CAPITULO XIV

LA TORMENTA

Polos opuestos, seres tan distantes cómo podría amar tan intensamente a dos seres opuestos. Haruka era irracional, salvaje, impetuosa, obstinada, no había quien le venciera, ese salvajismo le apasionaba, le hechizaba... por otro lado Alexis, era obstinado sí, pero decidioso poco perseverante y tan pasivo, pensaba y después actuaba, le faltaba pasión, para él no existía la entrega total y entre sus pocas pasiones nunca figuraba el peligro. No, nunca fue amor, la sensación era de curiosidad por su forma peculiar de ser, no cabía en su mente que alguna persona pudiera apasionarse tanto en cuestión de segundos y desengañarse en unos cuantos días. Le agradaba estar con él, sólo una fría amistad, amar por amar por el deseo de sentirse amada, protegida ...amar esperando que el otro conteste de igual forma, hacerlo por una sensación de vacío, casi por una obligación... A sus cavilaciones vino Jessica...con ella todo era misterio, tan sorprendente. A Alexis le faltaba esa chispa, el instinto natural del amor, esa pequeña sensación que surge de lo mas profundo del ser, ese sentimiento que solamente se lo otorgaba Haruka...

Habían pasado toda la tarde juntas: compras, cine, pasear de arriba a bajo en todos los centros comerciales. Jessica estaba fascinada, se probaba una y otra ropa, después modelaba para Michiru. El cielo se nubló ligeramente, un ligero viento recorrió el parque saturado de niños
- Parece que lloverá – comentó Jessica con la vista fija en el cielo
El cielo se cubrió lentamente de sombras, el sol comenzaba a esconderse. Pequeños ruidos, el viento sopló con fuerza y para cuando salieron del almacén ya había comenzado a chispear.

Estaba tan nervioso, no sabía que hacer con él tenía órdenes estrictas de no visitas...
- ¿Y Syd? – volvió a preguntarle Clif tya impaciente al mayordomo
- Hola – saludó Sydney – Yo lo invité Rafael, déjanos solos por favor
- Que tal linda
- Bien ¿Y tú?
- Pues bien también
La chica observó con detenimiento la cajita que el chico tenía en las manos, estaba envuelta con papel de vistoso estampado y remataba con un gran moño rojo
- Ehmm, esto es para ti – dijo con timidez
- Gracias. ..No es mi cumpleaños – sonrió
- Lo sé
- ¿Qué es? – la agitó ligeramente y comenzó a destaparla, los ojos de la muchacha se iluminaron de alegría al ver que se trataba de un pequeño auto a escala armable – Me encantan ¿cómo lo supiste?
- Soy adivino. Traje un juego para el play
- Gracias, eres muy lindo ¿Te sirvo algo?
- Uno doble en las rocas – al ver el rostro de asombro de la muchacha rió – un refresco solamente
- Espera te traeré uno
Unos minutos después la joven regresó con una botella de brandy y otra de Whisky
- Papá tiene un montón de estas botellas

Se sentía indeciso, no conocía a la niña mucho
- El primer regalo debe ser muy especial – dijo para sí – ¿Qué me recomiendan que le regale a la hija de Michiru? – preguntó por tercera vez
Sus acompañantes aún le veían desconcertadas, Makoto se había quedado en "hija", Usagui aún estaba boquiabierta. Rei logró reaccionar, miro a una y otra de sus amigas.
- Espera ¿Hija? ¿Dijiste hija?
- Si, la hija de Michiru – reafirmó ¿Qué les pasaba? pensaba observándolas una y otra vez
- Michiru no tiene hijos – dijo Amy volviendo la vista a su libro
- ¿No? – Ahora Alexis era el desconcertado – La niña, la que nos acompañó al parque
- ¡Christa! – gritó Makoto tronando los dedos
- Si creo que se llama así
- ¿No tiene hijos? – preguntó Itan rascándose la cabeza
- Ella no es su hija – dijo Amy con indiferencia – sólo la cuida
- Pero... pero, es que – frunció el ceño
- ¡Quién te dijo semejante estupidez! – grito Minako angustiada
- La niña, ella me lo dijo
Amy sonrió conocía perfectamente a Christa y su mala manía
- ¿No es su hija? Se parece muchísimo a Haruka – comentó Alexis aún sin creer la belleza de aquella revelación

Había disfrutado mucho la cena y más que los alimentos la compañía
- Somos excelentes cocineras – expresó Jessica
Hacía tiempo que no se divertía tanto; recogió los platos, la música se comenzó a escuchar y dominada por el entusiasmo le tomó de la cintura
- Yo te guió – susurró Jessica a su oído
Dio unas vueltas, pasos cortos. Se sentía tan extraña, un sentimiento distinto, un lejano recuerdo, un recuerdo de fraternidad vino a su mente.

La lluvia arreció, Jessica se separó de ella... "Hoy te ves tan guapa. Cuéntame ¿soy yo quien te hace tan feliz? Para mí eres lo más importante"

El juego comenzaba a asustarle. Prendió el apagador, no funcionó. Clift estaba entrando en pánico llovía con gran intensidad, había una gran oscuridad en la casa y un tremendo silencio que solo fue roto por el lastimero aullido del perro. Un escalofrío le recorrió todo el cuerpo
- ¡Syd, el juego terminó! – gritó nervioso
Se movió entre sombras
- Sabía que no era buena idea jugar escondidillas – dijo para sí – ¡Christa me doy!
La única contestación que recibió fue el aullido del animal encadenado en el jardín – Es una suerte que ese lindo perrito este afuera y bien atado – suspiró Clift

Estaba enfadado y mojado, se sacudió con fuerza y volvió a aullar. Comenzó a dar vueltas, rascó el suelo con furia y comenzó a tirar con desesperación de la cadena que lo oprimía. Podía oler desde allí al intruso, el deseo de aniquilación no salía de su mente, dio un fuerte resoplido en un acto de advertencia. Tiró de nuevo sin lograr mucho. Estaba irritado ya, se sacudió de nuevo y casi por arte de magia el collar salió de su cuello en esa última sacudida. Jack brincoteó llenó de entusiasmo ¡libre! ¡Era libre! Emprendió la marcha al interior de la casa dispuesto a aniquilar al intruso.

Encontró la puerta cerrada, gruño molesto, rasguñó con fuerza imaginó que alguien vendría a abrirle, al no haber respuesta arremetió contra ella hasta que ésta cedió. Entró pegó la nariz al suelo, resopló con fuerza. Miró atrás, se quedó pensativo y volvió a salir para sacudirse las patas, había recordado lo mucho que le molestaba a su ama el que llenara la casa de lodo.

Un rayo se oyó caer y las luces se apagaron haciendo que gritaran. Michiru rió
- Jessica...
Cayó otro rayo. Volvieron a gritar aterradas. Envuelta en la penumbra, en un espacio que le era desconocido y tenebroso, volvió a reír, le encantaba la atmósfera de terror y aún mas oír gritar a Jessica.
- Esto parece una película de terror – comentó Jessica
El cielo volvió a retumbar, rugía lleno de furia. Otro trueno provocó que los cristales vibraran. Michiru se movió al cajón del buró para buscar una linterna
- No está por ningún lado – expresó molesta – ¡Aquí estás! – exclamó con júbilo finalmente
- Se ha de ver fundido un fusible – dijo Jessica – una tormenta, rayos...mmm... que más falta para hacer una película de horror
- Que el teléfono no sirva – contestó su compañera descolgando el auricular
- ¿No funciona?
- No está muerto
- ¡Oh, ou! A ver déjame probar con el celular – la chica sacó el aparato – Psk Hay estática
- Ya vez tu película está completa – rió con humor
- Iré a cambiar el fusible ¿Dónde está el swicht?
- En la entrada del sótano a la derecha. No deberías ir está lloviendo muy fuerte
- ¿Y entonces? ¿Nos quedamos a oscuras?
- ¿Te da miedo? – le interrogó Michiru
- No. ¡Vamos! No pasa nada si te dejo por un par de minutos
- ¡No temo el que te vallas! – frunció el ceño – en las películas de terror muere primero el individuo del sótano – argumentó la joven de cabello aguamarino
- Mentira siempre es la chica que se queda en la sala llena de miedo que se niega rotundamente a bajar al sótano
- Lástima no lleno los requisitos
- Ya vengo, dame un fusible
- No tengo – rió
- Anda
Michiru le dotó de linterna, impermeable y le advirtió con tono de mofa
- No te vayas a electrocutar
- ¡Por quién me tomas!
- Bueno mas vale prevenir que lamentar
- Si no vuelvo en 15 minutos es que me he ido al mas allá
- Bien te esperaré en el mas acá –rió

Oyó gritar a Sydney.
- ¡Sydney! – la llamó desesperado
Tropezó en su agitada carrera, se puso en pie y se sacudió el polvo. Un leve rayo de luz iluminó la estancia a través de la ventana

Un enorme espectro estaba parado detrás de la puerta, una figura realmente grotesca y espeluznante. Gritó aterrado, los ojos fríos de aquel ser le miraron con apatía.
- Señor – dijo con voz seca, el mayordomo Rafael
- ¡No me asustes así!
- Señor – prosiguió sin importarle el comentario – el perro ya no está y la puerta está abierta, muy probablemente tengamos ladrones o – hizo una pausa
- ¿O qué?
- O en el peor de los casos el notable perro se halla liberado de la cadena y ahora deambule por la casa y ... y su vida peligre – dijo sin gran estupor Clift observó aquel rostro sombrío "Su vida peligre" ...
- ¡Busca al animalito ese!
Dos o tres veces había visto a Jack de lejos. Sydney ya le había advertido de lo salvaje que solía ser el animalito y lo mucho que odiaba a los intrusos.

No tuvo dificultad en llegar al sótano, abrió la caja y cambió el fusible en uno segundos. Por un momento recordó un sueño que había tenido, una tormenta, un viento furioso que en medio de la noche le buscaba... Dejó caer la linterna, la sangre se le congeló, había oído la respiración de alguien más en el sótano, ahora no sólo la oía, la sentía... quiso gritar, su voz le había abandonado
- Soy yo Michiru
- ¡No me asustes! – gritó Jessica histérica
- ¿Miedo? – se burló la joven – ¿Ya quedó?
- Así parece – subió la pastilla y el sótano volvió a gozar de luz eléctrica

Estaba empapada se sacudió el cabello ligeramente. Michiru sacó ropa limpia de unos cajones
- Cámbiate te resfriarás
- Ehm... creo que debo irme ya, es tardísimo.
- ¿Con esta lluvia?
- Ya llueve menos
Un rayo cayó, Michiru meneó la cabeza
- Aún llueve mucho y debes conducir un largo trecho... Quédate dormir
Jessica dudó estaba a punto de decir que no...
- Quédate por favor... Te necesito – masculló esquivando su mirada

"Necesito a alguien a mi lado, sólo por esta noche... necesito a alguien como tú... escuchar tu voz." La noche aún era fría y seguramente lo sería más conforme siguiera avanzando ; se oyeron nuevas pequeñas descargas eléctricas

"Hace frío, es tarde y debo volver a casa, no quiero dejarte... Se que mañana nos volveremos a ver, no te quiero dejar ... estamos aquí... hoy me necesitas y no te defraudaré..."

La casa se hallaba envuelta en un seductor manto de tinieblas, probó con el apagador de la entrada un par de veces, si la casa le parecía terrorífica de día aún más lo era ahora con la tormenta. Hoy ese silencio misterioso, se había vuelto casi espeluznante. Sacó la linterna de entre su impermeable e iluminó el sitio.

Caminó con cautela, en la sala había regados, compactos de todo tipo, cartuchos de videojuego, películas y revistas; dos copas tiradas en el sofá, alusó a la derecha una botella de whisky vacía y otra más delante de brandy a medias
- ¡Preciosa! – gritó Haruka. No hubo respuesta.
Ligeros pasos se oyeron detrás de ella, alcanzó con el rabo del ojo a ver una pequeña figura que corría a la cocina
- ¡Christa! – emprendió la persecución.
Le alcanzó y la levantó tomándola por la cintura, la niña gritó.

Clift corrió alarmado al escuchar el grito, parecía ser la voz de Christa. En su loca carrera tropezó con un sillón y cayó al suelo estrepitosamente. Se masajeaba el tobillo cuando escuchó un gruñido, después un fuerte resoplido...

La habitación la iluminaba únicamente las luces que emitía el televisor
- A mi no me dejan tener televisor en la alcoba – comentó Jessica.
Sus ojos verdes observaban fascinados aquellas imágenes de la pantalla, pronto perdió total conexión con la realidad. Cambió de un canal a otro rápidamente
- Y tienes cable ¡Genial!
Michiru se sentó a su lado, le rozó suavemente el hombro. Jessica respiraba lentamente podía, a pesar del ruido del televisor, escuchar el palpitar del corazón de la joven, aquel pequeño torbellino envuelto ahora en una misteriosa tranquilidad, adormecido y casi mutilado... no domado. Se recostó y atrajo para sí a su inquieta alumna que aún tenía su atención en el televisor.

Michiru desvió la vista al reloj. Setsuna aún no regresaba, la lluvia debía retenerla en algún lugar. Hotaru había llamado, se negaba a regresar a casa con este clima.
- ¿En qué parte de Alemania vivías?
- Hamburgo, una zona turística muy bella
Sus manos recorrieron aquellos suaves cabellos negros, Jessica desvió la mano para tomar algunas palomitas del tazón
- ¿Tienes novio?
- No, son una lata hay que mimarlos, cuidarlos... mejor un perrito por eso tengo a Jack
Michiru rió encantada por la contestación
- Un perro jamás te dará lo que un humano
- No, pero son más fieles, menos inseguros, más domesticables, cometen menos estupideces...
- ¿Le temes al amor? – le interrumpió. Jessica se separó precipitadamente de ella, arqueó la ceja
- ¡¿Yo?! No le temo a nada – contestó muy segura de sí
- ¿Nada? – señaló con tono burlón. Michiru sabía que estaba pisando terreno peligroso, remover las heridas ayudaban a sanar, pero era tan doloroso el proceso.
- Nada ¿por qué me miras así?
- Y entonces por qué gritaste aterrada hace rato
- ¡Tu gritaste primero! – de nuevo a la defensiva
- Ese no es el punto – sonrió
- Ni mis fobias tampoco
Guardaron silencio, Jessica se volvió a recostar
- Veo que te gusta leer – comento leyendo mentalmente los títulos de los libros apilados en el buró
- Sí
Jessica de nuevo fue hipnotizada por el televisor, ni siquiera parpadeaba. Michiru se retiró algunos cabellos del rostro
- Te voy a invitar a bailar un día de estos, no lo haces nada mal – dijo sin perder de vista la pantalla
La luz volvió a irse, Jessica gritó aterrada, su compañera soltó una gran carcajada y la abrazó fuertemente... la protegería...
- Pronto tendremos que cambiar de nuevo ese cartucho – anticipó la joven de cabellos aguamarino.

Jack le había sujetado del tobillo como hacía con sus huesos, sentía los colmillos del animal y cómo le penetraban lentamente, gritó tan fuerte como pudo y comenzó a patalear para quitárselo de encima
- ¡Jack! Ven bonito, ven – gritó Haruka – suéltalo bonito
El pero obedeció y corrió a saludarla.
- Angelito, me salvaste mi vida ¡Eres mi ángel guardián!
- Cobarde – le ayudó a incorporarse – el perro solamente estaba jugando
- ¿Y cómo lo sabes? – se masajeó el tobillo
- De haber querido lastimarte, lo hubiera hecho de inmediato – contestó con sarcasmo – ¿Y Sydney?
- No lo sé estábamos jugando escondidillas
- ¡Qué cosas se te ocurren jugar!
- Fue a petición de Christa... me opuse totalmente
En ese instante la luz regresó parpadeando ligeramente. La niña se escondió detrás de la joven
- Si me disculpas, voy a buscar a Chris ¿no la has visto? – Clift guiñó el ojo y salió riendo
Haruka la tomó en brazos
- ¿No te da miedo la oscuridad?
La niña negó con un coqueto ademán

Había algo peculiar en aquella lluvia era como si se tratase de un presagio, una extraña forma de advertencia del mal que vendría. Demian le tocó el hombro volviéndola a su realidad
- No temas – le susurró – aquí estoy para protegerte
Sonrió gustosa de semejante declaración, tan llena de ironías y del amor que aquel joven le brindaba. Demian tan solo era un ser humano dotado de la naturaleza común... capaz de sentir, razonar y amar. Ella Setsuna, la dama del tiempo como muchos la llamaban estaba para proteger a aquellos seres, para proteger la paz...

Le acarició con delicadeza la mejilla, después un ligero beso en los labios
- Te quiero – dijo en un murmuro
Setsuna volvió a besarle... nunca le había importado morir, hoy era distinto, tenía un fuerte motivo para vivir, un motivo más fuerte que la responsabilidad para pelear a capa y espada por la paz... por su propia vida...

La luz volvió parpadeando un par de segundos para finalmente restablecerse después de quince minutos de ausencia
- ¿Cuántos amores has tenido? – Michiru se encogió de hombros, podría mentir o decir la verdad
- Creo uno... hasta donde recuerdo – era una noche de diversión, podía jugar un rato si lo quería
- ¿Sólo Haruka?... un momento ¿Hasta donde recuerdas?
- Bueno – sonrió – uno es uno
- Lo que quiere decir que es una verdad a media – abrazó su almohada
- No, Haruka fue mi único amor verdadero
- Amor verdadero... – suspiró profundamente – dicen que sólo existe uno... ¡Qué patético! ¡Y si se muere o se va!
- ¡Por dios! A veces dices mas estupideces de las que puedo imaginar
- Cual estupidez existe la probabilidad de que muera mi único amor verdadero y entonces ¿qué hago?
- Buscarte otro si cuentas con escasos dieciséis años
- ¡Qué sencillo! ¡Amor verdadero! Já – frunció el ceño
- Duele perder al ser amado y quizá el dolor dure por muchísimo tiempo... la soledad se vuelve parte de nuestras vidas...pero no puedes vivir aferrado a alguien
- No es justo... amor verdadero – susurró por lo bajo recogió las piernas y en las rodillas recargó ligeramente el mentón – no lo es, simplemente se va, te deja sola con toda esa pasión, con todo ese amor, sin saber si volveremos a vernos... ¿cómo apagas el dolor? No debe haber algo mas que el amor, algo más intenso en la vida... no puede existir una sola persona para que sea tu pareja
- Recuerda una cosa, el amor existe de diversas formas, el amor de madre llena y satisface ese vacío existencial, el amor a un amigo, a nuestra familia, a la propia vida o nuestro trabajo... el amor existe, y puedes volver a amar, nunca amaras de igual forma a una persona, todo el cariño que brindas siempre es distinto, y eso es lo hermoso puedes amar con toda la intensidad
Jessica suspiró profundamente invocando algún viejo recuerdo olvidado en lo más recóndito de sus pensamientos
- Vale la pena amar – Michiru tomó su mano – vale la pena volverlo a intentar, la soledad es mas dolorosa ... por nuestra naturaleza los seres humanos necesitamos de compañía... necesitamos amar.
- Y que nos amen

Se recargó en Michiru, desvió la vista a la ventana, el cielo parecía librar una batalla, una de esas tantas luchas como las tienen los seres humanos en su interior. La confrontación de sentimientos, de dos fuerzas opuestas que un día fueron equilibrio y hoy se desataban devastando todo a su paso... Cerró los ojos, podía aún percibir la locura de aquel cielo, la locura en que vivía su propia alma "Amor" cuatro letras que desatan los mas extraños y hermosos sentimientos humanos, cuatro letras incapaces de ser definidas, incapaz de ser tangible y para muchos inexistente, como el viento que se siente rozando la piel, así el amor roza los corazones. Un elemento subjetivo sujeto al ser humano que lo toma y lo manipula a su gusto, a su grado moldeándolo como quien maneja el barro, sin saber que al final, el amor es quien lo ha dominado.

Un nuevo rayo, Jessica abrió los ojos Michiru le observaba desvió la vista al ser descubierta en su pequeña faena. Sonrió nerviosamente... Amor ese sentimiento que para ella era sinónimo de dolor y para otros tantos felicidad y pasión... La mañana era fresca, se respiraba un olor penetrante a tierra mojada, el cielo después de su noche de pasión, se hallaba en calma totalmente despejado, tan azul y tranquilo como un niño durmiendo en brazos de su madre. Las rosas de jardín se cubrían de un ligero rocío, la ciudad entera estaba en calma. Abrió los ojos, el sol penetraba ligeramente por la ventana, invitándole a vivir el nuevo día, se ladeo ligeramente para tomar su reloj, no calculó bien y cayó de la cama estrepitosamente. Ya eran las nueve de la mañana, Michiru aún dormía, se veía tan bella parecía soñar algo hermoso sonreía. Tomó su ropa y se metió a bañar.

Jessica se secó el cabello, Michiru dormía profundamente. La observó con cuidado, en un ligero movimiento le acarició la mejilla, después le retiró algunos cabellos del rostro... Caminó a hurtadillas, lo menos que quería era despertarla en su salida. Setsuna dejó su libro a su lado y le miró fijamente al verla descender por las escaleras. Jessica se paró en seco, sentía su mirada atravesándola, examinándola con tanta fuerza como hacen los jueces antes de la dictar sentencia.
- Buenos días soy Jessica la alumna de Michiru – dijo intentando romper esa rivalidad de miradas
- Buenos días, Setsuna Meiou – respondió con sequedad la dama del tiempo
- Mucho gusto – salió lo más pronto que pudo, Setsuna le siguió con la mirada, en algún otro sitio había visto esos exóticos ojos verdes y algo en su interior le dictaban que la cusa de la pronta batalla tenían plasmados siete letras: Jessica

Volvió a verificar la hora, quizá el reloj se equivocara... Jessica había estado fuera toda la noche y aún no aparecía, temió lo peor. Sydney enroscó de nuevo la linterna, llevaba rato probando las pilas de todas las linternas, meneó la cabeza, estaba empezando a preocuparse por la larga ausencia de su compañera.

Oyó que la puerta se abría, sus ojos azules desviaron la vista a la entrada, intentó reprimir su forma impulsiva cuando vio llegar a Jessica con una flamante sonrisa en rostro
- Jess ¿Dónde estabas? Te perdiste la diversión ¿viste como llovió anoche?
- Ja Syd
- Pensamos que un cocodrilo te había devorado
Jessica rió

Haruka desvió ligeramente la vista obligada al percibir el extraño aroma de la recién llegada, lo conocía perfectamente era el aroma a jazmín de su amada Michiru esa mezcla extraña entre el aroma de los jazmines y el mar. Jessica debía haber pasado la noche con Michiru ¿en qué le afectaba? Ya no era nada suyo y Jessica era libre de hacer lo que quisiera...
- Es muy tarde Jessica – comentó en tono molesto
- Dirás temprano – se mofó de ella y sus ridículos celos
- ¿Dónde estabas? – el tono imperativo que Haruka usaba le exigía una explicación
- No te interesa – contestó con frialdad

Sus ojos azules se llenaban de cólera, no podía no debía ni siquiera especular algo así... no estaba segura que tuvieran una relación más íntima. Sintió un ligero beso que la regresó a la realidad
- No es lo que imaginas – le dijo Jessica con dulzura
Le rodeó el cuello por detrás. La joven rubia se quedó inmóvil ante la extraña actitud de la muchacha
- Seré todo lo que quieras – continuó explicando – pero no suelo aprovecharme de las desgracias ajenas, no va con mis convicciones. He estado en casa de Michiru – le dijo con dulzura – la lluvia me retuvo, no sucedió ni sucederá nada, te lo garantizo
Haruka le vio a los ojos con recelo, no parecía muy convencida de aquel discurso
- No te mentiría, sabes que no tengo pelos en la lengua y si yo quisiera a Michiru de otra forma no estaría aquí diciéndote lo contrario
La joven rubia rió, ciertamente Jessica era demasiado franca, tan solo sus gestos la delataban
- Por ejemplo tu amigo Clift, me cae mal ¿Qué hacía ayer aquí?
- Lo invitó Sydney no yo – alegó en su defensa
- Se tomo MI whisky – frunció el entrecejo
¿Verdades o mentiras? No tenía muchas alternativas, no había razón para que Jessica ocultara sus sentimientos...

FIN DEL DECIMO CUARTO CAPÍTULO... CONTINUARÁ