Este epílogo te lo dedico souldhunter desde que lo terminé y me comentaste tu opinión sincera supe que esta historia estaba cerrada a capón y no podía ser así.

Espero que os guste a todo s. Besos, Shimi.

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14 años después

—¿Tienes la cámara preparada?—le preguntó su madre por enésima vez.

—Sí, madre, está todo listo—contestó Draco mucho menos paciente que las veinte veces anteriores a esa.

Ambos esperaban la graduación que estaba a punto de sucederse, y ninguno de los dos quería perdérsela por nada.

A pesar de haber llegado a ser miembros en activo de la sociedad mágica, no eran tan proclives a reuniones numerosas. Draco seguía teniendo en su mente cuando su madre fue atacada. A pesar de que su paciencia tenía un límite, adoraba a aquella mujer. Ya casi no recordaba los años en los que ella no era como ahora lo era, como si hubiera estado aprisionada en un corsé invisible, ella era dulce como nunca la recordó. Enamorada de sus plantas y de su "nieto"

Nathan era el motivo por el que ahora estaban allí, aquel chico cabezón había revolucionado sus vidas desde que lo encontró.

Por él había sido padre, algo que dada su trayectoria dudaba en haber podido conseguir. Fue el motivo por que no abandonó Inglaterra en los primeros meses de su tan ansiada libertad, el motivo de más de una discusión y muchas más alegrías. Nathan quiso ser auror, a pesar de su apellido, a pesar de las dificultades que se encontró. Y lo había conseguido.

Sobre la tarima donde entregaría las medallas de graduación, el otro motivo de sus dolores de cabezas y sus mayores alegrías.

El jefe de aurores, su pareja, Harry Potter. Las primeras canas en su cabello negro azabache le sentaban de maravilla, y su túnica de auror seguía siendo su perdición.

Aún recordaba cuando fue a buscarlo a la casa en el campo que había comprado para él y su madre, aquel sueño desteñido de una vida tranquila retirado de todo y de todos.

Su torpe declaración de amor, su mirada verde llena de un amor y una desesperación tan grande como la suya.

No, no le había perdonado, pero no se negaba a sí mismo que le amaba. Hubiera sido un necio de así hacerlo.

Una vez pasada la euforia de aquel acto sexual desesperado en la cocina, lo echó de su casa. Lo amaba pero no lo perdonaba, esas habían sido sus palabras. Y al parecer fueron suficientes para el auror, que se despidió de él robándole un último beso.

Desde aquel día su presencia fue constante, su madre fue su principal enemiga en esa batalla. En su mente aún dañada, Harry vivía con ellos nuevamente, "Gracias a Merlín que ya volviste de esa horrible misión, Draco no ha sido el mismo desde que te fuiste" era su bienvenida cada día.

Si no la quisiera tanto la habría hechizado él mismo. Pero Harry se colaba en su vida, día tras día.

Nathan era otro frente abierto, se debatía en su amor-odio por el héroe, como cualquier niño había crecido oyendo hablar del Salvador del Mundo Mágico, venerarlo estaba impreso en su mente. Pero a pesar de sus cortos 10 años de edad el niño se había erigido en su defensor. Cuando Harry le besaba, cuando buscaba su cuerpo que siempre cedía a sus demandas, Nathan lo retaba. Ya fuera con miradas, con interrupciones, con objetos que misteriosamente caían haciéndose mil pedazos.

Hasta que un día, esos dos se hicieron uña y carne, verlos sonreír juntos era casi espeluznante. Nunca quisieron contarle qué es lo que había pasado, decían que era un secreto entre ellos dos.

Después de ese momento, Draco no tuvo más rescoldos a los que agarrarse, dos tercios de la casa lo adoraban y el tercero estaba enamorado de él. Ese día llegó y nunca más abandonó aquella casa de campo que retomó el lustre de sus viejos sueños.

Sobre la tarima, la versión actual de su pareja no distaba tanto de aquella. Su carácter serio no dejó de serlo, el muro que lo separaba del resto, aquel abismo al que un día tuvo miedo de mirar, seguía allí, pero ya no era tan amenazador. Era su abismo conocido, uno donde le esperaba aquel Harry que solo quería ser amado.

Y lo hizo, lo hizo con cada partícula de su ser y su magia. Libre y entregado como antes no había sido capaz. Y el sentimiento seguía siendo tan inmenso que muchas noches se despertaba abrazándole desesperado. Sí, Harry estaba allí, abrazándole a su vez, siendo todo para él.

Miró a su alrededor, vio a los Granger-Weasley junto a la pequeña Rose, debía mucho a esa bruja. La actual Ministra de Magia resultó ser una dirigente justa y cabal, y Draco podía llamarla amiga sin dubitación. Ella ayudó a muchos hijos de mortífagos a volver a ser integrados en la sociedad, pero la sociedad no olvidaba tan rápido, era imposible, la herida a pesar del tiempo aún sangraba para muchos.

Es por ello que Draco le sugirió a Nathan ir a Durmstrang, pero el niño se negó en rotundo, él quería ir a Hogwarts, como hizo su familia, como hicieron ellos. No hubo manera de hacerle cambiar de idea y no encontró apoyo en Harry, él apoyaba a Nathan.

Ese fue la primera gran discusión que ambos tuvieron tras iniciar su vida como pareja. Odiaba cuando ese armazón blindaba a Harry, él pensaba que Nathan hacía lo correcto en no huir, incluso se atrevió a decirle que podría aprender de él. Aquello le dolió, pues Draco no había enfrentado a la sociedad que le utilizó como un simple trozo de carne al que follarse.

A pesar de la bilis que Draco le vomitó a Harry, este nunca se separó de su lado los días que duró su enfrentamiento. Harry no cedió, no paró de decirle una y otra vez que él lo amaba, y que tenía que encontrar el modo de superar su pasado. Juntos, por ellos, por Nathan.

Y en esa época Draco comenzó a visitar a una psicomaga, una que para su sorpresa había tratado a su pareja. Draco vio con otros ojos a Harry desde ese momento, y reconoció que decir en voz alta las cosas que pensaba sobre sí mismo, verdades en su mente que no eran tales le liberó, realmente lo hizo.

No fue fácil enfrentarse con la cabeza bien alta a todos esos que le habían usado, a esa persona que se había dejado usar, humillar y sentirse menos que los demás.

Ir de la mano de Harry era algo que sin duda ayudó, pero también le granjeó otro tipo de enemistades. Draco "Black" antiguo mortífago y prostituto se había "robado" al soltero más codiciado de Reino Unido y parte de Europa. Pero debía reconocer que ese tipo de miradas rencorosas eran de las que le hacían sonreír. Sí, Harry era suyo, y él del moreno.

Este le guiñó un ojo, y Draco sonrió radiantemente.

—¿Tienes preparada la cámara?—volvió a decir su madre, Draco no sabía si reír o llorar, solo deseaba que Nathan saliera ya.

—Claro que sí, sonríe madre—y le sacó una foto a su madre que le miró algo desconcertada.

—Draco, no estaba preparada, hazme otra—dijo mientras arreglaba su pelo más que perfecto. Finalmente sonrió, lo desesperaba pero la quería.

El ruido que anunciaba la llegada de los cadetes los puso a todos en pie, no eran muchos, sabía que el entrenamiento era duro y muchos se quedaban en el intento. Pero vio a su orgulloso hijo, era tan parecido a su viejo amigo, alto, con el pelo negro y corto y esos ojos oscuros inteligentes y decididos. Una sensación de orgullo le llenó por dentro.

La ceremonia no fue larga pero acabó cediéndole la cámara a su madre atosigado por sus demandas de conseguir los mejores ángulos.

Al finalizar Nathan corrió a abrazarlo, adulto y auror, pero siempre sería el pequeño que encontró en la calle y al que entregó su corazón.

Cuando se fue a saludar al resto de sus amigos y conocidos, los brazos de Harry, que reconocería en cualquier lugar, le abrazaron por detrás.

—No lo hemos hecho tan mal, ¿verdad?—dijo mientras besaba su mejilla.

Ambos miraban al joven que en esos momentos hablaba con los Weasley, no, ciertamente ambos estaban contentos con él. Si obviabas el hecho de que en ese momento el chico estaba acariciando la mejilla de una más que sonrojada catorceañera Rose Weasley y Nathan la miraba completamente embobado.

—Bueno, quizás deba tener una conversación más con él—dijo Harry algo abochornado.

Draco ya había visto a esos dos, y había tenido el acierto de advertir a Nathan que sus genitales podrían sufrir daños irreparables si no se comportaba como el adulto de los dos.

Cuando Harry se iba a ir hacia el muchacho Draco lo retuvo, llevaban tantos años juntos para que con una simple mirada se entendieran, y el moreno no se movió de su lado entendiendo que todo estaba controlado.

Harry le acarició el hombro , sí, definitivamente Draco, a sus casi 40 años podía decir que era feliz.

FIN