No tengo idea de cómo expresar esto, debe ser porque nunca he tenido que decirle cosa semejante a nadie.

― Ehm, disculpe ¿Qué es usted?

Presupongo, espero no erradamente, que si trato con solemnidad incluso y hasta no se sienta enojado.

― Tienen cara de no ser de aquí ― expresa. Sophia y yo nos miramos.

― Cara de pérdida de dudosa procedencia siempre tuve ― me encojo de hombros ―, pero no ha contestado, señor…― doy pie.

― Otis. Todos me dicen así ― hace una pausa ―, mejor dicho, solían.

En mi fuero interno suspiro. Por lo menos no hay que empezar de cero con él.

― Un gusto ― saludo y señalo a la niña ―. Ella es Sophia y yo soy, ahm ― ¿podrá ser posible que aún no me buscase un nombre? ―, quién la acompaña.

Me da la impresión que afila la mirada lo cual me lleva a la suprema interrogante que no animo a exponer en voz alta. Es que verán, nunca me enteré de una esfera que lo haga.

― ¿Porqué no tiene forma? ― Sophia haciendo caso de la lengua suelta e impune que otorga la niñez, no parece ni una pizca culpable cuando me giro rápidamente a mirarla.

― ¡Uno no puede ir preguntando eso a la gente! ― reclamo sin saber qué hacer, alarmada, como cuando mi primo, el más cercano en edad, siendo púberos le preguntó a un travesti si no le molestaba el viento en las partes bajas (que conste que estoy haciendo una leve desdramatización de lo ocurrido).

Si, lo sé. Mi familia no estaba muy bien de la cabeza y tendíamos al sincericidio, no tienen que poner esa cara. Otra vez…

Sophia con desconcierto ladea la cabeza hacia un costado con aire de: pero es obvio.

― Discúlpela, no tiene experiencia en tratar con otras esferas… ¡muertos! ¡Digo muertos!

Bien, correcto, sola me he metido hasta la nariz en este pequeño asunto.

Después de unos momentos en donde siendo objetiva, supuse que haría PLOP, ofendido, escuchamos:

― ¿Esfera?

De alguna manera se arrepiente y espeta al instante

― Esperen ¿Tu eres Sophia?

La aludida asiente y la esfera comienza a rodearla, animada, cambiando de color dando la sensación de estar eufórica.

― ¡Eres la niña! Gracias a Dios― la vemos "relajarse" y la escuchamos suspirar ―. Tal vez tú puedas decirles ¡tienes qué! ¡Probablemente te escuchen más!

― Señor, señor Ot…

― Otis ― interrumpe amigablemente ―. Solo Otis.

Asiento.

― Ella aún no está lista ― expreso rotunda sabiendo como Sophia podría ceder ante la presión.

― Tiene que hacerles saber, a cualquiera. Ese hombre, ese hombre no debe estar más aquí y la única manera de sacarlo es que el grupo se vaya y…

― Espere, espere ― fue decir hombre y la esfera comenzó a ponerse de un rojo intenso ― ¿Ese quién?

― Deben sacarlo de la granja. No lo quiero cerca de mi querida Patricia ― La esfera se ha hecho pequeñita pero tan pero tan rojiza, que da la sensación de ser un trozo de magma. Evidentemente el asunto lo perturba al grado de no poder contenerse y emite calor desapacible.

― Bien, tranquilo. Explíquenos mejor y podremos ayudar ―

Otis no se calma, pero suspira pesadamente.

― Síganme ―

Nos mantenemos a una prudente distancia pero sin perderlo de vista.

― ¿Tienes alguna idea de quién habla?

Sophia niega y se mantiene a mi lado, casi pegada. De la nada agarra mi mano.

― Tengo nauseas ― masculla y por un segundo pienso que es mi propia conciencia, también estoy en las mismas.

Mmmm.

Es extraño.

En realidad, no puedo explicar lo que se percibe en cuanto continuamos eliminando tramos siguiendolo; de alguna manera, una sensación que no me es desconocida pero no es reciente. A la altura del pecho, la terrible presión y por delante de la vista, un paño pesado como esos que dan cuando una está congestionada en pleno catarro (combinado con gripe).

Algo no está bien pero ¿qué?

Otis se detiene a medio camino de la enorme casa y el oscuro granero.

También nos detenemos, en dónde debería haber entrañas, un fuerte tirón, dándome arcadas.

¡Esto es ridículo! ¿Por qué…?

― Lo quiero lejos ― expresa una vez más.

Es cuando notamos la presencia de una pareja entre un pequeño grupo de arboles estratégicamente puestos allí para hacer más pintoresca la vista. Ella, rubia, sentada frente al fuego, perdida en anda a saber qué tipo de pensamientos y un hombre, fornido, alto, estirado en toda su estatura en una posición que probablemente le pasaría factura a la mañana siguiente, con una gorra oscura sobre una cabeza rapada y los parpados cerrados.

Fue uno de los que cargó al cazador, recuerdo.

― ¡Shane! ¡Andrea! ― Sophia se despega unos segundos de mí y es ahí cuando una oleada de frío húmedo con hedor a sulfuro nos paraliza.

Es de noche y por la luna aún no son las doce, pero con todo y oscuridad, con la pobre luz de la fogata rompiendo la misma, logra verse e instintivamente me adelanto interponiéndome entre eso y la niña.

― Él trajo a esa cosa y solo él puede llevársela ―

¿He mencionado que los espíritus no necesitamos respirar? ¿Ni sentimos aromas?

Bien, olvídenlo.

Todo, todo, todo, todo.

Dios, si tuviese algo en el estomago probablemente ya lo habría devuelto. La última vez que recuerdo algo tan desagradable como lo de ahora es cuando encontramos con mi padre ese mapache muerto en el garaje de casa, luego de llegar de vacaciones.

― ¿Qué es eso? ― indago molesta.

Tal vez lo hice demasiado alto porque la oscura figura sobre el lado derecho del tal Shane deja de susurrarle cosas. Oímos el crujir de huesos reacomodándose palmo por palmo, y dejando en el aire viciado de mala expectativa. La delgadez extrema, comparada solo con un esqueleto que ha elegido meticulosamente con que poca masa muscular quedarse es terriblemente desagradable de ver y la forma en la cual se irgue nos da la pauta de saber cuan espeluznante se percibe y está orgulloso de ello.

Contengo la respiración - o hago como si- al tiempo que los afilados dientes comienzan a mostrarse en esa amplia boca que no parece tener fin. Los ojos como pozos grandes, parecen teñirse de una tonalidad bordó y es cuando se me cruza la idea de comenzar a flotar lejos de allí. Mejor aún, desaparecer.

― Las vio ― Otis, que ha bajado la intensidad en su resplandor ahora vuelve a ser blanco transparente.

― ¡¿Qué demonios es eso?! ― exijo saber ya con nada de paciencia. Sea lo que sea no es bueno y no deberíamos estar cerca, para nuestro pesar parece poner toda su atención en nosotras ― ¡Otis! ― grito.

― ¡A la casa! ¡Métanse a la casa! ¡Ahora!

No tiene que repetirlo, Sophia tomada de mí, flota con la misma rapidez.

― No mires atrás ― le ordeno determinada.

Y ella obedece.

Se siente como si realmente estuviésemos siendo perseguidas y el trayecto no es largo pero si agotador, porque no queremos mirar, porque no debemos mirar, porque en combinación ambas cosas nos desgastan. Para cuando estamos del otro lado de la puerta principal y miramos a través de la ventana, vemos que la figura no se ha movido de su lugar, sin embargo, mantiene la actitud siniestra.

Todavía escucho el tintinear de las antinaturales articulaciones.

La esfera cruza el umbral a los segundos.

― ¿Se puede saber en lo que estabas pensando? ― sólo se me ocurre abalanzarme y lo hago, Otis reacciona y se aleja prudentemente.

― ¡No pensé que las vería! ― se defiende apenado ― ¡Lo juro! A mí no me nota o por lo menos no me ha dado la certeza de hacerlo.

No es una excusa, ¡maldita sea! Pero hay una duda más inmediata que tiempla por salir.

― ¿Por qué la casa?

Hace silencio y los tres miramos nuevamente por la ventana. El tal Shane se está levantando y parece darle las buenas noches a la mujer. Ella asiente y apaga el fuego. La figura no se aparta de él y antes de perderse en su tienda, se gira para observarnos y sonríe, mostrándonos el afilado contenido de sus fauces.

Sí, he dicho fauces. Eso no puede llamarse boca. Punto.

― Ya no siento nauseas ― Ambos miramos a Sophia. Excelente punto, yo tampoco.

― Eso es porque la casa se encuentra bendecida ―

Ah, eso lo explica todo.

Momento.

― ¿Bendecida? ― repito torpemente.

― Si ―

― La casa ― agrego tontamente.

― Ajá ―

Silencio.

Probablemente esté sacando conclusiones apresuradas y digamos que en el tema no soy instruida pero…

― Disculpa mi ignorancia pero ¿esa cosa es un demonio? ― pregunto ― ¿Nos acabas de exponer a un demonio? ― Reformulo acercándome peligrosamente a él.

Silencio.

¡Pero me cago en la…!


¡He regresado! Bueno, en realidad puntos suspensivos lo ha hecho, yo no me fui a ninguna parte. ¿Qué les ha parecido este nuevo capitulo?

¿Se creían que estar muertos es fácil? Ya ven que no, hay que lidiar con unas cuantas cosas, y más en un mundo azotado por la desgracia.

Ha saber lo que sucederá a continuación...jejeje

Muchas gracias por todo el apoyo, los mensajes y los follows. ¡Son geniales, chicos!

Y como siempre, debo agradecer especialmente a: Ever, NerwenInWonderland, Hotarubi, Addictivell, Beovide, 1Pikachu1.

¡Beshos!

Grisel