Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer. La trama a Lady Cere. Links en mi perfil


Summary:

No te llevas bien con el chico malo del instituto, lo aborreces por los tontos y estúpidos apodos con los cuales te llama. Él te odia y te lo ha demostrado y ha dicho más de varias veces, pero que hacer cuando luego de una fiesta despiertas con él a tu lado y como si fuera poco te enteras que esa noche tuvo consecuencias. Tu familia te bota de tu casa y tienes que dejar tu vida e irte a vivir con esa persona que tanto te desprecia. ¿Podrás cambiarle la vida y vivir en paz mientras deciden qué hacer con sus vidas?... ¿Es un amor difícil o es él difícil de amar?


Difícil de Amar

By

Lady Cere


Capítulo 14: Nosotros vs Ella


–Eres mío. –sabía que eso sonaba posesivo pero era cierto, él era de ella y no iba a permitir que nadie lo alejara de su lado.

Él sonrió como nunca lo había hecho, una sonrisa sincera, sin picardía y sin ningún rastro de maldad. La manera en la cual ella lo había reclamado como suyo lo hizo sonreír.

–Si – susurró luego de inclinar la cabeza hacia sus labios– Soy tuyo y tú eres mía, siempre mía –la vio sonrojar.

Escucharlo aceptar que era de ella hizo que todo el dolor se esfumara, él era de ella y viceversa y nadie ni nada podrá cambiar aquello, mientras ellos se amaran siempre sería así.

Separó los labios para dejarlo saborear el interior de su boca cuando el cobrizo la besó, amaba todo de él, la manera que la besaba, los tontos apodos con cuales la llamaba, la manera en que la tocaba, todo de él. Deslizó la lengua por el húmedo interior de su boca, la reacción de su cuerpo lo hizo profundizar el beso el cual se convirtió en húmedo y caliente. Jadeó de placer contra su boca.

Gimió en protesta cuando él se separó de su boca, no quería eso, quería que la siguiera besando, quería que la tocara.

–¿Por qué? –le preguntó con la respiración agitada.

–Porque estás muy sensible y ya por hoy fue más que suficiente. –le dijo pasándose una mano por su alborotado cabello. Quería gritar de frustración, se moría por tomarla y acariciarla pero entendía que su embarazo al estar tan avanzado no le permitía follarla cuando él quería.

–¿Es por qué estoy gorda no? –le preguntó con tristeza.

La observó con asombro al escucharla decir aquello, ¿gorda?, ¡Joder, pero si a cada minuto la deseaba!, murmuró unas palabras en un idioma que ella no entendió.

–No muñequita. –le dijo– No estás gorda. –a los ocho meses de gestación y ella ahora le salía con eso. Ahora se veía gorda.

La noche anterior no fue la mejor para él, la castaña lo estuvo buscando toda la santa noche para que la tocara, ¿Jesús, cuándo él le decía no al sexo? Había hecho un esfuerzo sobre humano para solo besarla.

No estaba de muy buen humor, Edward era un tonto, se pasó toda la noche pidiéndole que le hiciera el amor, si, ahora hacían el amor, pero el muy tonto solo la había besado, nada más ni nada menos, solo besos y no besos de esos que te dejan sin aliento. Suspiró con frustración, ahora estaban desayunando.

–Ese suspiro sonó a rechazo total. –dijo Jasper con una sonrisa.

Estuvo tentada a lanzarle el tenedor, que no la molestara porque estaba segura que haría algo que luego le tuviera que pedir perdón a Alice.

–Si no quieres que te haga algo no la tientes. –le dijo su mejor amigo.

Rodó los ojos e hizo una mueca con la boca. La morena por su parte solo sonreía por el comportamiento de la castaña.

El sonido del timbre de la puerta llamó su atención. La castaña se apresuró a ir y abrir. Alzó una ceja cuando abrió la puerta y se encontró con una elegante mujer, alta, su cabellera era color caramelo y liza sin ningún pelo fuera de lugar, vestía con un traje tan rojo como un tomate y ceñido al cuerpo, juraba que tenía una que otra cirugía estética, era esbelta y de buen ver. La mujer la miró de arriba abajo y cuando su mirada cayó sobre su vientre miró con odio. No esperó ser invitada y entró.

–¿Quién es usted y por qué entra así a mi casa? –espetó la castaña, lo que le faltaba, ella con un humor de perros y ahora venía esa vieja y entraba como perro por su casa.

–Mira mugrosita. –le dijo la mujer con desprecio.

¿Mugrosita?, mugrosita su madre si era que tenía. Escucharon la voz de la castaña y de la mujer y enseguida la reconocieron.

–No tengo tiempo para perder contigo. –dijo– ¿Dónde está Edward? –le preguntó.

–¿Qué mierda se supone qué estás haciendo aquí? –escuchó la voz del cobrizo.

–Mi abogado me dijo que tendrás un hijo. –le dijo con seriedad mirando el vientre de la castaña, la cual como por instintos se acarició el vientre.

–¿Te preocupa qué te deje en la ruina? –le preguntó en tono burlón.

–No, me preocupa que está...–señalo a la castaña– Te deje sin dinero. –le dijo.

–Ahórrate tus instintos maternos que no te quedan. –le dijo con seriedad.

Bella miró a esa mujer con odio, esa era la madre del cobrizo, la mujer que había causado la muerte de su padre. La que le había causado tanto dolor.

–Cuando mi hijo nazca te dejaré sin un centavo. –le aseguró.

–Tiene que hacerse una prueba de ADN para saber si es tuyo. –le recordó.

–No la necesito. –sonrió– Es mi hijo. –por primera vez aquellas palabras salían de sus labios.

–Es una condición del testamento que se le haga esa prueba para estar seguros. –le dijo.

–Yo lo estoy, pero para dejarte sin dinero necesito esa prueba y lo haré.

–Hay otra clausura la cual tú no conoces. –le dijo sonriendo con maldad.

–¿De qué hablas? –le preguntó.

–Solo la sabrás cuando cumplas la mayoría de edad. –le dijo.

–Para eso faltan solo semanas. –le recordó.

–No querido, no lo sabrás a los dieciocho, solo lo sabrás cuando tengas veintiún años. –dijo con una sonrisa triunfal.

–Hagas lo que hagas terminarás en la calle. –le aseguró.

–Tus abogados no saben de esto y te gustaría saber el por qué. –le preguntó con maldad– Con todo el dinero que tengo puedo comprar hasta el abogado más fiel de Charles. –le aseguró– Solo yo tengo esa parte del testamento y créeme que nunca la sabrás. le aseguró nuevamente– Cuida a tú hijo, si no llegara a nacer sería una verdadera lástima.

Sintió un escalofríos al sentir la mirada esa mujer y luego nuevamente a su vientre, se sintió incomoda y tuvo miedo no por ella si no por su bebé.

–Cada día te pareces más a tu padre. –dicho esto se marchó, un incomodo silencio se hizo.

–Maldita. –susurró el cobrizo luego de unos minutos.

No pasó ni media hora cuando el timbre volvió a sonar, el castaño se aseguró de ir y abrir ya que estaba seguro que si era su madre nuevamente la echaría a patadas.

–Aro –dijo sorprendido al ver a el que fue la mano derecha de su padre y un abuelo para él– Pasa –le pidió.

Era un hombre alto, muy alto, de cabellos canosos, tendría unos cincuenta y tantos, vestía de elegante traje y se veía que era un hombre recto y justo.

–¡Aro! –exclamó la morena apenas lo vio y lo fue a abrazar.

–Es un gusto volver a verla señorita Ali. –le dijo con una sonrisa.

La castaña se sintió intimidada cuando el hombre la miró de arriba abajo analizándola.

–Hizo una muy buena elección joven Edward. –le dijo con una sonrisa al ver y analizar a la castaña.

–Esme estuvo aquí. –le dijo Jasper al ver como parecía que ninguno se acordaba de ese pequeño asunto.

–Un gusto volver a verlo joven Jasper. –saludó el hombre– Por eso estoy aquí. –de repente se había puesto serio– Apenas recibí un fax decidí mejor venir hasta aquí e informarle de que se trataba.

–Otra condición en el testamento de papá. –dijo Alice.

–Si –dijo el hombre.

–¿Cuál? –preguntó el cobrizo.

–Se supone que tenía que saberla hasta tener veintiún años. –le dijo– Pero dado la magnitud de lo que implica creo que debe saberla ahora mismo. –dijo– Su hijo no puede nacer fuera del matrimonio. –dijo al sacar un papel del maletín y entregárselo.

Todos se quedaron muy sorprendidos, el cobrizo leyó el papel sin creérselo, tenía que casarse, no solo eso, lo tenía que hacer por la iglesia y así su hijo nacería en matrimonio y poder reclamar la fortuna de su padre.

–Entonces eso quiere decir que Edward tiene que casarse con…–observó a la castaña, la cual era la que más sorprendida estaba.

–No dice a que edad me tengo que casar. –dijo devolviéndole el papel.

–No –le dijo el hombre– Pero no le falta mucho para el nacimiento de su hijo.

–¿En cuánto tiempo podrías conseguir lo necesario para casarme? –le preguntó.

–Si sacamos hoy que es sábado ya para el martes todo estará listo. –le aseguró.

Desvió la mirada hasta posarla sobre la castaña la cual lo miraba sorprendida.

–Nos podríamos casar el martes si quieres.

Su corazón latía con rapidez, ¿casarse el martes con Edward?, pero si todavía eran muy jóvenes pero por otra parte si no lo hacían él no cumpliría lo que se había propuesto.

–Yo…–se sonrojó, ser su esposa.

–Si no lo deseas no hay ningún problema. –tampoco la obligaría a casarse con él.

–Acepto. –sonrió, una sonrisa radiante.

–Muy bien. –dijo Aro– Entonces todo estará listo para el martes. –les dijo– Llame a su familia para que la acompañe. –le pidió.

Ella bajó la mirada con tristeza.

–Solo tengo a mi hermano. –le dijo– Mi padre no me perdonó que saliera embarazada.

–Nos tienes a nosotros. –dijo Jasper con una sonrisa la cual la castaña le devolvió.

–Entonces yo llamaré a los invitados. –dijo Alice con emoción.

–¿Invitados? –preguntó Jasper.

–Claro. –dijo ella– Sus compañeros. –les dijo.

–¿Y los testigos? –preguntó Jasper.

–¿Aro? –preguntó el cobrizo.

–Sería todo un placer joven Edward. –dijo este con una sonrisa.

–¿Y él otro? –preguntó.

–Rosalie. –contestó la castaña .

El cobrizo la miró no muy seguro, luego de lo que había pasado sabía que a ella todavía le dolía y tener a la rubia cerca no ayudaba mucho.

–No –dijo cortante.

–Es mi mejor amiga. –le dijo.

–Bella –la llamó con seriedad.

¿Por qué él tenía que llamarla por su nombre ahora, no entendía que su nombre se escuchaba realmente bien cuándo él lo pronunciaba?

–Es mi mejor amiga. –la noche anterior al estar en la habitación con el cobrizo la había perdonado– Quiero que me acompañe en un día tan especial para mí –dijo.

–¿Está segura, Bella?– le preguntó su cuñada.

–Si –dijo con una sonrisa.

–Pero…–trató de decir Jasper.

–Si lo que les preocupa es que me sienta mal eso ya no pasará. –les aseguró– Ya la perdoné. –miró al cobrizo y este la miró con resignación, ella se veía tan diferente, se veía una chica fuerte.

El timbre nuevamente llamó la atención, la morena abrió y se encontró con el hermano de la castaña y la pareja de este.

–Creo que llegaste justo a tiempo. –por alguna razón Felix y ella se llevaban bien, con el único que no se llevaba era con el cobrizo.

–¿Se le adelantó el parto? preguntó al entrar.

–Creo que no te gustará la noticia. –le dijo al llegar a la sala.

–Ya parece que viven aquí. –dijo el castaño.

–Si dejaras que me la llevara no nos tendríamos ni que ver. –dijo con enojo.

–Ya Felix, por favor. –pidió el chico que lo acompañaba.

–¿Cuál noticia? –preguntó a su hermana.

–Ehh…–se mordió el labio– ¿Me llevarías a la iglesia? –le preguntó.

–¿Para qué? –preguntó sin entender– ¿Qué harás allá?

–Casarme –susurró pero él logro escucharla.– Me gustaría que el martes me entregaras en la iglesia. –miró al cobrizo buscando ayuda.

–Nos casaremos el martes. –dijo este.

Estaba en una butique con su cuñada, la rubia, su hermano y Demetri, tenía un precioso traje de seda color blanco, sencillo pero muy elegante. Sonrió al mirarse en el espejo, se casaría con Edward, todavía no lo creía. Su hermano había puesto el grito en el cielo y casi golpea al cobrizo pero Aro se lo había impedido y al final luego de calmarse había aceptado el matrimonio porque sabía que si ella era feliz solo eso importaba. A pesar que estaba embarazada y casi dando a luz no había engordado nada demás fuera de lugar o por lo menos eso que le había dicho la de ojos rubíes.

–¿Qué tal? –preguntó girando sobre sus talones.

–Estás hermosa pequeña Bella. –por alguna razón Demetri siempre la llamó de aquella manera y ahora que lo pensaba estaba segura que fue por él que su hermano la había ido a buscar.

–Realmente hermosa –lo apoyó la rubia.

–¿De verdad me queda bien? –les preguntó.

–Si –le dijo la rubia nuevamente.

–Tal vez me mida otro y sea más apropiado. –dijo, el traje le encantaba pero no tenía el dinero suficiente como para comprarlo.

–Si te preocupa el dinero no te preocupes. –le dijo la morena con una sonrisa.

–Pero…

–Tienes que estar bella el día de tu boda y ahora nuestro dinero será también tuyo. –le recordó–Así que nada de peros. –le dijo con una sonrisa.

Estaba seguro que pasaba la media noche cuando sintió como la castaña se movía contra su espalda. Esa mujer no pensaba dejarlo dormir tan siquiera una bendita noche.

–Edward –la escuchó ronronear como una pequeña gatita.

Quizás y con ignorarla ella se dormiría y lo dejaría en paz.

–Edward –y esta vez susurró su nombre en su oído, maldijo al sentir su aliento chocar contra su oído.

–Duérmete fresita. –le ordenó.

–Quiero arroz –le dijo.

¿Y no podía querer sexo?, eso se lo podría dar sin ningún problema, pero no, claro que no, quería arroz.

–Ve a la nevera –le dijo, no se levantaría, si ella quería arroz que lo fuera a buscar.

–Quiero que me lo busques tú.

–No molestes –espetó poniéndose la almohada sobre la cabeza.

–Edward. –lo llamó con seriedad– Quiero arroz con dulce y muchas pasas. –le dijo.

–Si crees que me levantaré a cocinarte estás loca.

Escuchó unos pequeños sollozos.

–¿Por qué lloras tonta? –le preguntó, pero ella no le contestó si no que sus sollozos se hicieron más audibles– ¡Deja de chillar niñata estúpida! –gritó mientras se incorporaba y salía de la cama para luego salir de la habitación.

Estúpido Cullen, con todo y que la amaba la seguía tratando igual, tonto, tonto y mil veces tonto. Largos minutos después él volvió a la habitación con una bandeja y la causa del fastidioso antojo de la castaña, a esa hora y tuvo que cocinar, la iba a matar. Apenas encender la luz descubrió que estaba dormida, o no, ella se iba a comer aquello, no se levantó a cocinar para que no lo hiciera.

–Fresita –dejó la bandeja en unas de las mesitas de noche– Despierta –le apartó un mechón de pelo del rostro.

Ella al sentir aquella pequeña caricia abrió los ojos.

–Te traje arroz. –ella lo miró confundida.

–Quiero dormir. –le dijo en un susurró cerrando los ojos.

–Está bien. –estuvo tentado a obligarla a comerse aquello pero verla cerrar los ojos y acurrucarse en su lado de la cama lo hizo deshacer aquellos pensamientos– Descansa fresita –miró la bandeja y suspiró con fastidio, se había levantado a esa hora para hacerle su fastidioso antojo y ella ahora le salía con que quería dormir. Apagó la luz y rodeó la cama hasta acostarse en el lado de la castaña ya que esta estaba en su lado de la cama.

–No –la escuchó decir.

–¿Qué pasa? –le preguntó mirándola a través de la oscuridad.

–Vete.

–¿Irme? –y eso a que se debía.

–Me incomodas –se movía con intranquilidad para sacar al cobrizo de la cama.

–¡¿Qué?

¿La incomodaba?, si ella era quien no lo dejaba dormir.

–¡Vete! –le ordenó en un grito.

Maldijo por lo bajo, se levantó tomando su almohada y salió de la recamara dando un fuerte portazo.

–¡Maldición Jasper déjame un lado!– le gritó a su mejor amigo causando que este se levantara desconcertado.

–¿Qué hora es? –decía mirando el reloj que tenía en la mesita de noche.

–Échate para un lado –dijo mientras se acostaba.

–Sé que me quieres, Edward, pero meterte a mi recamara a la dos de la mañana es demasiado. –le dijo con burla.

–No seas idiota. –le dijo.

–No me digas que te echaron. –se volvió acomodar en su lado de la cama.

–Le incomodo. –dijo con enojo.

–¿A quién? –preguntó sin entender.

–La muy tonta me dijo que le incomodaba y que me fuera. –le dijo.

El moreno no pudo evitar reírse.

–¡Joder Edward, esta si que nunca me la esperé!

–¡Cállate! –le ordenó.

–Bueno, bueno –dejó de reír– No te preocupes solo le faltan semanas. –le recordó.

Se había despertado buscando al cobrizo una hora después y recordó que le había dicho que le incomodaba, fue a la habitación de Alice pero en la cama solo vio a una sola persona así que fue a la de Jasper. ¡Bingo!, había dos figuras en la cama, se metió entre medio de las dos y abrazó al cobrizo el cual dormía boca arriba, apoyó la cabeza en su pecho y durmió

O por lo menos eso pensó ella, lo que no sabía era que aquel firme y fuerte pecho no pertenecía al cobrizo, pero claro ella no sabía aquello y ningunos de los que dormían a su lado habían notado la presencia femenina.