Disclaimer:
Los personajes pertenecen a S. Meyer, pero si me regala a Emmet no me quejo, y la historia tampoco es mía solo la adapto por diversión. No se olviden comentar.
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Capítulo 14
—Sabía que esto iba a ocurrir —le dijo Bella a Edward.
Sus hijos fueron tras su amigo, que salió corriendo hacia la entrada del hipermercado.
— ¿Qué vamos a hacer ahora?
Dos ancianas de pelo blanco se quedaron mirando a los niños, que corrían, y sacudieron la cabeza en señal de desaprobación.
—No vamos a hacer nada —aseguró Edward yendo tras su hijo.
—Pero Edward —Bella trató de razonar con él y le agarró el brazo—, esto nos concierne a los dos.
—En realidad no —afirmó él—. Yo soy el que no le conté a Kate el cambio de planes. Tengo que arreglar esto.
—Pero…
Edward le puso los dedos en los labios y dijo:
—Sigue adelante con tu día como si nada hubiera pasado. Te llamaré cuando todo esté aclarado.
Entre los planes de Bella no estaba contener la respiración.
Edward encontró a su hijo escondido en un carro de la compra abandonado en la sección de floristería. Estaba sentado de cuclillas abrazándose las rodillas.
Seth y Jacob estaban cerca y parecía que no supieran muy bien qué hacer.
— ¿Por qué no van a buscar a su madre? —sugirió Edward.
—Tú no eres nuestro padre —dijo Jacob torciendo el gesto.
—Tienes razón —reconoció Edward—. Pero teniendo en cuenta el tiempo que hace que te conozco, Jacob Swan, estoy muy cerca de serlo, así que ¿por qué no bajas el tono?
— ¿Por qué estabas besando a mi madre?
—Eso —intervino Seth—. También es mi madre.
Edward se rascó la mandíbula y suspiró.
—Su madre es una mujer maravillosa. Me gusta mucho.
—A nosotros nos gusta todavía más —aseguró Seth—. Y creía que tú ibas a casarte con la madre de Anthony. Hasta yo sé que eso significa que si besas a mi madre estás poniendo los cuernos.
Edward contó en silencio hasta diez y se dio cuenta de que había llegado el momento de que Bella y él se sentaran con sus hijos y les contaran cómo estaba la situación. En algún momento del camino a los niños se les había metido en sus duras cabecitas que podían tomar decisiones en lo que se refería a sus padres.
—Seth, Jacob —dijo Edward con su tono más grave—, hablaremos de esto con calma más tarde. Ahora vayan a buscar a su madre.
Los niños se le quedaron mirando, y Edward añadió:
—Márchense.
Los gemelos le miraron una última vez de soslayo y se fueron.
—Y ahora te toca a ti —dijo Edward en voz baja.
—Vete —contestó su hijo con vehemencia—. Te odio.
—Ya está bien con el odio —Edward sacó a su hijo del carro.
—Aquí estan —dijo Kate doblando la esquina con el carro lleno de provisiones para un mes—. ¿Qué les pasa a los gemelos Swan? Parecían muy disgustados. Y ahora que lo pienso, también Bella.
—Seguro que están bien —dijo Edward apretando los dientes—. Paguemos todo esto y salgamos de aquí.
—Papá está mintiendo —aseguró Anthony dirigiéndole una mirada desafiante—. Seth y Jacob están enfadados porque han pillado a su madre besando a papá.
Una miríada de emociones cruzó el rostro de Kate. Traición. Dolor. Ira.
—Edward, ¿es eso cierto?
Él asintió.
— ¿Podemos salir de aquí, por favor? Me gustaría hablar de esto en privado.
—Por supuesto —respondió Kate recuperando al instante su fría actitud.
Una vez en la cocina, con las provisiones guardadas y su hijo en su habitación, donde no podría oírlos, Edward se apoyó en uno de los taburetes.
—No he sido completamente sincero contigo, y lo lamento.
—No pasa nada —aseguró Kate con una débil sonrisa—. Supongo que después de lo que les hice a Anthony y a ti me lo merezco.
—Esto no es una venganza. Kate. Sabes que ése no es mi estilo.
Su exmujer asintió.
—Estoy enamorado de Bella.
— ¿La quieres? —Kate sufrió un repentino ataque de tos—. Pero Edward, apenas conoces a esa mujer.
—Eso no es verdad —respondió Edward mirando hacia el patio—. Ha sido una segunda madre para Anthony durante años.
—Eso está relacionado con nuestro hijo, no contigo —Kate se acercó a él y le rodeó el cuello con los brazos—. Mira, entiendo que han pasado dos largos años desde que estuviste con una mujer, eres un hombre y los hombres tienen… necesidades —se sonrojó—. Cariño, piensa en ello. ¿No estarás confundiendo el deseo físico con un sentimiento profundo y real, de esos que necesitan años para forjarse?
Kate le acarició la mejilla y admitió:
—Me cae bien Bella. Siempre se ha portado de maravilla con nuestro hijo. Soy la primera en admitir que seguramente ustedes dos harian buena pareja, pero eso no significa que debas huir y casarte en secreto con ella. Mira lo que le ha provocado a nuestro hijo ver sólo un beso. Te quiere más que a nadie en el mundo, Edward, y sin embargo ahora no te mira, ni mucho menos te habla. ¿De verdad estás dispuesto a renunciar a tu propio hijo por un impulso?
Poniéndose tenso bajo su contacto, Edward respondió:
—Lo que siento por Bella es algo más que un impulso.
—Por supuesto. No estoy intentando minusvalorar tus emociones. Lo único que digo es que no te lances a algo cuando hay tantas cosas en juego. Soy la primera en reconocer que no te merezco, después de lo que hice, pero eso no significa que no te siga queriendo o que no tenga un papel importante en la vida de nuestro hijo. Por encima de todo, lo que deseo es que Anthony sea feliz, y si eso significa que tú y yo volvamos juntos, Edward, tienes que reconocer que le debemos intentarlo al menos.
—Claro —dijo él frotándose los ojos con la palma de las manos.
¿Qué le había llevado hasta allí? ¿Cómo podía saber si de verdad amaba a Bella con el corazón y el alma o sólo se trataba de una atracción puramente física, como había sugerido Kate?
—Si quieres puedes invitar a Bella, a Rose y a los gemelos a la fiesta de tu padre esta noche y ver cómo encaja ella en tu familia.
—Eso no es una buena idea —aseguró Edward—. A Anthony no le hará ninguna gracia.
—Deja que yo me encargue de Anthony —le pidió ella dándole una palmadita en la rodilla—. Puedes llamar a Bella y decirle que no tengo nada en su contra y que es bienvenida en nuestra casa.
—Kate —Edward se rascó la barbilla, miró hacia el techo y suspiró—. Amo a Bella. La idea que tienes de que tú y yo volvamos juntos no es más que una fantasía. Lo siento, pero…
—Shh —Kate sonrió con una alegría que a Edward le pareció excesiva—. Tú llama a Bella. Yo me ocuparé de lo demás.
— ¿Has perdido la cabeza? —le preguntó Bella a Edward con los brazos en jarras.
Hacía un día precioso, soleado y alegre, y ella estaba de rodillas en el patio delantero arrancando malas hierbas del parterre que rodeaba el porche. El suave zumbido de los insectos y el aspersor giratorio del vecino hacían que pareciera más una tarde de verano que de primavera. El patio tenía un aspecto idílico, pero ella no podía estar peor. Llevaba puesta una bata y una camiseta blanca manchada de pintura.
— ¿Por qué diablos iba a querer ir a una cena familiar organizada por tu exmujer?
—Porque yo te lo pido —respondió Edward dirigiéndole una sonrisa dulce.
—Buen intento, Romeo, pero creo que voy a pasar.
—Vamos —le pasó la mano por la cintura—. Te prometo que Kate está completamente de acuerdo con esto. De hecho fue idea suya invitarte. Le dije directamente que te amaba y me contestó que no me culpaba por haberme enamorado de ti, incluso me dijo que hablaría con Anthony respecto a ti.
—Corrígeme si me equivoco —dijo Bella quitándose los guantes de jardinería—, pero ¿tú no ves nada extraño en todo esto?
— ¿A qué te refieres?
—Según ella misma ha dicho, Kate quiere volver contigo, ¿verdad?
—Sí —Edward cambió el peso de un pie a otro—. Pero, ¿qué tiene que ver eso con nosotros?
—Está jugando contigo, Edward. Es una de las mejores abogadas criminalistas del estado, tal vez incluso del país. Sus clientes le pagan una millonada para que los saque de cualquier lío. Dicho esto, ¿de verdad crees que tienes alguna posibilidad de salirte con la tuya con una arpía como ella?
— ¿Estás llamando arpía a la madre de mi hijo? —Edward apretó las mandíbulas—. Eso es muy ruin, Bella, teniendo en cuenta que hasta hace poco querías que al menos intentara volver con ella. ¿Y ahora la acusas de tratar de manipularme? Y no sólo eso, sino que al parecer también me consideras lo bastante estúpido como para caer en los trampas que pueda tenderme.
—No he dicho eso. Yo sólo…
Edward dio una patada a un montículo de tierra.
—Ya has dicho suficiente. Ven esta noche o no vengas. En este momento la verdad es que me da igual.
—Edward, no te marches enfadado —dijo Bella alcanzándole al final de la entrada—. Siento haber hablado así de los motivos de Kate, pero te mentiría si no te dijera que aquí huele a gato encerrado. Las mujeres no entregan tranquilamente a otra mujer al hombre que se supone que aman.
—Tú lo hiciste —Edward se negó a mirarla a los ojos.
— ¿Cómo?
—Antes de acceder a tener una relación conmigo estabas dispuesta a dejarme volver con Kate.
Bella soltó una carcajada agria.
— ¿Dejarte volver? No eres mío. No me perteneces. No espero de ti nada más que respeto mutuo y sinceridad. Si crees que estar con Kate es lo mejor para Anthony y para ti, entonces, es lo que debes hacer. Sí, te quiero, pero no lo suficiente como para que me odies el resto de tu vida por haberte apartado de tu primer amor.
—Lo siento —Edward la abrazó con fuerza—. Han sido unos días de muchas emociones.
—Lo comprendo —abrazándole igual de fuerte, deseando no soltarle nunca, Bella le dijo—, lidiar con Anthony no debe ser fácil. Yo, personalmente, me alegré de que los míos se fueran a jugar a casa de un vecino un rato.
Edward sacudió la cabeza y admitió:
—Me siento fuera de mi elemento. Es como si estuviera perdiendo el control de mi propio hijo y eso me asusta.
—Lo único que necesita es amor, acabará entrando en razón.
Era muy fácil decirlo. Bella sólo esperaba que su predicción sobre la actitud de Anthony fuera cierta.
Edward le apartó un mechón de pelo de los ojos.
—Ven esta noche. Tómatelo como un favor personal a mí. Creo que ni siquiera conoces a mis padres.
—Los vi una vez —dijo Bella agachándose para arrancar una mala hierba del césped—. En una fiesta de vecinos, pero de eso hace ya mucho.
—Te querrán tanto como yo.
—Pero ya que hablamos de favores, necesito que tú también me hagas uno —le pidió ella con voz suplicante.
—Lo que tú quieras.
—No les cuentes lo nuestro. Hasta que tengamos a los cuatro niños de nuestro lado prefiero ser discreta con nuestro romance.
—Trato hecho.
Tras sellar su acuerdo con un beso suave y dulce, Edward regresó a su casa y ella volvió al jardín.
¿Sería posible perder diez kilos en una tarde sin morir en el intento? Sin duda parecía difícil, pero si quería ponerse para la fiesta de aquella noche algo que no fuera un chándal, al menos, tendría que intentarlo.
—No vas a volver a besarle, ¿verdad? —le preguntó Jacob de camino a casa de Anthony.
Normalmente, Bella habría conducido, pero al ver que la báscula del cuarto de baño marcaba que todavía tenía que perder nueve kilos y medio, imaginó que no le vendría mal el paseo.
—Eso no es asunto tuyo —le dijo a su hijo mayor—. Y te agradecería que al menos trataras de ser educado con Edward esta noche. Los quiere mucho a los dos.
—No parecía querernos mucho esta mañana cuando nos gritó —intervino Seth.
— ¿Cuándo les gritó?
—En el hipermercado. Nos dijo que nos largáramos de allí.
—Jacob —preguntó Bella pasándose de un brazo a otro la bandeja que llevaba—, ¿es eso cierto?
—Sí —respondió el niño—. Pero no nos portamos bien con él.
— ¿Qué hicieron? —preguntó ella pasando por una parte deteriorada de la acera.
—Le dijimos que estaba poniendo los cuernos porque iba a casarse con la madre de Anthony pero te estaba besando a ti.
Bella sintió cómo el estómago se le ponía del revés.
—Odio a Emily —admitió Jacob—, porque ella te puso los cuernos con papá. No quiero que tú hagas lo mismo.
—Niños —dijo Bella colocando la bandeja en el poyete del muro de Elda Loenstein—, hay algo que debéis saber sobre Edward y yo. A la madre de Anthony le gustaría volver con él algún día, pero ahora mismo no son una pareja. Edward está soltero, igual que yo. ¿Lo entienden? ¿Se dan cuenta de que ninguno de los dos estamos poniendo los cuernos a nadie?
—Supongo que sí —dijo Jacob—. Pero sigue sin caerme bien.
— ¿Cómo puedes decirme eso? Desde que vuestro padre se marchó es Edward quien los ha llevado de pesca, ha jugado al béisbol con ustedes y los ha dejado acampar en su patio.
—Pero te ha besado —objetó Seth agitando la bolsa decorada llena de caramelos para el padre de Edward—. Sólo nosotros podemos besarte.
Bella suspiró. No sabía por dónde empezar. ¿Cómo iba a explicarles a unos niños de ocho años que sus besos y abrazos ya no eran suficientes? Decirles algo así les rompería el corazón. Y sin embargo, desde que Edward entró en su vida sentía que si no se quedaba, sería su corazón el que terminaría roto.
Miles Polk encendió su cortadora de césped al otro lado de la calle. El repentino ataque de polvo y polen hizo que Seth estornudara.
—Jesús —le dijo Bella a su hijo pequeño, alborotándole el fino cabello—. Será mejor que nos pongamos en marcha, ¿de acuerdo?
—Yo no voy a ir a ninguna parte hasta que me prometas que no vas a besar a nadie más —aseguró Seth.
—Feliz cumpleaños, señor Cullen.
Edward sacó a Rose del carrito mientras Bella se presentaba a sí misma a sus padres.
—Anthony nos ha hablado mucho de ti —dijo su repeinada madre—. Sabía que nos terminaríamos conociendo.
—Ya nos conocíamos —dijo ella con una sonrisa, estrechando sus manos—. Aunque de eso hace cinco años.
—Bueno, pues me alegro de volver a verte.
—Aquí está su regalo —dijo Seth dándole la bolsa al padre de Edward—. Tiene muchos caramelos y chocolatinas.
—Gracias —el homenajeado se hizo con una barrita de chocolate.
—Carlisle, el colesterol —le advirtió su esposa.
—Lo siento —dijo Bella—. Si lo hubiera sabido le habría regalado un libro.
—No pasa nada —le aseguró la madre de Edward—. No lo tiene demasiado alto pero hay que tener cuidado.
—Bella, has venido —dijo Kate saliendo de la cocina.
Llevaba puesto un vestido rosa que parecía caro sobre el que se había atado un delantal blanco y negro.
—Eh, chicos —les dijo a los gemelos—. Anthony está fuera jugando con sus primos.
— ¿Emmet y Vicky? —preguntó Seth.
Jacob gruñó.
—Vicky es mala. La última vez que estuvo aquí trató de pintarme los labios.
—Vamos —dijo Edward poniéndole a Jacob la mano en la espalda—. Te acompañaré fuera y le diré a Vicky que se tome con calma lo del maquillaje.
La niña tenía cinco años y ya había decidido hacer carrera como maquilladora.
—Iré yo solo —aseguró Jacob zafándose del contacto de Edward.
—Tú mismo —respondió él—. Pero si te pinta con su nuevo rimel no vengas llorando. Vamos, quiero ver qué hace mi hermano.
Edward nunca había estado muy unido a su hermano mayor, Felix. Tenía diez años más que él. Cuando Edward pudo conducir Felix ya se había comprado casa y coche y estaba a punto de casarse. Por desgracia, ahora estaba divorciado por diferencias irreconciliables. Aquella era una de las pocas ocasiones en las que Felix podía estar con sus hijos. Tenía la custodia compartida pero sólo los tenía un fin de semana al mes porque su exmujer vivía a más de tres mil kilómetros.
— ¿Qué tal vas? —le preguntó Edward a su hermano al salir al patio.
Felix estaba haciendo hamburguesas en la barbacoa. El delicioso olor a ternera provocó que a Edward le sonara el estómago. Kate había preparado una parte de la carne a la mexicana, con enchiladas y tacos.
—Ya está casi —dijo Felix centrándose en los perritos calientes de los niños.
—Gracias por ocuparte de esto —le dijo Edward—. Mamá me estaba dando una charla dentro sobre cómo poner el lavaplatos en el programa de aclarado especial.
Felix se rió.
—Te entiendo, hermano. A mí me soltó el mismo discurso hace un par de años. Tú síguele la corriente. Se siente importante haciéndonos sentir unos idiotas.
—Creo que tienes razón.
Felix añadió rodajas de queso a las hamburguesas y luego dijo:
—Quiero aprovechar para decirte que estoy encantado de que Kate y tú vayan a volver a estar juntos.
— ¿Dónde has oído eso? —preguntó Edward.
—Me lo ha contado Anthony. Está emocionado porque su madre va a volver —Felix sacudió la cabeza—. Nunca entendí por qué se marchó Kate. Supongo que al final entró en razón. Yo daría cualquier cosa por tener una segunda oportunidad con Heidi. Los divorcios son una cosa horrible.
—Sí —reconoció Edward—, pero no estoy seguro de querer aceptar la proposición de Kate de volver a casa. Me hizo mucho daño.
— ¿Ves a esos niños? —Felix señaló con la cabeza a sus hijos—. Cada vez que tengo que dejarlos siento como si una parte de mí muriera. Sé que no me has pedido mi opinión, pero te voy a dar un consejo de todas formas. Haz todo lo que sea necesario por recuperar y mantener a Kate en tu vida y en la de Anthony. Es una gran abogada con muchos contactos. Si quiere quitarte a Anthony lo hará sin problemas.
—Ella no haría eso —aseguró Edward utilizando el encendedor de la barbacoa para prender las velas.
— ¿Estás seguro? ¿Apostarías la vida de Anthony?
—Eso es una locura.
— ¿Lo es? Yo soy la prueba viviente de que lo que se dice sobre el infierno y las mujeres despechadas es absolutamente cierto.
—Aquí estas —dijo Kate apareciendo con una bandeja limpia para los perritos calientes y las hamburguesas—. ¿Ya está todo?
—Sí —contestó Felix pasándole el brazo por los delgados hombros y dándole un beso en la mejilla—. Me alegro que estés aquí otra vez. Te he echado de menos.
—Mentiroso —bromeó Kate—. Lo único que has echado de menos es mi ensalada de patatas y mi tarta de chocolate.
—Soy culpable —respondió él con un guiño—. Y por cierto, vamos a disfrutar de ambas cosas hoy, ¿verdad?
—Verdad. Yo también te he echado de menos.
Su cumplido sobre los dos platos típicos de Kate hizo a Felix merecedor de un beso cariñoso en respuesta.
Edward había olvidado lo bien que se llevaban Felix y Kate. La personalidad de Felix, un corredor de bolsa implacable, era más cercana a ella que la de Edward.
— ¿Necesitan ayuda?
Los tres adultos que estaban en el patio miraron a Bella.
Vicky llegó corriendo y preguntó:
— ¿Tú quién eres?
—Soy Bella —contestó ella—. Y tú debes ser la prima de Anthony.
—Sí —respondió la niña—. ¿Quieres que te maquille?
La pequeña sacó de la mochila un impresionante equipo de maquillaje.
—Muchas gracias —dijo Bella—. Podría darme un poco de color en las mejillas.
—Siéntate —le ordenó Vicky, que nunca había sido tímida, señalando la tumbona en la que Edward y Bella se habían besado la noche que ella fue a cenar allí.
Sus miradas se cruzaron. ¿Lo recordaría Bella también? El ligero sonrojo de su rostro y su modo de bajar la vista le dieron a entender que sí.
—Ten cuidado, Vicky —le advirtió Felix mientras Kate y él se giraban para hablar a solas.
—Lo tendré —respondió la niña con un puchero, como si estuviera herida porque su padre no confiara en su talento.
—Déjame muy guapa —le pidió Bella.
Edward le dio un fugaz beso en la cabeza y le dijo sólo para sus oídos:
—No necesitas mucha ayuda para eso.
—Eres un adulador —Bella alzó la vista con los ojos brillantes.
—Lo intento.
— ¡Dejen de hablar! —la artista del maquillaje le dio un golpecito a Edward con una de sus brochas.
—Ay, ¿por qué me pegas?
Vicky se puso en jarras.
—Porque estás poniéndole ojitos y yo intento dejarla guapa.
Cielos, ¿tan obvio era? Por suerte, Felix estaba ocupado charlando con Kate y no había oído a su hija.
—Como no soy bienvenido en el salón de belleza me voy con mis padres. ¿Estarás bien? —acarició el hombro de Bella.
—Claro —respondió ella sonriéndole—. Estoy en manos expertas.
Felix, que llevaba una bandeja de hamburguesas y perritos calientes, siguió a Edward al interior de la casa.
Estaban solos en la cocina cuando su hermano le preguntó:
— ¿Qué demonios crees que estás haciendo?
Edward se puso tenso.
—¿Perdona?
—Bella. Tienes algo con ella, ¿verdad? Te ofrecen una oportunidad para volver a empezar y la mandas al diablo.
— ¿Te han dicho alguna vez que te ocupes de tus propios asuntos?
Edward le dio la espalda a su hermano y sacó los botes de ketchup, mostaza y mayonesa de la nevera.
—Me encantaría, pero me preocupa que no hagas lo que debes. Reconozco que la doctora Bella es guapa, inteligente y parece muy simpática, pero estamos hablando de Kate. Antes lo era todo para ti. Y luego está Anthony. Está empeñado en que su madre y tú vuelvan juntos. Si eso no llega a suceder, ¿puedes imaginarte lo que significaría para él?
Edward agarró con fuerza el bote de mayonesa, del mismo modo en que le hubiera gustado sujetar sus emociones, y dijo:
—Quiero a mi hijo. Haría cualquier cosa con tal de ver feliz a Anthony.
—Si lo dices de verdad —respondió Felix dejando la bandeja de hamburguesas sobre la encimera antes de abrir la bolsa del pan—, entonces anuncia públicamente que Kate y tú van a volver. Nada podría hacer más feliz a papá.
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Por qué todo el mundo se empeña en decirle a Edward que tiene que hacer felices a todos. ¿Y qué pasa con su felicidad? ¿Tiene que vivir amargado toda la vida para que los demás sean felices?
Me moleta que Edward sea tan estúpido para no ver que una trampa de Kate.
Bueno hasta aquí llegó el mini maratón. Espero les haya gustado. Gracias por los reviews, jamás pensé que llegarían tan rápido. ¡Estoy feliz!
La próxima actualización será el martes 30 de diciembre.
Por ultimo: A esta historia solo le quedan tres capítulos. Hagamos algo, la historia tiene 50 reviews, si llegamos a 100, el martes les subo los tres capítulos.
Los quiero
Christianna
