Sigo vivaaaaa y este fic también xD perdonad el retraso, he tenido contratiempos académicos no muy agradables, pero bueno, ya me he centrado otra vez y aquí tenéis otro capi.
Miles de gracias a todos los que me leéis y en especial a toda la gente que me dejó reviews: Nefer W, Ainhochu, Daniels-Delirious19, belll29, nena weasley granger, aymee cm, V-Weasley, Ceciss, Luriadna, UltraVioleta, kisa kuchiky, danielaweasley, ninaaaaaaaaaa, CataGrint, Mapy, Lily.., Alecita-Luna y Nekiiito ^^
Lily..: Muchísimas gracias por tu review, me alegro de que te pareciera hermoso ^^ Besicos
ninaaaaaaaaaa: ¿de verdad lo leíste 4 veces? xD muchas gracias jo. Besicos.
No lo he releído, porque quiero colgar ya que os he hecho esperar mucho esta vez xD, así que sed comprensivos con el resultado xD
Capítulo 15. Seamos amigos
—Estabas muy guapa el viernes por la noche.
—Gracias Oliver.
—Aunque me han dado un poco de rabia esos titulares, ya sabes, tú como la Cenicienta y ese pelirrojo tu príncipe… ¿qué pasó?, ¿por qué tenía tu zapato en la mano?
—Es que… me caí, tropecé con los tacones y él sólo quiso ayudarme. —No tenía intención de contarle el desagradable encuentro con Parkinson y sus amigas.
—Pues fue muy afortunado tu accidente, habéis quedado muy bien en las fotos.
—Oliver… no te enfades, no fue nada planeado. —Se acercó al moreno y se agarró a su brazo, para intentar calmarlo.
—Lo sé, lo sé… pero… uf, me cuesta mucho esto Hermione… nunca te habías arreglado así para salir conmigo, pero ha llegado ése y todo parece poco para él.
—No es así… ahora tengo cientos de cámaras enfocándome, estudian cada movimiento que hago, tengo que hacerlo todo lo mejor posible y la ropa es una cosa más.
—Sí… por eso tenemos que vernos en casa de Katie, a escondidas.
—Oliver…
El moreno se deshizo lentamente del agarre de Hermione y dio unos pasos hacia la ventana de la habitación.
—Esto está siendo muy duro para mí… es casi como ser cornudo y tener que soportarlo.
—No digas eso, no te estoy engañando, sabes que te quiero mucho.
—Perdóname preciosa… —Se volvió hacia ella, y avanzó hasta poder besarla en los labios— son los celos, me cuesta dominarlos.
Oliver volvió a atrapar la boca de la castaña, pero su beso se fue volviendo más y más exigente, necesitado, casi como desesperado. Hermione le correspondía, con los ojos cerrados, hasta que un instante, apareció el rostro de un pelirrojo con la cara pecosa que la miraba con ternura. De inmediato, la castaña abrió los ojos y rompió el beso.
—¿Qué te pasa? —preguntó Oliver desconcertado.
—Nada, sólo es que estoy cansada, a parte de las obligaciones nuevas sigo estudiando y acabo agotada. —Inventó para no preocuparlo.
—Es verdad, la profesora McGonagall me contó que te tutoriza los trabajos, no sé como puedes con todo a la vez Hermione.
—Bueno, estudiar me encanta, ya lo sabes.
Le sonrió, aliviada por la comprensión del moreno y pudo terminar de desviar la conversación hacia temas menos sentimentales.
Pero Hermione no pudo evitar darle vueltas a lo que le había pasado. Estaba besando felizmente a su novio, al que quería muchísimo, y por un segundo… Ron había aparecido en su mente, ese Ron tan dulce del baile, el que la consoló, el que la hizo sonreír otra vez, el que la cuidó… un Ron tan encantador y tan atractivo.
"Tiene que ser por lo mucho que me sorprendió, estaba tan acostumbrada a sus desplantes que verlo actuar de esa forma me ha dejado un poco tocada" trató de tranquilizarse a sí misma.
Pasó el resto del día en casa de sus padres, ambos emocionados por las maravillosas críticas de la prensa, sobre su hija en la última fiesta de palacio. Katie y Neville también se acercaron a pasar un rato con su amiga.
—Hermioneeeeeeee —chillaba alterada Katie.
—¿Qué pasa?
—¡Estabas guapísima!, y el príncipe Ron ufffffffffff ¡tremendo! Jajajaja, y ¿qué fue ese momentazo Cenicienta?, madre mía, cuéntamelo todo porque estoy que no quepo en mí de la conmoción jajajajaja.
—Jajajaja anda que…
—Eso, cuéntanos, porque pensaba que acabaríais matándoos vosotros dos y fíjate en las fotos, como si fuérais los protas de una película romántica —añadió Neville. Ya sabía todo sobre la farsa que estaban manteniendo ella y Ron. Neville era su mejor amigo y no quería ocultarle algo así.
Hermione los puso al corriente de todo, y a diferencia de sus padres, para no hacerlos sufrir por ella y de Oliver, para no originarle más preocupaciones, a Katie y Neville sí les contó el episodio de las víboras aristócratas, y ambos estuvieron de acuerdo con que Ron se había portado muy bien con ella.
—A ver si al final… —La morena la miraba con aire picaresco en el rostro.
—¿Al final qué…? —Hermione miró también a Neville, que se encogió de hombros, evitando hablar.
—Pues que a ver si al final el príncipe se fija en ti de verdad.
—¿Qué dices Katie?
—Estuvo muy amable contigo ¿no? —completó Neville.
—No sólo amable… estuvo encantador Hermione, como un verdadero príncipe de cuento ainsss —Suspiró la morena de manera teatral. Su amiga se echó a reír.
—¡Qué payasa eres Katie!, jajaja… Ron fue muy amable conmigo, y ya está.
—Bueno, lo que tú digas, pero insisto en que podría pasar que se fijara en ti.
—Eso es imposible, yo no soy su tipo —aclaró esbozando una ligera sonrisa ¿un poco decepcionada?
—¿Has oído Neville?, lo primero que dijo fue de Ron, a Oliver ni lo menta… jajajaja.
—¡Katie!, porque estábamos hablando de Ron ¿no?
—Claro, claro… —entornaba los ojos mientras sonreía con malicia.
—Eres idiota. —Hermione hizo una mueca.
—Jajajaja, perdona jo, sólo quería hacerte rabiar… pero lo de antes va en serio, si tan mal te trataba y ahora ha sido tan jodidamente encantador —De nuevo esa cara soñadora de Katie, mirando al cielo con una sonrisa enorme y Neville rodando los ojos— ¿no será que ahora le gustas?
—Pues… si es así, todo se debe a mi cambio de look, sería un poco decepcionante, la verdad. Yo quiero pensar que nos vamos a llevar mejor por fin, que ha recapacitado y ha decidido cambiar su actitud conmigo.
—Ya bueno, si todo se debe a que ahora le gustas por fuera, sería un poco superficial de su parte —Neville le daba la razón a su amiga.
—Tonterías… si ahora le gustas da igual si es por tu nuevo look o porque ha tenido una revelación divina, lo que importa es el hecho, que le gustas Hermione.
—Pero ¿qué dices?, esta conversación se ha tergiversado, nos hemos liado todos un poco ¿no?, yo no le gusto a Ron, sólo fue amable cuando yo lo necesitaba.
—Jajajajaja. —La morena estalló en carcajadas.
—¿Y ahora te ríes?
—Porque te has sonrojado, mírala Neville, ¿a que se ha puesto roja?
—¿Roja yo? —Se llevó las manos a las mejillas.
—Un poco solo. —Neville prefirió no darle importancia.
—¡Eso es porque me estáis mareando ya con tanto Ron y tanto gustar! Ufffff —Resopló y les dio la espalda. Pero era cierto, se había sonrojado, el calor en su rostro no daba lugar a dudas. Primero besando a Oliver, y ahora hablando de él con sus amigos, ¿es que ese maldito pelirrojo no podía dejar de afectar a su vida aunque no estuviera presente?
—Ahora en serio Hermione, ¿por qué dijiste que no eres su tipo? —Katie recuperó la compostura.
—Porque a él le gustan las mujeres más… hermosas, más sexys —Recordó las palabras de Parkinson—, jo Katie ya sabes, más espectaculares que yo. ¿Acaso no has visto a todos sus ligues en la prensa?
—Sí, y ninguna te llega a la suela de los zapatos.
—Gracias Katie… pero ése es su gusto, y cada cual tiene el suyo, tampoco es un drama.
—Si no le gustas es que es tonto —sentenció Neville sorprendiendo a sus amigas.
—Gracias Neville, eres muy amable…
—De todos modos, a ti no debería importarte que le gustes o le dejes de gustar ¿no?, estás con Oliver. —La morena la provocó a propósito.
—Así es… quizá mejor que no le guste, sería incómodo ¿verdad?
—Claro… —Katie la miraba entornando los ojos, la conocía demasiado bien y sabía que la decepción teñía sus palabras. A su amiga de toda la vida le dolía pensar que a Ron no le gustaba, a pesar de tener novio, a pesar de que Ron era el príncipe heredero, a pesar de todo a Hermione le dolía que él no la considerara como mujer.
Katie Bell se marchó de la casa de los Granger meditabunda, pero no quiso comentar nada al respecto, no era plan de confesarle a su amiga que veía en ella sentimientos hacia un hombre que no le convenía, encima estando con otro. Pero seguiría pensando en ello y muy atenta a todo lo que pudiera pasar entre Hermione y el príncipe. Ahora ardía en deseos de conocer al príncipe pelirrojo y descubrir si por su parte era sólo amabilidad de cortesía o podía haber algo más.
La castaña no se quedó mucho mejor, se pasó el viaje de vuelta a Clarence House dándole vueltas al asunto. Sí, Ron había sido un encanto en la fiesta, pero eso no implicaba que ella le gustara en absoluto. La gente no es amable sólo cuando le gusta la otra persona. Sin embargo, lo que preocupaba a Hermione no tenía nada que ver con el comportamiento de Ron sino con ella misma, con su interior. ¿Por qué le dolía la posibilidad de no gustarle?, cuando de hecho, eso sería lo mejor para no complicar las cosas. Pero le dolía. Se arregló tanto para darle con un canto en los dientes, pero maldita sea, también para gustarle, y cuando Ron le puso el zapato, cuando ambos se miraron de esa forma tan… extraña, ella deseó gustarle. Un pinchazo de culpa le retorció el estómago, esa noche cenaría algo ligero.
—¿Se encuentra bien señorita Granger? —preguntó Remus Lupin, que ese día había sustituido a Sirius como chófer.
—No es nada, sólo tengo la tripa un poco indispuesta —mintió.
Había pasado ya un mes desde que se conocieron en el desafortunado suceso del Everlasting. Ron se comportaba con Hermione con mucha cordialidad. La castaña estaba encantada. Definitivamente, parecía que las cosas habían cambiado para bien entre los dos. Así que decidió disfrutar las nuevas circunstancias y no darle más importancia al tema de gustarle a Ron.
La última semana del mes de marzo, desde "la fiesta de Troya" como la llamaba Harry, Ron se fijaba mucho más en Hermione. La miraba con detenimiento, aunque siempre disimulando. La castaña solía vestir cómoda cuando no tenían que salir en público. Llevaba vaqueros gastados, una camiseta y el pelo recogido en una coleta enmarañada.
—Hoy no llevas el pelo alisado, ¿y eso? —preguntó el pelirrojo en un tono totalmente carente de malicia. Ella lo percibió y le contestó con gusto.
—Lleva bastante tiempo arreglármelo y la verdad es que para no salir, prefiero dedicar el tiempo a otras cosas.
—Pues tienes razón —replicó Ron.
La miraba cuando comían o cenaban, la miraba cuando caminaba delante de él por el pasillo, cuando la pillaba leyendo o escribiendo en la estancia que había dispuesto como su biblioteca, cuando tenían reuniones con Snape… Y llegó a la conclusión de que nunca se había fijado bien en ella. Hermione no era exuberante ni de rasgos perfectos o de modelo de cosméticos, pero diablos, era bonita. Su rostro era dulce y encantador, su nariz pequeña y graciosa, con algunas pequitas adornándola, igual que las de él, sus ojos grandes y almendrados, bonitos sin necesidad de maquillaje, con ese color castaño tan cálido, su boca, de labios perfilados y sonrisa adorable. Incluso su melena le parecía bonita. Era cierto que ondulada por efecto de la peluquera, tenía un aspecto increíble, pero al natural, como un matojo rebelde de rizos castaños, también tenía su encanto. Y su expresión era a veces tan graciosa, sobre todo esa que ponía cuando estaba segura de saber más que tú o la que ponía cuando se enfadaba.
"¿Cómo no me fijé antes en ella?" era un pensamiento que venía a su cabeza con frecuencia en los últimos días.
Hermione estaba terminando un trabajo para la universidad, pero necesitaba un libro de la estantería, por desgracia, su estatura no le permitía alcanzarlo, recordó entonces que fue su padre quien lo colocó allí arriba.
—No irás a poner los pies sobre el tapiz de esa silla, ¿verdad? —Ron le hablaba con suficiencia, desde el marco de la puerta donde apoyaba su espalda, los brazos cruzados sobre el pecho.
—Hola a ti también… algo tendré que hacer si no llego al último estante.
—Claro, llamar al servicio... por ejemplo —Se acercó a ella, estaban casi rozándose, y alzó el brazo, alcanzando el libro sin dificultad—, o a mí… ten.
—Gracias. —Lo miró y vio como sonreía. A veces se preguntaba qué pasaba por su cabeza para haber cambiado tanto su actitud hacia ella. Por no mencionar que últimamente sentía que la miraba con extrema atención, lo que a veces la ponía un poco nerviosa.
—¿Qué vas a hacer hoy?
—Pues… terminar este trabajo, ¿por qué?
—Va a haber un desfile militar en el que participo, lo he comentado con Snape y me ha dicho que no es necesaria tu presencia, pero… si quieres puedes venir.
—Oh… —La sugerencia la había cogido por sorpresa— Pues… supongo que sí podría ir.
—Será mañana por la mañana, pero claro, Snape y yo te explicaríamos como va esta tarde, para que no vayas perdida.
—Estupendo.
—Ah y mañana después de comer he invitado a los amigos a la piscina. La que tengo en Buckingham. ¿Tienes aquí ropa de baño?
—Pues la verdad es que la tengo en casa de mis padres.
—Bueno, hay tiempo para que te la traiga alguien ¿no?
—Sí.
—No te molesto más, sigue con tu trabajo, hasta la comida.
Ron levantó la mano y se despidió con una sonrisa. Pero ¿qué estaba pasando?, le cogía el libro, la invitaba a un desfile militar y la avisaba de una tarde en la piscina. Y seguía mirándola con esa atención abrumadora. Ya no sabía qué pensar, ¿podría ser verdad lo que Katie le dijo?, ¿le gustaba a Ron? Sacudió la cabeza para apartar tales pensamientos y bajó la mirada hasta el libro abierto que Ron le había cogido.
En ese preciso instante, el pelirrojo se asomó por la puerta entre abierta de la biblioteca, y su sonrisa se amplió exageradamente cuando vio a Hermione concentrada en su lectura, con el ceño ligeramente fruncido, jugando con el lápiz entre los dedos de su mano derecha.
—¡Una cosa más! —exclamó con energía. Hermione se asustó y pegó un bote en la silla.
—¡Ron!... dime…
—Perdona —en realidad no lo sentía, no pudo contenerse, quería ver cómo reaccionaba y le pareció encantadora su manera de asustarse— sólo quería recordarte que hoy comeremos a las dos en punto. Hasta luego.
—Vale, gracias… hasta luego. —No entendía nada, ella ya sabía que los martes comían siempre a las dos. Snape se había asegurado de que tuviera bien claros los horarios en cuanto llegó a Clarence House.
El príncipe se alejó de las habitaciones de Hermione sin dejar de sonreír.
"Qué cara más graciosa ha puesto cuando la he asustado, pobrecilla" pensaba Ron para sí mismo.
—Buenos días Rachel, hoy hace un día estupendo ¿verdad?
—Bue… nos días… alteza. —Saludó torpemente una nerviosa doncella. No estaba acostumbrada a que el príncipe le dirigiera la palabra y mucho menos en un tono tan cordial.
Incluso Snape había notado algo diferente en Ron, lo encontraba como más optimista, menos amargado que de costumbre. Parecía que tuviera la sonrisa permanentemente en la cara desde hacía días. Desde la noche de la última fiesta. Pero el moreno no quería buscar motivos a su nuevo comportamiento, no era ése su trabajo, prefería concentrarse en su asesoramiento real. El pelirrojo había ido a buscarlo, por propia iniciativa, para comentar el desfile del miércoles, y hasta había sugerido que Granger asistiera, cosa muy adecuada. Tal vez el príncipe estaba empezando a madurar y tomarse en serio sus responsabilidades.
Ron hacía tiempo en sus habitaciones, hasta que fuera hora de comentar el desfile del día siguiente con Snape y con Hermione. Se tiró sobre la cama y empezó a repasar en su mente todos los gestos de la castaña. Le embargaba un sentimiento de ternura y protección hacia ella contra el que no podía ni quería luchar.
—Me sorprendió cuando me dijeron que te habías independizado, y con tu novia y todo, qué rápido vas ¿no, zanahorio?, jajaja —le habló alguien desde la puerta de su habitación.
—¡No me llames así… —En realidad a ella sí le permitía llamarlo así— Nymphadora! —Pero porque se la podía devolver.
—Arg, odio mi nombre completo, ni se te ocurra volver a decirlo Ronald Bilius Weasley, o este país se quedará sin príncipe.
—Jajajaja, ven aquí. —Ambos se fundieron en un fuerte abrazo. Eran buenos amigos desde la infancia— ¿Cuándo has vuelto a Londres?, nadie me avisó de tu visita.
—Es que quería darte una sorpresa, llegué ayer por la noche.
—Me alegra tanto verte —afirmó Ron con sinceridad.
—¿Cómo estás?, cuéntame todas las novedades, si es que una no puede dejar Londres ni un mes que luego se lo pierde todo jajaja.
—Supongo que querrás saber sobre Granger… mi novia Hermione, quiero decir —rectificó de inmediato, tendría que tomarse en serio llamarla por su nombre de pila, aunque eso lo hiciera sentirse raro.
—Pues… sí jajaja me muero de curiosidad, ¿cómo no me contaste nada de lo vuestro?
—Quería asegurarme de que la cosa iba en serio antes de contarlo, ya sabes que se me han adjudicado infinidad de novias antes Tonks, tú entre ellas jajaja.
—Jajajaja cierto, cierto.
Nymphadora Tonks era sobrina de Lucius y Narcissa Malfoy, y por tanto prima de Draco, pero la única de toda esa familia a la que Ron apreciaba. Tenía veintiséis años, cinco más que Ron, pero eran amigos desde niños. Incluso salieron juntos cuando él tenía dieciséis, aunque la cosa no cuajó, se querían demasiado pero como amigos.
Ron la invitó a quedarse para la cena, así se la presentaría a Hermione. Pero antes debía decirle que Tonks lo conocía muy bien, casi tan bien como Ginny, y debían quedar convincentes delante de ella.
Una persona del servicio avisó a Hermione de que Snape la esperaba en una estancia de la planta baja. Ella supo que se trataba de lo del desfile y se apresuró en acudir. Ron también la buscaba, para avisarle de la llegada de su amiga.
La castaña estaba ya en la planta baja, pero no recordaba bien qué estancia le había dicho la chica, dudaba entre tres. Probó suerte y entró en una de ellas, pero allí no había nadie. Iba a salir cuando escuchó acercarse a varias personas por el pasillo. Con miedo de hacer el ridículo, por haberse equivocado de estancia, cruza la sala y se oculta tras otra puerta. Dejó una rendija para poder ver y saber cuando salir de allí, lamentaba su mala suerte.
Vio entrar a una pareja que parecía acalorada. No pudo reconocerlos, la mujer estaba delante del hombre y de pronto se besaron contra una pared. Con tanta pasión que Hermione sintió cómo se ruborizaba. Se sentía como una vulgar vouyear.
El beso duró unos segundos, después el hombre la echó hacia atrás y le habló.
—Esto no está bien, no puede ser.
—¿Por qué?, siempre dices lo mismo.
—Porque yo soy un don nadie Tonks… y tú debes casarte con alguien de tu clase.
—Por favor, no hables como mis padres.
—Además te saco doce años, soy muy viejo para ti.
—La edad y los títulos me importan un bledo, yo sólo quiero estar contigo, Remus.
Se trataba de Remus Lupin, uno de sus guardaespaldas. Pero ¿quién era esa joven que parecía quererlo tanto? Hermione se sentía fatal por estar participando de su intimidad sin permiso y carraspeó antes de abrir la puerta y quedar a la vista de la pareja.
—Perdonad… yo… lo siento, me perdí y entonces… entonces entrásteis aquí y yo… no sabía qué hacer…
—Señorita Granger… —pronunció el castaño casi atragantado.
—Eres Hermione Granger, ¿verdad? —Tonks no parecía demasiado violentada con la espectadora sorpresa.
—Eh… sí.
—¡Hola!, soy Nymphadora Tonks, pero mejor llámame Tonks a secas. Soy muy amiga de los príncipes, vine a ver a Ron, me dijo que nos iba a presentar pero creo que ya no hará falta jajaja. —Se acercó hasta Hermione y le tendió la mano con una sonrisa.
La moderna joven, que llevaba el pelo tintado con mechas rosas aunque a sus padres no les hiciera mucha gracia, le contó a la castaña que venía de visitar a Ginny en Buckingham y que lamentaba haberse perdido la última fiesta de palacio. También tuvo que justificar la escena que habían ofrecido unos minutos antes. Ella y Remus estaban enamorados desde hacía un tiempo, pero lo mantenían en secreto, sólo lo sabían Sirius, Ron y Ginny. Si se llegaba a saber, Remus podía perder su trabajo, además los Tonks querían comprometerla con un chico de buena familia, así que ambos le pidieron mucha discreción.
—Hasta que consiga convencer a mis padres de que me dejen elegir marido y a este cabezota de que no pienso dejar de quererlo —miró a Remus de soslayo, él se limitaba a encoger los hombros, Hermione sonrió enternecida por sus palabras—, lo mejor será que nadie más descubra lo nuestro, ¿nos guardarás el secreto, Hermione?
—Claro que sí, contad conmigo —replicó entusiasmada. La historia de amor de esos dos le parecía muy romántica, y ambos le caían bien, por nada del mundo les perjudicaría.
Cuando Ron se encontró a Remus y las chicas en el pasillo sintió un poco de temor, pero Tonks se lo quitó de un plumazo.
—Tu novia es un verdadero encanto, esta vez has elegido casi tan bien como cuando me pediste salir a mí jajajaja —Llevaba a Hermione cogida de los hombros.
—Me alegro de que pienses así. —Ron sonrió a su amiga y echó una mirada rápida a Tonks y Remus.
—Tranquilo, ya lo sabe —Los ojos del pelirrojo se abrieron como platos—, nos pilló manifestando nuestro amor.
—¿Estábais haciéndolo en Clarence House? —preguntó escandalizado.
—¡No bruto!, sólo nos besamos, ¿verdad Remus? —El castaño no podía hablar, su cara estaba casi tan roja como el pelo de Ron.
—No te preocupes, yo también sé guardar un secreto, ¿no crees? —dijo Hermione haciéndole un gesto de complicidad al príncipe.
"Y tanto que sabes, ahora mismo Tonks piensa que tú y yo…" pensaba él.
—¡No se hable más del tema!, saldré un rato al jardín y a ver si veo a Sirius que me apetece saludarlo.
—Muy bien, pues… Hermione y yo vamos a hablar con Snape.
—Sí, como ahora voy contigo no me perderé jajaja.
Tonks rió ante la confusa mirada del pelirrojo.
Las instrucciones de Snape fueron sencillas, Hermione no tenía mucho más que hacer que mantenerse en pie durante un par de horas, mientras desfilaban las tropas. Se situaría junto a la familia real, allí estaría también Ginny, cosa que la tranquilizó.
La cena con Tonks fue de lo más agradable. Se dedicó a contarles sus aventuras y desventuras por América, pues había regresado de un mes en Nueva York. Hermione pudo ver lo bien que se llevaban esos dos, y supo de aquellos meses que salieron juntos cuando él era adolescente. Ron estuvo todo el tiempo riendo y comentando animadamente y de vez en cuando la incluía en los comentarios, haciendo que la castaña se sintiera una más de la conversación. Tonks también facilitaba la confianza entre los tres. Sin duda fue la mejor cena desde que vivía en Clarence House.
Afortunadamente para los participantes y los asistentes al desfile militar, el miércoles amaneció soleado, con un cielo azul casi desprovisto de nubes.
Hermione se vestía en sus habitaciones de Clarence House para el evento. Ron se había adelantado, ni siquiera había podido verlo en el desayuno.
"Mejor, así será una sorpresa, ¿cómo irá vestido?, tengo ganas de verlo, además me invitó él mismo… ¿no estoy demasiado emocionada?" meditaba mientras se miraba en el espejo. Sonreía como una niña con zapatos nuevos, era estupendo llevarse bien con el príncipe. Jamás habría pensado que fuera tan encantador.
Mientras se dirigía al lugar donde la esperaba la familia real, se dedicó a recordar toda la información que Snape le había transmitido el día anterior, con su habitual tono frío.
Ron había estudiado en el afamado colegio Eton hasta los dieciocho años, como antes hizo su hermano Charlie. Después disfrutó de un año sabático, como acostumbraban en la familia real británica y con diecinueve años ingresó en la prestigiosa academia militar de Sandhurst, porque a diferencia de Charlie, no quería estudiar una carrera universitaria. En la actualidad, el príncipe Ron seguía en Sandhurst, pero tenía que compaginar la academia con sus tareas oficiales, ya que al cumplir los veintiún años los príncipes y princesas podían desempeñar estas funciones, y con su preparación como heredero al trono. La vida pública de Ron comprendía tareas oficiales, militares y de caridad, pues era patrocinador de algunas organizaciones de ayuda a los más desfavorecidos. Su favorita era "Blessed children", él ayudó a fundarla y decidió hacerse cargo. Se encargaban de cuidar a niños con discapacidades, enfermedades crónicas y terminales. Cuando Hermione supo todas estas cosas, en especial sobre "Blessed children", todavía encontró más encantador a Ron, en verdad había bondad en él, tenía buen corazón, ya no había ninguna duda.
Cuando se acercó a los monarcas y su hija, todos la saludaron con afecto, en especial la reina Molly, encantada de verla allí, y más aún cuando supo que fue idea de Ron. No se lo había dicho a nadie, pero guardaba la esperanza de que aquella muchacha responsable lograra cambiar a su hijo.
—Ven Hermione, ponte a mi lado. —Ginny la cogió del brazo para acomodarla junto a ella. La castaña se sentía bien con aquellas personas. No eran su familia, ni lo serían jamás, pero la trataban como si lo fueran. Entonces recordó a sus propios padres, no podían asistir al evento por trabajo, pero sabía que su madre lo grabaría de la tele para ver a su hija con tan regia compañía.
El desfilé duró casi dos horas, pero lo más emocionante fue el momento en que Ron pasó por delante de su familia.
—¡Mira, mi hermano está ahí! —gritó Ginny con entusiasmo, pero la castaña ya lo había localizado instantes antes, emocionada al reconocerlo.
Había decenas, cientos de soldados, pero los ojos de Hermione sólo parecían verlo a él, como si el resto de chicos se desdibujaran. Ron destacaba de entre todos ellos, ésa era la razón que se daba la castaña para encontrarlo tan… imponente. Vestía ropa de soldado, de la típica tela de manchas verdosas, amarillentas y marrones, botas negras y una boina azul de medio lado, ocultando parte de sus cabellos de fuego. Su gesto era de máxima concentración, parecía tomarse muy en serio lo que estaba haciendo. Y de pronto sucedió. Ron volvió su cabeza noventa grados, apartando la vista del frente, clavó su mirada celeste en Hermione y le guiñó un ojo, volviendo de inmediato a su posición inicial. Hermione sintió un vuelco en su pecho con aquel gesto, ¿era para ella?, tenía que serlo, ¿para quién sino?, allí sólo estaban sus padres, Ginny y ¡ella! La princesa le ratificó sus deducciones.
—¿Has visto eso?, ¡Ron te ha guiñado un ojo!, ¡mamá ¿lo has visto?! —La reina se limitaba a sonreír a su hija— ¿Lo has visto, Hermione?, ¡ese guiño era para ti!
—¿Qué dices Ginny?, no puede ser… —La emocionada reacción de la pelirroja la había puesto aún más nerviosa.
—¿Sabes cuántas veces nos ha guiñado un ojo Ron en sus desfiles?
—¿Cuántas?
—Ninguna Hermione, ninguna… ¡te lo ha hecho a ti!, jajajaja, mi hermano es la leche cuando quiere.
—Bueno… a lo mejor le picaba el ojo, o le entró algo o…
—O le apetecía compartir ese guiño contigo Hermione, yo lo veo clarísimo. —La interrumpió Ginny.
Hermione se puso un poco colorada y Molly se dio cuenta.
—Anda, deja a Hermione tranquila… —Parecía estar de parte de la castaña— Ya le preguntaremos a Ron cuando acabe el desfile —¿o no?
Aunque le quitaba importancia con Ginny, le había hecho mucha ilusión aquel sencillo gesto.
El desfile finalizó con un saludo militar por parte de todos los soldados hacia el monarca y su esposa. Después el rey Arthur pronunció un breve discurso por los jóvenes soldados y dio por finalizado el evento dando la orden de romper filas. Los jóvenes se dispersaron para reunirse con sus familiares, y así lo hizo Ron.
—Bien hecho hijo. —Molly abrazó al pelirrojo y le dio un beso en la mejilla.
El príncipe miró a su padre, y éste le dirigió una mirada de orgullo y le apretó el hombro mientras asentía al cabeza. No iba a decirle nada, pero aquel ademán fue suficiente para saber que a su padre se le había pasado por fin el enfado. Hermione observó la escena paterno filial con alegría. Después de saludar a sus padres, el pelirrojo se acercó a Ginny y Hermione.
—Ay mi hermano el más guapo de todos, ¿a que sí? —Ginny se le tiró al cuello para abrazarlo.
—Amor de hermana jajaja, ya ves —Le devolvió el abrazó a la pelirroja y se dirigió a la castaña—. ¿Qué te ha parecido?, ¿te ha gustado?
No sabía si era por verlo tan alto, por verlo tan guapo, o por verlo tan atractivo vestido de soldado, pero las palabras se le escaparon de la boca.
—Claro que me has gustado… ¡me ha gustado mucho, muchísimo! —Elevó tanto la voz al terminar la frase que parecía poseída por un entusiasmo arrollador. Al parecer corrigió el tiempo verbal a tiempo de que Ron no lo advirtiera.
—Me alegro mucho de oír eso. —La miraba con impetuosa atención, otra vez. Ella no sabía que decir. Ginny rompió el silencio.
—Oye Ron… ¿y ese guiño cuando miraste hacia aquí?, era para Hermione ¿verdad?, porque ella dice que no.
—Claro que era para ella, no iba a ser para ti, mocosa. —Le revolvió el pelo mientras Ginny luchaba por liberarse entre risas. Hermione los miraba paralizada, Ron lo había dejado bien claro, le había guiñado un ojo a ella, ¡a ella!
Ginny logró zafarse de su hermano y se puso a hablar con sus padres. El príncipe aprovechó el momento y se quedó con Hermione.
—Pensaba que igual no te dabas cuenta.
—Sí me di, pero… me sorprendió un poco. —Sus mejillas enrojecieron, a Ron le pareció adorable.
—Me alegró que quisieras venir a verme hoy. —Ron miró hacia Ginny y sus padres y volvió hacia Hermione. Cogió su brazo con delicadeza y la instó a dar unos pasos. Buscaba cierta intimidad con ella. Lejos de su alborotadora hermana— ¿Sabes?, lo he estado pensando mucho estos días, tal vez me hayas notado diferente.
—Sí… —acertó a decir la castaña. Estaba en ascuas, no sabía que iba a decirle, ¿acaso le diría que ella le gustaba? Su corazón se aceleró.
—No he sido precisamente amable contigo las primeras semanas, y lo lamento mucho. Me gustaría que nos llevásemos bien, como estos días. Podríamos llegar a ser amigos ¿no crees?
Esas palabras habrían sido gloria bendita un tiempo atrás, pero en ese momento le sabían a poco, se sintió un poco decepcionada, y al mismo tiempo culpable, ¿qué esperaba de Ron?, ella ya tenía a Oliver.
—Eso facilitaría las cosas, desde luego… yo también quiero que nos llevemos bien Ron.
—Entonces, estamos firmando la paz... Hermione. —Era la primera vez que la llamaba por su nombre de pila y ella lo escuchaba. Hermione sonaba especialmente bien en su voz aterciopelada, o al menos eso le apreció a al castaña— Hagamos que todos crean que estamos enamorados.
—Hagámoslo.
Se sonrieron y Ron le ofreció su mano, Hermione se la estrechó. Y algo los recorrió a ambos de los pies a la cabeza, o boina en el caso de Ron. Durante unos segundos se quedaron paralizados, sintiendo la tibieza de sus manos y esa sensación extraña corriendo por sus cuerpos, mientras sus ojos no podían dejar de mirarse, como atados.
Ginny asistió a la escena, pero no quiso interrumpir. Por la tarde iban a ir a la piscina de palacio, se moría de ganas de ver cómo se comportarían esos dos.
CONTINUARÁ...
Pues así están las cosas, por ahora xD... el próximo capi lo colgaré en una semana como tarde, pero creo que antes ;)
