¡Hola! Lo subo para no prolongar la intriga. Espero que les guste.

You're Always Sorry, Charles

Capítulo Catorce: La Misión de Charles

En la sala aguardaron unos segundos que parecían eternos. Jean estaba con los ojos cerrados y los índices de los dedos apoyados en sus sienes para mantener la máxima concentración. De repente, abrió los ojos.

-Acaba de comunicarse conmigo – anunció, calmada y feliz -. Los dos están bien y los signos del bebé continúan estables. El profesor está listo para buscar a Peter.

Bobby se dejó caer en una silla abrumado por las emociones. Todavía no conseguía hacerse la idea que después de sufrir tanto, tendría pronto a su familia de regreso.

Erik parpadeó e hizo un esfuerzo enorme para mantener la energía en el portal.

Raven y Hank, de pie uno junto al otro, intercambiaron miradas de alegría, preparados para la ayuda que Charles solicitase.

Charles y Kurt abrieron los ojos dentro de una cámara amplia, iluminada magníficamente con luz blanca. No había máquinas ni mobiliario alguno, solo las paredes níveas y el piso que los reflejaba como un espejo. Charles comprobó por medio del reloj que el bebé se encontraba bien y rápido envió el mensaje a Jean. Rastreó veloz a Peter y se volvió hacia Kurt, que lo aguardaba expectante.

-Tenemos que localizar a Peter. No percibo su mente por aquí así que debo recorrer el lugar para encontrarlo. Tú, permanece en este sitio y me mantendré comunicado contigo.

-Sí – asintió Kurt.

Charles halló una puerta casi camuflada con el blanco resplandeciente de las paredes. Se acercó y empujó con precaución, la puerta se abrió y enseñó un túnel oscuro. El telépata volteó hacia Kurt.

-Tenga cuidado – pidió el joven.

Charles asintió y giró hacia el umbral, apoyando el índice en la sien para concentrarse. No halló la mente de su hijo pero quizás podía encontrarla más adelante. Además era la única salida que tenía esa habitación y debía intentarlo.

-Permanece aquí – volvió a ordenarle a Kurt -. Trataré de traerlo lo más pronto posible.

-Aguarde – lo detuvo Kurt y sonaba preocupado -. ¿Y si necesita ayuda? ¿Si Peter está en peligro o usted se encuentra en peligro? ¿Cómo sabré si ayudarlo o no?

-Estaré comunicado con tu mente todo el tiempo – lo tranquilizó Charles -. No voy a cortar la conexión en ningún momento. Tú, espéranos aquí.

-Sí – afirmó Kurt con seguridad.

Cauteloso, Charles empujó la palanca de su silla y se dispuso a recorrer el túnel. Buscó en las paredes algo que se asemejara a un interruptor para iluminar más el extenso pasillo pero no encontró nada parecido, y recordó que entre las precauciones, había traído una linterna de mano. La encendió y vio que el túnel tenía una sola dirección y parecía no acabarse nunca. Juntó valor y comenzó a recorrerlo lentamente. A pesar de ser estrecho, miraba de tanto en tanto hacia los costados y estaba atento a cualquier ruido por precaución. Sentía una vibración tenue, como de alguna máquina que estuviera funcionando, pero no podía determinar la fuente. Seguía concentrado, listo para sentir a Peter de un momento a otro.

Charles tenía la sospecha de que vigilaban sus movimientos. Iluminaba con la linterna los diferentes rincones pero no veía cámaras ni pantallas. Las paredes parecían vacías. Tal vez, como la puerta, estuvieran camufladas en las paredes. No sabía decirlo. Era una dimensión diferente a la terrestre y no podía determinar cuán avanzada era su tecnología. Ni siquiera podía saber quiénes la habitaban. Sentía miedo, claro que sí, pero se consolaba pensando que Peter se había refugiado allí y había sobrevivido tres meses. Quizás no era peligroso, o quizás no tanto como él imaginaba.

Andaba y andaba, y el túnel parecía infinito. De a ratos, lo invadía la idea de darse media vuelta y regresar a la cámara para buscar con Kurt alguna otra entrada escondida. Pero sabía del esfuerzo que Erik y sus amigos estaban haciendo por mantener el portal abierto y no podía demorarse. Además, ese parecía el único camino.

De pronto, casi sin darse cuenta, Charles sintió la presencia de la mente de Peter y fue guiándose a través del túnel. Su esperanza aumentó y miró su reloj para ver si su ansiedad no estaría afectando a la criatura. Por fortuna los signos continuaban estables. Aumentó la velocidad de la silla y trató de comunicarse con el joven. Pero aunque sentía la energía de su mente, no podía establecer contacto. Seguramente Peter estaba dormido.

Finalmente, cuando pensaba que el pasillo no se acabaría más, llegó a una especie de celda abierta iluminada con una luz muy blanca y encontró a Peter acostado en un camastro de sábanas claras. Estaba descalzo y vestido solo con una bata gris que lo cubría hasta las rodillas. Parecía dormido. Apagó la linterna, se le acercó y lo sacudió con suavidad para despertarlo. Peter abrió los ojos, adormilado, y se los frotó. Enseguida se dio cuenta de quién lo había despertado y musitó débilmente.

-¿Charles?

Charles le sonrió de oreja a oreja.

-Sí, Peter, soy yo – lo abrazó con ganas y lo estrechó contra su pecho. Lloró emocionado -. Aquí estoy, hijo. Vine a buscarte y voy a llevarte de regreso a casa.

-¡Charles! – exclamó Peter y lo estrechó con mucha fuerza -. Perdóname, perdona haberme escapado esa noche. Yo solo quería hablar con mi papá y después quise que estuvieras orgulloso de mí.

-Siempre estuve orgulloso de ti, Peter – admitió Charles desde el corazón -. Perdóname tú por no haber sabido escucharte. Te amo.

El joven comenzó a llorar y Charles sentía cómo humedecía su hombro. Le acarició la cabeza para consolarlo y entró en su mente. Percibió varias emociones: energía cuando se lanzó a rescatar a los científicos, miedo con la explosión, alivio cuando se salvó, ansiedad, más miedo, dudas, emociones fuertes, que no pudo determinar, y tristeza. Una angustia desbordante lo apabulló y el telépata se concentró para encontrar la razón: Peter había perdido a su hijo. Charles sintió que el corazón se le hacía añicos. ¿El bebé había muerto? ¿Tanto había sufrido el joven? El dolor que le transmitía Peter era tan intenso que no podía dimensionarlo aunque lo sintiera como una fuerza amenazante. Le besó la cabellera y se dispuso a enviarle calma y paz.

-Estás a salvo, Peter – suspiró a su oído, tratando de refrenar su propia angustia para tranquilizarlo -. Todo estará bien.

-¡Lo perdí! – gimió y se apretó el relicario de Erik, que todavía llevaba al cuello -. ¡Lo perdí, Charles! Hace dos semanas. Tenía cinco meses, no sé. ¡Me duele tanto!

Charles sentía su dolor con más fuerza segundo a segundo, y se desesperaba por no poder consolarlo más que enviándole un poco de tranquilidad. Lo separó apenas para mirarlo y que lo escuchara.

-Peter, lo que sufriste es terrible y siento tus heridas y tu dolor. No sé cómo consolarte, hijo– lo abrazó otra vez -. No sé qué hacer.

-Quiero volver a casa.

-Vamos a regresar, Peter – prometió Charles con calma y lo separó nuevamente para que se miraran -. Siéntate en mi regazo para emprender el viaje. Kurt nos está aguardando cerca para volver y los demás te están esperando en la Tierra: tu papá, Hank, Raven, Ororo, Scott, Jean, todos tus amigos, y Bobby.

-¿Bobby? – se le iluminaron los ojos.

Charles asintió y se alivió al notar su alegría.

-Todos están atentos y preocupados. Te extrañamos mucho. Saber que estabas vivo cuando oí que me llamabas me devolvió el alma al cuerpo, nos alegró a todos.

-¿Sufriste por mí?

-Muchísimo – confesó Charles con una sonrisa afectuosa -. También tu padre, Kurt, Bobby, Hank, Raven, Jean, Scott, Ororo. Todos hicimos un duelo. Todos te amamos, Peter, no imaginas cuánto.

-Esa vez que pude comunicarme contigo, esperé que me hubieras escuchado – recordó el joven -. Tenía miedo de que no te hubiera llegado mi mensaje o que no le hicieras caso, Charles. Pero una parte importante de mí confiaba en que me escucharías y encontrarías la forma de venir a buscarme.

-Y así fue – contestó el telépata -. Cuando regresemos te explicaré cómo lo conseguimos entre todos. Solo Kurt y yo pudimos venir por nuestros poderes pero los otros nos están ayudando desde allá y te están esperando. Ahora ven a acomodarte para volver pronto.

Peter se incorporó en el camastro y, con dificultad y lentamente, se aproximó a la silla, y se sentó en sus rodillas. Estaba agotado por todo lo que había vivido. Además, Charles percibió que el aborto lo había dejado muy débil y pensó que tal vez hasta hubiera estado a punto de perder la vida. Le afligía lo mucho que había sufrido pero el poder tocarlo y tenerlo cerca era una sensación que mezclaba el alivio con la alegría. Solo ahora podía comprender cuánto amaba a ese joven y cuánto lo había extrañado. Ahora entendía por qué se había arriesgado en venir a buscarlo.

Peter se sintió seguro entre los brazos de su padre. Estaba tan emocionado que no notó el vientre crecido, algo que Charles agradeció porque no era un momento adecuado para darle la noticia, y apoyó la cabeza sobre su pecho. Se sentía un niño desamparado que acababa de encontrar consuelo.

-¿Estás listo? – preguntó Charles.

-Sufrí mucho – suspiró Peter, cerrando los ojos -. Todavía me duele, me duele el cuerpo y me duele aquí – se tocó el corazón -. ¿Podrías dormirme? Quiero tener paz, hace dos semanas que no la tengo.

-Claro – contestó Charles apenado -. Duerme, Peter – murmuró, metiéndose en su mente.

Al instante, el joven se acurrucó contra su pecho y quedó dormido.

Charles lo acomodó afectuosamente y se cercioró de que estuviera seguro y cómodo. Despacio, apartó la silla del camastro y dio un último vistazo a la celda para ver si encontraba vestigios de alguien, pero no halló a nadie. Sin embargo, sospechaba que Peter no había estado solo en esos tres meses pero no había tiempo de indagar. Volvió a revisar su reloj pulsera y volvió a observar a Peter. Al comprobar que sus dos hijos estaban a salvo, enfiló hacia el túnel nuevamente. Encendió la linterna y, en sueños, Peter gimió y se apretó el vientre. Charles le transmitió más paz. Luego le apartó las manos y le alzó la bata para observar con el foco. El joven tenía una cicatriz debajo del ombligo.

-Le practicaron una cirugía para poder quitarle el niño cuando sufrió el aborto. ¡Dios mío! – gimió Charles -. ¡Habrá sido horrible! Su dolor, su miedo, su impotencia - y se llenó angustia, imaginando la situación. Pero no era el momento de sentir emociones negativas sino de estar feliz.

Acomodó a Peter de cuenta nueva y siguió. Mientras marchaba, se concentró para comunicarse con Kurt y avisarle que estaban listos para regresar.

Kurt respondió rápido a su mensaje.

"Los estoy esperando aquí," contestó mentalmente el joven mientras sonreía. "Tiene a Peter, ¿cierto?"

"Peter está en mis brazos," replicó Charles e, instintivamente, besó la cabeza de su hijo durmiente.

….

¡Hola! Les aseguro que este drama es necesario para la trama de la historia. Les prometo que tendrá final feliz. Porfis, confíen en mí.