Este era el peor día de su vida. Su corazón se encogió dolorosamente cuando Francis adivinó la verdad. El italiano lo miraba, con cierto miedo reflejado en su mirada castaña. Se notaba que estaba esperando una respuesta.
-¿Eres el Sacro Imperio Romano en el futuro?- preguntó el menor. Ludwig sentía la garganta seca, no sabía qué hacer, estaba en shock.
-El que calla, otorga- sentenció el francés antes de salir huyendo. Azelio vio como huía y llamó a sus compañeros para perseguirlo
-¡Dante! ¡Ludwig! ¡Vamos!-gritó Stefano pero ninguno se movió, Feliciano seguía mirando al rubio con el horror marcado en sus facciones- ¿Qué ocurre?
-… Nada…-el castaño parpadeó para regresar a la realidad- andiamo…-el italiano le lanzó la última mirada al germano antes de salir corriendo tras el francés. Francis corría por las calles de Roma cuando, de pronto, chocó contra Gilbert, quién estaba explorando la ciudad.
-¡¿Francis?! ¿Cómo demonios escapaste?-preguntó sujetándolo para que no huyera. Justo en ese momento el albino se dio cuenta de algo en el suelo-… Tiraste mi trago….-gruñó molesto fulminando al rubio con la mirada.
-¡Suéltame! –el galo forcejeó para liberarse pero el germano no lo soltó-¡No entiendes! ¡Hay alguien del futuro aquí!
-¿Gente del futuro?-preguntó el albino y se carcajeó- Kesesese~ has bebido demasiado…
-¡No, no, es verdad lo que escuché-exclamó el francés-Ese tipo rubio es el Sacro Imperio Romano en el futuro
-El tipo rubio… ¿el altote que estaba con Feliciano?-preguntó el germano recordando-Ja… me pareció algo raro pero no pude verlo bien, estaba muy lejos…
-Pues es igual al Sacro Imperio, igualito-el galo asentía energéticamente cuando, de pronto, escucharon unos pasos que se acercaban
-Gilbert-dijo una voz grave y profunda- no desaparezcas así, debemos organizar nuestra partida… ¡¿Francia?! ¿Cómo escapó?
-Eso no importa, bruder-dijo el albino un segundo antes de que una sombra saltara desde un balcón cercano y le cayera encima al galo para someterlo contra el suelo. Benedetto sujetó al francés antes de que el resto del clan se uniera.
-Hicieron bien en no dejar que escapara-Dijo Dante-Ahora lo regresaremos a su celda y nos aseguraremos de que no vuelva a huir-Stefano y Azelio llevaron al galo escoltados por Benedetto y Ludwig. Dante y Vittoria dirigían la comitiva. Estaban a punto de marcharse cuando el Sacro Imperio Romano notó al alemán y se acercó.
-Esperen un momento…-los detuvo mirando fijamente la espalda de Alemania. El corazón del germano comenzó a latir dolorosamente por el miedo. Gilbert los observó y no pudo evitar emocionarse.
-¡Francis tenía razón!-exclamó sin poder creerlo- ¡Él viene del futuro!
-Son patéticos al creerle a un tipo loco-gruñó Dante cruzándose de brazos, colocándose frente al albino y al Sacro Imperio, encarándolos. A pesar de ser varios centímetros más bajo que los germanos, el italiano imponía por su mirada fría.
-¿Ah sí? ¿Y cómo explicas este artefacto extraterrestre?-Francis se había escabullido, aprovechando la situación y sujetó la muñeca de Ludwig. Un escalofrío recorrió la espalda de Alemania al darse cuenta de que tenía puesto su reloj. Como buen hombre de hábitos, se había puesto su reloj como acostumbraba, de manera inconsciente, aunque no le sirviera de nada en aquella época.
-¡¿Qué es eso?!-preguntó Gilbert señalando el reloj aterrorizado, como si fuera una bomba a punto de explotar.
-¿Es un arma?-preguntó el Sacro Imperio receloso sacando su pistola del bolsillo y se acercó con cuidado para ver el extraño objeto en la muñeca ajena. Ludwig trató de ocultarlo pero el Sacro Imperio le sujetó la muñeca para verlo bien. De pronto, una onda expansiva los separó de golpe, lanzándolos de espaldas un par de metros.
-¡Ludwig!-gritó Feliciano corriendo hacia él- ¿Te encuentras bien? ¿Qué pasó?
-Nein…-dijo Alemania horrorizado, poniéndose de pie- Nein… ¡No debiste tocarme! ¡Esto creará una paradoja!-Nadie entendía lo que decía pero estaban conscientes de que algo había pasado.
-Magia negra-chilló Francis retrocediendo pero el germano lo ignoró y miró a Feliciano muy preocupado.
-Debo irme ya-sentenció- ¿me ayudarás?-el italiano lo miró muy triste y asintió-debemos encontrar tu reloj de arena, es de metal, con forma de dos manos esqueléticas juntas…
-¿Un reloj de arena de metal?-preguntó Stefano-Yo vi que uno de los mercaderes otomanos vendía uno en la plaza frente a la Catedral de Santa María del Fiore…
-Pero expulsamos a todos los otomanos de Italia-dijo Vittoria- Todos regresaron a sus hogares…-todos se miraron angustiados- Oh no… ¡¿irán al Imperio Otomano?! –Ludwig y Feliciano asintieron- ¡No lo hagan! ¡Es un suicidio! ¡Tardarán meses en llegar siquiera al borde!
-No hay otra opción-dijo Alemania. Debían conseguir ese reloj antes de que la paradoja que habían creado se hiciera más grande y comenzara a afectar el pasado y por ende, el futuro-Partiremos al amanecer…
-Nosotros los guiaremos por mi territorio hasta donde podamos-dijo el Sacro Imperio Romano y Gilbert asintió. El alemán agradeció el gesto y todos estaban a punto de regresar al campamento cuando vieron a alguien que salió de entre las sombras.
-Así que vienes del futuro… ¡que interesante!-era Antonio. Había escuchado todo y ahora sonreía de manera extraña mientras veía a Alemania con un brillo de codicia en sus ojos esmeraldas
-Debí saber que una rata nos estaba escuchando-le espetó Dante mirando al español con desagrado pues el problema ya era bastante grande pues ahora no solo lo sabía Francia, La Orden Teutónica y el Sacro Imperio Romano, también lo sabía el Imperio Español. Todos regresaron al campamento para dormir y reponer fuerzas pues se levantarían al alba.
El reloj de Ludwig mostraba que ya eran más de las 2 de la mañana cuando el alemán se despertó de golpe y no pudo seguir durmiendo por lo que se levantó y salió. El campamento y la ciudad de Roma estaba en silencio, todos dormían. El alemán comenzó a caminar por las calles cercanas al campamento cuando, de pronto, alguien lo sujetó y sintió el filo de un arma en su cuello.
-¿No puedes dormir, amigo?-preguntó Antonio en un susurro. Ludwig se quedó estático. No lo había escuchado acercarse-Quiero preguntarte algunas cosas acerca de ese futuro del que vienes…
-No te diré nada-sentenció el alemán. Sabía que no moriría si el español le cortaba la garganta por lo que se tranquilizó. Era obvio que ahora que el Imperio Español sabía que venía del futuro, quería que le dijera todo lo que ocurriría. Pero no lo había, porque eso cambiaría el futuro.
-¿Tú también eres inmortal, verdad?-el castaño era listo, por lo que soltó al alemán. El germano lo encaró –pero me temo que tus amigos no lo son…-y dando la orden, Ludwig pudo ver como unos soldados españoles habían atrapado a Stefano y a Benedetto. Ambos estaban amordazados y con una espada en el cuello. El corazón de Alemania se detuvo y el color huyó de su cara, cosa que no pasó desapercibida por el español- Bien, ahora quiero un par de respuestas ¿qué pasa conmigo? ¿Sigo siendo un imperio?-Ludwig se quedó callado- ¡Responde!
Justo en ese momento, dos sombras cayeron sobre los soldados españoles. Azelio y Vittoria trataron de liberar a sus amigos cuando, de la nada, aparecieron más soldados. Una tercera sombra cayó sobre Antonio.
-¡Maldito traidor!-exclamó Dante furioso. El Imperio Español se limpió la sangre que el italiano le había sacado cuando lo golpeó en la boca- ¡Sabía que no eras de fiar, bastardo!
-Vaya… así que el pequeño Feli quiere jugar…-uno de los soldados le dio su alabarda- pero el pequeño Feli debe saber que no se juega con los mayores- y antes de que pudiera siquiera defenderse, el ibérico se lanzó sobre el menor con la alabarda en alto. Dante pudo detener el ataque con sus cuchillas pero la fuerza del impacto lo lanzó de espaldas. Ludwig luchaba contra los soldados españoles.
-Golpeas como una bambina-dijo el italiano poniéndose de pie. Sabía que Antonio era más fuerte que él pero no le importó. El orgullo italiano habló por él. Sin pensar, Feliciano se lanzó sobre el ibérico. El mayor agitó la alabarda, Dante la esquivó por poco pero no pudo esquivar el mango del arma que lo golpeó en la cabeza, tirándolo al suelo.
Todo el tumulto de la batalla despertó a los soldados germanos que se unieron a la contienda, luchando contra la armada española. Gilbert se acercó a Antonio para tratar de calmarlo y saber qué había ocurrido, pero el Imperio Español era imparable. Al estar todos en la batalla, descuidaron sus guardias, lo que permitió que los franceses escaparan aprovechando la oportunidad.
-Au revoir, estupides!-gritó Francis cuando robó uno de los caballos italianos y escapó. La confusión reinaba en todas partes. Gilbert aprovechó un momento que Antonio se distrajo para ayudar a Lovino a detener a Francis y se acercó a Feliciano y a Ludwig.
-Vengan con nosotros, nos iremos cuanto antes-les dijo y, tras una mirada de despedida al resto del clan, subieron a un caballo y huyeron hacia el norte.
Gracias por leer y por sus comentarios
Piero217- Francis siempre se entera de todo, condenado chismoso! Claro, no puede haber un fic sin el asombroso Prusia, esta vez él no va a morir xD -Just this once, everybody lives!
isabelchan- Gracias por tu comentario, ya nos estamos acercando al final...
Kayra- Jeje muchas preguntas, espero resolverlas todas jeje gracias por tu comentario.
Mane- Espero que este cambio te sorprenda :D
Ahora nuestros héroes deben ir al Imperio Otomano con la ayuda del Sacro Imperio Romano y la Orden teutónica perseguidos por el Imperio Español
¿Qué pasará? Hasta el próximo capítulo!
Espero que les haya gustado y no olviden comentar.
