Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...
Círculo completo
(Full Circle)
Un fic de Nora Jeminsen
Traducción por Apolonia
Nota de Autora: Primero dejen quitarme las advertencias de encima... a) Esta historia es larga, violenta, oscura, y lúgubre; no esperen su típica atmósfera de Dragon Ball feliz-feliz-alegre-alegre. b) Contiene romance y situaciones adultas (léase: sexuales), aunque no lemon, también como palabrotas en dos idiomas. c) Si les gusta por favor dejen comentarios.
Esta bien, he estado trabajando un poco mucho últimamente... ^_^
Nos retiramos ahora, por un tiempo, de la confrontación entre Kakarotto y Shiatar, para pasar una noche con el antagonista de la historia, el Príncipe Vegeta. Recuerden, este no es el más amable, más buen hombre que se desarrolla sobre los diez años de Dragon Ball ---él ha sido el más poderoso ser en el universo conocido por la mayoría de su vida, y está acostumbrado a las maneras del poder. ¿Pero hay algún rastro del Vegeta que hemos conocido en esta versión del Saiyajin no Oji? Para responder eso, miraremos a otro incidente que ocurrió, doce años atrás...
Sigan leyendo, disfruten, y por favor escríbanme y díganme que piensan. =)
Nora
Dragon Ball Z: Círculo Completo
(Parte 14: Tres movimientos por delante: el juego privado del Príncipe)
"En establecer su principado en la Tierra, Vegeta-Oji empezó a recrear el Imperio en miniatura. En lugar de sistemas planetarios creó provincias de las importantes regiones de la Tierra (los cinturones de asteroides, la estación lunar, una colonia Io fue incluida entre estas), e instaló un señor provincial sobre cada uno para gobernarlo por él. Sobre todo esto, sin embargo, gobernaban los tres guerreros de Élite de Vegeta, cada uno de quien gestionaba un aspecto diferente del reino.
"Es sin preguntas que Vegeta tenía favoritos entre su Élite, pero el que más estaba al lado del Príncipe era Kakarotto, el Señor Feudal de la Tierra. De hecho, los dos hombres parecían en realidad haber tenido una relación cercana en ciertos puntos, y quizá haber compartido una unión de camaradería tanto como los comunes entre los equipos de combate y los rangos bajos. Tales uniones entre soldados de clase alta son generalmente manchadas por batallas de poder y sutiles batallas de posición; es notable que esta relación parezca haber evitado tales dificultades por tantos años. Algunos han especulado que esto es porque ambos guerreros se sentían completamente seguros en sus relativas posiciones. Dado el actual conocimiento de ese periodo de historia, esta teoría parece probable."
---La Guerra de la Liberación: Una Crónica. (4ta Ed., Capítulo 12 ["Los Jugadores de Poder: La Élite de Vegeta."]).
Rutaba, señor de la más remota provincia del privado dominio de la Tierra de Vegeta ---el sistema medio de Cinturón de Asteroide--- era un guerrero de clase alta de primera orden, de uno de los más distinguidos linajes sanguíneos del Imperio. Los miembros de su clan nunca han servido en alguna capacidad más baja que unificar comandantes en diez generaciones; como su hermano más joven Nappa, él había ganado gran honor y posición dentro del encarnizado mundo de la nobleza Saiyajin, y estaba orgulloso del rango que había logrando en sus tantos años. Era una imponente figura, incluso más grande que su hermano; tenía que hacerse hacer su armadura especialmente, y con el hombro tradicional protector de hombros ---y de caderas, su amplitud podía fácilmente llenar una habitación con su presencia. Era posiblemente el guerrero más alto que los Saiyajin hubieran producido alguna vez. Así que incluso postrado sobre sus rodillas con su cabeza tocando el suelo, su acurrucada figura era todavía lo suficientemente alta como para empequeñecer al hombre sentado ante él. Le molestaba a Vegeta totalmente.
El Príncipe suspiró de nuevo, descruzando y volviendo a cruzas sus piernas, moviendo su cola ociosamente de donde colgaba sobre el borde del trono de Rutaba. Descansando su cabeza en un puño, giró sus ojos a la lamentable demostración ante él.
Rutaba había disparado tal vez su tercera interpretación de "lo siento", y parecía no haber final a la vista. "...le juro, mi Príncipe, doblaremos nuestros esfuerzos, golpearé con látigos a esos haraganes esclavos hasta que sangren, no ahorraremos ningún trabajo para incrementar las ganancias de las operaciones de minería. ---Si hubiera sabido de su llegada, ¡podríamos haber tenido una celebración planeada para darle la bienvenida en nuestra presencia! Pero puede depender de esto, Oji-sama ---¡no habrá más déficit de las minas! Lo juro por el honor de mi linaje sanguíneo---"
Irritado, Vegeta finalmente lo interrumpió. "No seas tan rápido con prometer el honor que otros han ganado," le dijo al hombre bruscamente. Las divagaciones de Rutaba cesaron instantáneamente, a mitad de oración, y lanzó una aterrorizada mirada al rostro de Vegeta. Divertido Vegeta sonrió; Rutaba, alentado por esto, rió nerviosamente. El tonto. Improbable como sonaba, Vegeta estaba convencido que Nappa tenía que ser más inteligente que este gigante idiota.
Levantando una mano para hacer señas con gracia, Vegeta llamó a su ayudante con la mini computadora. "Lord Rutaba. Dices que los rendimientos de producción de la mina han caído porque las actuales venas han estado exhaustas, y porque tus esclavos de mina son haraganes. ¿No es eso correcto?"
"H-hai, Oji-sama. Incluso a pesar que nos concedió una dispensa especial para mantener esclavos semi-Saiyajin aquí, usted sabe como son esos media raza ---tan haraganes como los Humanos, mi Príncipe, y casi igual de débiles. Hemos intentado otros métodos para motivarlos..."
"Mátalos."
La cabeza de Rutaba se levantó, sobresaltado. "... ¿Oji-sama?"
"Dije, mátalos. Si no pueden producir a velocidad, no tienen uso en lo absoluto. Mátalos."
El gran hombre frunció el ceño, sentándose para frotar el flequillo de cabello alrededor de su mayormente calva cabeza incómodamente. "Ah... h-hai Oji-sama, por supuesto. Pero... ¿cómo voy a reemplazarlos? Los esclavos Humanos no pueden hacer esta clase de trabajo..."
"Tú lo harás."
Rutaba se sobresaltó de nuevo, violentamente, sus ojos abriéndose ampliamente. "...¿O-Oji-sama?"
Vegeta se sentó hacia adelante, cruzando sus brazos casualmente sobre una rodilla; a su lado el ayudante había completado su descarga, y la pantalla vista de la habitación del trono se desenrollaba desde el techo, mostrando gráficos y filas de información. "Tú lo harás, Lord Rutaba," dijo suavemente. "Tú, con tus propias manos. Junto con cualquier esclavo que tu personal de hogar erario pueda comprar, incluso si te rompe. Porque el momento que tu producción baje del promedio, serás asesinado. Ya ves, no son venas tapadas, o esclavos perezosos, lo que veo como problema aquí."
Los ojos de Rutaba parpadearon hacia la pantalla, parpadeando rápidamente para mantener el arroyo de sudor corriendo por su rostro desde sus ojos, y palideció visiblemente. "Eso es... esos son..."
"Esos, Lord Rutaba, son las verdaderas figuras en la producción de la mina, que te has olvidado de informarme." Se puso de pie, caminando el pequeño vuelo de pasos hacia el gran guerrero, cuyos ojos lentamente se movían hacia Vegete, amplios y aterrorizados. Vegeta sonrió de nuevo, y vio la garganta del otro hombre tragar convulsivamente.
"Tú ganas un honorable beneficio de las minas, Lord Rutaba," dijo suavemente. "Más de lo suficiente para ameritar tu rango y posición. Pero imagina mi sorpresa cuando descubrí que tus cuentas personales se habían triplicado en tamaño en los últimos pocos cuartos. Fortuitamente, la producción de la mina parece haber comenzado a bajar al mismo tiempo. ¿Qué haces de eso, Lord Rutaba?"
"Yo..." Las manos, cada una tan grande como la cabeza de Vegeta, se levantaron, suplicando. "Oji-sama, yo..." Vegeta angostó sus ojos.
Sus propias manos se dispararon y agarraron los dedos del lord; se inclinó hacia adelante, su rostro sólo a pulgadas del aterrorizado rostro de Rutaba. "No digas una palabra más," siseó, furioso. "Porque te mataré al instante que otra patética excusa salga de tu boca. Al instante que otro sonido salga de tu garganta."
Rutaba se cayó. Vegeta apretó sus dientes ---y comenzó a apretar. Los ojos de Rutaba se ampliaron y comenzó a transpirar incluso más, mientras sus dedos eran lentamente apretados en el tornillo del agarre del Príncipe. Vegeta lo miró y escuchó, sus ojos enterrados en los del otro hombre, mientras su agarre se apretaba más y más. Cuando el primer dedo cedió, su audible crack haciendo eco en el convexo salón, Rutaba se tensó violentamente, pero no hizo sonido alguno, y logró mantenerse de intentar alejarse. Los otros rompieron en rápida sucesión después de eso, con un sonido como ramitas chasqueando en el viento. A través de todo eso, Rutaba no dijo nada, incluso a pesar que sus ojos se ampliaron hasta que la sangre se disparó de sus venas apareció y sus labios se movieron hacia atrás desde sus dientes en un inconsciente gesto de agonía. Cuando no había nada que romper de los dedos de Rutaba, Vegeta lentamente liberó las manos del hombre, y se enderezó. Estaba demasiado enojado para sonreír.
"Muy bien, Rutaba," dijo. "Has ganado el derecho de mantener tu vida." Se volteó y asintió de nuevo al ayudante, que señaló a los guardias de las esquinas de la habitación a cada lado del anterior lord, que aún estaba sentado sobre sus rodillas, ahora doblado sobre sus manos. "Ahora puedes unirte a los esclavos que tú patéticamente buscaste culpar por tu crimen. He decidido que no necesitan ser asesinados; de hecho, estoy seguro que sus recuerdos de tus intentos de 'motivarlos' los hará darte la bienvenida entre ellos." Sonrió. "Tus cuentas y ventajas serán liquidadas. La recaudación, por supuesto, será donada al gobierno Imperial. Estoy seguro que mi padre estará complacido con tu donación. Deberían cubrir las ganancias que robaste." Rutaba estaba jadeando silenciosamente, sus manos yaciendo estrujadas en su regazo; alzó su vista a Vegeta en mudo odio. Vegeta sonrió.
"Anímate, Rutaba," dijo. "Tu hijo debería estar volviendo de su trabajo de niñez en unos años. Le permitiré ganar cualquier rango que pueda, sin la mancha de tu deshonra sobre él. Es más de lo que mereces." Sonrió más ampliamente. "¿Quién sabe? Si te distingues en las minas, podrás incluso ganar el privilegio de servir a tu mocoso algún día."
Miró a los guardias; ellos agarraron a Rutaba rudamente y lo arrastraron para ponerlo de pie, donde permanecía jorobado, viéndose mucho más pequeño que lo que su masiva estatura sugeriría. Lo arrastraron lejos, y Vegeta suspiró, cruzando sus brazos de nuevo. Su ayudante dio un paso adelante. "Oji-sama. ¿Quiere que curemos sus manos?"
"No." Cruzó su cola alrededor de su cintura, justo mientras Rutaba desaparecía a través del arco. "Déjenlo cavar con ellas como están. Si hace menos trabajo que los demás esclavos, mátenlo. O dejen que los esclavos lo hagan. Si ellos lo atacan, no lo ayuden."
"Hai, Oji-sama."
Vegeta se volteó, y caminó hacia la vasta ventana que Rutaba había puesto en su habitación de trono, que miraba hacia el desordenado espacio del campo de asteroides. Cualquiera pudieran ser los otros defectos de Rutaba, pensó ociosamente, el hombre había tenido gusto; es sorprendente pensar que todo este palacio estaba incrustado en estériles rocas flotando en un campo espacial de otras rocas. Rutaba había usado sus ganancias robadas bien; el palacio estaba casi ornamentado como el suyo en la Tierra. Tal vez haría esta una casa de vacaciones.
Estaba casi satisfecho con sí mismo; donde una vez hubiera simplemente matado a Rutaba, el castigo que había elegido para asignar en su lugar era mucho más apropiado. Su padre lo había enviado a la Tierra, años atrás, para aprender comedimiento en manejar un gobierno propio; parecía que el viejo hombre había tenido razón en hacerlo. Casi disfrutaba este asunto de 'comedimiento'; era mucho más divertido que simplemente matar gente en el acto. El castigo de Rutaba era peor que la muerte, de hecho, para un guerrero de su posición; Vegeta no estaría sorprendido si escuchara que el hombre decidió matarse antes que vivir como un esclavo. Por supuesto, sería mucho más satisfactorio si los esclavos se encargaran de Rutaba en cambio. Debe recordar tener las cintas de vigilancia de las minas enviadas a su palacio en la Tierra, así podría ver como el caído lord lidiaba con los esclavos que una vez había poseído. Debería al menos ser tan entretenido como los partidos de arena.
Cerró sus ojos escuchando los casi silenciosos movimientos de sus ayudantes detrás de él e ignorándolos. Discretos como siempre, uno de ellos puso una copa de vino en el alféizar ante él, y sin abrir sus ojos la tomó y la inclinó para sorber. De la reserva de Rutaba, sin duda. Una excelente cosecha.
Tal vez debería preceder tales juegos con Kakarotto, sin embargo, reflexionó, girando el vaso pensativamente. Había planeado hacer enfrentar a Bardock con su verdadero padre, para mirar el esperanzadamente divertido espectáculo, pero después de la falla del niño contra el grupo que había redado su palacio, no estaba seguro si eso sería apropiado. Bardock no debería haber perdido contra ningún grupo de resistencias; el niño era más fuerte que cualquier Humano por lejos, y los torneos de arena todavía habían tenido en efecto, Vegeta hubiera apostado incluso dinero que Bardock podría haber derrotado a cualquier otro semi-Saiyajin. Cualquier semi-Saiyajin promedio, de todas maneras... pero del puñado que podían haberle dado algún problema al niño, la mayoría estaban muertos ---asesinados por sus manos--- y una debería estar cerca de la muerte ahora, y en su camino de nuevo a su dimensión, donde Vegeta lidiaría con ella.
Le había molestado que el niño había sido derrotado. Debería haberlo sido, si él no hubiera re-aparecido; si no hubiera sido asesinado, entonces debe ser una vergüenza lo que lo mantiene de volver. Y bien debería, si hubo sido derrotado por algún bajo media raza. Pero, Vegeta se recordó, Bardock era un media raza mismo, para toda su fenomenal habilidad. Había estado sobre estimando el potencial del niño, tal vez; originalmente había planeado comenzar a entrenarlo hacia Super Saiyajin en otros pocos años. Pero supuso que no podía esperar más de un niño de lo que su herencia le permitiría.
Aún así, el hecho permanecía que su hijo adoptado no sería capaz de derrotar a Kakarotto, si había mostrado tal debilidad a este punto. Kakarotto, por todas sus otros defectos, era un exasperadamente habilidoso guerrero y perturbantemente poderoso; era posible que Vegeta tuviera que matar al Señor Feudal él mismo. No le gustaba esa opción, pero podría no tener otra opción... Arruinaría un juego perfecto, pero tal vez no podía evitarse. Al menos, sin embargo, tendría una buena batalla de eso. Sus partidos de entrenamiento con Kakarotto eran siempre agradables; el Señor Feudal no era igual para él, por supuesto, pero luchaba duro de todas maneras. Tal vez, con la amenaza de muerte como consecuencia de la derrota, Kakarotto podría sorprenderlo. Vegeta sonrió en anticipación.
Pero su sonrisa se desvaneció bruscamente mientras un recuerdo se revolvió, y recordó el día que Kakarotto lo había, de hecho, sorprendido. Y ese no era un agradable recuerdo.
Dos puños pasaron en la noche, y dos guerreros se fueron hacia atrás, de piedra mientras los golpes se conectaban a mandíbula y pómulo, respectivamente. Vegeta se tambaleó por un momento antes de ganar control de su equilibrio; ese casi había noqueado de manera absurda. Debe recordar contar el mayor alcance de Kakarotto; el otro guerrero era más débil pero más grande, y en una lucha en el suelo como esta, le daba la ventaja. No tener una ventaja ayudará a Kakarotto a ganar este partido, pensó, sonriendo, y haciendo gestos de dolor un poco mientras se desarrollaba un moretón en su punzada mandíbula.
Kakarotto sacudió su cabeza para aclararla, y sonrió en respuesta. "Casi me sacaste la cabeza esa vez," rió.
"No es mi culpa si tu cuello es débil."
El otro hombre rió simpáticamente. "Mi cuello es más fuerte de lo que ha sido alguna vez, Vegeta. También el resto de mí. He estado practicando duro últimamente; voy a derrotarte esta vez."
"Dices eso cada vez," Vegeta respondió, arremetiéndose a él y girando para enviar una patada a la cabeza de Kakarotto, la que él bloqueó. "No has---" y giró para golpear un codo en el estómago de su oponente, que fue agarrado y repelido, "---logrado hacerlo hasta ahora. Estoy empezando a pensar---" gruñó mientras Kakarotto envió una rodilla a su propio estómago, y él la bloqueó, "---¡que nunca vas a vivir para tu palabra!"
Se fueron hacia atrás, y saltaron hacia el otro de nuevo tan pronto como sus pies tocaron el suelo, encontrándose en el aire para intercambiar un torbellino de golpes antes de separarse y aterrizar de nuevo. Los pies de Vegeta se levantaron un poco del suelo, pateando un rocío de arenosa tierra de desperdicio, y se desvaneció mientras se curvó a los pies de Kakarotto. El otro guerrero se movió hacia atrás, y juntó sus manos para disparar una brillante bola de energía hacia él; Vegeta se movió a un lado y devolvió una propia, que Kakarotto saltó por encima, cayendo sin esfuerzo en el aire para volar hacia Vegeta con ambos pies. Agarrado con la guardia baja, Vegeta tomó el golpe en el pecho, gruñendo mientras resbalaba varios metros hacia atrás, pero tomó los pies de Kakarotto antes que el otro hombre pudiera terminar el movimiento, usando su propio impulso para hacer caer al Señor Feudal, de cabeza, en la mera columna de roca que se levantó detrás de ellos a unos pocos metros de distancia.
La columna de roca tembló y colapsó mientras el impacto destruía su base. Vegeta jadeó para respirar a través del dolor en su pecho mientras esperaba que Kakarotto se liberara de los escombros. Probablemente nada más serio que un esternón magullado; Kakarotto le había dado mucho peor en otros partidos.
El grito de Kakarotto hizo eco a través de los estériles, rocosos residuos donde había elegido entrenar repentinamente, y Vegeta sintió el vuelo del ki mientras el Señor Feudal enviaba una ola para aclarar los escombros alrededor de él. La roca redondeada y polvo se levantó en el aire y fueron arrojados como un puñado de guijarros al viento; cuando se fue Kakarotto se pudo de pie, limpiándose con una mano y frotando un corte en su sien con la otra.
Vegeta rió, viendo una oportunidad de burlar al otro guerrero. "¿Qué sucede? ¿Tienes miedo de ensuciar tu armadura? ¿Preocupado que ese pequeño rasguño arruine tu linda apariencia?"
Kakarotto bufó. "Me parece recordar que te enojaste la última vez que entrenamos, cuando chamusqué tu cabello. Como si a las hembras les importase ---escucho que están todas hablando del tamaño de tu..." sonrió, "...ki, de todas maneras."
Vegeta rió, y cruzó sus brazos. "De hecho. ¿Entonces debo decirte las historias que he escuchado sobre tu cola?"
Kakarotto realmente se sonrojó. "Pensé que estábamos aquí para luchar."
"Para eso estamos. ¡Ahora!" Y Vegeta se arrojó a través del espacio que intervenía, viendo a Kakarotto sonreir mientras se estiraba para encontrarse con el ataque.
Siguieron luchando, intercambiando bromas tanto como golpes, por otra hora o dos. Vegeta se deleitó en el partido. Desde que había venido a la Tierra y descubierto que el poder de Kakarotto estaba mucho más allá de lo que debería haber estado considerando el rango de nacimiento del hombre, había esperado que Kakarotto llegara a este nivel, alcanzando un punto donde sus habilidades fueran casi parecidas. Ayudaba que el hombre más joven tenía un feroz temperamento guerrero; era tan diligente como Vegeta en aplicarse para su mejoría. En entrenar contra un casi igual, Vegeta podía mejorar él mismo, y realmente usar su cuerpo a su máximo alcance, con placer en la emoción de enfrentarse contra un oponente que valía la pena. Tal vez algún día Kakarotto se haría lo fuerte suficiente para que Vegeta fuera capaz de liberar todo su poder cpmtra el otro guerrero; tales combates, en su opinión, eran lo que ser un guerrero era. Kakarotto lo sabía, también. Lo que era por qué, a pesar del bajo nacimiento del hombre, Vegeta había hecho a Kakarotto su mano derecha. Ningún otro guerrero compartía la alegría de Vegeta en puro combate de la misma manera.
Sonrió, ahora, mientras pasaba las defensas de Kakarotto le daba una paliza en el estómago unas varias veces antes de seguir con un golpe que lo envió a un cráter en el suelo. "Suficiente, Kakarotto," dijo. "Deja de jugar; quiero una verdadera lucha hoy. Puedo decir que te estás frenando."
Kakarotto se levantó y limpió la suciedad que se había estancado en el hilo de sangre en su mejilla, y sonrió. "Lo notaste."
"Yo noto todo, baka."
"Tú también te estás frenando."
"Yo siempre me freno; quiero que nuestros partidos duren más que cinco minutos."
Kakarotto sonrió y se agachó, levantando sus puños. "Dejaré de frenarme si lo haces."
"Baka yaro. No estoy interesado en matarte hoy."
El otro hombre sacudió su cabeza. "No lo harás. Confía en mí. Te lo dije, he estado trabajando duro últimamente. Puedo manejarlo, realmente."
Esto podría ser interesante. "Bien. Muéstrame lo que puedes hacer, entonces."
Kakarotto sonrió, y cerró sus ojos, concentrándose. Sus ya apretados puños se apretaron. Un momento después sus ojos se abrieron bruscamente, y su ki explotó.
Vegeta fue casi arrojado hacia atrás por la mera fuerza del aura que erosionó alrededor de Kakarotto; el poder explotó hacia el exterior visiblemente en blancos ardientes zarcillos de pura, salvaje energía que salía de su figura como humo de un ardiente fuego. Su fuerza era lo suficientemente grande como para abrir un cráter bajo sus pies, y romper el más cercano acantilado restante en un alocado, vertiginoso patrón que regaba los escombros. El cabello oscuro de Kakarotto se levantó hacia arroba por este poder, ondeando suavemente en la brisa artificial, y sonrió bajo él a Vegeta. Descuidado, parecía, del shock que había causado a su Príncipe.
¿Donde demonios consiguió todo este poder? Vegeta se preguntó, sorprendido ---y perturbado. Kakarotto siempre había sido algo como un enigma para su conocimiento en poderes; su sentou ryoku parecía fluctuar salvajemente, y los científicos nunca habían sido capaces de determinar su verdadero nivel de poder. Eso no era un gran asunto; como cualquier Saiyajin, el único verdadero límite de Kakarotto era el alcance al cual estaba dispuesto a empujarse. Vegeta lo había empujado repetidamente en el pasado con el fin de sacar lo que parecía ser su mayor nivel de poder, y aunque había llegado cerca, todavía estaba por debajo del suyo. Vegeta no había esperado nada menos; Kakarotto era fenomenal para uno de tan bajo nacimiento, pero Vegeta era todavía el Saiyajin no Oji ---el mejor, el más brillante, el más fuerte. Nunca había habido duda en la mente de Vegeta, no importaba cuan duro empujase a Kakarotto, que él siempre permanecería como el más fuerte de los dos. Como máximo, había esperado que Kakarotto pudiera convertirse en un casi igual; nunca había creído realmente que Kakarotto algún día lo igualaría. Y lo sobrepasaría ---eso era inconcebible.
O tal vez no lo era.
El aura de Kakarotto centellaba alrededor de él, pulsando con suficiente poder para destruir la Tierra, el sol, y una buena mitad de los planetas del sistema con poco esfuerzo. Suficiente poder para derrotar fácilmente al padre de Vegeta el Rey, que había sido el guerrero más fuerte de su generación. Suficiente poder, posiblemente, para derrotar a Vegeta mismo.
Vegeta sintió un repentino absolutamente frío movimiento a través de él mientras estudiaba a su oponente. Su estómago se apretó, si en inquietud o ira no podía decirlo. Lo único que podía reconocer era que esto era inaceptable. Absolutamente intolerable. Él era el Heredero, nacido en un linaje sanguíneo que podía estar directamente trazado desde el último Super Saiyajin, un linaje sanguíneo que había gobernado Vegeta-sei por más de mil años. Y este hijo de un débil soldado común gestado en un tanque, engendrado al azar y probablemente por accidente... este kisama que estaría arrojado en planetas, ahora, si Vegeta no lo hubiera visto y decidido elevarlo a su máxima posición... este era el hombre que estaba de pie ante él ahora, coronado en un poder que era alto suficiente par a compararse con el suyo propio. De hecho, más grande que el suyo propio.
Más grande.
Se... atreve...
Kakarotto le sonrió a Vegeta, inconsciente que su compañero de entrenamiento hervía en silencio. "Te dije que había estado practicando. ¿Todavía piensas que deberías frenarte ahora?"
Era un desafío. No importaba que Kakarotto no lo hubiera dicho en esa manera, no importaba que el baka estuviera aún inconsciente de la relevancia del poder que había justo demostrado. Un desafío era un desafío.
La frialdad dentro de él cambió a ardiente, blanca caliente furia. ¡¿Se ATREVE?!
Arrojando su cabeza hacia atrás a los cielos, Vegeta sintió su poder venir a él inmediatamente, explotando a través de su cuerpo y su aura rodeando su figura con su propia corona de brillante blanca luz. Su ira avivó el poder, agrandándolo en una manera que nunca había sucedido antes; su grito enrejó dolorosamente su garganta pero siguió gritando, tan grande era la furia que surgió en él. Su aura ardió y giró a su alrededor, azotando a alturas nunca antes vistas. Oscuramente estaba consciente que había perdido todo control; su poder estaba incrementándose salvajemente y yendo más allá de lo que alguna vez había pensado que era su límite. Su cabeza palpitó con fuerza salvajemente, todo su cuerpo tembló, sus uñas se hundieron en sus palmas y dejaron rastros de sangre, y no le importó. Podía sentirse crecer hacia algún extraño, medio entendido umbral... la furia era ardiente, chisporroteando feroz en su corazón, brillando más y más caliente y amenazante para atrapar el fuego, y si lo hacía, Vegeta pensó en la distante esquina de su mente que todavía era capaz de pensar coherencias... si lo hacía, pensó que tal vez podría explotar.
Soy el guerrero más fuerte de la raza más poderosa en la galaxia, vino el pensamiento, una y otra vez. Soy el Saiyajin no Oji... fui engendrado, nacido, criado para ser el más fuerte. SOY el más fuerte... ¡¡y NO seré sobrepasado por algún FENÓMENO de clase baja!!
Apretando sus dientes en un gruñido, se agachó y se disparó hacia Kakarotto, sólo distantemente registrando que su oponente se había detenido para mirarlo fijamente en sorpresa, con la mandíbula colgando y ojos amplios. No importaba. Destruiría esta amenaza; eliminaría el desafío... ahora. Con un bufido, Vegeta enterró su puño hasta la muñeca en el estómago de Kakarotto.
Los ojos del otro hombre saltaron, y un rocío de sangre voló de sus labios; Vegeta sacó su puño y le arrojó una rodilla en el rostro, y lo siguió mientras Kakarotto se iba hacia atrás en el aire, dándole una paliza a su oponente con golpes de los que el otro hombre ni siquiera levantaba sus manos para protegerse. Cuando, segundos después y cientos de metros de donde habían comenzado, la figura inmóvil de Kakarotto finalmente colisionó en la tierra, deslizándose a través de sueltos pedazos de tierra y levantando un rastro de polvo, Vegeta se elevó en el aire sobre su enemigo, gritando en furia mientras su poder se hinchaba y se centraba en sus manos. Tan pronto como el cuerpo de Kakarotto dejó de girar, Vegeta juntó sus manos y liberó la energía acumulada, ni notando ni importándole que fuera el disparo de ki más poderoso que hubiera producido en su vida. Todo lo que le importaba era Kakarotto, que se había atrevido a sobrepasarlo, sólo por un momento. Que había amenazado todo. Que tenía que ser derrotado. Destruido.
La explosión resultante se hinchó silenciosamente al principio, como una burbuja saliendo lentamente a la superficie de un flujo de magma, antes de romperse con una concusión que Vegeta después se enteraría había sido escuchada y sentida alrededor del planeta. La onda de chocke alzó las nubes sobre la cabeza de Vegeta, dejando el cielo claro pero bañado en una espeluznante luz roja dorada. Un momento después se fue, pero mientras el humo y escombros que caían comenzaron a aclararse, la ira-locura de Vegeta al final se deslizó y comenzó a desvanecerse. Parpadeó, sobresaltado, a la destrucción que causado, sintiéndose como un hombre que acababa de ser despertado de un sueño sonámbulo.
¿Hice eso...?
El poder que había venido a él repentinamente se fue ahora, disipado junto con la temporaria fuga que lo había abrumado por un momento. Conmocionado, levantó sus manos para mirarlas, maravillándose. Semejante poder... Miró hacia abajo de nuevo y miró en asombro el vasto, hundido cráter. Increíble. Casi había golpeado a través de la corteza del planeta, completamente por accidente... podía ver las fisuras propagarse por el impacto a millas a través de los desperdicios. Casi había destruido el planeta, sin siquiera intentarlo.
¿Pudo eso haber sido... el poder de un Super Saiyajin?
No lo sabía. Aunque cualquier cosa que fuera, había pasado ahora y lo había dejado gastado, vacío; sentía como si hubiera agotado toda su fuerza de una vez. Y tal vez lo había hecho. Lo que sea que acababa de sucederle, lo había llevado más allá de sus previos límites, y le tomaría algún tiempo a su cuerpo ajustarse a su nuevo nivel de poder. Entonces pudo haber sido el Super Saiyajin, entonces había escuchado que el poder legendario era perfecto, y que un guerrero poseído por ese poder tenía resistencia anormal, entre otras cosas. Pero si no había sido Super Saiyajin, había estado malditamente cerca. Malditamente cerca.
Tal vez... algún día...
Se distrajo de sus pensamientos por el impacto de una firma de ki en sus sentidos, familiar pero débil, y fluctuante. Kakarotto. Se había olvidado de su segundo en comando.
Bajando él mismo al cráter, caminó hacia el centro y lo encontró, yaciendo medio despierto y medio dormido en un pedazo del mismo centro del cráter. Su armadura estaba demasiado dañana como para ser insalvable, placas enteras de material faltaban; el traje debajo estaba todo sino hecho jirones. El cuerpo dentro del traje no estaba mucho mejor; la piel de Kakarotto todavía humeaba por el disparo que había absorbido, y estaba sangrando de una media docena de heridas. No sorprendentemente, el Señor Feudal estaba también inconsciente, su rostro torcido en un gesto de dolor.
Vegeta apretó sus dientes y levantó una mano, escuadrando la quieta figura. Debería dejar a Kakarotto aquí para morir, o mejor aún, matarlo. Pero por un momento, un recuerdo de sus años de compañerismo se movieron en su mente, y frunció el ceño. Las viejas batallas... las viejas lealtades... Su primera lucha, cuando Vegeta había re descubierto la emoción de una batalla desafiante después de mucho tiempo sin oponentes útiles. Arrasando todo como oozaru, obligando a billones de personas de la Tierra a reverenciarse a la voluntad de unos pocos millones de Saiyajin. Cien, mil otros triunfos compartidos y diversiones. Por todo su bajo nacimiento, Kakarotto era el más competente y útil de su Élite, el que su consejo tenía el mayor sentido y que podía siempre ser confiado para cumplir sus tareas perfectamente con poca dirección. Él era el único sin miedo a decirle a Vegeta exactamente lo que pensaba y sentía, y la única persona en el Imperio que Vegeta alguna vez había considerado confiar.
Pero Kakarotto lo había, sólo por un momento, sobrepasado. Bajó su mirada a su segundo en comando ahora, y sintió la camaradería de años desmoronarse a nada en su corazón. Y cuando se fue, nada sino la frialdad del odio quedó.
Vegeta bajó su mano. Y se inclinó en cambio para a agarrar la parte de atrás del cuello de la armadura de Kakarotto. Arrastrando al Señor Feudal como un maniquí enorme, voló con él de nuevo a la montaña de la ciudadela que Kakarotto llamaba casa.
Zarbon los encontró en la plataforma, y Vegeta arrojó a Kakarotto a los pies del hombre azul. "Ponlo en su tanque de regeneración," ordenó, ignorando los amplios ojos azules de Zarbon mientras bajaba la vista a su amo. "Apresúrate antes que muera. Todavía lo necesito." Se volteó y se hubiera ido, si otro pensamiento no se le hubiera ocurrido. Frunció el ceño, pensando por un momento, luego volvió a darse vuelta.
"Zarbon. Dime sobre Kakarotto."
El Jefe de Personal había estado agachado cerca de su amo, mirando en horrorizada sorpresa al desastre de su armadura; ahora se puso de pie rápidamente, frunciendo el ceño en sorpresa. "¿O-Oji-sama?"
Vegeta angostó sus ojos, y el otro hombre palideció a un rastro de azul aún más pálido. "Dije, dime sobre él. Le has servido por años, ahora, ¿o no?"
"Hai, Oji-sama."
"Dime todo lo que sepas sobre él. Sus gustos. Cosas que no le gustan. Fuerzas. Debilidades. ¿Hay algo valioso para él? ¿Algo que piensas que puede importarle?"
Zarbon parecía extremadamente incómodo, también debía. Vegeta le estaba pidiendo directamente violar su promesa de lealtad a Kakarotto, y ningún anticipo en el rango de Zarbon rompía semejante fidelidad fácilmente. Pero Vegeta era el Príncipe, y lealtad a la familia real era más alta que la lealtad a cualquier amo inmediato. Sin mencionar el hecho que Vegeta probablemente mataba a Zarbon si no accedía. Vegeta miraba mientras todas estas consideraciones pasaban a través del rostro del hombre en el espacio de un latido de corazón, y luego Zarbon bajó sus ojos, haciendo, mientras Vegeta había sabido que haría, la prudente decisión.
"Sólo hay una cosa que sé, Oji-sama, que Kakarotto-sama valora. Y es... una pequeña cosa, realmente."
Un último poco entusiasta intento de proteger la confidencialidad de su lord. Vegeta esperó mientras Zarbon se daba vuelta, haciéndole gestos a los guardias parados en la entrada de la plataforma; ellos vinieron y le hablaron rápidamente, diciéndole de llevar a Kakarotto al tanque. Cuando se fueron con su carga, Vegeta cruzó sus brazos y lo estudió fríamente.
"Dime sobre eso, Zarbon," dijo muy suavemente. "No como tú, no tengo nada que perder hoy sino tiempo."
Fue ese día que sospeché la verdadera naturaleza de poder hablando en las leyendas, Vegeta reflexionó para sí mismo. Ese día me puso en el camino hacia convertirme en esa leyenda. Tenía a Kakarotto, indirectamente, para agradecer su logro de Super Saiyajin. Si su ira al otro guerrero no lo hubiera empujado tan lejos más allá del nivel de poder que había poseído en ese momento ---que Vegeta había entonces considerado el final en poder--- nunca hubiera comenzado a buscar una manera de pasar el umbral que había sentido dentro de sí mismo. Eso había sido doce años atrás más o menos; después de eso habían pasado otros diez años de trabajar febrilmente en la nueva cámara de gravedad que había hecho construir a sus científicos, leyendo a través de resma tras resma de tediosos informes de investigadores que había puesto en la tarea de combinar los antiguos registros del Imperio para pistas, y meditación, que siempre había sido difícil para él. Diez años de infierno... pero habían valido la pena. Él era el primer Super Saiyajin en un milenio, y era sin duda el más fuerte.
Kakarotto, como Vegeta había esperado, se había recuperado sin daño permanente, y había por supuesto puesto una igualdad en el logro de Vegeta. No había venido como una sorpresa verdadera, no hace tanto, que Kakarotto fue capaz de convertirse en Super Saiyajin él mismo. En los años que intervenía Vegeta había llegado a entender a su segundo en comando mejor, y sabía que Kakarotto nunca descansaría hasta que finalmente lograse su objetivo de derrotar al Príncipe. Vegeta había, de hecho, hecho todo lo que podía para alentar su rivalidad, por tanto tiempo como Kakarotto estuvo cerca de él en fuerza, Vegeta había tenido un compañero de entrenamiento. Había sido un simpático concurso entre ellos, y nada más, doce años atrás, En ese día hace tanto tiempo, sin embargo, todo había cambiado. Ahora su rivalidad estaba levemente disfrazando un amargo odio que sólo terminaría con una de sus muertes.
Vegeta sonrió para sí mismo. Bardock había fallado, pero todo lo demás estaba yendo de acuerdo a lo diseñado. Si y cuando Kakarotto lo desafiara de nuevo, sería en los términos de Vegeta. Y Vegeta había pasado gran parte de tiempo y esfuerzo asegurándose que esos términos estuvieran balanceados a su propio favor.
Un deliberadamente audible paso detrás de él, y Vegeta frunció el ceño. "¿Qué sucede?"
Uno de los asistentes habló. "Oji-sama. Hemos recibido información de la Tierra. Kakarotto-sama está luchando un duelo."
Sorprendido, su interés picó, Vegeta se dignó a girar su cabeza levemente. "¿Oh?"
"Hai. Declaraciones de testigos dan una descripción de su oponente, y sólo dos hechos han sido confirmados: ella es Ko Shiatar, Oji-sama, y enfrenta al Señor Feudal como una Super Saiyajin."
Las cejas de Vegeta se alzaron. Más interesante. Podía añadir un nuevo elemento a su juego.
"Prepara mi cápsula," dijo. "Vuelvo a la Tierra."
