Capítulo 13: No es otro día más en el Ministerio


James y Sue acababan de empezar a besarse cuando se escuchó un carraspeo incómodo a su lado.

- Tengo que ir… -Tom no llegó a terminar la frase ni a inventar una excusa decente que ya se estaba alejando hacia el castillo.

"No sé qué me pasó, ni quiero averiguarlo", se dijo a sí mismo.

Estaba a mitad de camino cuando se chocó con algo de frente. Cayó al suelo, y alzó la vista, para taparse del sol del mediodía que estaba justo encima suyo. Una chica increíblemente hermosa le devolvió la mirada, mientras le ofrecía la mano para levantarse.

- ¡Oh, disculpa! Iba a buscag a James, ¿te encuentgas bien?

º º º

Tom se había quedado boquiabierto al ver a Camille parada enfrente suyo, como le ocurría siempre que la chica estaba cerca. Un fuerte chasqueo de dedos frente a sus ojos lo logró sacar de su trance. ¿Era su impresión o de repente la chica no le resultaba tan atractiva?

- ¿Te encuentgas bien? –volvió a preguntar Camille, mirándolo preocupada. – Venía caminando muy gápido y pensando en otgas cosas. No me di cuenta que tú también.

- Descuida, estoy bien. –sonrió Tom.

- ¿Viste a James? –preguntó Camille, entusiasmada.

- Sí, pero Sue y él estaban muy ocupados. –contestó, molesto.

La chica parpadeó confusa.

- ¿Estaban haciendo debegues?

- ¿Qué…? ¡No! –rió Tom, captando el malentendido.

- ¿Entonces? –quiso saber Camille.

- Se estaban… besando. –finalizó.

La muchacha pareció entristecerse, pero de repente, adoptó una nueva expresión confusa.

- ¿Los ingleses le dicen "haceg debegues" a besagse?

A Tom le dio un ataque de risa, mientras Camille lo miraba extrañada. Estaba por preguntarle nuevamente qué le pasaba, cuando una chica y un chico se acercaron desde donde había venido Tom.

- Tom, no tenías porqué ir… - Sue estaba por agregar "te", cuando se percató de que tenía enfrente a Camille, y a un Tom riendo a carcajadas. – No sabía que eran amigos, ustedes dos. –comentó, cruzándose de brazos. Se dirigió también a Camille, pero ésta lo ignoró, decidiéndose, en cambio, por abrazar a James.

- ¡Mon cher!

- Oh, Merlín, no empieces de nuevo. –intentó librarse el chico, pero Camille mantenía su agarre con firmeza.

Tom la miró sonriente, aunque la chica le daba la espalda.

- Con tanta fuerza, podrías ser bateadora. Creo que hasta eres más fuerte que Sue.

- ¡No es más fuerte que yo! –se enfadó la chica en cuestión.

- Después mátense a golpes para ver quien es más fuerte, ¿pero alguien me la puede sacar de encima? –suplicó James, desesperado.

El chico fue ignorado, porque Tom en ese momento miraba ceñudo a Sue.

- ¿Tienes que estar compitiendo todo el tiempo para ser la mejor?

- ¿Y tú podrías dejar de compararme con esa idiota? –contestó ella, tan molesta como él.

- Al menos ella no intenta ser perfecta en todo. –la defendió Tom, cosa que, si era posible, enfureció aún más a Sue.

- ¡¿Encima la defiendes? –soltó.

- Sí, Tom, no necesita que la defiendan. Un basilisco le tendría miedo. –acotó James, algo ahogado por el abrazo de Camille.

- Camille, lo estás dejando violeta. –le dijo Tom a la chica, intentando salvar a su amigo. – Si lo matas ahora, no te podrás casar con él.

La aludida soltó el agarre inmediatamente, ante lo cual James le dirigió una mirada de agradecimiento a su amigo.

- James, ¡lo siento! ¿Estás bien? –le preguntó preocupada, pero el chico la miraba enojado.

- ¡Me tienes, harto, podrido, hasta la médula, hasta el aro más alto del campo de Quidditch! ¡No entiendes que no quiero tenerte cerca! ¡Prefiero internarme en la biblioteca antes que hablar contigo!

- Que asco, James. No mientas. - intervino Tom. – No saldrías vivo si te internaras en la biblioteca.

James pareció pensarlo unos segundos.

- De acuerdo es verdad, tampoco soy suicida. Pero no nos vayamos de tema. –se volvió a dirigir a Camille. – Lo que te dije la otra vez era verdad: cómprate un maldito cerebro, así entiendes que cuando te digo que no te soporto, lo digo en serio. Y déjame en paz. –se dirigió a Tom y Sue. – Y ustedes dos dejen de pelearse.

- Y tú deja de dar órdenes que te pareces a Sue. –puntualizó Tom. La chica le volvió a dirigir una mirada asesina, pero James habló antes que los dos.

- O dejas de pelear, o llegamos tarde a la clase, Sue. ¿Qué eliges?

Parecía que era una decisión bastante difícil de tomar para la chica, por la cara de concentración que tenía. Finalmente, se dio vuelta, y se encaminó al castillo a paso rápido.

- Demonios, y yo que pensé que íbamos a llegar tarde. –se quejó Tom. James le sonrió simpático y comenzó a caminar, aunque más tranquilamente, detrás de su novia. Tom se giró para ver a Camille, que se había quedado callada desde que James le había hablado. - ¿Estás bien? No te tomes en serio lo del cerebro.

- ¡Eso es! ¡Tengo que demostgagle que tengo ceguebgo! ¡Gacias!

Acto seguido, se fue, dejando a un muy confundido Tom detrás.

º º º

Alyssa estaba desayunando tranquilamente, sentada frente a Albus y Scorpius mientras éstos discutían sobre Quidditch. Al parecer, Scorpius le estaba asegurando a Albus que el no tenía ni la menor intención de ser buscador del equipo de su casa.

- ¿No me dijiste que tu padre quería que lo fueras? –preguntó el de pelo y ojos verde esmeralda.

El rubio se encogió de hombros, despreocupado.

- Me da igual. Yo quiero ser cazador. –dijo, antes de tomar un poco de leche. - Pero recién el año que viene se van dos cazadores, y como el capitán no cambió, no hay pruebas para ese puesto.

- Yo me voy a postular. –le comentó Albus. – Me gusta ser buscador. –luego sonrió con satisfacción. – James nunca me pudo ganar en ese puesto.

- Eso es un poco presumido de tu parte, Potter. –intervino finalmente Alyssa.

- "Soy presumido porque tengo con qué serlo". –contestó Albus, cambiando un poco su tono de voz, e imitando muy fielmente a la chica que tenía sentada enfrente suyo.

Scorpius rió, y, sorprendentemente, también lo hizo Alyssa.

- Si me vas a imitar, Potter, al menos ten la delicadeza de hacer algo con tu pelo. El mío es más lindo.

Albus también le sonrió, pero luego puso una cara dramática.

- "¡Es que se me acabó la poción alisadora! ¡Estoy en crisis!" –volvió a imitarla, con un tono chillón.

Scorpius estaba que se partía de risa, pero sobre todo, estaba feliz porque, milagrosamente, desde que Albus le había pedido disculpas unos días atrás a la chica, su relación parecía haber mejorado.

- Estoy segura que no me veo tan estúpida cuando lo digo. –le recriminó Alyssa.

- Eso porque no te vescuando lo dices. –rebatió Albus, pero no dejó de sonreír, sino que, en cambio, acentuó su sonrisa, que alcanzó también sus ojos.

Alyssa se percató que era la primera vez que el chico le sonreía tan abiertamente, y lo que es más, no era una de las sonrisas fingidas que ella solía dirigir a la gente. Parecía sincera. A pesar del increíble manejo que tenía sobre sus expresiones, sintió que de repente su cara estaba más caliente de lo normal. Se salvó de dar explicaciones porque en ese momento, una gran cantidad lechuzas entró al Gran Salón, entregando el correo a los alumnos.

Alyssa se sorprendió al reconocer una lechuza de su casa, que se posó frente a ella sin causar el típico desorden que las demás hacían al aterrizar. "Parece que tú tampoco te salvaste del entrenamiento ridículo que mis padres le dan a los animales", pensó, mientras desataba la carta, y comenzaba a leer el pergamino. La letra era pulcra, y la reconoció como la de su madre.

Querida Alyssa,

"Que manía que tienen mis padres de empezar a mentir desde el principio", pensó, sarcástica.

Me llegó la noticia de que…

"Se le dice chusma. ¿Nunca lo vas a aceptar?"

Me llegó la noticia de que se estará realizando, dentro de un mes
aproximadamente, un Baile de Bienvenida en Hogwarts.

"Bingo, ¿dónde esperabas que fuera? ¿En la luna?". Era evidente que cualquier cosa que dijeran sus padres le molestaba, hasta lo más mínimo.

Creo que no es necesario que te aclare con quién debes ir, ¿verdad?
A pesar de tu continua rebeldía respecto al tema, confío en que te
des cuenta que acordamos tu compromiso con Flint para tu propio
bien.

"Y cómo se relaciona Flint con mi propio bien, es todo un misterio."

Comprendo que como adolescente, tengas la necesidad de rebelarte,
pero no entiendo por qué lo haces en relación a este tema, si diste
tu consentimiento desde el principio. Jamás lo habríamos acordado
si tu no hubieras estado de acuerdo, hija.

Por otro lado, Kurt dijo que en un principio parecías llevarte bien
él, pero que ahora hablas sólo con Scorpius Malfoy y Albus Potter.
No me opongo en cuanto al heredero de los Malfoy, pero espero que
reconsideres tu amistad con ese Potter.

Sucederán muchas cosas dentro de poco, y no es bueno para tu
reputación que te juntes con esa familia.

Saludos cordiales,

Annelise.

- Liss, ¿te encuentras bien? –preguntó Scorpius, preocupado, al ver que su amiga miraba tan seriamente la carta que tenía en sus manos.

La aludida no contestó, sino que se levantó y se fue, dejando su desayuno sin terminar. Cosa extraña en ella, dado que consideraba el comer con tranquilidad "tener clase". Al parecer, estaba bastante alterada por lo que había leído.

- Al, te veo luego en el aula. –se despidió Scorpius rápidamente, yendo detrás de Alyssa.

Albus se preguntó por enésima vez que demonios era lo que le estaban ocultando.

º º º

Scorpius encontró a su amiga en el patio, sentada en un banco con las piernas y brazos cruzados, con la mirada perdida en un punto fijo.

- Liss… -la llamó.

Ella le dirigió una sonrisa radiante, totalmente contradictoria al estado en que había abandonado el Gran Salón.

- Scor, ¿cómo estás? –lo saludó.

- Yo muy bien, pero tú no actúas bien. –le sonrió él, sentándose a su lado.

Ella lo miró levemente ofendida.

- Soy muy buena actuando, Scor.

- No conmigo. –repuso él. Sin dejar de sonreír, le preguntó: - ¿Qué hicieron de bueno tus padres esta vez?

- Lo único bueno que podrían hacer sería no hablarme nunca más y darme mi herencia. –contestó ella, despreocupada. - Pero no fue así, de modo que ésta vez, no hicieron nada bueno.

- Suerte para la próxima.

Alyssa rió sinceramente por primera vez desde que su amigo se le había acercado.

- Muchas gracias. –le pasó la carta para no tener que explicar tanto. Scorpius la leyó con el ceño fruncido.

- "¿Saludos cordiales?" Merlín, que mujer tan amorosa. –comentó.

Su amiga le sonrió.

- Oh, pero mi parte favorita es la que dice que yo di "mi consentimiento" para mi compromiso con Flint. –le respondió ella. – Es lo más descarado que me dijo jamás. Me dieron una poción que me dejó idiota por unas horas. Esono es dar mi consentimiento.

- Disculpa que lo diga, pero tu madre es una… -soltó una serie de creativos improperios que hicieron sonreír a Alyssa. – Ya sé que insultar así es caer bajo, pero no lo pude evitar. –agregó luego.

- No te preocupes, te disculpo. Por insultar, digo. –aclaró- No por decirle eso a mi madre. Yo pienso lo mismo.

Scorpius soltó una carcajada antes de releer la carta.

- ¿"Sucederán muchas cosas dentro de poco"? ¿Por qué no le va a hacer bien a tu reputación hablarte con Albus?

- Oh, ni idea. Pero si eso la hace enojar, entonces mañana me hago su mejor amiga. Y estoy siendo irónica, Scor, antes de que digas nada.

El aludido la miró con diversión.

- No estaba por decir nada. –negó, sonriente.

- No eres bueno mintiendo. –le espetó ella.

- Sí que lo soy.

Ella le sonrió.

- No conmigo.

º º º

¿Almorzamos juntos?
Tenemos que hablar.

Te amo.

Harry no se preocupó por el anonimato de la nota: la letra y el mensaje eran inconfundiblemente de Ginny. Se preocupó por lo que tenían que hablar. La pelirroja le estaba recordando que todavía tenían un tema que conversar: la actitud sobreprotectora de Harry.

"No soy sobreprotector. De acuerdo, no me gusta que se defienda sola si yo puedo hacerlo por ella. Pero eso es ser amable. Y está bien, le pregunto si no quiere escoltas para sus viajes. Pero es que me preocupo por ella. Y por supuesto, en caso de peligro, prefiero ir al frente yo. ¡Pero sólo le estoy demostrando que quiero cuidarla! No es para tanto. No soy sobreprotector".

"Demonios. Es verdad que lo soy", pensó, una vez que cayó en la cuenta de lo que estaba pensando. De repente, la puerta se abrió y por ella entró un algo agitado Ronald Weasley. Se sentó con un suspiro de cansancio en una de las dos sillas que se encontraban frente al escritorio de Harry, sacando al moreno de sus pensamientos.

- Hoy es uno de esos días en que me pregunto por qué fui tan imbécil de venir a trabajar –comentó el pelirrojo.

- Pues seremos dos imbéciles porque yo tampoco tengo idea. –respondió Harry, desapareciendo el mensaje de su esposa, y frotándose luego la cara con las manos.

- Y yo que esperaba que me dieras una buena razón –suspiró nuevamente Ron, haciéndo sonreír a su amigo un momento, que se evaporó rápidamente. – Harry, ¿está todo bien?

- Ginny dice que "tenemos que hablar". –resumió Harry.

Ron silbó, para luego sonreírle.

- Lo que básicamente significa: "Yo me tengo que quejar y tú me tienes que escuchar".

Harry asintió, con una sonrisa con un dejo de amargura porque sabía que el intercambio con Ginny no sería precisamente placentero.

- Dice que soy sobreprotector. –le comunicó el moreno, buscando la opinión de su mejor amigo.

Pero Ron sólo se lo quedó mirando, al parecer esperando que Harry agregara algo más.

- ¿Piensas decir algo? –le instó Harry, algo harto, luego de un minuto en el que Ron lo miraba expectante.

- ¿No piensas agregar nada más? –le preguntó el pelirrojo a su vez, extrañado.

- No, es sólo eso. –respondió Harry.

- Es que no tiene sentido. –dijo Ron. Harry elevó las cejas, mirándolo interrogante. – Quiero decir, es obvio. –Harry seguía sin entenderlo, por lo que Ron buscó otras palabras para explicarse. – Dices "Ron Weasley", ¿y qué piensas? Pelirrojo. ¿Hermione Granger? Adicta a los libros. –Harry sonrió en esta parte. - ¿Harry Potter? ¡Sobreprotector!

- Eso no es verdad, y lo sabes. –intentó negar Harry, a pesar de habérselo admitido a si mismo instantes antes.

- Es totalmente cierto, y no me mientas, Harry. Y no sólo eso, sino que tienes la manía de resolver tú mismo todo. –rebatió Ron. Luego agregó, sonriente: - Salvo partidos de ajedrez. Eres desastroso.

El moreno lo miró enojado un momento, pero luego no pudo evitar admitir que su amigo tenía razón. Y cayó en la cuenta de algo.

- Con eso de "tienes la manía de resolver tú mismo todo", sonaste mucho a Hermione.

- Los gajes del oficio, amigo. Intenta pasar con ella tanto tiempo al día como yo, y quiero ver como terminas.

- Como tú, Ron, y con eso te digo todo. –le devolvió Harry, antes de soltar una carcajada. El pelirrojo sólo le hizo un gesto grosero con la mano, pero no se lo tomó en serio. Se relajó un poco en su asiento, y miró a Harry interrogante.

- Y bien, Harry, ¿qué querías?

El moreno elevó las cejas, extrañado.

- ¿Qué quería?

- Sí, tú me mandaste a llamar.

- ¿Yo te mandé a llamar? –repitió el moreno, confundido.

- ¿Tienes problemas de audición? –preguntó Ron, algo molesto.

Harry sonrió al percatarse de que estaba sonando como un loro. Luego miró a Ron, intrigado.

- Ron, te aseguro que no mandé a llamar a nadie.

- La memoria, la memoria. –suspiró el pelirrojo. – Los años no vienen solos, ¿eh?

El moreno le dirigió una mirada de enfado.

- Dos cosas. Uno: no soy viejo. Dos: no mandé a llamar a nadie, y punto final.

- Esas son tres cosas. –observó Ron.

- Una más y te…

- Shh, tranquilo. –rió el pelirrojo, ante la evidente falta de paciencia que Harry tenía ese día. Lo único que logró fue que Harry le dirigiera una mirada aún más molesta por haberle dicho "Shhh". Decidió cambiar de tema. – Pero entonces, no entiendo. Vino Llorch a decirme que me estabas buscando.

- ¿Estás seguro de que escuchaste bien?

- Harry, aquí el único con problemas de audición eres tú.

El aludido se frotó la cara, frustrado y molesto.

- Te prometo que fue la última. –le aseguró Ron, sonriente, ante lo cual Harry le dirigió una mirada dubitativa, pero no agregó nada más al respecto.

- Esto es extraño. -dijo Harry, al cabo de unos segundos-. Estoy seguro que yo no…

Se interrumpió cuando de repente, se escucharon unos gritos fuera de la oficina, seguidos por varios estruendos.

Instantes después, no pudieron ver más.


Estuve haciendo estadísticas. Cada vez más gente lee el fic, pero cada vez menos personas comentan. Digamos que, 1 de cada 10 que leen, me quieren y son buenos conmigo.

¿De qué lado estás?

(sí esto es psicología pura, por si te lo preguntabas jaja)

Nos vemos el fin de semana que viene :D