Saludos! ^^

Espero no haberme tardado mucho con este capítulo; esta vez estuve más pendiente :3 Lamento contar que sigo atorada escribiendo el capítulo 28 D: pero prometo salir del paso pronto y seguir adelante! Me aproximo al cierre de la segunda temporada y ya pronto espero iniciar la tercera! *-* Muchas gracias a las personas que me han dejado sus reviews y comentarios! :D hubo uno especialmente, una crítica que me ayudó muchísimo y que me hizo regresar capítulos atrás para ir corrigiendo en lo posible mis errores. ¡Se agradece mucho!

Aclaración de la autora: Todas las ideas y hechos narrados en esta historia son propiedad mía. Los personajes pertenecen exclusivamente a Bandai y a sus creadores. No escribo esta historia con fines de lucro, solo lo hago por diversión, fanatismo, amor, y mis continuos deseos de expandir el fandom de digimon, compartiendo mis ideas y creatividad con el resto de los fans de esta serie que nos enseñó a muchos a volar.


Primera Temporada: La Bruja y la Bestia.

Capítulo 13

La junta de los Generales.

La hermosa mujer contemplaba el mapa en la pantalla, mientras calculaba el avance de una unidad enemiga hacia uno de los pueblos que estaban bajo su custodia. Un río atravesaba el lugar, por lo que podrían sacar ventaja de él y refrenarlos antes de que se acercaran. Escribió algunas notas y luego miró la hora en la pantalla. Vaya, su teniente aún no regresaba y eso que había salido hacía ya mucho. Había intentado comunicarse con ella, pero no había obtenido respuesta, suponiendo que sería por el clásico problema de las redes interferidas. Dejó caer su esbelto y atractivo cuerpo forrado en rojo en una silla, la que se deslizó pocos centímetros de su lugar. Se quedó pensando en esa noche. Su superior Omegamon había organizado una junta secreta de todos los Generales para estudiar los problemas que habían surgido. Llevaban apenas un mes y tenían más problemas y novedades de las que conseguían normalmente en un año.

Sonrió pensando en que tendría que verse las caras con él. Si de por sí ya se irritaba solo y discutía por todo, con ella lo hacía cien veces más y de peor forma. A Rosemon le divertía mucho hacerlo enojar, especialmente porque era en esos momentos de enojo cuando lo delataban a veces los nervios. Por supuesto, nadie se daba cuenta de esto, ni siquiera Omegamon. Ella podía saberlo porque claro; había visto esos gestos cuando eran aún muy niños, y se los había aprendido de memoria. Sabía que él prefería evitarla a toda costa y seguramente haría lo mismo durante la junta, pero no importaba. Ya conseguiría algún modo de ganárselo, eso era seguro.

El monitor frente a ella indicó que había recibido un mensaje. Se levantó y lo abrió; era del Castillo de los Royal Knights, y no tenía buenas noticias.

-No puede ser…-murmuró perdiendo de pronto su hermoso color.

En el mensaje, era notificada de que su teniente había sido encontrado muerta por Ulforce Vdramon al interior de una cueva, y que Nocturna se había encargado de darle a la joven Lilymon un terrible final.

Mientras, en el Castillo, Ulforce Vdramon se daba vueltas como león enjaulado, golpeándose a ratos la frente -el casco- y maldiciendo por lo bajo.

-¡Es que no pude ser más estúpido!-se reprochaba el joven hablando consigo mismo.

Duftmon, que estaba en la biblioteca con él a esas horas, miraba al techo como buscando allí gotas de paciencia y suspiraba.

-Ya quédate quieto Ulforce Vdramon; le harás un hoyo al suelo.

-¡La tuve en frente y no me di cuenta!-volvió a decir el joven.

-Tenías en frente a una Lilymon ¿cómo ibas a saberlo?

-¿Cómo no lo intuí?-se reprochaba.

-Porque eso no es lo tuyo-respondió el felino mientras continuaba estudiando los antiguos textos que tenía en sus manos.

Había obtenido cierta información que le había servido de referencia para investigar sobre Nocturna. No tenía caso buscarla en las redes, allí no había nada. Debía ser en libros y documentos antiguos. Ulforce Vdramon no lograba quedarse quieto después del frustrante engaño en el que había caído. Después de haber ido a recoger al castillo una gema falsa para reemplazarla por la gema original de uno de los templos de los Digi Eggs, por orden de Omegamon, se había topado con la teniente de la General Rosemon. La digimon le había indicado que había encontrado cierta fuente de energía sospechosa en un lugar al que ella no podía acceder dado su bajo nivel. Ulforce Vdramon intentó averiguar de qué se trataría, pero un misterioso campo le bloqueó el paso a la entrada de la cueva a la que querían entrar. Lilymon le explicó que esos campos mágicos no dejaban el paso a quienes portaran magia, u objetos mágicos. Ingenuamente el caballero le pidió que guardase los objetos en lo que él iba a investigar el lugar, y grande fue su sorpresa al encontrar al final de la cueva el cuerpo desintegrándose de la verdadera teniente Lilymon sin su Digi Core, con un agujero en el pecho en su lugar. Al volver por la impostora, había perdido la gema original del templo, y por poco también la botella con el deseo que Anubismon le había regalado. Poco después recibieron un mensaje de la mismísima Nocturna, agradeciendo el favor a los caballeros, saludando de paso a Ulforce Vdramon y apuntándole que cuidara la botella del deseo que le había dejado.

Humillante.

-¡GRAAAARR!-rugía el chico sin poder contener su frustración.

Duftmon le ignoró y siguió en lo suyo, cuando escuchó los pasos de Omegamon entrar en el lugar. Cerró el libro con fuerza y se volvió a verlo con su aire desdeñoso.

El digimon blanco les saludó a ambos con la cabeza y se digirió a una sección en específico, revisando con la mirada los lomos de los volúmenes y buscando sin encontrar.

-¿Buscas algo en específico Omegamon?-preguntó el caballero marrón cruzándose de brazos.

-Busco algo que me acerque a Nocturna.

De solo escuchar el nombre, el caballero azul se golpeó otra vez la frente y se mordió un dedo, muy molesto al recordar su fracaso. Duftmon se extrañó de aquello y volvieron sus crecientes sospechas.

-Es interesante. ¿Algo como qué?

-Algo en el pasado que me indique qué tipo de digimon es y cómo encontrarla-respondió el digimon blanco sin prestar mucha atención.

-Entonces ya sabes que se trata de un digimon…-dijo esto con su aire de escepticismo.

-¿Qué más si no?-preguntó Omegamon un tanto irritado de aquella conversación.

-Bueno, el programa X es tanto un digimon como un programa.

-Bien; si no es un digimon, solo habré gastado algo de mi tiempo leyendo un libro-respondió el caballero perdiendo de a poco la paciencia.

-El tiempo es algo de lo que no disponemos-objetó Duftmon.

-¿A dónde quieres llegar?

Ambos caballeros se volvieron y se acercaron un par de pasos, intentando ambos disimular el aire de desafío que se había formado entre ellos. Esa situación se daba siempre entre los dos cada vez que Omegamon tenía más información que su táctico y jefe de inteligencia, lo que para Duftmon era completamente inaceptable.

- Has obtenido más información sobre Nocturna-apostó el caballero bestia-Ni nos has comentado algo al respecto ni sabemos cómo la obtienes.

-Claro que no-refutó Omegamon-Poseen la misma información que yo.

-Sabes que ella quiere las gemas para un objetivo en específico.

-Las gemas tienen mil usos; descubrir para qué las quiere ella es lo que intento.

-Dime de una vez la verdad Omegamon; si NeoDevimon está muerto ¿de dónde consigues tanta información?

Omegamon se quedó viendo casi perplejo a Duftmon. El caballero bestia le sostuvo la mirada todo el momento, mientras Ulforce Vdramon, totalmente ajeno y extrañado de lo que hablaban, salía de la biblioteca despidiéndose disimuladamente para no molestar. Los dos digimons se miraron seriamente y en silencio, hasta que Omegamon rompió el silencio.

-¿Cual NeoDevimon?

-El infiltrado que tenías en el castillo Berúng. El que te ha contado de todos los movimientos de Lucemon y con los que has podido adelantarte-respondió secamente el digimon rubio.

-En primer lugar, tú pareces saber bastante de lo que ocurre allá abajo, y en segundo lugar, no, no conozco a ningún NeoDevimon.

-¡Ha!-exclamó mirando al techo-Con todo lo que ha pasado, seguro que te creeré.

-¿Quieres explicarte de una vez?-se molestó el caballero blanco levantando un poco la voz; Duftmon siempre conseguía eso en él-Ya estoy harto de que me digas todo a la mitad y me escondas la otra mitad de lo que sabes. Primero me dices algo y luego otra cosa o simplemente te lo guardas.

-¡Bien! Eres el segundo al mando aquí, dime lo que sabes y te diré todo lo que sé-le desafió.

-Como tu superior, te ordeno que me digas la verdad-demandó Omegamon con un gesto hosco.

-Soy tu estratega; tú deberías decirme todo lo que pasa para saber qué hacer más adelante.

-Soy tu líder y tienes que mantenerme informado.

-Segundo líder…-siseó el felino.

-Eso no me quita la autoridad que tengo sobre ti-sentenció el digimon aplastándole con su mirada severa.

Duftmon desvió la mirada, muy molesto. Se giró hacia la ventana y cerró un puño, sabiendo que podría arriesgar mucho con lo que iba a decir, pero también podría igualar un poco las cosas. Aunque con Omegamon nunca se sabía. La puerta se abrió de pronto y RhodoKnightmon entró al lugar, quedándose con la mano en la empuñadura.

-Omegamon, ya lo tenemos.

-¿De qué hablas?-preguntó el caballero extrañado.

-A Examon. Lo hemos traído por fin.

-¿Qué? Pero se suponía que…-dijo perdiendo de pronto el ánimo.

RhodoKnightmon puso una mano en su cadera y ladeó levemente la cabeza.

-Te hemos repetido hasta el cansancio que no deberías perder tu tiempo con los humanos Omegamon. Somos lo suficientemente eficientes como para solucionar los problemas sin su..."ayuda"-dijo con desdén.

El digimon blanco suspiró. Había confiado en que uno de los jóvenes elegidos conseguiría capturar al escurridizo Dracomon, pero aparentemente no había sido así. Se sintió un poco desalentado, pero no por eso dejaría de trabajar con ellos. Aún se probaban como gran ayuda para la Orden, o por lo menos él lo veía así. Levantó la mirada para encontrarse con Duftmon la última vez.

-Terminaremos esta conversación después-terminó, volteando y saliendo del lugar para ir a conocer al renacido Examon.

El pequeño digimon aguardaba abajo en el primer nivel, aunque en realidad le obligaban a esperar allí. Por él ya se hubiera largado hacía rato. Pero librarse del gigantesco Dynasmon resultaría imposible para cualquiera, y él con ese tamaño…

Los otros dos caballeros aparecieron bajando la escalera, y Omegamon se aproximó al caballero del Wyvern que cargaba a Dracomon. Se saludaron en silencio y el segundo líder se quedó observando un segundo al rookie. Le había conocido muchísimas veces en sus vidas pasadas, y siempre había sido igual. El Emperador de los dragones; un digimon serio, decidido y muy noble, como no había en el mundo digital. Se había sacrificado una y otra vez por el digimundo y las grandes causas, dejando siempre lo mejor de sí y una historia digna de contar. Si bien eran necesarios SlayerDramon y GrounDramon para crear un gran dragón como Examon, el miembro perteneciente a la Orden tenía la habilidad y el poder suficientes para evolucionar por sí solo hasta esa fase final, sin necesidad de una mitad complementaria. Omegamon le saludó con respeto como siempre hiciera.

-Saludos, gran Examon.

El digimon ni siquiera le escuchó. Siguió luchando para intentar zafarse de Dynasmon sin conseguir nada. Omegamon miró a RhodoKnightmon, pensando que se trataría de algún error. El caballero rosa se encogió de hombros.

-No atiende por ese nombre.

El caballero asintió y regresó con el más pequeño.

-Dracomon.

-¡Qué!-rugió este con su gran boca abierta y lanzando patadas.

- Es un alivio poder tenerte entre nosotros otra vez…

-¡QUIERO IRME!-bramó el pequeño dragón-¡Quiero irme pero ya! ¡Yo no juego a las muñecas con nadie!-exclamó apuntando a RhodoKnightmon. El digimon rosa estuvo a punto de exasperarse, pero Omegamon le retuvo con una mano.

-Escucha Dracomon-intentaba hablarle entre los rugidos y maldiciones del pequeño- te hemos traído aquí porque perteneces a nosotros…

-¡NO SOY MASCOTA DE NADIE!

-¡PODRIAS DEJAR DE INTERRUMPIR!-bramó de pronto Dynasmon perdiendo la paciencia, y dejando pálido y muy callado a Dracomon.

-Gracias, Dynasmon-habló el segundo líder tratando de mantenerse todo lo sereno ante el exasperante dragoncillo- Dracomon, escúchame. Eres la reencarnación de Examon, el gran dragón Emperador y Caballero de la Realeza que murió hace doscientos años. Te hemos esperado y buscado por mucho tiempo, por lo que te quedarás aquí y serás tratado como el señor que fuiste y volverás a ser. Recibirás nuestro entrenamiento, te harás fuerte y crecerás. Volverás a tomar tu lugar en la Orden y nos ayudarás a detener esta gran guerra.

-¿Qué si no lo hago?-preguntó el rookie enseñando los dientes.

-Lo harás. Recordarás todo por cuanto pasaste y viviste en tu anterior vida y entenderás cuál es tu razón en este mundo. Solo te pido paciencia y cooperación.

-Pues no cuentes ni con lo uno ni lo otro-sentenció cruzándose de brazos- Me importa un rábano lo que fui antes; solo me importa lo que soy ahora y que me devuelvan mi libertad.

-Ten más respeto-demandó su captor severamente, haciendo estallar al pequeño.

-¡UN RABANO, UN RABANO!-comenzó a rugir y lanzar bolas de fuego por todos lados, obligando a Dynasmon a controlarlo por la fuerza, pero sin hacerle el menor daño. Omegamon suspiró un tanto desanimado.

-Tendremos mucho trabajo con él-comentó RhodoKnightmon.

-No importa. Lo importante es que ya está aquí y con nosotros. Necesito que lo mantengan vigilado en todo momento y que bajo ninguna circunstancia abandone el castillo-ordenó Omegamon- Llévenlo a su habitación, que descanse y se acostumbre al lugar.

-Sí señor-afirmó Dynasmon a punto de marcharse.

-Una última cosa-se dirigió a Dracomon-Un chico intentó atraparte junto a su camarada.

-Sí-bufó el dragón muy molesto y cerrando los ojos-Un niño y su digi-mascota intentaron atraparme, pero también los evadí-dijo muy orgulloso cambiando su semblante al instante por uno de extrañeza-¿Qué? ¿Había una recompensa por mi acaso?

Omegamon suspiró un tanto entristecido. El joven humano ni siquiera había hecho contacto en todos esos días. Gallantmon había sido quien le había dado la misión, pero no habían vuelto a tener noticias de él.

-Solo era eso-dijo el caballero a Dynasmon-llévalo.

El digimon blanco asintió con la cabeza y se marchó en silencio, con el Dracomon haciendo ruido y lanzando patadas. RhodoKnightmon se acercó a su segundo líder, cruzándose de brazos y examinándolo.

-Te ves deprimido.

-Esperaba que él lo trajera-respondió Omegamon con leve pesar.

-Ya Omegamon. ¿Hasta cuándo sigues con eso? Los humanos no nos sirven-dijo el digimon rosa con aire resignado y encogiéndose de hombros.

-¡No hables así de los jóvenes elegidos! ¡Muchos de los que entrenan bajo mi cuidado han hecho perfectamente su trabajo y me han ayudado muchísimo con las investigaciones! ¡Ellos valen mucho!

-Te encariñaste, es lo más seguro. Es como cuando tienes una mascota; pero no te preocupes. En cuanto te muerdan la mano, verás que todos teníamos razón y no podías confiar en ellos-declaró el caballero con cierto aire divertido. Omegamon estaba molesto, pero no expresó nada.

-Confío en ellos y lo seguiré haciendo-terminó retirándose.

Necesitaba estar a solas y pensar en lo que ocurría con los jóvenes elegidos; si el plan que había trazado con ellos estaría funcionando bien o iban a trompicones por el camino. RhodoKnightmon le vio marcharse y suspiró, en parte desencantado de que su líder confiase en tan insignificantes e ingenuas criaturas.


Caía el atardecer en el digimundo. El sol se escondía en el horizonte, llenando todo con sus cálidos colores y despidiendo a esa parte del digimundo. El hermoso ángel Ophanimon le contemplaba, perdida en tristes pensamientos. No solo el mundo exterior sufría con las terribles guerras y desastres que le afectan día a día; ella también se marchitaba lenta y silenciosamente, sin que nadie se diera cuenta y pudiera ayudarla. Aún estando rodeada de quienes le querían y cuidaban, se sentía sola y desprotegida. Quisiera haber aprovechado el tiempo antes de los terribles momentos que ahora se están viviendo; haber aprovechado cuando todo estuvo en paz y armonía para haber compartido algo con ese al que tanto apreciaba, pero se le había hecho tarde. Muy tarde. Suspiró y tocó con su mano el gigantesco cristal que le resguardaba del mundo de afuera.

Era difícil creer que toda la belleza que se extendía ante ella era una falsa cortina de la realidad que ocurría en las regiones que rodeaban al Área de la Luz. Más allá de las fronteras, digimons caían y morían a cada momento por intentar defender lo suyo y proteger a sus seres amados. Oscuros pensamientos la embargaron de pronto, pensando en qué pasaría si el mar se expandiese hasta esa área y quedaran inundados por la oscuridad. ¿Estaría él ahí para defenderla? Sabía que sí. Siempre había estado ahí. Kerpymon, que era el único de los tres ángeles que jamás había renacido, siempre le había contado maravillosas historias sobre sus vidas pasadas y el caballero blanco, quien siempre la había protegido a costa de su vida contra todos los que osaban traerle mal a ella y a los suyos. Leyendas al más puro estilo romántico de las viejas historias. Como una niña a quien se le cuentan cuentos de princesas y dragones en las que ella era la protagonista, Ophanimon suspiraba y quedaba como suspendida en ensoñaciones de su pasado.

-Ophanimon-escuchó que le llamaban. Se volvió y se encontró con la brillante figura de Seraphimon que entraba al gran salón donde ella se encontraba. Se acercó y pudo leer la preocupación en ella-¿Estás bien?

-Sí-respondió el ángel tratando de sonreír-solo preocupada; ya sabes.

-Entiendo-dijo él un poco más tranquilo-El General ya está por llegar. Vamos, que es muy importante-le hizo un gesto con la mano abierta para que le siguiera.

Ella asintió y ambos salieron del salón para dirigirse al primer nivel, en donde recibirían la visita de un antiguo General de uno de los reinos. Éste había sido retenido por su soberano para que no participase de la guerra, pero una última noticia había notificado a los tres ángeles que el rey TyrantKabuterimon había cedido a prestarles al General MetalLifeKuwagamon, preocupado como estaba por la situación. Los dos ángeles se reunieron abajo con Kerpymon, y no transcurrió más de medio minuto cuando su servidor, Antylamon, entró al lugar haciendo una reverencia y abriendo la gran puerta al digimon que ingresaba.

-Mis señores-habló el gran conejo-El General MetalLifeKuwagamon.

Un digimon alto, de brillante armadura dorada y prominentes cuernos coronando su cabeza ingresó al lugar. Se aproximó al trío de digimons e hizo una notable reverencia, siendo esta correspondida por una más leve por parte de los tres ángeles.

-Bienvenido sea General-le recibió Seraphimon.

-Es un honor poder estar aquí, Gran Seraphimon-habló el digimon con elegancia, tomando con cuidado la mano de Ophanimon y besándola.

-Agradecemos mucho que haya aceptado nuestra alianza-siguió Seraphimon-Es muy importante mantenernos unidos en tiempos tan difíciles.

-Estoy en total acuerdo con usted mi Lord; Nuestras tierras también se han visto fuertemente afectadas. Mis tropas han podido retenerles, pero no somos indestructibles, y tarde o temprano invadirán nuestros pueblos y ciudades. Nuestro reinado comienza a verse afectado también y no podemos quedarnos sin hacer nada.

-General;-habló Ophanimon un tanto preocupada-tengo entendido que comanda usted grandes ejércitos de digimons insecto.

-Así es mi Señora. Otras especies también luchan a nuestro lado, pero mayormente son insectos.

-¿Qué puede decirnos del ataque de HerculesKabuterimon?-quiso saber ella.

El General suspiró con gran pesar y negó con la cabeza, cerrando su puño abajo.

-Es un desastre. En cuanto me enteré, no pude creerlo. Esto ha dejado muy mala imagen de nuestras tierras y nuestra especie. En cuanto veníamos hacia acá, muchos digimons nos miraban con extrañeza y recelo. No les culpo, pero tampoco puedo dejar de negar nuestra participación de ello. Aún no conseguimos esclarecer todo.

-¿Cómo se explica que semejante monstruo haya aparecido de la nada?-preguntó Kerpymon.

-Bueno, tengo unas teorías: O ese monstruo estaba resguardado en los dominios oscuros de Lucemon... o alguien le invocó de alguna manera. Del tipo de HerculesKabuterimon ya no quedan en ninguna parte. Fue una gran sorpresa para todos el verle, especialmente atacando.

-¿Qué dice el rey de todo esto?

-Está sumamente apenado. Ha enviado sus más sinceras disculpas, pero no se atreve a abandonar su puesto ni su tierra. Hace poco recibimos un ataque por parte de digimons que nos acusaban de lo ocurrido. Dice que lo que sea que necesiten, depositen su confianza en mí; haré todo lo que esté en mis manos para ayudaros-les miró sonriendo, haciéndoles ver su entrega en la tarea.

-Nuestro pacto aún no está del todo completo como sabrá, General-dijo Seraphimon un tanto más serio al tocar el tema-Nuestra alianza también incluye a los Dioses Olímpicos y a la Orden de los Caballeros de la Realeza.

-Respecto de ese tema, Lord Seraphimon-dijo bajando la mirada-Mi rey no desea ningún tipo de relación con los susodichos Caballeros.

Un sorpresivo e impactante silencio se hizo de pronto. Los tres ángeles quedaron muy sorprendidos al escuchar eso, y Ophanimon fue la primera en hablar de ellos.

-¿Cómo que no…?

-Mi rey piensa que los Caballeros tienen un tipo de justicia y forma de imponer la paz de un modo muy cruel y frío. No separan lo bueno de lo malo y tampoco pueden traer igualdad a aquellos a quienes dicen proteger. Piensa que tienen intereses más personales que para el resto de los digimons. Y temo que en parte estoy bastante de acuerdo con mi Señor.

Los tres líderes se miraron con bastante confusión. Aquello era completamente imprevisto y era desacorde a los planes establecidos. Ophanimon estuvo por protestar ante aquello, pero Seraphimon se le adelantó con delicadeza para no agravar las cosas.

-Está bien General. Si sus tropas no lucharán al lado de las de los Royal Knights, lucharán junto a las nuestras.

-Es lo más conveniente para evitar problemas y ayudar en esta guerra-dijo el insectoide asintiendo con la cabeza.

-Pero Seraphimon-dijo la mujer- ellos tienen que...

-Tranquila Ophanimon-le habló Kerpymon de ese modo suave que tenía- Estamos todos luchando por la misma causa y del mismo lado. No afectará si las tropas de ellos y del General se juntan para entablar una lucha.

-Pues no puede llamársele a esto una alianza si están dejando de lado a aquellos que han sabido manejar mejor que nadie esta terrible guerra-protestó ella un poco irritada y cerrando los puños.

-No se preocupe Alteza-habló MetalLifeKuwagamon con mucha parsimonia-Verá como todo resultará bien al final.

El digimon sonrió a la mujer para transmitirle su confianza, pero Ophanimon renegó de ello y apretó los labios, molesta. En cuanto se dispusieron a iniciar la junta, Antylamon irrumpió para informarles que uno de los Royal Knights se había presentado en el castillo para hacer entrega de algo a Seraphimon. El ángel dio orden de que pasara, y al poco Ulforce Vdramon estuvo pisando el interior del lugar.

Usualmente el caballero era muy afable y agradable para los tres ángeles, pero en esta ocasión su reacción fue de total extrañeza y desagrado al notar quién estaba junto a los tres líderes. Ni si esforzó por disimular la apatía y desagrado que le produjo ver a MetalLifeKuwagamon con ellos. Había tenido sus peores encuentros con digimons insectos como él, y ya todas sus fuentes apuntaban a que Nocturna se hacía con el control de todos los digimons bajo este tipo, por lo que se mantuvo muy severo y frío en cuanto a su actitud con el General. Hizo entrega de un mensaje que el General Justimon había enviado por medio de él a Lord Seraphimon, y con el ceño fruncido, se marchó del lugar sin mostrar muchos respetos al General presente. Este simplemente se limitó a sonreír y restarle importancia.

-Jóvenes-comentó sin más-hoy todos estamos a la misma altura para ellos.

En cuanto el caballero se hubo marchado dio inicio a la junta, en la que las tropas del General MetalLifeKuwagamon se aliarían y estarían bajo las órdenes suyas y de Lady Ophanimon. Algo que por cierto a la mujer no agradó del todo.


La noche llegó por fin al digimundo. Ese día se vio afectado por el ataque de un gigantesco Orochimon que estuvo causando estragos en la región del bosque, por lo que RhodoKnightmon y Ulforce Vdramon, que estaba en la región anexa, se hicieron cargo de la situación sin grandes contratiempos. El cielo oscuro ocultaba la presencia de las cinco figuras que a esa precisa hora, volaban a gran velocidad en dirección del Castillo de los Caballeros de la Realeza. Se habían tomado todas las medidas de seguridad para que la ausencia de los Generales en sus puestos fuera completamente discreta y no se corriera ningún riesgo, asunto del que se encargaron sus respectivos tenientes. Uno de ellos faltaba esa noche lamentablemente.

Las cinco sombras se encontraron en el lugar, volando todas ellas desde diferentes puntos del digimundo, en donde estaban sus áreas designadas y resguardadas. Los dos Caballeros que estaban suspendidos sobre la más alta torre del gigantesco castillo les recibieron en silencio y con una leve reverencia. Los cinco digimons se presentaron con una mano en el pecho, como hicieran la primera vez cuando fueron elegidos. El primero fue el poderoso General OuRyuumon.

-General OuRyuumon-se presentó como el protocolo lo indicaba-líder de las tropas dracónicas al servicio directo de la Orden y del Caballero Primero, Alphamon.

-General TigerVespamon; líder de las tropas de los Insectos del Oeste, al servicio directo de la Orden y del Caballero del Final, Omegamon-le siguió Tiger con solemnidad.

-General Rosemon; líder de las tropas de la Jungla y las Bestias del Este. Dispuesta al servicio de la Orden y del Tercer Caballero Rojo, Dukemon-dijo ella con una leve sonrisa en sus labios.

-General Justimon; líder de las tropas de los Cyborg y las Máquinas del Suroeste, al servicio directo de la Orden y del Caballero Estratega, Duftmon-dijo el digimon con mesura.

-General Imperialdramon; líder de las tropas guerreras del digimundo, dispuesto al servicio directo de la Orden y del Caballero del Final, Omegamon-cerró el grupo el más joven de ellos y con gran respeto.

Omegamon los contempló un momento en silencio. En parte era grato tenerlos reunidos, pero también significaba que las cosas se dificultaban cada vez más y necesitaban más seguido reunirse para ajustar los planes. Esto no era del todo satisfactorio.

-Me gustaría poder decir que es un gran momento el tenerlos a todos aquí-dijo él-pero nuestra reunión no es para celebrar nada. La seguridad del digimundo nos ha reunido; la situación se vuelve cada vez más crítica y hemos de conseguir mejorar esto cuanto antes. Sé que todos reunidos y proyectando nuestras ideas y estrategias juntos, podremos revertir nuestra situación y podremos traer la calma y la paz a nuestro digimundo.

-No será nada fácil ni rápido-le siguió Gallantmon con los brazos sobre el pecho- pero cuanto antes trabajemos, antes podremos retener a nuestros enemigos y reducirlos. No podemos seguir perdiendo más tiempo, más hombres, ni más vidas inocentes. Ya ha sido mucho el pago que han hecho los digimons sin tener ninguna culpa ni partido en este desastre-dijo, haciendo alusión a las cifras de digimons inocentes que caían víctimas de ataques sorpresivos por parte de sus enemigos.

-Llevaremos nuestra reunión acabo en la cámara de guerra-sentenció el caballero blanco, y al instante, todos se habían transportado al interior del castillo.

La cámara de guerra era un lugar completamente cerrado y resguardado, secretamente ubicado al interior del castillo de la Orden. Solo era conocida por los miembros y los Generales, y pocos habían sido los que habían tenido acceso a ella. Era una gran sala que siempre permanecía a oscuras, iluminada únicamente por las brillantes pantallas que estaban a cada lado en las paredes, una brillante lámpara cuadrada incandescente adherida al techo y el alargado mesón, que era a la vez un tablero táctil y de proyección holográfica con el mismo sistema; uno de los más avanzados y complicados sistemas de lectura de información y procesamiento de órdenes vocales inmediatas que era constantemente actualizado y alimentado por las demás computadoras de la sala de comunicaciones. Por supuesto, antes de que cualquier tipo de dato entrase a esta gran máquina, era cuidadosamente filtrada por todos los programas de seguridad que poseían los Royal Knights, considerándosele a esta sala el cerebro y base central de todos los datos verídicos del digimundo. Ninguna información podía salir de aquel lugar sin autorización de Omegamon o Alphamon.

Al interior del lugar les esperaba el táctico de la orden y jefe de inteligencia; Duftmon. Saludó a cada General estrechándoles la mano, y los ocho se reunieron alrededor del mesón. El felino inició los programas holográficos, y muchos mapas, ubicaciones y todo tipo de datos se desplegaron frente a los digimons presentes. Omegamon comenzó a hablar.

-Desde que esta guerra se iniciase hace poco más de un mes, nuestra armada contaba con un número de doscientos cincuenta y seis batallones desplegados por las regiones que participan del hecho. Al principio contuvimos muy bien a nuestros enemigos, pero últimamente nuestras cifras han bajado considerablemente. Algunos de nuestros batallones han desaparecido completamente y el enemigo se ha establecido en nuestras 'otrora' bases de inteligencia. Han interrumpido nuestras redes e infiltrado en nuestros bancos de datos, obteniendo parte de nuestros movimientos y planes de guerra. Necesitamos revertir esta situación cuanto antes y recuperar el control de lo que perdimos. Sin contar que debemos hacer retroceder a los demonios del mar oscuro de vuelta a su lugar de origen.

Los Generales guardaron silencio mientras analizaban las palabras de Omegamon e iban creando sus propias ideas y planes. Gallantmon desplegó un mapa de la región de la Tierra, del Aire y del Bosque, las que se encontraban en esos momentos amenazadas de dominio por el enemigo.

-El cuarenta por ciento de estas áreas han sido sometidas bajo el poder del enemigo-habló el caballero rojo-Las armadas puestas por los Dioses Olímpicos no pudieron contenerles, y ahora es imposible moverlos de su ubicación. Se trata de un lugar estratégico, dado su geografía compleja y sus habitantes…

-Perdone que le interrumpa señor-habló Rosemon irguiéndose y disimulando su sonrisa ante el gesto molesto de Gallantmon-La alianza establecida entre los Dioses Olímpicos y la armada de los Royal Knights no ha sido tan fructífera como se suponía que fuese-habló ella seriamente-Los terrenos que aún no han sido conquistados están bajo la protección de mis hombres. Conservo un porcentaje elevado de soldados allí, pero los que los Dioses nos prometieron no cooperaron según mis órdenes y acabaron muertos y nuestras tierras, las tierras de mi gente, fueron perdidas.

-Puede que no haya sabido manejarles, General-respondió él seriamente y mirándole que la aplastaba con su mirada-Otras tropas enviadas por los Dioses Olímpicos quedaron a cargo del General Tiger y el General Justimon, y no tuvieron ningún problema...

-Puede que no me hayan enviado a los hombres adecuados señor-siguió ella al instante-No quiero ser despectiva, pero eran unos principiantes.

-Puede que su calidad como General no sea la apropiada para manejar ese tipo de soldados-dijo Gallantmon poniendo ambas manos sobre la mesa e irritándose lentamente.

-Y puede que usted no quiera admitir que tengo razón y me enviaron una cuadrilla de soldados aprendices que temblaban de miedo al solo mencionarles la idea de una batalla seria-refutó ella poniendo sus manos sobre la mesa también.

-Disculpen que los interrumpa-cortó Omegamon muy serio.

Los dos digimons rojos se quedaron viendo un último segundo, echando chispas por los ojos, y luego se separaron de golpe para volverse a ver a Omegamon. Los demás Generales se miraron divertidos ante la escena, pero no dijeron nada.

-Hemos de tomar acciones inmediatas para refrenar a los demonios del mar oscuro y retomar el control. Señores; necesito de ustedes y sus armadas para ir y tomar el lado oeste de la región del viento y de la tierra.

-Señor-habló OuRyuumon- mi ejército posee muchos y fuertes digimons voladores para entrar de una vez y bajar sus defensas. Recuperaremos las bases antes de que se den cuenta.

-Me parece bien.

-¿Qué tan lejos está su grupo de la ubicación?-preguntó Duftmon.

-A dos días de llegar.

-Es necesario que apueste a sus hombres, aquí y aquí-indicó el felino apuntando a la pantalla-Es por donde invadieron la última vez. Es un sector rocoso y elevado, por lo que deberá tener a todo su arsenal volador allí.

-Lo tendremos cubierto-sonrió el General con malicia.

-¿Qué hay del sector de la tierra?-preguntó Omegamon apuntando al mapa.

-Tengo un equipo bien armado y listo cerca de esa área-habló el joven Imperialdramon-Podemos partir en cuanto de la orden.

-¿Cuál es su número?

-Mil quinientos dragones y setecientos caballeros-respondió él.

-Sería ideal que cubriese todo el perímetro de la región. En la región siguiente está todo invadido... ¿Qué haremos respecto a eso?-preguntó el digimon blanco mirando a los demás.

-Yo puedo encargarme de eso-respondió Rosemon enérgica-El área de la tierra y el bosque son la especialidad de mi armada. No tienen ningún problema desenvolviéndose allí, y podemos unirnos al General Imperialdramon para sacar a esos indeseables de ambas regiones.

-No es tan fácil-le cortó Gallantmon levantándose.

La mujer dejó salir un leve suspiro de fastidio y se cruzó de brazos. Los demás guardaron silencio esperando lo que se venía…

-¿Por qué no, señor?-preguntó ella.

-¿Sabe usted con qué elemento se adueñaron de esas tierras?-preguntó él muy serio-Con el fuego. Harán pedazos a sus hombres como se quema una hoja con un fósforo.

-No subestime el poder de la naturaleza.

-No sea ilógica, es una cuestión de química...

Apenas dijo esto, todos se volvieron a verle con cierto grado de sorpresa. Gallantmon se dio cuenta entonces del porqué de su expresión y se arrepintió enormemente de ello. Rosemon sonrió e hizo un gesto con la cabeza.

-Ya lo creo que sí.

-No nos salgamos del tema ¿quiere?-dijo molesto.

-Por supuesto-respondió ella con su tono divertido.

-General Rosemon-habló Omegamon-se quedará en su posición para resguardar su sector. Tiger; tendrás la orden del General Imperialdramon.

-Sí señor-afirmó el insecto.

-Imperialdramon; se dirigirá al área del bosque para recuperar las tierras perdidas. Proceda con cuidado.

-Como ordene señor-respondió el joven afirmando con la cabeza.

-General Justimon.

-Señor-atendió el cyborg.

-Necesito un despliegue de sus hombres en esta zona-dijo apuntando en el mapa holográfico-Sus Cyborgs podrán contener a los demonios bestia que afectan el área de Trueno. Si bien no se ha visto del todo afectada, no quiero el menor riesgo de perder nuestras bases allí.

-Como ordene. Nos desplazaremos mañana mismo al amanecer.

-Una vez nos hayamos encargado de esto, podremos proceder con el avance de nuestras armadas hacia el sector oscuro-declaró el segundo al mando mientras movía unos archivos en el panel.

-¿Tiene pensado invadirlos?-preguntó OuRyuumon con cierto interés.

-No todavía-añadió-Necesito más información sobre ello. Con los datos que me dio y los de Dynasmon tengo una idea general. Además, hemos de ser muy cautelosos cuando queramos entrar allí. Algo sumamente peligroso nos espera.

-¿Qué cree que sea?-preguntó el dragón.

-No puedo decirlo con seguridad. Pero estoy trabajando para averiguarlo.

-¿Qué hay de su plan con los jóvenes humanos, señor?-preguntó Justimon-¿Funciona?

-En parte. Varios de nuestros jóvenes nos han dado información de utilidad, y tengo algunos de ellos trabajando en investigaciones.

-Vaya. Deben estar progresando rápido-comentó en parte impresionado. Aún no conseguía fiarse completamente de la ayuda de los humanos.

-Algo así. Solo espero que no surjan problemas con ellos-dijo Omegamon moviendo un poco la cabeza.

-¿Qué hay de Nocturna?-preguntó Tiger-¿Hay algo nuevo con ella?

Al General insecto le molestaba mucho el tema sobre Nocturna, porque estaba dejando ante el mundo una muy mala imagen del reinado de los insectos, y se había mostrado más interesado que los demás por descubrir cuanto antes quién era la criatura y qué era lo que planeaba.

-Pues... tenemos claro que se trata de un digimon que trabaja con digimons del tipo insecto-explicó el caballero blanco-Todos los ataques peligrosos han sido por parte de ellos, y Nocturna siempre se menciona en tales casos. Sospechamos que fue ella la involucrada en el ataque de HerculesKabuterimon dado el gran poder de éste. Sabemos también que busca las gemas de los templos de los Digi Eggs, pero aún no tenemos definido para qué.

-Demonios...-exclamó TigerVespamon con el puño cerrado en la mesa-Esa abominación está ensuciando el nombre de los digimons tipo insecto. Si llego a tenerla a mi alcance, no le daré oportunidad de escapar...

-No se ofusque General-le habló Duftmon con su tono desinteresado-Trabajamos para seguirla prontamente. Ya hemos desplazado a nuestros espías para que la sigan.

-Cuando podamos dar con su paradero, tendrá mucho que hablar y perder-dijo Omegamon seriamente, pensando en todas las respuestas que tendrían cuando lograsen dar con la ubicación de aquella misteriosa entidad que les dificultaba tanto la guerra.

Los demás Generales intercambiaron comentarios y observaciones respecto a Nocturna. La siguiente hora y media se desarrolló en torno al desplazamiento de las armadas desde distintos sectores, los números que cada quien tenía a cargo y el aprovisionamiento. Aún quedaban sectores en los que las armadas no habían entrado, pero eran los lugares hacia el norte, los más alejados del sector oscuro que se ubicaba al sur, y desde donde Lucemon tenía planeado expandirse. Si todo marchaba bien, Omegamon tenía esperado que las áreas al norte nunca necesitasen ser protegidas por las armadas y permaneciesen intactas. Largo rato después, y cuando todos tuvieron sus instrucciones para los días venideros, la junta se dio por finalizada.

-Con lo que preparamos para estos días, deberíamos quedar aventajados, al menos en parte-dijo Omegamon con un leve suspiro- Recuperar lo perdido es primordial ahora, junto con quitar a los enemigos de nuestros espacios y restablecer el orden en las regiones afectadas. Recuerden que los digimons insecto están ahora dentro de nuestros objetivos, así que cualquier actividad sospechosa que se presente, deben notificarla.

-Sir Omegamon-preguntó OuRyuumon sonriendo maliciosamente-¿Qué hay si atrapamos a los cabecillas de los grupos? ¿Debemos "obtener información"?

-Toda la que puedan-sentenció el caballero blanco.

Los Generales se despidieron respetuosamente; dirigieron unas palabras a Rosemon por la pérdida de su teniente y comenzaron a abandonar la sala. Omegamon, Tiger y Justimon se quedaron tratando algunos temas, mientras que Duftmon comenzó a trazar planos, mapas, sacar cálculos y aproximaciones según los movimientos que se llevarían a cabo. OuRyuumon e Imperialdramon caminaron hacia el exterior comentando sobre la misión que se les había encomendado, mientras que la General Rosemon salió siguiendo a Gallantmon por el pasillo, hasta llegar a la escalera que daba al primer piso.

-Señor-le llamó ella sin levantar la voz.

Taimado, el caballero rojo se detuvo; maldijo al cielo y al infierno y a todo lo habido y por haber de que situaciones como la anterior le ocurrieran, y volteándose a verla, se cruzó de brazos y esperó.

-¿Qué?-preguntó cortante.

-¿Puedo hablar con usted un momento?-preguntó ella sonriendo.

-Lo está haciendo.

-En privado, señor.

El digimon se agarró la cabeza con una mano, negando. ¿Por qué le pasarían esas cosas a él? Minutos luego, ambos estaban en la puerta del castillo y él sin muchas ganas de escuchar lo que la digimon tenía que decirle. La noche era clara y los terrenos del castillo desprendían ese olor característico del pasto húmedo. El silencio era absoluto.

-No quiero ser descortés, pero hazlo rápido-apuró él con los brazos sobre el pecho.

Rosemon evitó sonreír ante lo divertido y grato que le resultaba aquello. Ojalá él no fuese tan cortante y pesado, o aquello hubiese sido realmente romántico.

-¿Realmente cree que lo hago mal?-preguntó con cierta preocupación. Por mucho que lo escondiera, sí le afectaba en parte lo que él decía.

-¿Qué cosa?

-Tratar a mis hombres.

-No lo sé-respondió encogiéndose de hombros-no estoy allí metido para saber si sí o si no. Solo lo supuse.

-Ah. Me alegra saberlo-sonrió y le miró de frente-¿Supone usted de todo el mundo o solo de mí?

-De quien se me da la gana-dijo él evitándola.

-Vaya. Yo también supongo muchas cosas de usted-dijo con esa malicia característica en ella.

Gallantmon no dijo nada. Solo miró al cielo y tamborileó con sus dedos en su brazo, esperando a que acabara. A lo lejos, la presencia de Dianamon recorriendo el cielo estrellado en la lejanía era la única interrupción de ambos.

-¿No le interesa saber qué?-preguntó Rosemon a los pocos segundos del silencio de él.

-No en realidad. Pero sé que me lo dirás de todos modos.

-Cierto. Aún después de tanto tiempo sigo suponiendo que es usted un digimon muy sensible y amable en el fondo, pero tiene temor de que vayan a hacer algo con eso y le vaya a afectar de algún modo.

-Mala suposición-respondió el caballero sin más y sacudiendo levemente la cabeza.

-Como también supongo que siempre me contradice todo y me rebate todo solo por llevarme la contraria-dijo ella poniendo sus manos en sus caderas-A mí también me gusta tirar de la cuerda ¿Sabe?

-Otra suposición muy mala-respondió él mirando al cielo.

-Y supongo que algún día me invitará a cenar cuando la guerra se termine. Aunque eso no es tanto una suposición como una vaga esperanza.

Gallantmon se sorprendió un poco de escuchar esa directa. La miró extrañado, pero no supo qué responderle. Estaba seguro que de empezar a rebatirle iba a acabar perdiendo y avergonzándose. Con Rosemon siempre había sido igual; no podía con ella. Por eso mejor la evitaba. Miró en cualquier otra dirección y habló.

-Prefiero no "abrigar esperanzas" de ningún tipo y dejar que las cosas se den solas. Así no me deprimo cuando algo no resulta.

-Bien-suspiró ella un tanto entristecida-Tendré que dejar que lo nuestro se dé solo algún día, ¿No?

Le sonrió con dulzura y se despidió con una inclinación de cabeza. Volteó y caminó varios pasos antes de emprender el vuelo, dándole tiempo a Gallantmon para intentar llamarla y responderle algo. Tal vez algo estúpido, tal vez algo para rebatirla. Tal vez algo para afirmar lo que ella dice, solo algo.

Pero no dijo nada.

Solo se quedó con la mirada perdida y esperó hasta que ella se hubo marchado. Se quedó sumido en sus pensamientos largo rato, hasta que un soplo de viento le despertó y regresó a la realidad. Cerró los ojos y regresó al interior del castillo. Había mucho en lo que trabajar.

Mientras Gallantmon y los otros dos caballeros terminaban de ajustar lo planificado en la junta con los Generales, un digimon aguardaba pacientemente en la entrada de la biblioteca. Gallantmon le había dicho que esperase allí hasta que él estuviera libre; aunque bien podía ser que el digimon rojo otra vez estuviera gastando su tiempo y tratando hacerle enojar. ShineGreymon apuntaba mentalmente todas estas mañas por parte de su superior y buscaba la mejor forma de evitarlas. O superarlas.

No escuchó los livianos pasos del digimon azulado aproximándose por el pasillo, hasta que lo tuvo casi en frente. Se levantó de una vez y le saludó con la cabeza. Ulforce Vdramon lo quedó viendo con una tremenda cara de sorpresa.

-¿Y eso que ha sido?-preguntó el joven de azul sonriendo.

ShineGreymon se sintió repentinamente avergonzado. ¿Por qué le hacía semejante pregunta?

-Un saludo-respondió extrañado-es usted uno de los Caballero de la Realeza y he demostrar…

-¡Ah bah!-le interrumpió Ulforce Vdramon divertido y dándole unas palmaditas en el hombro-muéstrate así con los viejos, no conmigo-sonrió-¿Qué haces aquí parado a esta hora?

-El amo Dukemon me ordenó que lo esperara aquí.

-Ahh…-dijo haciendo un gran asentimiento de cabeza y sonriendo con malicia. Vaya, Gallantmon seguía siendo un desgraciado cuando se lo proponía-Mira; Gallantmon y los demás se quedarán trabajando en los movimientos hasta el amanecer, ¿me ayudas con una "pequeña investigación" que estoy haciendo?

ShineGreymon se extrañó de aquello. No era lo que esperaba de un Royal Knight, pero no podía negar que Ulforce Vdramon sabía causar curiosidad. Si lo que decía sobre la junta era cierto, no tendría nada de malo ayudar al joven caballero. Después de todo, estaría recibiendo una orden de un superior y su deber era ayudar en todo lo posible.

-De acuerdo.

-¡Sígueme!-exclamó el chico de azul tratando de no levantar la voz y abriendo la pesada puerta que cerraba la biblioteca. Miró a ambos lados antes de entrar, aunque ya sabía que no había nadie dentro.

Le hizo señas a su compañero de rojo y este le siguió dentro. El caballero se movió veloz y silencioso hasta una estantería y comenzó a buscar con la mirada, moviendo de vez en cuando los libros para leer la tapa cuando no estaban los nombres en el lomo.

-¿Qué busca?-preguntó ShineGreymon.

-Un libro que hable de las gemas de los templos de los Digi Eggs-respondió el joven metiendo y sacando libros del gigantesco mueble-ayúdame a buscar alguno que mencione esas cosas raras y antiguas.

-¿Para qué los necesita?-preguntó mientras comenzaba a revisar libros también.

-Para acercarme a Nocturna.

La respuesta de Ulforce Vdramon detuvo en seco la realidad de ShineGreymon. Se volvió a verlo, y el digimon azul se sintió acusado de pronto.

-¿Nocturna?

-Sí…una…bruja o cosa, no sé aún qué sea.

-Dicen que ese demonio estuvo detrás del ataque de HerculesKabuterimon-resolló el joven, siempre molesto al tocar ese tema.

-Es más-dijo Ulforce Vdramon sonriendo e investigando el libro que tenía en la mano-no solo es lo más probable que ella fuese la culpable de ese ataque; está detrás de todos los ataques por parte de digimons insectos. De lo que he conseguido averiguar, también busca alimentarse de los digi-core de digimons jóvenes y hermosas. Por eso estaba detrás de la princesa Bastemon y mató a la teniente de la General Rosemon.

ShineGreymon se acalló lo que iba a decir, sorprendido de escuchar aquello.

-¿Cómo sabe…?

-Ya sabes-se encogió de hombros-hago todo muy rápido y tengo mucho tiempo para hacer mis propias averiguaciones. Claro, se lo he comentado todo a Omegamon, pero aún no ha llegado a un "veredicto"…-dejó pasar unos misteriosos segundos antes de concluir-o no nos lo quiere decir.

El digimon de fuego dejó lo que estaba haciendo y se quedó mirando casi atónito a su compañero.

-¿Sospecha de Omegamon?-dijo casi levantando la voz ante la sorpresa.

-¡Más despacio!-exigió el otro bajando la voz-Y no soy el único. Está claro que Omegamon no nos ha dicho todo y yo voy a averiguar qué es lo que nos falta saber.

-¡No debería! ¡Es su superior!

-¿Y?-preguntó el otro con cara seria.

-¡Él sabe lo que hace! Si les guarda información es por una buena razón-objetó el joven.

-¡Si nos guarda información es porque algo malo pasa aquí y averiguándolo podríamos evitarlo!

-¡Podría ser peligroso!

-¡Somos los Royal Knights!-se quedó viéndolo directamente-¡Enfrentamos al peligro todos los días! Qué más da.

Y con esto se acabó la discusión entre ambos. Ulforce Vdramon siguió investigando entre los libros, revisando muchos de ellos sin encontrar lo que necesitaba. ShineGreymon no estaba en nada de acuerdo con lo que hacían a espaldas de su segundo líder, pero su deseo por detener a Nocturna y vengar a Mercurimon le movió a ayudar al chico con lo que estuviese investigando. Entre más rápido pudiesen acercarse a Nocturna, mejor, y él ya estaba cansado de no hacer nada por intentar encontrar a la bruja.

-¿Qué ha averiguado?-preguntó.

Ulforce Vdramon se volvió a verlo, y al notar que ahora lo tenía de su parte, sacó de su cinturón una hoja de papel que había conseguido hacía poco y se la enseñó.

-Todos sabemos que son doce Digi eggs; cada uno está guardado en un templo y cada templo lo guarda un Deva.

ShineGreymon asintió con la cabeza. Esto lo sabían todos.

-Bien; el Digi Egg de la Oscuridad fue destruido hace miles de años, pero en su templo quedó la gema que resguardaba el lugar. Hace años la gema fue sustraída del lugar por una…-comenzó a leer la página que tenía en las manos- una entidad guardiana del digimundo, 'aquel que posee las almas de la justicia y el valor'.

-¿Quién es esa entidad?-preguntó ShineGreymon.

Ambos digimons se miraron desconociendo la respuesta. Ulforce Vdramon siguió explicando.

-En mis investigaciones descubrí que en los "monolitos de tres" se pueden ubicar las doce gemas de los templos y abrir cuatro entradas secretas-le brillaron los ojos.

-¿Entradas secretas?-repitió extrañado.

-¡Sí! Se hace una combinación precisa ubicando las tres gemas en cada monolito y se abre una cámara debajo de éste. Abajo hay lo que parecen ser llaves…-se quedó pensando mientras recordaba todos los datos que había obtenido del FlaWizardmon al que le había comprado la información-con las cuatro llaves en tu poder puedes hacer cosas inimaginables.

-¡Cielos!-exclamó el digimon de fuego sorprendido por todo aquello; no conocía nada de esa información-¿Nocturna busca las llaves?

-Supongo que sí. Las gemas de por sí solas no sirven para nada. Solo que tiene un gran problema.

-¿Que no tiene la gema del Digi Egg de la oscuridad?-dijo el joven.

-Precisamente-se quedó pensando un segundo-Solo por eso tenemos suerte de que los planes de Nocturna no se lleven a cabo.

-¿Qué hay si encuentra a esa entidad y le quita la gema?

-¿Bromeas?-preguntó irónicamente Ulforce Vdramon-Si esa entidad resguarda una cosa tan peligrosa, tiene que ser poderosísima. Nocturna jamás podría quitársela.

-Espero que tenga razón…-suspiró ShineGreymon preocupado.

No sabían ambos digimons de lo que Nocturna sería capaz por conseguir sus propósitos, y que con La Bestia sirviéndole, nada le resultaba imposible.


En el Mar de la Oscuridad, Phelesmon miraba satisfecho a su batallón preparado para ser transportado al mundo de arriba por medio de un gigantesco portal negro. Tenía todo planeado, y sacarían provecho junto con saldar de paso la deuda de Lucemon con la bruja. Recordó como ésta casi le había convertido en un insecto y lo horrible que se sentía tenerla cerca, y le recorrió un desagradable escalofrío. Matadormon se reunió con él en las afueras, mientras el portal arriba de sus cabezas terminaba de abrirse por completo.

-¿Todo listo chico?-preguntó al digimon de las cuchillas.

-Sí mi General; las tropas están preparadas, armadas y listas. El plan de ataque es sencillo y llegarán al lugar dentro de poco. El túnel oscuro ya está casi listo.

-Perfecto. Vamos a meterles un susto a esas basuras de arriba-hizo un giro con su tridente en la mano y se despidió-¡Hasta más tarde!

-General-le llamó Matadormon antes de que diera dos pasos.

El demonio rojo lo vio por sobre el hombro. Matadormon levantó en sus manos afiladas una copa y una botella de oscuro contenido. Vertió un poco en la copa y se la ofreció.

-¿Un brindis por su victoria?-preguntó sonriendo.

Preguntarle eso a Phelesmon era como preguntarle a un niño si quería un caramelo.

-¡Por supuesto!-exclamó el General, cogiendo la copa de un movimiento y tomándose todo el contenido de un trago.

Arrojó la copa al suelo y esta estalló en pedazos. Se volvió y despidió con un gesto de la mano, mientras avanzaba hacia el portal oscuro que transportaría a sus hombres a la superficie. Atrás Matadormon se quedó con la botella en la mano, esperando hasta que el demonio estuvo lo suficientemente lejos para largarse a reír.

-Idiota-terminó dándose la vuelta y regresando al interior del Castillo Berúng.

Debía notificar a Lucemon que el General había bebido satisfactoriamente la fórmula del silencio que Nocturna le había dado, en caso de que cayera en manos de los enemigos. Una fórmula deliciosa y mortal, por cierto.

Continuará...


Lady Beelze: Importante; actualizé por fin el blog ^^ ya están los detalles de los tres últimos capitulos, con spoilers y secretos que les pueden interesar :O También, algunos lectores me dejaron sus dudas y las respondí allí n_n gracias por la atención y el tiempo dado a este fanfic :D Un saludo a los nuevos lectores que se han unido ahora último, muchas gracias por los reviews que me han dejado!
Iré dejando comentarios de mis capítulos en mi blog (atrasado xD) por si a alguien le quedó alguna duda o no entendió bien qué paso. Los capítulos no son 100% apegados al rol. Agradeceré muchísimo los comentarios a mi trabajo. Me dejé la piel (sin exagerar) escribiendo cada capítulo. Lector: si no tienes cuenta en esta Web, ¡No importa! Dale al botón de "Review" de todas maneras, y podrás dejarme tu comentario, el que apreciaré y aún más si es una crítica constructiva que me ayude a mejorar mi trabajo