiera aguantado las ganas de saciarse.

─Quiero verte ─escribió Light con toda la ansiedad que pudo transmitir a través del teclado.

No, no podían… NO DEBÍAN verse. Light podría llegar a morir si se enteraba de la verdad; ya de por sí había resultado una tortura el hecho de leer el profundo rencor del castaño hacia Riuzaky, si aquel llegaba a siquiera enterarse… todo acabaría de una manera nefasta.

─No, escucha… no podemos vernos, yo…

─Por favor, L. No vuelvas a hacerme lo mismo de siempre porque juro que ya no podré resistirlo. Estoy desesperado, ¡necesito tu ayuda! Eres el único que puede salvarme de esta situación horrible en la que estoy inmerso. Por lo que más quieras, no me abandones, no me dejes a la deriva, no pretendas alejarme de ti…

─Es que tú no tienes ni la menor idea de quién soy yo; estarás mucho mejor sin mí, te lo aseguro.

─Lo dudo. ¡Tú eres quien no comprende que yo TE necesito más que nunca, L! no lo hagas… no me abandones.

─No puedo, sabes muy bien que soy una mierda, te lo he repetido miles de veces...

─No eres así, yo sé muy bien quién eres y como eres en tu interior, eres una excelente persona y por eso te amo tanto.

─Dios… tú no entiendes nada. Te estoy advirtiendo y te pones más caprichoso que nunca.

─¡Por favor, L! Estoy siendo más sincero que nunca contigo… siento que estoy muriendo: me han echado de casa, mi padre ya no quiere verme ni en estampita, me botó como a un perro a la calle, y tras todo el lío que estoy teniendo con el trabajo ¡ahora tú me haces esto! ─Light estaba que se tomaba los cabellos de la desesperación. Si aquel hombre realmente sintiera en el pecho el tormento que acosaba al castaño, comprendería la desolada situación en la que estaba inmerso─. Si tú no quieres corresponder a mi amor luego de todo lo que pasamos juntos, tantas noches, tanto consuelo por parte de ambos y por sobretodo: tanto amor incondicional que te he brindado, entonces yo… yo… yo… no se qué haré de mi mismo.

Sintió que el tiempo y espacio se detuvieron al unísono, ¿Cómo era Light capaz de insinuarle algo tan diabólico para consigo mismo? La situación era mucho más alarmante de lo que L suponía.

─¿Cómo se te ocurre decir algo así? ¡Por Dios, no vayas a intentar hacer una tontería!

─Estoy desesperado… te necesito.

─¡Basta! No estás pensando.

─No me interesa, sólo sé que necesito que estés a mi lado en un momento como este, ¡quiero verte! ¡Ya no soporto estar alejado de ti, L! ─daba gracias el estar escribiendo y no hablando, ya que el engrudo de nervios que tenía atravesándole la garganta como una roca áspera, le hubiera impedido articular siquiera alguna letra.

─Me odiarás…

─Claro que no. ¡Eso sería imposible!

─Sí lo harás; sé que lo harás.

─¿Cómo podría llegar a odiarte? Tú eres lo que más adoro en este mundo.

─¡Chico, no soy lo que tú crees! Cuando sepas lo que soy… desearás jamás haberme conocido.

─¡Mientes! Sé que estás mintiendo. Yo con tan solo verte en tiempo real, podría llegar a ser la persona más feliz del planeta.

─Todo lo contrario, sé de lo que hablo. Por favor, no tientes a lo que no quieres en tu vida: más dolor del que ya has tenido; hablo en serio.

─Pero al final ¡¿en qué estamos?! Primero en principal, déjame aclararte que fuiste tú quien me envió ese mensaje aquel día, donde pusiste que a pesar de todo cedías a tus insistencias e íbamos a vernos. ¿Y ahora que…? ¿Ya te acobardaste? ¡Tú no me amas! Eso es lo que sucede.

─¡No digas estupideces! No tienes idea de lo mucho que pienso en ti todos los días de mi maldita vida, y si tan solo te tuviera en frente ahora mismo, te haría el amor todo el tiempo, a cada minuto… Ni te imaginas la cantidad de noches que me he pasado en vela, pensando solo en ti. No podrías ni siquiera suponer lo mucho que te adoro, e intentaría hacerte feliz de mil y un maneras posibles… pero no puedo… ¡Mierda no puedo, porque soy una basura! ─las teclas se habían puesto rígidas de la fuerza que utilizó el pelinegro para presionar el teclado.

─¡Mientes! ¡Si de veras me amaras, ya querrías que estuviera ahora mismo allí, contigo!

─¡JODER, CABRÓN! Te estoy advirtiendo y no quieres recapacitar. Parece que no entendiste ni mierda del mensaje que te envié, era una advertencia para ti, para que te cuides las espaldas y te alejaras de mí.

─Tonterías, si de veras me quisieras estarías ahora mismo aquí, junto a mí. Apoyándome.

─¡PUES ENTONCES BIEN! ¿Es eso lo que quieres? ¿Quieres que nos veamos? Ya, di fecha, lugar y hora, y estaré allí para que puedas ver con tus propios ojos la clase de mierda que soy, enserio, te arrepentirás.

─El martes de la semana entrante, a las seis p.m. Estoy en Kanto. Será frente al gran callejón, a una cuadra del establo. Más te vale que estés ahí.

─Allí estaré. Sentirás no haberme hecho caso.

De la rabia que instantáneamente absorbió su cuerpo, Light cerró de un golpe la netbook y la arrojó con violencia sobre la cama. Si L creía que se rendiría tan fácil, pues estaba demasiado equivocado, aún no conocía al verdadero Light Yagami, y él se encargaría de demostrárselo.

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Sábado, los últimos días habían pasado volando (mejor aun, así quería Light que fuera… más rápido, significaba menos espera tortuosa para finalmente encontrarse con L).

Caminaba rápido por la acera, un pie delante de otro, evitando tropezar con alguna que otra raíz de árbol, que surgían de los suelos, rasgando el pavimento. Iba bastante concentrado en lo que platicaba a través del móvil y por ello guardaba cuidado, para así no chocar con nadie que se cruzara por las calles de la ciudad.

─Bien, entonces ya has entendido medianamente cómo va la cosa, ¿no es así? ─decía el hombre, con tono serio y preocupado; esperaba que la propuesta de aquel sujeto fuera seria, y que estuviera tan desesperado como su voz delataba, así podría asegurarse de arrendar el "apartamento" que hacía tiempo había sido abandonado por mala calidad higiénica.

─Si, lo más seguro es que me aparezca en la mañana para chequear el lugar, después de todo, seré yo solo quien viva allí ─caminaba cada vez con mayor prisa, estaba oscureciendo, y debía llegar a casa de Mikami para la cena; Lían había estado llamándolo repetidas veces en la tarde.

─Bien, te comunico desde ya para que no te lleves una sorpresa: la hipoteca es de doscientos, ¿sí?

Dudó. Light no estaba completamente seguro del próximo paso que estaba a punto de dar. A ese precio lo más probable es que aquello fuera una pocilga; pero no tenía otro lugar al cual acudir con lo poco que ganaba en el trabajo, además debía pensar que también necesitaba la manutención de sus gastos universitarios, y para colmo, debía pagar cuestiones habituales como gas natural, agua corriente, luz, etc. Y claro, lo más importante de todo: la comida.

─Está bien. Acepto el precio, aún así me gustaría verla primero.

─Debes comprender que la casa está algo descuidada, aunque por un alquiler reducido como el que acabo de darte, no me puedes exigir la gran cosa.

─Sí, sí, yo comprendo eso. Pero, ¿Cuáles serían exactamente esos "descuidos" de los que usted me habla? ─preguntaba a través del móvil.

─No son demasiados: algún ventanal roto, tal vez con este frío te convenga arreglarlo ─Light carraspeó la lengua al oír aquello: ¿un ventanal roto en pleno otoño? No se oía nada bien, antes de poder acotar algo, el hombre (el cual había dejado un anuncio en el periódico aquella misma mañana, donde explicitaba el hecho de que dejaba en alquiler una casa a un precio muy conveniente) volvió a hablar─. También hay bastante moho en las paredes por el hecho de hallarse el terreno en un lugar muy húmedo, pero no es la gran cosa, te costará poco quitar el verdín si aseas a diario. Ah, y tal vez te encuentres con que las cerámicas del suelo a veces se salen de lugar, pero no te dará mayores problemas que eso. Ah, casi lo olvido, hay una última cosilla: hay unas pequeñas averías en el techo, pero son demasiado chicas, te aseguro que ni siquiera las sentirás.

Averías en el techo… ¡genial! ¿Algo más que agregar a su deplorable situación? Solo le faltaba decir que las paredes se caían a pedazos.

─Está bien. De todas formas iré a echar un vistazo a la casa mañana, antes del mediodía.

─Bien, te espero… ¿Diez a.m.? ¿Te parece bien el horario?

─Am… déjeme rearmar mi agenda y yo le llamo luego para confirmar el horario, ¿sí?

Una vez finalizada la llamada, y estando parado justamente en la entrada del apartamento de Mikami, se decidió a abrir la puerta para así darse paso dentro.

─Light, ¿eres tú? ─preguntó la voz de Lían, proviniendo desde la cocina.

El castaño, con algo de pesadez en su cuerpo, e irritabilidad en su pecho, se apresuró a responder afirmativamente con tono de voz grave; colgó su abrigo en el perchero cercano a la puerta de entrada, por poco aquella acción le hizo recordar cuando luego de aquel mismo acto, en medio de la noche e ingresando a su hogar, su padre se había encargado de humillarlo frente a toda su familia. Se había quedado mirando hacia la pared, estático, paralizado en pleno mutismo y tragando espeso, mientras sus memorias decidían que no había sido suficiente con haber torturado el alma del castaño durante los días siguientes a aquel hecho, sino que ahora, para acabar mutilando más de la cuenta a Light, los recuerdos decidían volver a escena y teñir el presente del trigueño con un halo oscuro y deprimente.

─Light, ¿estás bien? ─decía Lían, apareciendo en la sala de estar, se lo veía con rostro preocupado; en sus manos pequeñas sostenía un recipiente que contenía cierto líquido grumoso, lo agitaba ávidamente con ayuda de un batidor.

El pelirrojo últimamente merodeaba demasiado por el apartamento de Mikami, ya casi podría decirse que convivía allí con él, a veces se quedaba a dormir (por supuesto que no en aquel entonces, ya que de hacerlo no habría lugar para que durmiera un tercero: solo estaban libres la habitación de Mikami o el sofá, y Lían se rehusaba a dormir con el pelinegro estando Light en el sofá de la sala de estar, era cuestión de principios ─el ojiverde jamás había declarado tal cosa frente al castaño, pero aquel lo suponía─).

Light se había quedado duro durante varios segundos, exactamente eso fue lo que le pareció extraño al ojiverde, que mirando con ojos entristecidos al castaño, sospechaba que nuevamente por aquella cabecita rondaban malas memorias.

─Sí ─la respuesta fue monosílaba, directa, y poco creíble.

─¿Vienes a cenar? Ya lo tengo casi todo listo, solo hace falta freír las patatas y ya.

─No tengo hambre, Lían. Gracias de todas formas ─con voz fúnebre, y a paso moderado, pretendió recostarse en el sofá, donde últimamente había estado durmiendo. Mikami varias veces se negó a ello y exigió que Light durmiese en su recámara y él en el sofá, pero con los dedicado (y además muy terco) que era su amigo, había sido muy complicado hacerle cambiar de opinión… que va, ni siquiera lo había hecho. Mikami prácticamente había sido arrastrado hacia su habitación, una de aquellas noches, y colocado sobre la cama por Light, a la fuerza. Mientras el castaño cerraba la puerta del dormitorio para así dirigirse hacia el sofá, y dormir él mismo allí.

Mikami no tenía porqué ceder su espacio personal ni sus comodidades, ni aunque Light fuese su mejor amigo.

─El refrigerador está intacto, eso quiere decir que no has comido nada en todo el día.

─¡Oh, por Dios santo! ¡Lo último que me faltaba! ¿Es que ahora tú y Mikami comenzarán a investigar si me llevo o no algo a la boca? ─puso sus ojos en blanco, exhalando un gran suspiro que acabó perdiéndose en el silencio tenso que se hizo presente.

Entre ambos se miraron. No pasó mucho tiempo hasta que por la puerta, ingresó Mikami con varios bolsones en las manos, recién llegaba de hacer las compras.

─¡Ya llegué! ─aclaró el moreno, como si no fuese lo suficientemente obvio. El pelinegro elevó una ceja al notar que entre su amigo y su pareja, había cierta chispa de enfado que volvía al ambiente algo un tanto dificultoso de condensar─. ¿Pasa algo? ─había hecho la pregunta mirando a Lían, el pelirrojo portaba una mirada angustiosa, que delataba mucho más de lo que su dueño creía.

─No ─sentenció de manera rotunda. Mikami, de todos modos, se quedó oliendo a "raro" allí dentro. Cuando hubo de ingresar a la cocina, rápidamente se puso a ayudar a su pareja a finalizar de una buena vez lo que sería la cena de aquella noche; mientras tanto Light, se quedaba inmóvil en el sofá de la sala de estar, quien sabe con qué pensamiento cruzándole por aquella mente tan torturada los últimos días.

Mientras elevaban los cubiertos para llevarse los bocados de comida a la boca, ninguno de los dos se atrevía a decir una palabra acerca de la situación, todo era mutismo total. Hasta que finalmente, Mikami decidió despejar aquel aire pesado de intriga.

─¿Light no cena?

─Dice que no tiene hambre ─respondió el pelirrojo, rodando los ojos como quien quiere dar a entender lo contrario.

Luego de pasados unos cuantos minutos, y cuando ya estaban a punto de acabar sus debidos platos, la figura atormentada del castaño se aparece en el umbral de la puerta de la cocina. Todavía seguía teniendo ese aura gris revoloteando por sus alrededores, los ojos hinchados y la tez del rostro pálida, solo hacían sino alterar la fisionomía del castaño a una muchísimo más lúgubre… casi muerta.

─Mañana me mudo ─declaró, su tono se oyó decidido, sin pretender dar marcha atrás.

─¿Por qué? ─se apresuró a interrogar el moreno, que con sus ojos abiertos hasta el punto de simular que saldrían escapando de sus órbitas, demostraba lo muy sorprendido que se hallaba─. Tú sabes que no tienes por qué hacer algo como eso, no me molestas aquí, ni tampoco a Lían. Eres muy bienvenido en esta casa, Light. ¿Acaso debo volver a repetírtelo?

─No es por eso, Mikami. Es que yo… ─bufó y desvió la mirada lejos de los ojos inquisidores de la pareja, que aun continuaban sentados en las sillas frente a la mesa, con sus correspondientes comidas a medio ingerir─. Ya he hablado con el dueño del apartamento, ¿está bien? Y no pienso dar vuelta atrás.

─Light, por favor, es una tontería. Tú sabes bien que aquí compartimos gastos y no debes pagar todo tu solo. Además, si vas a arrendar un apartamento hoy en día, ¿cuánto te cobrarían? No es viable económicamente hablando ─Lían era muchísimo más sensato a la hora de lo financiero, que Mikami. Se preocupaba por el dinero, no porque fuera codicioso o materialista (a decir verdad era todo lo contrario), sino porque estaba consciente de que el dinero era "un mal necesario". Además, era lógico que sería el más maduro de los tres, ya que a pesar de tener esa fisionomía que lo hacía lucir como un niño: era el de mayor edad allí dentro.

─No pretendo ser bicho de mal agüero, Light, pero ¿Cuánto ganas? ¿Estás seguro de que tu sueldo será suficiente como para alquilar un apartamento y además pagar tus estudios, los gastos comunes y por sobretodo: la comida? ─decía Mikami, últimamente Light le estaba sorprendiendo demasiado, no solo por las medidas trágicas (y poco sensatas) que tomaba el castaño, sino también por el constante alejamiento de aquel; ni siquiera parecía querer estar allí de pie, hablándoles.

─Bueno, gano mil seiscientos, y el alquiler es de doscientos. Asique supongo que con mil cuatrocientos podré hacer algo, no mucho, pero de algo servirá.

─¿Qué? ¿Doscientos es lo que cuesta el alquiler? Es demasiado barato… nada decente lleva un precio tan bajo como ese ─explicó Lían, ya suponía que Light se iría a vivir a una pocilga, ojalá el castaño hubiera actuado de manera reflexiva y se hubiera propuesto ver el apartamento que arrendaría antes de pretender vivir en él.

─A ese bajo precio, no creo que sea un lugar higiénico o agradable. Estoy con Lían en eso, ha de ser algo como un desván, o algo así. ¿Has platicado con el dueño antes de tomar una decisión así, Light? Primero debes chequear la casa antes de querer cerrar el contrato.

─Iré a chequear el lugar en la mañana ─"de todas formas, con el dinero que gano no puedo arrendar algo mejor", pensó para sí mismo. Había agachado la mirada, no quería continuar platicando, sentía que cada palabra que decía, lo hundía aun más profundo, para colmo Mikami y Lían pretendían saberlo todo, le cuestionaban como si estuviesen en un interrogatorio, y Light ya comenzaba a sentirse realmente irritable.

El ojiverde miraba al castaño, mientras aquel intentaba huir de las pupilas inquisidoras que la pareja dirigía hacia a su cuerpo débil.

Light no parecía estar en sus "mejores" cabales, y ya temía el pelirrojo que fuera a tomar una decisión errónea, más valía asegurarse de que no fuera a cometer ninguna tontería, por ello sería mejor idea que alguien acompañara a Light en la mañana.

─¿Qué tal si vas con él, Mikami? ─preguntó al pelinegro. Aquel instantáneamente echó una mirada de reojo a Light, para descubrir a través de los ojos de aquel, si le había enfadado la pregunta de Lían.

─Am… sí, por mí está bien. Yo te acompañaré, Light.

─Yo no necesito que nadie me acompañe ─dijo molesto, al tiempo que pronunciaba unas palabras indescifrables por lo bajo (probablemente fueran insultos).

─Light… Mikami y yo intentamos ayudarte, deberías ser un poco más reflexivo y meditar sobre tu reciente cambio de conducta para con nosotros dos. Nosotros no hacemos más que intentar tenderte una mano con todo esto que está ocurriéndote, y creo que merecemos, como mínimo, algo de cordialidad de tu parte… si no es mucho pedir ─el pelinegro se había quedado con los cabellos de la nuca erizados; todo lo dicho por Lían hacía un instante no había sido más que los miles de pensamientos que se le cruzaron a él por la cabeza.

Tal vez el pelirrojo había sido algo duro con el castaño, pero es que Light se estaba yendo de mambo últimamente, y aquellos días en que habían tenido que convivir juntos, el trigueño no hacía más que evitar a la pareja.

Lían estaba al tanto del sufrimiento por el cual debía de estar pasando Light, pero más allá de eso, debía dejar los puntos sobre las íes; no había querido resultar ser tan brusco como creyó que había sonado, pero de veras que las relaciones entre ellos podrían mejorar si Light se ablandaba un poco. Aunque el pobre, a lo sumo estaría con tantos pensamientos en la cabeza que lo martirizaban, y para colmo, ahora Lían, le confrontaba; como si ya no tuviera suficientes problemas. El pelirrojo se sintió culpable casi al instante de haber pronunciado la última palabra que salió de sus labios, pero no tuvo tiempo de disculparse: Mikami habló al instante.

─Intentemos calmar las aguas, ¿sí? Yo se que estamos todos muy alterados por todo lo que está ocurriendo últimamente, sobre todo tú, Light. Pero les pido, no, me corrijo: nos pido a los tres que seamos pacientes entre nosotros ¿sí? ─hablaba de manera calma, intentaba bajar desniveles, ¿para qué iba a entrometerse en la pelea si no era para alivianarla, con el típico espíritu pacifista que tenía Mikami?─. Am… Light, yo iré contigo mañana, y no me pongas esa cara: no es porque quiera ayudarte ni nada por el estilo, estoy al tanto de que eres un adulto al igual que yo y puedes solucionar tus problemas tú solo, pero también recuerda que soy tu amigo, y quiero lo mejor para ti. De veras que me gustaría acompañarte y ver si estás tomando una decisión correcta, si es que realmente quieres alejarte de Lían y de mí. Tú sabes muy bien que la decisión es toda tuya.

El castaño abrió la boca, más ni un gesto logró salir de ésta. Las palabras le habían agujereado la carne: Mikami simplemente tenía razón, y también la tenía Lían: ellos dos eran los únicos allí, tendiéndole una mano, si no les respetaba por todo lo que estaban haciendo por él, ¿entonces qué clase de persona era…? Y, ¿qué otras personas serían capaces de ser responsables por actos de cordialidad tan grandes como aquellos dos? Dudaba que fuera a encontrar a gente tan buena como aquellos dos.

Light acabó desistiendo a las peticiones de la pareja.

o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o. o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o

─Bien, aquí está el grifo, el agua caliente tarda un poco en salir, pero que sale, lo hace seguro, asique por eso no te preocupes ─decía el viejo mientras probaba las llaves del agua de la regadera.

Estaban los tres en el baño: el dueño del "apartamento", Light y Mikami. Éstos últimos prestaban mucha atención a los detalles tanto del hombre que tenían en frente como los pertenecientes a la respectiva casa que pronto iría a alquilar el castaño.

Aquel sujeto vestía de manera bastante informal: un calzado de goma, descuidado y rústico; una musculosa blanca agujereada en varios sectores y un par de pantalones de tela de mala calidad, color azul y amarillo. Y al ver Light la casa, le daba la misma impresión que le había dado aquel anciano: estaba demasiado maltratada, los "pequeños" agujeros en el techo eran del tamaño de una mano, las lajas en el suelo sobresalían, quedando con las puntas hacia arriba y siendo capaz de esta manera, de herir gravemente a alguien. De vez en cuando, tanto el castaño como el pelinegro habían oído pequeños roedores correteando por las canaletas del techo, pero al preguntarle al anciano, éste simplemente respondía que "no había ningún tipo de animal en su casa", aunque se pudo demostrar todo lo contrario cuando Light levantó el tapiar húmedo que estaba frente a la puerta, reposando sobre el suelo (parecía haber estado por años postrado en la misma posición), y varias cucarachas salieron despedidas por debajo de la alfombra, correteando por doquier y escondiéndose en varios sitios húmedos de la casa, los cuales Light se rehusaba a husmear.

─¿Cuánto es exactamente lo que tarda en salir el agua caliente? ─preguntó Light con inocencia.

─No mucho, tal vez unos veinte minutos.

─¡¿Veinte minutos?! No puede ser ─reprochaba el pelinegro, asombrado─. La cañería ha de estar tapada, ¿ha llamado a un plomero para que la revise?

─¿Es que acaso tú estás loco, chico? ¡Me cobraría carísimo! ─se quejó el viejo haciendo un ademán de brazos.

─Está bien, Mikami; no le des importancia, son cosas menores; la casa está bien para mí ─dijo Light, e instantáneamente el moreno le miró con un gesto que expresaba completo asombro.

─Con su permiso a usted, señor ─declaró el pelinegro antes de tomar al castaño de un brazo y jalarlo hacia un lugar más íntimo (si es que hallaba: la casa era todo un lío, todos los ambientes estaban amontonados en uno; al lado de la cocina estaba el baño y opuesto a éste la cama, se podría decir que más que "casa", era un "mono ambiente"… uno muy sucio y en el peor de los estados). Una vez estando ambos jóvenes a solas, Mikami habló:─. Tú me estás jodiendo, ¿verdad, Light? ¿Viste lo que es este chiquero? No pensarás de veras vivir aquí, ¿o sí?

─Pues, de hecho sí, es el único lugar que puedo pagar con la salario que me dan en el Hospital, además es para mí solo, asique es correcto.

─Light, Dios mío, esto es un cuchitril de mala muerte, parece un rancho, no vivas aquí. Hasta creo que las chapas del techo se nos caerán sobre las cabezas en cualquier momento ─decía, mirando hacia arriba con temor a que sucediera lo que acababa de decir─. Anda, por favor, recapacita y vente con Lían y conmigo hasta mi apartamento. Ahí tendrás comida, sábanas y ropa limpia. Sabes que él y yo estamos dispuestos a brindarte todas las comodidades de las que somos capaces.

─Mikami, por favor, no insistas, ya es decisión tomada. Además, ustedes son una pareja, y yo estaría allí de por medio… no, no quiero; de veras que me sentiría un estorbo.

─Light, no, para nada, no pienses así ─decía el moreno con un poco de ímpetu en el agarre que le daba al brazo derecho de su amigo, estaba (podría decirse) casi zamarreándolo, ¡es que quería que entrara en razón de una buena vez!─. Además, si es que te quedarás aquí, ¿por cuánto tiempo será? ¿Qué estás planeando hacer?

─Solo… bueno, es que… es que yo… ¡No lo sé! ─respondió agitado, hasta le molestaba el hecho de que las ideas que guardaba en mente, no salieran de su boca con forma de palabras.

─Vente para mi apartamento conmigo y Lían. Anda, Light; este lugar es horrendo.

─¿A si? ¿Y hasta cuándo sería eso? ¿Qué tú y Lían no se van en un par de semanas a Tokio?

─Sí, bueno. Pero…

─¿"Pero" qué? Yo deberé arreglármelas solo si es que ustedes se largan de aquí. Y es mejor empezar desde ahora… ─el pelinegro se le había quedado mirando, la voz de Light sonaba tan ajena a él mismo, como si no se tratara del mismo muchacho con el cual había empezado la Universidad hacía un tiempo. El castaño ya no lucía feliz, ya no era sonriente; estaba desplomado, con un humor de perros fatal, aunque Mikami le comprendía, por lo que había tenido que pasar su amigo, había sido demasiado difícil y delicado; tampoco quería ofender a su amigo y mucho menos contradecirle estando en la delicada situación en la que estaba sumido.

No quería tensar a Light mucho más de lo que ya estaba.

Bufó, y muy a pesar de su alma, comprendió que no podía contradecir a su amigo, aquel era dueño de su vida, podría hacer lo que él creyera conveniente para sí mismo… todo dependía de Light.

─Tu sabes que cualquier cosa que necesites, yo estaré en mi apartamento junto a Lían para ayudarte ─hablaba con una impresionante melancolía en sus palabras.

El pelinegro abrazó con fuerza a Light, esperando que con aquella acción, pudiera demostrarle que siempre contaría con su apoyo incondicional.

Al separarse, el moreno tomó de su bolsillo derecho en sus shins, las llaves de su automóvil.

─Bueno, entonces supongo que deberé traer los bolsos con tus pertenencias ─en su tono había cierto deje de resignación (no muy apetecida).

─Te agradecería que lo hicieras ─tal vez, esa había resultado ser la única vez en que el moreno veía sonreír a Light tras los pésimos días que había pasado aquel con anterioridad.

─Tu padre se ha quedado con tu automóvil, ¿Cómo irás hasta el trabajo sin el carro? ─preguntó una obviedad que al castaño le obligó a colocar los ojos en blanco.

─No te preocupes por mí, Mikami. Ya sabré como arreglármelas ─esa frase no le daba demasiada confianza que digamos al pelinegro, pero con lo terco que era Light, no le quedaba otra que desistir.

De acuerdo, el lugar no era de lo superior que digamos, aún así había sido lo mejor que el castaño pudo haber pagado con su poco sueldo.

Cuando la noche cayó sobre la casa, y el anciano habiéndole dejado las llaves del lugar a completa disposición de Light, éste se predispuso a dormitar un poco.

Entraba un viento helado por los agujeros que tenían los vidrios del ventanal, se preguntó si habría alguna tienda abierta, para comprar algo de papel y cinta adhesiva y así poder cubrir aquellas roturas… pero no. Ya todo habría de estar cerrado, eran las once p.m.

Debió conformarse con cubrir su cuerpo con las mantas que le había tejido su madre de adolescente, eran cálidas y reconfortantes. El tan solo pensar en ella y en su hermana le provocaron un vuelco terrible, ¡las extrañaba demasiado!

Se acopló aun más con aquella manta, esperando lograr despejar su cuerpo de aquel frío infame. La casa era demasiado húmeda, casi parecía ser uno de aquellos galpones que se ven en las películas de terror, donde hay fantasmas y cualquier tipo de obscenidades. Esperaba al menos, que con la falta de su presencia, Lían y Mikami pudieran disfrutar de su correspondiente tiempo a solas, eso sí que le haría sentir muchísimo mejor al castaño; pero por el rostro que había puesto su amigo antes de marcharse aquella tarde, sabía a la perfección que eso sería prácticamente imposible.

Estaba mal lo que hacía… estaba haciendo sufrir a Mikami, eso también le hacía sufrir al castaño, pero no tenía más opción, la pareja se iría en un par de días y si no comenzaba ya mismo con su independencia, tal vez jamás lo haría…

Quizá su suerte cambiase el martes, cuando finalmente conociera a L…

L…

Y así cayó profundamente dormido, el sonido del viento ingresando por la cavidad que dejaban los cristales rotos de las ventanas, sumado al ruido de las lajas sueltas del suelo, moviéndose sin cesar como si alguien las estuviera pisando (pero sabía que solo era el viento), ambos fueron un anestésico potente para lograr conciliar el sueño.

o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o. o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o

Los días habían pasado a cuenta-gota, las noches habían sido frías en aquella "casa", donde poco descansaba, a decir verdad; mucho peores eran aquellas horas de la madrugada, en que decidía apoyar la cabeza sobre la almohada luego de un día exhausto en el trabajo y Universidad, y a los pocos segundos se oía el corretear de las ratas sobre las calderas del techo… no le dejaban dormir. Y como si fuera poco, uno de aquellos días había resbalado con una de las lajas sobresalidas en el suelo, y gracias a ello, cayó de lleno sobre las demás lajas; una de ellas había dado justo en uno de los pómulos del castaño y le había causado una herida de superficialidad leve pero que había sangrado de manera potente durante varios minutos. La vendita en su mejilla le hacía recordar esa maldita mañana de ensueño…

Había tenido que caminar bastante hacia la Universidad, y ni qué decir que su nueva "casa" estaba a demasiados kilómetros de aquella institución. Llegó agotado, sudando pequeñas gotitas salinas por todo su cuerpo, se había sentado en una de las bancas a las afueras del lugar para poder descansar un poco.

El sol pegaba bastante fuerte a pesar de ser otoño, no comprendía cómo se podía pasar de un frío extremo en la noche a un calor infernal en las tardes. El trabajo había estado laborioso como siempre, la verdad es que estaba feliz de haber salido de aquel lugar… cada vez sentía con mayor fuerza que aquel empleo no le sentaba demasiado bien: le hería el hecho de estar observando todo el tiempo a personas malsanas y enfermas. Pero debía soportarlo, ahora estaba solo con las cuentas del "hogar", y debía pagarlas él mismo.

Bufó, en instantes comenzaría una de las clases más tediosas para Light, y el pasar de los minutos se volvería insoportable allí dentro.

Limpió su frente con la manga de su pulóver; últimamente hasta las situaciones más normales en su vida, se volvían un completo fastidio.

Chequeó el reloj ajustado en su muñeca: 13:45, ya pronto sería hora de ingresar al instituto.

Estaba realmente agobiado de tanto bamboleo de aquí para allá, quería detenerse y respirar… La inestabilidad le agotaba hasta tópicos ínfimos.

El reloj de muñeca tenía la lente rayada, no se había fijado ese detalle hacía unos segundos atrás, pero ahora que le prestaba atención, recordaba Light que más debía tratarse del golpe que debió darse en el brazo cuando intentó sostener que su cuerpo se amoratara… justo en el momento en que su padre lo había empujado con todas sus fuerzas al suelo del jardín.

Decidió no torturarse más a sí mismo con todos aquellos recuerdos dañinos, y guardarlos en una caja imaginaria que jamás volvería abrir con la mente, o sino acabaría desangrándose en un mar de lágrimas.

Martes.

Era martes, solo faltaban un par de horas

Tan solo debía esperar a que la clase diera fin a las cinco p.m., debía sacar fuerzas hasta de lo más recóndito de su alma y ser paciente hasta las seis… y ya su vida daría un giro radical.

Pero, ¡maldición!, los nervios parecían estar devorando sus órganos en el interior de su cuerpo, ¡ya no soportaba ni un minuto más de espera! Los músculos se le hacían un garrote debido a la tensión; apretaba con fuerza su quijada con el maxilar superior, tanto que los dientes chirriaban dentro de su boca.

Comenzó a recordar…

"¡Me gustas, maldita sea Yagami, me gustas enserio y mucho!"… ¿A sí? ¿Y entonces qué diablos estaba haciendo con aquella tipa completamente desnuda en su apartamento? Mierda, quería destripar vivo a Riuzaky. Había sido tan estúpidamente ingenuo que no se golpeaba a él mismo solo porque había cientos de personas merodeando a sus alrededores. Mordía la comisura de sus uñas con exasperación, hasta el punto de desgastarlas.

Pero eso ya era pasado: Riuzaky había quedado atrás. Ya no quería ni ver en estampilla al moreno, ni a nada que pudiera representarlo: no quería ver tatuajes, no quería ver piercings, no quería ver a nadie fumando ni vistiendo ropas holgadas… ¡no quería tener nada que ver con personas de ese "tipo"! Cuanto más lejos… mejor.

Ahora todo en él, era pura concentración en L… y ya faltaba poco tiempo para el encuentro… eso le daba fuerzas para continuar adelante.

Había estado tan perdido en sus pensamientos, que tardó varios segundos en asimilar el ardor en su mejilla derecha, ¡una bofetada le había dado vuelta la cara! Apretó sus párpados, como queriendo allanar el dolor que crecía en la superficie de su rostro. Quien fuera que lo hubiere golpeado, estaba demasiado enfadado… la bofetada había sido fuerte y compacta.

Light giró con lentitud, la mejilla le ardía cual mil demonios; ni siquiera habiendo pasado tres segundos, logró el castaño salir del trance total en el que estaba inmerso.

─¡Hijo de puta! ─otra bofetada fue a parar al rostro de Light, la sintió caliente y repleta de ira. La voz de Takada sonaba cabreada, la morena misma lucía un par de ojos rojos como los de un toro embravecido, tenía la quijada dura y el entrecejo fruncido hasta más no poder─. ¡Hijo de mil puta! ─golpeó a Light una y otra vez con la palma de su mano, y cada vez con mayor fuerza, mientras tanto el castaño no lograba hacer que los músculos de su cuerpo reaccionaran… estaba en completo estado de shock.

Había chillado tan fuerte que varias personas se detuvieron a ver la escena justo frente al edificio de la Universidad, pero no lo hacían con fascinación o un toque de humor, sino con verdadera preocupación, como si en los rostros de todos aquellos estudiantes estuviese la duda de si debían llamar a la policía o no.

─¡Creí que eras mi amigo, cabrón! ¡Eres una basura! ¡Tú y Riuzaky son la misma mierda! Deberían morirse los dos ─gritó a todo pulmón, los estudiantes que los rodeaban se asombraron, e inmediatamente, algunos de ellos, se dieron paso dentro de la dispuesta de aquellos dos para separar a la irritada morena del castaño, el cual no movía ni un dedo de la impresión.

─Ramero buscón… te gusta que te den por culo ─gritó la mujer a lo lejos, siendo arrastrada por varias personas que impedían que la pelea continuara.

Se ruborizó de pies a cabeza, sintiendo que el pecho le explotaba de la impotencia. El estómago se le hizo un revuelto de emociones, no pudo hacer más que quedarse paralizado y mirar a todas aquellas personas, que ahora le ojeaban inquisidoramente.

Se sintió mareado…

Se sintió descompuesto…

La imagen que tenía enfrente comenzó a darle vueltas…

─¡Hijo de puta! Anda ve, revuélcate con él, eso es lo que te gusta ¿no es así? ¡Eres menuda zorra! No mereces el respeto de nadie ─se oía la voz de Takada a lo lejos, mientras los hombres de seguridad de la institución, la tomaban por los brazos y la jalaban hacia adentro del edificio. Los chillidos de la morena se perdieron en medio del ambiente fúnebre que ella misma había creado.

Nadie decía nada; nadie acotaba nada… ni se atrevían a preguntar qué diablos había sido todo aquello. Pero el rostro de ese chico delataba todo el pudor que se había apoderado de él. Desde que todo había comenzado, Light no movió ni un dedo.

─Oye tú, ¿estás bien? ─preguntó una muchacha castaña que se le acercaba con cautela.

Light siquiera la miró, tenía un bulto atorado en la garganta que le impedía hasta inhalar oxígeno. Continuaba con sus pupilas perdidas, recordando la reciente escena de Takada.

era una mierda…

Él mismo era un completo traidor, una basura, no merecía el perdón de nadie. Takada tenía razón: hasta él mismo confió en aquel momento, que él no se trataba más que de una bazofia, una porquería, alguien que no merecía jamás llamarse "amigo"… porque había resultado ser todo lo contrario.

Continuaba inmóvil, sentado sobre el banquillo, en el jardín frente a la institución. Las personas que habían presenciado la escena, ahora le miraban, no queriendo irse por si el castaño necesitaba hospitalización.

─No se ve nada bien. Llevémoslo a la enfermería ─decía un muchacho de anteojos y cabello azabache.

Light continuaba sin poder salir de su trance, sus manos temblaban, pronto sus neuronas acabarían por tener un colapso neurótico.

Primero la frustración con su padre, luego la sensación de muerte que sintió al ver el descaro de Riuzaky, y ahora el asco que demostraba tener Takada hacia él.

Light estaba a punto de desmayarse, pronto a padecer un ataque de locura. Las emociones que lo invadían eran desquiciantes, podía sentir muy en su interior que su alma agonizaba a gritos, ya no soportaría mucho más tiempo en la situación en que se hallaba: su vida estaba haciéndose trizas frente a sus ojos, y él no podía hacer nada para remediarlo.

─Oye, ¿te sientes bien? ─volvió a interrogar la muchacha de hace un momento. Al no obtener respuesta ninguna de las dos veces, optó por hablarle al oído a una persona que estaba cerca suyo─. Creo que deberíamos llevarlo a la enfermería.

Light estaba sentado como un garrote sobre el banquillo, tras que estaba faltando en demasía a la Universidad, ahora ocurría esto; otra opción más para la decisión de abandonar los estudios por completo.

Estaba pálido, la gente que le rodea lo miraba con intriga, una chica se atrevió a zamarrearle con suavidad para ver si reaccionaba o si por el contrario estaba sumido en un ataque de nervios.

─¡Hay que llevarlo a la enfermería! ─gimió un muchacho más pequeño, parecía ser de los grados primerizos en las carreras.

Tenía el vértigo atorado en la boca del estómago, amagando con salir disparado por su garganta. Sus manos temblequeaban como si se tratara de un anciano de ochenta años, últimamente ese temblar se había vuelto costumbre en Light.

Le dolía demasiado la cabeza, tanto que la sentía como un gran globo a punto de explotar.

Y su corazón latía desenfrenado en su caja toráxica, pero su carne estaba flácida y débil.

Sintió descompostura y taladrantes mareos.

Aun así, creyó que podría llegar a ponerse de pie si tan solo ponía un poco de esfuerzos; y caminar hacia el baño para refrescarse un poco y recomponerse, más no supuso que sus piernas flaquearían tanto, y con aquel absurdo intento de incorporarse, acabó cayendo sobre el suelo y raspándose el rostro contra la superficie de éste.

o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o. o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o

Sintió un olor descifrable y a la vez extraño, como si su cerebro recordara haber estado alguna vez en aquel lugar, pero no era un sitio al cual acudiera de manera repetida.

El ambiente olía espeso, olía a medicamentos y desinfectantes.

La cama estaba más dura que nunca, sentía estar recostado sobre un lecho de rocas. Oyó un par de ruidos molestos en una de las aristas de la habitación, un tanto lejos de donde él estaba.

─Otra vez tú aquí, Yagami. Te convendría poner una enfermería cerca de tu casa así ya no vienes tan seguido –rió la enfermera. La mujer regordeta buscaba "algo" en una pequeña cajonera blanca.

Sus ojos se abrieron como dos platos al divisar que por la ventanilla del lugar, el sol comenzaba a ponerse en el horizonte (al ser la estación de otoño, eso no implicaba nada bueno). Un electroshock potente recorrió cada músculo de su cuerpo. En una milésima de segundo se apresuró en incorporarse de la camilla a cuestas de su flacidez corporal, e intentar huir de allí: torpemente, ya que siquiera alcanzó a cruzar el umbral de la puerta, que la enfermera ya estaba tomándolo de un brazo con agarre potente y obligándolo a regresar a la camilla a las rastras.

−Oye, ¿adónde crees que vas? –la mujer reía, como si todo se tratara de una broma o algo que le ocurría a diario con la mayoría de los estudiantes. Pero poco sabía aquella mujer que la desesperación de Light aumentaba a cada segundo: ni siquiera estaba situado en el tiempo ¡y debía encontrarse con L a las 6 p.m.!

−¡¿Qué hora es?! –preguntó, casi perforando el tímpano de la mujer que lo cargaba hasta la cama, para así cubrirlo con las sábanas blancas nuevamente.

La enfermera, luego de recostar a Light nuevamente sobre las sábanas, le hizo a éste un movimiento de cabeza para que chequeara la hora en el reloj postrado en la pared… como si el castaño no supiera que se encontraba allí, luego de tantas veces de haber asistido a la enfermería en, particularmente, casi todo el ciclo estudiantil. La mujer rodaba los ojos y los ponía en blanco.

Se le atoró la lengua al ver las manecillas del reloj.

Los ojos se le pusieron vidriosos.

Sintió una patada en la boca del estómago.

Jamás se había preocupado tanto por la consistencia del tiempo como en aquel entonces, y como si es desfallecimiento reciente no hubiera sido poco, sentía que su cuerpo se tensaba de una manera tan fuerte que pronto caería redondo al suelo, otra vez.

6:04 p.m. El sol desaparecía de a poco en el horizonte.

El muchacho se revolvía como en una licuadora, no se quedaba quieto ni un segundo, llevaba el nerviosismo propio de un paciente esquizoide. La mujer lo apretó contra la camilla para evitar que se moviera de aquella manera e intentase huir. Sacó del bolsillo de su bata blanca, una jeringa de tamaño mediano con un líquido viscoso dentro, de un color amarillento: y si algún conocimiento había adquirido en su empleo como ayudante de enfermero en el Hospital central de Kanto, es que aquel líquido era evidentemente una mezcla.

−Yagami, deje de moverse tanto, por favor. O tendré que comunicarle al rector que no colaboras con tu propia salud –la mujer apretaba constrictoramente los antebrazos de Light.

−¡DIOS MÍO! ¡Debo irme, es tarde! ¡Me está esperando! –decía con los ojos perdidos en el techo de la recámara completamente blanca─. ¡SUÉLTAME! ─por poco y golpeaba a la enfermera con sus puños, intentaba hacerla a un lado mediante empujones, pero la mujer no cedía su lugar.

−¡Estate quieto, Yagami! Así no puedo trabajar.

─¡Mierda, suélteme! ¡Debo irme urgentemente! ¡ESTÁ ESPERÁNDOME! ─gritó tan fuerte que tambalearon las paredes.

Miles de pensamientos se le cruzaron de inmediato: que era tarde, que sería aún más tarde cuando llegara al encuentro, ya que debía correr como mínimo quince cuadras hasta llegar a encuentro con L…

Y L probablemente ya estaría allí, aguardándole; y él estaba perdiendo el tiempo en la enfermería, debía salir cuanto antes si es que pretendía no defraudar al moreno.

−Espere, ¿Qué va a inyectarme? ¿Qué es eso? –se retorció sobre la cama, intentado alejarse, inútilmente.

−Es un sedante, es para que duermas un poco y descanses; y ya que estás demasiado débil, lo he mezclado con un poco de hierro, eso te dará mayores fortalezas. ¿Estás comiendo? Se te ve bastante pálido.

─¡Mierda, no quiero un maldito sedante! ¡DEBO IRME! ─gimoteaba con tal exasperación que el estrés subía a niveles intensos−. ¡No puedo dormir! ¡Tengo que encontrarme con L! ¡Maldición, déjame ir, por favor! Te lo suplico… déjame ir…

Cuando sintió la punta de la aguja sobre la superficie de su piel, ya había pasado a otro extremo. Con todas las fuerzas que le quedaban, tomó la jeringa con sus propias manos y la hizo añicos frente a los ojos impactados de la mujer, que se veía atemorizada. Para lograr escabullirse fuera de la cama, dio un golpe a la enfermera en el pecho con las manos abiertas y del tremendo empujón, aquella cayó de espaldas al suelo cerámico, golpeándose gravemente.

Salió disparando por la puerta con la mochila a cuestas y los libros dentro de ésta haciéndole peso en la parte trasera del cuerpo; con el corazón latiendo a mil por segundo, se sumía en un margen de obsesión desbordante. Se lanzó, prácticamente hacia la salida de la institución, llevándose por delante a todos los que estaban allí de pie conversando con sus pares… no le importó si se trataban de estudiantes o profesores, o directores… o quienes fueran… ¡estaba llegando tarde!

Su estado de salud emocional no era cien por ciento estable en aquel momento, acababa de sufrir otro shock sentimental (gracias a Takada), pero debía asistir, jamás en ningún otro momento tendría aquella oportunidad, ¡L ESTABA ALLÍ, PARA ÉL! Sólo para él.

Cuando ya no le dieron las piernas de tanto correr por aquellas largas cuadras del centro de Kanto, se percató que el tiempo volaba (siempre resulta siendo así cuando se espera lo contrario). Necesitaba detenerse a tomar aire, ¡pero no iba a hacerlo! ¡Debía correr aun más rápido, los minutos pasaban y él aun no llegaba a destino!

Tragaba espeso mientras las piernas se le acalambraban por tanto esfuerzo físico, no recordó cuando fue la última vez que había corrido con tanta desesperación, con tanta euforia que sentía los músculos del cuerpo quemándose por completo.

Se le aclaró el alma cuando sus ojos divisaron el establo… ya estaba muy cerca. El sudor caía por la piel de su rostro, sus pintas eran desastrosas, esperaba que L no se ofendiera por ello, Light obviamente no daría una buena impresión, pero no esperaba sino otra cosa que ver a L, tener a L frente a él, divisar con sus propios ojos al hombre que tanto le había hecho soñar, y al cual había abandonado durante un tiempo, y ahora… ahora lo necesitaba más que nunca.

Cayó rendido sobre el tejido de alambre, se había encogido de piernas debido al cansancio extremo de haber corrido ¡casi veinte cuadras! Le daban punzadas en el lado derecho del abdomen, y tomaba aire como si fuese el último respiro el que estaba dando.

Jadeaba constantemente, la cabeza le daba vueltas: no era una persona predispuesta al ejercicio físico, sentía mareos, y un dolor pausado en el sector de la nuca.

Lo primero que hizo fue divisar hacia todos los sectores: ese era exactamente el lugar acordado con L… pero aquel no parecía estar en ninguna parte, es más: no había nadie más que él allí.

Light, con cierta desilusión, chequeó su reloj de muñeca: 6:19 p.m.

¿Acaso L se había cansado de esperar y se habría ido? Se mordió la punta de los dedos al pensar en aquello. Decidió recapitular, ser un poco más consiente, y si pensaba con claridad, sería imposible que una persona se hartara de esperar tan solo 19 minutos. Si debía utilizar la lógica entonces resultaba más que obvia la evidencia de que L aun no se había aparecido por los alrededores.

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Estaba indeciso, con el corazón en la garganta de los nervios. Dudando si debía arrancar la motocicleta, o por el contrario: dar marcha atrás y aguardar de la estupidez maquiavélica que estaba a punto de hacer…

acabaría con todo rastro de felicidad que pudiera llegar a tener Light luego de todo lo sucedido. De ello estaba más que seguro.

Jamás había sentido su corazón bombeando sangre de una manera tan atropellada como en aquel momento.

No podía fallar a Light, aunque si no se presentaba resultaría con un sentimiento menos nefasto para el castaño que de sí hacerlo. Tenía la cabeza hecha un manojo de emociones desesperanzadoras.

De una u otra manera, Light acabaría odiándole con todas las fuerzas de su alma.

Dejó de pensar…

Dejó de sentir…

Simplemente dejó que todo fluyera a la deriva… como prácticamente lo había sido toda su vida.

Y si su alma debía morir una vez más, entonces el pelinegro ya estaba preparado de antemano para ello.

Había muerto emocionalmente cuando mataron a sus padres frente a él.

Había muerto al estar encerrado en aquel sótano durante tantos años, carcomiéndose a sí mismo en aquella oscuridad absorbente y trituradora.

Había muerto cuando se metió de lleno en el mundo de las adicciones.

Ya eran tantas las veces en que su alma se había infundido en auras negras, que estaba preparado para otra más… estaba demasiado acostumbrado a ver su vida romperse en fragmentos justo frente a sus ojos…

pero Light no lo estaba…

Light no estaba preparado para algo así.

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Chequeó el reloj otra vez (ya iba a ser la vigésimo tercera vez que lo hacía en tan solo media hora): 6:45 p.m. Y L no se aparecía por ningún lado.

Comenzaba a dudar de que realmente estuviera interesado en verle.

De repente la noche caía con mayor presencia, envolviéndolo en la poca luz que alumbraban los postes en las veredas de las calles. Había escogido un lugar desolado por el cual nadie merodeaba en ningún momento del día, pero Light desconocía lo que sucedía en las noches, y tampoco quería imaginarlo.

Se había mordido tanto el labio inferior que lo rasgó como a un papel crepé. Sentía ganas de llorar, pero ya estaba tan seco de tanto repetir aquella acción, que ni una lágrima asomaba por sus ojos ámbar.

Su cuerpo estaba flácido, agotado del esfuerzo físico, pero su mente permanecía a mil por minuto, expectante a cualquier ente con trazos humanos que pudiera llegar a aparecerse. Miraba todo con completo detalle, pero la neblina que acompañaba la noche le impedía ojear con afinidad.

Tiene que venir…

Juró que lo haría…

Dijo que aquí estaría…

Estaba al borde del llanto: 7 p.m. Y allí estaba Light, más solo que un perro, se sintió desamparado, casi profanado por el abandono por parte de aquel hombre.

Su estómago crujía, sus manos temblaban de los nervios… y una vocecilla de consciencia en su interior le reclamaba que se fuera de ahí, que no le interesaba a L… que con su ausencia, L ya había demostrado el poco respeto que tenía por Light.

Si las lágrimas que rodaban por sus mejillas eran muestra del tremendo dolor que sentía dentro… entonces su corazón roto sería la huella más profunda de aquel sufrimiento enfermizo.

Ahora lloraba, solo, junto a la oscuridad que cada vez se hacía más abarcativa.

[…]

Se detuvo en seco. Las lágrimas caían, pero ni un sonido ingrato era capaz de brotar por su boca.

Oyó el ruido de un par de pasos acercándose a él.

Giró la cabeza para cerciorarse.

Entre la neblina, el cuerpo de un hombre esbelto y fibroso, se hacía cada vez más presente… cada vez más visible…

Aun no lograba verlo con claridad.

Aquella figura cada vez se acercaba más a él.

Su corazón se detuvo.

El tiempo y espacio se helaron al unísono, para dar paso a la anatomía trascendente de aquel moreno, que con cautela y lentitud iba aproximándose a Light.