Hola, espero que les guste :)
Mari.
Aquel día, Hermione había descansado muy bien. Luego de su día "libre", había estado pensando las cosas. Aún caminaba con el suéter en la cabeza y pensaba que alguien se daría cuenta de las ya no tan grandes verrugas que tenía. Mientras caminaba hacia el despacho de Snape, para otro castigo, sostenía dos cartas.
Harry y Ron se habían ido de vacaciones a la madriguera y ella había tenido que dar una trillada excusa sobre su castigo invernal.
La mitad de lo que dijo, ni se lo creía ella. Inspiró suavemente y llamó a la puerta del despacho de Snape. Se abrió sola, el hombre estaba en su escritorio.
Parecía corregir unos ensayos y estaba tan concentrado, que ni cuenta se había dado. Se frotó las manos y se arregló la bufanda, bajando el suéter de su cabeza.
La mitad de los rezagados, la observaban con cierta curiosidad. Pero ella caminaba rápido, como buena fisgona que era.
Al adentrarse, se dio cuenta de que la chimenea seguía apagada y que en el escritorio, yacía una taza de chocolate caliente con malvaviscos.
Ella quería una, pero estaba ocupada con Snape y sus tonterías.
Al ver su mirada fija sobre ella, Snape había sonreído sarcásticamente y hecho un ademán con una de sus manos.
— Si la quiere, tómela. Albus la trajo hace unos minutos. Supongo que ya ha de estar fría. Así como su vieja piel.
Ignoró el comentario y con una sonrisa, acercó los labios a la taza.
Como fuera, se arrepintió.
— ¡Ay ay mi boquita! ¡Quema quema!
— Ah sí. Olvidé decirlo. Está muy caliente. Esperaba que enfriara. Gracias por hacer la prueba por mí.
Hermione sopló sus manos, para que el aire frío diera con su quemada boca. Severus caminó a su alrededor, apuntando la chimenea con un dejo perezoso de su varita.
— Para que no se queje, para que el "humor" no se le congele y vaya hasta los pies.
Realmente ¿por qué tanto chiste?
Mientras pensaba en eso, observó la montaña de tarea en el escritorio que debía corregir y suspiró pesadamente. Al menos el chocolate caliente había servido para despertarla del letargo que le causaba estar trabajando casi en navidad, para alguien como Severus Snape. De no estar en la madriguera en ese preciso momento, disfrutando de un rico pavo y galletas de limón.
Pero no. Estaba con Snape, disfrutando de sus galletas con chistes malos y ácidos.
Vaya dilema en el que estaba metida.
Y bien, pasó mucho tiempo luego de aquella conversación. Lamentablemente para ella, Neville solía tener una letra nerviosa, muy difícil de comprender. Odiaba tener que leer lo que escribía. Parecían un montón de rayas sin sentido.
Y mientras pensaba en ello, escuchó una especie de inspiración profunda. Alzó la mirada y se dio cuenta de que la puerta que daba a las habitaciones de Snape, estaba entre abierta.
Estaba sobre una escalera y admiraba algo que parecía viejo. Un libro viejo y mohoso. Meditó y se preguntó si esa era su novela preferida y la guardaba tan receloso, que ya estaba llena de moho y polillas.
Pero no. Tenía pinta, en cuanto bajó de la escalera, de ser algo más. Algo como...como...
Un diario.
— Lily...
Un momento...solo conocía una Lily. ¡Solo conocía una Lily! Oh no...eso tenía que ser...¡no podía ser eso que imaginaba! ¿O sí?
— Lily...todo habría sido...diferente.
¡Oh Merlín que podría ser y ella era la única que lo sabía en todo ese universo! Meditó en silencio, rápidamente.
Uno: Decírselo a Harry.
Dos: No decírselo a Harry.
Tres: ¡Eso no tenía sentido!
Inspiró, llamando a su calma. ¡Snape enamorado! Se veía tan extraño, pasando las páginas, acariciando la cubierta de aquel diario y leyendo los versos en voz alta.
¡Los versos!
Y algunos eran muy descriptivos.
— Lily y sus hermosos ojos verdes.— eso tenía en su cabeza, era lo único que Snape decía en cada frase.
Demonios que iba a tener pesadillas con esa situación tan embarazosa. Pensó una vez más, ella no tenía por qué conocer aquellos detalles. Se dijo que de haber estado allí, con Harry, el muchacho se habría desmayado de la impresión.
Snape deseaba a su madre.
Y muy enserio.
Dios, iba a tomarle mucho tiempo eso de quitarse las ideas de encima. Snape deseaba acostarse con ella o deseó aquello.
Deseó casarse con ella.
Eso era tan anormal, como Dumbledore molesto con algo. ¿En verdad ese hombre lograba molestarse con algo?
Siempre tan feliz, sonriente. ¡Pero ese no era el caso!
Y la descripción de su cuerpo, de las hermosas "manos" de Lily. ¡Merlín! No podía imaginárselo. Snape poeta.
Se le daba bastante bien.
