Mantente cerca de mí y no hagas ninguna locura
A medida que la luz del sol se iba ocultando, la ansiedad entre las gentes del Abismo de Helm, se acrecentaba. La hora de la batalla estaba cada vez más cercana y, la influencia que su llegada provocaba, se evidenciaba por todas partes, en los rostros de las gentes y en el ambiente silencioso y pesado que dominaba todo el Abismo. Sin duda esa calma que precedía a la tormenta, resultaba tanto o más angustiante que la propia batalla.
Kassidy dejó a Éowyn con las mujeres y los niños, y se dirigió a la pequeña sala en la que se encontraban Aragorn, Gimli y Legolas preparándose para la contienda. Sin mirarlos, cogió la cota de malla más adecuada a su tamaño y comenzó a colocársela, ignorando las expresiones de desconcierto de sus amigos, al verla ahí, en lugar de en las cavernas.
—¿Qué se supone que estás haciendo? —preguntó el elfo, observándola, receloso.
—No pretenderás que luche contra un ejército de orcos sin nada de protección —respondió ella, a la vez que se ajustaba la cota con un cinturón. Era bastante ligera y le permitía moverse con facilidad.
—Kassidy, habíamos acordado que te quedarías con las mujeres y los niños —alegó Aragorn.
—He cambiado de opinión —la joven se colocó un carcaj a la espalda, y se dirigió a la zona de la sala donde se almacenaban las flechas. Comenzó a seleccionar las que estaban en mejor estado.
—Pero es demasiado peligroso —insistió su hermano
—Aragorn tiene razón, jovencita —dijo Gimli—, no serán solo una chusma descerebrada de orcos, volverán a traer a los uruk-hai, podrías salir herida.
—No sería la primera vez —Kassidy se encogió de hombros y continuó con su tarea.
Legolas, exasperado por la actitud de la muchacha se acercó a ella y colocándole ambas manos en los hombros le dio la vuelta de manera delicada, para ponerla de cara a él. Sus ojos se clavaron en los de la joven.
—Escucha, esto no es un juego, no es como las otras batallas en las que has estado, esta es una guerra de verdad. Si de verdad quieres entrar, tienes que saber que no habrá piedad, por lo que tú tampoco podrás tenerla. Tienes que estar dispuesta a darlo todo, no quedará lugar para la clemencia, la misericordia o el perdón —el elfo la miró fijamente, intentando que sus ojos le transmitiesen a la joven la gran preocupación que sentía por ella—. Aun eres demasiado inocente para esto, Kassidy, no te gustará lo que tendrás que hacer para sobrevivir.
Legolas no quería que ella se viera involucrada en lo que se avecinaba. Sabía que la princesa había vivido experiencias terribles para su corta edad, y a pesar de ello, aun conservaba ese rastro de ingenuidad, de pureza, que la ayudaba a resistir todo lo que le echaban encima. Pero, estaba convencido de que, tras una batalla como la que se avecinaba, esa inocencia que todavía la acompañaba, se perdería para siempre y, realmente, él no quería que ella se viera obligada a renunciar a esa parte de sí misma.
Kassidy escuchó con atención las palabras del elfo, sabía que tenía razón, pues precisamente lo que él pretendía hacerle ver, era lo que ella más temía. Pero la decisión estaba tomada.
—Lo sé, Legolas, y quizás en otras circunstancias aceptaría tu consejo, pero en los tiempos que corren, la única manera de poder seguir adelante es haciéndonos más fuertes y, como alguien muy sabio me dijo una vez, lo que nos hace fuertes no es enfrentarnos a los miedos que vienen de fuera, sino a los que surgen de nuestro interior —la muchacha desvió la mirada un momento hacia Aragorn, pues había sido él quien le había dicho estas palabras. Él le respondió con una sonrisa cargada de orgullo. Luego, la joven volvió a fijarse en el elfo—. De verdad que aprecio tu preocupación, pero ya no puedo seguir aferrándome a la niña inocente que alguna vez fui, no si quiero madurar y, convertirme en una buena reina para mi pueblo —Ahora los miró a los tres, su rostro adquirió una expresión suplicante, necesitaba que ellos entendieran lo importante que era para ella participar en esa batalla—. Por favor, no me impidáis luchar a vuestro lado —concluyó.
Sus tres amigos guardaron silencio durante unos instantes que a Kassidy se le hicieron eternos. Tenía pensado seguir adelante con sus planes fuera cual fuera su respuesta, pero prefería contar con su apoyo.
—De acuerdo —contestó Aragorn finalmente—. Irás con Legolas y los demás arqueros, pero con la condición de que te mantengas a su lado y, no se te ocurra hacer ninguna locura.
—¡Gracias! —la joven le dio un fuerte abrazo a su hermano, quien no tardó en corresponderlo, contagiado por el entusiasmo que ella desprendía. Luego miró al elfo—. Te apuesto lo que quieras a que derribo a más orcos que tú —le dijo con una sonrisa retadora.
Legolas arqueó una ceja, asombrado ¿Esa era la misma chica que hace un momento había hablado con tanta madurez? No pudo evitar devolverle la sonrisa, desde luego los cambios de actitud de Kassidy eran fulminantes.
—Lo dudo mucho —respondió él
—¡Ey! Yo también quiero entrar en esa apuesta —intervino Gimli, ante lo que todos dejaron escapar una sonora risa.
Aragorn movió la cabeza de lado a lado. Viéndolos así, nadie diría que en frente suya tenía a algunos de los guerreros más capacitados de toda la Tierra Media.
El sonido de un cuerno interrumpió el breve momento de calma.
—Ese no es un cuerno orco —observó Legolas
Los cuatro corrieron hacia las murallas de la fortaleza, para ver como varias milicias de hombres ascendían por la rampa que conducía al interior del Abismo de Helm.
—¡Son los enviados de Raendor! —exclamó Gimli
—Pero son muchos, debe de haber al menos tres mil soldados —dijo Kassidy, emocionada, ya que no se esperaba que tantos nobles respondiesen a su llamada.
—Tres mil seiscientos —puntualizó Legolas, pues sus ojos de elfo le permitían observar mejor al grupo recién llegado—. Parece ser que, al final cuentas con más amigos de los que creías —agregó, dedicándole una sonrisa a Kassidy.
Descendieron a toda prisa las escaleras que los separaban de la entrada. En esta, el rey, ya ataviado con su armadura de guerra, recibía a los recién llegados.
—¿Quién os ha enviado? ¿Cómo estabais enterados de nuestra situación? —preguntaba Théoden, dirigiéndose al que parecía el general de las tropas.
—Mi nombre es Killiam señor de Orógaphe, venimos en respuesta a la petición de nuestra princesa. Los hombres que vienen conmigo son todos los que he podido reunir a tiempo para esta batalla —contestó el aludido. En ese momento, vio a Kassidy acercarse, por lo que se inclinó ante ella, acto que fue imitado por todos los soldados que lo acompañaban—. Mi señora, es un honor luchar a vuestro lado —dijo el hombre, aun en posición de reverencia.
Kassidy hizo un gesto señalando que podían incorporarse. Luego se dirigió hacia el general.
—El honor es mío, lord Killiam. Hacía demasiado que no os veía, no estaba segura de si acudiríais en nuestra ayuda.
—Cierto, mi señora, la última vez que visité Raendor, vos no eráis más que una niña, y miraos ahora, movilizando ejércitos por todo el continente —le sonrió el hombre—. Pero deberíais saber que nuestra llegada era ineludible, mis antepasados juraron lealtad a los vuestros, y los hombres de honor no rompen las alianzas solo por conveniencia.
—Gracias lord Killiam, no sabéis cuánto me complace oír eso —la muchacha respondió con una inclinación de cabeza. A continuación se dirigió a Théoden—. Mi señor, sé que no queríais pedir ayuda, pero la situación es desesperada, os ruego que no rechacéis el auxilio que Killiam y sus hombres nos ofrecen.
El rey sonrió a la joven
—Cuando os conocí os tildé de traidora, y luego os amenacé, y ahora vos, me traéis a todo un ejército para apoyarnos. Solo puedo decir, que si salimos de esta guerra, Rohan os estará en deuda eternamente, mi princesa, y nada me complacería más que volver a restablecer las relaciones entre mi reino y el vuestro —respondió el monarca— Sois más que bienvenidos —agregó, dirigiendo la mirada a Killiam.
Tras las palabras del rey, Kassidy se sentía mucho más aliviada, había ido corriendo a darle la noticia a Éowyn, quien la recibió con alegría, pues esta les proporcionaba un poco más de esperanza, algo que realmente necesitaban.
Tras dejar a su amiga, la princesa se dirigía hacia el puesto que Aragorn le había encomendado, cuando sintió como una mano se posaba en su hombro. Se giró, para encontrarse cara a cara con Yerkan, que la observaba alzando las cejas.
—¿A dónde crees que vas? —preguntó el chico
—Con los arqueros —respondió, ella— ¿Pasa algo?
—Así que piensas luchar —dedujo él—. Debes de estar loca —Yerkan puso los ojos en blanco. Lo que le faltaba, ahora la princesita quería poner su vida en peligro, otra vez. No podía permitirlo, si a ella le pasaba algo, el plan entero de Saruman fracasaría. Aunque alguno de los comandantes uruk-hai sí sabía que no podían dañarla, la mayor parte del ejército ignoraba este dato, y solo la verían como un enemigo más. Sin embargo, si él estaba con ella, el peligro disminuiría considerablemente, pues muchos de sus adversarios lo reconocerían como el protegido de Saruman, y no tratarían de atacarlo.
—Oye, de verdad que te agradezco que me hayas salvado la vida, pero eso no te da derecho a insultarme —respondió la joven—, además después de lo que me ha costado convencer a Aragorn, no pienso echarme atrás porque tú trates de impedírmelo —explicó, poniéndose un poco a la defensiva. Ya estaba empezando a cansarse de esa actitud sobreprotectora que todos tenían hacia ella.
—No recuerdo haber dicho que te lo fuera a impedir —contestó Yerkan, alzando una ceja.
La respuesta del chico la pilló por sorpresa
—Pero yo creí…—murmuró ella.
—Creíste mal —la interrumpió antes de que acabara la frase— Vamos, si estás tan loca como para volver a enfrentarte a esas criaturas, estaré cerca tuya, seguro que tengo que volver a salvarte la vida —dijo, a la vez que empezaba a andar hacia el puesto que le habían asignado a la joven. Si quería que no le sucediera nada, no le quedaría otro remedio que hacer de niñera.
—Eres bastante engreído ¿sabes? —añadió Kassidy, echando a andar detrás de él.
—Forma parte de mi encanto —respondió, con una sonrisa irónica en el rostro, a la vez que se encogía de hombros.
La noche había llegado, las defensas de Rohan estaban ya perfectamente organizadas y cada uno de los miembros de la comunidad del anillo había tomado la posición que se le había encomendado.
Legolas estaba situado entre dos almenas, al lado de Gimli, cuando vio a Kassidy acercarse, acompañada de Yerkan.
—¿Qué hace él aquí? —preguntó el elfo a Kassidy, al tiempo que le dedicaba al chico una mirada de desconfianza.
—Se ha empeñado en acompañarme —respondió ella, colocándose al lado de su interlocutor
—Toda ayuda es bienvenida —intervino Gimli
Legolas se abstuvo de hacer ningún comentario, pero volvió a clavarle a Yerkan una mirada de advertencia que, el chico respondió mediante una expresión arrogante.
Desde el primer momento en que lo vio, Yerkan supo que el principal obstáculo hacia el cumplimiento de su plan, sería Legolas. Aragorn no le suponía problema, ya que el hombre, estaba demasiado agradecido con él, por haber salvado a su "hermanita", como para ni siquiera plantearse considerarlo un enemigo. Pero, por el contrario, el elfo seguía desconfiando de él. Aunque intentara disimularlo, no le pasaban inadvertidas las miradas de sospecha que Legolas le lanzaba cada vez que él se acercaba a Kassidy. Una sonrisa sarcástica se dibujó en su rostro. Cuanto iba a disfrutar arrebatándosela.
Había comenzado a llover, y de vez en cuando, el estruendo de un trueno, rompía el silencio reinante en toda la fortaleza. Parecía como si el tiempo quisiese competir con lo que allí estaba a punto de suceder.
Desde las almenas, los soldados vieron como las primeras filas de orcos y uruk-hai, se les acercaban cada vez más. Una vez todo el ejército enemigo estuvo situado en la base de la fortaleza, siguiendo las órdenes de su comandante, las horribles criaturas comenzaron a golpear sus armas contra el suelo, provocando un terrible estrépito.
—¿Qué pasa ahí fuera? —preguntó Gimli, dando saltitos para intentar ver algo por encima del muro.
—Te lo describo, Gimli, o te voy buscando un taburete —le contestó Legolas, dedicándole una mueca divertida a su amigo.
Tanto Kassidy como Gimli, soltaron una risa ante la ocurrencia del elfo, pero rápidamente recuperaron la compostura, al ver como no muy lejos de ellos, Aragorn hacía una señal, indicando a los arqueros que se prepararan.
Kassidy colocó una flecha en su hermoso arco de Lorien y apuntó al enemigo, aguardando a que su hermano diera la orden de disparar.
La intensidad y la tensión del momento casi se podían cortar. La joven notaba como todos sus sentidos se habían agudizado, podía oír el más leve sonido, y ver el más pequeño detalle. No tenía miedo ¿Porqué no tenía miedo? En lugar de eso, se sentía…ansiosa, expectante, como si fuera un niño a punto de abrir un regalo. Debía de estar loca, eso no era normal. Sin embargo, ese no era el momento para realizar una introspección de sus sentimientos, debía centrarse.
—Recuerda lo que dijo Aragorn —le susurró Legolas, quien estaba situado a su lado, también apuntando hacia el enemigo—, mantente cerca de mí, y no hagas ninguna locura.
Kassidy asintió
—Y otra cosa —agregó el elfo—, vete pensando cómo vas a rendir la apuesta, porque te aseguro que voy a matar más orcos que tú —la miró un momento, con una sonrisa retadora dibujada en el rostro.
—Eso ni lo sueñes —ella le devolvió la sonrisa.
Muchas gracias a Yuya Kinomoto por comentar ^_^, en el próximo cap ya irá la batalla de Helm
Besos :)
