Victorious no me pertenece solo juego con sus personajes en mi loca cabeza.

Tori POV

Le hice una señal con la mano, apuntando hacia la puerta para que se volteara si esto la incomodaba. Ella solo dio un vistazo de odio hacia el hombre que yo tenía enfrente antes de salir. Por supuesto, el captó rápidamente la reacción de mi novia y rio bajito.

-Es muy protectora por lo que veo. ¿No?-Pregunto mientras colocaba ese pequeño círculo en mi pecho, que estaba demasiado frío al contacto con mi piel.

Me estremecí antes de contestar.

-Demasiado.-Suspiré viendo a Jade.

Volví mi mirada abajo y la expresión del Doc. Se había vuelto profesional y preocupada. Movía el extremo del su aparato de un lado a otro, con el ceño fruncido.

Jade decidió regresar casi enseguida. Ella solo miraba lo que el doctor hacía y las preguntas que me hacía. Comidas diarias, ejercicios, medicamentos, alteraciones…

El doctor se colocó los guantes y tomó una larga aguja. Tragué lentamente cuando sentí ese nudo en la garganta. Esta siempre era la peor parte.

-¿Qué pasó?-Me pregunto Jade, con voz inocente.-Ah, entiendo.-Quería molestarme por ser una cobarde. Pero quisiera que siguiera hablando me distraía del sujeto que estaba a punto de extraer sangre de mi brazo.

El alcohol me ardía en la nariz. Cerré mis ojos con demasiada fuerza y el doctor insertó lentamente la aguja en mi brazo. Dolió como solía pasar siempre.

Pasaron unos minutos, el doctor seguía preguntándome cosas, tanto personales y de mi expediente médico, como las medicinas que me habían mandado a tomar, a las que era alérgica, a las que no había reaccionado bien… entre tantas otras. También pregunto si yo usaba el Beeper, el que supuestamente me daría el aviso de mi turno en la fila para esperar el próximo donante.

Las preguntas personales las hacía para que algunas de sus pruebas siguientes fueran más fáciles, porque según lo que decía "Estaba tensa". ¿Cómo no estarlo?

Esperábamos frente a su escritorio, con el corazón en la garganta, después de unos treinta o cuarenta y cinco minutos. Jade sostenía mi mano con demasiada fuerza, ella también estaba tan nerviosa como yo.

El doctor entró un par de veces, tomaba algunos papeles y formularios de su mesa, me sonreía con la intención de tenerme paciente en mi puesto aunque yo no era el problema Jade era la que empezaba a molestarse.

Ahora solo esperábamos los resultados, en medio de un incómodo silencio.

El girar de una manilla a nuestro lado nos sorprendió y debajo del marco blanco de madera, apareció el tan esperado veredicto. Lo sostenía en sus manos lo que parecía ser una enfermera.

El doctor tomo los documento e inicio su evaluación. Su expresión parecía aislada, como si estuviera concentrado en algo más.

Arregló los papeles con un par de golpes en la mesa y los dejó encima, entrelazó sus manos y nos miró sin expresión alguna.

-Estuve haciendo y viendo éstos resultados, Victoria. Me imagino que ya te habían hecho éstas pruebas, o por lo menos algunas de ellas. ¿Me equivoco?-Repuso educadamente hacia mí.

-Sólo algunas de ellas, las otras son primera vez que me las hacen.-Respondí con confianza.

-Cierto, cierto.- Asintió rápida unas tres veces para sí mismo. Tomó unos lentes y los colocó reposando sobre el fino puente de su nariz. Tomó los papeles y empezó a revisarlos nuevamente. Yo estaba desesperada pero Jade parecía que en cualquier momento le quitaría los resultados al médico para verlos ella misma.

-No te mentiré.-Se quitó los lentes de nuevo para dirigirse a nosotros.-Tu situación es muy extraña, creo que ya lo sabes. Ésta enfermedad tan silenciosa se presenta en adultos y, mayormente, en gente de tercera edad, tú en cambio eres muy joven. ¿Cómo te has sentido los últimos dos meses?-Preguntó desviando un poco el tema.

-Bueno, en realidad hace alrededor de un mes, tuve unos cuantos desmayos y mareos, pero sé que son comunes, ya que… -Paré de hablar por un nudo en la garganta.-Estoy en la recta final.-Sentencié con dolor.-Pero estas semana me he sentido bien. Algo mejor.

-Entiendo.-Tomó un papel.-Aquí dice que tenías un promedio de vivir un par de meses más.-La expresión de Jade se crispó de dolor y volvió a apretar mi mano con fuerza.

-Tenía… ahora sólo me quedará un mes.-Aclaré con dificultad.

-Supongo que entonces, al haber tan poco tiempo es una buena noticia que estarás en prioridad en caso de que aparezca un corazón.-Su voz cambió repentinamente a una alegre.

-¿Eso qué quiere decir específicamente?-Pregunté aun a la defensiva.

-No quiero que creas que todo es perfecto ahora, aún quedan algunas riendas sueltas y cosas de cuidado.-Advirtió.

-Si tiene algo que ver con la parte económica, sabe que tiene que buscar la manera más rápida de que Tori pueda salir de esto, no importa el precio, ni lo difícil que sea conseguirlo.-Inquirió Jade con euforia.

-A eso voy, aunque no precisamente la parte económica jovencita.-Se refirió a Jade, como si él fuera cincuenta años mayor que ella.-Me refiero a la dificultad de conseguir "esa" cura a la que ustedes se refieren. El problema más grande es su tipo de sangre es uno de lo más raros, además de situación precoz de insuficiencia cardíaca, por eso se les hizo difícil conseguir un donante. ¿No querrás usaras el corazón de un viejo que en unos años necesites otro? ¿Podrías darme un momento tu Beeper?-Me extendió la mano.

Jade lo sacó y se lo entregó rápidamente.

-¿De qué se trata todo esto?-Pregunté con duda mientras miraba al doctor y después me volvía hacia mi novia, aun no quería hacerme falsas esperanzas, pero Jade ahora traía una chispa de satisfacción en sus ojos que me decía que algo estaba por ocurrir…

-Se trata de que debo llamar al centro de donaciones de Estados Unidos. Pero necesito esto.-Alzó el pequeño instrumento encerrado en un puño de su mano.-Para poder ajustarte tu turno.

-Sigo sin entender.-Reclamé en voz baja.

-Eso quiere decir que te conseguirán un donante.-Dijo Jade con sus ojos iluminados, jamás la había visto con esa ilusión en sus ojos. Su voz era de alivio y paz.

Me habían dado una noticia que haría más feliz que a cualquier persona en el mundo, más que haberse ganado la lotería. Era la posibilidad de una vida con Jade.

-Hay otra cosa que quiero aclararles. Tus latidos están presentándose un poco inconsistentes y eso no está bien. Esto podría causarte un infarto y eso no importa del nivel que sea, podría ser peligroso, no deberás estar sola en ningún momento, si no hay nadie cerca para auxiliarte, esto podría causarte la muerte.-El silencio volvió a llenar aquella habitación.

- Por eso, les mandare unas pastillas para suplementar el trabajo.-Dijo intentando animarnos nuevamente.

Jade y yo nos miramos por un momento y volvimos la vista al frente. No todo podía ser perfecto.

-Por supuesto.-Dije yo con determinación.-¿Las pastillas son efectivas?-Dijo Jade con voz un poco perdedor.

-Sí, obviamente. Pero eso no significa que estarás estable. Como dije anteriormente, te favorecerá.-Insistió el doctor.

-Prometo seguir cualquier preámbulo y regla que usted me ponga. Es más-Me volteé hacia Jade.-Podría asegurarle que con la chica que tengo a mi lado, nada malo me va a pasar. Estará muy pendiente de la hora de mis medicamentos y de mi dieta, incluso más que mi madre.-Dije con tono animado, hablando de lo buena novia que es.

-¿Podría darnos la receta médico?-Me interrumpe Jade.

El doctor arrancó de una vez tres hojas y nos explicó las indicaciones de cada una de las medicinas y de las restricciones que yo no debía pasar por alto. Jade colocó la mayor atención posible. Yo, en cambio, dejé de escuchar al doctor cuando empezó a explicar algo de la segunda medicina. Me dediqué a admirar a Jade. Me había complacido en esto, y en tantas cosas más. Era tan perfecta, cuidadosa, cariñosa, protectora (muy protectora), pero por sobre todas las cosas, era el único ser en la tierra capaz de hacer latir mi corazón de ésta forma, capaz de dejarme sin aliento después de tan solo un beso, de hacerme la mujer más feliz del mundo. A su lado nada me falta y todo me sobra.

De no ser por ella, no tendría posibilidades de vida para después de dos meses en adelante. Me hubiera rendido sin siquiera haber luchado.

Después de unos segundos, nos despedimos del doctor, así también lo hicimos con la amable señora de la recepción, pero con solo una sonrisa.

Caminamos en silencio hasta quedarnos solos en el ascensor.

Pasamos la mitad de los pisos y aún no decíamos nada. No soporté más las ganas de abrazarla y de un salto me lancé sobre ella, rodeándole el cuello con los brazo.

-Gracias.-Dije en un susurro triste.

-¿Por qué?-Preguntó acariciando mi cabello.

-Por… todo.

-¿Todo? Sólo estoy siendo egoísta, no quiero que me dejes.-Dijo con indiferencia.

-Lo sé.-Admití mordiéndome el labio inferior. Nos fundimos en un beso tierno y lento, como si el tiempo fuera eterno.