-DOS SEMANAS DESPUÉS-
Castle había recibido el alta y estaba en su casa terminando de recuperarse del disparo, aunque él ya se encontraba con ganas de levantarse y volver a sentirse un héroe. Pero su madre, Alexis y Kate habían sido tajantes. Le habían mandado tres semanas de descanso y no le dejarían saltárselas. Así que se pasaba el día en casa, aburrido, jugando a la videoconsola y a ratos intentado escribir algo para el libro que tendría que entregar pronto. Aunque no tenía muchas ideas. El hecho de no poder estar en comisaría le había dejado sin saber cómo seguir el argumento del nuevo libro de Nikki Heat. Además, aunque Kate iba de vez en cuando a verle, sentía que ella se estaba alejando de él y que cada vez estaban menos tiempo juntos. Había tratado de sacarle el por qué, pero ella se había vuelto a cerrar, como de costumbre.
Beckett había vuelto a la comisaría. Había convencido a Gates de que no había lugar más seguro en toda la ciudad. Allí estaba rodeada de policías. Nada le podría ocurrir. Sin embargo, le costaba mucho trabajo centrarse en los nuevos casos que iban viniendo. Se sentía frustrada y muy culpable. No había sido capaz de encontrar la grabación de la que le había hablado Castle y aquello le había hecho sentirse aún peor. Por eso, apenas se concentraba en los casos y tampoco iba mucho a ver a Castle. Lo echaba de menos, pero su sentimiento de haber fallado y de culpabilidad, eran mucho más fuerte.
Aquella tarde habían quedado en cenar los dos solos en casa del escritor. Castle, tras mucho insistir, había conseguido que la inspectora cediera. Necesitaban ese rato para los dos solos, para distraerse y dejar de pensar en trabajo o en el caso de su madre. Kate se fue antes a casa para prepararse un poco. Desde que ella había estado ingresada, apenas dormía o comía en condiciones y no quería que Richard la viera mal. Además, sabía que había estado actuando muy mal con él. No se lo merecía. Tal vez aquella cena a la que ella, en un principio, se había opuesto, sirviera para sentirse más segura. Así que se dio un buen baño, se vistió con un bonito vestido azul, se recogió ligeramente el pelo en un moño, dejando dos mechones sueltos y ligeramente ondulados y se calzó con unos tacones azules también. Se maquilló suavemente resaltando sus ojos claros y se puso una chaqueta negra. No hacía mucho frío, pero al ser de noche y todavía no estar en verano, el aire aún era fresco.
Castle consiguió que su madre y su hija fueran aquel día a un balneario y descansaran allí hasta dos días después. Limpió toda la casa de arriba abajo y se puso a cocinar. Preparó un rico salmón al horno, con una salsa exquisita. Puso el vino a enfriar y mientras el pescado terminaba de hacerse lentamente en el horno, se dio una ducha, se peinó y se vistió con un traje con camisa roja. Sentía que aquella noche iba a ser especial. Quería hacer que Kate se sintiera a gusto, que se abriera a él y le contase qué era lo que le preocupaba. Estaba terminando de colocarse la chaqueta cuando el timbre sonó. Sonrió al espejo y camino hacia la puerta.
Al abrir la puerta, el escritor se quedó boquiabierto. La imagen de Kate vestida, peinada y maquillada para él, le hizo temblar ligeramente y que un bonito brillo se instalara en sus ojos. "Wow… Estás preciosa…" Susurró no queriendo romper aquel precioso momento.
"Gracias..". Kate se mordió el labio sonrojándose. Estaba nerviosa, pero a la vez tenía que reconocer que aquella cena le apetecía mucho más de lo que en un principio pensó. "Tú también estás muy guapo". Terminó de acercarse a él aún sonrojada y le agarró ligeramente del cuello de la chaqueta, juntando sus cuerpos y fundiéndose en un tierno beso.
Castle aprovechó aquel momento para agarrarla por la cintura y pegarla más a él, intensificando aquel beso. "Mmmm… Pasa por favor. La cena estará lista en 5 minutos". Le sonrió tiernamente y se hizo a un lado para que ella entrara en la casa. Entonces se dio cuenta de que Beckett llevaba dos pequeñas bolsas. "¿Qué traes ahí?". Cerró la puerta del loft con llave tras asegurarse de que Jason estaba ya allí vigilando.
"Una botella de vino y… algo que luego te enseñaré". Dejó la bolsa de la botella encima de la mesa de la cocina y la otra la puso en el sofá.
"No hacía falta que trajeras nada". Se acercó a ella por su espalda y le ayudó lentamente a quitarse la chaqueta. La colgó en el perchero que había en la entrada y volvió junto a ella, abrazándola por la espalda colocando una mano sobre el abdomen de ella. "Dios, me encanta cómo hueles". Susurró tiernamente y le dio un par de besos en el cuello.
Kate se retorció mordiéndose el labio ante aquel gesto y no pudo evitar soltar un ligero jadeo. Sonrió como hacía tiempo que no lo hacía y se giró entre sus brazos para quedar frente a frente. "Gracias…". Susurró suavemente y le besó en los labios.
Richard se extrañó por que le diera las gracias, pero le guiñó un ojo y le sonrió. "¡Siempre!". Seguía con un brazo rodeando su cintura y con la otra mano, le acarició la mejilla. "Te he echado de menos…". Bajó las caricias por el cuello viendo cómo se le erizaba la piel.
Kate bajó la cabeza respirando hondo, arrepentida al ver cierta tristeza en la mirada del escritor. "Lo siento, de verdad… He sido una estúpida. Me he cerrado sólo en lo mal que me sentía y no en cómo estarías pasándolo tú". Se acercó más a él apoyando su frente en el pecho de él.
Castle le acarició la cabeza lentamente bajando después por su espalda. "Ey… No te preocupes. Lo importante, es que estás aquí". Se separó unos centímetros de ella para agarrarle la cara tiernamente por la barbilla y hacerla que le mirara a los ojos. Cuando ella lo hizo, él le sonrió dulcemente. "Esta noche sólo quiero que te distraigas y nos divirtamos un poco". Alzó una ceja de forma pícara y la inspectora no pudo más que sonreír abiertamente.
"Eres increíble Rick". Le acarició la cara perdiéndose en su mirada. "Nunca, nadie, ha tenido tanta paciencia conmigo. No sé cómo voy a agradecerte todo lo que has hecho por mí, todo lo que estás haciendo por mí". Apretó los labios sin dejar de mirarle.
"¿Sabes cómo puedes hacerlo?". Ella negó ligeramente, sin separarse de él. "Muy fácil. Déjame estar contigo, hacerte feliz, compartir contigo todas tus dudas, tus preocupaciones e incluso los momentos felices". Se acercó a sus labios sin llegar a besarlos. "Luchemos juntos y te prometo que acabaremos con todo". Ambos sabían que esas palabras eran especialmente dirigidas hacia el caso de su madre.
Kate terminó de acercarse a los labios del escritor y le besó con dulzura. "Ayúdame a conseguir abrirme del todo a ti, por favor". Lo miró a los ojos y después se abrazó a él con fuerza.
"No me daré por vencido". La abrazó con ternura dejando que ella apoyase su cabeza en su hombro, y le besó el pelo en aquella posición unos minutos hasta que le horno comenzó a pitar indicando que la cena estaba lista.
La cena fue muy amena y los dos se mostraron muy cariñosos todo el rato. Comenzaron hablando de Castle, de cómo estaba su herida y de que cada día se encontraba con más fuerzas y ganas de volver a comisaría a ayudarla. También le dijo que le quedaba poco para acabar su libro, pero que la inspiración últimamente estaba un poco apagada. Después Beckett le comentó alguna cosa de la comisaría, cosas banales. Al final, terminaron hablando de Martha y Alexis y de ciertas gamberradas que Castle había hecho cuando era un adolescente. Aquello hizo reír en varias ocasiones a Kate, que cada vez se sentía más a gusto con él. Recogieron los platos de la cena y Richard llevó a la mesa una rico postre que él mismo había cocinado. Se lo zamparon con ganas. Estaba delicioso. Cuando recogieron y metieron todo al lavavajillas, se sentaron en el sofá, cada uno con una copa.
"Este vino que has traído, está delicioso". Le dijo Castle dando otro sorbo y dejándolo después sobre una pequeña mesita delante del sofá.
"Bueno, digamos que lo estaba guardando para una ocasión especial. Y esta noche, lo merecía". Le sonrió ella imitando al escritor.
"Pensé que al final no aceptarías venir". Susurró Castle mirándola con intensidad.
"Llevo todo este tiempo sintiéndome… culpable de todo lo que ha pasado, de tu disparo de lo de… Josh… Mi cabeza sólo me culpaba a mí y eso no me ha dejado ni concentrarme en mi trabajo, ni dormir bien, ni ser yo misma". Suspiró dirigiendo su mirada a las copas de vino ya medio vacías una vez más.
"Pero nada de eso ha sido culpa tuya Kate". Él se acercó a ella agarrándole las manos con cariño y acariciándoselas con los pulgares, en forma circular. "El único culpable de todo esto es Bracken y toda su gente. Tú has conseguido llegar muy lejos en este caso. Nadie habría logrado aguantar lo que tú has aguantado. Y… cariño, sé que no encontraste esa cinta, pero te prometo que aparecerá, la encontraremos, o sino buscaremos otra pista, y podremos acabar con todo esto de una vez por todas". Le dio un suave beso en las manos, gesto que hizo que ella lo mirara a los ojos y le sonriera un poco.
"Sin ti, nunca habría conseguido llegar hasta aquí". Se acercó a él que se había reposado en el sofá y se acurrucó entre sus brazos apoyándose en su pecho. Las respiraciones de ambos eran pausadas. Se sentían muy a gusto teniéndose tan cerca.
"Rick… Sé que esta cena era para los dos, porque lo necesitábamos y que lo que quería era que me distrajera y dejase de pensar en el trabajo y en el caso…" Se mordió el labio suavemente dudando si terminar de decir lo que tenía en mente o no. "Y la verdad es que hasta ahora, todo ha salido tal y cómo tú querías". Levantó la cabeza para mirarle, sin dejar de apoyarse en su pecho. Se sonrieron y ella continuó. "Pero he pensado que… tal vez si me ayudas a mirar entre las cosas de mi madre, seamos capaces de encontrar un hilo del que tirar, o una pista de dónde pueda estar la grabación". Le miró a los ojos esperando su reacción, pensando que se enfadaría por seguir dándole vueltas al caso.
"Sin embargo, Richard la abrazó más contra su cuerpo y le besó el pelo. "¿Eso es lo que traes en la otra bolsa?". Ella asintió y él le besó los labios. "Por supuesto que te voy a ayudar". Le sonrió y cuando ella se fue a deshacer del abrazo, el la sujetó más fuerte haciendo que volviera a recostarse sobre él. "Pero espera, antes quiero que hagamos una cosa". Ella le miró desconcertada y él sonrió con su típica sonrisa. Estiró el brazo y cogió una pequeña cámara de fotos. Ella frunció el ceño. "No pensarías que no iba a inmortalizar lo guapa que estás esta noche, ¿no?". Ella sonrió con cariño y le besó lentamente en los labios.
"Dame, que pongo la cámara en la cocina, con el temporizador y nos colocamos en mitad del salón para que se nos vea bien". Le quitó la cámara de fotos de las manos y se levantó sin poder dejar de sonreír. Colocó la cámara tal y cómo había dicho y volvió al centro del salón donde él ya se había puesto en pie y la esperaba.
Se abrazaron y posaron para la foto, ambos muy sonrientes. Kate había programado que sacara 5 fotos casi seguidas, así que cuando después del primer flash se besaron, las demás capturas pillaron ese bonito momento.
Castle se acercó a por la cámara y le enseñó las fotos a Kate. "Me encantan, sobre todo esta última". Amplió la foto en la que tras finalizar el beso, se habían quedado mirándose embobados, con sus frentes pegadas.
"Uhumm…" Asintió Beckett abrazándose a él por el costado sano del escritor. "Me encantan todas". Se sonrieron y guardaron la cámara.
Beckett se sentó en el sofá y Castle llenó de nuevo sus copas de vino, volviendo junto a ella. Kate cogió la bolsa en la que había metido la caja que contenía todos los efectos personales de su madre y en silenció la sacó y la abrió. También sacó su móvil y abrió una foto que habías sacado a la ventana en la que tenía expuesto el caso como si fuera la pizarra que tenía en comisaría.
Richard sonrió con cierta tristeza mientras miraba todas las cosas que Kate había llevado. "A veces se me olvida que tienes que vivir con esto todos los días…". Susurró mirando la foto en el móvil de ella.
Beckett le miró con cariño y le sonrió ligeramente. "Bueno, llega un momento en el que dejas de lamentarte por la situación que te ha tocado vivir, y empiezas a acostumbrarte a llevar contigo siempre esa espinita clavada". Cogió la caja de madera y fue vaciándola encima de la mesa.
Llevaban prácticamente dos horas ojeando cada cosa que había en la caja y no habían llegado a ninguna conclusión clara. En aquel momento, Castle miraba unas fotografías de Kate con su madre y no pudo evitar sonreír al ver la complicidad que tenían. Salían patinando en Central Park, colocando el árbol de Navidad, comiendo en algún restaurante, haciendo turismo por alguna ciudad… Siempre con una hermosa sonrisa en la cara. Se fijó entonces en la sonrisa de Kate y sin darse cuenta, acarició la fotografía. Nunca la había visto sonreír de aquella forma, no con aquel brillo especial en la mirada. Suspiró pasando de foto con una única idea en la cabeza: Conseguir a toda costa que aquel brillo volviera a sus preciosos ojos, volver a hacerla sonreír así, hacerla feliz, para SIEMPRE.
"Kate llevaba unos minutos observando a Castle, en silencio. Le veía concentrado mirando las fotos e incluso vio cómo acariciaba aquella imagen. Una pequeña sonrisa apareció en sus labios y se acercó suavemente a él, mirando ella también la foto que en ese instante observaba el escritor. "Esa fue la última vez que patinamos juntas, la última Navidad los tres juntos…". Susurró ella muy pegada a él, dejando apoyar su cabeza sobre su hombro, sin quitar la vista de la foto.
"Estáis muy guapas". Le besó el pelo dulcemente y siguió mirando aquella foto. "Así que, ¿cada Navidad ibais a patinar?". Dejó las fotografías sobre la mesita y pasó su brazo por los hombros de la inspectora atrayéndola más a él.
"Uhum…" Asintió ella cerrando los ojos para sentir mejor ese abrazo. "Desde que ella no está, no he vuelto a ir". Suspiró acurrucándose en él. "Y cada Navidad, me ofrezco para trabajar y así evitar, de alguna manera, pensar en todo esto en esas fechas. Los demás compañeros tienen con quién pasar las fiestas; yo no".
"¿Y qué pasa con tu padre?". Castle había empezado a dejar suaves caricias en el antebrazo de ella.
"Todos los años desde que no está ella, se marcha a una pequeña casita que tenemos en la costa. Quiere pasar esos días solo y yo lo entiendo y lo respeto. Es nuestra forma de hacer frente al dolor. Él se va allí y yo me encierro en mi trabajo". El escritor la abrazó con más fuerza sin importarle que ella se estuviera apoyando sobre su herida y le empezase a molestar. Quería demostrarle que él estaba con ella y que jamás se alejaría de su lado.
"Supongo que cada uno tiene su peculiar manera de afrontar o superar algo doloroso". Besó el pelo de Kate. "¿Sabes qué hacía yo cada vez que sentía que mi vida era una mierda y que estaba de nuevo equivocándome de camino, de mujer o de cualquier cosa?". Aquella pregunta hizo que la inspectora levantara la mirada y la centrara en sus azules ojos. Beckett negó en silencio y le regaló una pequeña sonrisa animándolo a continuar. "Me encerraba en mi cuarto o en mi despacho, con el ordenador y tecleaba sin parar hasta unas cuantas horas después, cuando mi madre o Alexis venían a recordarme que tenía que comer y beber algo. Aquella fue mi estúpida forma de hacerles ver a mis ex-mujeres que aquello no funcionaba". Suspiró él bajando la mirada al suelo. "A Meredith le costó un par de años entenderme. No la culpo. Soy yo el que debería haber hablado con ella. Si no lo hice, fue por Alexis. No quería tener que separarme de su madre y que ella sufriera por ello. Después comprendí que estando solos nos iría mucho mejor que con ella". Miró a Beckett que no le había dejado de mirar en ningún momento. "A Gina le avisó mi madre de que cada vez que me refugiaba en la escritura era porque algo no iba bien". Le dedicó una pequeña sonrisa girando levemente la cabeza en una mueca graciosa.
"¿Qué escribías?" Kate le acaricio la mejilla suavemente y le dio un tierno beso en los labios para volver a fijar su mirada en la del escritor.
"Libros no, desde luego. Por eso Gina se fue tan enfadada. No entendía cómo podía pasarme tantas horas escribiendo y nunca tenía los libros listos". Se tomó unos segundos para él dirigiendo su mirada a la pequeña biblioteca que tenía en casa. Continuó hablando con la vista fija en un libro rojo que no tenía letras por fuera. "Escribía mi día a día, mis penas, mis preocupaciones, mis dudas… En definitiva, un pequeño diario". Bajó la cabeza tras aquella confesión y su cabeza voló a años atrás cuando, a pesar de tener a todas las mujer que quería, ninguna le había completado. Ninguna hasta que conoció a la inspectora Beckett.
"¿Un diario?". Kate le miraba alzando una ceja, divertida. "Richard Castle escribiendo un diario…" Susurró y soltó una pequeña carcajada. Después vio que él no levantaba la mirada y se mordió el labio agarrándole la cara con las dos manos. Hizo que la mirara y después deposito un cálido beso en sus labios. "No te avergüences de eso Rick. Yo también tenía mi diario. Sobre todo después de lo de mi madre. Bueno, de hecho, sigo teniéndolo, aunque hace tiempo que no lo continuo". Le sonrió con ternura y Castle le devolvió la sonrisa. "Es tarde, creo que deberíamos dejar esto…" Susurró mirando todas las cosas esparcidas por la mesa. "Lo hemos mirado y seguimos como antes". Suspiró.
Castle la imitó y dirigió también su mirada hacia todo lo que tenían encima de la mesa. De repente, se fijó en que no había mirado una pequeña libreta que estaba bajo unas cuantas fotografías. "Espera, esto de aquí creo que no lo he mirado". Alargó el brazo hasta coger la libreta y miró a Kate.
Beckett se acercó a ver de qué se trataba y después le miró a él. "Es una especie de agenda o libreta. En ella tomaba notas, pero sólo ella las entendía. Se inventó un código en la universidad y ni mi padre ni yo lo conocemos". Le abrió una de las hojas en la que se veía los símbolos que Johanna había escrito.
"¡Vaya! Inventarse su propio idioma… Ya sé de dónde has sacado la inteligencia". Le sonrió con ternura mientras ella no dejaba de mirar la libreta.
"Sólo que no soy lo suficientemente inteligente como para entender lo que pone ahí y poder atraparlos". Susurró con un pequeño atisbo de tristeza y después cogió una de las fotos que Castle aún no había visto. Eran los tres en Central Park, ella tendría unos quince años. Acarició el rostro de su madre con su pulgar.
Castle decidió dejarle ese rato para ella, darle un pequeño espacio. Mientras, siguió ojeando la agenda hasta llegar al día de su muerte. Allí encontró una anotación que le hizo fruncir el ceño.
¿Conseguirán encontrar algo que les sirva de ayuda con el caso?
¿Qué os parecen estos dos tortolitos? Parece que poco a poco se van abriendo el uno al otro, completamente.
