Todo lo que reconozcan pertenece a J. K. Rowling
N/T: AnneM. Oliver es la autora de este fic. Yo, Tabetaira Hamato, solo lo traduzco del inglés con su permiso.
Capítulo 14 – Corazón roto y presagio:
Hermione tuvo que pensar con lógica. El señor Malfoy debía estar buscándola ya. Al menos, eso era lo que más deseaba. Hermione sabía que toda la culpa la tenía ella y que él montaría en cólera. Probablemente Malfoy cortaría todos los lazos con ella por enfado y vergüenza. Y pensar que Hermione ni siquiera sabía que la estaba cortejando y que ahora no seguiría haciéndolo. No podía soportar un destino semejante. Debía encontrarlo.
Hermione decidió sentarse en un árbol caído y reflexionar sobre su siguiente movimiento. Había una pequeña zona con florecitas púrpuras cuyo nombre y género escapaba a su memoria. Se agachó, cogió unas cuantas y las giró en sus dedos. Todo lo que podía hacer era esperar a que la rescataran como a una tonta damisela en apuros. No podía soportar la humillación.
Harry corrió hacia las chispas rojas y vio a Malfoy, quien estaba dando vueltas por los árboles, llamando a su prima.
―¡Malfoy! ―gritó Harry―. ¿Dónde está mi prima?
―Señor Potter, si supiera dónde está su prima, ¿no cree que no estaría buscándola y llamándola?
―¡Cuando le dije que no la perdiera lo decía en broma! ―gritó Harry.
―¡Y, por lo que parece, ella se lo tomó en serio y se perdió por sí sola! ―dijo Draco.
―¿Cuándo la vio por última vez? ―inquirió Harry.
―Hace al menos veinte minutos ―contestó él―. Hasta he intentado localizarla con mi varita, pero no he podido encontrar ni rastro. Es este maldito bosque. Hay tanta magia antigua en él, que afecta a los hechizos y encantamientos.
―¡Dejemos de auto compadecernos y vayamos a buscarla! ―dijo Harry, y corrió camino abajo mientras la llamaba.
Hermione decidió caminar de nuevo. No había nacido para sentarse y esperar a ser rescatada. Pensaba que encontraría el camino otra vez y empezó a seguir el rastro. Se encontró con un hombre todo vestido de negro que estaba arrodillado detrás de un arbusto. El hombre se giró rápidamente, elevó la varita y ella gritó.
Draco la oyó gritar y le dolió en el alma. Hermione se había hecho daño y toda la culpa era de él. Potter también la oyó gritar y los dos hombres corrieron en su dirección.
―¿Señorita Granger? ―preguntó el señor Snape―. ¿Qué está haciendo en el bosque y por qué diantres ha gritado?
―Mis humildes disculpas, señor Snape. Su varita estaba apuntando a mi persona y me asustó, teniendo en cuenta el hecho de que me he perdido en el bosque. Estaba con mi primo, el señor Lupin y el señor Malfoy. En poco tiempo me quedé rezagada y luego me perdí ―explicó con la mano en el pecho para calmar su respiración.
―¿Esos estúpidos dejaron que se perdiera? ―le preguntó Snape―. Deberían azotarles por semejante idiotez.
Hermione se dio cuenta de que Snape llevaba una cesta llena de plantas.
―¿Puedo preguntarle qué está haciendo, señor?
―Estoy recolectando ingredientes para mis pociones, señorita.
Ella se acercó a la cesta.
―Quizás en la próxima clase del lunes pueda decirme los nombres de estas plantas para que pueda servirle de ayuda la próxima vez ―dijo ella, tocando con el dedo las plantas de la cesta.
Qué chica tan tonta. Estaba perdida en el bosque y todavía tenía la necesidad de aprender. Si fuera sincero consigo mismo, Snape admitiría que la encontraba admirable y nada tonta.
―Eso podría solucionarse, pero ahora debemos encontrar a sus acompañantes. ―Le ofreció su brazo a la chica y ella aceptó―. Parece que mi ahijado le ha cogido apego a usted ―dijo de repente.
―Eso creo, señor ―contestó Hermione.
Snape esquivó una piedra grande y la agarró del brazo para darle equilibrio.
―Debe darse cuenta de que este apego lleva a una relación que no es adecuada para ninguno de los dos.
Hermione dejó de caminar.
―¿Cómo dice, señor?
―Ah, no malinterprete sus intenciones. Creo que son sinceras y estoy segura de que las de usted también ―le dijo, y siguió―: Es solo que él ya está comprometido con otra. ―El corazón de Hermione dejó de latir en su pecho. Las palabras de Snape atravesaron su alma―. Así que ya ve, señorita Granger. Tener una relación más seria no sería prudente.
―Él no me ha hablado de tal compromiso ―contestó Hermione.
Snape la miró a la cara.
―No lo haría porque él lo niega. Era el mayor deseo de sus padres, antes de que murieran, que se casara con una sangre pura, por lo que firmaron un contrato de matrimonio con la señorita Penélope Clearwater. Es la hija del baronet y está bajo mi tutela. Está fuera, en el colegio.
Hermione miró al suelo. Sabía que el señor Malfoy no la engañaría y, sin embargo, Snape parecía decir la verdad.
―No digo esto para hacerle daño, querida, sino para evitarle el dolor y hacerle saber que se espera mucho de mi ahijado y que debe casarse bien.
Harry y Draco llegaron corriendo hacia ellos en ese momento. Hermione sentía que su corazón estaba triste y desolado. Corrió a los brazos de su primo sin mirar ni una vez al señor Malfoy.
―Llévame a casa, primo, llévame a casa.
El señor Malfoy caminó hacia ella. Vio las nuevas lágrimas, el arañazo de la cara y su cabello despeinado. Alargó el brazo y le tocó el hombro. Hermione se giró y se colocó detrás de su primo.
―Ahora, primo ―dijo, agarrándole de la manga―, llévame a casa. ―Ni siquiera miraba a la cara al hombre que la había engañado.
Harry asintió a ambos, la cogió en brazos y se desapareció.
Malfoy se giró hacia Snape.
―¿Por qué está tan afligida?
―¡¿Que por qué? ―le soltó Snape al joven―. ¿Cómo puedes haberla engañado? ¡No le hablaste de tu prometida, así que me tomé la libertad de hacerlo yo!
―¡NO! ―gritó Draco.
―¡Sí! ¡El matrimonio entre tú y mi pupila se va a celebrar, Draco! Era el deseo de los padres de ambos antes de morir. Vendrá del colegio a hacer una visita la semana que viene y tú darás una fiesta y anunciarás el compromiso. ―Snape se dio la vuelta con la negra túnica inflándose tras él y dejó a Draco con su desesperación.
Draco se sentó en un tronco caído y sintió que su corazón se partía en dos. Él la amaba. De verdad. Sentía que su corazón le pertenecía más a ella que a él y ahora ella debía de odiarle.
No sentía nada por Penélope Clearwater. Solo había visto a la chica en dos ocasiones y, en ambas, le había resultado tonta, insulsa y pesada. No tenía ninguna obligación de cumplir con un contrato de matrimonio que habían firmado sus padres cuando él era niño. Hasta la ley mágica establecía que contratos como esos eran nulos e inválidos cuando las partes involucradas morían.
¿Por qué le contaba su padrino estas cosas a Hermione y justo después de que le declarara sus intenciones? Ella ni siquiera le había declarado las suyas. La expresión de la cara de Hermione era de puro dolor. ¡Maldito Snape! Draco empezó a correr a través del bosque, bloqueando los pensamientos, los sonidos y todo lo que le rodeaba. Solo podía oír su propio corazón latiendo en sus oídos y su respiración en los pulmones. ¿Le perdonaría algún día? ¿Lo intentaría al menos?
Harry puso a Hermione en su cama. Los sollozos sacudían su cuerpo. Harry estaba confundido.
―Madre mía, pareces estar para el arrastre. ¿Debería ir a buscar a un sanador?
―¡Déjame, primo, déjame! ―gritó Hermione.
―¿Qué pasó? ¿Te dijo algo Snape que te alarmó? ¿Lo hizo Malfoy? Debo saber estas cosas ―dijo Harry, acariciándole el pelo.
―Malfoy me dijo que te había pedido tu bendición ―le dijo entre lágrimas.
―¿Y eso te ha hecho llorar? ―preguntó Harry, confuso.
―¡Snape me informó de que el señor Malfoy está comprometido con otra! ―exclamó.
Harry se levantó al instante. Sacó la varita y se marchó de la habitación si mirar atrás.
Esto es a lo que había temido. El objetivo de Malfoy era humillar a su prima. Causarle aflicción. Hacer que se enamorara de él y luego romperle el corazón. ¿Tanto odiaba a Harry que haría daño a una inocente en su búsqueda de odio? Se lo haría pagar.
Draco se desplomó en la linde del bosque. Miró al cielo y maldijo el día en el que había nacido. Lupin caminó hacia él y miró al suelo.
―¿Un mal día, señor Malfoy?
Draco se sentó y le explicó todo al hombre. No sabía por qué, pero fue como Hermione había dicho. Lupin se convirtió rápidamente en uno de sus conocidos favoritos y sentía que podía confiar en él. Lupin se sentó en el suelo, al lado de Malfoy.
―¿Qué se puede hacer? ―preguntó Draco.
―Lo correcto. Lo adecuado. Si no ama a la señorita en cuestión, debe dejárselo claro. Debe enfrentarse a su padrino porque usted ya es un hombre. Conozco a su padrino casi desde que nací y sé que puede ser una persona difícil, pero solo usted es responsable de su felicidad. Finalmente, debe compensárselo a nuestra chica. Es dulce y confiada y me temo que hoy usted pueda haber roto esa confianza para siempre. Hablaré con ella por usted, pero la responsabilidad de arreglarlo es suya. Mañana, acompañaré a la señorita Granger a su clase en Spiner's End. Cuando nos vayamos, me aseguraré de que usted tenga la oportunidad de hablar con ella antes de que Harry se la lleve de paseo por el pueblo. ¿De acuerdo?
―¿Por qué me ayuda, señor? ¿Qué soy para usted? ―preguntó Draco.
―Usted es un ser humano como yo. ¿No es esa razón suficiente? ―contestó Lupin, levantándose. Estiró la mano para ofrecérsela a Draco.
Justo entonces, Harry se apareció en frente de ellos y tiró a Draco al suelo con un relámpago de luz roja de su varita.
―¡Levántese, rufián! ―gritó Harry―. ¡Para que así pueda derribarle una vez más!
―Escuche, Potter, puedo explicarlo ―dijo Draco, bocarriba y con las manos levantadas en un gesto de derrota.
―Levántese, he dicho. Me batiré en duelo con usted como es debido y luego le mataré. Le aseguro que lo haré y tendré la satisfacción de saber que me he vengado de alguien que hirió a una chica a la que quiero con todo mi corazón ―gritó Harry.
Draco se levantó y sacó la varita.
―¡Yo también la quiero, Potter! ―gritó.
―¡Mentiras! ¡De veras eres el hijo de tu padre!
Draco fue a insultar a Harry, pero Lupin le quitó la varita de la mano con un movimiento de la suya. Rápidamente se giró hacia Harry e hizo lo mismo.
―No habrá ningún duelo, caballeros ―afirmó Lupin con una calma que era inapropiada―. La señorita en cuestión nunca querría eso. ―Tiró la varita de Draco en el suelo y le pasó a Harry la suya―. Marchémonos, señor Potter. Estoy seguro de que su prima necesita de nuestra presencia.
Harry se giró para marcharse, pero volvió rápidamente a donde estaba Draco y le puso la varita directamente en la cara.
―No vuelva a hablar con mi prima nunca más. Si quería hacerle daño a alguien, debería haber ido a por mí. ¡Ella no ha hecho nada para merecer esto! ―Se desapareció, seguido por Lupin.
Draco se agachó y recogió su varita. Pateó el suelo y tiró la varita lo más lejos que pudo. Potter tenía razón: ella no se merecía semejante maltrato. Se lo compensaría. De alguna manera. Tenía errores que enmendar. No se rendiría con ella, no todavía, quizás nunca. Una vez que Draco Malfoy daba su corazón, se perdía para siempre.
Hermione pasó el resto del día en su habitación, rechazando la compañía, la comida y cualquier cosa que la aliviara. Harry caminaba de un lado a otro frente a la puerta de Hernione.
―¿Cómo puede estar tan abatida? ―le dijo a Lupin―. Ni siquiera hace mucho que lo conoce.
―Harry, viejo amigo ―contestó Lupin con una sonrisa―. El corazón es algo maravilloso. Una persona no tiene que conocer a otra desde siempre para amarla sin medidas. Todo lo que se necesita es querer. Ella quería, estaba receptiva y dio su corazón, formalmente o no. Una persona no supera algo así tan fácilmente, pero lo hará con el tiempo. Además, no debemos excluir al señor Malfoy todavía. Ya te expliqué que ni siquiera conoce a la mujer en cuestión.
―¡Pero yo le conozco a él! ―afirmó Harry―. Hará lo correcto por decoro. Cosas como el amor o el corazón de una mujer no significan nada para él. Solo la pureza de sangre. Se casará con esa mujer aunque solo sea por el rencor que me guarda! ¡La próxima vez que lo vea, lo borraré de la faz de la Tierra a golpes!
Lupin se rió.
―Y ahora, Harry, todo tiene que ver contigo ―añadió.
Hermione estaba de pie en la puerta, escuchando. ¿Y si Lupin decía la verdad? ¿Y si el señor Malfoy no tenía intenciones de casarse con esa mujer? Pero ¿y si Harry conocía mejor el corazón de Malfoy que Lupin? ¿Y si la sangre significaba más para él que el amor? Cerró los ojos. Aún podía oler su escencia. Podía ver su cara, oír su profunda voz de barítono. Era una agonía. Aparecieron nuevas lágrimas y no hizo nada por pararlas. Hermione volvió a la cama y miró los tres listones que él le había dado. Aquello eran todos los recuerdos que tenía de él. El hombre al que pensaba que amaba. ¿Cómo podía amar a un hombre al que conocía desde hacía solo una semana? Hermione sabía cómo. Por el tono de voz, una sonrisa, una inclinación de cabeza. Un amor por ese tipo de cosas era un amor sincero y verdadero. Hermione estaba sufriendo mucho y estaba arrepentida. Ni siquiera le había dado tiempo para que se explicara. Pobre la mujer que actúa con prisas y piensa con el corazón y no con la cabeza.
A la mañana siguiente, Hermione pidió que le trajeran el desayuno a su habitación. Lupin se lo trajo y la informó de que la llevaría a la clase que tenía con Snape. Por supuesto, se suponía que Malfoy iba a llevarla, pero esos planes habían cambiado. ¿Volvería a verle alguna vez?
―¿Quiere ir caminando o aparecerse en la casa del señor Snape? ―preguntó Lupin.
―Me gustaría caminar, señor. ¿Puede ser? ―contestó ella.
―Por supuesto ―dijo, ofreciéndole su mano.
Empezaron a caminar a lo largo del sendero.
―Parece cansado.
―Estamos en luna llena, señorita, así que no es el mejor momento para mí. Me siento bastante incómodo ―dijo Lupin―. ¿Se acuerda del camino desde aquí? Después de todo, necesito descansar.
―Claro, señor.
―Harry irá a buscarla y la llevará de paseo por el pueblo. ―Lupin sostuvo la mano de Hermione y le dio un apretón antes de desaparecerse.
Hermione siguió caminando sola hacia Spiner's End. Caía una lluvia ligera y solo llevaba un chal fino y un sombrero de paja. Nada que la protegiera en el caso de que la llovizna se transformara en un aguacero. Se puso bajo un árbol; no se sentía animaba para dar clase. Había decidido ir a otro sitio, cuando se desató la anticipada tormenta. En poco tiempo, estuvo totalmente empapada. Corrió hacia un puente cubierto y se mantuvo junto a un poste, agarrada a él como si fuera un amigo querido. Inclinó la cabeza y se preguntó de qué manera su vida podía volverse más deprimente. Oyó un caballo que se aproximaba; el sonido regular de los cascos galopando sobre el suelo de madera del puente la hizo mirar hacia arriba. Era el señor Malfoy.
Draco no dijo ni una palabra. Se acercó a ella y le tendió la mano. ¿Era un sueño? ¿Estaba él allí? ¿Qué implicaba su mano tendida? Hermione tomó su mano. Sin ningún esfuerzo o invitación, tiró de ella y la colocó en el caballo frente a él. Draco puso los brazos al alrededor de la chica y ella se sentó de lado. El sombrero de Hermione estaba en medio y su pelo ya estaba mojado, así que él se lo quitó de la cabeza y se lo puso en la falda.
―Vi a Lupin. Me pidió que me asegurara de que usted llegaba a Spiner's End. ¿Se da cuenta de que iba por el camino equivocado?
―Decidí no ir a clase ―contestó ella sin mirarlo.
Él inspiró profundamente. El pelo mojado de la chica olía a canela y vainilla. Le dio una patada al caballo y este empezó a trotar por el puente.
―¿A dónde va? ―le preguntó Draco sin mucha emoción.
―No tengo ni idea ―dijo Hemione.
―Entonces debo llevarla a casa. ―Aún no intentaría explicarle las cosas; no cuando parecía estar tan triste y destrozada.
Llegaron al pueblo justo a tiempo y enseguida habían alcanzado sus límites en la dirección de Spiner's End.
―Señorita Granger, tengo una petición. Como amigo, ¿me concedería un favor? ―preguntó.
Hermione se dio la vuelta para mirarlo y, debido a la posición en la que se encontraba, su cara quedó a un milímetro de la de él. Le miró de los ojos a la boca. Draco paró el caballo y soltó las riendas. Mantuvo una mano alrededor de la cintura de Hermione y la otra se elevó para borrar una lágrima, o una gota de lluvia, de su húmeda mejilla. La bajó del caballo y se unió a ella en el suelo. El caballo se movió un poco cuando ella se inclinó contra él y la lanzó al pecho de Malfoy. Los brazos de Draco la rodearon.
―No me ha respondido. ¿Me concedería un favor? ―Hermione no podía mirarlo más, así que miró el pañuelo de Malfoy y asintió. Draco le puso una mano bajo la barbilla―. No importa lo que ocurra en las semanas siguientes. Confíe en que lo que siento por usted es de verdad, señorita. ―Hermione se encontró apoyándose contra su pecho. El calor de su cuerpo, a pesar de la lluvia o quizás por causa de la lluvia, la reconfortaba. No debería concederle nada. No le tenía en gran estima, ¿no? No le debía nada―. ¿Señorita? ―Hermione miró hacia arriba―. Por favor, dígame que aún existe un entendimiento entre nosotros. Dígame que no la he decepcionado tanto como para no perdonarme. Dígame que no la he decepcionado demasiado. Es usted tan justa y tiene un buen carácter. Estaría asombrado si me dijera que no me da una oportunidad justa. Me encargaré de el problema que hay, señorita. Lo haré. Mi favor es que confíe en mí. Confíe en mí y no pierda la esperanza.
―Es la Providencia lo que me ha traído a este lugar, así que ¿quién soy yo para jugar con el destino? ―respondió Hermione.
Era todo lo que ella podía decir en aquel momento. Él la atrajo hacia sí y la sostuvo fuertemente por primera vez. No sería la última. Descansó la barbilla encima de los rizos mojados de Hermione. La lluvia caía a cántaros y los habría ocultado de la vista si hubiera habido casas cerca. En realidad, solo estaba la casa de Snape. Draco la soltó.
―La esperaré fuera hasta que termine la clase.
―Debe irse. Harry vendrá a recogerme. No puede dejar que le vea.
Se alejó de Draco y Draco la agarró del brazo. Como si la cámara lenta estuviera hecha para un momento así, la mano de Draco se deslizó desde la parte de arriba del brazo de Hermione a su hombro, a su muñeca y a su mano. Hermione continuó alejándose hasta que él le tocó suavemente las yemas de los dedos con las suyas. Fue como si una cuerda imaginaria estuviera alejándola de él, pero era solo ella. Y ella estaba alejándose de él.
Snape abrió la puerta justo cuando se separaban.
―Draco, ¿eres tú con la señorita Granger quien está ahí fuera?
―Sí, padrino, la he traído en lugar de Lupin ―dijo a través del sonido de la lluvia.
―Bueno, entra y sécate. Usted también, señorita Granger. Tengo noticias maravillosas. Tu prometida, Penélope, y su amiga, Daphne Greengrass, acaban de llegar. He enviado a mi sirviente a recogerlas al pueblo. Ven y sécate para que estés presentable.
Hermione miró a Draco con una expresión de dolor, pero su dolor solo podía rivalizar con el de Draco. Hermione sacudió la cabeza, diciéndole que no. No,noiré.No,noesperaréporti.No,mentiste.¡No,teodio! Draco vio todo aquello en la cara de Hermione cuando ella sacudió la cabeza. Sintió un mal augurio mientras la veía correr camino abajo como si fuera un presagio, una señal, de lo que aún le tenían reservado con respecto a ella. Hermione corrió camino abajo, bajo la lluvia, lejos de él. Quizás para siempre.
Snape salió de la casa, bajo la lluvia.
―¿A dónde va esa maldita mujer? ¿No quería quedarse para la clase?
Draco no tenía palabras. Ninguna. ¿Cómo se iba a esperar que un hombre hablara cuando su corazón sangraba?
N/A: En el siguiente capítulo: una cena a la que todo el mundo está invitado, pero a todos les importa un comino.
N/T: He actualizado rápido, ¿verdad? Bueno, espero que les haya gustado :).
