CAPITULO XIV
LA TORMENTA
Polos opuestos, seres tan distantes cómo podría amar tan intensamente a dos seres opuestos. Haruka era irracional, salvaje, impetuosa, obstinada, no había quien le venciera, ese salvajismo le apasionaba, le hechizaba... por otro lado Alexis, era obstinado sí, pero decidioso poco perseverante y tan pasivo, pensaba y después actuaba, le faltaba pasión, para él no existía la entrega total y entre sus pocas pasiones nunca figuraba el peligro. No, nunca fue amor, la sensación era de curiosidad por su forma peculiar de ser, no cabía en su mente que alguna persona pudiera apasionarse tanto en cuestión de segundos y desengañarse en unos cuantos días. Le agradaba estar con él, sólo una fría amistad, amar por amar por el deseo de sentirse amada, protegida ...amar esperando que el otro conteste de igual forma, hacerlo por una sensación de vacío, casi por una obligación... A sus cavilaciones vino Jessica...con ella todo era misterio, tan sorprendente. A Alexis le faltaba esa chispa, el instinto natural del amor, esa pequeña sensación que surge de lo mas profundo del ser, ese sentimiento que solamente se lo otorgaba Haruka...
Habían pasado toda la tarde juntas: compras,
cine, pasear de arriba a bajo en todos los centros comerciales.
Jessica estaba fascinada, se probaba una y otra ropa, después
modelaba para Michiru. El cielo se nubló ligeramente, un
ligero viento recorrió el parque saturado de niños
-
Parece que lloverá – comentó Jessica con la vista
fija en el cielo
El cielo se cubrió lentamente de sombras,
el sol comenzaba a esconderse. Pequeños ruidos, el viento
sopló con fuerza y para cuando salieron del almacén ya
había comenzado a chispear.
Estaba tan
nervioso, no sabía que hacer con él tenía
órdenes estrictas de no visitas...
- ¿Y Syd? –
volvió a preguntarle Clif tya impaciente al mayordomo
-
Hola – saludó Sydney – Yo lo invité Rafael, déjanos
solos por favor
- Que tal linda
- Bien ¿Y tú?
-
Pues bien también
La chica observó con detenimiento
la cajita que el chico tenía en las manos, estaba envuelta con
papel de vistoso estampado y remataba con un gran moño rojo
-
Ehmm, esto es para ti – dijo con timidez
- Gracias. ..No es mi
cumpleaños – sonrió
- Lo sé
- ¿Qué
es? – la agitó ligeramente y comenzó a destaparla,
los ojos de la muchacha se iluminaron de alegría al ver que se
trataba de un pequeño auto a escala armable – Me encantan
¿cómo lo supiste?
- Soy adivino. Traje un juego
para el play
- Gracias, eres muy lindo ¿Te sirvo algo?
-
Uno doble en las rocas – al ver el rostro de asombro de la muchacha
rió – un refresco solamente
- Espera te traeré
uno
Unos minutos después la joven regresó con una
botella de brandy y otra de Whisky
- Papá tiene un montón
de estas botellas
Se sentía indeciso, no
conocía a la niña mucho
- El primer regalo debe ser
muy especial – dijo para sí – ¿Qué me
recomiendan que le regale a la hija de Michiru? – preguntó
por tercera vez
Sus acompañantes aún le veían
desconcertadas, Makoto se había quedado en "hija", Usagui
aún estaba boquiabierta. Rei logró reaccionar, miro a
una y otra de sus amigas.
- Espera ¿Hija? ¿Dijiste
hija?
- Si, la hija de Michiru – reafirmó ¿Qué
les pasaba? pensaba observándolas una y otra vez
- Michiru
no tiene hijos – dijo Amy volviendo la vista a su libro
- ¿No?
– Ahora Alexis era el desconcertado – La niña, la que nos
acompañó al parque
- ¡Christa! – gritó
Makoto tronando los dedos
- Si creo que se llama así
-
¿No tiene hijos? – preguntó Itan rascándose la
cabeza
- Ella no es su hija – dijo Amy con indiferencia – sólo
la cuida
- Pero... pero, es que – frunció el ceño
-
¡Quién te dijo semejante estupidez! – grito Minako
angustiada
- La niña, ella me lo dijo
Amy sonrió
conocía perfectamente a Christa y su mala manía
-
¿No es su hija? Se parece muchísimo a Haruka –
comentó Alexis aún sin creer la belleza de aquella
revelación
Había disfrutado mucho la
cena y más que los alimentos la compañía
-
Somos excelentes cocineras – expresó Jessica
Hacía
tiempo que no se divertía tanto; recogió los platos, la
música se comenzó a escuchar y dominada por el
entusiasmo le tomó de la cintura
- Yo te guió –
susurró Jessica a su oído
Dio unas vueltas, pasos
cortos. Se sentía tan extraña, un sentimiento distinto,
un lejano recuerdo, un recuerdo de fraternidad vino a su mente.
La lluvia arreció, Jessica se separó de ella... "Hoy te ves tan guapa. Cuéntame ¿soy yo quien te hace tan feliz? Para mí eres lo más importante"
El
juego comenzaba a asustarle. Prendió el apagador, no funcionó.
Clift estaba entrando en pánico llovía con gran
intensidad, había una gran oscuridad en la casa y un tremendo
silencio que solo fue roto por el lastimero aullido del perro. Un
escalofrío le recorrió todo el cuerpo
- ¡Syd,
el juego terminó! – gritó nervioso
Se movió
entre sombras
- Sabía que no era buena idea jugar
escondidillas – dijo para sí – ¡Christa me doy!
La
única contestación que recibió fue el aullido
del animal encadenado en el jardín – Es una suerte que ese
lindo perrito este afuera y bien atado – suspiró Clift
Estaba enfadado y mojado, se sacudió con fuerza y volvió a aullar. Comenzó a dar vueltas, rascó el suelo con furia y comenzó a tirar con desesperación de la cadena que lo oprimía. Podía oler desde allí al intruso, el deseo de aniquilación no salía de su mente, dio un fuerte resoplido en un acto de advertencia. Tiró de nuevo sin lograr mucho. Estaba irritado ya, se sacudió de nuevo y casi por arte de magia el collar salió de su cuello en esa última sacudida. Jack brincoteó llenó de entusiasmo ¡libre! ¡Era libre! Emprendió la marcha al interior de la casa dispuesto a aniquilar al intruso.
Encontró la puerta cerrada, gruño molesto, rasguñó con fuerza imaginó que alguien vendría a abrirle, al no haber respuesta arremetió contra ella hasta que ésta cedió. Entró pegó la nariz al suelo, resopló con fuerza. Miró atrás, se quedó pensativo y volvió a salir para sacudirse las patas, había recordado lo mucho que le molestaba a su ama el que llenara la casa de lodo.
Un rayo se oyó caer y las luces se
apagaron haciendo que gritaran. Michiru rió
- Jessica...
Cayó otro rayo. Volvieron a gritar aterradas. Envuelta en
la penumbra, en un espacio que le era desconocido y tenebroso, volvió
a reír, le encantaba la atmósfera de terror y aún
mas oír gritar a Jessica.
- Esto parece una película
de terror – comentó Jessica
El cielo volvió a
retumbar, rugía lleno de furia. Otro trueno provocó que
los cristales vibraran. Michiru se movió al cajón del
buró para buscar una linterna
- No está por ningún
lado – expresó molesta – ¡Aquí estás!
– exclamó con júbilo finalmente
- Se ha de ver
fundido un fusible – dijo Jessica – una tormenta, rayos...mmm...
que más falta para hacer una película de horror
-
Que el teléfono no sirva – contestó su compañera
descolgando el auricular
- ¿No funciona?
- No está
muerto
- ¡Oh, ou! A ver déjame probar con el celular
– la chica sacó el aparato – Psk Hay estática
-
Ya vez tu película está completa – rió con
humor
- Iré a cambiar el fusible ¿Dónde está
el swicht?
- En la entrada del sótano a la derecha. No
deberías ir está lloviendo muy fuerte
- ¿Y
entonces? ¿Nos quedamos a oscuras?
- ¿Te da miedo?
– le interrogó Michiru
- No. ¡Vamos! No pasa nada
si te dejo por un par de minutos
- ¡No temo el que te
vallas! – frunció el ceño – en las películas
de terror muere primero el individuo del sótano – argumentó
la joven de cabello aguamarino
- Mentira siempre es la chica que
se queda en la sala llena de miedo que se niega rotundamente a bajar
al sótano
- Lástima no lleno los requisitos
- Ya
vengo, dame un fusible
- No tengo – rió
- Anda
Michiru
le dotó de linterna, impermeable y le advirtió con tono
de mofa
- No te vayas a electrocutar
- ¡Por quién
me tomas!
- Bueno mas vale prevenir que lamentar
- Si no
vuelvo en 15 minutos es que me he ido al mas allá
- Bien te
esperaré en el mas acá –rió
Oyó
gritar a Sydney.
- ¡Sydney! – la llamó
desesperado
Tropezó en su agitada carrera, se puso en pie y
se sacudió el polvo. Un leve rayo de luz iluminó la
estancia a través de la ventana
Un enorme espectro
estaba parado detrás de la puerta, una figura realmente
grotesca y espeluznante. Gritó aterrado, los ojos fríos
de aquel ser le miraron con apatía.
- Señor –
dijo con voz seca, el mayordomo Rafael
- ¡No me asustes así!
- Señor – prosiguió sin importarle el comentario
– el perro ya no está y la puerta está abierta, muy
probablemente tengamos ladrones o – hizo una pausa
- ¿O
qué?
- O en el peor de los casos el notable perro se halla
liberado de la cadena y ahora deambule por la casa y ... y su vida
peligre – dijo sin gran estupor Clift observó aquel rostro
sombrío "Su vida peligre" ...
- ¡Busca al
animalito ese!
Dos o tres veces había visto a Jack de
lejos. Sydney ya le había advertido de lo salvaje que solía
ser el animalito y lo mucho que odiaba a los intrusos.
No
tuvo dificultad en llegar al sótano, abrió la caja y
cambió el fusible en uno segundos. Por un momento recordó
un sueño que había tenido, una tormenta, un viento
furioso que en medio de la noche le buscaba... Dejó caer la
linterna, la sangre se le congeló, había oído la
respiración de alguien más en el sótano, ahora
no sólo la oía, la sentía... quiso gritar, su
voz le había abandonado
- Soy yo Michiru
- ¡No me
asustes! – gritó Jessica histérica
- ¿Miedo?
– se burló la joven – ¿Ya quedó?
- Así
parece – subió la pastilla y el sótano volvió
a gozar de luz eléctrica
Estaba empapada se
sacudió el cabello ligeramente. Michiru sacó ropa
limpia de unos cajones
- Cámbiate te resfriarás
-
Ehm... creo que debo irme ya, es tardísimo.
- ¿Con
esta lluvia?
- Ya llueve menos
Un rayo cayó, Michiru
meneó la cabeza
- Aún llueve mucho y debes conducir
un largo trecho... Quédate dormir
Jessica dudó
estaba a punto de decir que no...
- Quédate por favor...
Te necesito – masculló esquivando su mirada
"Necesito a alguien a mi lado, sólo por esta noche... necesito a alguien como tú... escuchar tu voz." La noche aún era fría y seguramente lo sería más conforme siguiera avanzando ; se oyeron nuevas pequeñas descargas eléctricas
"Hace frío, es tarde y debo volver a casa, no quiero dejarte... Se que mañana nos volveremos a ver, no te quiero dejar ... estamos aquí... hoy me necesitas y no te defraudaré..."
La casa se hallaba envuelta en un seductor manto de tinieblas, probó con el apagador de la entrada un par de veces, si la casa le parecía terrorífica de día aún más lo era ahora con la tormenta. Hoy ese silencio misterioso, se había vuelto casi espeluznante. Sacó la linterna de entre su impermeable e iluminó el sitio.
Caminó con cautela, en la sala había
regados, compactos de todo tipo, cartuchos de videojuego, películas
y revistas; dos copas tiradas en el sofá, alusó a la
derecha una botella de whisky vacía y otra más delante
de brandy a medias
- ¡Preciosa! – gritó Haruka. No
hubo respuesta.
Ligeros pasos se oyeron detrás de ella,
alcanzó con el rabo del ojo a ver una pequeña figura
que corría a la cocina
- ¡Christa! – emprendió
la persecución.
Le alcanzó y la levantó
tomándola por la cintura, la niña gritó.
Clift corrió alarmado al escuchar el grito, parecía ser la voz de Christa. En su loca carrera tropezó con un sillón y cayó al suelo estrepitosamente. Se masajeaba el tobillo cuando escuchó un gruñido, después un fuerte resoplido...
La habitación la iluminaba
únicamente las luces que emitía el televisor
- A mi
no me dejan tener televisor en la alcoba – comentó Jessica.
Sus ojos verdes observaban fascinados aquellas imágenes de
la pantalla, pronto perdió total conexión con la
realidad. Cambió de un canal a otro rápidamente
- Y
tienes cable ¡Genial!
Michiru se sentó a su lado, le
rozó suavemente el hombro. Jessica respiraba lentamente podía,
a pesar del ruido del televisor, escuchar el palpitar del corazón
de la joven, aquel pequeño torbellino envuelto ahora en una
misteriosa tranquilidad, adormecido y casi mutilado... no domado. Se
recostó y atrajo para sí a su inquieta alumna que aún
tenía su atención en el televisor.
Michiru
desvió la vista al reloj. Setsuna aún no regresaba, la
lluvia debía retenerla en algún lugar. Hotaru había
llamado, se negaba a regresar a casa con este clima.
- ¿En
qué parte de Alemania vivías?
- Hamburgo, una zona
turística muy bella
Sus manos recorrieron aquellos suaves
cabellos negros, Jessica desvió la mano para tomar algunas
palomitas del tazón
- ¿Tienes novio?
- No, son
una lata hay que mimarlos, cuidarlos... mejor un perrito por eso
tengo a Jack
Michiru rió encantada por la contestación
-
Un perro jamás te dará lo que un humano
- No, pero
son más fieles, menos inseguros, más domesticables,
cometen menos estupideces...
- ¿Le temes al amor? – le
interrumpió. Jessica se separó precipitadamente de
ella, arqueó la ceja
- ¡¿Yo?! No le temo a
nada – contestó muy segura de sí
- ¿Nada? –
señaló con tono burlón. Michiru sabía que
estaba pisando terreno peligroso, remover las heridas ayudaban a
sanar, pero era tan doloroso el proceso.
- Nada ¿por qué
me miras así?
- Y entonces por qué gritaste
aterrada hace rato
- ¡Tu gritaste primero! – de nuevo a
la defensiva
- Ese no es el punto – sonrió
- Ni mis
fobias tampoco
Guardaron silencio, Jessica se volvió a
recostar
- Veo que te gusta leer – comento leyendo mentalmente
los títulos de los libros apilados en el buró
-
Sí
Jessica de nuevo fue hipnotizada por el televisor, ni
siquiera parpadeaba. Michiru se retiró algunos cabellos del
rostro
- Te voy a invitar a bailar un día de estos, no lo
haces nada mal – dijo sin perder de vista la pantalla
La luz
volvió a irse, Jessica gritó aterrada, su compañera
soltó una gran carcajada y la abrazó fuertemente... la
protegería...
- Pronto tendremos que cambiar de nuevo ese
cartucho – anticipó la joven de cabellos aguamarino.
Jack le había sujetado del tobillo como hacía
con sus huesos, sentía los colmillos del animal y cómo
le penetraban lentamente, gritó tan fuerte como pudo y comenzó
a patalear para quitárselo de encima
- ¡Jack! Ven
bonito, ven – gritó Haruka – suéltalo bonito
El
pero obedeció y corrió a saludarla.
- Angelito, me
salvaste mi vida ¡Eres mi ángel guardián!
-
Cobarde – le ayudó a incorporarse – el perro solamente
estaba jugando
- ¿Y cómo lo sabes? – se masajeó
el tobillo
- De haber querido lastimarte, lo hubiera hecho de
inmediato – contestó con sarcasmo – ¿Y Sydney?
-
No lo sé estábamos jugando escondidillas
- ¡Qué
cosas se te ocurren jugar!
- Fue a petición de Christa...
me opuse totalmente
En ese instante la luz regresó
parpadeando ligeramente. La niña se escondió detrás
de la joven
- Si me disculpas, voy a buscar a Chris ¿no la
has visto? – Clift guiñó el ojo y salió
riendo
Haruka la tomó en brazos
- ¿No te da miedo
la oscuridad?
La niña negó con un coqueto ademán
Había algo peculiar en aquella lluvia era como
si se tratase de un presagio, una extraña forma de advertencia
del mal que vendría. Demian le tocó el hombro
volviéndola a su realidad
- No temas – le susurró
– aquí estoy para protegerte
Sonrió gustosa de
semejante declaración, tan llena de ironías y del amor
que aquel joven le brindaba. Demian tan solo era un ser humano dotado
de la naturaleza común... capaz de sentir, razonar y amar.
Ella Setsuna, la dama del tiempo como muchos la llamaban estaba para
proteger a aquellos seres, para proteger la paz...
Le
acarició con delicadeza la mejilla, después un ligero
beso en los labios
- Te quiero – dijo en un murmuro
Setsuna
volvió a besarle... nunca le había importado morir, hoy
era distinto, tenía un fuerte motivo para vivir, un motivo más
fuerte que la responsabilidad para pelear a capa y espada por la
paz... por su propia vida...
La luz volvió
parpadeando un par de segundos para finalmente restablecerse después
de quince minutos de ausencia
- ¿Cuántos amores has
tenido? – Michiru se encogió de hombros, podría
mentir o decir la verdad
- Creo uno... hasta donde recuerdo –
era una noche de diversión, podía jugar un rato si lo
quería
- ¿Sólo Haruka?... un momento ¿Hasta
donde recuerdas?
- Bueno – sonrió – uno es uno
- Lo
que quiere decir que es una verdad a media – abrazó su
almohada
- No, Haruka fue mi único amor verdadero
- Amor
verdadero... – suspiró profundamente – dicen que sólo
existe uno... ¡Qué patético! ¡Y si se muere
o se va!
- ¡Por dios! A veces dices mas estupideces de las
que puedo imaginar
- Cual estupidez existe la probabilidad de que
muera mi único amor verdadero y entonces ¿qué
hago?
- Buscarte otro si cuentas con escasos dieciséis
años
- ¡Qué sencillo! ¡Amor verdadero!
Já – frunció el ceño
- Duele perder al ser
amado y quizá el dolor dure por muchísimo tiempo... la
soledad se vuelve parte de nuestras vidas...pero no puedes vivir
aferrado a alguien
- No es justo... amor verdadero – susurró
por lo bajo recogió las piernas y en las rodillas recargó
ligeramente el mentón – no lo es, simplemente se va, te deja
sola con toda esa pasión, con todo ese amor, sin saber si
volveremos a vernos... ¿cómo apagas el dolor? No debe
haber algo mas que el amor, algo más intenso en la vida... no
puede existir una sola persona para que sea tu pareja
- Recuerda
una cosa, el amor existe de diversas formas, el amor de madre llena y
satisface ese vacío existencial, el amor a un amigo, a nuestra
familia, a la propia vida o nuestro trabajo... el amor existe, y
puedes volver a amar, nunca amaras de igual forma a una persona, todo
el cariño que brindas siempre es distinto, y eso es lo hermoso
puedes amar con toda la intensidad
Jessica suspiró
profundamente invocando algún viejo recuerdo olvidado en lo
más recóndito de sus pensamientos
- Vale la pena
amar – Michiru tomó su mano – vale la pena volverlo a
intentar, la soledad es mas dolorosa ... por nuestra naturaleza los
seres humanos necesitamos de compañía... necesitamos
amar.
- Y que nos amen
Se recargó en Michiru, desvió la vista a la ventana, el cielo parecía librar una batalla, una de esas tantas luchas como las tienen los seres humanos en su interior. La confrontación de sentimientos, de dos fuerzas opuestas que un día fueron equilibrio y hoy se desataban devastando todo a su paso... Cerró los ojos, podía aún percibir la locura de aquel cielo, la locura en que vivía su propia alma "Amor" cuatro letras que desatan los mas extraños y hermosos sentimientos humanos, cuatro letras incapaces de ser definidas, incapaz de ser tangible y para muchos inexistente, como el viento que se siente rozando la piel, así el amor roza los corazones. Un elemento subjetivo sujeto al ser humano que lo toma y lo manipula a su gusto, a su grado moldeándolo como quien maneja el barro, sin saber que al final, el amor es quien lo ha dominado.
Un nuevo rayo, Jessica abrió los ojos Michiru le observaba desvió la vista al ser descubierta en su pequeña faena. Sonrió nerviosamente... Amor ese sentimiento que para ella era sinónimo de dolor y para otros tantos felicidad y pasión... La mañana era fresca, se respiraba un olor penetrante a tierra mojada, el cielo después de su noche de pasión, se hallaba en calma totalmente despejado, tan azul y tranquilo como un niño durmiendo en brazos de su madre. Las rosas de jardín se cubrían de un ligero rocío, la ciudad entera estaba en calma. Abrió los ojos, el sol penetraba ligeramente por la ventana, invitándole a vivir el nuevo día, se ladeo ligeramente para tomar su reloj, no calculó bien y cayó de la cama estrepitosamente. Ya eran las nueve de la mañana, Michiru aún dormía, se veía tan bella parecía soñar algo hermoso sonreía. Tomó su ropa y se metió a bañar.
Jessica se secó el cabello, Michiru
dormía profundamente. La observó con cuidado, en un
ligero movimiento le acarició la mejilla, después le
retiró algunos cabellos del rostro... Caminó a
hurtadillas, lo menos que quería era despertarla en su salida.
Setsuna dejó su libro a su lado y le miró fijamente al
verla descender por las escaleras. Jessica se paró en seco,
sentía su mirada atravesándola, examinándola con
tanta fuerza como hacen los jueces antes de la dictar sentencia.
-
Buenos días soy Jessica la alumna de Michiru – dijo
intentando romper esa rivalidad de miradas
- Buenos días,
Setsuna Meiou – respondió con sequedad la dama del tiempo
-
Mucho gusto – salió lo más pronto que pudo, Setsuna
le siguió con la mirada, en algún otro sitio había
visto esos exóticos ojos verdes y algo en su interior le
dictaban que la cusa de la pronta batalla tenían plasmados
siete letras: Jessica
Volvió a verificar la hora, quizá el reloj se equivocara... Jessica había estado fuera toda la noche y aún no aparecía, temió lo peor. Sydney enroscó de nuevo la linterna, llevaba rato probando las pilas de todas las linternas, meneó la cabeza, estaba empezando a preocuparse por la larga ausencia de su compañera.
Oyó que la puerta se abría, sus ojos azules
desviaron la vista a la entrada, intentó reprimir su forma
impulsiva cuando vio llegar a Jessica con una flamante sonrisa en
rostro
- Jess ¿Dónde estabas? Te perdiste la
diversión ¿viste como llovió anoche?
- Ja
Syd
- Pensamos que un cocodrilo te había devorado
Jessica
rió
Haruka desvió ligeramente la vista obligada
al percibir el extraño aroma de la recién llegada, lo
conocía perfectamente era el aroma a jazmín de su amada
Michiru esa mezcla extraña entre el aroma de los jazmines y el
mar. Jessica debía haber pasado la noche con Michiru ¿en
qué le afectaba? Ya no era nada suyo y Jessica era libre de
hacer lo que quisiera...
- Es muy tarde Jessica – comentó
en tono molesto
- Dirás temprano – se mofó de ella
y sus ridículos celos
- ¿Dónde estabas? –
el tono imperativo que Haruka usaba le exigía una
explicación
- No te interesa – contestó con
frialdad
Sus ojos azules se llenaban de cólera, no
podía no debía ni siquiera especular algo así...
no estaba segura que tuvieran una relación más íntima.
Sintió un ligero beso que la regresó a la realidad
-
No es lo que imaginas – le dijo Jessica con dulzura
Le rodeó
el cuello por detrás. La joven rubia se quedó inmóvil
ante la extraña actitud de la muchacha
- Seré todo
lo que quieras – continuó explicando – pero no suelo
aprovecharme de las desgracias ajenas, no va con mis convicciones. He
estado en casa de Michiru – le dijo con dulzura – la lluvia me
retuvo, no sucedió ni sucederá nada, te lo
garantizo
Haruka le vio a los ojos con recelo, no parecía
muy convencida de aquel discurso
- No te mentiría, sabes
que no tengo pelos en la lengua y si yo quisiera a Michiru de otra
forma no estaría aquí diciéndote lo contrario
La
joven rubia rió, ciertamente Jessica era demasiado franca, tan
solo sus gestos la delataban
- Por ejemplo tu amigo Clift, me cae
mal ¿Qué hacía ayer aquí?
- Lo invitó
Sydney no yo – alegó en su defensa
- Se tomo MI whisky –
frunció el entrecejo
¿Verdades o mentiras? No tenía
muchas alternativas, no había razón para que Jessica
ocultara sus sentimientos...
FIN DEL DECIMO CUARTO CAPÍTULO... CONTINUARÁ
