Tras una ilusión

La inoportuna naturaleza

Inuyasha estaba consolando a Kagome cuando sintieron el dichoso timbre del celular de él. Inuyasha bufó exasperado ¡Vaya hora a la que lo llamaban! Él había dejado más que claras las palabras: "No me molesten" cuando habló con Bankotsu y con Sango. Con cierta dificultad y sin deshacer el abrazo con Kagome, deslizó su mano por el sillón y cuando encontró el escandaloso aparato, se dispuso a contestar la dichosa llamada.

- Aló. – Dijo enojado y sin siquiera ver el nombre de quién era el inoportuno.

- Imberbe bastardo. – Le "saludó" una voz inolvidable para Inuyasha.

- Sesshomaru. – Masculló con ira. - ¿Qué demonios quieres?

- Ya deberías saberlo. Una explicación desde luego. – Dijo tranquilamente tomando asiento en su cómoda silla de cuero y tomando un trago de licor que poseía la copa que llevaba en sus manos.

- Es MI firma, imbécil. No tengo porque darte explicaciones, es más, no tienes porque inmiscuirte en mis asuntos. – Espetó exasperado sobando delicadamente la cabeza de Kagome, la cual, se encontraba recostada en su pecho, aparentemente más tranquila.

- Oh, por supuesto. No esperaba más de un bradipsíquico como tú. – Le insultó sintiendo como Inuyasha decía algo ininteligible del otro lado del auricular, aparentemente molesto por su léxico tan fino e incomprensible para él.

- Tengo asuntos que atender. Asuntos personales. – Dijo resignado pero sin dar el brazo a torcer completamente.

- Oh, no lo dudo. ¿Cuántas rameras están contigo en estos momentos, hermanito? – Cuestionó con una sonrisa socarrona.

- Idiota. – Bufó sin saber porque no había cortado la llamada desde el principio.

- Sabes que no puedo mostrarme y arriesgarme tanto para vigilar que no cometas una estupidez debido a mi condición de juez. Mi fama de ser imparcial es intachable. - ¡Hasta cuando tenía que soportar que le restregara su alto cargo en la cara! Pensó Inuyasha ya furioso.

- No te angusties. Mis colegas son lo suficientemente evolucionados e ilustrados en el tema del Derecho como para no mandarme a la ruina. Te "agradezco" tu falsa preocupación.

- No delegues tanto Inuyasha, será tu perdición. Espero que cuando vuelvas me hables de aquella "prima" nuestra que desconozco. ¿Cuál era su nombre? Creo que Kagome Taisho. ¿Es hija de qué tía? ¿Por parte de papá o de mamá? – Hizo una corta pausa para sonreír levemente, algo que Inuyasha no podría ver pero si imaginar. - Hasta luego, imbécil. – En eso cortó la llamada.

Inuyasha hizo su mayor esfuerzo para no gritar de la ira. Su estúpido y arrogante medio hermano con unas cuantas palabras siempre lo hacía salirse de sus casillas. ¡Presuntuoso idiota! ¿Y qué diablos era "bradipsíquico"? ¿Era tan grande su ego que no podía insultar con palabras normales? Ahora lo haría usar un diccionario sin necesidad.

Luego de recuperar un poco la calma, suspiró fijando su vista en Kagome que ahora dormía sobre su pecho como una niña pequeña a merced de los demás. Sonrió enternecido pero aún así estaba preocupado del porqué ella se abalanzó a él llorando de esa forma. ¿Tendrían que ver las hadas en todo ese asunto? Volvió a posar su vista en el hada y con sumo cuidado de no despertarla, la cargó y en brazos la llevó a su respectiva habitación. Luego de depositarla en la cama, arroparla y asegurarse de que ella estuviese bien, ya se estaba dando media vuelta para irse, sin embargo, sintió como una delicada mano tomaba la suya, obligándolo a volverse. Observó como la mirada desamparada de ella dispara directo en su corazón y que, sin necesidad de palabras, entendía que era lo que quería decir. Así, que luego de otro suspiro, se acostó junto a ella regocijándose internamente al sentir aquellos delgados y suaves brazos rodearlo con cariño y anhelo. Y así, ambos viajaron al mundo de Morfeo, dejando a un lado la realidad y sintiéndose aliviados de estar juntos.

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A la mañana siguiente, Inuyasha despertó con el suave canto de las aves. Abrió los ojos y sonrió al ver a aquel apacible ángel a su lado. Aún así, su rostro se tornó serio al recordar las palabras de Kagome: "No debiste conocerme, no debiste..." ¿Acaso ella se arrepentía de algo? No lo entendía muy bien del todo. Delineó cada contorno del dormido rostro de la chica mientras divagaba en sus recuerdos. Cerró los ojos recordando una conversación con Sango.

FLASHBACK

- Entonces Inuyasha ¿no me piensas responder? – Preguntó Sango notando lo taciturno que había quedado su amigo y paciente ante la pregunta que le había planteado. – Inuyasha... ¿alguna vez has estado seguro del amor que te ha tenido alguien?

¿Amor? Era una palabra comprometedora para alguien como él. Después de todo, nunca estuvo seguro de algo tal. Su madre no pudo siquiera darle aunque fuese un beso en toda su vida puesto que antes de ver a su hijo recién nacido había muerto. Su padre... bueno, él pudiese ser su más factible respuesta ya que sabía que estaba orgulloso tanto de él como de su hermano. Sesshomaru... no pudo evitar hacer una mueca al recordar a su medio hermano. La rivalidad entre ellos había matado toda posibilidad de entablar una relación fraternal sana y distaba mucho de haber afecto entre ellos. ¿Novias? Realmente ninguna le llegó al corazón ni se sintió seguro en el amor que le profesaban, posiblemente por ser muy jóvenes o sólo por la inseguridad que toda la vida le había acechado.

- Sango, no me preguntes cosas así. Ni siquiera sé si alguien en verdad me ha querido como lo dices. Ya ni sé... – Suspiró desplomándose en el espaldar del sillón. Sango le miró entre compasiva y ceñuda.

- Bien. Será todo por hoy. – Sabía que no podía presionarlo más. Ya con el hecho de que no hubiese dado un rotundo "no" era un avance, que aunque pequeño, serviría.

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Y ahora él mismo se replanteaba la pregunta: ... ¿alguna vez has estado seguro del amor que te ha tenido alguien? Sonrió mirando a Kagome, nunca había estado tan a gusto con alguien hasta que ella llegó. Ella le profesaba lo mucho que lo quería y a él le agradaba eso. Sí, ahora sin duda podía decir que sí a esa pregunta.

En ese momento sintió como Kagome suspiraba fuertemente y abría sus adormilados ojos, regalándole una sonrisa al instante. Se la devolvió sin mucho esfuerzo y se separó del abrazo para ir a asearse. Kagome duró un rato más en la cama antes de levantarse. Los acontecimientos del día anterior, sí, sin duda le habían afectado. No esperaba que ver unos cuantos recuerdos le mostraría cuan cruel pudiese ser la vida. Que mal que bien, debía agradecer que así fuera, de lo contrario, quizá nunca hubiese conocido a su adorado Inuyasha. Sonrió ante el rumbo de sus pensamientos, ¿quién era ella sino una simple esclavizada hada, la cual no tenía ni mitad de la libertad de un ave? ¿Cómo podía reclamar suyo algo que jamás lo fue ni lo será?

Sintiéndose entre descansada y nostálgica, se levantó para ir al baño antes de que las ganas de salir de la cama se esfumaran por completo. Se bañó con parsimonia y finalmente cuando salió del baño y se vistió, notó como su mirada había cambiado. Ella era de las que notaban esos sutiles cambios en los demás, inclusive en Inuyasha. Y ahora, frente al espejo veía un suave brillo danzar en sus chocolates orbes. Un brillo característico de aquellos que suspiran por el otro y dan la vida por aquel que dicen amar. Sonrió incrédula, debía ser su imaginación. ¿Ella enamorada? Tal vez, pero definitivamente poco conveniente.

- Soy oficialmente patética... – Masculló mientras pasaba el cepillo por su lacio cabello.

- No lo creo. – Dijo una voz a sus espaldas. Inmediatamente dio un respingo y volteó viendo a Inuyasha sonreírle con una bandeja repleta de comida.

- Me asustaste. – Susurró llevándose una mano al pecho. Dejó el cepillo a un lado y fue a sentarse a su lado, en la misma cama. Así andaría de distraída que ni siquiera sintió cuando él entró.

- Kagome... ¿por qué llorabas ayer? – Preguntó serio. El hada bajó la vista avergonzada mientras veía la forma de explicarle bien la situación.

- Yo... invoqué a Aiko. – Dijo notando como el ceño de Inuyasha se fruncía levemente. – Y me di cuenta que no sabía nada acerca de ti, sólo quise indagar en tu pasado. Sí, reconozco que está mal pero es que... es que... – Se silenció al ver nítidamente las imágenes en su cabeza nuevamente.

- ¿Mi pasado? – Repitió confundido.

- Supe que tu madre murió cuando naciste. Vi el rostro de tu padre y tu hermano. Lo difícil que se le hacía a los tres estar sin la compañía de una amorosa madre. La muerte de tu padre cuando eras un adolescente... la muerte de Kikyo... – Inuyasha le miraba con los ojos como platos y la boca entreabierta. – Sé que fue difícil y... y no pude evitar sentirme culpable al saber que te preocupas tanto por mí y yo... me tenga que ir al final.

- Entiendo. – Musitó pensativo. Ella se había interesado en su pasado y aparentemente era algo muy duro de digerir aún para un espectador. Y que a pesar de todo, ya él lo había superado. Desde la muerte de su padre, las ganas de vivir se habían esfumado y con ellas su corazón. Incluso aquel cariño que dijo tener a Kikyo, ya ni siquiera estaba seguro de ello. Por eso, él podía volver a esos días y aquellas duras experiencias ya ni le afectaban. Sólo aquella dulce y bondadosa princesa de las hadas lo había vuelto a hacer sentir, a hacer despertar a su adolorido corazón con la esperanza de que se quedara a su lado por siempre. Algo que naturalmente era irreal, lo cual, lo confirmaban los hechos pero que...

- ¿Inuyasha? – Le llamó Kagome notando como el joven despertaba del letargo y le miraba sin pizca de emoción.

- Prefiero que cuando tengas alguna duda me lo preguntes. A veces se amortigua mejor el hecho si es narrado por el que lo padece. Después de todo, no es algo grato que todo el mundo quiere conservar en sus recuerdos. – Musitó suavemente. Kagome asintió. – Vamos, es mejor que comamos para poder salir de excursión.

Kagome le miró sorprendida, creía que él iba a regañarla o algo así por haber visto su vida sin su permiso pero al parecer no le molestó, sólo le sorprendió. Agradeció internamente la confianza que Inuyasha, sin darse cuenta, había depositado en ella.

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Inuyasha y Kagome ya habían salido, dando con el frondoso follaje que les rodeaba. El aire puro se hacía sentir y el suave murmullo del viento parecía una serenata a la naturaleza. Kagome sonrió mientras veía como un pequeño pájaro regresaba al nido a alimentar a sus polluelos. Según tenía entendido, ella jamás experimentaría aquello, ya que las hadas nacen de las flores y nacen ya listas para cumplir su misión, sin la enseñanza o vigilia de una preocupada madre. Sobretodo ella, que debía cuidar de todo un reino, de proteger a cada uno de sus integrantes y sentirse orgullosa por el papel que representaba.

- Kagome, mira. – Le llamó Inuyasha mientras señalaba como una pequeña ardilla saltaba de un árbol a otro.

- Es muy bonita. – Dijo sonriendo mientras recibía en sus manos los binoculares que Inuyasha le ofrecía. – En realidad, el lugar es hermoso. – Pero inmediatamente se borró la sonrisa del rostro al reconocer el llanto en el viento. Un sonido que comprimía el corazón y que al notar la serenidad en el rostro de su acompañante, sólo ella podía escuchar. Era un lamento, sin lugar a dudas. Miró a todos lados y corrió hacia la dirección que le dictaba su instinto. Escuchó como Inuyasha la llamaba pero le ignoró y siguiendo su camino llegó hasta un gran y alto árbol. Miró a sus pies y halló una pequeña ardilla, seguramente la cría de la que habían visto saltar hace un momento. Con cuidado, la recogió y notó como la pequeña criatura se había lastimado, al parecer, había caído del árbol. Inuyasha ya había llegado a su lado y le miraba bastante extrañado.

- Kagome, ¿qué pasó? – Preguntó preocupado arrodillándose a un lado de la muchacha y viendo como ella posaba su mano sobre aquella pequeña ardilla y como esta recobraba su salud al instante. Lentamente, Kagome se irguió y dejó al animalillo sobre una de las ramas, viendo como esta desaparecía entre la abundante y frondosa arboleda.

- ¿No lo sentiste, verdad? – Preguntó a un confundido Inuyasha.- El lamento de la naturaleza al sentir a uno de sus hijos herido... – Dijo en una especie de trance. Inuyasha aún no entendía qué era lo que le pasaba. En ese momento, Kagome pareció volver en sí. - ¿Ah? ¿Qué pasó? – Preguntó confundida.

- Eso fue exactamente lo que te pregunté a ti. – Respondió consternado mientras finalmente se levantaba nuevamente. - ¿Cómo ayudaste a esa ardilla?

Kagome recordó lo que hizo y al entender lo que pasaba, sonrió con tristeza.

- La naturaleza... ella exige que trabaje. Me seduce con su canto a volver a mi verdadero hogar. Quiere que deje todo lo demás atrás.

- No entiendo.

- Quiere que deje este mundo y vuelva con las hadas a cumplir mi misión. – Dijo en un murmullo.

Inuyasha le miro compasivo. Sabía que a ella ese tipo de presiones no le gustaban en lo más mínimo. Su anhelo de que Kagome se quedara crecía a medida que la posibilidad era… más remota de lo que creía. Si hasta la misma naturaleza se oponía, ¿qué se suponía debía hacer? ¿Luchar contra ella? Era ridículo.

- No importa. – Dijo forzándose a mostrar una sonrisa mientras le estiraba la mano a Kagome para que la tomara. – Hasta ella sabe que de nada servirá en estos días restantes. – Agregó viendo que Kagome retomaba aquella chispa en su mirada y le devolvía la sonrisa mientras tomaba su mano.

Caminaron un poco más, quedando frente a una bonita pradera infestada de diversas flores campestres.

- ¡Mira! – Exclamó ella señalando con su dedo una hermosa mariposa que en ese momento se posaba en una margarita que crecía entre el pasto.

Inuyasha sonrió pícaramente. Kagome era tan impresionable como una niña pequeña y si ese era el caso, jugar podría ayudar a animarla.

- ¿A qué no la atrapas, voy? – Le retó mientras ella ladeaba el rostro a verlo parpadeando confundida. Inuyasha enanchó su sonrisa sacando de su mochila dos pequeñas redes para cazar mariposas.

Kagome sonrió feliz y tomó una.

- Ya verás que sí. – Sonrió mientras salía corriendo disparada ante la divertida mirada de Inuyasha que prefirió aguardar embelesado observando a Kagome arrojarse hacia el delicado animal mientras reía entusiasmada ante el reto que le ponía la mariposa de intentar seguirla.

Esa imagen quería conservarla por siempre y de hecho, volvió a sonreír recordando un muy útil artefacto que llevaba en su bolso. Lo volvió a revisar alegrándose que efectivamente hubiera guardado su cámara digital allí. Sin que Kagome siquiera lo notara, tomó unas cuantas fotos de ella jugando entre las flores tras la escurridiza mariposa mientras parecía que el polen bailoteara alrededor del hada uniéndose al inocente y divertido juego.

Luego de unos minutos, Kagome volteó a verlo aún con su sonrisa en el rostro e Inuyasha no perdió tiempo tomando otra foto viendo como ella parpadeó confundida.

- ¡Eh, ¿qué me hiciste?! – Reclamó corriendo hacia él y arrebatándole de las manos aquel extraño aparato. Revisó la diminuta pantalla y se sorprendió de ver la imagen de ella allí.

- Te tomé una fotografía. No sabía que aún desconocías este útil aparato. Sirve para… "inmortalizar momentos" Es como un retrato tuyo. – Explicó viendo como Kagome pasaba su mirada intermitente entre el objeto e Inuyasha. Finalmente, mostró una sonrisa pícara en el rostro y le pasó una foto a él tan rápido que ni tiempo tuvo de reaccionar el pobre.

Los dos rieron divertidos mientras ella le seguía acosando con la cámara, disfrutando el momento todo lo que se pudiera en lo que les restaba de tiempo.

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Ah, hasta yo me enternecí con el capítulo, jaja. Bueno, me gusta dejar a la gente en suspenso pues no he colocado esperanza alguna todavía, pero prefiero ir con calma. Bueno, como expliqué en las N/A de Nuestra Dulce Aventura, no fue mi culpa no haber actualizado antes sino de la "linda, adorable y muy eficiente" página de ¬¬ Agradezco mucho sus reviews, me han agradado muchísimo sus alabanzas y espero que el capítulo les haya gustado como quedó y me dejen su opinión. Sayonara.